Violencia y sus antídotos
Seis clases para el tema más inflamatorio del curso, y las primeras discuten qué cuenta como agresión. Matar, y hacerlo de forma premeditada, no es exclusivo de la especie humana, y los antídotos tampoco: la reconciliación, el consuelo al apaleado y el rechazo de la paga desigual están descritos en otros primates. El bloque sigue el circuito —amígdala, corteza prefrontal como freno, serotonina, MAO y alcohol— y desmonta tres mitos del entorno: el hacinamiento, el contagio y el espectador. Después mira donde de verdad se orienta la agresión: la infancia, los pares, la cultura del honor y la evolución, hasta la pregunta de cómo se desmonta un «nosotros-ellos».
23 · Violencia y sus antídotos (1)
De qué hablamos cuando hablamos de violencia
Qué cuenta como agresión, qué hacemos los humanos que no hagan otros primates y los antídotos que ya existen en el resto del reino animal.
Lectura de 1 minuto
- «El hombre es la única especie que mata» era la doctrina de los documentales de su infancia; hace décadas que no se sostiene.
- No somos la única especie que mata, ni la única que lo hace de forma premeditada: Goodall lo vio en los chimpancés de Gombe.
- La comunidad de Ngogo mató a todos los machos de la vecina por pertenecer a ese grupo, y después amplió su territorio.
- Lo que parece solo humano es la mezcla patológica de violencia y sexualidad, y formas de agredir que ninguna otra especie entendería.
- Hacer las paces tampoco es exclusivo: De Waal mostró que dos chimpancés que pelean se acicalan después más de lo habitual.
- Y no se hace con cualquiera: en los macacos de Cords la reconciliación era mucho más probable entre parejas con una relación valiosa.
- Hay empatía —consuelan al apaleado sin culpa— y hay sentido de la justicia: los capuchinos rechazan la paga desigual.
- La jerarquía estable suprime la agresión porque reparte sin pelea; cuando se desestabiliza, la violencia se dispara.
- Los monos patas parecen pacíficos porque los machos no se encuentran; el juego de peleas ya establece asimetrías, y la caza no es agresión.
- Contra la violencia: la reconciliación pragmática de las comisiones de la verdad y el perdón, que es un acto para uno mismo.
Un tema con sentimientos encontrados
El bloque abre con una advertencia: es el tema más inflamatorio del curso. Nadie defiende la violencia en abstracto, pero la propia nos parece otra cosa: pagamos por verla y elegimos a quien la ejerce en el momento y el lugar correctos. Como especie no odiamos la violencia, odiamos la equivocada, y de ahí que el listón de la agresión sea tan resbaladizo.
No somos la única especie
Que el ser humano mate a los suyos no es una exclusiva: hay infanticidio competitivo y chimpancés asesinos. La premeditación tampoco es nuestra. Goodall fue de las primeras en ver que una mañana cualquiera se sabe, por la conducta contagiosa de los machos, si ese día van a salir a matar. Y hay algo peor: la comunidad de Ngogo mató a todos los machos de la comunidad vecina por el grupo al que pertenecían, no por quiénes eran, y ocupó su territorio. Genocidio, discutiblemente, en chimpancés.
Los antídotos ya existen en otros primates
La otra mitad es lo que se hace contra la violencia, y ahí tampoco somos únicos. De Waal demostró que reconciliarse no es solo humano: dos chimpancés que se pelean se acicalan después más de lo habitual. Pero no se reconcilia con cualquiera: en los macacos de Cords, las parejas que habían aprendido a cooperar se reconciliaban mucho más. Hay empatía —al apaleado sin culpa lo consuelan más que al que provocó— y sentido de la justicia: el mismo trabajo con paga distinta, pepino contra uva, acaba con el pepino lanzado al experimentador.
Tres confusiones: jerarquía, juego y caza
¿Las jerarquías fomentan la agresión o la contienen? Casi siempre la contienen: ritualizan quién manda y reparten lo desigual sin pelear cada vez; cuando se desestabilizan, la violencia se dispara. Los monos patas parecen pacíficos porque en libertad están dispersos y no se encuentran; en un recinto, el mecanismo se rompe. El juego de peleas aguanta mejor que casi nada el hambre de una cría, y ya establece asimetrías. Y matar no siempre es agredir: la caza es desayuno.
La agresión humana, en sus formas raras
Con los humanos el catálogo se complica. Se puede agredir mirando hacia otro lado, firmando un formulario, con un elogio tibio o moviendo una pieza de ajedrez; se puede agredir pintando un huevo de Pascua de negro, y hasta remotamente, desde una sala en Nevada. Los pilotos de dron pagan ese trabajo con estrés, y lo que pesa es lo que se pasa uno el día haciendo, no una amenaza. «Los pilotos de dron tienen incidencias extraordinariamente altas de TEPT»: el dato publicado en esa población es del 4,3 %, más bajo que el del personal desplegado en tierra.
de los operadores de dron estudiados presentaba síntomas de estrés postraumático: la cifra publicada es más baja que la del personal desplegado en tierra, y la clase dice que son «extraordinariamente altas».
Reconciliar y perdonar no son lo mismo
Contra la violencia hay algo más que la reconciliación: el perdón. Sudáfrica inventó las comisiones de la verdad y la reconciliación, que no pedían arrepentimiento sino confesión completa y la promesa de no repetir; en torno a un 10 % de los solicitantes de amnistía fue aceptado. Era realpolitik: dos chimpancés acicalándose para poder convivir. El perdón es otra cosa, y a menudo un acto egoísta para quien perdona. La clase lo ilustra con Booker T. Washington y acaba en la hermana Helen Prejean: «cuanto menos perdonable es el acto, más necesitas perdonarlo». Para respaldarlo apela a la inmunidad. «El perdón estimula en general el sistema inmunitario de quien perdona»: el trabajo canónico mide respuestas cardiovasculares, no inmunitarias.
de los solicitantes de amnistía ante la comisión sudafricana fue aceptado: no se pedía arrepentimiento, sino confesión completa y la promesa de no repetir.
Quiénes salen en este tema
El caso con el que abre la clase
- Adolf Hitler — El dictador alemán (1889-1945), usado aquí como caso de prueba imaginario: qué querría que se le hiciera a la persona más malvada que ha vivido. La fantasía sirve para mostrar la confusión de fondo, porque Sapolsky no cree en el mal ni en el castigo y sin embargo la fantasía se le vuelve vengativa. Wikipedia
La agresión y los antídotos en otros primates
- Jane Goodall — Primatóloga y antropóloga británica (1934-2025). Empezó en 1960 la investigación de campo sobre chimpancés salvajes en Gombe Stream (Tanzania) bajo Louis Leakey y trabajó seis décadas con la comunidad de Kasakela, incluida la demostración de que los chimpancés hacen guerra organizada. La clase la cita por ver que la matanza es premeditada. Wikipedia
- John C. Mitani — Primatólogo y ecólogo del comportamiento de la Universidad de Michigan, primer autor del trabajo de 2010 sobre la razia letal y la expansión territorial de Ngogo. Él mismo rechaza la analogía con la guerra humana: «no estoy convencido de que hablemos de lo mismo». Universidad de Michigan
- Frans B. M. de Waal — Primatólogo neerlandés-estadounidense (1948-2024), catedrático de conducta de primates en Emory y fundador del Living Links Center del centro nacional de investigación de primates. La clase lo acredita tres veces: la reconciliación, la consolación con atribuciones y el sentido de la justicia de los capuchinos. Obituario
- Marina Cords — Profesora en el Departamento de Ecología, Evolución y Biología Ambiental y en el de Antropología de la Universidad de Columbia; estudia las relaciones sociales individualizadas y duraderas de los primates. De ella es el trabajo sobre reconciliarse con la pareja valiosa. Columbia
La violencia humana a escala industrial
- V. S. Naipaul — Escritor británico nacido en Trinidad, Premio Nobel de Literatura de 2001. Su libro de viajes por países de mayoría musulmana, Among the Believers, es la fuente del episodio más perturbador de la clase: el veterano de los escuadrones de la muerte que confirma que llevaban una orquesta de gamelán a las matanzas. Wikipedia
Reconciliación y perdón
- Nelson Mandela — Abogado, revolucionario y político sudafricano (1918-2013), primer presidente negro del país (1994-1999) y presidente del Congreso Nacional Africano entre 1991 y 1997. La clase le atribuye la intuición política de que sin comisión de la verdad Sudáfrica podía estallar en una guerra civil. Wikipedia
- Booker T. Washington — Educador, escritor y orador estadounidense (1856-1915), figura dominante de la comunidad negra entre 1890 y 1915, director del Instituto Tuskegee y autor de Up from Slavery. La cita que abre el tramo del perdón egoísta es suya. Wikipedia
- San Patricio — Misionero cristiano del siglo V y patrón de Irlanda: nació en la Bretaña romana, fue secuestrado a los dieciséis por saqueadores irlandeses, pasó seis años esclavo como pastor y volvió hacia el 432 como misionero. La clase lo usa como modelo de pacificación paradójica: volvió desarmado. Britannica
- Søren Kierkegaard — Filósofo danés (1813-1855). Se le atribuye la frase sobre mantener dos pensamientos contradictorios en la cabeza a la vez, que la clase generaliza para hablar de perdonar lo imperdonable; es un candidato, no una cita verificada. Sobre la paradoja
- Hermana Helen Prejean — Religiosa católica de la Congregación de San José, abolicionista de la pena de muerte y consejera espiritual de condenados en Luisiana; autora de Dead Man Walking. La clase la cita por su respuesta a quienes le preguntaban por qué no atendía a las víctimas. Wikipedia
La neuroanatomía por la que asoma la clase
- Heinrich Klüver — Psicólogo biólogo y filósofo alemán-estadounidense (1897-1979), en la Universidad de Chicago, cofundador del síndrome que lleva su nombre. Sus lesiones del lóbulo temporal en macacos son el puente entre el sistema límbico y la emoción. Wikipedia
- Paul C. Bucy — Neurocirujano y neuropatólogo estadounidense (1904-1992), catedrático en Illinois y editor fundador de Surgical Neurology, el otro nombre del síndrome. El hallazgo de los años treinta es el que llevó a sospechar que el rinencefalo no era solo el cerebro del olfato. Wikipedia
Leer la clase entera, palabra por palabra
Transcripción automática del vídeo, sin corregir: solo la hemos limpiado de ruido del subtítulo, maquetado en párrafos y puesto los títulos que él mismo va anunciando. Los estudios y las citas se dejan en su inglés original y se pueden pulsar.
Traducción al castellano automática: si un matiz importa, comprueba el original inglés.
La violencia y sus antídotos
Violence, competition, and some of the antidotes to that: peacemaking, empathy, reconciliation, forgiveness, all of that. And we will be going through the exact same strategy here. Starting off, what does the behavior look like?
And we will see this is a domain where people will say, "Well, I can't quite define aggression, but I know it when I see it." Seeing this is going to be much more complicated than that. First, the behavior. Then, what was going on in the brain one second ago?
In this case, making a distinction between and what areas of the brain anatomy are involved in aggression or peacemaking or any of those things, cooperation, and what neurochemicals are involved. And then, what environmental stimuli in the previous minutes to hours?
What this morning's hormone levels were about? Brain structural differences related to these behaviors emerging over decades. Adolescent, childhood, fetal genes, culture, ecosystems, evolution, all of that. And it struck me that a good way to first approach this topic, given how inflammatory it could be, and you know, we will be discussing some realms of horrific human violence, just sort of as a warning about that.
Una fantasía con Hitler
It seemed like a place to start off is to tell you about a fantasy of mine. And this is a fantasy I've been having ever since I was a kid on a regular basis. This fantasy built around… Okay, so here's the fantasy: I'm part of a crack team of commandos, and we burst into his mountaintop fortress.
And okay, it's a fantasy, so I might as well go whole hog here. I single-handedly burst into his fortress up on top of the mountain. I've got my machine gun ready. And he's there. He's there. He grabs for his Luger pistol. And I knock it out of his hand. He grabs for his cyanide pellet to kill himself rather than be taken captive.
I knock that out of his hand. He snarls. We grapple. I'm able to finally pin him down and get handcuffs on him and say, "Adolf Hitler, I arrest you for crimes against humanity!" Whoa. Okay. Medal of Honor, all of that. And then the Medal of Honor aspects of the fantasy suddenly get a lot darker, because I have to then think about what would I have done if I had had Hitler on my hands?
What would I have done? And here's where it starts getting a little too raw. So I switch to an impersonal voice: What would I want done to Hitler under such circumstances? And if I would really allow myself to go there, it wouldn't be hard to come up with some things to do. Sever his spine in a way so he can never move again, but he would feel pain.
Gouge out his eyes, puncture his eardrums, cut out his tongue so he can't speak, he can't move. All he can do is feel, and inject him with something cancerous that's going to grow in him, and he's going to spend all of hell with every cell in his body in agony, and all of that.
And that's what I would want done to Hitler. That's what I would do to Hitler if I were really being honest. And this would seem to make sense for the most evil person who has ever lived, with the most evil, stained soul of all time. Okay. Amidst my having this fantasy ever since I was a kid, and if I really stop and think about it, my heart will even beat faster as I do that.
And that is kind of a problem. I don't believe in souls. I don't believe in evil. I don't believe in wickedness. I don't believe in punishment. I don't believe in any of that stuff. And none of these behaviors that I'm advocating make any sense for me some of the time, because you look at this and I'm like completely, completely opposed to the death penalty, but at the same time there's some people I would like to see killed.
And I enjoy all sorts of schlocky violent movies, but I'm for very strict gun control. And even though I haven't punched anyone since middle school, and that did not go very well, even though I once spent an afternoon playing laser tag and I had so much fun hiding in a corner shooting at people, but at the same time I can do all sorts of virtue signaling about cultural markers of peace and stuff.
And like, just to show, okay, I can even do this one from my childhood. I know that after you say, "I'm going to lay down my sword and shield," you're supposed to do this. And then you say, "Down by the riverside." I even learned all of those. What do we see here?
No odiamos la violencia; odiamos la equivocada
We see a very typical human picture, which is, "I'm terribly confused about the place for aggression in everyday life." Like all the rest of us, we recoil from violence as some of the most scary things imaginable on this planet. But when it's the right kind of aggression, when it's the right kind of violence, we don't recoil.
We love it. We leap up to watch it. We leap up. We pay good money to sit in the front row to watch this war movie in the hopes that good will triumph over evil. We get excited watching violent sports. We have this big problem as a species in that we don't hate violence.
We hate the wrong kind. And when it's the right kind, it is so damn exciting. And we can barely restrain ourselves from leaping in and joining in. And we hand out money for it. And we hand out medals, and we elect people and mate with people based on their skill at being selectively violent at the right times and places.
And we are very confused as to making sense of the place of violence in our lives and the place of aggression, and the values we do or don't place, and antidotes to that. So, right off the bat, we are having a very complicated subject here, because we have very, very mixed feelings, versus mixed thoughts, versus often very mixed actions when it comes down to violence and our attempts to control it.
El comportamiento: la agresión que se reconoce al verla
So, starting off with behavior, this is absolutely in the domain where we are like, "I can't define it, but I know it when I see it." But what you start seeing right off the bat is it's more behaviorally complicated than one would think. The sort of question we started off with in the sex lecture is, right off the bat, what does aggression look like across the animal kingdom?
«El hombre es la única especie que mata»
What are we doing that's unique? What is not unique? And when I was a kid, you would watch every National Geographic special, and at some point in there, inevitably, there would be like some deep-voice narrator saying, "And man is the only species." That was back when species, human species, only involved men. "Man is the only species that kills members of its own species, or kills for pleasure, kills for any." And like, yeah, that was universal.
And that soon went down the drain. We are not the only species that kills. We know this already. Competitive infanticide. We know, actually, we may not know yet, but if I didn't mention it, among male baboons, the leading cause of death are male baboons. Chimps can be murderous. All sorts of other species fight to the death.
You will find impala, lovely impala, gracile, beautiful impala, male impalas with their horns who have gored each other to death over male-male competition. We are not the only species that kills. We are not the only species that kills in a premeditated way. Goodall, for example, was among the first to see that you can tell one morning, any given morning, if the males in this group, the male chimps, are about to go out and try to find somebody to kill.
They're thinking about it. They're doing emotionally contagious things to get everybody to sign up. And what that means is you are looking at group violence. We are not the only species that is violent to other individuals in a group. A bunch of chimp males will take off and do a border patrol, as it's come to be called, and if they encounter a male from the next group over, they will attack and kill him, cooperating doing that.
What's that about? And we already know from back when, early in the course, if you are a male chimp growing up, you are going to spend your whole life in this group. It's your sisters who are going to get itchy and transfer out when they hit puberty. And other females come in. And in a group of chimps, all the adult males are brothers or cousins or at least have been playing with each other their entire lives.
This contrasting with baboons, where at adolescence it's the males who pick up and leave, and you look at adults in a baboon troop and the females have been there with their mothers and sisters and all that their whole lives, and the males are all guys who showed up someday from who knows where, one day, and none of them are related.
And at that point we saw earlier, among male baboons, aggression is entirely within-group competition there. But with chimps, where all the males have grown up there, you get one of the scariest versions of males you could find on this planet on occasion, which is males who are getting along with each other, because that's just when they get it in their head to now do a big, organized border patrol and kill some guy from another group there.
Tampoco somos los únicos genocidas
So, we're not the only ones who murder, who murder in a premeditated way, who murder in an organized manner. And more examples of this, a word laden with significance in the last six months or so, arguing over definitions, we are not the only species that could be genocidal. And an example of this has been seen, again, once again, with chimps, first seen by this primatologist, John Mitani, University of Michigan.
This is one of those where one group of chimps were doing their border patrols, and they would kill a male they would encounter from another group horrifically. And what he showed, since replicated, is over the course of months the males in the first group systematically killed every single male in the other group, killing those males not because of who they were but simply because of what group they belonged to, and eradicating every single one of them, and then expanding their territory.
Lo que sí parece solo nuestro
This has been seen a few times. So, not the only species that will do something genocidal, arguably. So, not the only species with all these types of violence. Are we the only species that pathologically confuses, in a small subset of us, violence with sexuality?
That appears to be a human universal. We have seen circumstances where we talked about the other day, where orangutan males will take something that looks a whole lot like rape as an alternative strategy. Things of that sort. It is only in humans where you get sadomasochistic sexual fantasies of arousal intermixed with pain and all.
Los antídotos: hacer las paces
There's like no evidence anybody else does that. So, in lots of ways, when we are being violent, we are not being uniquely so. In lots of ways, when we humans are being good and doing things to counter violence, we are not being uniquely so either. First off, something humans are very, very good at, if it's the right humans involved, is making up.
Making up after a fight, reconciling things. And Frans de Waal, primatologist at Emory, who died two months ago, amazing scientist. De Waal was the first one to show that we are not the only species that shows reconciliative behavior. What would this look like?
Two chimps get into a fight, they tussle over something, whatever. And what De Waal would show is, in the hour afterward, the two of them were now more likely than usual to groom each other, to have affiliative gestures. What is that about?
They are making up. They are reconciling. And such reconciliative behavior, an increased likelihood of affiliative behaviors in the aftermath of tension, has been seen in, I don't know, 30, 40 different species out there, and not just primates. This is very widespread. So, ooh, we're not the only species that could make up. And what you see is the same sort of qualifiers as with us.
When you look at other primates, you don't have an equal likelihood of making up with everyone in there if you have had tension with them. It depends. It depends on what they mean to you. And we see a very similar trait to as in humans, which is like people where your relationship with them is more important to you, you're more likely to reconcile after tension.
Hacer las paces con quien te importa
Look, this is not somebody who I want to alienate. Look, this is someone who I've been working with for years. Whatever. The value of the person you have just had the tension with influences your motivation to reconcile afterward. And you see the same thing in other primates, work by Marina Cords at Columbia.
This great study showing, okay, you got two macaque monkeys. I can't even remember anymore. And you have a circumstance. They're living in a group. They're... whatever the two of them. And either the individual food acquisition versus the cooperative food acquisition scenario. Individual food acquisition is like there's a string on the edge of the cage, there's a string over here, and in each one a monkey can go over there and pull the string in, and here's a tray of food.
The cooperation scenario: there's sort of a plank of wood that has food here and food there, with string coming out at both ends into the cage. And if you're by yourself and you just pull your side, it's going to get diagonal and you can't pull it in. Likewise, the only way to get the food in is for you to figure out with somebody else how to cooperate, both of you pulling at the same time.
So she would show that individuals whose relationship involved individualistic food acquisition, and ones who had worked out cooperating pairs. And what she saw was, after tensions, there was far more likely to be reconciliation between the pairs that learned to do this, the pairs who have a valuable relationship with each other. And thus we see a world of difference as to who counts as it being worth to make up with and who is high up on your list.
And we're not the only species with that, other counters to tension in other species. And we already heard about the ridiculous idea that sex evolved to decrease group tensions. Sex mostly increases group tensions in social species, except bonobos. That whole issue again. Baboons, chimps, something scary happens to them, and if they all want to get along well and calm down and be nice to each other afterward, they groom each other.
Empatía: el espectador inocente
Bonobos, the same thing. Everybody has sex. Everybody has sex in every possible combination and permutation. So that being one of the rare cases where that is an aggression reducer, tension reducer, things of that sort. We are not the only species capable of empathy. We know that already. And De Waal pioneered these studies as well, showing, for example, you got some like poor schnook of a chimp who's sitting there and minding his own business, and there's some big high-ranking guy who's in a bad mood that day and just pummels him as an innocent bystander.
Versus, you got this low-ranking chimp who does this dumbass, disinhibited thing that he goes and challenges a high-ranking male who then pummels him. In both cases, they are pummeled. But a critical difference: in the second case, the chimp, the low-ranking guy, started it. He asked for it. In the first case, he was just an innocent bystander.
And what De Waal showed is, first off, chimps can differentiate in terms of understanding attributions. Just as they can tell the difference between a human who intentionally dumps their food on the floor outside the cage versus trips and spills it, chimps can do the same thing here. They can tell the difference between the poor innocent bystander and the idiot kid who started the fight.
And what De Waal showed was, in the aftermath of one of these altercations, the innocent bystander chimp was much more likely to be groomed in the aftermath than the jerk, low-ranking chimp who started it. Not only can chimps do intentionality and that kind of cool abstract cognitive thing, they feel bad for the one who is the innocent bystander.
Sentido de justicia: los capuchinos
They have empathy. They groom the individual more than they normally would. In addition, we are not the only species with a sense of justice. And De Waal pioneered this also with one of the all-time great YouTube video demonstrations of this: of what did he have, one of those Capuchin monkeys?
I can't remember, but showing they have a sense of justice as follows. You've got two Capuchins there, and they have been trained to be part of your economic system, which is, they've been trained to go get a pebble somewhere in their area, and they give it to the human, and the human in turn gives them a little piece of food.
So you've got a bartering system, an economic system, and a stock market, all of that. And you start off with, like, you got these two Capuchins there, and they both have the skill there. They know how to get a pebble, give it to the human, give them a little piece of cucumber. This one does the same thing, give them a little piece of cucumber.
This is well established. Monkeys like cucumbers. Don't we all? Cucumber little slices. But then, then you upend the entire apple cart. This Capuchin comes and gives you the pebble, and you give them their slice of cucumber. And this Capuchin comes and gives you a pebble, and you give the Capuchin a grape. A grape or a raisin, which is a gazillion times more wonderful than some stupid little slice of cucumber or whatever.
In other words, they're doing equal work and unequal pay. And what is like the funniest thing on Earth in this video is you see the cucumber monkey sitting there and looks over and says, "What the...?" And the other guy is getting raisins and I'm getting these little cucumber things. And you see the monkey fling the cucumber back at the human a couple of times, doing that.
Okay. A sense of justice, in this case taking the form of, "That's not fair. I'm getting screwed." Okay. That's like impressive, but nonetheless, like, that slice of cucumber was just as calorically wonderful as it was before, but invidious comparison that can fuel it. Okay. So that's like cool as hell, but ultimately makes a lot of sense.
What De Waal also reported was, every now and then, you would get the Capuchin who got the grape, who would look at the other one getting the cucumber, and would fling the grape back. How was that for a sense of justice?
This is not, "I'm getting screwed. That's not okay." It's, "That guy is getting screwed. That's not okay." That is a very rare monkey, but it is one where I wish I could understand how they came to be that sort of monkey. But a sense of justice. What else?
Cooperación y altruismo recíproco
Obviously, we're not the only species that can have all sorts of cooperative stuff, reciprocally altruistic relationships that sometimes makes you a more dangerous army, but sometimes makes you more effective at protecting people from the effects of violence, from countering it. What else?
Jerarquías: ¿fomentan la agresión o la contienen?
Now, we're not the only species, obviously, that has something emerging along the lines of dominance, hierarchy, status differences. You go look at lots of other primate species, and hierarchies are enormously important, enormously defining in their lives. In baboons, for example, you want to understand one single thing. You can only find out one thing about this individual baboon.
If it's a female, you want to know if she's from a high or low-ranking dominance lineage. If it's a male, you want to know what his individual rank is? Because that's totally predictive of quality of life. Dominance hierarchies are found in lots of other species. So you say, do dominance hierarchies foster aggression or do they represent a way of containing aggression?
And most often it appears to be the latter case. Okay, so you're a middle-ranking male chimp compared to a high-ranking one. And there's some great resource there. Somebody has left a really desirable dead something or other that you would all love to eat. And in the absence of a dominance hierarchy, in the absence of ritualized gestures of dominance and subordination, in the absence of that, every single time there would have to be a bloody fight to figure out.
And what these systems do is, by conventionalizing the conventional reminders of who's higher ranking than who, it's a way of divvying up resources unequally without having to punch it out each time. A stable dominant hierarchy suppresses aggression. And the best ways to appreciate that is to look at rare occasions in which hierarchical species, something happens.
Somebody critical dies or is injured, or somebody new and dominating shows up, or whatever. And for a period of time, the dominance hierarchy destabilizes, and aggression goes through the roof at that point. A stable dominance hierarchy lowers everybody's glucocorticoid levels. This is something I saw with my baboons. Stable dominance hierarchy is a system where you don't have to punch it out every single time.
El macho alfa sostenido desde abajo
You have ritualized ways of expressing the asymmetries without things having to get bloody. Now you look at other primate species, Rhesus monkeys, for example, and there's an additional way in which dominance can be a suppressor of aggression. And this is what would be called bottom-up or egalitarian hierarchies. Typical picture: whoever's ranking is throwing his weight around and pummeling anyone who crosses him and all of that.
When you get to Rhesus monkeys, whoever winds up being the dominant male is dominant only because he is being supported by a large number of lower-ranking individuals. They are electing him or they are maintaining him in office in a bottom-up way, an egalitarian way. And the most interesting thing with Rhesus monkeys is this alpha male is being held in that position if and only if he has the cooperation of most of the females.
If he's being a jerk to them, they will collectively drive him out of the group or refuse to back him up in a fight anymore. So a bottom-up system, everyone joining forces to support the benevolent alpha male, that kind of thing. So, another circumstance in which a stable dominant hierarchy can wind up reducing aggression rather than triggering it.
¿Cuenta esto como agresión? Los monos patas
So we're now beginning to get a sense of all sorts of things we do aggressively and to counter aggression. We are not unique in it, and these are confusing issues. Instead, all sorts of circumstances where one might ask, "Does this count as aggressive or not?" Here's an example: another species of monkey called Patas monkeys.
Patas monkeys, you find them out in East Africa and the open savanna, all of that. And you go and you study Patas monkeys for 400 years, and what you'll see is males never get into a fight. Wow, what a peaceful species!
A species that has managed to just completely abolish male-male aggression. Aren't they wonderful? Now, you take some Patas monkeys and put them in an enclosure. You put them in captivity, and what you see is the males kill each other like instantly. They fight each other like savages. Okay, wait a second. They never, ever fight out in the wild, but they fight when they're in captivity.
What's up with that? And it turns out that male Patas monkeys are so aggressive to each other that what they have evolved is males are widely dispersed among Patas out in the wild. They never encounter each other, and thus there's never any fights. They are scattered everywhere. They're somewhat nomadic. And put them all in a small enclosure where they can't get away from each other, that's when aggression explodes there.
So, you need to ask a question at this point: Is this an aggressive species? No, not at all. You look at them for years and there's no fighting. Is this an aggressive species? Enormously so. The basic organizing principle for males of their social system is keeping them from each other's throats. Complicated as to whether or not this would count as a highly aggressive species or not, how much effort goes into restraining it.
Other examples: you see two male lions, and one of them leaps on the other one and he's got his teeth bared, and he like puts his mouth on the other lion's throat and rips out his jugular, and the other lion manages to knock him off and get his teeth on this guy's throat, or maybe even his crotch.
El juego: ¿práctica o asimetrías?
And, oh my God, they're being so aggressive. Or is this play? There's this play these two male lion cubs who are wrestling with each other and pretending to bite each other's throats or private parts and all of that. And a long-standing question in the field is what is play?
What is aggressive, rough-and-tumble play? What does it mean? What does it mean when young organisms of like species after species are doing the fixed action patterns, little fragments of fixed action patterns of aggression with each other, none that are damaging, that are little parts of it?
And the two different views are: this is practice. This is like learning how to string together your fixed action patterns. This is learning how to get better at them, and how to jump on... (on, you know, oh God, what's the name of the baby lion in 'Lion King'?
I couldn't even make a passing reference name like that) sort of thing. Okay, so, is this just practice? Is this practice getting ready for when it's going to matter in life, that being one view?
The other view being, this isn't practice. This is already establishing asymmetries from very, very early in life. And what a lot of the evidence suggests is play fighting is not just play. It is already predictive of asymmetries that are going to emerge. And just think back to who was being mean to whom and bullying back when you were in fourth grade, kind of thing.
And there's a lot of predictability there. So, animal play fighting is ubiquitous all across species there. Remarkable. You see that is one of the last behaviors that stops in young animals when they are starving during a drought. It is really strongly residual, and it is not just for practice. It is already establishing asymmetries.
La caza no es violencia
Okay. How about another example where it's not clear if this is aggression or not? You look at this animal and they leap on some other animal. And this time they're not just playing; they rip the throat open of this other animal. They just knock them over and they're ripping them apart and all.
And this sure sounds aggressive. This sure seems like a case of violence. But no, some of the time all they're doing is getting breakfast. Oh, is hunting—is predation—a form of violence? And the field just got lost for years and years back when, in the '60s, when people somehow thought they were interchangeable. That hunting and violence are deeply intertwined.
Hunting between species and aggression within species somehow had the same biological substrates. And as a result, people wasted about a decade studying what they thought was the neurobiology of aggression when they were actually studying the neurobiology of food acquisition. And we will see something about that neurobiology. Okay. So that just sort of, you know, presents you with the challenges of trying to recognize aggression for what it is when it comes to us.
La agresión humana, mucho más complicada
A billion times more challenging to make sense of when are we indeed being aggressive? What are the various ways in which it can happen? And as soon as you get to humans, what's one of the striking things is some of human aggression is exactly like any other species where you just get some big old heavy thing and you bop somebody over the head enough times until they're incapacitated or dead.
And you know, a lot of human aggression is just plain physical stuff. But then we get into a much more complicated world of human aggression. We are the only species that, for example, could make sense of the following exchange: "Beat me," said the masochist. "No," said the sadist. "What's up with that?" Says the meerkats, trying to make sense of that.
We can take very, very weird, uniquely human manifestations of what aggression can look like, of what malevolent intent rained down on somebody else can look like. And thus, yes, human aggression could be exactly like in chimps and almost like physically mauling. But we could be aggressive by looking the other way. We could be aggressive by doing nothing more than signing a form, terminating somebody's job.
We could be aggressive the way we move a little piece of wood on a table and we've just been a totally aggressive son of a [expletive] in how we play chess. We could be aggressive by passive aggression, with faint praise, with all sorts of things. And naturally, we can be aggressive in ways where no other species would have a clue as to what's going on with that.
Here are a couple of examples of human aggression at its most complicated. First one, this involved the daughter of a friend of mine some years ago. She was in like pre-K, and there was some other kid she wasn't getting along with. And this was constantly the case. It was around Easter, and they were painting Easter eggs or something, and they got into a tussle, and my friend's kid broke the other kid's Easter egg.
Tears, hysteria, social norm violation, all of that. And the teacher, pissed off, said, "Whoa, you can't do that! That was a terrible thing. Here's what you're going to do: You're going to make an Easter egg for her to show that you're sorry you did that and to replace the one you broke." So my friend's kid goes off and is in the corner like painting an egg, and she's clearly up to something there and all of that.
And apparently, at the end, she then comes up to this other kid and says, "Here, here's your stupid Easter egg!" And hands her an egg that she has painted completely black. What? Go explain that to some territorial birds or something, what that was about. "Here's your stupid Easter egg!" What she was doing was showing that she was not violating the letter of the law.
Oh, an Easter egg is one where you paint it, but totally violating the spirit of the law. It's supposed to be happy, cheerful, pastel colors on it, and here's an all-black egg there. And what is she saying to the other kid?
"I don't like you any more than I liked you, you know, 10 minutes ago. And I'm just doing this because I'm being forced to." And the kid, the other kid, showing that she understood this completely in a way that no hippo would understand. She understood this. She instantly burst into tears. Whoa. What colors you paint an Easter egg?
That could be aggression. Another version of aggression, sort of the subtleties, the unlikely turns of it in humans, involved my wife. And this was many years ago, where we were driving home someday, one day, and our kids were in the back asleep in their car seats, and we're driving down the freeway. It was 101, in fact.
We're driving, and some jerk, some total jerk, cuts us off without any warning, and almost causes an accident, and like, totally irresponsible. This was not, like, you know, inadvertent on the person's part. What a total jerk!
And my wife honks at the guy, and he flips us off, and it's infuriating. And where are the cops when we need him? That son of a [expletive]! I can't believe he did that. We've got our kids in the back. We could have all been... And my wife suddenly says, "I'm going to follow him!" And like in the passenger seat, I say, "I don't know, honey.
Do you think this is a good idea?" But she's often doing that. And it takes about a mile and a half or so for the guy to suddenly clearly realize that we're trailing him. And you see he does some evasive lane switching, and my wife follows him, and he eventually gets off at the exit, and we follow him there, and he comes up to a traffic light where we happen to know that light lasted for a long time.
It was red. So he was in front of us. There was a car in front of him. We were behind. He was boxed in. So, we're sitting there, and my wife suddenly reaches over, grabs something out of the glove compartment, and says, "I'm going to go talk to this guy!" And she leaps out of the car while I'm saying, "Oh, I don't know, honey.
Do you think that's a good idea?" And she's off and running. And I see that she gets up to the driver's side of the guy's car, and she gestures, and he rolls down the window, and she's like just gesticulating at him while I'm scrambling out to try to like intervene or something. I don't know what.
And I see at the end she suddenly flings something at the guy, and she comes back to the car, and she sits down. Then we sort of sit silently for a while, and the light turns green, and the guy like drives away at like 3 mph and makes a very sensible turn with a blinker on and disappears down the block.
If it's possible for a car to look sheepish in how it was moving, this was it. The guy goes, so I say, "Okay, so what was that? What did you throw at him?" And she said, "I said to him, 'If you could do something that mean, you've not been loved enough in life.
Here's a lollipop!'" And then flung it at the guy. And I thought it was the most wonderful bit of passive aggression. "You are such a rotten, fetid, hopeless human that you could only have been brought up in moral turpitude in him. Maybe a lollipop will make you a slightly better human. You were so screwed." And oh my God, I thought this was wonderful.
Matar a distancia: los drones
And obviously the guy got the message as well. Okay, so we humans could be aggressive in all sorts of unexpectedly passive-aggressive ways. We could be aggressive in extraordinary ways as well. For example, you can, for a living, get up each morning and you're living out in Nevada or whatever, and you got your job.
You get to the car and you drive to work, and you got to remember to pick up the dry cleaning at the end of the day, and you get caught in traffic, and you get a little bit stressed because you may be late for work, but you get there on time, and you settle down, and what you do is you sit into this room with no windows in it, this nice air-conditioned room, and you sit down at a console there, and what you spend the whole day doing is operating drones in the air over the other side of the planet, blowing up things and killing people.
Drones where you've been tracking somebody, some supposed terrorist, for days on end with your drone that is able to show you the person in great detail. You've been watching them day after day as they go to the market, as they sit in their yard in the sun, as they play with their kids, as they enjoy dinner outside.
You've got this drone up there watching them, just waiting for the day that one of their co-conspirators shows up. And then you release some Hellfire missile and you take them out. And then it's the end of the day, and you pack up your stuff, and you go home, and you're all excited because your little girl has a dance recital that night, and you hug her afterward, and you can't believe it's possible to love someone that much.
And then the next day you go back to killing people on the other side of the planet with drones. This is something you would be doing at Creech Air Force Base in Nevada. This was where people first started doing that and showing something about just how strange this is for humans to sit there and kill someone on the other side of the planet while they're in an air-conditioned room thinking about dinner.
Drone pilots have extraordinarily high incidences of post-traumatic stress disorder. And this has completely upended the whole field of thinking about it. PTSD used to be about when you and your buddies or loved ones are being threatened. There's no threat here. You're sitting there in this bunker there. There's no threat. What's the PTSD about?
It's more having to do with what you're spending your time doing. Watching somebody go about their life from 3,000 feet up in the air with super-duper spy cameras, and watching them play with their kids and have dinner and all of that, and wait for their confederate to show up, and then you kill them.
And then what your job is is to track for days afterward their funeral, and see who shows up for the funeral, and send another missile down there. So that's a version of human aggression where you sit there and you're thinking about the mortgage bills or don't be late for the dance recital tonight and all of that, and oh, there he is, push a button, and someone dies on the other side of the planet.
La orquesta y las matanzas: Naipaul en Indonesia
Or how's this for the epitome of human aggression at its strangest? This was something that was described by the writer V.S. Naipaul in a book of his years ago called Travels through Islam, and it was him visiting different countries with Muslim majority populations, and just sort of a travelogue book and social commentary, and totally interesting.
And he was eventually in Indonesia. Indonesia, in the early 1960s, there was a military coup backed by the United States that overthrew the government there and installed a strongman who ruled the place for decades afterward. And in the aftermath of the coup, every grudge, every political vendetta was carried out. Right-wing death squads went through every village killing the intellectuals, killing the leftists, killing people who wore eyeglasses.
That is a marker, and that's not the first time in history that a right-wing coup has then gone with death squads killing people who wore glasses. Ah, "educated," that sort of thing. Before it was over with, in that first year, approximately half a million Indonesians were killed by these death squads. And this was many decades later.
Naipaul was traveling through there, and he heard this nutty sort of thing. Someone said, "You know, sometimes those death squads, when they would go to a village to kill everyone, they would bring along a traditional Indonesian gamelan orchestra. What the hell?
What is that?" And one day, Naipaul meets one of these veterans of these death squads, some grizzled old national hero for everything he had to do. And Naipaul interviewing them eventually got around to saying, "You know, I heard this weird story once, that sometimes you guys would like bring in gamelan orchestras with you when you would go wipe out a village for the glorious nation." All of that.
"Is that?" And the guy said, "Oh yeah, yeah, yeah. Whenever we could, we would bring along a gamelan orchestra." And Naipaul said, "Why would you do that?" And in one phrase, this man showed just how difficult the task is we have here of understanding human aggression. He looked surprised. "Why did you bring a gamelan orchestra to kill every person in this village?" He looked surprised and said, "Huh?
To make it more beautiful." Of course. We are a screwed up, complicated species in that regard. We are a complicated species in the ways in which we go about countering aggression. Yes, bonobos have sex. Other primates groom each other. Other primates will defend individuals in a fight, things of that sort. But we can go about being good and being protective and countering violence in amazingly unique ways.
For one thing, right off the bat, we've got the same capacity for abstracting over space and time. If we are capable of sitting here in a bunker and pressing a button and killing somebody on the other side of the planet, we are capable of sitting here and clicking on a site and donating money to a charity, being kind to someone whose face we will never see.
Reconciliación y perdón: la comisión de la verdad
That is a profoundly human realm. We can do that. We can do all sorts of interesting things for decreasing aggression. And we could distinguish between what would be called reconciliation and forgiveness. Reconciliation. We are pretty good at this, as are lots of other primates. And this is something very different from forgiveness. And the best way to appreciate this is after South Africa got its independence, it established the first Truth and Reconciliation Commissions.
Mandela and his folks had the very wise insight that, like, in the aftermath of this, there was this danger that South Africa would erupt into a civil war. All these African militias were still threatening to try to upend this peaceful transition of power to black rule. And like, there were all of these perpetrators of apartheid violence who needed to be brought to justice.
And they invented the concept of Truth and Reconciliation Commissions. People who were about to be jailed for their appalling violent acts during apartheid could apply for a TRC hearing instead, and about 10% of these people were accepted. And what you would do is appear before a panel. A panel of judges, clergy, psychologists, family members of the victims you had done unspeakable things to.
And what was very clear there was you did not have to apologize. You did not have to express remorse. You did not have to beg for forgiveness. And everybody elsewhere in the world saying, "Oh, these Truth and Reconciliation Commissions, these are so heartwarming!
The person comes in there and apologizes and the widow of the person he had savaged, they both burst into tears and hug each other at the end." That never happened. This was a very different type of peacekeeping. All the person had to do was tell exactly everything they had done in detail, even the things they had done secretly that nobody knew about.
Oh, this is the person who committed that murder. They had to tell everything so that forever after no family member or victim would be left there wondering what happened, where did they disappear, where are their bones?
And the other thing the person had to do was convincingly say, "And I'm not going to do anything like that again. I'm not going to join a militia. I'm not going to do any of that stuff. Here's what I did, and I'm not going to do it again." Not, "I'm sorry." Not, "I'm begging for forgiveness." And what you had as well, one of the amazing things about Mandela, is that African National Congress fighters, like his side, people there who committed war crimes also came before Truth and Reconciliation Commissions, an equal capacity for figuring out how to get along.
And since then there have been TRCs in the Balkans after the Balkan wars in the 1990s, in South America after various juntas have been overthrown, and trying to figure out what the murderers had been doing and where the bodies were buried, and all of that. And all of them the same thing. First pass, you're so disappointed because you're expecting all these heartwarming scenes of murderers and the victims hugging each other.
And no, all they're doing is, this is the ultimate pragmatism, ultimate realpolitik. This is a country that is a mess, a broken mess after whatever war, war of independence, civil war, insurrection, whatever. And all they need to do now is to start rebuilding. And all they need to do is, we're not going to send you to jail if you tell us what you did and you can convince us that you're not going to go join a militia, or you're not going to join a mob that's going to burn somebody to death when accused of having been a perpetrator; that you're going to just lay low.
And with the people who went before the TRC, about 90% of them would then be, rather than jailed, sent home. And it works spectacularly. As long as you recognize this was not about love and forgiveness and remorse. This was just about the pragmatism of two chimps being more likely to groom each other after a fight.
You've got to get along. We have a cooperative relationship here, or we have a functional country to build at this point. So we make strict distinctions between reconciliation and forgiveness. We also do something very strange with forgiveness. It is not clear if reconciling chimps feel forgiveness as well. Who knows?
El perdón como acto egoísta
But we do forgiveness in a very interesting way in that it is often a selfish act. It is often described by people, victims of horrendous something or others, as liberating for them to forgive the person, to finally not have to be consumed by that. And this could be appreciated in two ways. One is this amazing quote, back when, from Booker T.
Washington who said, "I will let no man soil my soul by causing me to hate him." And in that context, forgiveness is not for the perpetrator. Forgiveness is for yourself. As a second piece of insight about that is one of the seminal findings in the field of psychoneuroimmunology: Forgiveness is generally stimulating of the immune system of the forgiver.
San Patricio y la negativa a llevar armas
It is an act for yourself rather than for them. Then you can get extraordinary displays of human peacemaking by doing paradoxical things. St. Patrick. (Patrocius? Not Petrocious. Patricius, whatever.) Roman, in Roman England, kidnapped by wild-ass Irish tribe pirates when he was a teenager. Kidnapped and kept as a slave there for six years as a shepherd.
Escaped, got back to England, realized he kind of missed all that, like, Irish bigger-than-life vim and vigor, and decided to go back to Ireland, and he was going to convert all of them to Christianity, this island full of warring clans. And what did he do?
He had no weapons. He had no arms. And famously, what he did was just walk all over Ireland. No evidence he did anything about the snakes. But he was so boldly communicating, "I am not willing to carry a weapon," that people were impressed as hell by him. And not only wasn't he killed, but people converted left and right to Christianity.
Dos ideas contradictorias a la vez
Whoa. The refusal to carry a weapon as a weapon against violence. Extraordinary. And this paves the way for, in some ways, the most remarkable thing humans do when it comes to containing violence or what we do in the face of human awfulness. And it has to do with something, you know, formally stating it in terms of logic: The more X cannot be the case, the more you have to work to make X the case.
What do I mean by this? This is summarized a little bit less abstractly. This great quote by Kierkegaard saying, "Being a good Christian," and this could be generalized far beyond that, but "being a good Christian consists of being able to maintain two contradictory thoughts in your head at the same time." Let's make this more explicit.
And this is this remarkable quote from this woman, Sister Helen Prejean, a Catholic nun who has spent her entire career down in Louisiana, ministering to the spiritual needs of men on death row in Angola prison in Louisiana, which is apparently like one of the worst places on Earth to wind up. And what she does is she ministers to these guys on death row, and she's the one who's there when they die and holds their hand and whatever.
And over and over and over throughout her career, people would come up to her and say, "Oh my God, I hear what you do. What's wrong with you? Why aren't you doing that for the victims?
Don't you care about the victims?" And she would always have the same statement, an extraordinary statement, which is: "The less forgivable the act, the more you need to forgive it. The less lovable the person, the more you need to find the means to love them." There is nothing in the world of other primates reconciling after a fight that holds a candle to this.
Del comportamiento a la neuroanatomía
Okay, so this gives us our sense of what the behaviors involved. And a theme there over and over is exactly what you think aggression looks like and peacekeeping looks like. It doesn't always look like that. And we're not the only species, and it could be incredibly subtle. We transition now to what's going on with the brain one second before.
And in the few minutes we have left, let me start off with a completely shocking finding in the field. It's got something to do with the limbic system. Yeah. Same thing again, back to 1930s, that Klϋver-Bucy syndrome where Klϋver and Bucy wiped out large parts of limbic systems of monkeys. And last week's observation on their part, you got all sorts of inappropriate sexual behavior.
This week's observation, you got all sorts of inappropriate aggressive behavior. And much as with the sexual behavioral abnormalities, this was starting with people thinking about, you know, you know that rhinencephalon those other neuroscientists are always going on about. It may not be about odor all that much. This may not just be the nose brain.
It seems to have something to do with emotions. And you better bet the places we're about to leap into on Wednesday is the amygdala and the frontal cortex in terms of constraining aggression, pulling off disciplined aggression, the anterior cingulate and empathy, the insular cortex, and discussing some other areas as well. This is where we will pick up looking at the neuroanatomy of, you know, humans being awful to each other and humans trying to counter that.
La violencia y sus antídotos
Violencia, competición y algunos de los antídotos contra eso: hacer las paces, empatía, reconciliación, perdón, todo eso. Y aquí vamos a seguir exactamente la misma estrategia. Para empezar, ¿cómo es el comportamiento?
Y ya veremos que este es un terreno en el que la gente dice: «Bueno, no sé definir del todo la agresión, pero la reconozco cuando la veo». Ver esto va a ser mucho más complicado que eso. Primero, el comportamiento. Y después, ¿qué estaba pasando en el cerebro un segundo antes?
En este caso, distinguiendo qué áreas de la anatomía del cerebro están implicadas en la agresión o en hacer las paces o en cualquiera de esas cosas, en la cooperación, y qué neuroquímicos están implicados. Y luego, ¿qué estímulos ambientales de los minutos u horas anteriores?
¿Qué tal estaban los niveles hormonales de esta mañana? Diferencias estructurales del cerebro relacionadas con estos comportamientos y que aparecen a lo largo de décadas. Adolescencia, infancia, genes fetales, cultura, ecosistemas, evolución, todo eso. Y me pareció que una buena manera de abordar este tema por primera vez, dado lo inflamatorio que puede ser, y ya sabéis, vamos a hablar de algunos terrenos de violencia humana horrible, solo como advertencia sobre eso.
Una fantasía con Hitler
Me pareció que un buen punto de partida era contaros una fantasía mía. Y es una fantasía que tengo desde que era niño, con regularidad. Una fantasía construida alrededor de… Bueno, aquí va la fantasía: soy parte de un equipo de comandos de élite y entramos a la fuerza en su fortaleza en la cima de la montaña.
Y bueno, es una fantasía, así que ya puestos la llevo hasta el final. Entro yo solo en su fortaleza, en lo alto de la montaña. Llevo la ametralladora lista. Y él está ahí. Está ahí. Echa mano a su pistola Luger. Y yo se la tiro de la mano. Echa mano a su pastilla de cianuro para matarse antes que dejarse capturar.
También se la tiro de la mano. Gruñe. Nos agarramos. Consigo por fin inmovilizarlo, ponerle las esposas y decir: «¡Adolf Hitler, queda usted arrestado por crímenes contra la humanidad!». Uf. Vale. La Medalla de Honor y todo eso. Y entonces los aspectos de la fantasía con Medalla de Honor se vuelven de pronto mucho más oscuros, porque tengo que pensar qué habría hecho yo si hubiera tenido a Hitler en mis manos.
¿Qué habría hecho? Y aquí es donde esto empieza a ponerse demasiado crudo. Así que paso a una voz impersonal: ¿qué querría que se le hiciera a Hitler en semejantes circunstancias? Y si de verdad me permito llegar ahí, no sería difícil ocurrírseme unas cuantas cosas que hacerle. Seccionarle la médula de modo que no pueda volver a moverse nunca, pero que sienta dolor.
Sacarle los ojos, perforarle los tímpanos, cortarle la lengua para que no pueda hablar, para que no pueda moverse. Lo único que puede hacer es sentir. E inyectarle algo canceroso que crezca dentro de él, y va a pasar todo un infierno con cada célula de su cuerpo en agonía, y todo eso.
Y eso es lo que querría que se le hiciera a Hitler. Eso es lo que le haría a Hitler si de verdad fuera sincero. Y parecería tener sentido tratándose de la persona más malvada que ha vivido jamás, con el alma más manchada y más malvada de todos los tiempos. Vale. Y en medio de tener esta fantasía desde que era niño, si de verdad me paro a pensarlo, hasta me late más rápido el corazón mientras lo hago.
Y eso es un problema, más o menos. Yo no creo en las almas. No creo en el mal. No creo en la maldad. No creo en el castigo. No creo en nada de eso. Y ninguna de estas conductas que estoy propugnando tiene sentido para mí, al menos parte del tiempo, porque miras esto y resulta que estoy completa, completamente en contra de la pena de muerte, pero al mismo tiempo hay gente que me gustaría ver muerta.
Y disfruto con toda clase de películas violentas y cutres, pero estoy a favor de un control de armas muy estricto. Y aunque no le he dado un puñetazo a nadie desde el colegio —y aquello no salió nada bien—, y aunque una vez me pasé una tarde jugando al láser tag y me lo pasé en grande escondido en una esquina disparando a la gente, al mismo tiempo puedo hacer toda clase de alardes de virtud sobre marcadores culturales de paz y cosas así.
Y, mira, para que se vea, hasta puedo hacer esto, que me lo sé de la infancia. Sé que después de decir «Voy a dejar mi espada y mi escudo» hay que hacer así. Y luego dices: «Junto al río». Hasta me aprendí todo eso. ¿Qué vemos aquí?
No odiamos la violencia; odiamos la equivocada
Vemos un cuadro humano muy típico: «Estoy terriblemente confundido sobre el lugar que ocupa la agresión en la vida cotidiana». Como todos los demás, retrocedemos ante la violencia como una de las cosas más espantosas que uno puede imaginarse en este planeta. Pero cuando es el tipo correcto de agresión, cuando es el tipo correcto de violencia, no retrocedemos.
Nos encanta. Nos levantamos de un salto para verla. Nos levantamos de un salto. Pagamos bien por sentarnos en la primera fila a ver esa película de guerra con la esperanza de que el bien triunfe sobre el mal. Nos emocionamos viendo deportes violentos. Como especie tenemos un problema serio, y es que no odiamos la violencia.
Lo que odiamos es la clase equivocada. Y cuando es la clase correcta, es tan malditamente emocionante. Y apenas podemos contenernos para no lanzarnos y sumarnos. Y soltamos dinero por ella. Y repartimos medallas, y elegimos a gente y nos apareamos con gente por su habilidad para ser selectivamente violentos en los momentos y lugares correctos.
Y estamos muy confundidos a la hora de entender el lugar de la violencia en nuestras vidas y el lugar de la agresión, y los valores que les damos o no les damos, y los antídotos contra eso. Así que, ya de entrada, tenemos aquí un tema muy complicado, porque tenemos sentimientos muy, muy encontrados, pensamientos encontrados y, a menudo, acciones muy encontradas cuando se trata de la violencia y de nuestros intentos de controlarla.
El comportamiento: la agresión que se reconoce al verla
Así que, empezando por el comportamiento, esto está absolutamente en el terreno en el que decimos: «No sé definirlo, pero lo reconozco cuando lo veo». Pero lo que empiezas a ver ya de entrada es que es conductualmente más complicado de lo que uno pensaría. La pregunta con la que empezamos en la clase sobre el sexo es, ya de entrada: ¿cómo es la agresión en todo el reino animal?
«El hombre es la única especie que mata»
¿Qué hacemos que sea único? ¿Qué no es único? Cuando yo era niño veías todos los especiales de National Geographic y en algún momento, inevitablemente, salía algún narrador de voz grave diciendo: «Y el hombre es la única especie…». Eso era en la época en la que la especie, la especie humana, solo incluía a los hombres. «El hombre es la única especie que mata a miembros de su propia especie, o que mata por placer, que mata por lo que sea». Y sí, eso era universal.
Y eso se fue al garete enseguida. No somos la única especie que mata. Esto ya lo sabemos. El infanticidio competitivo. Y sabemos —en realidad puede que todavía no lo sepamos, pero si no lo he mencionado: entre los babuinos machos, la principal causa de muerte son los babuinos machos— que los chimpancés pueden ser asesinos. Y toda clase de otras especies se pelean hasta la muerte.
Encontrarás impalas, preciosos impalas, gráciles, bellos impalas, machos de impala con sus cuernos que se han matado a cornadas unos a otros por la competencia entre machos. No somos la única especie que mata. No somos la única especie que mata de forma premeditada. Goodall, por ejemplo, fue de las primeras en ver que una mañana cualquiera puedes saber si los machos de este grupo, los chimpancés machos, están a punto de salir a buscar a alguien a quien matar.
Están pensándolo. Hacen cosas emocionalmente contagiosas para que todos se apunten. Y eso significa que estás ante violencia de grupo. No somos la única especie que es violenta con otros individuos de un grupo. Un montón de chimpancés machos se larga y hace una patrulla fronteriza, como ha acabado llamándose, y si se encuentran con un macho del grupo vecino, lo atacan y lo matan, y lo hacen cooperando.
¿Y eso por qué? Y ya sabemos, de antes, de los inicios del curso, que si eres un chimpancé macho que se está criando, vas a pasar toda tu vida en este grupo. Son tus hermanas las que se inquietan y se cambian de grupo al llegar a la pubertad. Y otras hembras entran. Y en un grupo de chimpancés, todos los machos adultos son hermanos o primos o, como mínimo, llevan toda la vida jugando juntos.
Y esto contrasta con los babuinos, donde en la adolescencia son los machos los que se marchan, y si miras a los adultos de una tropa de babuinos, las hembras llevan ahí con sus madres y sus hermanas y todo eso toda su vida, y los machos son todos individuos que aparecieron un día de sabe Dios dónde, y ninguno de ellos es pariente.
Y en ese punto, vimos antes que entre los babuinos machos la agresión es enteramente competencia dentro del grupo. Pero con los chimpancés, donde todos los machos se han criado ahí, tienes a veces una de las versiones de machos más aterradoras que puedes encontrar en este planeta: machos que se llevan bien entre ellos, porque es justo entonces cuando se les mete en la cabeza hacer una gran patrulla fronteriza organizada y matar a algún individuo de otro grupo.
Tampoco somos los únicos genocidas
Así que no somos los únicos que asesinan, que asesinan de forma premeditada, que asesinan de forma organizada. Y más ejemplos de esto —una palabra cargada de significado en los últimos seis meses más o menos, discutiendo sobre definiciones—: no somos la única especie que podría ser genocida. Y un ejemplo de esto se ha visto, otra vez, una vez más, con chimpancés; lo vio por primera vez este primatólogo, John Mitani, de la Universidad de Michigan.
Fue uno de esos casos en los que un grupo de chimpancés estaba haciendo sus patrullas fronterizas y mataba horriblemente a un macho con el que se topaba de otro grupo. Y lo que mostró, replicado desde entonces, es que a lo largo de meses los machos del primer grupo mataron sistemáticamente a todos y cada uno de los machos del otro grupo, matándolos no por quiénes eran, sino simplemente por el grupo al que pertenecían, y erradicándolos a todos, uno por uno, y luego expandiendo su territorio.
Lo que sí parece solo nuestro
Esto se ha visto unas cuantas veces. Así que no somos la única especie que hará algo genocida, si me apuráis. No somos la única especie con todos estos tipos de violencia. ¿Somos la única especie que confunde patológicamente, en un pequeño subconjunto de nosotros, la violencia con la sexualidad?
Eso parece ser un universal humano. Hemos visto circunstancias de las que hablamos el otro día, en las que los machos de orangután recurren a algo que se parece muchísimo a una violación como estrategia alternativa. Cosas de ese tipo. Solo en los humanos encuentras fantasías sexuales sadomasoquistas de excitación mezclada con dolor y todo eso.
Los antídotos: hacer las paces
No hay ninguna prueba de que nadie más haga eso. Así que, en muchos sentidos, cuando somos violentos no somos únicos en eso. Y en muchos sentidos, cuando nosotros los humanos somos buenos y hacemos cosas para contrarrestar la violencia, tampoco somos únicos en eso. Para empezar, algo en lo que los humanos somos muy, muy buenos, si son los humanos adecuados, es en hacer las paces.
Hacer las paces después de una pelea, reconciliar las cosas. Y Frans de Waal, primatólogo de Emory, que murió hace dos meses, un científico asombroso. De Waal fue el primero en mostrar que no somos la única especie que muestra comportamiento reconciliador. ¿Cómo sería eso?
Dos chimpancés se pelean, se agarran por algo, lo que sea. Y lo que De Waal mostraba es que, en la hora siguiente, los dos tenían ahora más probabilidades de lo habitual de acicalarse mutuamente, de tener gestos afiliativos. ¿Y eso qué es?
Están haciendo las paces. Se están reconciliando. Y ese comportamiento reconciliador, una mayor probabilidad de conductas afiliativas después de una tensión, se ha visto en, no sé, 30, 40 especies distintas, y no solo primates. Esto está muy extendido. Así que, uf, no somos la única especie que puede hacer las paces. Y lo que ves son los mismos matices que con nosotros.
Cuando miras a otros primates, no tienes la misma probabilidad de hacer las paces con cualquiera del grupo con el que hayas tenido tensión. Depende. Depende de lo que signifiquen para ti. Y vemos un rasgo muy parecido al de los humanos: con las personas cuya relación es más importante para ti, es más probable que te reconcilies después de una tensión.
Hacer las paces con quien te importa
Mira, este no es alguien a quien yo quiera enajenarme. Mira, este es alguien con quien llevo años trabajando. Lo que sea. El valor de la persona con la que acabas de tener la tensión influye en tu motivación para reconciliarte después. Y ves lo mismo en otros primates, en el trabajo de Marina Cords, en Columbia.
Un estudio buenísimo que muestra: vale, tienes dos macacos. Ya ni me acuerdo de cuál. Y tienes una situación. Viven en un grupo. Son… lo que sean los dos. Y o bien el escenario de adquisición individual de comida frente al de adquisición cooperativa. La adquisición individual es algo así como que hay una cuerda en el borde de la jaula, hay una cuerda por aquí, y en cada una un mono puede ir y tirar de la cuerda hacia dentro, y aquí hay una bandeja de comida.
El escenario de cooperación: hay una especie de tablón de madera que tiene comida aquí y comida allá, con una cuerda que sale por los dos extremos hacia dentro de la jaula. Y si estás solo y tiras de tu lado, se va a poner en diagonal y no puedes meterlo. Igualmente, la única manera de meter la comida es que averigües con otro cómo cooperar, tirando los dos a la vez.
Así que mostraba que había individuos cuya relación implicaba adquisición individualista de comida, y otros que habían aprendido a formar parejas cooperantes. Y lo que vio fue que, tras las tensiones, era mucho más probable que hubiera reconciliación entre las parejas que habían aprendido a hacer esto, las parejas que tienen una relación valiosa entre sí. Y así vemos un mundo de diferencia sobre con quién merece la pena hacer las paces y quién está arriba en tu lista.
Y no somos la única especie que tiene eso, otros recursos contra la tensión en otras especies. Y ya oímos hablar de la idea ridícula de que el sexo evolucionó para reducir las tensiones del grupo. El sexo, en las especies sociales, sobre todo aumenta las tensiones del grupo; excepto en los bonobos. Todo ese asunto otra vez. Babuinos, chimpancés: les pasa algo que da miedo y, si luego todos quieren llevarse bien, calmarse y ser amables entre ellos, se acicalan unos a otros.
Empatía: el espectador inocente
En los bonobos, lo mismo. Todo el mundo tiene sexo. Todo el mundo tiene sexo en todas las combinaciones y permutaciones posibles. Así que ese es uno de los raros casos en los que eso reduce la agresión, reduce la tensión, cosas de ese tipo. No somos la única especie capaz de empatía. Eso ya lo sabemos. Y De Waal fue también pionero en estos estudios, mostrando, por ejemplo, que tienes a un pobre infeliz de chimpancé que está ahí sentado, a lo suyo, y hay un tipo grande y de alto rango que ese día está de mal humor y lo apalea sin más, como espectador inocente.
Frente a eso, tienes a este chimpancé de bajo rango que hace esta estupidez desinhibida de ir a desafiar a un macho de alto rango, que luego lo apalea. En los dos casos los apalean. Pero hay una diferencia crítica: en el segundo caso, el chimpancé, el de bajo rango, empezó él. Se lo buscó. En el primer caso, era solo un espectador inocente.
Y lo que mostró De Waal es que, para empezar, los chimpancés saben diferenciar, entienden las atribuciones. Igual que distinguen a un humano que tira a propósito su comida al suelo, fuera de la jaula, de uno que tropieza y la derrama, los chimpancés saben hacer lo mismo aquí. Distinguen al pobre espectador inocente del idiota que empezó la pelea.
Y lo que mostró De Waal fue que, después de una de estas trifulcas, era mucho más probable que acicalaran al chimpancé espectador inocente que al imbécil de bajo rango que la había empezado. No solo son capaces los chimpancés de intencionalidad y de ese tipo de cosas cognitivas abstractas tan chulas: sienten pena por el que es el espectador inocente.
Sentido de justicia: los capuchinos
Tienen empatía. Acicalan a ese individuo más de lo que lo harían normalmente. Además, no somos la única especie con sentido de la justicia. Y De Waal también fue pionero en esto, con una de las mejores demostraciones en vídeo de YouTube de todos los tiempos: con qué era, ¿uno de esos monos capuchinos?
No me acuerdo, pero mostrando que tienen sentido de la justicia así. Tienes a dos capuchinos ahí, y los han entrenado para formar parte de tu sistema económico, es decir, los han entrenado para ir a coger una piedrecita en algún sitio de su zona y dársela al humano, y el humano a cambio les da un trocito de comida.
Así que tienes un sistema de trueque, un sistema económico y un mercado de valores, y todo eso. Y empiezas con que tienes a estos dos capuchinos ahí, y los dos tienen la habilidad. Saben coger una piedrecita, dársela al humano y que les den un trocito de pepino. Este hace lo mismo: le dan un trocito de pepino.
Esto está bien establecido. A los monos les gustan los pepinos. ¿A quién no? Rodajitas de pepino. Pero entonces, entonces lo pones todo patas arriba. Este capuchino viene y te da la piedrecita, y tú le das su rodaja de pepino. Y este capuchino viene y te da una piedrecita, y tú le das al capuchino una uva. Una uva o una pasa, que es un gazillón de veces más maravillosa que una estúpida rodajita de pepino o lo que sea.
En otras palabras, hacen el mismo trabajo y cobran distinto. Y lo más graciosísimo del mundo en este vídeo es que ves al mono del pepino ahí sentado, mirando de reojo, y diciendo: «¿Pero qué…?». Y el otro está recibiendo pasas y yo estoy recibiendo estas cositas de pepino. Y ves al mono tirarle el pepino de vuelta al humano un par de veces, haciendo eso.
Vale. Un sentido de la justicia que en este caso toma la forma de «Eso no es justo. Me están estafando». Vale. Eso es impresionante, pero aun así esa rodaja de pepino era exactamente igual de maravillosa en calorías que antes; es la comparación odiosa lo que lo alimenta. Vale. Así que eso mola muchísimo, pero en el fondo tiene todo el sentido.
Lo que De Waal también contaba es que, de vez en cuando, te encontrabas con el capuchino que había recibido la uva y que, al mirar al otro recibiendo el pepino, le tiraba la uva de vuelta. ¿Qué te parece eso como sentido de la justicia?
No es «Me están estafando. Esto no está bien». Es «A ese tío le están estafando. Esto no está bien». Ese es un mono rarísimo, pero es un caso en el que me encantaría entender cómo llegaron a ser esa clase de mono. Pero un sentido de la justicia. ¿Qué más?
Cooperación y altruismo recíproco
Obviamente, no somos la única especie que puede tener toda clase de cosas cooperativas, relaciones de altruismo recíproco que a veces te convierten en un ejército más peligroso, pero que a veces te hacen más eficaz protegiendo a la gente de los efectos de la violencia, contrarrestándola. ¿Qué más?
Jerarquías: ¿fomentan la agresión o la contienen?
Ahora, no somos la única especie, obviamente, que tiene algo que surge en la línea del dominio, la jerarquía, las diferencias de estatus. Mírate muchas otras especies de primates, y las jerarquías son enormemente importantes, enormemente definitorias en sus vidas. En los babuinos, por ejemplo, si quieres entender una sola cosa, si solo puedes averiguar una cosa de un babuino concreto.
Si es una hembra, querrás saber si viene de un linaje de dominio de rango alto o bajo. Si es un macho, querrás saber cuál es su rango individual. Porque eso predice por completo su calidad de vida. Las jerarquías de dominio se encuentran en muchas otras especies. Así que te preguntas: ¿las jerarquías de dominio fomentan la agresión o representan una manera de contenerla?
Y lo más frecuente es que parezca el segundo caso. Vale: tú eres un chimpancé macho de rango medio frente a uno de rango alto. Y ahí hay algún recurso buenísimo. Alguien ha dejado un bicho muerto deseabilísimo que a todos os encantaría comer. Y en ausencia de una jerarquía de dominio, en ausencia de gestos ritualizados de dominio y subordinación, en ausencia de eso, cada vez habría que resolverlo con una pelea sangrienta.
Y lo que hacen estos sistemas es, al convertir en convención los recordatorios convencionales de quién tiene más rango que quién, ser una manera de repartir los recursos de forma desigual sin tener que peleárselos cada vez. Una jerarquía de dominio estable suprime la agresión. Y la mejor manera de apreciarlo es mirar esas raras ocasiones en las que, en una especie jerárquica, pasa algo.
Alguien clave se muere o se lesiona, o aparece alguien nuevo y dominante, o lo que sea. Y durante un tiempo la jerarquía de dominio se desestabiliza, y en ese momento la agresión se dispara hasta el techo. Una jerarquía de dominio estable baja los niveles de glucocorticoides de todos. Esto es algo que yo vi con mis babuinos. Una jerarquía de dominio estable es un sistema en el que no tienes que peleárselo cada vez.
El macho alfa sostenido desde abajo
Tienes maneras ritualizadas de expresar las asimetrías sin que las cosas tengan que acabar en sangre. Ahora mira otras especies de primates, los macacos rhesus, por ejemplo, y hay una manera adicional en la que el dominio puede suprimir la agresión. Y es lo que se llamarían jerarquías de abajo arriba o igualitarias. El cuadro típico: el que tiene el rango va imponiendo su peso y apaleando a cualquiera que se le cruce, y todo eso.
Cuando llegas a los macacos rhesus, quien acaba siendo el macho dominante es dominante solo porque lo está apoyando un número grande de individuos de rango inferior. Lo eligen, o lo mantienen en el cargo, de una manera de abajo arriba, igualitaria. Y lo más interesante de los macacos rhesus es que a este macho alfa lo sostienen en esa posición si y solo si tiene la cooperación de la mayoría de las hembras.
Si se porta como un imbécil con ellas, colectivamente lo echan del grupo o dejan de respaldarlo en las peleas. Así que un sistema de abajo arriba, todos uniendo fuerzas para apoyar al macho alfa benevolente, ese tipo de cosa. Otra circunstancia, entonces, en la que una jerarquía de dominio estable puede acabar reduciendo la agresión en vez de desencadenarla.
¿Cuenta esto como agresión? Los monos patas
Así que ahora estamos empezando a hacernos una idea de toda clase de cosas que hacemos de forma agresiva y para contrarrestar la agresión. No somos únicos en eso, y son asuntos confusos. Más bien, toda clase de circunstancias en las que uno podría preguntarse: «¿Esto cuenta como agresivo o no?». Aquí va un ejemplo: otra especie de mono llamada mono patas.
A los monos patas los encuentras en África Oriental y en la sabana abierta, y todo eso. Y vas y estudias monos patas durante 400 años, y lo que verás es que los machos nunca se pelean. ¡Vaya, qué especie tan pacífica!
Una especie que ha conseguido abolir por completo la agresión entre machos. ¿A que son maravillosos? Ahora coges unos cuantos monos patas y los metes en un recinto. Los pones en cautividad, y lo que ves es que los machos se matan entre sí al instante. Se pelean como salvajes. Vale, espera un momento. Nunca, jamás se pelean en libertad, pero se pelean cuando están en cautividad.
¿Y eso qué pasa? Y resulta que los machos de mono patas son tan agresivos entre ellos que lo que han evolucionado es que los machos estén ampliamente dispersos entre los patas en libertad. Nunca se encuentran, y por eso nunca hay peleas. Están dispersos por todas partes. Son más bien nómadas. Y si los metes a todos en un recinto pequeño donde no puedan alejarse unos de otros, ahí es donde explota la agresión.
Así que en este punto hay que hacerse una pregunta: ¿es esta una especie agresiva? No, en absoluto. Los observas durante años y no hay peleas. ¿Es esta una especie agresiva? Enormemente. El principio organizador básico de los machos de su sistema social es mantenerlos alejados de las gargantas de los demás. Complicado decidir si esto cuenta o no como una especie muy agresiva, y cuánto esfuerzo se dedica a contenerlo.
Otros ejemplos: ves a dos leones machos, y uno de ellos se lanza sobre el otro con los dientes al descubierto, le pone la boca en la garganta al otro león y le arranca la yugular, y el otro león consigue quitárselo de encima y clavar los dientes en la garganta de este, o quizá incluso en sus partes.
El juego: ¿práctica o asimetrías?
Y, madre mía, qué agresivos que están siendo. ¿O esto es juego? Pasa esto de dos cachorros de león macho que forcejean entre sí y fingen morderse la garganta o las partes íntimas y todo eso. Y una pregunta que lleva mucho tiempo abierta en el campo es: ¿qué es el juego?
¿Qué es el juego agresivo de revolcarse? ¿Qué significa? ¿Qué significa que las crías de especie tras especie estén haciendo los patrones de acción fijos, pequeños fragmentos de los patrones de acción fijos de la agresión, unos con otros, ninguno de ellos dañino, pequeñas partes de esos patrones?
Y las dos visiones distintas son: esto es práctica. Esto es como aprender a encadenar tus patrones de acción fijos. Esto es aprender a hacerlos mejor, y a saltar sobre… (sobre, ya sabéis, ay Dios, ¿cómo se llama el cachorro de león de «El rey león»?
¡y ni siquiera he sido capaz de hacer una referencia de pasada con un nombre así!) y tal. Vale, entonces, ¿esto es solo práctica? ¿Es práctica preparándose para cuando importe en la vida? Esa es una visión.
La otra visión es que esto no es práctica. Esto ya está estableciendo asimetrías desde muy, muy pronto en la vida. Y lo que sugieren muchas pruebas es que las peleas de juego no son solo juego. Ya predicen las asimetrías que van a aparecer. Y piensa en quién se metía con quién y quién acosaba a quién cuando estabas en cuarto de primaria, ese tipo de cosa.
Y ahí hay muchísima capacidad de predicción. Así que las peleas de juego de los animales son ubicuas en todas las especies. Asombroso. Verás que es una de las últimas conductas que desaparecen en los animales jóvenes cuando se mueren de hambre durante una sequía. Es muy fuertemente residual, y no es solo para practicar. Ya está estableciendo asimetrías.
La caza no es violencia
Vale. ¿Y otro ejemplo en el que no está claro si esto es agresión o no? Miras a este animal y se lanza sobre otro animal. Y esta vez no está solo jugando: le abre la garganta a este otro animal. Simplemente lo derriba y lo está despedazando y todo eso.
Y esto suena desde luego a agresivo. Esto desde luego parece un caso de violencia. Pero no: algunas veces lo único que están haciendo es desayunar. Vaya, ¿es la caza —es la depredación— una forma de violencia? Y el campo anduvo perdido durante años y años, allá en los sesenta, cuando la gente pensaba de algún modo que eran intercambiables. Que la caza y la violencia están profundamente entrelazadas.
Que la caza entre especies y la agresión dentro de la especie tenían de algún modo los mismos sustratos biológicos. Y como resultado, la gente desperdició alrededor de una década estudiando lo que creía que era la neurobiología de la agresión cuando en realidad estaba estudiando la neurobiología de la adquisición de comida. Y ya veremos algo sobre esa neurobiología. Vale. Así que eso, ya sabéis, te plantea el reto de intentar reconocer la agresión por lo que es cuando se trata de nosotros.
La agresión humana, mucho más complicada
Mil millones de veces más difícil es entender cuándo estamos siendo de verdad agresivos. ¿De qué diversas maneras puede ocurrir? Y en cuanto llegas a los humanos, una de las cosas llamativas es que parte de la agresión humana es exactamente igual que en cualquier otra especie: coges algún objeto grande y pesado y le das a alguien en la cabeza las veces suficientes hasta que queda incapacitado o muerto.
Y ya sabéis, mucha agresión humana es simple y llanamente cosa física. Pero luego entramos en un mundo mucho más complicado de agresión humana. Somos la única especie que, por ejemplo, podría encontrarle sentido al siguiente intercambio: «Pégame», dijo el masoquista. «No», dijo el sádico. «¿Y eso qué pasa?», dicen los suricatos, intentando entenderlo.
Podemos adoptar manifestaciones muy, muy raras, exclusivamente humanas, de cómo puede ser la agresión, de cómo puede ser una intención malévola descargada sobre otro. Y así, sí, la agresión humana puede ser exactamente como la de los chimpancés, casi un manteo físico. Pero podemos ser agresivos mirando hacia otro lado. Podemos ser agresivos con nada más que firmar un formulario y dejar a alguien sin trabajo.
Podemos ser agresivos en la manera de mover un trocito de madera sobre una mesa, y acabamos de ser unos hijos de [epíteto] totalmente agresivos en cómo jugamos al ajedrez. Podemos ser agresivos con agresividad pasiva, con elogios tibios, con toda clase de cosas. Y, por supuesto, podemos ser agresivos de maneras en las que ninguna otra especie tendría ni idea de qué está pasando ahí.
Aquí van un par de ejemplos de agresión humana en su versión más complicada. El primero tenía que ver con la hija de un amigo mío, hace unos años. Estaba en preescolar, y había otro niño con el que no se llevaba bien. Y eso era constante. Estaban cerca de Pascua y estaban pintando huevos de Pascua o algo así, se enzarzaron, y la hija de mi amigo le rompió el huevo de Pascua al otro niño.
Lágrimas, histeria, violación de una norma social, todo eso. Y la profesora, cabreada, dijo: «¡Oye, eso no se hace! Eso ha sido terrible. Esto es lo que vas a hacer: le vas a hacer un huevo de Pascua para demostrar que lo sientes y para reponer el que rompiste». Así que la hija de mi amigo se marcha a la esquina a pintar un huevo, y está claramente tramando algo, y todo eso.
Y al parecer, al final, se acerca a la otra niña y le dice: «¡Toma, aquí tienes tu estúpido huevo de Pascua!». Y le entrega un huevo que ha pintado completamente de negro. ¿Qué? Ve y explícale eso a unos pájaros territoriales o algo, de qué iba eso. «¡Aquí tienes tu estúpido huevo de Pascua!». Lo que estaba haciendo era demostrar que no estaba violando la letra de la ley.
Ah, un huevo de Pascua es uno que pintas, pero violando por completo el espíritu de la ley. Se supone que lleva colores alegres, vivos, pastel, y aquí hay un huevo todo negro. ¿Y qué le está diciendo a la otra niña?
«No me caes mejor que hace, ya sabes, diez minutos. Y hago esto solo porque me obligan». Y la niña, la otra niña, demostrando que lo entendía por completo, de una manera que ningún hipopótamo entendería. Lo entendió. Se echó a llorar al instante. Uf. De qué colores pintas un huevo de Pascua.
Eso puede ser agresión. Otra versión de la agresión, digamos las sutilezas, los giros improbables que da en los humanos, tenía que ver con mi mujer. Y esto fue hace muchos años, íbamos de camino a casa un día, y nuestros hijos iban detrás dormidos en sus sillitas, y conducíamos por la autopista. Era la 101, de hecho.
Vamos conduciendo, y un imbécil, un auténtico imbécil, se nos cruza sin avisar, casi provoca un accidente, y, vamos, totalmente irresponsable. Esto no fue, ya sabéis, algo involuntario por parte del tipo. ¡Qué imbécil de tío!
Y mi mujer le toca el claxon al tipo, y él nos hace un corte de mangas, y es indignante. ¿Y dónde está la policía cuando la necesitas? ¡Ese hijo de [epíteto]! No me puedo creer que hiciera eso. Llevamos a los niños detrás. Podríamos haber acabado todos… Y mi mujer dice de pronto: «¡Le voy a seguir!». Y yo, desde el asiento del copiloto, digo: «No sé, cariño.
¿Te parece buena idea?». Pero ella hace cosas así a menudo. Y tarda alrededor de kilómetro y medio en que el tipo se dé cuenta de pronto, claramente, de que le estamos siguiendo. Y ves que hace algunos cambios de carril evasivos, y mi mujer lo sigue, y al final se sale en la salida, y lo seguimos hasta allí, y llega a un semáforo que resulta que sabemos que duraba mucho rato.
Estaba rojo. Así que él estaba delante de nosotros. Había un coche delante de él. Nosotros detrás. Estaba bloqueado. Y ahí estamos sentados, y mi mujer de pronto estira el brazo, coge algo de la guantera y dice: «¡Voy a ir a hablar con este tío!». Y salta del coche mientras yo digo: «Ay, no sé, cariño.
¿Te parece buena idea?». Y ella sale corriendo. Y veo que llega a la ventanilla del conductor del coche del tipo, hace un gesto, y él baja la ventanilla, y ella está ahí gesticulándole mientras yo me bajo a trompicones para intentar intervenir o algo. No sé.
Y veo que al final le lanza algo al tipo de pronto, y vuelve al coche, y se sienta. Y luego nos quedamos ahí callados un rato, y el semáforo se pone verde, y el tipo se aleja a unos cinco kilómetros por hora y hace un giro muy sensato con el intermitente puesto y desaparece calle abajo.
Si es posible que un coche parezca avergonzado en su manera de moverse, este lo parecía. El tipo se va, y yo digo: «Vale, ¿y eso qué era? ¿Qué le has tirado?». Y ella dijo: «Le he dicho: "Si eres capaz de hacer algo tan mezquino, es que no te han querido lo suficiente en la vida.
¡Toma una piruleta!"». Y luego se la lanzó al tipo. Y a mí me pareció el ejemplo más maravilloso de agresividad pasiva. «Eres un ser humano tan podrido, tan fétido, tan sin remedio, que solo puedes haberte criado en la inmoralidad. A lo mejor una piruleta te convierte en un ser humano un poco mejor. Estabas muy jodido». Y, madre mía, a mí me pareció maravilloso.
Matar a distancia: los drones
Y obviamente el tipo también captó el mensaje. Vale. Así que los humanos podemos ser agresivos de toda clase de maneras inesperadamente pasivo-agresivas. También podemos ser agresivos de maneras extraordinarias. Por ejemplo, puedes, para ganarte la vida, levantarte cada mañana —vives en Nevada o donde sea— y tienes tu trabajo.
Llegas al coche y conduces al trabajo, y tienes que acordarte de recoger la ropa de la tintorería al final del día, y te pillas un atasco, y te estresas un poco porque llegas tarde al trabajo, pero llegas a tiempo, y te instalas, y lo que haces es sentarte en esta sala sin ventanas, esta sala agradable con aire acondicionado, y te sientas ante una consola, y te pasas el día entero manejando drones en el aire, al otro lado del planeta, volando cosas y matando gente.
Drones con los que llevas días y días siguiendo a alguien, a un supuesto terrorista, con tu dron, que es capaz de mostrarte a la persona con todo detalle. Los has estado viendo día tras día mientras van al mercado, mientras se sientan al sol en su patio, mientras juegan con sus hijos, mientras disfrutan de la cena al aire libre.
Tienes ese dron ahí arriba vigilándolos, esperando solo el día en que aparezca uno de sus co-conspiradores. Y entonces lanzas un misil Hellfire y los eliminas. Y luego es el final del día, recoges tus cosas, y te vas a casa, y estás emocionadísimo porque tu hijita tiene una actuación de baile esa noche, y la abrazas después, y no te crees que sea posible querer tanto a alguien.
Y al día siguiente vuelves a matar gente al otro lado del planeta con drones. Esto es algo que harías en la base de la Fuerza Aérea de Creech, en Nevada. Ahí fue donde la gente empezó a hacerlo, y donde se mostró algo sobre lo raro que es para los humanos sentarse ahí y matar a alguien al otro lado del planeta mientras están en una sala con aire acondicionado pensando en la cena.
«Los pilotos de dron tienen incidencias extraordinariamente altas de trastorno de estrés postraumático.» Y eso ha puesto completamente patas arriba todo el campo de cómo se piensa en esto. El TEPT tenía que ver con que a ti y a tus colegas o a tus seres queridos os amenacen. Aquí no hay amenaza. Estás ahí sentado, en ese búnker. No hay amenaza. ¿Y el TEPT de qué es?
Tiene más que ver con en qué te pasas el tiempo. Ver a alguien hacer su vida desde mil metros de altura con cámaras espía superpotentes, y verlo jugar con sus hijos y cenar y todo eso, y esperar a que aparezca su cómplice, y entonces lo matas.
Y luego tu trabajo consiste en seguir durante días su funeral, ver quién aparece en el funeral y lanzar otro misil allí. Así que esa es una versión de la agresión humana en la que estás ahí sentado pensando en las letras de la hipoteca o en no llegar tarde a la actuación de baile de esta noche y todo eso, y, ah, ahí está, aprietas un botón, y alguien muere al otro lado del planeta.
La orquesta y las matanzas: Naipaul en Indonesia
¿O qué tal esto como epítome de la agresión humana en su versión más extraña? Esto lo describió el escritor V. S. Naipaul en un libro suyo de hace años titulado «Viajes por el islam», y era él visitando distintos países de población mayoritariamente musulmana, y es una especie de libro de viajes y de comentario social, y totalmente interesante.
Y acabó en Indonesia. En Indonesia, a principios de los años sesenta, hubo un golpe militar respaldado por Estados Unidos que derrocó al gobierno e instaló a un hombre fuerte que gobernó el país durante décadas. Y tras el golpe se saldó cada rencor, cada vendetta política. Escuadrones de la muerte de derechas recorrieron cada aldea matando a los intelectuales, matando a los izquierdistas, matando a la gente que llevaba gafas.
Eso es un marcador, y no es la primera vez en la historia en que un golpe de derechas ha acabado con escuadrones de la muerte matando a gente que llevaba gafas. Ah, «cultos», ese tipo de cosa. Antes de que terminara, en ese primer año, aproximadamente medio millón de indonesios fueron asesinados por esos escuadrones de la muerte. Y esto era muchas décadas después.
Naipaul estaba viajando por allí, y oyó esta cosa de locos. Alguien dijo: «Oye, a veces esos escuadrones de la muerte, cuando iban a una aldea a matar a todo el mundo, se llevaban consigo una orquesta de gamelán indonesia tradicional. ¿Pero qué demonios?».
¿Eso qué es?». Y un día Naipaul conoce a uno de esos veteranos de los escuadrones de la muerte, un viejo canoso héroe nacional por todo lo que tuvo que hacer. Y Naipaul, entrevistándolo, acabó llegando a decir: «Oye, una vez oí una historia rara: que a veces vosotros os llevabais orquestas de gamelán cuando ibais a arrasar una aldea por la nación gloriosa». Y todo eso.
«¿Es eso cierto?». Y el tipo dijo: «Ah, sí, sí, sí. Siempre que podíamos, nos llevábamos una orquesta de gamelán». Y Naipaul dijo: «¿Y por qué haríais eso?». Y en una sola frase, este hombre mostró lo difícil que es la tarea que tenemos aquí de entender la agresión humana. Puso cara de sorpresa. «¿Por qué te llevaste una orquesta de gamelán para matar a todas las personas de esta aldea?». Puso cara de sorpresa y dijo: «¿Eh?
«Para hacerlo más hermoso». Por supuesto. Somos una especie jodida y complicada en ese sentido. Somos una especie complicada en las maneras en que nos ponemos a contrarrestar la agresión. Sí, los bonobos tienen sexo. Otros primates se acicalan unos a otros. Otros primates defienden a individuos en una pelea, cosas de ese tipo. Pero podemos ponernos a ser buenos y protectores y a contrarrestar la violencia
Para empezar, ya de entrada, tenemos la misma capacidad de abstraernos en el espacio y en el tiempo. Si somos capaces de estar sentados aquí, en un búnker, apretar un botón y matar a alguien al otro lado del planeta, somos capaces de estar sentados aquí, pinchar en una web y donar dinero a una ONG, siendo amables con alguien cuya cara no veremos nunca.
Reconciliación y perdón: la comisión de la verdad
Ese es un terreno profundamente humano. Podemos hacer eso. Podemos hacer toda clase de cosas interesantes para reducir la agresión. Y podríamos distinguir entre lo que se llamaría reconciliación y perdón. Reconciliación. Se nos da bastante bien, igual que a muchos otros primates. Y esto es algo muy distinto del perdón. Y la mejor manera de apreciarlo es que, después de que Sudáfrica consiguiera su independencia, se establecieron las primeras comisiones de la verdad y la reconciliación.
Mandela y los suyos tuvieron la intuición sabiosísima de que, después de aquello, existía el peligro de que Sudáfrica estallara en una guerra civil. Todas esas milicias africanas seguían amenazando con intentar tumbar la transición pacífica del poder a un gobierno negro. Y había todos esos perpetradores de la violencia del apartheid a los que había que llevar ante la justicia.
Y inventaron el concepto de comisiones de la verdad y la reconciliación. La gente que estaba a punto de ser encarcelada por sus espantosos actos violentos durante el apartheid podía solicitar en su lugar una audiencia ante la comisión, y aproximadamente el 10 % de esas personas fueron aceptadas. Y lo que hacías era comparecer ante un panel. Un panel de jueces, religiosos, psicólogos y familiares de las víctimas a las que les habías hecho cosas indecibles.
Y lo que estaba muy claro allí es que no tenías que disculparte. No tenías que mostrar remordimiento. No tenías que suplicar perdón. Y todo el mundo en el resto del planeta diciendo: «Ay, estas comisiones de la verdad y la reconciliación, ¡qué entrañables son!
La persona entra ahí y se disculpa, y la viuda de la persona a la que había destrozado, los dos rompen a llorar y se abrazan al final». Eso nunca pasó. Esto era un tipo de mantenimiento de la paz muy distinto. Lo único que tenía que hacer la persona era contar exactamente todo lo que había hecho, con detalle, incluso las cosas que había hecho en secreto y que nadie sabía.
Ah, esta es la persona que cometió ese asesinato. Tenían que contarlo todo para que, a partir de entonces, ningún familiar ni ninguna víctima se quedara preguntándose qué pasó, adónde desaparecieron, dónde están sus huesos.
Y la otra cosa que tenía que hacer la persona era decir de manera convincente: «Y no voy a volver a hacer nada parecido. No me voy a unir a una milicia. No voy a hacer nada de eso. Esto es lo que hice, y no lo voy a repetir». No: «Lo siento». No: «Suplico perdón». Y lo que tenías también, una de las cosas asombrosas de Mandela, es que los combatientes del Congreso Nacional Africano, los de su lado, gente que había cometido crímenes de guerra, también comparecieron ante las comisiones de la verdad y la reconciliación. Una capacidad igual para averiguar cómo convivir.
Y desde entonces ha habido comisiones de la verdad y la reconciliación en los Balcanes, tras las guerras de los Balcanes de los noventa, y en Sudamérica, tras el derrocamiento de diversas juntas, intentando averiguar qué habían estado haciendo los asesinos y dónde estaban enterrados los cuerpos, y todo eso. Y en todas ellas lo mismo. De entrada te llevas una decepción enorme, porque esperas todas esas escenas entrañables de asesinos y víctimas abrazándose.
Y no: lo único que hacen es… esto es el pragmatismo llevado al extremo, la realpolitik llevada al extremo. Este es un país que es un desastre, un desastre roto después de la guerra que sea, guerra de independencia, guerra civil, insurrección, lo que sea. Y lo único que necesitan ahora es empezar a reconstruir. Y lo único que necesitan es: no te vamos a mandar a la cárcel si nos cuentas lo que hiciste y nos convences de que no te vas a unir a una milicia, ni a una turba que va a quemar vivo a alguien acusado de haber sido perpetrador; de que te vas a quedar quietecito.
Y de la gente que compareció ante la comisión, alrededor del 90 % acababa, en vez de en la cárcel, en su casa. Y funciona de manera espectacular. Siempre y cuando reconozcas que esto no iba de amor, ni de perdón, ni de remordimiento. Esto iba solo del pragmatismo de que dos chimpancés tienen más probabilidades de acicalarse mutuamente después de una pelea.
Tienes que convivir. Aquí tenemos una relación cooperativa, o tenemos un país funcional que construir en este momento. Así que hacemos distinciones estrictas entre reconciliación y perdón. Y además hacemos algo muy raro con el perdón. No está claro si los chimpancés que se reconcilian sienten también perdón. ¿Quién sabe?
El perdón como acto egoísta
Pero el perdón lo hacemos de una manera muy interesante, y es que a menudo es un acto egoísta. A menudo las personas, víctimas de horrores de todo tipo, lo describen como una liberación: perdonar a esa persona, dejar por fin de estar consumidas por eso. Y esto se puede apreciar de dos maneras. Una es esta cita asombrosa, de hace tiempo, de Booker T.
Washington, que dijo: «No dejaré que ningún hombre me manche el alma haciendo que yo le odie». Y en ese contexto, el perdón no es para el perpetrador. El perdón es para ti. Y como segunda pieza de comprensión está uno de los hallazgos seminales del campo de la psiconeuroinmunología: el perdón «estimula en general el sistema inmunitario de quien perdona».
San Patricio y la negativa a llevar armas
Es un acto para ti, más que para ellos. Luego puedes encontrar despliegues extraordinarios de pacificación humana haciendo cosas paradójicas. San Patricio. (¿Patrocius? No, Petrocious no. Patricius, lo que sea). Romano, en la Inglaterra romana, secuestrado por unos piratas salvajes de tribus irlandesas cuando era adolescente. Secuestrado y retenido como esclavo allí durante seis años como pastor.
Se escapó, volvió a Inglaterra, se dio cuenta de que en cierto modo echaba de menos todo aquello, la vitalidad y el brío irlandeses tan desmesurados, y decidió volver a Irlanda, y iba a convertir al cristianismo a todos ellos, en aquella isla llena de clanes en guerra. ¿Y qué hizo?
No tenía armas. No iba armado. Y, cosa famosa, lo que hizo fue simplemente recorrer toda Irlanda a pie. No hay pruebas de que hiciera nada con las serpientes. Pero comunicaba con tal audacia «no estoy dispuesto a llevar un arma» que la gente quedó impresionadísima con él. Y no solo no lo mataron, sino que la gente se convirtió al cristianismo a diestro y siniestro.
Dos ideas contradictorias a la vez
Uf. La negativa a llevar un arma como arma contra la violencia. Extraordinario. Y eso abre el camino hacia, en cierto modo, lo más notable que hacen los humanos a la hora de contener la violencia, o lo que hacemos frente a la atrocidad humana. Y tiene que ver con algo que, ya sabéis, formulado en términos de lógica sería: cuanto más no puede ser el caso que X, más tienes que trabajar para hacer que X sea el caso.
¿Qué quiero decir con esto? Esto se resume de manera un poco menos abstracta. Esta gran cita de Kierkegaard que dice: «Ser un buen cristiano» —y esto se puede generalizar mucho más allá— «ser un buen cristiano consiste en ser capaz de mantener dos pensamientos contradictorios en la cabeza al mismo tiempo». Vamos a hacerlo más explícito.
Y esta es la cita notable de esta mujer, la hermana Helen Prejean, una monja católica que se ha pasado toda su carrera en Luisiana, atendiendo las necesidades espirituales de los hombres del corredor de la muerte en la prisión de Angola, en Luisiana, que al parecer es uno de los peores sitios del mundo donde acabar. Y lo que hace es atender a estos tipos del corredor de la muerte, y es la que está allí cuando mueren y les agarra la mano y lo que haga falta.
Y una y otra y otra vez, a lo largo de su carrera, la gente se le acercaba y le decía: «Ay, Dios mío, me he enterado de lo que haces. ¿Qué te pasa? ¿Por qué no haces eso por las víctimas?
¿No te importan las víctimas?». Y ella siempre daba la misma respuesta, una respuesta extraordinaria, que es: «Cuanto menos perdonable es el acto, más necesitas perdonarlo. Cuanto menos adorable es la persona, más necesitas encontrar la manera de quererla». No hay nada en el mundo de los otros primates que se reconcilian después de una pelea que le llegue a la altura a esto.
Del comportamiento a la neuroanatomía
Vale, así que esto nos da una idea de cuáles son los comportamientos implicados. Y un tema que reaparece una y otra vez es que exactamente lo que tú crees que es la agresión y lo que crees que es mantener la paz no siempre tiene ese aspecto. Y no somos la única especie, y puede ser increíblemente sutil. Pasamos ahora a lo que está pasando en el cerebro un segundo antes.
Y en los pocos minutos que nos quedan, dejadme empezar con un hallazgo completamente impactante del campo. Tiene que ver con el sistema límbico. Sí. Lo mismo otra vez, volvemos a los años treinta, al síndrome de Klüver-Bucy, en el que Klüver y Bucy les destruyeron grandes partes del sistema límbico a unos monos. Y la observación de la semana pasada por su parte: te salen toda clase de conductas sexuales inapropiadas.
La observación de esta semana: te salen toda clase de conductas agresivas inapropiadas. Y, igual que con las anomalías del comportamiento sexual, esto empezó con la gente pensando en, ya sabéis, ese rinencefalo del que siempre están hablando los otros neurocientíficos. Puede que no vaya tanto del olor. Puede que no sea solo el cerebro de la nariz.
Parece tener algo que ver con las emociones. Y más os vale apostar que los sitios en los que vamos a lanzarnos el miércoles son la amígdala y la corteza frontal en lo que respecta a contener la agresión, a ejecutar una agresión disciplinada; la circunvolución cingulada anterior y la empatía; la corteza insular; y hablaremos también de algunas otras áreas. Aquí es donde retomaremos la neuroanatomía de, ya sabéis, los humanos siendo horribles unos con otros y los humanos intentando contrarrestarlo.
24 · Violencia y sus antídotos (2)
Violencia y antídotos (II): el circuito y el contexto
La amígdala, la corteza prefrontal y la química de la agresión: un cableado conservado y señales que lo encienden sin que las veas.
Lectura de 1 minuto
- La amígdala tiene dos piezas: la central, antigua, da la salida sin esperar el permiso de la basolateral, que es la que aprende a qué temer.
- El tálamo detecta que hay algo terrorífico antes de que seas consciente de ello, y sin precisar qué es: de ahí los actos violentos reflejos.
- El caso de Charles Whitman, el tirador de la torre de Austin, y las auras epilépticas sostienen el papel de la amígdala en la agresión.
- En los sesenta se propuso extirpar la amígdala a los violentos incontrolables, sobre todo en los barrios pobres, y hubo amigdalectomías por orden judicial.
- En el síndrome de Williams la amígdala responde de más a una serpiente y de menos a una cara de enfado: el miedo social no está donde debería.
- Los genes de la región de Williams aparecen en perros domesticados y no en lobos: la hipersociabilidad también se puede criar.
- La corteza prefrontal es la parte más cara del cerebro y por eso cae temprano en casi toda enfermedad neurológica: es el freno, no el motor.
- Con daño frontal se puede saber la diferencia entre el bien y el mal y no poder regular la conducta, que es justo lo que el fallo McNaghten no contempla.
- La serotonina baja va con la agresión impulsiva, y la variante de la MAO solo predice violencia en quien además sufrió malos tratos de niño.
- El alcohol no vuelve violenta a la gente: vuelve más violentos a los violentos, y se aprende a estar borracho de los que te rodean.
La amígdala: dos piezas y un atajo
La amígdala no es una: la central es antigua, responde a los miedos que no hay que aprender —arañas, alturas— y no espera el permiso de la basolateral, más moderna y parecida a una corteza floja, que aprende a qué temer. Cuando el miedo es brusco, la salida se dispara sin más. A eso se añade el atajo del tálamo, que detecta algo terrorífico antes de que seas consciente de ello.
Los casos y la cirugía
La amígdala humana aparece en la agresión por dos vías: las auras epilépticas de quienes se enfadan justo antes de la crisis y el caso de Charles Whitman, el tirador de la torre de Austin, con un tumor presionándole la amígdala. De ahí saltó la propuesta de un trío de Harvard: extirpar la amígdala a quien es violento sin remedio, «especialmente» en los barrios pobres. Se llegaron a hacer amigdalectomías por orden judicial y, según la clase, India tiene el récord de las involuntarias.
La excepción de Williams
El síndrome de Williams borra un tramo del cromosoma 7 y deja cara de elfo, inteligencia baja con lenguaje desproporcionado e hipersociabilidad. En su amígdala el guion se invierte: ante una serpiente responde de más y ante una cara de enfado apenas responde. Y la hipersociabilidad tiene parientes: los genes de la región de Williams aparecen en perros domesticados y no en lobos.
El freno caro
La corteza prefrontal no ordena: susurra al sistema límbico. Es la parte más cara del cerebro y por eso cae temprano en el alzhéimer, el párkinson o el huntington. Con daño frontal se sigue sabiendo la diferencia entre el bien y el mal y aun así no se regula la conducta: ese es el punto ciego del fallo McNaghten. El daño muy temprano produce sociopatía adquirida; el de adulto, desinhibición, y el traumatismo craneal abunda en el corredor de la muerte.
¿Pensamos o sentimos el juicio moral?
Sentimos, y luego la corteza racionaliza. El tranvía de Greene separa la palanca, cortical, del empujón con las manos, límbico, y Haidt añade que la explicación llega después, o no llega. Sentir el dolor ajeno pasa por la cingulada anterior, y el asco moral se monta sobre la ínsula del asco gustativo: leer sobre gérmenes vuelve a la gente más hostil a la inmigración.
«Puedes ver que la decisión se toma en el sistema límbico antes de que la corteza entre en juego.»
Serotonina, MAO y alcohol
La serotonina baja va con la agresión impulsiva del momento, no con la premeditada, y la variante perezosa de la MAO solo predice violencia antisocial junto a malos tratos infantiles: el estudio de Caspi es el caso limpio de interacción gen-entorno. El alcohol no vuelve violenta a la gente: vuelve más violentos a los violentos, y lo que se aprende es qué hace un borracho en tu cultura.
Lo que el entorno enciende sin que lo veas
Media hora antes de un acto violento bastan señales que ni notas. En el 75 % de la gente la amígdala se enciende en 60 milisegundos ante una cara de otra raza; un estudio con música de fondo la modula, y un par de ojos dibujados en un cartel reduce la basura tirada. La desigualdad predice violencia mejor que la pobreza, y hasta el fútbol entra: una derrota inesperada sube esa noche el maltrato a la pareja.
Cierre
Queda la lista por terminar y una lección de fondo: el cableado es de primate antiguo y se usa de maneras inéditas, y buena parte de lo que lo enciende es social y aprendido.
Quiénes salen en este tema
Los casos clínicos
- Charles Joseph Whitman — Exmarine, estudiante de la Universidad de Texas en Austin. El 1 de agosto de 1966 mató a su madre y a su mujer y disparó desde la torre del reloj contra cuarenta y cinco personas. La clase dice «principios de los sesenta»; la autopsia encontró un tumor presionándole la amígdala, y el papel causal de ese tumor está discutido. The Daily Texan
- Paciente S. M. — El caso mejor documentado de destrucción bilateral selectiva de la amígdala, por enfermedad de Urbach-Wiethe. No reconoce caras de miedo y no mira a los ojos. La clase la recuerda para mostrar que la amígdala también dirige la mirada hacia las zonas informativas de la cara. Wikipedia
La psicocirugía de los sesenta
- Vernon H. Mark y Frank R. Ervin — Clínicos de la Facultad de Medicina de Harvard que sostuvieron que la enfermedad cerebral estaba detrás de la violencia urbana y publicaron «Violence and the Brain» (1970). La clase habla de un trío sin nombrarlo; la carta de 1967 en JAMA sobre la enfermedad cerebral en los disturbios y la violencia urbana la firman Mark, Sweet y Ervin. Internet Archive
La corteza prefrontal y el daño frontal
- Antonio R. Damasio — Neurólogo de la Universidad de Iowa. Con Paul Eslinger publicó el caso clásico de daño prefrontal ventromedial que cambió la conducta sin tocar la inteligencia medible, y a él se atribuye en la clase el término «sociopatía adquirida». Neurology
- George W. Ainslie — Psicólogo y economista, autor de «Picoeconomics». Hizo los estudios con pichones de los años setenta que muestran que el autocontrol mejora cuando se atenúa el atractivo de la recompensa inmediata. Wikipedia
El juicio moral
- Joshua D. Greene — Psicólogo y neurocientífico, entonces en Princeton y hoy en Harvard. Sus estudios de resonancia con dilemas del tranvía sostienen la separación entre el dilema impersonal, cortical, y el personal, límbico. PubMed
- Jonathan Haidt — Psicólogo social de la NYU. Su modelo intuicionista y el «no sé por qué, pero está mal» están detrás de la idea de que primero juzgamos y después racionalizamos. Wikipedia
- Immanuel Kant — Filósofo alemán del siglo XVIII, autor del imperativo categórico. En la clase es la caricatura de la razón que decide, frente a la intuición que luego busca razones. Wikipedia
- Elie Wiesel — Superviviente del Holocausto y premio Nobel de la Paz en 1986. La clase le atribuye la frase «lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia», que circula con atribución discutida. Quote Investigator
La genética de la violencia y el alcohol
- Avshalom Caspi — Psicólogo y epidemiólogo, autor principal del estudio de la cohorte de Dunedin sobre la MAO y los malos tratos. La clase lo llama «este tipo llamado Caspi». Science
- C. Robert Cloninger — Psiquiatra de la Universidad de Washington, autor de la tipología psicobiológica del alcoholismo. La clase le añade un coautor, «Wu», que no aparece en el trabajo de 1981, y avisa de que no recuerda cuál es el tipo 1 y cuál el 2. PMC
El derecho penal y las políticas urbanas
- Daniel M'Naghten — Tornero escocés que en 1843 disparó contra el secretario del primer ministro Robert Peel creyendo que era él. Absuelto por enajenación mental, su caso da nombre a las reglas que fijan cuándo alguien no es responsable; la clase da mal la fecha y dice que hirió al primer ministro. Wikipedia
- La reina Victoria — Monarca británica del momento del veredicto. Su malestar y el escándalo público llevaron a la Cámara de los Lores a formular las reglas; la clase afirma que la reina escribió a los jueces, cosa que las fuentes no recogen. Wikipedia
- Rudy Giuliani — Alcalde de Nueva York entre 1994 y 2001, con el jefe de policía William Bratton. Su campaña de tolerancia cero con las pintadas y la basura es el ejemplo de la clase. Dice «en los ochenta»: en los ochenta era fiscal federal. Enciclopedia
Los nombres que quedan sin identificar
- «Bruce, en la UCSD» — La clase lo presenta como la autoridad que mostró que la gente aprende a comportarse borracha de las potencias coloniales que observaba. Ni el nombre ni la institución se pudieron casar con ninguna publicación; el clásico sobre esa tesis es «Drunken Comportment» de MacAndrew y Edgerton (1969). Reseña
- El alumno de la clase — Antiguo estudiante del curso, unos veinte años atrás, que firmó el estudio de resonancia sobre música de fondo y respuesta amigdalina a caras de otra raza. La clase no le pone nombre ni año y no se ha podido identificar. Contexto de los estudios de ojos
Las alusiones culturales
- Poncio Pilato — Prefecto romano de Judea en los evangelios. Entra en la clase, junto a Lady Macbeth, como la metáfora que el cerebro se toma al pie de la letra: lavarse las manos de algo. Wikipedia
- William James y Carl Lange — Psicólogo el primero, médico el segundo, autores de la teoría periférica de la emoción de 1884. La clase la descarta en su versión literal: el cuerpo tarda uno o dos segundos en responder. Wikipedia
Leer la clase entera, palabra por palabra
Transcripción automática del vídeo, sin corregir: solo la hemos limpiado de ruido del subtítulo, maquetado en párrafos y puesto los títulos que él mismo va anunciando. Los estudios y las citas se dejan en su inglés original y se pueden pulsar.
Traducción al castellano automática: si un matiz importa, comprueba el original inglés.
We resume aggression, part two. It's a wonderful day in the neighborhood. I was persuaded to put on a different shirt that we found in the back of the closet. And even better, even better, I got new markers. And just to give you a sense of before and after, look at that contrast. And some other colors as well.
El mapa de la clase: agresión y antídotos
That has us poised to leap in even further into our topic, during our seconds before a minute, an hour, etc., on Monday, looking at aggression, looking at antidotes to aggression, looking at the behavioral level, behavioral level. And if there were two themes that came out of it, the first one is, like, in lots of ways, we're exactly like every other species when it comes to aggression and when it comes to affiliation, altruism, compassion, etc.
And in lots of ways, we are completely unprecedented. And as we will see in terms of the wiring of the system, it is very similar in all of us different species, all of us primates, and then we use it in totally novel ways. Unlike any primate on Earth, we can kill somebody on the other side of the planet whose face we've never seen.
We can save the life of somebody on the other side of the planet. So, this positions us now to start looking at what's going on in the nervous system seconds before your good act, your bad act, what brain regions, what anatomical regions are relevant. And we left with the shocking insight that the limbic system has something to do with it.
So we now begin to dissect this even further. And you better bet what we are about to land on in great detail is the amygdala. The role of the amygdala in aggression, in fear and anxiety; the role of inhibiting it by the prefrontal cortex in order to rein in some of those things: amygdala.
Pruebas de que la amígdala humana participa en la agresión
So, what's the evidence that the human amygdala is involved in aggression? We've already seen some bits of it. You can have stimulation of the amygdala, as in rare, rare types of epilepsy that start off in the amygdala a few seconds before seizure onset. People will have an epileptic aura. They will suddenly say, "Oh, I'm just so angry.
I," and then are hit with a seizure. Non-specific activation. So, a disease example of that, you can see activation of the amygdala during functional brain imaging when you've got somebody evoking fear in them, evoking anger in them. Ooh, can you tell the different parts?
Is there a fear part? Is there an anger part? No. Completely intermixed. Then you see evidence from things like Charles Whitman, the guy who in the early '60s, climbed the clock tower, University of Texas, shot people below after killing his mother, killing his wife, leaving notes there saying, "This is like the love of my life.
I have no idea why I did this." And on autopsy, a tumor pressing on his amygdala. That as more evidence, where you really get some disturbing stuff is the notion of surgically removing the amygdala. We already saw patient SM with that super rare disease that destroys the amygdala but nowhere else in her brain, and all the strange sort of differences in behavior you saw in her, and inability to recognize fear faces, things of that sort.
And somehow out of all this literature, it occurred to a couple of behavioral neurologists in the late '60s, early '70s, to come up with a very clever idea, which was this was around the time that the '60s were officially taking off with lots of protests and people camping out on campuses and all sorts of commendable things.
And along with that, all sorts of inner-city unrest and riots and things of that sort, which took America singularly off guard. And what was suddenly suggested by this trio of neuro-people at Harvard was, "Hey, wouldn't it be a great idea to explore the possibility of, uh, taking out somebody's amygdala, taking out the amygdala of somebody who, uh, is uncontrollably violent?
That could be useful in all sorts of ways, especially"—I am not quoting exactly, but I'm coming damn close, paraphrasing here—"especially turmoil in inner-city populations." Whoa, are you kidding me? They actually suggested this, and outrage in all sorts of quarters at the suggestion that, "Oh, just a little bit of therapeutic psychosurgery and you could take care of all sorts of population unrest." This trio was sort of lionized in some circles and just ripped to shreds in others, and horrifying that they suggested this.
Amigdalectomías ordenadas por un tribunal
And most horrifying of all, is it turned out it was done occasionally: court-ordered amygdalectomies, destroying the amygdala. And you could guess examples of individuals with a history of intractable violence; examples of people with maybe one act of violence; examples of kids, teenagers refusing to listen to their parents and the parents decided to go get him an amygdalectomy.
Fortunately, it went out of vogue in the United States pretty quickly, but it continued to be used in quite a few countries for many years afterward. For example, I believe India holds the record for the most, uh, involuntary amygdalectomies done on people. So, horrifying piece of it. Now we look at: we already know there's two subsections to the amygdala.
Las dos amígdalas: central y basolateral
There's the out part and the in part—the lateral, towards the sides: the basolateral amygdala and the central amygdala. With a blue marker. Hooray. What this is about is the central amygdala, which I think we've already heard is ancient. It is primordial amygdala. It is amygdala that talks to reptiles and such. This is about fears you don't have to learn.
Fears where prepared learning, and spiders, and dangling over open spaces, and things of that sort. The central amygdala. Basolateral is much more recently evolved. And when you look at it, it's kind of like a wimpy version of the cortex. It's good at learning, learning new things to be afraid of, learning that sort of thing.
And what you see is the central amygdala is the main outflow, talking to everybody else in the brain. The basolateral first feeds into there. And what we see here is something about the, uh, centrality of the central amygdala. Central amygdala gets scared of something. It does not pass its message through the basolateral before exiting.
Basolateral social values, individual differences, all of that. It just shoots straight out, straight out from there. Okay. Inputs? Outputs? What else about the amygdala? You get people with PTSD, post-traumatic stress disorder, and there's an expansion of the amygdala. Neurons there grow new processes, and enough of them—synapses become more excitable—enough processes that the amygdala actually gets big on structural brain imaging.
And this was, like, an amazing thing that convinced Congress back when that people coming back from war who were shattered with PTSD were not just indulging themselves in the lingering—whoa—brain changes, expansion of the amygdala in response to trauma, combat trauma, sexual trauma, things of that sort. And that went hand-in-hand, as we already heard, with sustained trauma and stress shrinking of the hippocampus.
And that became relevant a couple of weeks ago. Ooh, glucocorticoids cause the amygdala to get bigger and cause the hippocampus to get smaller during chronic stress. It's the same hormone and the same receptors and the same promoters. And how does that work?
And what we saw was the differentiating thing with different co-actors for the glucocorticoid receptors. Okay. So, PTSD accomplishing that, PTSD enlarging. One might ask, we will be getting eventually to some of the changes, structural changes in the brain, with depression. And in both cases you ask the question of, are these effects reversible?
And for the most part, not. And that may not mean that when you get rid of PTSD, the amygdala is able to shrink back to a normal size, of normal reactivity. I think it mostly means at this point nobody has figured out how to cure anyone of PTSD, just how to give them means of containing it more.
Okay, so we've got the inputs to the amygdala, a zillion of them. We know we're ready for our circuitry. We know two of them at the top of our list: our dorsolateral prefrontal cortex. All the ways in which the frontal cortex is trying to make the amygdala be sensible—that input into there. So that's one of our two big important inputs.
The other one we saw the other week, the fact that sensory information, example in your eyes, come in and go to the thalamus and then go to the visual cortex and start processing. And that whole business about how in under a tenth of a second, there's this shortcut straight from the thalamus to the amygdala.
The thalamus knows there's something terrifying before you're even consciously aware of it. The thalamus knows there's something terrifying, and it's not terribly accurate at figuring out what it is. It is looking at outputs from the amygdala. We already know ventromedial PFC portal up to the cortex. We know that deal. We know the deal from SM: that very unlikely finding that with the, uh, when the amygdalas are destroyed, her eyes do not look at the most informative places in the face.
Part of what the amygdala is doing is telling your eyes where to look. Another projection, which is so important that I forgot it: we've already heard hippocampus. Amygdala talks to hippocampus, and hippocampus helping the amygdala form memories—very local memories, larger contextual ones—about fear and trauma. Finally, this area which I think has only been mentioned once or twice: the basal ganglia.
You sit and you think, "I am going to do this with my arm right now," and the dorsolateral prefrontal cortex talks to area and talks to, talks to the motor cortex, and thus you do this. Somebody scares you or something and in a tenth of a second you do this at them. This is the amygdala, thanks to that, the amygdala sending a rapid signal to the basal ganglia, which talks to the motor cortex.
El síndrome de Williams
Habitual stuff, reflexive stuff. And this is the world of thalamic shortcuts, inaccurate assessment, and a trigger gets pulled. So, the picture of the amygdala like that, you begin to see very interesting aspects of amygdaloid function in a neurogenetic developmental disorder, incredibly interesting disorder called Williams syndrome. Williams. I'm forgetting which genes are deleted.
It's a whole arm of one of the chromosomes or something. There's all sorts of things. There's cardiac problems. There's, there's a distinctive, a very distinctive facial structure that you get in kids with Williams syndrome. And if you look at pictures of it, the word that was used endlessly in the literature, but is now considered a little bit past insulting something or other, is pixie-like elf features.
And you'll see kind of pointy ears a bit and a very cherubic, elfin sort of face. And there's been no shortage of speculations that elves have some sort of origins in Williams syndrome. Williams syndrome behaviorally is super interesting. There's some degree of cognitive impairment on the average. And what we will hear about in the language lecture is, strikingly, you get individuals—your average individual in this considerably below average IQ range—and you will see not a whole lot of sophistication in language use.
Williams kids are incredibly verbal, articulate, large vocabularies, all of that, despite often a considerably below average IQ. We're going to look at that in the language lecture about how aspects of language production can be a whole separate module from everything else going into intelligence. Okay, so that's interesting about Williams kids. Then the most interesting thing of all is they are hyper-hypersocial.
They are incredibly social. They are incredibly affectionate. They are famous for just, like, running up and hugging strangers and all of that. And you better bet that the Williams individuals who survive into adulthood have all sorts of vulnerabilities in that domain. But they are hyper-hyper sort of, uh, expressive of emotion, good at reading facial expressions, all of that.
Remarkable. So what's going on in their amygdala? Interestingly, what you see is you show them a scary snake, you show them a whatever standard scary whatever, and the amygdala is hyperactive in people with Williams syndrome. Wow. That's kind of exactly the opposite of what you would expect. But now you show them a picture of an angry face and the amygdala barely responds at all.
It is somehow wired up with this genetic disorder, wired up so that scary humans aren't scary and instead elicit all sorts of prosocial stuff. And before you know it, you're running up and hugging strangers. And there's interesting stuff with vasopressin and oxytocin, but this being the most interesting thing there. And you see here in Williams, shows somebody with Williams a scary snake.
And this activates, this activates even more than average. Look, in the world of things you have to learn to be afraid of, and much of that is about our fellow humans, and it is hyporeactive. Final factoid about Williams, which I think is, like, one of the most interesting things in the universe, and everything about this disease/syndrome is fascinating.
Perros domesticados y los genes de Williams
Um, but an additional one: people have identified some of the genes that have been implicated in Williams syndrome. The hypersociality, the affection—the affection, how affectionate they are—all of that has been found in another species. And I'll give you a hint. You don't find these relevant genes in wolves. But part of domestication of dogs is they had some genetic changes that have some resemblance to the genetics of Williams.
And suddenly you have, like, golden retrievers who were willing to, like, slobber on anybody's face and hypersociality. Moreover, you see some breed differences. Dog breeds that are more or less friendly seem to have more or less of a genetic load of this Williams-like profile. Totally interesting. Yet again, what we manage to breed into these animals.
So, we've got the amygdala in these circumstances. We already know one interesting thing about the amygdala back from depression. We know that in people with major depression, the amygdala is atypically responsive to pictures of sad things instead of scary things. And we already discussed, "Whoa, that's totally weird!
I thought the amygdala is about fear." And as we will get to in a couple of weeks, um, if you're somebody with depression, the scariest thing on Earth is anything that might make you feel sadder than you already are. So the amygdala sure has a special response there in that case. Finally, you look at people with social phobias and the amygdala is normally reactive to snakes, normally reactive to any such thing, is hyperreactive to faces of strangers.
So what we're seeing here is the amygdala, a contrast between stuff you don't have to learn, stuff you do; a contrast between things that are socially contextual, things that have a lot to do about deciding who as an 'us' in our species is scary and who is not. As opposed to the easy worlds of, like, dangling by a bungee cord is going to activate the central amygdala every time.
La corteza prefrontal: el freno
So, that being interesting, obviously now the next thing we're going to transition to the frontal cortex. And we know the drill already: frontal cortex trying to suppress aggression by way of this—the over-the-top, hyper-emotional amygdala. Overwhelming the prefrontal cortex during stress. During stress, this arrow weakens. During stress, this arrow strengthens. This arrow strengthens as well.
And there's a dorsolateral PFC projection down to there, which is keeping an eye out in case that idiot amygdala doesn't listen to our inhibitory signal and tells the basal ganglia to do something impulsive and disastrous. Let's have some inhibitory effects there as well. So, inhibition here, inhibition here. And during stress, this projection weakens as well.
All the realms of impulsive violence in circumstances of fear. So when we begin to look at this frontal cortex, it is not so much controlling behavior as much as just kind of whispering in the ears of the limbic system, "I wouldn't do that if I were you," just kind of putting its foot on the brake.
Por qué la corteza prefrontal es tan cara
And what that winds up translating into is the frontal cortex—the PFC, is the most expensive part of the brain metabolically. Why? Here's an example of what this would look like. And let's suppose you've got a person, monkey, rat who has been trained as follows: uh, which is, the signal comes on, saying it's one of those learning sessions.
And the deal is every time a light flashes, if the individual presses a button, they get an M&M. Something rather good happens. So here we have: we're recording, we're looking at their visual cortex, and every time the light flashes on, you get a flash of activity in the visual cortex. And you could see every time that happens, like a tiny minute later, a second later, the motor cortex activates and they press the button.
And this obviously went from visual processing up to the frontal cortex, dorsolateral PFC, saying, "Aha, okay, let's send a message now to move that finger. What's going on?" And the PFC, the second it gets the signal that, "Oh, it's one of those sessions," the PFC turns on and stays up like that. Individual examples, individual actions, keeping track of, "we're in one of those sessions where when the light flashes on, then press the button." The PFC has to keep track of stuff like that.
And as you can see there, it's expensive, which gives rise to a really interesting feature of a bunch of neurological diseases. You look at Alzheimer's disease, you look at Parkinson's disease, you look at Huntington's disease—a whole bunch of these—where often it's another part of the brain; actually, in all three of those diseases, it's another part of the brain that is blown out of the water, different places in each case, the area where damage happens.
And then you look, and every one of those, and a bunch of other neurological diseases, number two on the list, number three on the list, is the prefrontal cortex gets damaged as well. In at least one of these diseases, prefrontal cortex gets damaged first, and you see all sorts of behavioral disinhibition. Prefrontal cortex is expensive.
Expensive parts of the brain are vulnerable parts of the brain. So we already know much about what's going on here: the nucleus accumbens, ventral tegmental dopamine projection into the prefrontal cortex. That's the motivation that's giving you the energy to study around the clock for the MCATs; that's giving you the motivation to be able to tell the amygdala not to go and pull a trigger if you get there in time.
Qué pasa cuando se daña la corteza prefrontal
So PFC with that, and we've got a sense by now of what happens when the PFC is damaged. We already looked in some detail on the other side of the board the consequences of damage to the dorsolateral prefrontal cortex: disinhibition. Damage to the ventromedial prefrontal cortex: no gut instincts about anything, trouble-making decisions, and the decisions that you make are heartlessly utilitarian.
But when you look at the PFC overall, most of it is more dorsolateral PFC-ish than ventromedial PFC. Ventromedial is just, like, getting some whispers from the limbic system. Overall, the PFC is much more like the DLPFC. What happens when you get damage, broad damage, to the prefrontal cortex?
We know already it's Phineas Gage in contemporary settings. You will see it where somebody has a stroke and this is somebody whose behavior gets highly disinhibited afterward. And this is in nursing homes where you get, like, assaultive behavior on the part of some 80-year-old who's had a frontal stroke. You get, like, ghastly instances of inappropriate sexual behavior, things of that sort.
El fallo McNaghten y la responsabilidad penal
So, we see more evidence for what's going on here in terms of damage, which brings us to a subject near and dear to my heart at this point, which is how the criminal justice system makes no sense whatsoever. All of the codes around this planet for deciding when somebody cannot be held responsible for their criminal acts because they're insane, they're psychotic, or they're organically impaired.
Any such thing always revolves around the same exact decision and the same historical character: a man named McNaghten who in the 1850s, '60s—I don't know, sometime or other—attempted to assassinate the prime minister of England. He didn't succeed at that, but he killed the prime minister's assistant or some such thing. And when brought to trial, what was apparent to everyone was McNaghten was very, very troubled.
And when, when looking at his history, he was a perfectly "together" guy. I think he had his own business, a merchant or something. And he started hearing voices in his early 20s. He took to wandering; he took to voices telling him to kill the prime minister because of some imagined slight or whatever.
And we will hear in the schizophrenia lecture just how classic a profile this can be. Everyone now in retrospect thinks that McNaghten had schizophrenia. He shot the person; he injured the prime minister in the process, and in the trial we had a remarkable landmark event, which is, even the prosecution, along with the defense and the judges, said, "This man is so abnormal, it would be criminal to criminally convict him." And McNaghten instead spent the rest of his life in a psychiatric hospital.
This was really pretty much the first case of "innocent by reason of insanity" or "guilty but insane," some such thing. Predictably, the press in England went crazy at this point. "Oh my god, this guy is getting away with trying to kill the prime minister!" Queen Victoria herself contacted the judges, saying this was a very, very imprudent decision.
Not punishing this man for what he did. Nonetheless, landmark. What is it that was formalized out of the McNaghten ruling for deciding if somebody is too psychiatrically, neurologically impaired to be held responsible for their actions, if they don't know the difference between right and wrong anymore?
That's the McNaghten ruling. If you were so thought disordered, psychotic, driven by voices in your heads, hallucinations, whatever, that you cannot tell what's right and what's wrong anymore, that's grounds for an insanity defense being successful, which, by the way, is incredibly rare in the legal system. Okay, that's great. But now you look at somebody with frontal damage, and this is where you have an enormous challenge, because this is somebody who still knows the difference between right and wrong.
This is somebody who can tell you the rules. This is somebody who can tell you how irritated they are with themselves the last time they did something impulsive and it didn't work out well. And, "this time I'm really, really, really going to resist that." And then they do exactly what you would expect from somebody with damage to their prefrontal cortex.
Whoa. You know the difference between right and wrong. Yet you can't regulate your behavior. Involitional control of things like that. And that is sort of the fighting point. There are so few juries in this country, and so few courts or any such thing, that is interested in somebody who knows the difference between right and wrong but because their frontal cortex was destroyed in some accident, can't regulate their behavior.
And what is remarkable with that is, again, the person can verbalize what the rules are and they'll say, "Oh, I know. I know it's tempting to push that button, but it's not as good a reward. I'm going to push that one. I have to wait longer, but it'll be a great reward. It's tempting to do that, but I'm going to do the one that's more demanding, but I get a better reward out of it." And, and, and they, and at the last moment, they go and reach for the wrong one.
I'm fairly sure I just flipped the contingencies, but you get the point of what I'm saying. They can even tell you, "I am going to do the harder thing because that in the long run is going to pay off more." And they can say, "Here we go." And then at the last instant, if circumstances are sufficiently emotionally aroused, you get them reaching in the wrong way.
And as I've noted a few times now, the frontal cortex, the prefrontal cortex, a history of damage to it from concussive head trauma in, depending on the study, anywhere from 25 to 75% of people on death row in this country get damage there. And you can have somebody who, sure as hell, still knows the difference between right and wrong, yet they can't regulate their behavior.
La sociopatía adquirida
In circumstances of high emotional arousal, what happens if the prefrontal cortex is damaged in someone when they're very young? They often don't even learn the rules of the difference between right and wrong. And this has come to be called, I think it was Damasio who first used the term, acquired sociopathy. So this brings us to considering, like, sociopaths and other people, individual differences, and how well the prefrontal cortex works.
We already know stress, stress wreaks havoc with prefrontal function, and we know a huge amount about how that works on the molecular level by now. So lots of stress in your life, and that's not going to look good. Lots of stress in your life and your prefrontal cortex thins out. Dendrites shrivel up from neurons there and that sort, and you get a whole lot worse at regulating your behavior.
Los dos extremos del espectro
So this brings up two different profiles in people at the opposite ends of the spectrum. First one: repressive personality. This is, like, your freshman roommate who you wish you could have one sliver of the self-discipline they had. They work like crazy. They resist temptation. They're highly structured lives. They have patterns that they follow each day, and very—they walk to work the same way each day.
They eat the same meal. They have these very, very regimented lives with very tight control of their emotions. They repress their emotions. They're lousy at reading other people's emotions. Repressive personality. Oh my god, what a crippling psychiatric profile!
These are people who are very successful. They're super motivated. They're self-disciplined. All of that stuff. These are people who every time can study rather than go out and party. Repressive personality. Whoa, that's interesting. So, what's going on in them?
And you look at their physiology and it's precisely what you would expect. Elevated frontal metabolism, like, squeezing their psychic sphincters tightly shut all the time with the frontal cortex working, and elevated glucocorticoid levels. Whoa. What's that about?
I think this gives you a fascinating lesson in sometimes it can be incredibly stressful to construct a world that is so predictable that nothing stressful can ever happen to you. That doesn't come cheap. So, elevated metabolism in the prefrontal cortex. And what you might also expect is when you then throw a curveball at someone with a repressive personality, something that can't be controlled, something that is unpredictable, when things spiral out.
They freak out in the frontal cortical metabolism sense. They freak out in the emotional sense. They freak out when all of that effort into having a nice, safely constructed world doesn't wind up being sufficient. It costs a fortune to surround yourself with a wall all the time that keeps you safe, keeps everything out, that doesn't come cheap to have a life without stress, especially when that turns out to be ineffective.
El cerebro del sociópata en el escáner
In contrast, at the other end of the spectrum, we have sociopaths. Sociopaths. And we'll hear stuff about their autonomic nervous system in a while. But what's most, most interesting about them is evidence of some atrophy in the frontal cortex, evidence of abnormal function of the prefrontal cortex, and it's in an interesting way.
So here you put somebody in a brain scanner, a control subject or a sociopathic individual. And, by the way, people in this business make very clean distinctions between sociopaths and psychopaths. And I can never remember which is which. So I use them interchangeably. But what you see is under resting conditions, sociopaths have lower resting activity in the prefrontal cortex.
The brakes aren't on. We will hear tons more about their affective capacity or incapacity to feel anyone's pain, but lower resting level of metabolism in the prefrontal cortex. Now give them a task, a task requiring frontal function—months of the year backwards, whatever it is—a frontal task. And in order to have the same degree of success at the task, to score the same score as a control subject, sociopathic individuals have to activate the prefrontal cortex much more than usual.
It's got to work harder to pull off normal levels of self-regulation. It does not work very well. And what else? What else? We know the PFC goes completely offline during orgasm. It goes offline during REM sleep and that's why dreams are dreamlike. That sort of thing. And what we then get is there should be an interesting dichotomy between violence/aggression that is premeditated and violence/aggression that is impulsive, and what the prefrontal cortex and amygdala have to do with it.
And those are two completely different beasts. An impaired prefrontal cortex, an overactive amygdala is all about things going very, very wrong with impulsive violence. And they have much less to do with premeditated violence. And we will see in a while things like sentencing laws for violent acts becoming more harsh, less harsh, or whatever, have wonderfully constraining effects on premeditated violence and have essentially no effect whatsoever on impulsive violence.
Elegir lo difícil cuando lo fácil está a la vista
More bits, more bits about the prefrontal cortex. So, one can start getting, uh, all proud about the fact that we humans, we've got the biggest prefrontal cortex out there and all that sort of thing. And other species, other species don't have as much. Nonetheless, they can do some of the same cognitive tricks.
Here, for example, here we have an organism and it's inside this area and it's got a tempting easy task and it's got the, "doing the harder thing," than this one. If they press a lever twice, they get a reward. And this one, if they work twice as hard, they get three times the reward.
And it's totally obvious that's what you should be doing. And what you see instead is every single time they go for that one. Now, instead, do the study where the easy tempting one is in this room and the working hard one is in that room and they're outside. They've got to choose the room.
And you see in that circumstance, they're much more likely to be able to do this. Oh, you're not that clever. It is so appealing, and I know I hardly have to do anything. And, "oh my god, that one is so exhausting!" So I'm just going to—and here, when you get some distance, when some of the salience of the moment is toned down, you have more frontal control of your decision-making.
So that's totally cool. What's also totally cool is these are pigeons. These are studies done with pigeons. A guy named George Ainslie did these studies in the '70s, showing if you tone down the emotional salience, emotional—pigeons' limbic system—but even still if you make them a little bit less able to look at that lever and it's so damn tempting, you can get more regulation of behavior.
And you see the exact same thing in people and in chimps. For example, you have a kid, you have a kid, or you have somebody with frontal damage, or a chimp. And here's the deal. The subject, the researcher, stands there and this hand has one M&M and this hand has five M&M's, and you can have whichever you want.
And after a while, the individual is trained that if you reach for the one M&M, something very different happens: if you reach for the five, the researcher quickly snaps back their hand and gives you one M&M as a reward. Reach for the one M&M and you get five M&M's as a reward. Show some self-control.
Don't reach for the five M&M's because you're getting a much better payoff if you reach for the one instead. And kids cannot do this. Kids will even verbalize saying, "I know. I know. I should reach for the one with one because that's better." Sociopaths can't do this. Chimps can't do this. But now make the lure, make the stimulus a little bit less just right there in your face.
Detach it a little bit. Now, instead, five magnets and one magnet. Reach for the five magnets and you get one M&M. Reach for the one magnet, you get five M&M's. And now suddenly kids and sociopaths and chimps can do the task, and they can regulate themselves enough to say, "Five little magnetic things, I don't know, that's not really getting to me much.
Go for the one. We know that's more of a payoff." But instead, if it's M&M's right there, you're looking at it and you can taste it already, and you know, "I'm going to reach for the one," and every time you go and you get the five instead because you're much closer. There's more emotional salience to the temptation there.
Cuándo la amígdala se suelta del freno
So, that as a measure of, the amygdala can get away with stuff more readily, can override frontal regulation when it's right in your face, when it's in the moment, when it's impulsive, when you can smell the chocolate, or when you see the person's face right in front of you that you hate beyond words.
And that's when the amygdala slips loose of the frontal cortex regulation. Last couple of things about the prefrontal cortex. So you damage it and you get impulsive violence. You get disinhibition. You get people telling other people that they can't stand their hairdo or some such thing even though that's a faux pas and all of that.
Why isn't it more often the case that when you get damage to the prefrontal cortex, you have people who are now running around and giving away their life savings to some charity and proposing marriage to strangers and all of that?
Nobody understands why the disinhibition is usually in the direction of antisocial behavior rather than prosocial. Last thing about the frontal cortex with respect to all of this. So, we've already heard the PFC is super expensive, vulnerable. What happens during aging?
And it turns out the PFC and the frontal cortex in general is one of the hot spots in the brain where neurons die over the course of aging. Old pictures of, "you lose massive numbers of neurons every day about three days after you graduate." No, there's not massive neuron loss, but there's a few areas where there is substantial amounts, and PFC is near the top of the list.
And again, because of how expensive, how vulnerable it is. What are we beginning to explain here? Oh no, grandmother totally, like, upsets the grandkids by saying that she thinks their hairdo looks hideous, or that disinhibited "no, you can't marry that person, and they're terrible for you," and, oh, old age people tend to become disinhibited.
What's the classic interpretation of that? As we get older, we're more comfortable with who we are. We've grown to accept who we are. We understand that being like everybody else isn't quite what it's cracked up to be. We're less vulnerable to conformity, to peer pressure, all of that. You know, aging is a time where you are more content with who you are.
And if you want to say something, you're going to say it and not have these social inhibitions anymore. I'm like, "Hell no, that's not what's happening!" Because the prefrontal cortex is losing neurons as you're aging. You get disinhibited. Again, a very expensive part of the brain. So we know already the tons of stuff going on in terms of the amygdala and the frontal cortex interacting, describing, explaining the general observation that the higher somebody's resting level of prefrontal activation, the lower the amygdaloid level.
El septum y el hipotálamo lateral
An inverse relationship. Okay, moving on to some other brain regions. The septum. We've heard septum mentioned back in that limbic lecture, and we will mention it once more in one sentence here and never think about the septum again. In lots of ways, the septum does the opposite of the amygdala. The septum inhibits impulsive aggression.
And thus, if you lesion the septum, if you destroy the septum in a rat, you get septal rage. And a rat that is just over-the-top aggressive. Okay. So our theme of one part of the limbic system puts its foot on the gas, the other, the brake, working in opposition, jockeying to tell the hypothalamus and the cortex what to do.
Another region: lateral hypothalamus that used to be all about aggression. And I've already alluded to that back in the '60s. Like, a decade worth of research went down the tubes because people studying the lateral hypothalamus, seeing its behavioral effects, thought they were seeing aggression, and it turned out they were seeing predation. And those are two completely different things, and that also gave rise to all sorts of gibberish.
In the early '60s, there was this faux anthropologist named Robert Ardrey who pumped out one bestseller after another: Man the Hunter—I'm forgetting—The Territorial Imperative, incredibly influential. And he made a ghastly basic mistake, in that he intermixed the neurobiology of predation with the neurobiology of aggression and said, "Oh, as soon as humans became hunters and got a taste of meat, it's inevitable that humans are violent because hunting and violence go hand-in-hand, and that's our legacy which we can't do anything about." No, hunting is neurobiologically the same thing as opening up a box of cereal.
La cingulada anterior y el dolor ajeno
People lost tons of work. Sort of going up that alley. More other areas. We know the anterior cingulate and its role in empathy, feeling somebody else's pain. And we will see where that's really relevant to trying to constrain, contain aggressive impulses, and when it fails. And we know in the ACC that's central to that whole emotional business going on, the limbic system talking to all of the cortex including the ACC.
That's your feel experiment. That's not your thought experiment. That's your feel experiment. How is it going to feel if I do this, and this is the outcome, and this happens to them? Uh, how are they going to feel?
So the ACC is relevant to that anterior cingulate without invoking the notion of mirror neurons. And there, we've already heard that. Okay. So now we get back to the insula. And the insula now is a portal to all sorts of cool stuff with the brain and behavior. We already know the basic deal with it.
La ínsula: del asco gustativo al asco moral
Every other mammal out there, it's gustatory disgust. It also gets some olfactory disgust. In us, it's imagining it. In us, it's moral disgust. Fascinating. And what we're left with is, "hey, that's interesting:" Moral disgust. Disgust—that's just kind of a metaphor. Neurons in the insular cortex cannot tell the difference between disgusting food and disgusting moral acts.
How did that happen? Moral norm violations are 20,000 years old. The insula is 100 million years old. And somebody decided, "you know, hand that to the insular cortex." Evolution is not an inventor. It is a tinkerer. And what we saw there is a first pass at how the brain has trouble telling the difference between reality and metaphor in the insular cortex.
We saw that in the sex lecture last week. The brain has a lot of trouble telling the difference between external beauty and internal beauty—metaphorical stuff. The brain has had to just push in new metaphorical ways of doing subtle stuff socially in the last 10, 20,000 years and dealing with a 100-million-year-old part of the brain to sort of jump in there, and you wind up having a brain that confuses reality with metaphor very readily.
An example of that, we already know the anterior cingulate. Poke somebody's finger and their anterior cingulate activates along with other pain areas; poke somebody else's finger of a loved one and you feel their pain. Oh, come on. You're not really feeling their pain. For a neuron in the anterior cingulate, it is feeling the pain.
It cannot distinguish between the two. And a very interesting finding related to that, there's a neurotransmitter called substance P. It is so obscure it's never even gotten a flashy name. It's still whatever that substance P is after A through O turned out not to be interesting. Substance P has something to do with pain, mediating pain pathways.
Ah, there was a little bit of a start of the literature back when, which hit a wall, and I don't know why—of using drugs that blocked substance P receptors having antidepressant properties. Whoa. Pain. We're talking about pain pathways. We're talking about, like, your cells splitting open from an injury and all of that.
And psychic pain is using some of the same neurotransmitter stuff in the anterior cingulate. Feeling somebody else's pain, for a neuron in the anterior cingulate, can feel as real as pain itself. Empathy like that, the neurobiology of it. It had to be squeezed in somewhere. Let's have the part of the brain that does literal pain also do psychic pain, empathic pain as well.
Asco, patógenos y xenofobia
Another version of this: you tap into sort of disgust, disease-sort of pathways and such. And you can see in studies you have people read a little article about, like, antibiotic-resistant bacteria and brain-eating bacteria and pathogens and the threats of new ones emerging from who knows where on this planet. When somebody sits and reads that pretty intensely, and in the aftermath on the average, they're more hostile to immigration, legal or otherwise.
Ooh, infectious stuff coming in from out there. This part of the brain where we've got the insula again, saying, "Ooh, disgusting bugs, disgusting pathogens, disgusting people who are not from here," again, intermixing the two in that regard. And an assigned reading for today is this very readable piece in The Atlantic about how xenophobia interacts with people's political stances, interacts with their threshold for disgust, exactly as alluded to.
El efecto Lady Macbeth
Then there's another realm in which the brain is falling for a metaphor, taking it literally. And this has come to be called the Lady Macbeth effect, the Lady Macbeth phenomenon. Sit somebody down and have them tell you about something neutral they once did in their life or something wonderful they once did or something appalling and disgusting and immoral, or let them write about it anonymously or something or other.
And what you see is when people have been reflecting on really bad stuff they may have done, they feel soiled. They feel soiled in what turns out to be a very literal sense. Give them, like, some puzzle thing to fill out where, "okay, fill this out. Complete this word. Complete this word." And this could be "wish." This could be "wish." And at a higher than chance level, if you were just telling about something appalling you've done in the past, compared to neutral or positive, you are more likely to say "wash." You are more likely rather than "swap," "slip," or you are more likely to come up with "soap." You are more likely: you have cleansing yourself more on your mind.
More studies like that: people come and do some volunteer thing where they're telling you something wonderful they did or something horrible. And afterward you say, "You know, we can't pay you, but we can either give you this little packet of hand wipes as a thank you thing or this pen with the name of the Psych Department on it as a thank you." And when people have just been spending time talking about disgusting things that they've done, they go more for the hand wipes.
Other versions of this: you can show people differ as to whether or not they want to wash their hands or brush their teeth versus when they've been writing about something awful they've done. "Your hands are soiled," telling about something so awful they've done. "Your mouth is soiled." All of that. This is a fairly consistent finding.
This is quite reliable, and what it's telling you is feeling morally soiled and feeling physically soiled. There's some neurons in there that can't tell the difference. And the insula is right in the center of this. And what you then see is confusion: moral soiling makes you want to clean your hands or wash your mouth out or whatever.
So here's the most interesting thing about that finding. You have somebody who's just had to tell you about something awful and disgusting they've done, and now you set up an experiment in the lab. Somebody is walking past and they've got a whole pile of books or papers or whatever. And, oh no, they trip right in front of this person and drop it all on the floor.
How likely is this person to jump up to help? And if you've just been telling somebody about awful things that you've done, you become more likely to jump up and help. If you've been telling somebody about awful things you've done, but you've had a chance to wash your hands, to take a break, to go to the bathroom, whatever, before we do some more testing and "unsoil" yourself, you're now less likely to jump up and help.
You have washed your hands of it. Lady Macbeth, Pontius Pilate, all of those metaphors in our minds are so literal that the ability to wash our hands will change our helping behavior. So, totally cool things. What is this telling us?
It's telling us something inconvenient. Oh no, you confuse external beauty and internal beauty. Oh, no. You feel less likely to help somebody if you can, you know, disinfect your house after you've, like, robbed the old lady of her dialysis machine. Who knows what?
Whoa. All of that. On the good side, this is this realm again. You need strong emotional associations now and then to do the right thing when it's the harder thing to do. And if moral disgust has your stomach lurching, that could be a very helpful thing at times. Once again, as we saw previously, in a value-free way, you could need disgust to get up and try to get yourself to right a wrong, or you can have it to get up and work hard to do a wrong, or all of that.
¿Pensamos o sentimos las decisiones morales?
But we have this metaphorical brain that is very relevant to things like this. Okay. So what we're teetering with here is this big classic question in moral philosophy, moral decision-making. Do we think our way to a moral decision or do we feel our way?
We already saw that work with Josh Greene in our trolley, runaway trolley problem. Do you pull a lever or not to kill somebody to save five? That's a cortical process. That's frontal cortex. That's DLPFC. Do you push them with your hands?
That's limbic system. That's ventromedial PFC. Completely different pathways relevant to that decision-making. And what moral philosophy has been dominated by forever, no surprise, is we think our way to our moral decisions. We are in some crossroads of doing the wrong thing or the right thing, and we only have a second to decide, and what do we do?
We think about what would an Immanuel Kant have done at that moment? What did I learn in freshman philosophy? Yeah. "Oh, we're ultra-uber-rational beings!" So of course we are making, thinking our way to moral decisions. And what people have realized more and more in recent years is, nah, most of the time we are feeling our way to a moral decision.
Haidt y la prueba de tornasol moral
And what you see in the aftermath is you trying to rationalize your emotional decision to make it seem as if it was rational. Here you see a great example of this in the work of Jonathan Haidt at NYU. He's one of the leaders in this who really shifted the field towards thinking you feel your way to emotional decisions rather than think your way to it.
Brain imaging stuff: have one of those sort of challenges of what's the right thing to do. And what his work has shown, and since replicated in other people, is you can see the decision is made in the limbic system before the cortex then kicks in. The cortex coming up with an explanation for the emotional decision you have made.
And Haidt gives a great sort of litmus test for when this is going on. If somebody is telling you, "I can't tell you why, but when those people do that, it's wrong. It's just wrong. I, I can't put my finger on what exactly is wrong, but it's just wrong." What you are seeing is a limbic system that has just felt its way to a moral decision and a cortex that hasn't come up with an explanation yet that supposedly justifies it.
And if the person then a week later comes back and says, "You know, I was thinking about it. Here's why it's not okay for them to do that different thing." All it means is they've had a week for their cortex to come up with a rationalization for why their limbic decision was a rational one.
If someone is saying, "I can't tell you why, but it's wrong when they do that," or, "This is the better thing to do, like this is—this is a more moral thing," or you hear somebody say that, and you have just proven how much our moral decision-making is driven by emotions rather than thought.
Rabia y sistema nervioso autónomo
More stuff. One other area of the brain that is very relevant to aggressive acts, and it's part of the hypothalamus and the brain stem and the midbrain. Okay, what are they about? They are modulating function of the autonomic nervous system. And you look at somebody who is in a rage and has just committed a savage murder and all of that.
Big surprise: the sympathetic nervous system is usually aroused and stress hormones are being secreted. So the hypothalamus and the relevant midbrain and brain stem areas are doing their thing to shut off the parasympathetic and turn on the sympathetic and get all in a rage and do this violent act. And then you look at somebody who is highly sexually aroused, and we already know you eventually turn off the parasympathetic and turn on the sympathetic.
You get the same autonomic signature for rage, arousal, orgasm, intense love, momentousness of intense feelings, all that—they look the same—because whether you are running for your life or running to wind up in the arms of someone you love or what, your heart's going to have to beat faster to, like, deliver blood to your leg muscles.
You get a very similar signature. Now, we saw the relevance of this already. This is the reason why the James-Lange theory could not be right in the 1900s version of it, which is, "your body decides what you're feeling based on what's going on in your body." And it doesn't work that way because your bodily responses take one or two seconds and your brain is much faster than that.
What your bodily response is, your interoceptive information coming to the brain, is telling you how intensely you are feeling that. So the point there was: you get similar autonomic signatures for very different emotional states. Now let's translate it into this realm. What does it mean that in moments of intense rage or intense love, your cardiac cycles are doing the same thing, and your sympathetic, and it's indistinguishable?
I think a wonderfully moving quote by Peace Prize winner Wiesel's famous statement: "The opposite of love is not hate. The opposite of love is indifference." And when you look at the physiology of love and hate, both have way more in common with each other than either has with indifference. And Wiesel's argument being that some of the greatest pains in the world are not due to contrastingly failing to show love and showing hate instead, but failing to show love and show indifference.
And that is absolutely clear in looking at the autonomic nervous system. Okay. So now we switch to our next half-bucket here. Now looking at what's the neurochemistry? We know the brain regions that are relevant. What's the neurochemistry that's playing into whether you will do the right thing, the wrong thing, the savage thing, the empathic thing, whatever?
And yeah, dopamine's got something to do with it. Big surprise. And we already know one of the key things it does is it fuels the prefrontal cortex, that mesocortical dopamine projection in there. It gives the prefrontal cortex some of the motivation, some of the backbone, some of the oomph needed to do the harder thing when it's the right thing to do.
Serotonina y agresión impulsiva
So, we already know dopamine's role, but here we bring in another neurotransmitter that we've heard very little about so far, serotonin. We look at the serotonin system. So, there is a literature by now—rodents, monkeys, humans—suggesting that when you have low levels of serotonin, less serotonin being released in serotonin synapses—not every synapse in every part of the brain, but parts of the brain relevant to aggression.
When serotonin levels are low, you are more likely to get aggressive, violent behavior. Hm. So people did all sorts of logical studies at that point. Suppose you get rid of the precursor, the thing that you turn into serotonin, the amino acid tryptophan. Tryptophan: there's a couple of steps, and it gets turned. Suppose you get rid of this so that serotonin levels go down.
You get your lab rat being more aggressive. Boost up the levels of this, the opposite. You've got this enzyme, tryptophan hydroxylase, which is key in making serotonin. Block its activity. Serotonin goes down, aggression goes up. Do the opposite. So, that's a fairly solid literature. Low serotonin, high aggression. What people eventually figured out was: all of these findings were not about aggression.
They were about impulsive aggression in the moment. Serotonin manipulations have nothing to do with premeditating violence. It was all impulsive stuff. So people went looking for predictors about who had great serotonin systems and who didn't. And there were a couple of, in my opinion, appallingly bad papers that got published. One of them in Science, which had some of the most sleazy thinking in it.
Like, I've been, like, complaining about that paper for 30 years, and it wound up being extremely influential. But when you look closely, there's interesting stuff going on. So we know about neurotransmitters. Serotonin comes out. Action potential here. Serotonin floats across the synapse, binds to the receptor, and then we know two things can happen at that point where a reuptake pump removes it from the synapse.
No more serotonin signal is ended, or a degradative enzyme can take the serotonin and break it in half and flush it down the toilet into your cerebrospinal fluid. You terminate a serotonin signal by either reuptake or degradation. And what began to be clear from some of the animal studies is the gene for this enzyme, MAO (monoamine oxidase).
There's different subtypes of them, but we're ignoring that. Is that there are different genetic variants of them, and they varied as to how good they were at clearing the synapse of serotonin, which led to all sorts of predictions about what you would expect to see. Ooh, if you had the version of the MAO gene, which was really good at breaking down serotonin, you're going to have a serotonin shortage, more aggression.
Caspi y la interacción gen-entorno
That was the prediction. And people went and looked: work by this guy named Caspi and colleagues followed people for their first 25 years of life, genotyped them, and looking at age 25: did they have a history of antisocial behavior at that point?
And you know where we're heading with this one. If you had the bad, scary version of the MAO gene, yes, you were more likely to have a history of antisocial violence if and only if you were abused as a child. Gene-environment interaction out the wazoo. Normal childhood, your genetic variant made no difference whatsoever.
You know all the implications of this. And where people have not thought about the implications of this, is this damn gene variant has crept into courtrooms. Early on it was called, deplorably, "the warrior gene." And, like, as soon as you gave it that name, you were setting people up for all sorts of distortive stuff.
And there are by now a number of criminal trials on the books where people got shorter sentences because it was argued they had the "warrior gene" version of it. "Genes are inevitable. All of that." Oh my god, we know so much more subtlety about this than that. But fortunately, the "warrior gene" hysteria is dying down in courtrooms and such.
But serotonin plays a role here. What other chemicals in the brain? As soon as we're talking about violence and antidotes to violence and all of that, what we are talking about immediately, what has to be on the list, is alcohol. Everybody knows what alcohol does. Alcohol makes you aggressive. Alcohol causes people to throw people out the swinging doors in the saloon in your small western town.
El alcohol
Alcohol disinhibits aggression. Alcohol makes people aggressive. That is what everybody knows. That is what's taught. And you know what's coming. Alcohol doesn't make you more aggressive. Alcohol makes people who are already aggressive more aggressive. Alcohol makes people who are far from aggressive, inhibit aggression in them even further. Alcohol doesn't cause anything in the brain.
It exaggerates pre-existing tendencies, many of which were socially learned. Whoa, that should sound familiar from last week, where X doesn't actually cause this behavior. X lowers the threshold so that the social cues that normally elicit it do so more easily. Alcohol does not make people more violent. It makes violent people more violent.
La taxonomía de Cloninger
And in fact alcohol does not do that uniformly across the board. And this comes through this whole sort of taxonomy of alcoholism. The psychiatrist Cloninger and Wu did very influential work basically showing two different subtypes of alcoholism, and I'm forgetting which is Cloninger Type 1 or Type 2. One profile. One profile: this is somebody whose alcoholism, their drinking, is in the social setting.
The person is, with great predictability, male. They are adolescent or young adult. And in the context of alcohol abuse with their peers, a lot of violence. This is the drunk, dangerous sort of bully threatening people, on a fight or whatever sort of thing. And another characteristic of this Type 1 profile is by around age 30 or so, the alcoholism has subsided.
The antisocial behavior has subsided. We're going to hear this great sound bite in a while that one of the best crime-fighting tools there is is a 30th birthday. The Type 1—yeah, this is Type 1 profile: social abuse with peers early in life, and then that disappears. The other profile is equally found in men and women, and this is lifelong alcoholics where you are doing the drinking alone.
You are not dysfunctional as an alcoholic. You are high-functioning. This is the person living alone every evening for the last 40 years in their empty apartment, comes home and drinks a lot alone in the evening day after day. This is not a profile that's associated with aggression, with antisocial behavior of any sort.
This is a variant of social withdrawal. There's another bit of evidence saying that alcohol does not make people violent. Alcohol makes people who are already violent, who have already been socialized into being violent, more violent. And this comes from some really interesting cross-cultural studies over the middle of the 20th century. All sorts of isolated cultures on Earth suddenly got Westernized big time, mostly thanks to militaries suddenly being all over the Pacific during World War II.
And we've already heard some of the consequences of that, that obesity outbreak, which should occur as soon as people switch to Westernized diets. But one of the other things that you could now study in islands scattered all throughout the Pacific is what happens when there's suddenly plentiful amounts of alcohol available. How do people learn how you're supposed to act when you're drunk?
And what the studies show—Bruce at UCSD has done this. What the studies show is, basically, people would learn how you're supposed to behave based on what you would see other people doing, what the colonial sort of powers that have shown up there, how they go about getting drunk. And I don't know what in islands that were, like, seized by the Brits, people learned to be drunken fighters, and islands seized by the French, everybody would jump into bed with each other when they had drunk too much.
But you are learning the social cues as to what is appropriate for you, your subculture, any of that. When you have alcohol on board, alcohol does not cause violence. Inevitably. Okay. So now we switch to our next bucket here. Now in these seconds to minutes before, what environmental stimuli are triggering aggression, or triggering compassion, or altruism, or intervening with some such thing?
Some of this is thoroughly boring. Like if somebody's coming at you with a knife. Whoa. That's going to be an environmental stimulus. It's going to do all sorts of things to your amygdala. Obviously, where we're heading is stimuli that are subliminal, that you don't even notice, that are below the threshold, or if you notice them, you would never think that those are relevant to anything going on.
La cara del «ellos» en el escáner
Visual stimuli, all sorts of versions that are relevant, one that is at first pass, the most damn depressing finding in the whole literature out there. But we will be dissecting it later on in this lecture. Take people, stick them in a brain scanner. I'm fairly sure I've already mentioned this. Flash up faces, faces, of some speed, and flash them up and flash up the face of a "them." The "them"—different race, green-beard markers of different religion, different ethnicity, all of that—flash up the face of the "them." And in about 75% of people, the amygdala activates.
Not because you sit there and say, "Oh my god, those people did this thing to my ancestors 300 years ago." But the amygdala activates in 60 to 70 milliseconds. 60 to 70 thousandths of a second. We know this already, and this is well replicated, and most of the literature is when you're looking at the face of someone of a different race.
We already know one of the things that then happens, which is, in your average subject, where this happens a few seconds later, dorsolateral PFC kicks in, silences the amygdala: "Don't think that way, that's not who I am!" And we already saw that people where this doesn't happen, and this just keeps on throbbing there at the face of the "them," are people who are unapologetic.
These are people who are proudly white supremacists, for example. But what we will be getting to is who the 25% is that don't react this way, and what short-term manipulations you could make so that this response doesn't occur. And that's going to be really interesting because it's a lot easier than you think.
The punchline to that being, the amygdala is really wired up to divide the world into 'us' and 'them.' But it could be incredibly easy and rapid as to change who counts as an 'us' and who counts as a 'them.' We'll be seeing that in a lot more detail. In terms of categories that are automatic, we'll see it's really easy to change your categorization of somebody by "same race," "other race," into some other characteristic really fast.
That's easy. The one realm where it is virtually impossible to do is with sex. You cannot get somebody to look at people of different sexes and have something—the type of hat they're wearing—become the more important signal for the categories you make. That is a much stronger sort of implicit signal than is race.
And we'll be looking at aspects of that. More things with visual cues. Take a, uh, bus stop. Take a bus stop and put up a poster there with a pair of eyes. A pair of eyes looking at you, and people litter less. Have eyes like that flash up on a computer screen and people cheat less in an economic game.
Las ventanas rotas y los ojos que vigilan
The sense of being monitored, a visual cue of being monitored. Another version of it. Criminology was, like, revolutionized in the '80s by the broken window theory. The notion that if you let people get away with low-level crimes, everyone's going to habituate to, like, "criminal stuff goes on," it's not a big deal, and people are going to be murderers before you know it.
If you have a neighborhood in which people can break windows without major consequences, soon there will be an environment with litter, with dirt, with broken windows, with graffiti. Unconsciously, it is desensitizing you to law violations, to disorder, and disinhibit more antisocial behavior. This was super popular. Rudy Giuliani in the '80s when he was a mayor of New York rode to fame by instituting the zero tolerance thing for graffiti stuff, for litterers, all of that out of a belief in the broken window hypothesis.
So, auditory stimuli. Somebody yells, "I'm going to shoot you!" and whoa, that activates the amygdala. That's not surprising at all. Same punchline: subliminal cues, subliminal auditory cues. One great study that was done by this guy who is a graduate of this class from about 20 years ago, showing—they put somebody in a brain scanner—flashing up faces of same race, other race, all of that.
And the usual, if you were a white subject, 75% of such subjects will activate the amygdala when the face of somebody who's Black is flashed. What he did in this study is he had background music playing, one of two types. Either rap music—and this was when this was completely 99.9% associated with African-American culture rather than, like, suburban white kids trying to become rappers, all of that—rap music when it had a very, very strong connotation with that, or good-old-boy southern heavy metal music, white southern white connotations.
And what he showed was depending on what music was playing in the background, if it was rap music, the amygdaloid response to a white person's amygdala to a Black face was exaggerated. If it was irritating, awful southern heavy metal stuff, the amygdaloid response was lessened, modulated in those ways. More stuff, olfactory cues.
We already know some of this, which is the version of the gustatory insular cortex where if you have rotten smells around, people become more socially conservative about social issues. If you have wonderful smells of freshly baked chocolate chip cookies, people become more generous in their game play and Prisoner's Dilemma type stuff. Whoa.
Subliminal olfactory cues. That has something to do with that. And I think we already heard about this one experiment showing subliminal sensitivity to olfactory information. This was the study where, either, people jumped out of an airplane for the first time, and as soon as they hit the ground, their grad students swarmed over them and mopped up their sweat from their armpits into little cotton balls.
Or you got somebody who just had a great time on a jog or whatever and now their armpits have been swabbed. So swabbed armpit pheromones of somebody scared out of their mind or somebody enjoying their exercise. And what was shown in that study was people found the happy sweat to be more appealing a smell.
I think probably the reality is less unappealing a smell. But most importantly, when people smelled the scared sweat, the terrified sweat, there was activation of the amygdala subliminally. And more stuff like that in our final minute. When people are hungry, they become less generous, they become less understanding of somebody else's problem, interoceptive stuff, verbal things.
You get completely different game play in sort of economic games if you call it the Wall Street game versus the cooperation game. You get completely different judgments from mock juries if you use words like "wrong" or emotionally laden terms like "blameworthy," or, as a really cool study. In this study people had to sit and unscramble mixed up words or identify words, fix their misspellings in them or some such thing.
And in one case it was just a whole bunch of totally innocuous words. And in the other group it was words scattered with religious primes. "Hell" misspelled, "heaven" scrambled as letters, "God," some such thing. And what you saw was when people were unconsciously trying to unscramble or correct the spelling of words with religious cues, they became more prosocial in the aftermath and had no clue whatsoever as to where that was coming from.
Dolor, frustración y desigualdad
More things. One of the most reliable environmental sensory stimuli for aggression is pain. Pain. And you better bet all those pain pathways go screamingly into the amygdala in no time whatsoever. And we see frustration, stress—all of those—fitting into that. And we saw the example of what I think was not anthropomorphizing. There's two instances of baboon rape, an alpha male the day he was toppled.
That as evidence; and what you see is other patterns: when the economy gets bad, rates of spousal abuse and child abuse increase. When unemployment increases, rates of all of that happen in one really, really shocking study. You look at people who are fanatic fans of some football team—and I can't remember if this was British football or American—but when your team lost unexpectedly when they were favored, spousal abuse goes up that evening.
Spousal abuse in the aftermath. Frustration, pain, stress—all of those—make for a hyperreactive amygdala and make for a frontal cortex that is less able to constrain stuff because it is busy swarming in those stress hormones. Final point in this domain: everybody knows that poverty increases crime. Poverty does not. What a very large literature shows is, independent of the degree of poverty, it's the amount of wealth that you are surrounded with.
It is poverty amid plenty which is the predictor. It is income inequality. And this has been shown on the level of countries, in the US, on the level of states, cities. There is one study showing it block by block in Chicago. Poverty does not cause violence. Poverty when your nose is being rubbed in it all the time by the haves reminding you that you are a have-not.
That's what drives it. Okay. So, we will pick up on Friday continuing with this, and then hurtle through the rest of the list there.
Retomamos la agresión, parte dos. Es un día maravilloso en el barrio. Me han convencido para que me ponga otra camisa que encontramos al fondo del armario. Y aún mejor, aún mejor: tengo rotuladores nuevos. Y para que os hagáis una idea del antes y el después, mirad ese contraste. Y también otros colores.
El mapa de la clase: agresión y antídotos
Eso nos deja colocados para meternos aún más en nuestro tema, en nuestro segundos antes de un minuto, una hora, etcétera, del lunes: mirando la agresión, mirando los antídotos de la agresión, mirando el nivel conductual, el nivel conductual. Y si hubo dos temas que salieron de aquello, el primero es que, en muchos sentidos, somos exactamente iguales que cualquier otra especie en lo que respecta a la agresión y en lo que respecta al vínculo, el altruismo, la compasión, etcétera.
Y en muchos sentidos somos completamente inéditos. Y como veremos en cuanto al cableado del sistema, es muy parecido en todas las especies distintas, en todos los primates, y luego lo usamos de maneras totalmente nuevas. A diferencia de cualquier primate de la Tierra, podemos matar a alguien al otro lado del planeta cuya cara no hemos visto nunca.
Podemos salvarle la vida a alguien al otro lado del planeta. Así que esto nos coloca para empezar a mirar qué pasa en el sistema nervioso en los segundos previos a tu buen acto, a tu mal acto, qué regiones cerebrales, qué regiones anatómicas son relevantes. Y lo dejamos con la idea impactante de que el sistema límbico tiene algo que ver.
Así que ahora empezamos a diseccionar esto todavía más. Y podéis apostar que en lo que vamos a aterrizar con gran detalle es en la amígdala. El papel de la amígdala en la agresión, en el miedo y la ansiedad; el papel de su inhibición por parte de la corteza prefrontal para frenar algo de todo eso: la amígdala.
Pruebas de que la amígdala humana participa en la agresión
Entonces, ¿qué pruebas hay de que la amígdala humana está implicada en la agresión? Ya hemos visto algunos trozos. Puedes tener estimulación de la amígdala, como en tipos rarísimos, rarísimos de epilepsia que empiezan en la amígdala unos segundos antes del inicio de la crisis. La gente tiene un aura epiléptica. De repente dicen: «Ay, estoy muy enfadado.
Yo», y entonces les da la crisis. Activación inespecífica. Y un ejemplo de enfermedad de eso: puedes ver activación de la amígdala en imagen funcional cerebral cuando le estás evocando miedo a alguien, cuando le estás evocando enfado. Uy, ¿y puedes distinguir las partes?
¿Hay una parte del miedo? ¿Hay una parte del enfado? No. Completamente entremezcladas. Luego ves pruebas en cosas como Charles Whitman, el tipo que a principios de los sesenta subió a la torre del reloj, en la Universidad de Texas, y disparó a la gente de abajo después de matar a su madre y matar a su mujer, dejando notas ahí que decían: «Esto es como el amor de mi vida.
No tengo ni idea de por qué hice esto.» Y en la autopsia, un tumor que le presionaba la amígdala. Eso, como más pruebas. Donde de verdad te encuentras cosas perturbadoras es en la idea de extirpar quirúrgicamente la amígdala. Ya vimos a la paciente SM, con esa enfermedad rarísima que destruye la amígdala pero en ningún otro sitio de su cerebro, y todas las extrañas diferencias de comportamiento que visteis en ella, y su incapacidad de reconocer caras de miedo, cosas de ese tipo.
Y de algún modo, de toda esa literatura, a un par de neurólogos conductuales de finales de los sesenta, principios de los setenta, se les ocurrió una idea muy lista, y era... esto fue más o menos por la época en que los sesenta despegaban oficialmente, con un montón de protestas y gente acampada en los campus y toda clase de cosas elogiables.
Y junto con eso, toda clase de disturbios y motines en los barrios pobres y cosas de ese tipo, que pillaron a Estados Unidos singularmente desprevenido. Y lo que de repente sugirió este trío de neurogente de Harvard fue: «Oye, ¿no sería una gran idea explorar la posibilidad de, eh, quitarle a alguien la amígdala, quitarle la amígdala a alguien que es, eh, violento de forma incontrolable?
Eso podría ser útil de muchas maneras, especialmente» —no estoy citando exactamente, pero me acerco muchísimo, estoy parafraseando— «especialmente con el desorden en las poblaciones de los barrios pobres». Uala. ¿Estáis de broma? De verdad sugirieron esto, y hubo indignación en toda clase de ámbitos ante la sugerencia de que «ay, con un poquito de psicocirugía terapéutica podrías arreglar toda clase de disturbios de población». A este trío lo encumbraron en algunos círculos y lo destrozaron en otros, y es horroroso que sugirieran esto.
Amigdalectomías ordenadas por un tribunal
Y lo más horroroso de todo: resultó que se hizo en alguna ocasión: amigdalectomías ordenadas por un tribunal, destruir la amígdala. Y podéis imaginaros ejemplos de individuos con una historia de violencia intratable; ejemplos de personas con quizá un solo acto de violencia; ejemplos de niños, de adolescentes que se negaban a hacerle caso a sus padres y los padres decidieron que le hicieran una amigdalectomía.
Por suerte pasó de moda en Estados Unidos bastante rápido, pero siguió usándose en bastantes países durante muchos años después. Por ejemplo, creo que India tiene el récord de más amigdalectomías involuntarias hechas a personas. Así que, la parte horrorosa. Ahora miramos: ya sabemos que la amígdala tiene dos subsecciones.
Las dos amígdalas: central y basolateral
Está la parte de fuera y la de dentro —la lateral, hacia los lados: la amígdala basolateral y la amígdala central. Con un rotulador azul. Hurra. De lo que va esto es de la amígdala central, que creo que ya hemos oído que es antigua. Es la amígdala primordial. Es la amígdala que habla con los reptiles y tal. Esto va de miedos que no tienes que aprender.
Miedos donde el aprendizaje preparado, y las arañas, y colgar sobre espacios abiertos, y cosas de ese tipo. La amígdala central. La basolateral es mucho más moderna en términos evolutivos. Y cuando la miras, es como una versión flojucha de la corteza. Es buena aprendiendo, aprendiendo cosas nuevas a las que tener miedo, aprendiendo ese tipo de cosas.
Y lo que ves es que la amígdala central es la salida principal, la que habla con todos los demás del cerebro. La basolateral primero le manda información ahí. Y lo que vemos aquí es algo sobre la, eh, centralidad de la amígdala central. La amígdala central se asusta por algo. No hace pasar su mensaje por la basolateral antes de salir.
Los valores sociales de la basolateral, las diferencias individuales, todo eso. Simplemente dispara directo, directo desde ahí. Vale. ¿Entradas? ¿Salidas? ¿Qué más hay de la amígdala? Tienes gente con estrés postraumático, el trastorno de estrés postraumático, y hay una expansión de la amígdala. Las neuronas de allí hacen crecer nuevas prolongaciones, y suficientes de ellas —las sinapsis se vuelven más excitables—, suficientes prolongaciones como para que la amígdala se agrande de verdad en las imágenes estructurales del cerebro.
Y esto fue, ya sabéis, algo asombroso que convenció al Congreso en su día de que la gente que volvía de la guerra destrozada por el estrés postraumático no se estaba simplemente regodeando en lo que perduraba —uala—: cambios cerebrales, expansión de la amígdala en respuesta al trauma, trauma de combate, trauma sexual, cosas de ese tipo. Y eso iba de la mano, como ya oímos, de que el trauma y el estrés sostenidos encogen el hipocampo.
Y eso fue relevante hace un par de semanas. Uy: los glucocorticoides hacen que la amígdala se agrande y que el hipocampo se encoja durante el estrés crónico. Es la misma hormona, los mismos receptores y los mismos promotores. ¿Y cómo funciona eso?
Y lo que vimos fue lo que los diferencia, con distintos cofactores para los receptores de glucocorticoides. Vale. Así que el estrés postraumático consigue eso, el estrés postraumático agranda. Uno podría preguntarse... ya llegaremos con el tiempo a algunos de los cambios, cambios estructurales en el cerebro, con la depresión. Y en los dos casos te haces la pregunta de si estos efectos son reversibles.
Y en su mayor parte, no lo son. Y eso quizá no signifique que cuando te quitas el estrés postraumático la amígdala pueda encogerse de vuelta a un tamaño normal, de reactividad normal. Creo que más bien significa que a estas alturas nadie ha descubierto cómo curar a nadie del estrés postraumático, solo cómo darle medios para contenerlo mejor.
Vale, entonces tenemos las entradas a la amígdala, un montón. Sabemos que estamos listos para nuestro circuito. Conocemos dos de ellas en lo alto de nuestra lista: nuestra corteza prefrontal dorsolateral. Todas las maneras en que la corteza frontal intenta que la amígdala sea sensata: esa entrada ahí. Así que esa es una de nuestras dos entradas importantes.
La otra la vimos la otra semana: el hecho de que la información sensorial, por ejemplo la de tus ojos, entra y va al tálamo y luego va a la corteza visual y empieza a procesarse. Y todo ese asunto de cómo en menos de una décima de segundo hay este atajo directo del tálamo a la amígdala.
El tálamo sabe que hay algo terrorífico antes incluso de que tú seas consciente de ello. El tálamo sabe que hay algo terrorífico, y no es terriblemente preciso a la hora de averiguar qué es. Está mirando las salidas de la amígdala. Ya conocemos la puerta de la corteza prefrontal ventromedial hacia arriba, hacia la corteza. Conocemos ese trato. Conocemos el trato por SM: ese hallazgo tan improbable de que, cuando las amígdalas están destruidas, sus ojos no miran a los lugares más informativos de la cara.
Parte de lo que la amígdala hace es decirle a tus ojos dónde mirar. Otra proyección, tan importante que se me olvidó: ya hemos oído hablar del hipocampo. La amígdala habla con el hipocampo, y el hipocampo ayuda a la amígdala a formar recuerdos —recuerdos muy locales, otros más contextuales— sobre el miedo y el trauma. Y por último, esta área que creo que solo se ha mencionado una o dos veces: los ganglios basales.
Te sientas y piensas: «Voy a hacer esto con el brazo ahora mismo», y la corteza prefrontal dorsolateral habla con el área y habla con, habla con la corteza motora, y así haces esto. Alguien te asusta o algo y en una décima de segundo haces esto hacia él. Esta es la amígdala, gracias a eso: la amígdala mandando una señal rápida a los ganglios basales, que hablan con la corteza motora.
El síndrome de Williams
Cosas habituales, cosas reflejas. Y este es el mundo de los atajos talámicos, de la evaluación imprecisa, y de que se aprieta un gatillo. Así que, con ese retrato de la amígdala, empiezas a ver aspectos muy interesantes de la función amigdalina en un trastorno neurogenético del desarrollo, un trastorno increíblemente interesante llamado síndrome de Williams. Williams. Se me olvida qué genes son los que se borran.
Es todo un brazo de uno de los cromosomas o algo así. Hay toda clase de cosas. Hay problemas cardíacos. Hay una estructura facial distintiva, muy distintiva, la que tienen los niños con síndrome de Williams. Y si miras fotos de eso, la palabra que se usó hasta la saciedad en la literatura, pero que ahora se considera un poco más que insultante o algo así, es rasgos de elfo de cuento.
Y les verás las orejas un poco puntiagudas y una cara muy querúbica, muy élfica. Y no ha faltado la especulación de que los elfos tienen algún origen en el síndrome de Williams. El síndrome de Williams, en lo conductual, es superinteresante. De media hay cierto grado de deterioro cognitivo. Y de lo que oiremos hablar en la clase del lenguaje es de que, llamativamente, te encuentras individuos —el individuo medio, en ese rango de CI bastante por debajo de la media— y verás que no hay gran sofisticación en el uso del lenguaje.
Los niños con Williams son increíblemente verbales, articulados, con vocabularios enormes, todo eso, a pesar de tener a menudo un CI bastante por debajo de la media. Vamos a mirar eso en la clase del lenguaje: cómo aspectos de la producción del lenguaje pueden ser todo un módulo aparte de todo lo demás que compone la inteligencia. Vale, eso es interesante de los niños con Williams. Y luego lo más interesante de todo es que son hiperhipersociales.
Son increíblemente sociales. Son increíblemente afectuosos. Son famosos por, ya sabéis, ir corriendo a abrazar a desconocidos y todo eso. Y podéis apostar que los individuos con Williams que llegan a la edad adulta tienen toda clase de vulnerabilidades en ese terreno. Pero son hiperhiper, eh, expresivos emocionalmente, buenos leyendo expresiones faciales, todo eso.
Asombroso. Entonces, ¿qué pasa en su amígdala? Curiosamente, lo que ves es que les enseñas una serpiente que da miedo, les enseñas cualquier cosa estándar que dé miedo, y la amígdala está hiperactiva en las personas con síndrome de Williams. Uala. Eso es justo lo contrario de lo que esperarías. Pero ahora les enseñas la foto de una cara de enfado y la amígdala apenas responde.
Está cableada de alguna manera con este trastorno genético, cableada de modo que los humanos que dan miedo no dan miedo y en su lugar provocan toda clase de cosas prosociales. Y antes de que te des cuenta, vas corriendo a abrazar a desconocidos. Y hay cosas interesantes con la vasopresina y la oxitocina, pero esto es lo más interesante que hay ahí. Y aquí veis, en Williams, se le enseña a alguien con Williams una serpiente que da miedo.
Y esto activa, esto activa incluso más que la media. Mira: en el mundo de cosas que tienes que aprender a temer —y buena parte de eso va de nuestros semejantes—, y es hiporreactiva. Último dato breve sobre Williams, que creo que es una de las cosas más interesantes del universo, y todo sobre esta enfermedad/síndrome es fascinante.
Perros domesticados y los genes de Williams
Em, pero uno más: la gente ha identificado algunos de los genes que se han implicado en el síndrome de Williams. La hipersociabilidad, el afecto —el afecto, lo afectuosos que son—, todo eso se ha encontrado en otra especie. Y os doy una pista. No encuentras estos genes relevantes en los lobos. Pero parte de la domesticación de los perros es que tuvieron algunos cambios genéticos que se parecen algo a la genética de Williams.
Y de pronto tienes, como, golden retrievers dispuestos a babear en la cara de cualquiera y a la hipersociabilidad. Además, ves algunas diferencias entre razas. Las razas de perro que son más o menos amistosas parecen tener más o menos carga genética de este perfil tipo Williams. Totalmente interesante. Una vez más, lo que conseguimos criar en estos animales.
Así que tenemos la amígdala en estas circunstancias. Ya sabemos una cosa interesante de la amígdala, de cuando hablamos de la depresión. Sabemos que en las personas con depresión mayor la amígdala responde de forma atípica a fotos de cosas tristes en vez de a cosas que dan miedo. Y ya lo comentamos: «Uala, ¡eso es rarísimo!
Yo pensaba que la amígdala iba del miedo.» Y, como llegaremos a ver en un par de semanas, em, si eres alguien con depresión, lo que da más miedo en el mundo es cualquier cosa que pueda hacerte sentir más triste de lo que ya estás. Así que la amígdala desde luego tiene una respuesta especial ahí, en ese caso. Por último, miras a gente con fobias sociales y la amígdala, que responde con normalidad a las serpientes, que responde con normalidad a cualquier cosa así, es hiperreactiva a las caras de desconocidos.
Así que lo que estamos viendo aquí, con la amígdala, es un contraste entre cosas que no tienes que aprender y cosas que sí; un contraste entre cosas que son socialmente contextuales, cosas que tienen mucho que ver con decidir quién, como un «nosotros» de nuestra especie, da miedo y quién no. Frente a los mundos fáciles de, por ejemplo, colgar de una goma elástica, que va a activar la amígdala central todas las veces.
La corteza prefrontal: el freno
Así que, siendo eso interesante, obviamente lo siguiente es que vamos a pasar a la corteza frontal. Y ya nos sabemos el guion: la corteza frontal intentando suprimir la agresión a través de esto: la amígdala desmelenada, hiperemocional. Desbordando la corteza prefrontal durante el estrés. Durante el estrés, esta flecha se debilita. Durante el estrés, esta flecha se refuerza. Esta flecha también se refuerza.
Y hay una proyección de la corteza prefrontal dorsolateral hacia ahí abajo, que está vigilando por si esa amígdala idiota no le hace caso a nuestra señal inhibitoria y le dice a los ganglios basales que hagan algo impulsivo y desastroso. Tengamos también algunos efectos inhibitorios ahí. Así que inhibición aquí, inhibición aquí. Y durante el estrés, esta proyección también se debilita.
Todos los terrenos de la violencia impulsiva en circunstancias de miedo. Así que, cuando empezamos a mirar esta corteza frontal, no tanto controla la conducta como simplemente le susurra al oído al sistema límbico: «Yo no haría eso si fuera tú», simplemente pisando un poco el freno.
Por qué la corteza prefrontal es tan cara
Y en lo que eso acaba traduciéndose es en que la corteza frontal —la corteza prefrontal— es la parte del cerebro metabólicamente más cara. ¿Por qué? Aquí hay un ejemplo de cómo se vería esto. Y supongamos que tienes a una persona, un mono, una rata, que ha sido entrenada así: eh, es decir, se enciende la señal, que dice que es una de esas sesiones de aprendizaje.
Y el trato es que cada vez que parpadea una luz, si el individuo aprieta un botón, se lleva un M&M. Pasa algo bastante bueno. Así que aquí tenemos: estamos registrando, estamos mirando su corteza visual, y cada vez que se enciende la luz, tienes un fogonazo de actividad en la corteza visual. Y podías ver que cada vez que eso pasa, como un minutito después, un segundo después, la corteza motora se activa y aprietan el botón.
Y esto obviamente fue del procesamiento visual hacia arriba, a la corteza frontal, a la corteza prefrontal dorsolateral, diciendo: «Ajá, vale, mandemos ahora un mensaje para mover ese dedo. ¿Qué pasa?» Y la corteza prefrontal, en el segundo en que recibe la señal de que «ay, es una de esas sesiones», se enciende y se queda así, arriba. Ejemplos individuales, acciones individuales, llevar la cuenta de «estamos en una de esas sesiones en las que, cuando se enciende la luz, entonces aprietas el botón». La corteza prefrontal tiene que llevar la cuenta de cosas así.
Y como podéis ver ahí, es caro, lo que da lugar a un rasgo muy interesante de un montón de enfermedades neurológicas. Miras el alzhéimer, miras el párkinson, miras el huntington —un montón de ellas—, donde a menudo es otra parte del cerebro la que queda arrasada; en realidad, en las tres, es otra parte del cerebro la que queda arrasada, sitios distintos en cada caso, la zona donde ocurre el daño.
Y luego miras, y en todas ellas, y en un montón de otras enfermedades neurológicas, el número dos de la lista, el número tres de la lista, es la corteza prefrontal, que también queda dañada. En al menos una de estas enfermedades la corteza prefrontal se daña primero, y ves toda clase de desinhibición conductual. La corteza prefrontal es cara.
Las partes caras del cerebro son partes vulnerables del cerebro. Así que ya sabemos mucho de lo que pasa aquí: el núcleo accumbens, la proyección de dopamina del tegmental ventral hacia la corteza prefrontal. Esa es la motivación que te da la energía para estudiar día y noche para las oposiciones; esa es la que te da la motivación para ser capaz de decirle a la amígdala que no vaya y apriete un gatillo, si llegas a tiempo.
Qué pasa cuando se daña la corteza prefrontal
Así que la corteza prefrontal con eso, y ya tenemos una idea de qué pasa cuando se daña. Ya miramos con cierto detalle, al otro lado de la pizarra, las consecuencias del daño en la corteza prefrontal dorsolateral: desinhibición. Daño en la corteza prefrontal ventromedial: ninguna corazonada sobre nada, problemas para tomar decisiones, y las decisiones que tomas son despiadadamente utilitarias.
Pero cuando miras la corteza prefrontal en conjunto, la mayor parte se parece más a la dorsolateral que a la ventromedial. La ventromedial es solo, ya sabéis, la que recibe algunos susurros del sistema límbico. En conjunto, la corteza prefrontal se parece mucho más a la dorsolateral. ¿Qué pasa cuando tienes daño, daño extenso, en la corteza prefrontal?
Ya sabemos que es Phineas Gage en entornos contemporáneos. Lo ves cuando alguien tiene un ictus y es alguien cuyo comportamiento queda muy desinhibido después. Y esto es en residencias de mayores, donde tienes conductas agresivas por parte de algún octogenario que ha tenido un ictus frontal. Tienes casos espantosos de conducta sexual inapropiada, cosas de ese tipo.
El fallo McNaghten y la responsabilidad penal
Así que vemos más pruebas de lo que pasa aquí en términos de daño, lo que nos lleva a un tema que ahora mismo me toca muy de cerca: cómo el sistema de justicia penal no tiene ningún sentido. Todos los códigos de este planeta para decidir cuándo alguien no puede ser considerado responsable de sus actos criminales porque está loco, es psicótico o tiene un deterioro orgánico.
Cualquier cosa así gira siempre en torno a la misma decisión exacta y al mismo personaje histórico: un hombre llamado McNaghten que en los años cincuenta o sesenta del siglo XIX —no lo sé, en algún momento— intentó asesinar al primer ministro de Inglaterra. No lo consiguió, pero mató al ayudante del primer ministro o algo por el estilo. Y cuando lo llevaron a juicio, lo que era evidente para todo el mundo era que McNaghten estaba muy, muy perturbado.
Y cuando, cuando se miraba su historia, había sido un tipo perfectamente «centrado». Creo que tenía su propio negocio, comerciante o algo así. Y empezó a oír voces al principio de sus veinte. Se echó a vagar; se echó a oír voces que le decían que matara al primer ministro por algún agravio imaginado o lo que fuera.
Y en la clase de esquizofrenia oiremos lo clásico que puede ser este perfil. Todo el mundo, en retrospectiva, cree que McNaghten tenía esquizofrenia. Disparó a la persona; hirió al primer ministro en el proceso, y en el juicio tuvimos un acontecimiento histórico notable: incluso la acusación, junto con la defensa y los jueces, dijo: «Este hombre es tan anormal que sería un crimen condenarlo criminalmente.» Y McNaghten pasó el resto de su vida en un hospital psiquiátrico.
Este fue prácticamente el primer caso de «inocente por razón de locura» o «culpable pero loco», algo por el estilo. Como era de prever, la prensa inglesa se volvió loca en ese momento. «¡Dios mío, este tío se sale con la suya después de intentar matar al primer ministro!» La propia reina Victoria se puso en contacto con los jueces, diciendo que aquella había sido una decisión muy, muy imprudente.
No castigar a este hombre por lo que hizo. Aun así, un hito. ¿Qué es lo que se formalizó a partir del fallo McNaghten para decidir si alguien está demasiado deteriorado psiquiátrica o neurológicamente como para ser responsable de sus actos, si ya no sabe la diferencia entre el bien y el mal?
Ese es el fallo McNaghten. Si estabas tan desorganizado en el pensamiento, tan psicótico, tan empujado por voces en la cabeza, alucinaciones, lo que fuera, que ya no puedes distinguir qué está bien y qué está mal, eso es motivo para que prospere una defensa por enajenación mental, que, por cierto, es increíblemente rara en el sistema legal. Vale, estupendo. Pero ahora miras a alguien con daño frontal, y aquí es donde tienes un reto enorme, porque es alguien que sigue sabiendo la diferencia entre el bien y el mal.
Es alguien que puede decirte las reglas. Es alguien que puede decirte lo irritado que está consigo mismo la última vez que hizo algo impulsivo y no salió bien. Y «esta vez voy a resistirme de verdad, de verdad, de verdad». Y luego hacen exactamente lo que esperarías de alguien con daño en su corteza prefrontal.
Uala. Sabes la diferencia entre el bien y el mal. Y aun así no puedes regular tu conducta. El control involuntario de cosas así. Y ese es más o menos el punto de fricción. Hay muy pocos jurados en este país, y muy pocos tribunales o cosa parecida, interesados en alguien que sabe la diferencia entre el bien y el mal pero que, porque le destruyeron la corteza frontal en algún accidente, no puede regular su conducta.
Y lo asombroso de eso es, otra vez, que la persona puede verbalizar cuáles son las reglas y dirá: «Ay, ya sé. Ya sé que es tentador apretar ese botón, pero no es tan buena recompensa. Voy a apretar ese otro. Tengo que esperar más, pero será una recompensa estupenda. Es tentador hacer aquello, pero voy a hacer el que exige más, porque saco mejor recompensa.» Y, y, y luego, en el último momento, van y estiran la mano hacia el equivocado.
Estoy bastante seguro de que acabo de intercambiar las contingencias, pero entendéis lo que digo. Hasta pueden decirte: «Voy a hacer lo más difícil, porque a la larga compensa más.» Y pueden decir: «Vamos allá.» Y luego, en el último instante, si la circunstancia está lo bastante cargada emocionalmente, acabas con ellos estirando la mano hacia el lado equivocado.
Y como he señalado ya unas cuantas veces, la corteza frontal, la corteza prefrontal: una historia de daño en ella por traumatismo craneoencefálico conmocional, y según el estudio, entre el 25 y el 75 % de las personas en el corredor de la muerte de este país tienen daño ahí. Y puedes tener a alguien que, sin ninguna duda, sigue sabiendo la diferencia entre el bien y el mal, y aun así no puede regular su conducta.
La sociopatía adquirida
En circunstancias de alta activación emocional, ¿qué pasa si la corteza prefrontal se daña en alguien cuando es muy pequeño? A menudo ni siquiera aprenden las reglas de la diferencia entre el bien y el mal. Y a esto se le ha acabado llamando, creo que fue Damasio quien usó el término primero, sociopatía adquirida. Así que esto nos lleva a considerar, ya sabéis, a los sociópatas y a otra gente, las diferencias individuales, y lo bien que funciona la corteza prefrontal.
Ya sabemos que el estrés, el estrés arrasa con la función prefrontal, y a estas alturas sabemos un montón sobre cómo funciona eso a nivel molecular. Así que mucho estrés en tu vida, y eso no va a pintar bien. Mucho estrés en tu vida y tu corteza prefrontal se adelgaza. Las dendritas de las neuronas de ahí se encogen y cosas así, y te vuelves mucho peor regulando tu conducta.
Los dos extremos del espectro
Así que esto saca a relucir dos perfiles distintos en personas de los extremos opuestos del espectro. El primero: la personalidad represiva. Es como ese compañero de habitación de primero al que ojalá le pudieras robar una pizca de su autodisciplina. Trabajan como locos. Resisten la tentación. Tienen vidas muy estructuradas. Tienen patrones que siguen cada día, y muy... van andando al trabajo siempre por el mismo camino.
Comen siempre lo mismo. Tienen estas vidas tan, tan reglamentadas, con un control durísimo de sus emociones. Reprimen sus emociones. Son malísimos leyendo las emociones de los demás. Personalidad represiva. Dios mío, ¡qué perfil psiquiátrico tan incapacitante!
Son personas con mucho éxito. Están supermotivadas. Tienen autodisciplina. Todo eso. Son personas que siempre pueden estudiar en vez de salir de fiesta. Personalidad represiva. Uala, qué interesante. Entonces, ¿qué pasa en ellos?
Y miras su fisiología y es exactamente lo que esperarías. Metabolismo frontal elevado, como si se apretaran el esfínter psíquico con fuerza todo el rato, con la corteza frontal trabajando, y niveles elevados de glucocorticoides. Uala. ¿Y eso de qué va?
Creo que esto da una lección fascinante: a veces puede ser increíblemente estresante construir un mundo tan predecible que nunca te pueda pasar nada estresante. Eso no sale barato. Así que, metabolismo elevado en la corteza prefrontal. Y lo que también podrías esperar es que, cuando le lanzas una bola curva a alguien con personalidad represiva, algo que no se puede controlar, algo que es impredecible, cuando las cosas se descontrolan.
Se descomponen en el sentido del metabolismo cortical frontal. Se descomponen en el sentido emocional. Se descomponen cuando todo ese esfuerzo por tener un mundo bonito y construido de forma segura resulta no ser suficiente. Cuesta una fortuna rodearte todo el rato de un muro que te mantiene a salvo, que lo deja todo fuera; no sale barato tener una vida sin estrés, sobre todo cuando resulta que eso es ineficaz.
El cerebro del sociópata en el escáner
En contraste, en el otro extremo del espectro, tenemos a los sociópatas. Sociópatas. Y dentro de un rato oiremos cosas sobre su sistema nervioso autónomo. Pero lo más, más interesante de ellos es la evidencia de cierta atrofia en la corteza frontal, la evidencia de una función anómala de la corteza prefrontal, y lo es de una manera interesante.
Así que aquí pones a alguien en el escáner cerebral, un sujeto de control o un individuo sociópata. Y, por cierto, la gente de este negocio distingue con mucha limpieza entre sociópatas y psicópatas. Y yo nunca consigo acordarme de cuál es cuál. Así que los uso indistintamente. Pero lo que ves es que, en condiciones de reposo, los sociópatas tienen menos actividad en reposo en la corteza prefrontal.
El freno no está puesto. Oiremos muchísimo más sobre su capacidad o incapacidad afectiva para sentir el dolor de cualquiera, pero el nivel de metabolismo en reposo en la corteza prefrontal es más bajo. Ahora dales una tarea, una tarea que exija función frontal —los meses del año al revés, lo que sea—, una tarea frontal. Y para tener el mismo grado de éxito en la tarea, para sacar la misma puntuación que un sujeto de control, los individuos sociópatas tienen que activar la corteza prefrontal mucho más de lo normal.
Tiene que esforzarse más para lograr niveles normales de autorregulación. Y no funciona muy bien. ¿Y qué más? ¿Qué más? Sabemos que la corteza prefrontal se desconecta por completo durante el orgasmo. Se desconecta durante el sueño REM, y por eso los sueños son oníricos. Cosas de ese tipo. Y lo que sacamos de ahí es que debería haber una dicotomía interesante entre la violencia y la agresión premeditadas y la violencia y la agresión impulsivas, y qué tienen que ver con eso la corteza prefrontal y la amígdala.
Y son dos bestias completamente distintas. Una corteza prefrontal deteriorada y una amígdala hiperactiva tienen que ver con que las cosas vayan muy, muy mal en la violencia impulsiva. Y tienen mucho menos que ver con la violencia premeditada. Y veremos dentro de un rato que cosas como las leyes de condena para los actos violentos, que se vuelvan más duras, menos duras o lo que sea, tienen efectos maravillosamente limitantes sobre la violencia premeditada y prácticamente ningún efecto sobre la violencia impulsiva.
Elegir lo difícil cuando lo fácil está a la vista
Más piezas, más piezas sobre la corteza prefrontal. Así que uno puede empezar a sentirse, eh, orgulloso de que los humanos tenemos la corteza prefrontal más grande de todas y todo eso. Y otras especies, otras especies no tienen tanta. Aun así, pueden hacer algunos de los mismos trucos cognitivos.
Aquí, por ejemplo, aquí tenemos un organismo y está dentro de esta zona y tiene una tarea fácil y tentadora y tiene la de «hacer lo más difícil», que es esta. Si aprietan una palanca dos veces, obtienen una recompensa. Y con esta, si trabajan el doble, obtienen el triple de recompensa.
Y es totalmente obvio que eso es lo que deberías hacer. Y lo que ves en su lugar es que todas y cada una de las veces van a por aquella. Ahora, en cambio, haz el estudio en el que la fácil y tentadora está en esta habitación y la de trabajar duro está en esa habitación, y ellos están fuera. Tienen que elegir la habitación.
Y ves que en esa circunstancia es mucho más probable que puedan hacer esto. Ay, no eres tan listo. Es tan atractiva, y ya sé que casi no tengo que hacer nada. Y «¡ay, Dios, esa es agotadora!». Así que voy a... y aquí, cuando hay cierta distancia, cuando parte del atractivo del momento se atenúa, tienes más control frontal sobre tus decisiones.
Así que eso está genial. Lo que también está genial es que estos son pichones. Estos son estudios hechos con pichones. Un tipo llamado George Ainslie hizo estos estudios en los setenta, mostrando que si atenuabas el atractivo emocional —emocional, el sistema límbico de los pichones—, pero incluso así, si les hacías un poco menos capaces de mirar esa palanca que es tan, tan tentadora, puedes conseguir más regulación de la conducta.
Y ves exactamente lo mismo en personas y en chimpancés. Por ejemplo, tienes un niño, tienes un niño, o tienes a alguien con daño frontal, o un chimpancé. Y el trato es este. El sujeto, el investigador, se queda ahí de pie y esta mano tiene un M&M y esta mano tiene cinco M&M, y puedes quedarte con el que quieras.
Y al cabo de un rato, el individuo aprende que si estiras la mano hacia el de un M&M pasa algo muy distinto: si estiras la mano hacia el de cinco, el investigador retira la mano rapidísimo y te da un M&M de recompensa. Estiras la mano hacia el de un M&M y te llevas cinco M&M de recompensa. Muestra algo de autocontrol.
No estires la mano hacia los cinco M&M, porque sacas un pago mucho mejor si estiras la mano hacia el de uno. Y los niños no pueden hacer esto. Los niños incluso lo verbalizan: «Ya sé. Ya sé que debería estirar la mano hacia el de uno, porque eso es mejor.» Los sociópatas no pueden hacer esto. Los chimpancés no pueden hacer esto. Pero ahora haz que el señuelo, que el estímulo, esté un poco menos ahí mismo, delante de tu cara.
Sepáralo un poco. Ahora, en cambio, cinco imanes y un imán. Estira la mano hacia los cinco imanes y te llevas un M&M. Estira la mano hacia el imán y te llevas cinco M&M. Y ahora, de repente, los niños, los sociópatas y los chimpancés pueden hacer la tarea, y pueden regularse lo bastante como para decir: «Cinco cositas magnéticas, no sé, eso no me llega mucho.
Voy a por el de uno. Sabemos que compensa más.» Pero, en cambio, si son M&M ahí mismo, los estás mirando y ya los saboreas, y sabes que «voy a estirar la mano hacia el de uno», y todas las veces vas y te llevas los cinco, porque estás mucho más cerca. Ahí hay más atractivo emocional en la tentación.
Cuándo la amígdala se suelta del freno
Así que eso, como medida de que la amígdala puede salirse con la suya más fácilmente, puede pasar por encima de la regulación frontal cuando lo tienes justo delante de la cara, cuando es en el momento, cuando es impulsivo, cuando puedes oler el chocolate, o cuando ves la cara de esa persona que odias más allá de las palabras justo delante de ti.
Y es entonces cuando la amígdala se suelta de la regulación de la corteza frontal. Un par de cosas más sobre la corteza prefrontal. Así que la dañas y tienes violencia impulsiva. Tienes desinhibición. Tienes a gente diciéndole a otra gente que no soporta su peinado o algo por el estilo, aunque eso sea una metedura de pata y todo eso.
¿Por qué no es más a menudo el caso de que, cuando tienes daño en la corteza prefrontal, tengas a gente que ahora va por ahí regalando sus ahorros de toda la vida a una ONG y pidiendo matrimonio a desconocidos y todo eso?
Nadie entiende por qué la desinhibición suele ir en la dirección de la conducta antisocial y no de la prosocial. Última cosa sobre la corteza frontal en relación con todo esto. Así que ya hemos oído que la corteza prefrontal es carísima, vulnerable. ¿Qué pasa durante el envejecimiento?
Y resulta que la corteza prefrontal, y la corteza frontal en general, es uno de los puntos calientes del cerebro donde las neuronas mueren a lo largo del envejecimiento. Las viejas historias de «pierdes cantidades enormes de neuronas cada día unos tres días después de licenciarte». No, no hay pérdida masiva de neuronas, pero hay unas cuantas áreas donde la pérdida es sustancial, y la corteza prefrontal está cerca de lo más alto de la lista.
Y otra vez, por lo cara que es, por lo vulnerable. ¿Qué empezamos a explicar aquí? Ay, no: la abuela que ofende a sus nietos diciendo que le parece que su peinado es horrible, o ese «no, no te puedes casar con esa persona, y es terrible para ti» desinhibido, y... ay, la gente mayor tiende a desinhibirse.
¿Cuál es la interpretación clásica de eso? Que a medida que envejecemos estamos más a gusto con quienes somos. Hemos llegado a aceptar quiénes somos. Entendemos que ser como todo el mundo no es para tanto como lo pintan. Somos menos vulnerables a la conformidad, a la presión del grupo, a todo eso. Ya sabéis, la vejez es una etapa en la que estás más contento con quien eres.
Y si quieres decir algo, lo vas a decir y ya no tienes esas inhibiciones sociales. Y yo digo: «¡Ni de broma, eso no es lo que está pasando!» Porque la corteza prefrontal va perdiendo neuronas a medida que envejeces. Te desinhibes. Otra vez, una parte muy cara del cerebro. Así que ya sabemos un montón de cosas sobre la amígdala y la corteza frontal interactuando, describiendo y explicando la observación general de que, cuanto más alto es el nivel de activación prefrontal en reposo de alguien, más bajo es el nivel amigdalino.
El septum y el hipotálamo lateral
Una relación inversa. Vale. Pasamos a otras regiones del cerebro. El septum. Oímos mencionar el septum en aquella clase del sistema límbico, y lo vamos a mencionar una vez más en una frase aquí y nunca volveremos a pensar en el septum. En muchos sentidos, el septum hace lo contrario de la amígdala. El septum inhibe la agresión impulsiva.
Y por eso, si lesionas el septum, si destruyes el septum en una rata, tienes furia septal. Y una rata que es agresiva hasta el exceso. Vale. Así que nuestro tema de que una parte del sistema límbico pisa el acelerador, y la otra, el freno, trabajando en oposición, compitiendo por decirle al hipotálamo y a la corteza qué tienen que hacer.
Otra región: el hipotálamo lateral, que antes iba todo de la agresión. Y ya lo he mencionado antes: en los años sesenta, una década entera de investigación se fue por el desagüe porque la gente que estudiaba el hipotálamo lateral, viendo sus efectos conductuales, pensaba que estaba viendo agresión, y resultó que estaba viendo depredación. Y esas son dos cosas completamente distintas, y eso también dio lugar a toda clase de patrañas.
A principios de los sesenta había un falso antropólogo llamado Robert Ardrey que publicaba un superventas tras otro: Man the Hunter —me estoy olvidando—, The Territorial Imperative, increíblemente influyentes. Y cometió un error básico y espantoso: entremezcló la neurobiología de la depredación con la neurobiología de la agresión y dijo: «Ah, en cuanto los humanos se hicieron cazadores y probaron la carne, es inevitable que los humanos seamos violentos, porque la caza y la violencia van de la mano, y ese es nuestro legado y no podemos hacer nada al respecto.» No: cazar es neurobiológicamente lo mismo que abrir una caja de cereales.
La cingulada anterior y el dolor ajeno
La gente perdió un montón de trabajo. Y cosas así, metiéndose por ese callejón. Más áreas. Conocemos la cingulada anterior y su papel en la empatía, en sentir el dolor de otro. Y veremos dónde es eso realmente relevante para intentar limitar y contener los impulsos agresivos, y cuándo falla. Y sabemos que en la cingulada anterior está el centro de todo ese asunto emocional, el sistema límbico hablando con toda la corteza, incluida la cingulada anterior.
Ese es tu experimento de sentir. Ese no es tu experimento de pensar. Ese es tu experimento de sentir. ¿Cómo va a sentirse si hago esto, y el resultado es este, y esto les pasa a ellos? Eh, ¿cómo se van a sentir ellos?
Así que la cingulada anterior es relevante para eso, sin invocar la noción de neuronas espejo. Y ahí, eso ya lo hemos oído. Vale. Así que ahora volvemos a la ínsula. Y la ínsula es ahora una puerta a toda clase de cosas guays del cerebro y la conducta. Ya sabemos lo básico de ella.
La ínsula: del asco gustativo al asco moral
En todos los demás mamíferos que hay, es asco gustativo. También recibe algo de asco olfativo. En nosotros, es imaginárselo. En nosotros, es asco moral. Fascinante. Y con lo que nos quedamos es con: «oye, eso es interesante». Asco moral. El asco... eso es solo una metáfora. Las neuronas de la corteza insular no pueden distinguir entre comida asquerosa y actos morales asquerosos.
¿Cómo pasó eso? Las violaciones de normas morales tienen 20.000 años. La ínsula tiene 100 millones de años. Y alguien decidió: «ya sabes, pásale esto a la corteza insular». La evolución no es una inventora. Es una manitas. Y lo que vimos ahí es una primera aproximación a cómo el cerebro tiene problemas para distinguir entre la realidad y la metáfora en la corteza insular.
Eso lo vimos en la clase sobre sexo la semana pasada. El cerebro tiene muchos problemas para distinguir entre la belleza externa y la belleza interna, cosas metafóricas. El cerebro ha tenido que meter a la fuerza nuevas maneras metafóricas de hacer cosas sutiles en lo social en los últimos 10.000 o 20.000 años, y tratar con una parte del cerebro de 100 millones de años para que se meta ahí de algún modo, y acabas teniendo un cerebro que confunde la realidad con la metáfora con mucha facilidad.
Un ejemplo de eso: ya conocemos la cingulada anterior. Pincha el dedo a alguien y su cingulada anterior se activa junto con otras áreas del dolor; pínchale el dedo a un ser querido de alguien y sientes su dolor. Ay, venga ya. No estás sintiendo de verdad su dolor. Para una neurona de la cingulada anterior, sí lo está sintiendo.
No puede distinguir entre las dos cosas. Y un hallazgo muy interesante relacionado con eso: hay un neurotransmisor llamado sustancia P. Es tan oscuro que ni siquiera ha llegado a tener un nombre llamativo. Sigue siendo esa sustancia P porque las letras de la A a la O resultó que no eran interesantes. La sustancia P tiene algo que ver con el dolor, mediando las vías del dolor.
Ah, hubo un pequeño arranque de literatura hace tiempo, que se topó con un muro, y no sé por qué: usar fármacos que bloqueaban los receptores de sustancia P tenían propiedades antidepresivas. Uala. Dolor. Estamos hablando de vías del dolor. Estamos hablando de, ya sabéis, tus células abriéndose en canal por una herida y todo eso.
Y el dolor psíquico usa parte del mismo material neurotransmisor en la cingulada anterior. Sentir el dolor de otro, para una neurona de la cingulada anterior, puede sentirse tan real como el propio dolor. La empatía así, su neurobiología. Tenía que meterse en algún sitio. Hagamos que la parte del cerebro que hace el dolor literal haga también el dolor psíquico, el dolor empático.
Asco, patógenos y xenofobia
Otra versión de esto: te enchufas a las vías del asco, a las vías de la enfermedad y tal. Y en estudios puedes ver que si haces que la gente lea un articulito sobre, por ejemplo, bacterias resistentes a los antibióticos y bacterias que se comen el cerebro, y patógenos, y la amenaza de nuevos que emergen de quién sabe dónde en este planeta. Cuando alguien se sienta y lo lee con bastante intensidad, y en la resaca, de media, son más hostiles a la inmigración, legal o de la otra.
Uy, cosas infecciosas que entran de ahí fuera. Esta parte del cerebro donde tenemos otra vez la ínsula, diciendo: «Uy, bichos asquerosos, patógenos asquerosos, gente asquerosa que no es de aquí», mezclando otra vez las dos cosas en ese sentido. Y una lectura recomendada para hoy es ese texto tan legible de The Atlantic sobre cómo la xenofobia interactúa con las posturas políticas de la gente, interactúa con su umbral del asco, exactamente como se ha insinuado.
El efecto Lady Macbeth
Y luego hay otro terreno en el que el cerebro cae en la metáfora y se la toma al pie de la letra. Y a esto se le ha acabado llamando el efecto Lady Macbeth, el fenómeno Lady Macbeth. Sienta a alguien y haz que te cuente algo neutro que hizo una vez en su vida, o algo maravilloso que hizo, o algo espantoso y asqueroso e inmoral, o deja que escriba sobre ello de forma anónima o algo por el estilo.
Y lo que ves es que cuando la gente ha estado reflexionando sobre cosas realmente malas que puede que haya hecho, se siente sucia. Se siente sucia en lo que resulta ser un sentido muy literal. Dales, ya sabes, un pasatiempo para rellenar, tipo: «vale, rellena esto. Completa esta palabra. Completa esta palabra.» Y esa podría ser «deseo». Esa podría ser «deseo». Y a un nivel por encima del azar, si acabas de contar algo espantoso que has hecho en el pasado, comparado con neutro o positivo, es más probable que digas «lavar». Es más probable que en vez de «lazo» o «liso» digas... es más probable que te salga «jabón». Es más probable: tienes limpiarte más en la cabeza.
Más estudios así: la gente viene y hace algún voluntariado en el que te cuenta algo maravilloso que hizo o algo horrible. Y después le dices: «Ya sabes, no podemos pagarte, pero o te damos este paquetito de toallitas para las manos como agradecimiento, o este bolígrafo con el nombre del Departamento de Psicología como agradecimiento.» Y cuando la gente acaba de pasar un rato hablando de cosas asquerosas que ha hecho, van más a por las toallitas de manos.
Otras versiones de esto: puedes mostrar que la gente difiere en si quiere lavarse las manos o cepillarse los dientes, según si han estado escribiendo sobre algo horrible que han hecho. «Tienes las manos sucias»: contando algo tan horrible que han hecho. «Tienes la boca sucia.» Todo eso. Es un hallazgo bastante consistente.
Esto es bastante fiable, y lo que te está diciendo es: sentirse moralmente sucio y sentirse físicamente sucio. Hay algunas neuronas ahí dentro que no pueden distinguir la diferencia. Y la ínsula está justo en el centro de esto. Y lo que ves después es confusión: la suciedad moral te dan ganas de limpiarte las manos o enjuagarte la boca o lo que sea.
Así que aquí está lo más interesante de ese hallazgo. Tienes a alguien que acaba de tener que contarte algo horrible y asqueroso que ha hecho, y ahora montas un experimento en el laboratorio. Alguien pasa por ahí andando y lleva una pila de libros o papeles o lo que sea. Y, ay no, tropieza justo delante de esta persona y lo tira todo al suelo.
¿Qué probabilidad hay de que esta persona se levante de un salto a ayudarle? Y si acabas de estar contándole a alguien cosas horribles que has hecho, te vuelves más propenso a levantarte de un salto y ayudar. Si has estado contándole a alguien cosas horribles que has hecho, pero has tenido la ocasión de lavarte las manos, de hacer una pausa, de ir al baño, lo que sea, antes de que hagamos más pruebas y de «desensuciarte», ahora eres menos propenso a levantarte de un salto y ayudar.
Te has lavado las manos de eso. Lady Macbeth, Poncio Pilato: todas esas metáforas en nuestras mentes son tan literales que la capacidad de lavarnos las manos va a cambiar nuestra conducta de ayuda. Así que, cosas geniales. ¿Qué nos está diciendo esto?
Nos está diciendo algo incómodo. Ay, no: confundes la belleza externa y la belleza interna. Ay, no. Ahora te sientes menos propenso a ayudar a alguien si puedes, ya sabes, desinfectar tu casa después de, por ejemplo, haberle robado a la anciana su máquina de diálisis. Quién sabe qué.
Uala. Todo eso. Por el lado bueno, esto es otra vez este terreno. Necesitas asociaciones emocionales fuertes de vez en cuando para hacer lo correcto cuando es lo más difícil de hacer. Y si el asco moral te revuelve el estómago, eso puede ser algo muy útil a veces. Una vez más, como vimos antes, de una forma libre de valores, podrías necesitar el asco para levantarte y tratar de enderezar un entuerto, o puedes tenerlo para levantarte y trabajar duro en cometer un entuerto, o todo eso.
¿Pensamos o sentimos las decisiones morales?
Pero tenemos este cerebro metafórico que es muy relevante para cosas como esta. Vale. Así que con lo que estamos jugando aquí es con esa gran pregunta clásica de la filosofía moral, la toma de decisiones morales. ¿Llegamos a una decisión moral pensando o llegamos sintiendo?
Ya vimos ese trabajo con Josh Greene en nuestro problema del tranvía, el tranvía descontrolado. ¿Tiras de una palanca o no para matar a alguien y salvar a cinco? Eso es un proceso cortical. Eso es corteza frontal. Eso es corteza prefrontal dorsolateral. ¿Los empujas con las manos?
Eso es el sistema límbico. Eso es la corteza prefrontal ventromedial. Vías completamente distintas relevantes para esa toma de decisiones. Y la filosofía moral ha estado dominada desde siempre, cómo no, por la idea de que llegamos a nuestras decisiones morales pensando. Estamos en una encrucijada entre hacer lo malo o lo bueno, y solo tenemos un segundo para decidir, ¿y qué hacemos?
Pensamos en qué habría hecho un Immanuel Kant en ese momento. Qué aprendí yo en filosofía de primero. Ya. «¡Ay, somos seres ultramegarracionales!» Así que, por supuesto, tomamos y pensamos nuestras decisiones morales. Y lo que la gente ha ido dándose cuenta cada vez más en los últimos años es que, qué va: la mayoría de las veces llegamos a una decisión moral sintiendo.
Haidt y la prueba de tornasol moral
Y lo que ves en la resaca es a ti intentando racionalizar tu decisión emocional para que parezca como si hubiera sido racional. Aquí ves un gran ejemplo de esto en el trabajo de Jonathan Haidt, en la NYU. Es uno de los líderes en esto, que de verdad cambió el campo hacia pensar que llegas a las decisiones emocionales sintiendo, en vez de pensando.
Cosas de imagen cerebral: tienes uno de esos retos de qué es lo correcto. Y lo que su trabajo ha mostrado, y desde entonces se ha replicado en otras personas, es que puedes ver que la decisión se toma en el sistema límbico antes de que la corteza entre en juego. La corteza buscando una explicación para la decisión emocional que has tomado.
Y Haidt da una especie de prueba de tornasol buenísima para saber cuándo está pasando esto. Si alguien te dice: «No puedo decirte por qué, pero cuando esa gente hace eso, está mal. Simplemente está mal. No, no puedo señalar exactamente qué es lo que está mal, pero simplemente está mal.» Lo que estás viendo es un sistema límbico que acaba de llegar sintiendo a una decisión moral y una corteza que todavía no ha encontrado una explicación que supuestamente la justifique.
Y si la persona luego, una semana después, vuelve y dice: «Oye, he estado pensándolo. Aquí está por qué no está bien que hagan esa otra cosa distinta.» Todo lo que significa es que ha tenido una semana para que su corteza encuentre una racionalización de por qué su decisión límbica era racional.
Si alguien dice: «No puedo decirte por qué, pero está mal cuando hacen eso», o «esto es lo mejor que se puede hacer, o sea, esto es lo más moral», o le oyes decir algo así, y acabas de demostrar cuánto de nuestra toma de decisiones morales está impulsado por las emociones en vez de por el pensamiento.
Rabia y sistema nervioso autónomo
Más cosas. Otra área del cerebro que es muy relevante para los actos agresivos, y es parte del hipotálamo, del tronco del encéfalo y del mesencéfalo. Vale, ¿de qué van? Están modulando la función del sistema nervioso autónomo. Y miras a alguien que está en un ataque de rabia y acaba de cometer un asesinato salvaje y todo eso.
Gran sorpresa: el sistema nervioso simpático suele estar activado y se están secretando hormonas del estrés. Así que el hipotálamo y las áreas relevantes del mesencéfalo y el tronco del encéfalo hacen lo suyo para apagar el parasimpático y encender el simpático, y ponerse hecho una furia y cometer ese acto violento. Y luego miras a alguien con una alta excitación sexual, y ya sabemos que acabas apagando el parasimpático y encendiendo el simpático.
Tienes la misma firma autónoma para la rabia, la excitación sexual, el orgasmo, el amor intenso, la inmensidad de los sentimientos intensos, todo eso: se parecen. Porque tanto si estás corriendo por tu vida como si corres para acabar en los brazos de alguien a quien quieres, o lo que sea, tu corazón va a tener que latir más rápido para, por ejemplo, llevar sangre a los músculos de las piernas.
Tienes una firma muy parecida. Ahora bien, ya vimos la relevancia de esto. Esta es la razón por la que la teoría de James-Lange no podía ser correcta en su versión de 1900, que es: «tu cuerpo decide qué estás sintiendo en función de lo que está pasando en tu cuerpo». Y no funciona así, porque tus respuestas corporales tardan uno o dos segundos y tu cerebro es mucho más rápido que eso.
Lo que hace tu respuesta corporal, tu información interoceptiva llegando al cerebro, es decirte con qué intensidad lo estás sintiendo. Así que el punto era: tienes firmas autónomas parecidas para estados emocionales muy distintos. Ahora traduzcámoslo a este terreno. ¿Qué significa que en momentos de rabia intensa o de amor intenso tus ciclos cardíacos hagan lo mismo, y tu simpático, y sea indistinguible?
Creo que una cita maravillosamente conmovedora, la famosa declaración del premio de la Paz Wiesel: «El contrario del amor no es el odio. El contrario del amor es la indiferencia.» Y cuando miras la fisiología del amor y del odio, las dos tienen mucho más en común entre sí que cualquiera de ellas con la indiferencia. Y el argumento de Wiesel es que algunos de los mayores dolores del mundo no se deben a dejar de mostrar amor y mostrar odio en su lugar, sino a dejar de mostrar amor y mostrar indiferencia.
Y eso está absolutamente claro si miras el sistema nervioso autónomo. Vale. Así que ahora cambiamos a la siguiente media cesta. Ahora miramos: ¿cuál es la neuroquímica? Conocemos las regiones cerebrales relevantes. ¿Cuál es la neuroquímica que influye en si harás lo correcto, lo incorrecto, lo salvaje, lo empático, lo que sea?
Y sí, la dopamina tiene algo que ver. Gran sorpresa. Y ya sabemos que una de las cosas clave que hace es alimentar la corteza prefrontal: esa proyección de dopamina mesocortical que llega ahí. Le da a la corteza prefrontal algo de la motivación, algo de la espina dorsal, algo del empuje necesario para hacer lo más difícil cuando es lo correcto.
Serotonina y agresión impulsiva
Así que ya sabemos el papel de la dopamina, pero aquí traemos otro neurotransmisor del que hemos oído muy poco hasta ahora: la serotonina. Miramos el sistema serotoninérgico. Pues ya hay una literatura —roedores, monos, humanos— que sugiere que cuando tienes niveles bajos de serotonina, menos serotonina liberada en las sinapsis serotoninérgicas —no en todas las sinapsis de todas las partes del cerebro, pero sí en partes del cerebro relevantes para la agresión—.
Cuando los niveles de serotonina son bajos, es más probable que tengas conducta agresiva y violenta. Hm. Así que la gente hizo toda clase de estudios lógicos en ese punto. Supón que eliminas el precursor, la cosa en la que se convierte la serotonina, el aminoácido triptófano. Triptófano: hay un par de pasos, y se convierte. Supón que eliminas esto para que los niveles de serotonina bajen.
Consigues que tu rata de laboratorio sea más agresiva. Sube los niveles de esto: lo contrario. Tienes esta enzima, la triptófano hidroxilasa, que es clave para fabricar serotonina. Bloquea su actividad. La serotonina baja, la agresión sube. Haz lo contrario. Así que esa es una literatura bastante sólida. Serotonina baja, agresión alta. Lo que la gente acabó descubriendo es que todos estos hallazgos no iban de la agresión.
Iban de la agresión impulsiva en el momento. Las manipulaciones de la serotonina no tienen nada que ver con premeditar violencia. Todo era cosa impulsiva. Así que la gente se puso a buscar predictores de quién tenía buenos sistemas serotoninérgicos y quién no. Y hubo un par de artículos, en mi opinión, espantosamente malos, que se publicaron. Uno de ellos en Science, que tenía algunos de los razonamientos más sucios que hay.
O sea, yo llevo, ya sabéis, quejándome de ese artículo 30 años, y acabó siendo extremadamente influyente. Pero si lo miras de cerca, hay cosas interesantes pasando. Así que sabemos de neurotransmisores. La serotonina sale. Potencial de acción aquí. La serotonina cruza la sinapsis flotando, se une al receptor, y luego sabemos que en ese punto pueden pasar dos cosas: que una bomba de recaptación la saque de la sinapsis.
Se acabó la señal de serotonina, o una enzima degradativa puede coger la serotonina y partirla en dos y tirarla por el desagüe hacia tu líquido cefalorraquídeo. Terminas una señal de serotonina o por recaptación o por degradación. Y lo que empezó a quedar claro en algunos de los estudios con animales es que el gen de esta enzima, la MAO (monoaminooxidasa).
Hay distintos subtipos de ellas, pero eso lo ignoramos. Es que hay distintas variantes genéticas de ellas, y variaban en lo buenas que eran limpiando la sinapsis de serotonina, lo que llevó a toda clase de predicciones sobre lo que esperarías ver. Uy, si tuvieras la versión del gen MAO que era muy buena descomponiendo la serotonina, vas a tener escasez de serotonina, más agresión.
Caspi y la interacción gen-entorno
Esa era la predicción. Y la gente fue a mirarlo: el trabajo de un tipo llamado Caspi y sus colegas siguió a personas durante sus primeros 25 años de vida, les genotipó y, mirando a los 25: ¿tenían una historia de conducta antisocial en ese momento?
Y ya sabes por dónde vamos con esta. Si tenías la versión mala y terrorífica del gen MAO, sí, era más probable que tuvieras una historia de violencia antisocial si y solo si habías sufrido malos tratos de niño. Interacción gen-entorno a punta de pala. Infancia normal: tu variante genética no marcaba ninguna diferencia.
Conoces todas las implicaciones de esto. Y donde la gente no ha pensado en las implicaciones de esto es en que esta maldita variante génica se ha colado en las salas de los tribunales. Al principio se la llamó, de forma deplorable, «el gen guerrero». Y, ya sabéis, en cuanto le pusiste ese nombre, estabas preparando a la gente para toda clase de cosas distorsionadas.
Y hay ya un buen número de juicios penales en los registros en los que la gente recibió condenas más cortas porque se argumentó que tenían la versión «gen guerrero». «Los genes son inevitables. Todo eso.» Ay, Dios, sabemos muchísima más sutileza que eso sobre esto. Pero, por suerte, la histeria del «gen guerrero» está amainando en las salas de los tribunales y tal.
Pero la serotonina juega un papel aquí. ¿Qué otras sustancias químicas del cerebro? En cuanto hablamos de violencia y de antídotos de la violencia y todo eso, de lo que estamos hablando inmediatamente, lo que tiene que estar en la lista, es el alcohol. Todo el mundo sabe qué hace el alcohol. El alcohol te vuelve agresivo. El alcohol hace que la gente eche a otras a empujones por las puertas batientes de la taberna de tu pueblecito del oeste.
El alcohol
El alcohol desinhibe la agresión. El alcohol vuelve agresiva a la gente. Eso es lo que todo el mundo sabe. Eso es lo que se enseña. Y ya sabéis lo que viene. El alcohol no te vuelve más agresivo. El alcohol vuelve más agresiva a la gente que ya es agresiva. El alcohol hace que la gente que está lejos de ser agresiva inhiba la agresión en ella todavía más. El alcohol no causa nada en el cerebro.
Exagera tendencias preexistentes, muchas de las cuales se aprendieron socialmente. Uala, eso debería sonar conocido de la semana pasada, donde X en realidad no causa esta conducta. X baja el umbral para que las señales sociales que normalmente la provocan lo hagan más fácilmente. El alcohol no vuelve más violenta a la gente. Vuelve más violentos a los violentos.
La taxonomía de Cloninger
Y de hecho el alcohol no hace eso uniformemente en todos los casos. Y esto se ve a través de toda esta suerte de taxonomía del alcoholismo. El psiquiatra Cloninger y Wu hicieron un trabajo muy influyente que básicamente mostraba dos subtipos distintos de alcoholismo, y se me olvida cuál es el Tipo 1 y cuál el Tipo 2 de Cloninger. Un perfil. Un perfil: este es alguien cuyo alcoholismo, su beber, está en el entorno social.
La persona es, con gran previsibilidad, hombre. Es adolescente o adulto joven. Y en el contexto del abuso de alcohol con sus iguales, mucha violencia. Este es el tipo de matón borracho y peligroso que amenaza a la gente, en una pelea o algo así. Y otra característica de este perfil Tipo 1 es que hacia los 30 años, más o menos, el alcoholismo ha remitido.
La conducta antisocial ha remitido. Dentro de un rato oiremos ese eslogan estupendo de que una de las mejores herramientas contra el crimen que existen es cumplir 30 años. El Tipo 1 —sí, este es el perfil del Tipo 1: abuso social con los iguales al principio de la vida, y luego eso desaparece. El otro perfil se encuentra igual en hombres y en mujeres, y son alcohólicos de por vida, donde bebes a solas.
No eres disfuncional como alcohólico. Eres de alto funcionamiento. Esta es la persona que vive sola todas las noches desde hace 40 años en su piso vacío, que llega a casa y bebe mucho a solas por la noche, día tras día. Este no es un perfil asociado a la agresión ni a conducta antisocial de ningún tipo.
Esta es una variante de retraimiento social. Hay otra pieza de evidencia que dice que el alcohol no vuelve violenta a la gente. El alcohol vuelve más violentos a los que ya son violentos, a los que ya han sido socializados en la violencia. Y esto viene de unos estudios transculturales realmente interesantes de mediados del siglo XX. Toda clase de culturas aisladas de la Tierra se occidentalizaron de golpe y a lo grande, sobre todo gracias a que los ejércitos de repente estaban por todo el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.
Y ya hemos oído algunas de las consecuencias de eso, ese brote de obesidad, que debería ocurrir en cuanto la gente cambia a dietas occidentalizadas. Pero una de las otras cosas que ahora podías estudiar en islas repartidas por todo el Pacífico es qué pasa cuando de repente hay cantidades abundantes de alcohol disponibles. ¿Cómo aprende la gente cómo se supone que tienes que comportarte cuando estás borracho?
Y lo que muestran los estudios —Bruce, en la UCSD, ha hecho esto— es que, básicamente, la gente aprendía cómo se supone que tienes que comportarte a partir de lo que veía hacer a otras personas, a los poderes coloniales que habían aparecido por allí, cómo se emborrachaban ellos. Y no sé qué islas eran, pero en islas que fueron, por ejemplo, tomadas por los británicos, la gente aprendió a ser peleones borrachos, y en islas tomadas por los franceses, todo el mundo acababa en la cama con todo el mundo cuando habían bebido demasiado.
Pero estás aprendiendo las señales sociales de qué es apropiado para ti, para tu subcultura, para lo que sea. Cuando tienes alcohol encima, el alcohol no causa violencia. Inevitablemente. Vale. Así que ahora pasamos a nuestra siguiente cesta. Ahora, en estos segundos antes, hasta minutos antes, ¿qué estímulos ambientales están desencadenando la agresión, o desencadenando compasión, o altruismo, o interviniendo en algo así?
Parte de esto es totalmente aburrido. Como si alguien viene hacia ti con un cuchillo. Uala. Eso va a ser un estímulo ambiental. Le va a hacer toda clase de cosas a tu amígdala. Obviamente, hacia donde vamos es a estímulos que son subliminales, que ni siquiera notas, que están por debajo del umbral o que, si los notas, jamás pensarías que tienen que ver con nada de lo que está pasando.
La cara del «ellos» en el escáner
Estímulos visuales, toda clase de versiones relevantes, y una que es, de entrada, el hallazgo más deprimente de toda la literatura que hay. Pero lo vamos a diseccionar más adelante en esta clase. Coge gente, métela en un escáner cerebral. Estoy bastante seguro de que ya lo he mencionado. Aparecen caras, caras, a cierta velocidad, y aparecen de golpe caras de un «ellos». El «ellos» —otra raza, marcadores de barba verde de otra religión, otra etnia, todo eso—: aparece de golpe la cara del «ellos». Y en un 75 % de la gente, la amígdala se activa.
No porque te sientes ahí y digas: «Ay, Dios, esa gente le hizo esta cosa a mis antepasados hace 300 años.» Sino que la amígdala se activa en 60 a 70 milisegundos. 60 a 70 milésimas de segundo. Ya lo sabemos, y esto está bien replicado, y la mayor parte de la literatura es mirando la cara de alguien de otra raza.
Ya sabemos una de las cosas que pasa después, que es que, en el sujeto medio, allí donde esto ocurre, unos segundos más tarde entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral y silencia la amígdala: «No pienses así, ese no soy yo.» Y ya vimos que la gente en la que eso no pasa, y esto se queda ahí palpitando ante la cara del «ellos», son personas que no piden perdón por nada.
Son personas que son orgullosamente supremacistas blancos, por ejemplo. Pero a lo que vamos a llegar es a quién es ese 25 % que no reacciona así, y a qué manipulaciones a corto plazo podrías hacer para que esta respuesta no ocurra. Y eso va a ser muy interesante, porque es mucho más fácil de lo que piensas.
La conclusión final de eso es que la amígdala está de verdad cableada para dividir el mundo en «nosotros» y «ellos». Pero puede ser increíblemente fácil y rápido cambiar quién cuenta como un «nosotros» y quién cuenta como un «ellos». Eso lo veremos con mucho más detalle. En cuanto a categorías que son automáticas, veremos que es muy fácil cambiar tu categorización de alguien de «misma raza», «otra raza» a alguna otra característica, muy rápido.
Eso es fácil. El único terreno en el que es prácticamente imposible es el sexo. No puedes conseguir que alguien mire a personas de sexos distintos y hacer que algo —el tipo de sombrero que llevan— se convierta en la señal más importante de las categorías que hacen. Esa es una señal implícita mucho más fuerte que la raza.
Y veremos aspectos de eso. Más cosas con señales visuales. Coge una, eh, marquesina de autobús. Coge una marquesina de autobús y pon allí un cartel con un par de ojos. Un par de ojos mirándote, y la gente tira menos basura. Haz que unos ojos así aparezcan de golpe en una pantalla de ordenador y la gente hace menos trampas en un juego económico.
Las ventanas rotas y los ojos que vigilan
La sensación de estar siendo vigilado, una señal visual de estar siendo vigilado. Otra versión de eso. La criminología quedó, ya sabes, revolucionada en los ochenta por la teoría de las ventanas rotas. La noción de que si dejas que la gente se salga con la suya con delitos de bajo nivel, todo el mundo se va a habituar a que «pasan cosas delictivas», no es para tanto, y la gente va a ser asesina antes de que te des cuenta.
Si tienes un barrio en el que la gente puede romper ventanas sin consecuencias graves, pronto habrá un entorno con basura, con suciedad, con ventanas rotas, con grafitis. Inconscientemente, te está desensibilizando a las violaciones de la ley, al desorden, y desinhibiendo más conducta antisocial. Esto fue superpopular. Rudy Giuliani en los ochenta, cuando era alcalde de Nueva York, llegó a la fama instituyendo lo de la tolerancia cero con las pintadas, con los que tiran basura, todo eso, por fe en la hipótesis de las ventanas rotas.
Así que, estímulos auditivos. Alguien te grita: «¡Te voy a disparar!» y uala, eso activa la amígdala. Eso no sorprende nada. Misma conclusión: señales subliminales, señales auditivas subliminales. Un gran estudio que hizo este tipo que es un graduado de esta clase de hace unos 20 años, mostrando —metían a alguien en un escáner cerebral— caras que aparecen de golpe de la misma raza, de otra raza, todo eso.
Y lo habitual: si eras un sujeto blanco, el 75 % de esos sujetos activarán la amígdala cuando aparece de golpe la cara de alguien que es negro. Lo que él hizo en este estudio es poner música de fondo, de uno de dos tipos. O música rap —y esto era cuando estaba asociada al 99,9 % con la cultura afroamericana, en vez de con, ya sabes, chavales blancos de las afueras intentando hacerse raperos, todo eso—, música rap cuando tenía una connotación muy, muy fuerte con eso, o heavy metal sureño de buen chico, con connotaciones de blanco sureño.
Y lo que mostró fue que, según qué música sonara de fondo, si era música rap, la respuesta amigdalina de una persona blanca ante una cara negra se exageraba. Si era esa música irritante y horrible de heavy metal sureño, la respuesta amigdalina disminuía, modulada de esas maneras. Más cosas, señales olfativas.
Ya sabemos algo de esto, que es la versión de la corteza insular gustativa: si tienes olores podridos alrededor, la gente se vuelve más conservadora en cuestiones sociales. Si tienes olores maravillosos de galletas de chocolate recién hechas, la gente se vuelve más generosa en su forma de jugar, en cosas tipo el dilema del prisionero. Uala.
Señales olfativas subliminales. Eso tiene algo que ver con aquello. Y creo que ya oímos hablar de este experimento que muestra la sensibilidad subliminal a la información olfativa. Este era el estudio en el que, o bien la gente saltaba de un avión por primera vez y, en cuanto tocaban el suelo, sus estudiantes de doctorado se les echaban encima y les recogían el sudor de las axilas en bolitas de algodón.
O tenías a alguien que acababa de pasárselo muy bien corriendo o lo que sea y ahora le han pasado un bastoncillo por las axilas. Así que feromonas de axila recogidas de alguien aterrorizado o de alguien disfrutando de su ejercicio. Y lo que se mostró en ese estudio fue que la gente encontraba que el sudor feliz era un olor más atractivo.
Creo que probablemente la realidad es que era un olor menos desagradable. Pero lo más importante es que, cuando la gente olía el sudor asustado, el sudor aterrorizado, había activación de la amígdala de forma subliminal. Y más cosas así en nuestro último minuto. Cuando la gente tiene hambre, se vuelve menos generosa, entiende menos el problema de otro; cosas interoceptivas, cosas verbales.
Obtienes una forma de jugar completamente distinta en los juegos económicos si lo llamas el juego de Wall Street en vez del juego de la cooperación. Obtienes juicios completamente distintos de jurados simulados si usas palabras como «mal» o términos cargados emocionalmente como «culpable», o, como estudio realmente guay. En este estudio la gente tenía que sentarse y descifrar palabras desordenadas o identificar palabras, corregir las faltas de ortografía que tenían o algo así.
Y en un caso era solo un montón de palabras totalmente inocuas. Y en el otro grupo eran palabras salpicadas con primados religiosos. «Infierno» mal escrito, «cielo» con las letras desordenadas, «Dios», algo así. Y lo que veías era que, cuando la gente intentaba inconscientemente descifrar o corregir la ortografía de palabras con señales religiosas, se volvían más prosociales después y no tenían ni idea de de dónde venía eso.
Dolor, frustración y desigualdad
Más cosas. Uno de los estímulos sensoriales ambientales más fiables para la agresión es el dolor. El dolor. Y podéis apostar que todas esas vías del dolor entran a gritos en la amígdala en un santiamén. Y vemos la frustración, el estrés —todo eso— encajando ahí. Y vimos el ejemplo de lo que creo que no era antropomorfizar. Hay dos casos de violación entre babuinos, un macho alfa el día en que lo derrocaron.
Eso, como evidencia; y lo que ves son otros patrones: cuando la economía se pone mal, suben las tasas de maltrato a la pareja y de maltrato infantil. Cuando aumenta el desempleo, suben las tasas de todo eso, en un estudio realmente, realmente impactante. Miras a gente que es fanática de algún equipo de fútbol —y no me acuerdo de si era fútbol británico o americano—, pero cuando tu equipo perdió inesperadamente cuando era el favorito, el maltrato a la pareja sube esa noche.
Maltrato a la pareja en la resaca. La frustración, el dolor, el estrés —todo eso— hacen una amígdala hiperreactiva y hacen una corteza frontal menos capaz de contener cosas, porque está ocupada revolviéndose en esas hormonas del estrés. Último punto en este terreno: todo el mundo sabe que la pobreza aumenta el crimen. La pobreza no. Lo que muestra una literatura muy amplia es que, independientemente del grado de pobreza, es la cantidad de riqueza que te rodea.
Es la pobreza en medio de la abundancia la que es el predictor. Es la desigualdad de ingresos. Y esto se ha mostrado a nivel de países, en Estados Unidos, a nivel de estados, de ciudades. Hay un estudio que lo muestra manzana a manzana en Chicago. La pobreza no causa violencia. La pobreza cuando te restriegan por las narices todo el rato que los que tienen te recuerdan que tú no tienes.
Eso es lo que lo impulsa. Vale. Así que el viernes retomamos esto, siguiendo con ello, y luego pasamos a toda velocidad por el resto de la lista de ahí.
25 · Violencia y sus antídotos (3)
Tres mitos, la testosterona y la moral
Hacinamiento, contagio, espectador, testosterona, hienas y moral.
Lectura de 1 minuto
- El hacinamiento no vuelve violentos a los mamíferos: exagera la agresión que ya traían unos pocos y vuelve menos agresivos a los demás.
- El contagio social en la grada es un mito: en los estadios ingleses la mayoría nunca pega y quien pega no repite, porque le duele la mano.
- El efecto espectador nació de un relato falso: en el caso Genovese casi nadie oyó el ataque y hubo llamadas a la policía.
- La testosterona no causa la agresión: la castración la desploma, reinstaurarla no devuelve el residuo y nunca cambia la jerarquía.
- La hipótesis del desafío: la testosterona te lleva a la vía que tu mundo premia para conservar el estatus, y eso puede ser generosidad.
- Las hienas manchadas invierten los papeles: hembras mayores, dominantes y pseudohermafroditas, con un hipotálamo protegido de los andrógenos de mamá.
- El pico de agresividad perimenstrual existe, es pequeño y depende de la caída de la progesterona y de su proporción con el estrógeno.
- La tradición de que Samoa no tenía síntomas premenstruales no se sostiene: Mead no publicó ese hallazgo y el desmontaje vino después.
- Los glucocorticoides estrechan la ventana de la empatía: el dolor del desconocido deja de contar cuando no es de los nuestros.
- Los sociópatas apenas sienten dolor propio; por eso no les duele el ajeno y el castigo no les frena.
Tres mitos del entorno
El mito del hacinamiento nació de las colonias de ratas de Calhoun, leídas en el Congreso como prueba de que la densidad vuelve violentos a los mamíferos; repetidas con más detalle, muestran lo contrario: exagera la agresión previa de unos pocos y vuelve menos agresivos a los demás.
El contagio social cayó con las grabaciones de circuito cerrado del fútbol inglés: la mayoría no pega y quien pega no repite. Y el efecto espectador, formulado en el laboratorio, no resiste los archivos del caso Genovese: era invierno, las ventanas estaban cerradas y hubo llamadas a la policía.
No causa la agresión: la amplifica
La castración desploma la agresión y reinstaurar la testosterona no devuelve el residuo, que depende de cuánto se aprendió antes; da igual el 20 % que el 200 %. En una jerarquía estable, el subordinado con exceso de testosterona no desafía al alfa: descarga sobre los de abajo.
De ahí sale la hipótesis del desafío: la testosterona lleva a hacer lo que la cultura premia para conservar el estatus cuando lo desafían, y esa vía puede ser donar o hacer favores.
Las hienas manchadas
Las hienas invierten los papeles: hembras mayores, más musculosas, dominantes y con clítoris indistinguibles de un pene. La androgenización prenatal cuesta un hipotálamo sin ciclos, y ellas lo esquivan con genitales masculinizados y fertilidad intacta. Paren dos crías, con los ojos abiertos y con colmillos.
La clase atribuye a Aristóteles haber diseccionado hienas y concluido «que las hienas son hermafroditas»: el pasaje griego niega la leyenda. Y del parto dice «el primero que sale mata al segundo»: la fuente lo acota a las camadas del mismo sexo.
El ciclo y la cultura
En las hembras de mamífero hay un pico pequeño y fiable de agresividad perimenstrual, atado a la caída de la progesterona y a su proporción con el estrógeno; es menor que el efecto del fin de semana, y según el rango social se da en agresión o en retraimiento. Con eso se despacha la tradición que atribuye a Mead la ausencia samoana de síntomas premenstruales.
Estrés, empatía y sociopatía
Los glucocorticoides estrechan la ventana de la empatía: se atiende al dolor de los de casa y no al del desconocido. La clase lo cuenta con «ratas que muestran empatía» y con «un fármaco que bloquea los glucocorticoides en la corteza cingulada»: los roedores son ratones y el bloqueo fue sistémico. La sociopatía es el reverso: umbral de dolor altísimo y castigo inútil.
Lorenz, los marxistas y Skinner
Los tres modelos del siglo XX caen rápido. El hidráulico de Lorenz falla en las dos puntas: no hay agresión espontánea y la agresión no se agota, retroalimenta la siguiente. El marxista acierta con la desigualdad —no es la pobreza, es ver lo que otros tienen— y falla con la escasez: en la hambruna la agresión baja, porque es «grasa conductual» del que tiene de sobra. El conductista no explica la violencia impulsiva: la pena de muerte no mueve sus tasas.
Kohlberg, la intuición y la infancia
El desarrollo moral tiene etapas —preconvencional, convencional, postconvencional— y casi nadie llega a la última; la crítica estándar al modelo de Kohlberg es su muestra, solo de chicos. La clase la enuncia por boca de quien no la formuló: «ella fue la primera en subrayar que a los chicos les preocupa más la justicia y a las chicas la equidad» es de Gilligan.
El campo se ha movido del razonamiento a la intuición moral (Haidt), y la exposición temprana a la violencia predice violencia adulta: la puntuación ACE suma un 35 % de probabilidad por escalón. Lo peor no es la exposición, sino las racionalizaciones que la acompañan.
Quiénes salen en este tema
Los tres mitos del entorno
- John B. Calhoun — Etólogo y científico de la conducta estadounidense (1917-1995). Dirigió en el National Institute of Mental Health los experimentos de densidad de población en roedores que produjeron el concepto de «sumidero conductual», y es el origen del mito del hacinamiento que la clase desmonta. Wikipedia
- Catherine Susan «Kitty» Genovese — Encargada de un bar de Nueva York, asesinada en Kew Gardens, Queens, el 13 de marzo de 1964. Su caso es el origen del «efecto espectador» y el relato que la clase y la revisión de Manning y sus colegas desmienten. Wikipedia
La testosterona y el estatus
- John C. Wingfield — Endocrinólogo de campo, catedrático emérito distinguido de Neurobiología, Fisiología y Conducta en la Universidad de California, Davis. Es el autor de la hipótesis del desafío: la testosterona no causa agresión, sino que lleva al organismo a hacer lo que su mundo social premia para conservar el estatus cuando lo desafían. UC Davis
Las hienas manchadas
- Aristóteles — Filósofo y naturalista griego. En la Historia de los animales examinó el rumor de que cada hiena lleva los órganos de los dos sexos, lo declaró falso y lo explicó por las bolsas de olor anal. La clase invierte ese resultado. Artículo sobre el pasaje
- Stephen E. Glickman y Laurence G. Frank — Investigadores de la Universidad de California, Berkeley. Fundaron la primera colonia de hienas manchadas en cautividad del mundo, en la estación de campo de las colinas de Berkeley, y firmaron el trabajo de 1991 sobre el fratricidio en las camadas recién nacidas. Berkeley News
El ciclo, Samoa y la cultura
- Margaret Mead — Antropóloga cultural estadounidense (1901-1978). Su libro Coming of Age in Samoa (1928) sostuvo que la cultura, y no la biología, gobierna el desarrollo psicosexual y que la adolescencia samoana era comparativamente libre de estrés; la clase le atribuye además la tesis de que los síntomas premenstruales eran desconocidos allí. Wikipedia
- Derek Freeman — Antropólogo neozelandés (1916-2001) cuyo libro de 1983, Margaret Mead and Samoa: The Making and Unmaking of an Anthropological Myth, impugnó los datos samoanos de Mead y sostuvo que fue engañada por sus informantes. La clase no lo nombra: es el candidato mejor sostenido para «un antropólogo hace unas décadas». Enciclopedia Wiley
- Elie Wiesel — Superviviente del Holocausto, autor de Night y premio Nobel de la Paz. La clase le atribuye, como cita de la semana anterior, el aforismo «lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia», que el Quote Investigator remonta a fuentes anteriores. Quote Investigator
- La mujer de Sapolsky — La clase presenta «la tesis doctoral de mi mujer» como el trabajo que documentó la ciclicidad de la conducta perimenstrual en babuinos. No da nombre y no se ha localizado la tesis, así que no se atribuye a ninguna identificación concreta.
La empatía y el dolor
- Jeffrey S. Mogil — Genetista del dolor, catedrático E. P. Taylor de Estudios del Dolor en la Universidad McGill de Montreal. Su laboratorio firma los trabajos con roedores sobre contagio empático del dolor y estrés social, en uno de los cuales Sapolsky figura como coautor. McGill
Las teorías del siglo XX sobre la agresión
- Konrad Zacharias Lorenz — Etólogo austriaco, premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1973 junto a Tinbergen y von Frisch, investigador de la impronta y autor de Sobre la agresión (1963). Fue miembro del partido nazi desde 1938. La clase despacha su modelo hidráulico y lee su biografía como contexto del modelo. Wikipedia
- Burrhus Frederic Skinner — Psicólogo estadounidense (1904-1990), catedrático Edgar Pierce de Psicología en Harvard y fundador del conductismo radical. La clase usa su marco para mostrar que la probabilidad y la severidad del castigo no mueven la violencia impulsiva. Harvard
El desarrollo moral
- Lawrence Kohlberg — Psicólogo del desarrollo estadounidense (1927-1987), doctor en Chicago en 1958 y después en Harvard. Su teoría de las seis etapas del razonamiento moral, en tres niveles, dominó el campo durante décadas; la muestra original era de 72 chicos. Wikipedia
- Susan Kay Nolen-Hoeksema — Psicóloga clínica (1959-2013), profesora en Stanford, después en Michigan y luego catedrática en Yale. La clase le atribuye la tesis justicia frente a equidad, que es de Gilligan, y sitúa su muerte temprana en un presunto error médico: los obituarios la datan a los 53 años tras una cirugía cardiaca. Yale
- Carol Gilligan — Psicóloga estadounidense. Su libro In a Different Voice (1982) sostuvo que la muestra exclusivamente masculina de Kohlberg y su corrección centrada en la justicia minusvaloraban una orientación de cuidado y responsabilidad más frecuente en las chicas. La clase la cita por su tesis, pero la atribuye a otra persona: es el candidato del defecto D5. Wikipedia
- Jonathan Haidt — Psicólogo social estadounidense de la NYU Stern, autor del modelo intuicionista del juicio moral: la intuición llega antes y el razonamiento se construye después para justificarla. Psychological Review
Leer la clase entera, palabra por palabra
Transcripción automática del vídeo, sin corregir: solo la hemos limpiado de ruido del subtítulo, maquetado en párrafos y puesto los títulos que él mismo va anunciando. Los estudios y las citas se dejan en su inglés original y se pueden pulsar.
Traducción al castellano automática: si un matiz importa, comprueba el original inglés.
Aclaraciones: las caras redondas y el septum
Okay, we resume aggression and antidotes to, uh, part three. But first, some clarifications from previous lectures. First off, a seeming contradiction between what I said in class and what's in the extended notes handout, which is that women prefer rounder-faced men during the luteal phase and view them as more competent. But earlier on, stating that overall women view rounder-faced men as less competent.
And what's up with that? And that is confusing because I was confusing. Here's what you see. During the follicular stage, women are most looking for partners in these studies, and small individual differences, blah blah, etc. Showing a preference for males who were viewed as assertive, as socially dominant, as socially efficacious. And under those circumstances, rounder-faced men are viewed as less competent at that and among other things, less desirable.
But during the luteal phase, what you see is female preference shifts more towards males who are empathic and strong social intelligence and interpersonal skills, and they are viewed as more competent at that. So, sorry for that confusion. Uh, other thing: so the dorsolateral PFC can inhibit aggression. The septum can inhibit aggression. Uh, we're getting some confusing stuff here.
Why isn't the septum playing more of a role in our thinking and our quizzing about reigning in things like annoyance and wanting to yell at someone? The septum inhibits aggressive behavior in an emotional context. Dorsolateral PFC in a more cognitive one. What do I mean by that?
You are about to go out and violently mug an old lady, and just as you're about to, you see, "Oh my god, she looks just like your beloved grandmother!" And you stop yourself from mugging her. That's the septum. Alternative: You're about to mug the old lady, and then you notice there's somebody standing way off in the next corner, and you quickly calculate that if the woman yells for help when you mug her, they're going to be able to hear it, and thus you refrain from doing so.
Los mitos del entorno
Those as a contrast. Okay, so marching through. We are just about done with environmental stimuli—so close to being done that I excitedly crossed it off. A few last aspects of environmental triggers for aggression and counters to aggression, and these are mostly about myths. The first one is the myth of crowds, crowding, high densities, high population densities, increasing the amount of violence, aggression.
Calhoun y el mito del hacinamiento
And all of this was due to some spectacularly influential research that was done in the late '50s, early '60s, by this guy named John Calhoun, famous all of that, where he showed he had like a colony of X number of rats in a big enclosure, and they went about their rat business. And then he put the same number in a tighter enclosure.
And as he breathlessly reported to the world, and as the media breathlessly reported, they exploded into violence and savagery, and bands of rats beating up and killing other ones. And here's the word that somehow always got into the press: cannibalism. Cannibalism broke out. And by the early '60s, Calhoun's was one of the most cited scientific studies in Congress, with, "Ooh, this is what you have to think about in high-density inner-city settings and such, because crowding makes mammals, people, more violent." And all that was needed was for a next generation of researchers to do Calhoun-type studies, but with far more sort of detail and subtlety and ethological insight, and looking at individual rats, looking at their individual behavior.
And what was shown was overall crowding does not make rats more violent and aggressive. It makes the rats—the small subset that are already prone in that direction—to being more so. It exaggerates the pre-existing behavioral tendencies in those rats. And for most of the other rats, they became less aggressive under those circumstances. The problem isn't that urban crowding makes people violent.
It's that it is an exacerbating factor for people who are already prone towards that, which should sound exactly like alcohol from the other day. Alcohol doesn't make people aggressive; it makes aggressive people more aggressive. Same thing with crowding. The next myth: social contagion in crowds, that when like a fight breaks out in a football stadium or something, everybody's going to join in between the two rival sides.
In this case, the science was done with British football, soccer stadiums and soccer hooligans, and, "Oh, everybody's rioting and fighting and all of that." And with the advent of closed-circuit TV, you could actually watch instant by instant to see who was doing what. And what emerged from that is most of the angry participants in this gang fight between the two loyalists, and all.
Most participants never throw a punch. Most of them are standing on the sideline. And of those who do throw a punch, as soon as they do so, they discover that really hurts your hand like crazy, and they don't do it again. That most of the fighting is from a subset of individuals. The notion that violence will have the term in the field, "emotional contagion," "social contagion," is mostly a myth.
Kitty Genovese y el efecto espectador
Third myth to discount, and this is another one that came up from something that just grabbed the public's consciousness and, unfortunately, in a misinterpreted way: in the early '60s, mid-'60s, a woman in Manhattan named Kitty Genovese was attacked by a man who raped her repeatedly and then strangled or stabbed her. And throughout all of this, she was screaming for help.
And this was in the doorway to her apartment house or something. And as everybody learned, dozens, hundreds of people living in the building across the street, all of that, heard that and did not call the police, didn't want to get involved. And this became known as the bystander effect, that people are willing to just stand there when something appalling is happening and look the other way because they don't want to get involved.
And it turned out that was not actually what went on. It was in the middle of the winter, so most people had their windows closed with their radiators making steaming, clanging noises, so nobody actually heard it. The few people who did shouted down for him to stop and said, "I'm going to come down and stop you!" Whatever.
The bystander effect is mostly a myth. Scads of people did not hear her being attacked and chose to ignore it. And most studies since then have shown that bystander effects are not the case. It is not until you get a large group of people that you begin to think someone else will step out of the crowd and do something brave and scary.
Hormonas: la testosterona
For smaller groups, there's no impact on the number of people standing there as to the likelihood of somebody jumping in and doing the harder, scarier, better thing. Okay. So, we transition now to our next category: hormones. Not hormones in response to you doing something aggressive. Not hormones back when you were a fetus, but what do your hormone levels in the previous hours today have to do with aggressive behavior?
And you know, right off the bat, we're going to jump into the deep end with testosterone because in species after species, with a couple of interesting exceptions we'll hear about, species after species, males are more aggressive than females in culture after culture. That is the same case at the time of year that seasonal mating happens and testosterone levels go up.
Castración, reinstauración y residuo
This is the biology of why males are such a pain in the ass. Because testosterone causes aggression. Testosterone doesn't cause aggression. So, to begin to dissect that, I have a diagram, which, oh, if I only planned ahead, I could have gotten away with that moderation from last week. Yeah, this diagram again. What does testosterone have to do with sexual behavior?
Well, if we set this as normal testosterone levels and normal levels of sexual behavior, but now we're switching to the exact normal levels of aggression, average levels of aggression. Castrate the individual, primate, mammal, rodent, human, whatever. And down goes aggression from 100% of testosterone levels to zero, and reinstate it with the same levels of testosterone.
And the same punchline: there's still residual. There's still residual aggression there. And what's the residual about? Same deal. The more experience the individual has had with aggression prior to castration, the more residual aggression there is afterward, the more social learning, the more social conditioning. And this is one of the things where you cut off the testes of a horse if you want him to be nice and tractable, you gelding or whatever.
Or the same thing with when you neuter male dogs, where the rule is, don't do it too late of an age, because by then they will have had too much social experience in being aggressive and things like that. There will be that much more residual after neutering them. Same punchline as last week with sex.
Now, after castration, reinstate with 20% of average levels or 200% of average levels, and it makes no difference at all because the system is not sensitive to small individual differences. So, yes, testosterone is central to typical, normative levels of aggression, but there's a strong social component, and after reinstatement, the system isn't sensitive to small individual differences, and that is important.
Get somebody who is abusing steroids, and they're up—just as with the sexual behavior realm—they're up like a thousandfold or whatever. They're up in that range, and you see increased aggression, and you see all sorts of pathological instances of people abusing steroids with circumstances like that. But nonetheless, that is our punchline about testosterone.
La testosterona amplifica lo que ya está ahí
But it then gets subtler. We now have: testosterone doesn't cause all types of aggression. And it pretty much doesn't matter what level of testosterone you have. Testosterone doesn't cause aggression. Here's what it does instead. Okay, two versions of this. Here we have four primates, and they're together—four male primates—and they have formed the dominance hierarchy.
A dominates B, C, D; B dominates so on, and you've got this nice linear hierarchy. Now, take individual B and give him testosterone. Give him tons of—give him so much testosterone—like his amygdala is growing antlers or something!
And what's the obvious prediction? His amount of aggression will go up. And that's absolutely the case. The number of aggressive interactions he's involved in will go up. Oh ho, you now predict: Here's what it should look like. Suddenly B, stoked on testosterone, takes on A and defeats A. There's a change in the hierarchy as a result.
That's not what you see. What you see is B is still as terrified of A, still as graveling subordinate, all of that. What's the more aggression coming out of B? B is being a total son of a [beep] displacing on poor C and D. Testosterone is not changing the structure of dominance there.
It is exaggerating the aggressive components that are already there. Testosterone doesn't cause aggression. It's increasing the volume of the social aggression that is already permissible. That's a world of difference. And that's that same theme of: crowding makes aggressive individuals more aggressive. Alcohol makes it; testosterone makes individuals who are already more sensitive to environmental cues evoking threat, aggression, and so on, makes them more responsive, and all it does is it exaggerates the pre-existing tendencies.
This could be shown in another way, but not on this side. Now, let's get much more reductive about it. And you've now stuck electrodes into somebody's amygdala. And you're looking at action potentials. Yes, everyone should recognize this by now. You begin to depolarize. You pass threshold, which actually is more like -30. So, I drew this incorrectly.
Okay, let's fix that right there. Okay, perfect. Now, and then you have this: this is the initiation, the action potential explosive. You go from negative to positive, and then you rapidly pump out potassium. Don't freak out if you're not familiar with that. That's a needless detail. And you go back to the negative state you started at.
And then you go further. You hyperpolarize to -90 and slowly come back to normal. What is this about? This is, from an informational standpoint, a way of telling the world it's over with. The action potential is over with. Not only have we stopped being positive, not only have we become negative, not only have we gotten to negative 60, like where we start—we've gone even further to make it absolutely clear it's over with.
And what is happening during this period of hyperpolarization? This is a neuron that is now going to require more excitation to have an action potential because it's that much further from threshold. This winds up being a period of relative silence. What's the term given for it in the business?
This is a refractory period. What does testosterone do? It causes the refractory period to get shorter in amygdaloid neurons. It changes the composition of some of the potassium channels, some of the sodium channels involved there. It changes things so that the recovery period is faster. What have we just shown?
This is now a neuron that could have more action potentials per unit time, that can "scream aggressively" more per unit time. But notice that this testosterone effect is irrelevant if the neuron hasn't been triggered to have an action potential. So, what's testosterone doing here?
Is testosterone making for more aggressive-related action potentials in amygdaloid neurons by doing this? No, it's doing that if and only if the neuron has been excited by some stimulus, by some external stimulus. Whoa, this should sound like such a familiar theme by now. Benzodiazepines and GABA: if and only if axo-axonic synapses, gene-environment interactions.
La hipótesis del desafío, de Wingfield
What does testosterone do to neuronal excitability? It doesn't increase it generically in the amygdala. It increases the sensitivity, the responsiveness, to external stimuli. The theme over and over again. Then the testosterone story became even more interesting, and this is work by this guy named John Wingfield, who actually is a bird endocrine behavior person, and despite his name, he claimed he wasn't feeling obliged to become an ornithologist—ornithologist, those bird people, whatever.
John Wingfield: this extremely influential rethinking that he did some decades back in proposing what he called the "challenge hypothesis." So, what we've just seen with our qualifiers, testosterone doesn't cause aggression. It amplifies socially triggered aggression. Testosterone is essential for most, but not all of them; individual differences don't make much of a difference.
All of that. But this is all about making sense of aggressive behavior when someone's being challenged or even impulsive behavior. What Wingfield proposed with the challenge hypothesis is: testosterone makes you do whatever you need to to hold on to or attain high status when it's being challenged. It makes you do whatever you need to do to hold on to your high status when being challenged.
Okay, that suddenly seems very subtle and interesting. And wait, that doesn't tell us anything at all. You're a baboon. You're an alpha male and somebody is challenging you. And the way you respond to this challenge to your status is by slashing at the guy with your canines. Yeah, you know, you become aggressive, but then you get circumstances where the way to successfully hold on to status when it is being challenged does not involve aggression.
Years ago, I got invited. I was giving a talk at some charity fundraiser thing down in Silicon Valley, after which I stuck around, and they had an auction of—auctioning off like all sorts of luxury experiences and items for these rich people there—and it was one of the most amazing things to observe as a primatologist.
All I wanted to do was dart some of these people because what you were seeing was a whole bunch of really rich Silicon Valley guys competing as to who was donating the most money, who was going highest in auctioning, competing as to who could commit to the most. And these guys were presumably half drunk because alcohol was flowing.
So their judgment was even worse. And they were competing for status by who was willing to give the most money to charity. Whoa, that's something very different. And if the challenge hypothesis is correct, you should be able to take a circumstance, for example, of people playing an economic game (related to prisoner's dilemma, ultimatum game, and such) where over the course of many rounds you accrue status by making generous offers, and give people testosterone, and what do they do?
El estatus se gana como manda la cultura
They become more generous in the game. Testosterone doesn't make you aggressive or make you more responsive to aggressive stimuli, with all these qualifiers. Testosterone makes you more likely to do whatever is the socially effective pathway in your universe for holding on to status when it is challenged. That's telling us something really important.
For one thing, it's telling us if you took a whole bunch of Buddhist monks and shot them up with testosterone, they would run amok competing to see who could do the most acts of random kindness, random acts of kindness. That would be what their world status might be about. What we're seeing here is if we have way too much male aggression on this planet, it's not because of testosterone.
It's because we reward high status for aggression way too readily. In a world in which status was handed out for very different things, testosterone would be having very different effects. Okay, so that's a really important point. What testosterone is and isn't doing, the ways in which it is modulatory rather than causative. And this key point of the challenge hypothesis: it makes you do whatever your culture, your society, whatever, values as the route to status.
Testosterona y andrógenos en las mujeres
What about testosterone and related androgens in women? We already know it comes out of the adrenal glands. We already know it's about, I don't know, 10% of the levels that you see in males. And we already know the punchline from last week, which is it plays a role in sexual motivation in women, much as it does in men, but a smaller role.
And in female mammals, the androgens play a role in increasing the likelihood of aggression, female aggression, but not a big effect. Same punchline. When are you seeing female aggression, for example, among primates? And there are certain domains: Protectiveness of your kid: just go try picking up a newborn kitten from the cat—from mom—and see how she reacts to that.
Las hienas manchadas
And female-female competition in pair-bonding species. So now we shift over to sort of this notion of how much is testosterone destiny. And here we look at one of the weirdest species on this planet. One of the most wonderfully weird species. And for a while it was the coolest species out there to study.
And then it got knocked out by naked mole rats that were viewed as even more cool to study. But hyenas. Hyenas. Three different species of hyenas: striped, brown, and spotted. The spotted hyena that runs around in East Africa. This is the stereotypical one making irritating sounds in the Lion King. This is the spotted hyena.
It has an utterly unique social system as follows: Female hyenas are bigger than male hyenas. Female hyenas have more muscle mass than males do. Females are more aggressive. Females are socially dominant to males. And females have clitorises that get erect and are indistinguishable from male penile erections, are just as big. Whoa. What is up with that?
Aristóteles y el hermafroditismo
And all sorts of people have done lots of work on this. And starting off with Aristotle—like, I don't know, 2,000 years ago, whenever he was bouncing around one winter, I don't know, he had nothing else to do and he dissected a bunch of hyenas that somebody had brought to him from Africa or something—and looking at the private parts of the females and males, he concluded that hyenas are hermaphrodites.
Every hyena contains the sexual organs of both sexes. He was wrong. He was so wrong 2,000 years ago. Hyenas are what OB-GYN people would call pseudohermaphrodites. Female hyenas, despite their enormously enlarged clitoral erections, all of that, they don't have testes. They've got ovaries. They've got a vagina. And if you're a male, you got to really look around closely to find it because it's mostly concealed.
What's up with that? Somewhere along the way, there was some sort of mutation, not in the adrenals in the case of hyenas, but in the ovaries, where in addition, you were pumping out a whole lot of a testosterone-related androgen. And suddenly you got females being big and muscular and aggressive, and you got a reversal of what is seen in a lot of predatory carnivore types.
Lions, for example. What happens with lions? A bunch of lionesses go out and they kill something, and just as they're about to sit down and eat, the male shows up and boots them off the kill and takes it for himself. And then they go hunt something else. Just sits there about to eat.
The male shows up and boots them, and the feeding hierarchy is the male who has done none of the work, the females, and then the lion cubs. And one of the really distressing bits of reality out there is, with average litter sizes of 8, 10, or 12 lion cubs, almost all of them starve to death in their first year of life.
Now, instead, we've got the hyenas, where the females are big and aggressive as hell, and poor, starving, sniveling male hyenas are the ones who go out and do the hunting and kill something and are just about to eat. And the females come in and boot them off the kill and let their kids eat.
And the feeding hierarchy there is hyena pups, females, and males. You do that and your kids are going to survive, which is very helpful because, for, I don't know, pregnancy reasons, I say, obviously, um, hyenas give birth only to twins as opposed to large litters. So you really want to have your kid survive there if you've only got two of them to deal with instead of a dozen or so.
Big selective pressure for that to have occurred. So, all of that is great. Females should all do this. They should all go and do this because their kids are more likely to survive because you've got elevated androgens, and you get weirdo sexual stuff going on down there, but you're big and muscular and aggressive, and your kids survive.
Except there's one problem though, which is if you have females androgenized prenatally (as female hyenas are, because mom has high androgen levels, androgenized), you will come out more aggressive, more muscular, maybe we'll see in a little bit. You come out all that way, but you come out with a hypothalamus that doesn't do ovulatory cycles.
It is a simplified male hypothalamus that instead is doing stuff like this. Instead of having these reliable... somehow, if you were a typical human prenatally androgenized like that, female, you were not going to be particularly fertile long afterward because you won't have cyclic hormone release. Somehow female hyenas, their hypothalamuses, evolved a means to protect itself.
The hypothalamus protects itself from the prenatal androgenization from mom. The aggression-related parts of the brain, just to simplify, sure as hell are affected by the prenatal androgen levels. So somehow females have pulled it off—of being these pseudohermaphrodites where they have external genitalia that looks male, and they're big and aggressive and all of that, but they're still fertile, and their fetuses come out already soaked in aggressive parts of the brain, activating.
Siempre dos: el fratricidio al nacer
Here's a really interesting finding about hyenas. Hyenas always give birth to twins. Oh, that's cool. That sounds like pair bonding. We're familiar with that. They always give birth to twins. This is not what people used to think because you would always see a mom with her newborn, her newborn that comes out of the hole in their den that's been dug into some termite mound, and out comes the kid, and, "Oh, there's mom and her child and all of that." And it wasn't until people started doing stuff like snaking fiber-optic things down in there that they notice females always give birth to twins.
And because of the high androgens, these pups are born already with their eyes open and with canines. And the first one out turns around and kills the second: siblicide right after birth. And what we have is a bet-hedging strategy once again, and only one of them emerges. So this wild social system, and you've got males who are socially dominated by the females, and you see a very interesting thing in all sorts of mammals out there, and primates: Males get erections as a sign of dominance.
And you got male monkeys waving their erections at each other sort of threateningly and all of that. If you're a male hyena, you are not dominant. You are terrified of every female out there. What do males do when they are threatened by females?
They get erections. What are they saying? Please don't hurt me. I'm just one of those sniveling males. You see, can't you see? Please don't beat up on me. In hyena males, stress causes erections rather than the opposite. And something with the wiring has to be completely different with the autonomic nervous system. Okay, so those are hyenas, and they're an amazing exception.
La colonia de Berkeley
An amazing exception in another regard in that years ago, the first hyena colony on Earth was established in Berkeley up in the hills back there, and a bunch of hyena pups were brought over from East Africa, and they were put into this group, and of course, what you wait to see is: are females going to emerge as dominant?
Is the normal social hierarchy sort of thing in hyenas off in the wild, is that going to emerge? And what was shown was it did, but it took longer than in the wild. It took longer for females to start dominating males when they were pups. Males were doing more of the domination. And what slowly emerged, slower than out there, was the normal social system.
Why was it slower? There were no adults for them to look at. They weren't getting socialization as to how you go about dealing with other hyenas. You had a fixed action pattern of female dominance, but no modeling for it. So, it took longer for it to come out and to be socially appropriate.
El ciclo ovulatorio y la agresión femenina
So, a big take-home lesson there about the hyenas with that, which is: interactions again between biological stuff and social context and all of that. We know this in our sleep by now. Okay. What about other hormones and female aggression, which sends us barreling back to the ovulatory cycle?
And what you see is you've got—here we got estrogen peaking around the time of ovulation just before then. Progesterone goes up there all the way, and we've seen the drop there have something to do with lack of or decline in sexual motivation, sexual proceptivity. What about aggression?
Los cambios premenstruales: del mito al dato
What you see is there is indeed a peak in aggression and aggressiveness in female mammals, female primates around this point in time, including in humans around the time of one's period. Oh my god, PMS—women becoming aggressive and violent and all of that. And the criminology literature is just littered with notions of increased violence.
That's around the time of the month where women are most likely to be murderers and all of that. What is actually the case is you look at your average woman, and around the time of menses there tends to be some subtle shifts in personality, increase in irritability, increase in some depressive tendencies. We'll look at that more shortly.
And a small subset of women, rather than being premenstrual, have premenstrual syndrome, which is they have enormously strong personality changes there and affective changes. And there have indeed been a few court cases of women who were violent criminals only around this time. In one particular case in England, the woman, amid her trend towards being violent, was also a very good, uh, diary keeper.
So it was possible after she was arrested to go back, and you could see every 28 days she was holding up a bank or something back in her records corresponding to that. And what was interesting was she was put on anti-estrogens, anti-progestins, and that pattern disappeared. So a small subset of women have massive personality changes around that time, and in a subset that does indeed take the form of an increased likelihood of aggression.
So let's look at ethological principles and where this is coming in. What is this about? It is what we already know. The drop in progesterone having something to do with sex drive. The drop in progesterone and the much smaller drop of estrogen playing a role in the emergence of premenstrual mood changes, the irritability, the depressiveness.
And what will be seen by the time we get to the depression lecture is it's not so much how much progesterone you got at that point or how much estrogen, but the ratio of the two. And the ratio is very influential on likelihood of what personality changes and do you go in the depression direction or the irritability.
In addition, there's a big drop in opioid levels around that time. All of this is fitting in there. The drop in progesterone. Progesterone. Let's see. We heard about progesterone the other week. Progesterone, not just as a usual hormone, but progesterone or its close relatives as co-binding to the GABA receptor. Remember that: what does it do when it is binding to the GABA receptor, if and only if there's GABA around, blah blah?
What is it doing there? It's enhancing the inhibitory effects of GABA. It has effects on decreasing anxiety. Progesterone can decrease anxiety, and by way of this GABA receptor, and the sense is, this is part of it: the drop in progesterone playing some role in the irritability, the social withdrawal, things of that sort.
Okay. So, hooray. Now we superimpose ethological principles. Here we have levels of aggression. Levels of aggression over the course of a cycle. And we've now moved menses to the middle there. And this is looking at one particular female over the course of the year. And what you see is, aggregated, all the time she is aggressive.
It's right around here, around the time of her menses. And now we look at a second female, and you see no change whatsoever. Huh. Now instead of looking at their aggressive behavior, we look at the amount of time they spend grooming. This other female suddenly is much more socially withdrawn around this time.
Whereas the one in red, there's no effect at all. What's going on here? You could be having opposite effects. And you should be thinking straight out of the limbic lecture and the ethology lectures. These are two different individuals. This is what a high-ranking female baboon looks like. And this is what a low-ranking female does.
She probably would love to be more aggressive, but she doesn't have the social option to do so, social withdrawal. Oh, individual differences there in the context of ethological principles. By the way, this was my wife's doctoral thesis looking at the cyclicity there, showing that. And what you see here is, oh, it's not just the hormones; it's what's your social place in your culture.
So we see a human version of it, which is the magnitude of mood switches—mood shifts—over the course of the cycle in women on the average. Women having standard premenstrual mood shifts rather than premenstrual syndrome. Sort of a diagnosable one there. And your average woman, the amount of mood shifting there, the magnitude of the effect is there reliably.
And it's smaller than weekday-weekend effects on mood. It is smaller than all sorts of other cultural inventions superimposed on it. You can see the magnitude of somebody's birthday's effect on this sort of thing is bigger than hormones themselves. Yeah, endocrine stuff. But in a social context—and we, unlike baboons, invented weekdays and weekends, and grabbing life carpe diem carpe of the weekend, that sort of thing—we see these endocrine effects: they're important; they are certainly not deterministic by the time it gets to us.
Margaret Mead y Samoa
Okay. So, more insights into some of these switches here, some of these changes, and just to look at where culture is coming in. In addition, there's been this notion floating around in sort of biological anthropology for close to a century now, that there are massive cultural differences in how much one's period involves mood changes.
And all of this got started off by Margaret Mead when she went to Samoa and hung out there with adolescent girls for a couple of years. And she came back and famously reported in her bestseller Coming of Age in Samoa: Women in Samoa have never even heard about getting cramps or feeling crummy around this time.
They don't get any symptoms of changes there whatsoever. They don't get cramping. Nothing happens because they are so groovy and relaxed, and premenstrual changes from cramping to behavior is an invention of uptight Western cultures. That established a theme for decades afterward in the anthropology literature of perceiving that to be the case. And over and over this was the wisdom of the "savage," the wisdom of the "non-Westernized," the lack of cramping in the "non-Westernized." And she came back and reported this.
If you're uptight, you get severe premenstrual mood changes. And this fit into all sorts of very influential, very well-accepted crackpot theories about what's going on at this point and individual differences. There's a small literature that there are personality differences that make some women more or less likely to have large mood changes there, and it has a little bit to do with propensity towards anxiety.
That one is for real. There's a completely silly literature suggesting that women who are more emotionally dependent (however that was defined in the 1950s when those studies were being done), women who were more emotionally dependent have more severe premenstrual symptoms, all of that. And then of course the Freudians came in there. The Freudians came up with an irresistible, totally great sound bite: that premenstrual mood changes, "Oh hell, as long as we're at it and getting psychosomatic, even the water retention and the cramping and all of that, it's all in your mind." And it's all built around the emotional unconscious conflict that women have between, okay, get this: Hold on to your hats.
That women have between being productive versus reproductive. Whoa. Productive versus reproductive. You better bet all those Freudians went out and got ice cream the afternoon they came up with that sort of catchy jingle there. "Ooh, premenstrual mood changes are due to the unconscious conflict that women have between being productive and reproductive." Because this is telling you, because of the menses, that you have once again failed to conceive, which is your purpose in life, according to whatever the Kansas City Chiefs' place kicker is from the other day.
But that was their notion. This was all due to Freudian conflict and stuff of that sort. And somewhere along the way, Margaret Mead underwent a major takedown in that not only was everything she reported about Samoan culture completely wrong, but in retrospect, she just went there starry-eyed and believed everything everyone told her in interviews.
There was an anthropologist a few decades ago that really unearthed what her time in Samoa was like, interviewing some of those adolescent girls who hung out with her, who were then by then old women, and they would say, "Yeah, this white lady shows up and she's hanging out with us and everything we do, she says, is great, and she knows, my god, how she manages to feed herself or not get eaten by predators.
She is so naive, whatever." So, we just made up stuff. We said, "Oh no, nobody. We have sex all the time, and there's no violence and no periods. I've never heard of anything like that where people suddenly get uptight." And they were just messing with her. This was her falling for it and starting off decades of the, "Ooh, menstrual shifts in mood is an invention of uptight, ungroovy Western cultures." So we see amid all of those cultural explanations, those psychoanalytic, those psychological ones.
Nonetheless, we're dealing with a biological phenomenon with people beginning to understand the workings of it. And just before you start getting all into that inevitability of some stuff, remember again the cultural modifiers: bigger fluctuations, weekday versus weekend, and Western women. So this is important. It's not as important in us as in a baboon.
Las hormonas del estrés
And it is there not because of crackpot psychoanalytic notions. It's a biological phenomenon. And we understand by now the progesterone interacting with GABA. The ratio of the two probably has something to do with it. Okay. More hormone stuff. We now come to the hormone of stress. Glucocorticoids interacting with the sympathetic nervous system: epinephrine, fear, arousal, emergency, all of that.
And we get the exact same issue that we dealt with last week with sexual behavior, which was arousal and brainstem, hypothalamic regions, increased heart rate. That thing we got to last week's point was the physiology of someone having an orgasm, and the physiology of somebody being murderously in a rage is extremely similar.
And this week all we do is flip it around. The physiology of being in a murderous rage is not all that different from the physiology of orgasm. In both cases, you have a body with increased metabolic demands. In both cases, heart beating faster. All, where are we at here?
Is that same theme again as from last week with Elie Wiesel: The opposite of love is not hate. The opposite of love is indifference. Physiologically, intense love, intense arousal of any sort, intense hatred. Physiologically they have much more in common with each other than with the state of indifference. And his argument being the world's pains are more a function of indifference rather than the different types of arousal states.
La ventana de empatía se estrecha
Little bit more on that in terms of stress hormones going into it. What you see is stress by way of glucocorticoids make organisms less empathic, and this has been shown in a zillion studies, and people become tunnel-visioned; like three minutes into the lockdown, as to whose well-being people were caring about and how wide their sort of umbrella of empathic concern was got really, really narrow.
And what you see is glucocorticoids have something to do with this. This is research by a guy named Jeffrey Mogil at McGill University in Montreal. Some of it was done in collaboration with me, but him showing that rats have a phenomenon of empathy. You take a rat and you give it mild shocks now and then, and it's emitting fear pheromones, and it's heart rate is going up and all of that.
And you put another rat here, and if it's in the neighborhood of this rat giving off distress vocalizations, all of that, you see this rat's pain threshold gets lower, and empathic contagion, sort of what was defined as a rudimentary version of empathy, but then comes our predictable "aha!": it's not just feeling this way, feeling more attuned to pain when it's any other old rat that's in pain.
It depends on who it is. If it's your cage mate, it works. If it's a rat of the same strain you are, meaning almost genetically identical, it works. If it is a strange unrelated rat, you're paying no attention to its pain signaling. Um, so what we did in one study was speculating that what stress—the stress of a stranger, the stress of a novel rat who smells unrelated and you don't know, all of that—that the stress has something to do with a decrease in empathy.
And what we showed was that if you threw in a drug which blocked glucocorticoid effects in the anterior cingulate, suddenly the pains of a stranger rat had just as much of an impact on you as the pains of a cagemate. It's the stress of being around someone who doesn't count as an "us" which makes you narrow your window of empathy.
And in that study (he I had nothing to do with this part), he then went on to show something or other with human subjects where he gave them the same drug. And loss of empathy during stress is mediated by glucocorticoids, and it involves narrowing your window as to whose pain you care about.
Los sociópatas y el dolor
Finally, in terms of pain and stress and stress hormones, all of that, sociopaths provide a very interesting exception in that in general, sociopaths show no evidence of empathy. They don't feel anybody else's pain, all of that. And a discovery replicated since then over and over is sociopaths have trouble feeling somebody else's pain because they don't feel pain.
They are very pain resistant. Sociopaths have extremely high thresholds for pain, for finding it aversive, for it increasing heart rate, for it causing glucocorticoid release. They have extremely high thresholds for that. They don't feel, so they don't feel somebody else's pain much. And this maps on to all sorts of bits and pieces about sociopathic behavior.
What it also brings in is if this is someone who is organically not particularly responsive to pain or punishment. Punishment does not curb the unacceptable behaviors of a sociopath because they don't feel the adversity of it as much, and all sorts of people are trying to figure out the basis of that. Okay, so those are hormone effects.
And now we're going to leap over this briefly except for one key thing there, which is neuronal structure of the brain. Things that have emerged in previous months to years, and what is now a solidly replicated finding, is: people with PTSD, post-traumatic stress disorder, the amygdala expands—growth of more processes, synapses become more excitable—the amygdala gets bigger.
While, as you know, with chronic stress the hippocampus is shriveling—just the opposite. The amygdala gets bigger; you see this on brain imaging of people with PTSD, and you see it being correlated with threshold for finding faces to be threatening, ease with which defensive autonomic responses are triggered. What PTSD does is give you a brain structurally that is more likely to find menace all over the place.
Okay. So now we shift over to the world of adolescence and childhood and all sorts of theories about what environmental factors have to do with the emergence of aggression, the emergence of pro-social behavior, emergence of compassion, emergence—all of that stuff. And no surprise, this is an area where all sorts of theorizing has been occurring at 10 times the rate of actual data points being accrued.
Three very influential theories about the role of environment and bringing about violence and aggression. The first one was attributable overwhelmingly to good old Konrad Lorenz. Konrad Lorenz's imprinting, his duckies, and Nobel Prize, and member of the Nazi party, participating throughout World War II. Konrad Lorenz had some very interesting theories about aggression, which in retrospect were not very surprising.
El modelo de la cisterna, de Lorenz
This he put together in one of the most unfortunately influential books of the 1960s, a book he wrote called On Aggression. And he gave his model of what the environment has to do with aggression. And clearly what had gone on was Konrad Lorenz had spent a lot of time in bathrooms and men's rooms watching flush toilets, flush urinals—the ones that automatically flush after a certain amount of time—because he came with his "toilet bowl model of aggression" as follows: You have the tank filling up with water.
And he actually used words like hydraulic. This is the hydraulic pressure that an organism feels towards being aggressive. As time goes by, the water levels get higher and higher. More of a propensity towards aggression. And where does environment come in at this point?
The higher the water levels, the less of an environmental trigger is needed to pull out aggression. And is the key point in his model, finally, when it gets up to the top, showing that this was not just any old toilet that Lorenz was obsessing over, but an automatic flush toilet. When the levels get high enough, you get spontaneous aggression, independent of environment.
Spontaneous aggression when it's gone on long enough. And what happens after you flush the toilet or it flushes automatically? It is depleted of water. Your tendency towards aggression is depleted afterward. Note what goes into Lorenz's model here. First off, that there are domains where aggression is inevitable. When you get up to the point of hydraulic pressure—a point where environment is irrelevant.
And in the aftermath of such aggression, you are depleted. Aggression becomes less likely afterward. And in every possible domain, this model turned out to be gibberish. For one thing, all you have to do, if we were all in a room here together, I would canvass people as to how many people in the room had actually ever murdered someone and who thought it was likely that at some point in their life they would murder someone.
And you see aggression is not universal. Aggression is not inevitable. We don't have tanks of water filling up in our heads which get high enough and the urge becomes irresistible. And the other thing wrong with that model is aggression does not cause depletion. Aggression increases the likelihood of subsequent aggression on the part of somebody; the tank doesn't empty out.
So, this was Lorenz with his model, and his model, which fits very easily into what we know about him already. A famous quote of his in the '70s: "You can't have love without hate," or something. The exact wording: love and hate, they go hand in hand. Like, what's the song?
Okay, I'm not going to sing it. But love and marriage. No, love and hatred, according to Lorenz, goes together hand in hand. Inevitable. You can't have one without the other. What are we looking at?
El modelo marxista de la agresión
This is the biological theorizing and imaginings of someone whose underlying premise was, "Don't blame me." I was just following orders. I was following orders in the 1940s, and I'm just following orders of my hydraulic toilet. So, so much for Lorenz and his really unfortunate influence on thinking about aggression in the 1960s. Another model: for many, many decades, Marxists have thought about aggression, and their viewpoint is very straightforward.
Aggression is about frustration. It's about lack of outlets. It's about resource inequity. And in a world in which nobody is strapped for resources, in a world in which no one is frightened or frustrated and everybody shares, blah blah, there will be no aggression. Some evidence for that. One piece we've already heard, which was: poverty is not a predictor of high rates of violence.
Poverty amid plenty. Seeing what you don't have, inequality. And that fits perfectly with this Marxist model. It is the psychological fact being drummed into your head over and over that some people are getting a better deal than you have. Aggression, violence, crime, whether violent or otherwise, all of that being more likely as a function of inequality in a society rather than absolute levels of poverty or wealth.
La agresión como grasa conductual
So that certainly fits with that model. Something that argues against it, though, as follows, which is something very interesting: You look at primate populations, and for example, I observed this in my baboons in the mid-1980s during a period when there's a drought, when the rains have failed, when there's a famine, when all the humans around there are going through a crisis.
Baboons did as well because they were starving. Resources are limited there because there's a famine. There's not as much food around. By a Marxist model, aggression should go through the roof at that point. And what you see instead is in other species and in humans as well: during periods of extreme duress, famine, starvation, aggression goes down.
And that gave rise to a term in the field: "aggression as behavioral fat." Which is to say, you're sitting there, you're well-fed, you're not hungry, things are fine, nobody's going to mate with you right now, so why not pick a fight with someone?
Aggression is what you do when you have a surplus of resources. And, "Why not behavioral fat?" A wonderful term for it, because what it's showing is, as soon as resources become slim there, the behavioral fat dissipates, and aggression goes down. Exactly the opposite of the Marxist model within that realm. That begins to explain something interesting about clan violence.
When you look at these "cultures of honor" that we've heard about already, in terms of ecological predictors of when you see cultures of honor, you get these vendettas that go on for centuries—the McCoys and the Hatfields, and vendettas and revenge, and your grandchildren are trying to be vengeful about something that was done to your generation, and just going back and forth for years and years and years and years.
When you think about it, there's a way within this Marxist model of framing this, which is there's a limited resource. Only one of the two sides can say, "We're the last one who did something aggressive." "We trounced them so bad they never came back again." Only one side can have that. And the way to make sure the other side can't claim that is to go back at them, and they come back at you, and go back at them, because the limited resource is being the one who had the last say in the matter.
El conductismo y el castigo
So, a way of framing that. Finally, we have behaviorism and "shiny forehead"—it's B.F. Skinner—and the whole notion that anything could be made more or less frequent with the right control of rewards and reinforcements and our behaviorist universals. And in the behaviorist framework, thinking about aggression, it is as modifiable as any other behavior.
And to see the flaws with that, all you have to do is look at some very critical statistics in this country, which is, now over the decades, over the years, as different states—as the country as a whole—bans capital punishment or brings it back, or brings it back but never actually does that, or rates of capital punishment.
What you would predict is from a behaviorist model, "Whoa, being put to death, that's a pretty major negative reinforcement!" And what the studies show is imposing the death penalty does decrease the incidence of premeditated violence. Fewer people are going to go take out an ad saying, "I'm willing to kill somebody if you give me enough money for hire." That's—yeah, that goes down.
That's not the most common domain where we see violence. Punishment, the extent of punishment, the likelihood of you being caught, the likelihood of you being convicted, the likelihood of getting a lengthy jail sentence, or capital punishment, or whatever. None of those have any consistent effect on impulsive violence. Impulsive: where this is the guy in the bar there, and somebody says something insulting, and before you know it, out has come the gun and somebody has been shot.
In those instances, somebody who's now pulled out the gun and is deciding whether or not to shoot this person. They're not standing there saying, "Wait a second." "Didn't I just read that the state legislature just brought back the death penalty and that would really suck if I get put to death for this?" No.
Nobody thinks that because in those moments of impulsive, passionate violence, nobody is thinking. We know the prefrontal cortex is out of there, and it's amygdala talking to basal ganglia talking to motor cortex—habitual stuff, all of that. That's a realm in which behaviorist models of likelihood of punishment has no influence whatsoever on rates of violence.
El desarrollo infantil: las etapas
Okay. We transition now, having gotten this overview of sort of the broad theoretical models with which people think about early development and the emergence of aggression and all of that. So what do studies in child development (and we're going to start with that before going to that weirdo specialty of adolescence) show?
What do you see? And as with much of child development, the whole field is dominated by stages. Stages. You crawl before you can cruise, before you can walk, before you can run. There are stereotypical transitions. There's no kid out there who learns how to run before they learn how to stand up. Similarly, you had language comprehension coming shortly before language production.
And that is a completely reliable transition: stages, maturational stages in kids relevant to pro-social and antisocial behavior. And you see the pieces beginning to emerge extremely early in life, in infancy. In infancy, at a couple of weeks of age, a couple of months, what's one of the first things you see is infants making distinctions between animate and inanimate objects?
How do you tell? Because you do stuff, like track how long a kid is looking at something. You track if their heart rate changes in response to looking at something interesting, things of that sort. And it's around then that kids start first differentiating between animate and inanimate and showing a preference for looking at the animate.
Interesting exception. The literature is a little bit mixed on this, but individuals destined to eventually get a diagnosis of severe autism either do not show this dichotomy between animate and inanimate, or it's greatly delayed in emerging. Okay, so that is a first step. What comes out soon after that is the first sense a kid has that they are "a me." That there's "a me" and "me" is separate from the rest of the world.
That there's ego boundaries making you, you, separate from everything. When do you see this not working? This is where you see a 14-month-old kid, and mommy has cut her finger on something, and for the rest of the day this toddler is walking around holding their finger because it hurts, because somehow there's no barrier between them and mommy.
There's no ego boundaries there. And what you begin to see is the development of a kid realizing that "I am a me" separate from the rest of the world, even separate from mommy. And you see that sort of behavior disappear?
La teoría de la mente
Then you begin to see theory of mind, which we all know about by now. When do kids, when do chimps, when do organisms begin to be able to realize that somebody else has different thoughts than they do?
Somebody else has different information. And we know the drill with that very well by now. And in human kids, theory of mind with that Sally-Anne test, the one where you see, "Put him there," and you go out of the room, it's changed, and now the kid is watching—that one where you begin to see kids emerging with theory of mind between ages three and five.
My kids of course got theory of mine on the very morning of their third birthdays, but that's the typical range where you see it, and this is where things begin to get interesting in a number of ways. Theory of mind is a necessity for something, but it is not sufficient. Theory of mind is a first step: knowing somebody else has different thoughts, information than you, as the stepping stone for: somebody else has different feelings than you.
The possibility of somebody else being in pain when you are not—theory of mind viewed as a prerequisite for the emergence of empathy. Sociopaths have spectacular "emotional" theories of mind. They are incredibly good at understanding what other people are thinking and other people are feeling. And what that is for is to manipulate them, to exploit them.
Understanding that other people have different feelings than you do is a prerequisite for feeling their pain and acting empathically, but is also a prerequisite for feeling their pain—except you don't really feel pain, but you've now just gotten insights as to how best to manipulate them. So that aspect of maturation there is not enough to explain an emergence of a capacity for empathy.
The other confusing thing about it: so we've got this very cognitive model here: by around ages three to five, kids can think through, "Oh my god, they know something that I don't, or I know something that they don't, or they're upset and I don't feel badly at all, but maybe that's something that's aversive, and I should do something about it." All of that's great in this very cognitive framework, but then you get these astounding circumstances where you have an adult (always a researcher working on it) who's sitting there pretending to weep and cry and loudly and all of that, and a surprising percentage of 12-month-old toddlers or whatever will come over and try to give them their pacifier or give them their stuffy or give them something to make them feel better.
Oh my god, 12-month-olds feel empathy in that sort of sense. So much for this maturational model. Ooh, at age three, I knew they think differently from me. At age four, I realize they have different emotions. All that, ooh, you're seeing empathic stuff emerging at kids, much earlier ages. Maybe this whole theory of mind stuff is nonsense.
So, one counter interpretation, and a very cynical one that almost certainly explains some of what's going on, is the person is sitting there—the grad student who's part of the project is sitting there—pretending to weep and cry and loudly and all of that, and the toddler comes over and gives them their stuffy so that they feel better and stop crying.
Is it because the toddler feels their pain or is it because the toddler finds their crying irritating and unsettling as hell? Will you shut up, please? Here, hold my stuffy. Stop crying because I find that to be very distressing because I'm still not completely sure if you're the one who's upset or if I'm the one who's upset or if there's a boundary.
Kohlberg y las etapas del juicio moral
All of that. That seeming empathy in kids of that age. Is that just trying to reduce an aversive stimulus? So that is a possible counter interpretation. So, jumping back into the cognitive realm, we've just set ourselves up for the cognitive development of morality, über. Once kids are figuring out, ooh, people have different thoughts than me.
People have different emotions. This cognitive landmark of all of that, you then begin to look at the cognitive landmarks of moral development. And this is where we move into the world of this super influential psychologist Lawrence Kohlberg at Harvard in the '60s. Incredibly influential, one of the most cited psychologists of the 20th century.
And he seemingly taught the world how do kids grow into having a moral compass. And, like a lot of these here, he had a stage model: at six stages of moral development: and stages one and two he called preconventional; three and four, conventional; five and six, postconventional. I've never been able to stay awake when reading his stuff long enough to really get the distinctions between one and two or between three and four and five and six, but what I'm going to collapse them into here is very roughly what preconventional moral rules are about are entirely ego-based.
Why is it that you shouldn't steal a cookie when no one's looking? Because if I get caught, I'm going to get punished. Pure self-interest going on in there. I restrain my behavior out of the fact that the consequence will be aversive. Then the transition to the conventional stage, and there you get this broader horizon of thinking.
Why is it that you don't steal a cookie? Because it's against the rules. It's against the laws. A more elaborated version of that. What if everybody stole cookies? There would be anarchy and all of that. Why don't you do that?
Because there are agreed upon conventions of behavior. When you are not stealing a cookie just because you're afraid of getting caught, you are preconventional. You are not at that stage yet. Conventional, dealing with the fact that there are agreed upon rules among everyone there, and the rules themselves can wind up being appealing.
Law and order, where, independent of what the rule is, rules are good things because it makes society work better. And if people didn't follow rules, there would be chaos. And then there's the postconventional stage. And in this rarified, transcendent one, this is saying, "I don't care if that's the rule." "I don't care if this is what everybody thinks you should do in this circumstance." "I don't care if I'm going to be punished for doing this." "This is the right thing to do." "This is the right thing." Totally independent of what sheeplike, conformist rules everybody else follows.
This is not okay with me. Implicit in a postconventional stage of moral development is a remarkably unique thing that humans develop into as follows: The ability to make the statement: "How could I live with myself if I did that?" How would I fall asleep at night?
Internalizing all this stuff where you are the litmus test for what is moral and not. And at its most noble and heroic, you are willing to pay the price, even an enormous price, the ultimate price for what you see as the right thing to do no matter what everybody else says. So preconventional, conventional, postconventional.
And one of the most interesting things that came out of Kohlberg's work was showing everybody doesn't get to the same level. Showing most people do not reach postconventional Kohlberg reasoning. Most people instead stop somewhere in the "because they're rules." And the world would be a chaotic, miserable place if there weren't rules, and that's why we should follow them.
Las críticas a Kohlberg
It's only a subset of people who show postconventional thinking. So that was wildly influential, enormously so. And of course, there's been some very, very valid criticisms. First off, overwhelmingly a weird literature studying weird subjects. Second, overwhelmingly a literature bias towards studying boys rather than girls. Psychologist Susan Nolen-Hoeksema, who used to be here at Stanford before she moved to Michigan, then Yale, and died at an appallingly early age of what was apparently a medical mistake.
She was the first one to emphasize, uh, moral development in boys and girls, on the average, is not the same. Boys are more concerned with justice. Girls are more concerned with fairness. And when you look at girls development, you don't see as strict of transitions of Kohlberg stages. What you also see is they're not strict transitions.
As with any of these stage ones, you don't wake up one morning and that's the day you were suddenly conventional and up until then you were preconventional. What you'll see is a kid is transitioning, and in some circumstances they're at this level, and others they're at that level. As a general rule with strong emotional arousal, people default back to a lower level in their decision-making.
Oh, it's not clean transitions. Okay. Yeah, we are willing to deal with that. This is idealized or clear transitional stuff. Yeah, it's murky, and depending on how you're feeling that day and what you had for breakfast and maybe how emotional you're feeling, you could be waffling between this or that stage. But the biggest problem with it is one that we already know about that has already been alluded to, which is: this is the universe of how do we make moral decisions?
Sentimos nuestro camino hacia la moral
We think our way towards it. We think our way because we know we're likely to get punished or we know there are laws or we know we won't be able to live with ourselves no matter what the rules are. And this is our cognitive realm. And what we did a lot in previous lectures is see how much instead we are feeling our way to moral decisions.
That work by Jonathan Haidt. Limbic structures are activating when we're deciding in a moral quandary before cortical structures—a model for it as well. Every time somebody is saying, "I can't tell you why, but it's wrong when they do that." All they're saying is my limbic system has made a decision, but it hasn't had enough influence on my cortex yet to have concocted a supposedly rational explanation.
This has been part of this massive transition from an emphasis on moral development as a cognitive process to it as a moral process. What goes into the transition between feeling empathy and acting compassionately?
And you see that you see sort of when there's distress at injustice—stages of that as well. You see kids at a stage where what unfairness is about is self-interest. "It's not fair." "I didn't get it when everybody else was supposed to." Pure self-interest. Then the ability to generalize, to extend emotionally to, "It's not fair." "They didn't get a piece, all the rest of us did"—that as a maturational stage.
From there, moving on to the notion that there's a difference between intentional harm and inadvertent harm. There's a difference between egalitarianism and meritocracy. "Everyone should get the exact same thing." Egalitarianism; meritocracy, the first time kids are saying, "They worked harder for it," "they are more deserving," or the first time kids are saying, "They had less in the past, they should get more now." The how much does somebody's moral stage actually predict about what they do in the world?
Cuándo emerge la violencia: la puntuación ACE
And we're going to see it predicts next to nothing. So, more aspects of child development: when does violence emerge? Very briefly here, it's showing more exposure: kids being exposed to violence early in life within the family, within the neighborhood. All of those are predictors of higher rates of violence. Coming into that is a critical concept in sort of psychobiological developmental stuff.
The ACE score, how many adverse childhood experiences has this kid had? And by now there's a standardized score of 1 to 10 or 0 to 10. 10 different categories. And every pediatrician has some version of this up there. 10 different categories. Were you psychologically abused as a child?
Were you physically abused? Were you sexually abused? Were you witness to any of the above? Was a family member incarcerated? Was there socioeconomic stress? And for each one of those, you get another point from the unbelievably lucky zero up to the unimaginable 10. And that winds up being highly predictive of things, like antisocial violence in adulthood.
How's this for a number? For every step higher you go on the ACE scale when what your childhood was like, there's about a 35% increased likelihood that you will have a history as an adult of antisocial violence. If you're a woman, about a 35% increased likelihood of having had a teen pregnancy. In either sex, about a 35% increased likelihood of problems with substance abuse, mood disorders like depression and such.
So early environmental adversity playing a huge role in likelihood of violence coming out the other end. Okay. So in that regard, what's one of the most dangerous versions of exposure to violence early in life is being exposed to rationalizations for violence. And this is where culture comes in crazy, because it is early in life that kids are being taught: either "Thou shalt not kill, ever," or "Thou shalt not kill, but if you kill them, we'll give you an award," or cultural notions of, "Does mistreatment mean you have to answer with vengeance?
A culture of honor, does it mean you turn the other cheek?" Does it mean you answer with vengeance to what was done to your ancestors five generations ago? Cultural acculturation at that point is incredibly important along the lines of how and when is violence rationalized. And I think we get a very important hint in it here looking at (and people have done all sorts of research on this in recent years), big surprise, looking at the relationship between extreme religiosity and support for violent religious fundamentalism.
And what the studies show is it's not how often you pray. It's not how often you go to your... you reflect on the laws and all of that. The predictor is how much time you spend in a place of prayer surrounded by co-religionists. How much time are cultural values being inculcated?
How much is it a set of shared traits? And that process starts very, very early in life. Okay. So let us stop at this point, and we will continue filling in on adolescence and barrel to the end of it when we come back on Monday. So have a good weekend.
Aclaraciones: las caras redondas y el septum
Vale, retomamos la agresión y sus antídotos, parte tres. Pero antes, algunas aclaraciones de clases anteriores. La primera: una aparente contradicción entre lo que dije en clase y lo que pone en los apuntes ampliados, que es que las mujeres prefieren a hombres de cara más redonda durante la fase lútea y los ven más competentes. Pero antes había dicho que, en conjunto, las mujeres ven a los hombres de cara más redonda como menos competentes.
¿Y qué pasa con eso? Y es confuso porque yo me estaba confundiendo. Esto es lo que se ve. Durante la fase folicular, en estos estudios las mujeres están buscando pareja sobre todo, con pequeñas diferencias individuales y tal y tal. Muestran preferencia por hombres a los que se percibía como asertivos, socialmente dominantes, socialmente eficaces. Y en esas circunstancias, los hombres de cara más redonda se perciben como menos competentes para eso y, entre otras cosas, menos deseables.
Pero durante la fase lútea, lo que se ve es que la preferencia femenina se desplaza más hacia hombres empáticos, con buena inteligencia social y buenas habilidades interpersonales, y se les percibe como más competentes en eso. Así que perdón por la confusión. Otra cosa: la corteza prefrontal dorsolateral puede inhibir la agresión. El septum puede inhibir la agresión. Aquí hay cosas que se confunden un poco.
¿Por qué el septum no tiene más peso en nuestro pensamiento y en nuestras preguntas sobre cómo frenar cosas como el fastidio o las ganas de gritarle a alguien? El septum inhibe la conducta agresiva en un contexto emocional. La corteza prefrontal dorsolateral, en uno más cognitivo. ¿Qué quiero decir con eso?
Estás a punto de salir a atracar violentamente a una anciana, y justo cuando vas a hacerlo ves: «¡Dios mío, se parece a tu abuela querida!». Y te frenas y no la atracas. Eso es el septum. Alternativa: vas a atracar a la anciana y entonces te fijas en que hay alguien de pie allá lejos, en la esquina siguiente, y calculas deprisa que si la mujer grita pidiendo ayuda cuando la atraques van a poder oírlo, y por eso te abstienes.
Los mitos del entorno
Eso, como contraste. Vale, seguimos. Ya casi hemos terminado con los estímulos del entorno: tan cerca de terminar que lo taché emocionado. Unos últimos aspectos de los desencadenantes ambientales de la agresión y de los frenos a la agresión, y van sobre todo de mitos. El primero es el mito de las multitudes, el hacinamiento, las densidades altas, las densidades de población altas, que aumentan la cantidad de violencia y de agresión.
Calhoun y el mito del hacinamiento
Y todo eso venía de una investigación espectacularmente influyente que se hizo a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, por este tipo llamado John Calhoun, famoso y todo eso, donde mostró que tenía una colonia de X ratas en un recinto grande y hacían su vida de ratas. Y luego metió el mismo número en un recinto más apretado.
Y, como él informó sin aliento al mundo, y como la prensa informó sin aliento, explotaron en violencia y salvajismo, y bandas de ratas apaleando y matando a otras. Y aquí está la palabra que de alguna manera siempre llegaba a la prensa: canibalismo. Estalló el canibalismo. Y para principios de los sesenta, el de Calhoun era uno de los estudios científicos más citados en el Congreso, con: «Uf, esto es en lo que hay que pensar en entornos urbanos de alta densidad y tal, porque el hacinamiento hace a los mamíferos, a las personas, más violentos». Y todo lo que hacía falta era que una generación siguiente de investigadores hiciera estudios del tipo de Calhoun, pero con muchísimo más detalle y sutileza e intuición etológica, y mirando a ratas individuales, mirando su conducta individual.
Y lo que se mostró fue que, en conjunto, el hacinamiento no vuelve a las ratas más violentas ni más agresivas. Hace que las ratas —el subconjunto pequeño que ya tiene esa tendencia— lo sean más. Exagera las tendencias conductuales que ya existían en esas ratas. Y la mayoría de las demás ratas se volvieron menos agresivas en esas circunstancias. El problema no es que el hacinamiento urbano vuelva violenta a la gente.
Es que es un factor que agrava las cosas en quienes ya tienen esa tendencia, lo que debería sonar exactamente a lo del alcohol del otro día. El alcohol no vuelve agresiva a la gente; vuelve más agresiva a la gente agresiva. Lo mismo con el hacinamiento. El siguiente mito: el contagio social en las multitudes, que cuando estalla una pelea en un estadio de fútbol o algo así, todo el mundo se va a sumar, entre los dos bandos rivales.
En este caso, la ciencia se hizo con estadios de fútbol británicos y hooligans del fútbol, y «ay, todo el mundo se amotina y pelea y todo eso». Y con la llegada de la televisión en circuito cerrado, podías ver de verdad, instante a instante, quién hacía qué. Y lo que salió de ahí es que la mayoría de los participantes enfadados en esa pelea de bandas entre los dos leales, y todo eso.
La mayoría de los participantes no da ni un puñetazo. La mayoría está de pie en la banda. Y de los que sí dan un puñetazo, en cuanto lo dan descubren que eso te hace un daño tremendo en la mano y no lo vuelven a hacer. Que la mayor parte de la pelea es de un subconjunto de individuos. La idea de que la violencia tiene —el término que se usa en el campo— «contagio emocional», «contagio social», es en buena medida un mito.
Kitty Genovese y el efecto espectador
Tercer mito que descartar, y es otro que salió de algo que se apoderó de la conciencia del público y, por desgracia, de manera malinterpretada: a principios de los sesenta, mediados de los sesenta, a una mujer de Manhattan llamada Kitty Genovese la atacó un hombre que la violó repetidamente y luego la estranguló o la apuñaló. Y durante todo eso, ella gritaba pidiendo ayuda.
Y esto fue en el portal de su edificio de apartamentos o algo así. Y como todo el mundo se enteró, decenas, cientos de personas que vivían en el edificio de enfrente, todo eso, lo oyeron y no llamaron a la policía, no querían meterse en líos. Y esto pasó a conocerse como el efecto espectador: que la gente está dispuesta a quedarse ahí plantada cuando está pasando algo espantoso y mirar para otro lado porque no quiere meterse.
Y resultó que eso no fue en realidad lo que pasó. Era pleno invierno, así que la mayoría tenía las ventanas cerradas y los radiadores haciendo ruidos de vapor y traqueteo, así que en realidad nadie lo oyó. Las pocas personas que sí lo oyeron le gritaron desde arriba que parara y dijeron: «¡Voy a bajar y te voy a parar!». Lo que sea.
El efecto espectador es en buena medida un mito. Un montón de gente no oyó que la estaban atacando y eligió ignorarlo. Y la mayoría de los estudios desde entonces han mostrado que los efectos espectador no son el caso. No es hasta que llegas a un grupo grande de gente cuando empiezas a pensar que otro saldrá de la multitud y hará algo valiente y que da miedo.
Hormonas: la testosterona
En grupos más pequeños no hay ningún impacto del número de personas que están ahí sobre la probabilidad de que alguien se meta y haga lo más difícil, lo que más da miedo, lo mejor. Vale. Así que pasamos ahora a nuestra siguiente categoría: las hormonas. No las hormonas en respuesta a que tú hagas algo agresivo. No las hormonas de cuando eras un feto, sino qué tienen que ver tus niveles hormonales de las últimas horas de hoy con la conducta agresiva.
Y ya sabéis: nada más empezar vamos a tirarnos a lo hondo con la testosterona, porque en especie tras especie, con un par de excepciones interesantes de las que oiremos hablar, en especie tras especie, los machos son más agresivos que las hembras en cultura tras cultura. Y lo mismo pasa en la época del año en que ocurre el apareamiento estacional y suben los niveles de testosterona.
Castración, reinstauración y residuo
Esta es la biología de por qué los machos son un incordio semejante. Porque la testosterona causa agresión. La testosterona no causa agresión. Así que, para empezar a diseccionar eso, tengo un diagrama que... ay, si hubiera planificado con antelación, me habría podido ahorrar la moderación de la semana pasada. Sí, otra vez este diagrama. ¿Qué tiene que ver la testosterona con la conducta sexual?
Bueno, si ponemos esto como niveles normales de testosterona y niveles normales de conducta sexual, pero ahora pasamos a los niveles exactamente normales de agresión, los niveles medios de agresión. Castras al individuo: primate, mamífero, roedor, humano, da igual. Y la agresión se desploma del 100 % de testosterona a cero, y la reinstauras con los mismos niveles de testosterona.
Y el mismo remate: sigue habiendo residuo. Sigue habiendo ahí agresión residual. ¿Y de qué va el residuo? Lo mismo de siempre. Cuanta más experiencia haya tenido el individuo con la agresión antes de la castración, más agresión residual hay después, más aprendizaje social, más condicionamiento social. Y esto es una de esas cosas: le cortas los testículos a un caballo si quieres que sea dócil y manejable, lo capas o lo que sea.
O lo mismo cuando castras a perros machos, donde la regla es no hacerlo a una edad demasiado tardía, porque para entonces ya han tenido demasiada experiencia social siendo agresivos y cosas así. Habrá mucho más residuo después de castrarlos. El mismo remate que la semana pasada con el sexo.
Ahora, después de la castración, reinstaura con el 20 % de los niveles medios o con el 200 % de los niveles medios, y no supone ninguna diferencia, porque el sistema no es sensible a pequeñas diferencias individuales. Así que sí, la testosterona es central para los niveles típicos, normativos, de agresión, pero hay un componente social fuerte, y tras la reinstauración el sistema no es sensible a pequeñas diferencias individuales, y eso es importante.
Coge a alguien que abuse de esteroides y sus niveles suben —igual que en el terreno de la conducta sexual— suben como mil veces o lo que sea. Están arriba en ese rango, y ves más agresión, y ves toda clase de casos patológicos de gente que abusa de esteroides en circunstancias así. Pero, aun así, ese es nuestro remate sobre la testosterona.
La testosterona amplifica lo que ya está ahí
Pero luego se vuelve más sutil. Ahora tenemos que la testosterona no causa todos los tipos de agresión. Y da prácticamente igual qué nivel de testosterona tengas. La testosterona no causa agresión. En vez de eso hace esto. Vale, dos versiones de esto. Aquí tenemos cuatro primates, y están juntos —cuatro primates machos— y han formado la jerarquía de dominancia.
A domina a B, C y D; B domina, etcétera, y tienes esta bonita jerarquía lineal. Ahora coge al individuo B y dale testosterona. Dale un montón... dale tanta testosterona... ¡como si a su amígdala le estuvieran creciendo cuernos!
¿Y cuál es la predicción obvia? Que su cantidad de agresión subirá. Y ese es absolutamente el caso. El número de interacciones agresivas en las que se ve metido subirá. Ajá, y ahora predices: esto es lo que debería verse. De pronto B, envalentonado con testosterona, se enfrenta a A y derrota a A. Hay un cambio en la jerarquía como resultado.
Eso no es lo que se ve. Lo que se ve es que B sigue igual de aterrorizado por A, sigue igual de sumiso y arrastrado, y todo eso. ¿Y de dónde sale la más agresión de B? B se está comportando como un hijo de [pitido] desplazándolo sobre los pobres C y D. La testosterona no está cambiando ahí la estructura de dominancia.
Está exagerando los componentes agresivos que ya estaban ahí. La testosterona no causa agresión. Está subiendo el volumen de la agresión social que ya está permitida. Eso es una diferencia enorme. Y es el mismo tema de: el hacinamiento vuelve más agresivos a los individuos agresivos. El alcohol lo hace; la testosterona hace que los individuos que ya son más sensibles a las señales del entorno que evocan amenaza, agresión y demás sean más sensibles, y lo único que hace es exagerar las tendencias que ya existían.
Esto se podría mostrar de otra manera, pero no por este lado. Ahora vamos a ser mucho más reduccionistas. Y ya le has metido electrodos a la amígdala de alguien. Y estás mirando potenciales de acción. Sí, todo el mundo debería reconocer esto ya. Empiezas a despolarizar. Pasas el umbral, que en realidad es más bien −30. Así que lo he dibujado mal.
Vale, arreglémoslo ahí mismo. Vale, perfecto. Y ahora tienes esto: esto es el inicio, el estallido del potencial de acción. Pasas de negativo a positivo, y luego bombeas potasio hacia fuera rápidamente. No os asustéis si no estáis familiarizados con eso. Es un detalle innecesario. Y vuelves al estado negativo en el que empezaste.
Y luego vas más allá. Te hiperpolarizas a −90 y vuelves despacio a lo normal. ¿De qué va esto? Desde el punto de vista de la información, es una manera de decirle al mundo que se acabó. El potencial de acción se acabó. No solo hemos dejado de ser positivos, no solo nos hemos vuelto negativos, no solo hemos llegado al −60, que es de donde partimos: hemos ido todavía más allá para dejar absolutamente claro que se acabó.
¿Y qué está pasando durante ese periodo de hiperpolarización? Esta es una neurona que ahora va a necesitar más excitación para tener un potencial de acción, porque está mucho más lejos del umbral. Y esto acaba siendo un periodo de silencio relativo. ¿Cómo se llama eso en el oficio?
Es un periodo refractario. ¿Y qué hace la testosterona? Hace que el periodo refractario se acorte en las neuronas de la amígdala. Cambia la composición de algunos de los canales de potasio, de algunos de los canales de sodio que intervienen ahí. Cambia las cosas para que el periodo de recuperación sea más rápido. ¿Qué acabamos de mostrar?
Que esta es ahora una neurona que puede tener más potenciales de acción por unidad de tiempo, que puede «gritar agresivamente» más por unidad de tiempo. Pero fíjate en que este efecto de la testosterona es irrelevante si no se ha disparado la neurona para que tenga un potencial de acción. Entonces, ¿qué está haciendo aquí la testosterona?
¿Está la testosterona haciendo que haya más potenciales de acción relacionados con la agresión en las neuronas de la amígdala al hacer esto? No: hace eso si y solo si la neurona ha sido excitada por algún estímulo, por algún estímulo externo. Vaya, esto debería sonar ya a un tema archiconocido. Las benzodiacepinas y el GABA: si y solo si las sinapsis axo-axónicas, las interacciones gen-ambiente.
La hipótesis del desafío, de Wingfield
¿Qué le hace la testosterona a la excitabilidad neuronal? No la aumenta de forma genérica en la amígdala. Aumenta la sensibilidad, la capacidad de respuesta, a los estímulos externos. El tema, una y otra vez. Y luego la historia de la testosterona se volvió aún más interesante, y esto es trabajo de este tipo llamado John Wingfield, que en realidad es un endocrinólogo de la conducta de las aves y que, a pesar de su nombre, decía que no se sentía obligado a hacerse ornitólogo —ornitólogo, esa gente de los pájaros, lo que sea—.
John Wingfield: este replanteamiento extremadamente influyente que hizo hace unas décadas al proponer lo que llamó la «hipótesis del desafío». Así que, con lo que acabamos de ver con nuestros matices, la testosterona no causa agresión. Amplifica la agresión disparada socialmente. La testosterona es esencial para la mayoría, pero no para todas; las diferencias individuales no marcan gran diferencia.
Todo eso. Pero todo esto va de dar sentido a la conducta agresiva cuando alguien está siendo desafiado, o incluso a la conducta impulsiva. Lo que Wingfield propuso con la hipótesis del desafío es: la testosterona te hace hacer lo que necesites para conservar o alcanzar un estatus alto cuando ese estatus está siendo desafiado. Te hace hacer lo que necesites para conservar tu estatus alto cuando te lo desafían.
Vale, eso de pronto parece muy sutil e interesante. Y espera, eso no nos dice nada en absoluto. Eres un babuino. Eres un macho alfa y alguien te está desafiando. Y tu manera de responder a ese desafío a tu estatus es abalanzarte sobre el tipo a zarpazos con los caninos. Sí, ya, te vuelves agresivo, pero luego se dan circunstancias en las que la manera de mantener con éxito el estatus cuando te lo desafían no implica agresión.
Hace años me invitaron. Daba una charla en una cosa de una gala benéfica en Silicon Valley, y después me quedé por ahí, y tenían una subasta de —subastaban toda clase de experiencias y objetos de lujo para esos ricos que estaban allí— y fue una de las cosas más asombrosas que he observado como primatólogo.
Lo único que quería era dormir con dardo a algunos de esos, porque lo que estabas viendo era a un montón de tíos riquísimos de Silicon Valley compitiendo por quién donaba más dinero, quién pujaba más alto, compitiendo por ver quién podía comprometerse a más. Y esos tíos estaban presuntamente medio borrachos, porque el alcohol corría.
Así que su juicio era aún peor. Y estaban compitiendo por estatus por quién estaba dispuesto a dar más dinero a obras benéficas. Vaya, eso es algo muy distinto. Y si la hipótesis del desafío es correcta, deberías poder tomar una circunstancia, por ejemplo, de gente jugando a un juego económico (de los relacionados con el dilema del prisionero, el juego del ultimátum y tal) donde a lo largo de muchas rondas acumulas estatus haciendo ofertas generosas, y darles testosterona, ¿y qué hacen?
El estatus se gana como manda la cultura
Se vuelven más generosos en el juego. La testosterona no te vuelve agresivo ni te vuelve más sensible a los estímulos agresivos, con todos estos matices. La testosterona te vuelve más propenso a hacer lo que sea que sea la vía socialmente eficaz en tu universo para conservar el estatus cuando te lo desafían. Eso nos está diciendo algo muy importante.
Por un lado, nos dice que si cogieras a un montón de monjes budistas y les inyectaras testosterona, se desmelenarían compitiendo por ver quién hace más actos de bondad aleatoria, actos aleatorios de bondad. Eso sería de lo que iría su estatus en su mundo. Lo que estamos viendo aquí es que si hay demasiada agresión masculina en este planeta, no es por la testosterona.
Es porque recompensamos el estatus alto por agresión con demasiada facilidad. En un mundo en el que el estatus se repartiera por cosas muy distintas, la testosterona tendría efectos muy distintos. Vale, ese es un punto muy importante. Qué hace y qué no hace la testosterona, y de qué maneras es moduladora en vez de causativa. Y este punto clave de la hipótesis del desafío: te hace hacer lo que tu cultura, tu sociedad, lo que sea, valora como la ruta al estatus.
Testosterona y andrógenos en las mujeres
¿Y qué pasa con la testosterona y los andrógenos relacionados en las mujeres? Ya sabemos que sale de las glándulas suprarrenales. Ya sabemos que son más o menos, no sé, el 10 % de los niveles que se ven en los machos. Y ya sabemos el remate de la semana pasada, que es que desempeña un papel en la motivación sexual de las mujeres, igual que en los hombres, pero un papel más pequeño.
Y en las hembras de mamífero, los andrógenos contribuyen a aumentar la probabilidad de agresión, de agresión femenina, pero el efecto no es grande. El mismo remate. ¿Cuándo ves agresión femenina, por ejemplo, entre primates? Y hay ciertos dominios: la protección de tu cría: vete a intentar cogerle un gatito recién nacido a la gata —a la mamá— y mira cómo reacciona a eso.
Las hienas manchadas
Y la competencia entre hembras en las especies de vínculo de pareja. Así que ahora pasamos a esta noción de cuánto es la testosterona un destino. Y aquí miramos a una de las especies más raras de este planeta. Una de las especies maravillosamente más raras. Y durante un tiempo fue la especie más guay que había para estudiar.
Y luego la destronaron las ratas topo desnudas, a las que se veía como aún más guay para estudiar. Pero las hienas. Las hienas. Tres especies distintas de hienas: rayada, parda y manchada. La hiena manchada, la que corretea por el África oriental. Esta es la estereotípica que hace sonidos irritantes en El rey león. Esta es la hiena manchada.
Tiene un sistema social absolutamente único, como sigue: las hienas hembra son más grandes que los machos. Las hienas hembra tienen más masa muscular que los machos. Las hembras son más agresivas. Las hembras son socialmente dominantes sobre los machos. Y las hembras tienen clítoris que se empinan y son indistinguibles de las erecciones del pene de los machos, e igual de grandes. Vaya. ¿Qué pasa con eso?
Aristóteles y el hermafroditismo
Y muchísima gente ha trabajado mucho en esto. Y empezando por Aristóteles —pues no sé, hace 2.000 años, cuando andaba por ahí dando vueltas un invierno, no sé, no tenía otra cosa que hacer y diseccionó un montón de hienas que alguien le había traído de África o algo así, y mirando las partes íntimas de las hembras y de los machos, concluyó que las hienas son hermafroditas.
Toda hiena contiene los órganos sexuales de ambos sexos. Se equivocó. Se equivocó muchísimo hace 2.000 años. Las hienas son lo que la gente de obstetricia y ginecología llamaría pseudohermafroditas. Las hienas hembra, a pesar de sus clítoris enormemente agrandados y erectos y todo eso, no tienen testículos. Tienen ovarios. Tienen vagina. Y si eres macho, tienes que rebuscar mucho y de cerca para encontrarla, porque está casi toda oculta.
¿Qué pasa con eso? En algún punto del camino hubo algún tipo de mutación, no en las suprarrenales en el caso de las hienas, sino en los ovarios, donde además estabas produciendo un montón de un andrógeno relacionado con la testosterona. Y de pronto tienes hembras grandes, musculosas y agresivas, y tienes una inversión de lo que se ve en muchos tipos de carnívoros depredadores.
Los leones, por ejemplo. ¿Qué pasa con los leones? Un grupo de leonas sale y mata algo, y justo cuando van a sentarse a comer, aparece el macho y las echa de la presa y se la queda para él. Y entonces van a cazar otra cosa. Él se queda ahí, a punto de comer.
Aparece el macho y las echa, y la jerarquía de alimentación es: el macho que no ha hecho nada del trabajo, las hembras y luego los cachorros de león. Y una de las realidades más angustiosas que hay por ahí es que, con tamaños de camada de 8, 10 o 12 cachorros, casi todos se mueren de hambre en su primer año de vida.
En cambio ahora tenemos a las hienas, donde las hembras son grandes y agresivas a más no poder, y los pobres, famélicos y gimoteantes machos de hiena son los que salen a cazar, matan algo y están a punto de comer. Y las hembras llegan, los echan de la presa y dejan comer a sus crías.
Y la jerarquía de alimentación allí es: crías de hiena, hembras y machos. Haz eso y tus crías van a sobrevivir, lo cual es muy útil porque, por razones de embarazo, no sé, digamos, obviamente, las hienas solo paren gemelos, en vez de camadas grandes. Así que de verdad quieres que tu cría sobreviva ahí, si solo tienes dos con las que lidiar en vez de una docena o así.
Gran presión selectiva para que eso ocurriera. Así que todo eso está muy bien. Todas las hembras deberían hacer esto. Todas deberían ir y hacerlo, porque sus crías tienen más probabilidades de sobrevivir porque tienes andrógenos elevados, y te pasan cosas sexuales raras ahí abajo, pero eres grande y musculosa y agresiva, y tus crías sobreviven.
Solo que hay un problema, que es que si tienes hembras androgenizadas prenatalmente (como lo están las hienas hembra, porque mamá tiene niveles altos de andrógenos, androgenizadas), saldrás más agresiva, más musculosa, ya lo veremos en un momento. Sales así del todo, pero sales con un hipotálamo que no hace ciclos ovulatorios.
Es un hipotálamo masculino simplificado que en vez de eso hace cosas como esta. En vez de tener esos fiables... de alguna manera, si fueras una hembra humana típica androgenizada así prenatalmente, no ibas a ser especialmente fértil mucho después, porque no ibas a tener liberación cíclica de hormonas. De alguna manera, los hipotálamos de las hienas hembra evolucionaron un medio para protegerse.
El hipotálamo se protege a sí mismo de la androgenización prenatal que viene de mamá. Las partes del cerebro relacionadas con la agresión, por simplificar, sí que están afectadas sin ninguna duda por los niveles de andrógenos prenatales. Así que de alguna manera las hembras lo han conseguido: ser estos pseudohermafroditas con genitales externos que parecen masculinos, y ser grandes y agresivas y todo eso, pero seguir siendo fértiles, y que sus fetos salgan ya empapados en partes agresivas del cerebro, activándose.
Siempre dos: el fratricidio al nacer
Aquí hay un hallazgo muy interesante sobre las hienas. Las hienas siempre paren gemelos. Ah, qué guay. Eso suena a vínculo de pareja. Estamos familiarizados con eso. Siempre paren gemelos. Esto no es lo que la gente solía pensar, porque siempre veías a una mamá con su recién nacido, su recién nacido que sale del agujero de su madriguera, que han excavado en algún termitero, y sale la cría, y «ah, ahí están mamá y su cría y todo eso». Y no fue hasta que la gente empezó a hacer cosas como meter tubos de fibra óptica ahí abajo cuando se dieron cuenta de que las hembras paren siempre gemelos.
Y por culpa de los andrógenos altos, estas crías nacen ya con los ojos abiertos y con colmillos. Y el primero que sale se da la vuelta y mata al segundo: fratricidio justo después del nacimiento. Y lo que tenemos es otra vez una estrategia de apostar por varias cartas, y solo emerge una de ellas. Así que este sistema social salvaje, y tienes machos socialmente dominados por las hembras, y ves algo muy interesante en toda clase de mamíferos allá fuera, y en los primates: los machos tienen erecciones como señal de dominancia.
Y tienes monos machos blandiendo sus erecciones unos ante otros de manera amenazante y todo eso. Si eres un macho de hiena, no eres dominante. Estás aterrorizado por todas las hembras que hay por ahí. ¿Qué hacen los machos cuando las hembras los amenazan?
Tienen erecciones. ¿Qué están diciendo? Por favor, no me hagas daño. Soy solo uno de esos machos gimoteantes. ¿Lo ves? ¿No lo ves? Por favor, no me pegues. En los machos de hiena, el estrés causa erecciones en vez de lo contrario. Y algo del cableado tiene que ser completamente distinto en el sistema nervioso autónomo. Vale, esas son las hienas, y son una excepción asombrosa.
La colonia de Berkeley
Una excepción asombrosa también en otro sentido: hace años, la primera colonia de hienas de la Tierra se estableció en Berkeley, allá arriba en las colinas, y trajeron un montón de crías de hiena del África oriental y las metieron en este grupo, y por supuesto, lo que esperas ver es: ¿van a emerger las hembras como dominantes?
¿Va a emerger esa clase de jerarquía social normal de las hienas que hay en libertad? Y lo que se mostró fue que sí, pero tardó más que en libertad. Tardó más que las hembras empezaran a dominar a los machos cuando eran crías. Los machos dominaban más. Y lo que emergió despacio, más despacio que ahí fuera, fue el sistema social normal.
¿Por qué fue más lento? No había adultos a los que mirar. No estaban recibiendo socialización sobre cómo se trata a otras hienas. Tenías un patrón de acción fija de dominancia femenina, pero ningún modelo para él. Así que tardó más en salir y en ser socialmente apropiado.
El ciclo ovulatorio y la agresión femenina
Así que ahí hay una gran lección que llevarse sobre las hienas, que es: interacciones, otra vez, entre lo biológico y el contexto social y todo eso. A estas alturas ya nos lo sabemos dormidos. Vale. ¿Y qué hay de otras hormonas y de la agresión femenina, lo que nos manda a toda velocidad de vuelta al ciclo ovulatorio?
Y lo que se ve es que tienes —aquí el estrógeno tiene su pico alrededor del momento de la ovulación, justo antes—. La progesterona sube hasta arriba, y hemos visto que esa caída tiene que ver con la falta o el declive de la motivación sexual, de la proceptividad sexual. ¿Y con la agresión?
Los cambios premenstruales: del mito al dato
Lo que se ve es que sí hay un pico de agresión y de agresividad en las hembras de mamífero, en las hembras de primate, alrededor de este punto en el tiempo, incluidos los humanos, alrededor del momento de la regla. Dios mío, el SPM: mujeres que se vuelven agresivas y violentas y todo eso. Y la literatura criminológica está sembrada de nociones de mayor violencia.
Que es alrededor de ese momento del mes cuando las mujeres tienen más probabilidades de ser asesinas y todo eso. Lo que ocurre en realidad es que miras a la mujer media y alrededor del momento de la menstruación suele haber algunos cambios sutiles de personalidad, más irritabilidad, más tendencias depresivas. Eso lo veremos con más detalle en un momento.
Y un subconjunto pequeño de mujeres, en vez de ser premenstruales, tienen síndrome premenstrual, que es que tienen cambios de personalidad y cambios afectivos enormemente fuertes ahí. Y ha habido de hecho unos cuantos casos judiciales de mujeres que eran criminales violentas solo alrededor de ese momento. En un caso concreto de Inglaterra, la mujer, en medio de su tendencia a ser violenta, también llevaba un diario muy bueno.
Así que fue posible, después de que la detuvieran, volver atrás y ver que cada 28 días atracaba un banco o algo así en sus registros, correspondiéndose con eso. Y lo interesante es que la pusieron con antiestrógenos, con antigestágenos, y ese patrón desapareció. Así que un subconjunto pequeño de mujeres tienen cambios de personalidad masivos alrededor de esa época, y en un subconjunto eso adopta de verdad la forma de mayor probabilidad de agresión.
Así que miremos los principios etológicos y por dónde entra esto. ¿De qué va esto? Es lo que ya sabemos. La caída de la progesterona tiene que ver con el deseo sexual. La caída de la progesterona y la caída mucho más pequeña del estrógeno contribuyen a la aparición de los cambios de ánimo premenstruales, la irritabilidad, la tendencia a la depresión.
Y lo que se verá para cuando lleguemos a la clase sobre depresión es que no importa tanto cuánta progesterona tengas en ese momento o cuánto estrógeno, sino la proporción entre las dos. Y la proporción influye mucho en qué cambios de personalidad aparecen y en si vas en dirección a la depresión o a la irritabilidad.
Además, hay una gran caída de los niveles de opioides alrededor de esa época. Todo eso encaja ahí. La caída de la progesterona. La progesterona. A ver. Oímos hablar de la progesterona la otra semana. La progesterona, no solo como hormona al uso, sino la progesterona o sus parientes cercanos como correceptores del receptor de GABA. Acuérdate de eso: ¿qué hace cuando se une al receptor de GABA, si y solo si hay GABA cerca, tal y cual?
¿Qué está haciendo ahí? Está potenciando los efectos inhibitorios del GABA. Tiene efectos de reducción de la ansiedad. La progesterona puede reducir la ansiedad, y por vía de este receptor de GABA, y la idea es, esto forma parte de ello: que la caída de la progesterona desempeña algún papel en la irritabilidad, el retraimiento social, cosas así.
Vale. Estupendo. Ahora superponemos los principios etológicos. Aquí tenemos niveles de agresión. Niveles de agresión a lo largo de un ciclo. Y hemos movido la menstruación al medio. Y esto es mirar a una hembra concreta a lo largo del año. Y lo que se ve es que, agregado, todo el tiempo que es agresiva.
Está justo por aquí, alrededor del momento de su menstruación. Y ahora miramos a una segunda hembra y no ves ningún cambio en absoluto. Vaya. Ahora, en vez de mirar su conducta agresiva, miramos la cantidad de tiempo que dedican al acicalamiento social. Esta otra hembra de pronto está mucho más retraída socialmente alrededor de esa época.
Mientras que en la de rojo no hay ningún efecto. ¿Qué está pasando aquí? Puedes tener efectos opuestos. Y deberías estar pensando directamente en la clase sobre el sistema límbico y en las clases de etología. Estas son dos individuos distintos. Así es como es una hembra de babuino de rango alto. Y así es como es una hembra de rango bajo.
Probablemente le encantaría ser más agresiva, pero no tiene la opción social de serlo: retraimiento social. Ah, diferencias individuales en el contexto de los principios etológicos. Por cierto, esta era la tesis doctoral de mi mujer, que miraba la ciclicidad ahí, mostrando eso. Y lo que se ve aquí es: ah, no son solo las hormonas; es cuál es tu lugar social en tu cultura.
Así que vemos una versión humana de eso, que es la magnitud de los cambios de ánimo —los vaivenes de ánimo— a lo largo del ciclo en las mujeres, de media. Mujeres con los vaivenes premenstruales estándar en vez de síndrome premenstrual. Una versión diagnosticable de este. Y en la mujer media, la cantidad de vaivén de ánimo ahí, la magnitud del efecto está ahí de forma fiable.
Y es menor que los efectos del día laborable frente al fin de semana sobre el ánimo. Es menor que toda clase de otras invenciones culturales superpuestas. Puedes ver que la magnitud del efecto del cumpleaños de alguien sobre este tipo de cosas es mayor que las hormonas mismas. Sí, cosas endocrinas. Pero en un contexto social —y nosotros, a diferencia de los babuinos, inventamos los días laborables y los fines de semana, y lo de aprovechar la vida, el carpe diem, el carpe del fin de semana, ese tipo de cosas— vemos estos efectos endocrinos: son importantes; desde luego no son deterministas para cuando llegan a nosotros.
Margaret Mead y Samoa
Vale. Más ideas sobre algunos de estos interruptores, algunos de estos cambios, y solo para ver por dónde entra la cultura. Además, lleva casi un siglo circulando esta noción en la antropología biológica de que hay diferencias culturales masivas en cuánto implica la regla en cuanto a cambios de ánimo.
Y todo esto lo arrancó Margaret Mead cuando fue a Samoa y pasó allí un par de años con chicas adolescentes. Y volvió y contó, famosamente, en su superventas Coming of Age in Samoa: las mujeres de Samoa nunca han oído hablar siquiera de que les dé retortijones ni de sentirse mal alrededor de esa época.
No tienen ningún síntoma de cambios ahí. No tienen retortijones. No pasa nada, porque son súper relajadas y despreocupadas, y los cambios premenstruales, de los retortijones a la conducta, son una invención de las culturas occidentales reprimidas. Eso estableció un tema durante décadas después en la literatura antropológica: percibir que ese era el caso. Y una y otra vez esta era la sabiduría del «salvaje», la sabiduría del «no occidentalizado», la ausencia de retortijones en el «no occidentalizado». Y ella volvió y contó esto.
Si eres reprimida, tienes cambios de ánimo premenstruales severos. Y esto encajó con toda clase de teorías descabelladas muy influyentes y muy aceptadas sobre qué está pasando en ese punto y las diferencias individuales. Hay una literatura pequeña de que hay diferencias de personalidad que hacen que unas mujeres sean más o menos propensas a tener grandes cambios de ánimo ahí, y que tiene un poco que ver con la propensión a la ansiedad.
Esa es de verdad. Hay una literatura completamente ridícula que sugiere que las mujeres más dependientes emocionalmente (como quiera que se definiera eso en los años cincuenta, cuando se hacían esos estudios), las mujeres más dependientes emocionalmente tienen síntomas premenstruales más severos y todo eso. Y luego, por supuesto, llegaron los freudianos. A los freudianos se les ocurrió un eslogan irresistible, totalmente genial: que los cambios de ánimo premenstruales, «ah, demonios, ya que estamos y nos ponemos psicosomáticos, incluso la retención de líquidos y los retortijones y todo eso, todo está en tu cabeza». Y todo está construido alrededor del conflicto emocional inconsciente que las mujeres tienen entre... vale, agárrate:
Que las mujeres tienen entre ser productivas y ser reproductivas. Vaya. Productivas frente a reproductivas. Más te vale creer que todos esos freudianos salieron a celebrarlo con helado la tarde en que se les ocurrió ese eslogan pegadizo. «Uf, los cambios de ánimo premenstruales se deben al conflicto inconsciente que las mujeres tienen entre ser productivas y ser reproductivas». Porque esto te está diciendo, por la menstruación, que otra vez has fallado en concebir, que es tu propósito en la vida, según lo que sea el pateador de los Kansas City Chiefs del otro día.
Pero esa era su noción. Todo esto se debía al conflicto freudiano y cosas de ese tipo. Y en algún punto del camino Margaret Mead sufrió un desmontaje monumental: no solo era completamente falso todo lo que había contado sobre la cultura samoana, sino que, en retrospectiva, ella simplemente llegó allí con los ojos brillantes y se creyó todo lo que le contaba la gente en las entrevistas.
Hubo un antropólogo hace unas décadas que desenterró de verdad cómo había sido su estancia en Samoa, entrevistando a algunas de aquellas chicas adolescentes que andaban con ella, que para entonces ya eran mujeres mayores, y decían: «Sí, aparece esta señora blanca y anda con nosotros, y dice que todo lo que hacemos es genial, y sabe Dios cómo se las arregla para alimentarse o para que no se la coman los depredadores.
Es tan ingenua, lo que sea». Así que nos inventamos cosas. Decíamos: «Ah, no, aquí nadie. Nosotras tenemos sexo todo el tiempo, y no hay violencia ni reglas. Nunca he oído hablar de algo así, de que la gente de pronto se ponga reprimida». Y simplemente le estaban tomando el pelo. Esto fue ella cayendo en la trampa y arrancando décadas de «uf, los cambios de ánimo menstruales son una invención de las culturas occidentales reprimidas y despreocupadas». Así que vemos eso entre todas esas explicaciones culturales, las psicoanalíticas, las psicológicas.
Aun así, estamos ante un fenómeno biológico, con gente que empieza a entender su funcionamiento. Y justo antes de que empieces a meterte en esa inevitabilidad de algunas cosas, acuérdate otra vez de los modificadores culturales: fluctuaciones más grandes, día laborable frente a fin de semana, y mujeres occidentales. Así que esto es importante. No es tan importante en nosotros como en un babuino.
Las hormonas del estrés
Y está ahí no por nociones psicoanalíticas descabelladas. Es un fenómeno biológico. Y a estas alturas entendemos la progesterona interactuando con el GABA. La proporción entre las dos probablemente tenga algo que ver. Vale. Más cosas de hormonas. Ahora llegamos a la hormona del estrés. Los glucocorticoides interactuando con el sistema nervioso simpático: epinefrina, miedo, activación, emergencia, todo eso.
Y nos topamos con exactamente el mismo asunto que tratamos la semana pasada con la conducta sexual, que era: activación y regiones del tronco del encéfalo y del hipotálamo, aumento de la frecuencia cardiaca. Ese punto al que llegamos la semana pasada era que la fisiología de alguien teniendo un orgasmo y la fisiología de alguien en una furia asesina son extremadamente parecidas.
Y esta semana lo único que hacemos es darle la vuelta. La fisiología de estar en una furia asesina no es tan distinta de la fisiología del orgasmo. En los dos casos tienes un cuerpo con mayores demandas metabólicas. En los dos casos, el corazón latiendo más rápido. Todo... ¿en qué punto estamos aquí?
Es otra vez el mismo tema que el de la semana pasada con Elie Wiesel: lo contrario del amor no es el odio. Lo contrario del amor es la indiferencia. Fisiológicamente, el amor intenso, la activación intensa de cualquier tipo, el odio intenso. Fisiológicamente tienen mucho más en común entre sí que con el estado de indiferencia. Y su argumento era que los sufrimientos del mundo son más función de la indiferencia que de los distintos tipos de estados de activación.
La ventana de empatía se estrecha
Un poco más sobre eso en cuanto a las hormonas del estrés que entran ahí. Lo que se ve es que el estrés, por vía de los glucocorticoides, hace a los organismos menos empáticos, y esto se ha mostrado en un montón de estudios, y la gente acaba con visión de túnel; a los tres minutos de confinamiento, el bienestar de quién le importaba a la gente y cómo de ancho era su paraguas de preocupación empática se volvió muy, muy estrecho.
Y lo que se ve es que los glucocorticoides tienen algo que ver con esto. Esta es investigación de un tipo llamado Jeffrey Mogil, en la Universidad McGill de Montreal. Parte se hizo en colaboración conmigo, pero él mostrando que las ratas tienen un fenómeno de empatía. Coges una rata y le das descargas leves de vez en cuando, y está emitiendo feromonas de miedo, y su frecuencia cardiaca sube y todo eso.
Y pones aquí otra rata, y si está cerca de esta rata que emite vocalizaciones de angustia, todo eso, ves que el umbral de dolor de esta rata baja, y contagio empático, lo que se definió como una versión rudimentaria de la empatía, pero luego llega nuestro previsible «¡ajá!»: no es solo sentirse así, sentirse más sintonizado con el dolor cuando es cualquier otra rata vieja la que está sufriendo.
Depende de quién sea. Si es tu compañera de jaula, funciona. Si es una rata de la misma cepa que tú, o sea, casi genéticamente idéntica, funciona. Si es una rata extraña, sin parentesco, no le estás prestando ninguna atención a su señalización del dolor. Y lo que hicimos en un estudio fue especular con que el estrés —el estrés de un desconocido, el estrés de una rata nueva que huele a sin parentesco y a la que no conoces, todo eso— tiene algo que ver con una reducción de la empatía.
Y lo que mostramos fue que si metías un fármaco que bloqueaba los efectos de los glucocorticoides en la corteza cingulada anterior, de pronto los dolores de una rata desconocida tenían tanta repercusión en ti como los dolores de una compañera de jaula. Es el estrés de estar cerca de alguien que no cuenta como un «nosotros» lo que te hace estrechar tu ventana de empatía.
Y en ese estudio (eh, yo no tuve nada que ver con esta parte), él pasó luego a mostrar no sé qué con sujetos humanos, a los que dio el mismo fármaco. Y la pérdida de empatía durante el estrés está mediada por los glucocorticoides, y consiste en estrechar tu ventana respecto a de quién te importa el dolor.
Los sociópatas y el dolor
Por último, en cuanto a dolor, estrés y hormonas del estrés, todo eso: los sociópatas son una excepción muy interesante, porque, en general, los sociópatas no muestran ninguna evidencia de empatía. No sienten el dolor de nadie, todo eso. Y hay un descubrimiento, replicado desde entonces una y otra vez, de que los sociópatas tienen problemas para sentir el dolor de otro porque ellos no sienten dolor.
Son muy resistentes al dolor. Los sociópatas tienen umbrales extremadamente altos para el dolor, para encontrarlo aversivo, para que les suba la frecuencia cardiaca, para que les cause liberación de glucocorticoides. Tienen umbrales extremadamente altos para eso. No sienten, así que no sienten mucho el dolor de otro. Y eso encaja con toda clase de piezas y pedazos de la conducta sociopática.
Lo que también trae es que, si esta es una persona que orgánicamente no responde demasiado al dolor ni al castigo, el castigo no frena las conductas inaceptables de un sociópata, porque no sienten su adversidad en la misma medida, y toda clase de gente está intentando averiguar la base de eso. Vale, esos son los efectos hormonales.
Y ahora vamos a saltar por encima de esto brevemente, salvo por una cosa clave, que es la estructura neuronal del cerebro. Cosas que han ido apareciendo en los últimos meses o años, y que ahora son un hallazgo sólidamente replicado, son: en las personas con TEPT, trastorno de estrés postraumático, la amígdala se agranda —crecen más prolongaciones, las sinapsis se vuelven más excitables—, la amígdala se hace más grande.
Mientras que, como sabéis, con el estrés crónico el hipocampo se va encogiendo: justo lo contrario. La amígdala se agranda; esto se ve en las imágenes cerebrales de personas con TEPT, y se ve correlacionado con el umbral para percibir las caras como amenazantes, con la facilidad con que se disparan las respuestas autonómicas defensivas. Lo que hace el TEPT es darte un cerebro estructuralmente más propenso a encontrar amenazas por todas partes.
Vale. Así que ahora pasamos al mundo de la adolescencia y la infancia y toda clase de teorías sobre qué factores del entorno tienen que ver con la aparición de la agresión, la aparición de la conducta prosocial, la aparición de la compasión, la aparición... todo eso. Y no sorprende: es un área donde toda clase de teorización ha estado ocurriendo a diez veces el ritmo al que se acumulan datos reales.
Tres teorías muy influyentes sobre el papel del entorno en provocar violencia y agresión. La primera era atribuible abrumadoramente al bueno de Konrad Lorenz. La impronta de Konrad Lorenz, sus patitos, y el Nobel, y miembro del partido nazi, participando durante toda la Segunda Guerra Mundial. Konrad Lorenz tenía unas teorías muy interesantes sobre la agresión, que en retrospectiva no eran muy sorprendentes.
El modelo de la cisterna, de Lorenz
Esto lo juntó en uno de los libros más desafortunadamente influyentes de los años sesenta, un libro que escribió titulado Sobre la agresión. Y dio su modelo de qué tiene que ver el entorno con la agresión. Y está claro que lo que había pasado es que Konrad Lorenz había pasado mucho tiempo en baños y servicios de hombres mirando cisternas, urinarios con descarga —de los que se descargan solos después de cierto tiempo—, porque llega con su «modelo de la cisterna del váter» de la agresión, como sigue: tienes el depósito llenándose de agua.
Y de hecho usó palabras como hidráulico. Esta es la presión hidráulica que siente un organismo hacia ser agresivo. Según pasa el tiempo, los niveles de agua suben y suben. Más propensión a la agresión. ¿Y por dónde entra el entorno en este punto?
Cuanto más altos los niveles de agua, menos desencadenante ambiental hace falta para sacar la agresión. Y el punto clave de su modelo es, por último, que cuando llega arriba del todo —y eso demuestra que no era un váter cualquiera el que obsesionaba a Lorenz, sino un váter con descarga automática—, cuando los niveles suben lo bastante, tienes agresión espontánea, independiente del entorno.
Agresión espontánea cuando lleva suficiente tiempo. ¿Y qué pasa después de que tires de la cisterna o de que se descargue sola? Se queda sin agua. Tu tendencia a la agresión queda agotada después. Fíjate en lo que entra en el modelo de Lorenz. Primero, que hay dominios en los que la agresión es inevitable. Cuando llegas al punto de la presión hidráulica, un punto en el que el entorno es irrelevante.
Y después de esa agresión estás agotado. La agresión se vuelve menos probable después. Y en todos los dominios posibles, este modelo resultó ser un disparate. Por un lado, lo único que tienes que hacer —si estuviéramos todos juntos aquí en una sala, preguntaría a la gente cuántos de los presentes han matado alguna vez a alguien y quién cree que es probable que en algún momento de su vida mate a alguien.
Y ves que la agresión no es universal. La agresión no es inevitable. No tenemos depósitos de agua llenándose en la cabeza que llegan a un nivel y el impulso se vuelve irresistible. Y lo otro que está mal en ese modelo es que la agresión no causa agotamiento. La agresión aumenta la probabilidad de agresión posterior por parte de alguien; el depósito no se vacía.
Así que este era Lorenz con su modelo, y su modelo, que encaja con mucha facilidad en lo que ya sabemos de él. Una cita famosa suya de los años setenta: «No puede haber amor sin odio», o algo así. La redacción exacta: el amor y el odio van de la mano. Como, ¿cuál es la canción?
Vale, no voy a cantarla. Pero amor y matrimonio. No, amor y odio, según Lorenz, van juntos de la mano. Inevitable. No puede haber uno sin el otro. ¿Qué estamos viendo aquí?
El modelo marxista de la agresión
Esta es la teorización y las imaginaciones biológicas de alguien cuya premisa de fondo era: «No me echéis la culpa a mí». Yo solo cumplía órdenes. Cumplía órdenes en los años cuarenta, y ahora solo cumplo las órdenes de mi cisterna hidráulica. Así que hasta aquí Lorenz y su influencia realmente desafortunada en el pensamiento sobre la agresión en los años sesenta. Otro modelo: durante muchísimas décadas, los marxistas han pensado sobre la agresión, y su punto de vista es muy directo.
La agresión va de la frustración. Va de la falta de salidas. Va de la desigualdad de recursos. Y en un mundo en el que nadie anda escaso de recursos, en un mundo en el que nadie tiene miedo ni está frustrado y todo el mundo comparte, tal y cual, no habrá agresión. Hay algunas pruebas de eso. Una pieza de la que ya hemos oído hablar, que era: la pobreza no predice tasas altas de violencia.
La pobreza en medio de la abundancia. Ver lo que no tienes: la desigualdad. Y eso encaja perfectamente con este modelo marxista. Es el hecho psicológico de que te martilleen una y otra vez en la cabeza que otra gente está recibiendo un trato mejor que el tuyo. La agresión, la violencia, el delito, violento o no, todo eso es más probable en función de la desigualdad de una sociedad que de los niveles absolutos de pobreza o de riqueza.
La agresión como grasa conductual
Así que eso sin duda encaja con ese modelo. Algo que, sin embargo, argumenta en su contra, como sigue, y es algo muy interesante: miras poblaciones de primates y, por ejemplo, yo observé esto en mis babuinos a mediados de los años ochenta, durante un periodo en el que hubo una sequía, en el que fallaron las lluvias, en el que hubo hambruna, cuando todos los humanos de alrededor estaban pasando una crisis.
Los babuinos también, porque estaban pasando hambre. Los recursos son limitados ahí porque hay hambruna. No hay tanta comida por ahí. Según un modelo marxista, la agresión debería dispararse en ese punto. Y lo que se ve, en cambio, en otras especies y también en humanos, es que durante periodos de presión extrema, hambruna, inanición, la agresión baja.
Y eso dio lugar a un término en el campo: «la agresión como grasa conductual». Es decir: estás ahí sentado, bien alimentado, no tienes hambre, las cosas van bien, nadie va a aparearse contigo ahora mismo, así que ¿por qué no buscarte una pelea con alguien?
La agresión es lo que haces cuando tienes un excedente de recursos. Y «¿por qué no grasa conductual?». Un término maravilloso, porque lo que muestra es que, en cuanto los recursos escasean ahí, la grasa conductual se disipa y la agresión baja. Exactamente lo contrario del modelo marxista en ese terreno. Eso empieza a explicar algo interesante sobre la violencia de clan.
Cuando miras esas «culturas de honor» de las que ya hemos oído hablar, en cuanto a los predictores ecológicos de cuándo aparecen culturas de honor, te salen estas vendettas que duran siglos —los McCoy y los Hatfield, y vendettas y venganzas, y tus nietos intentando vengarse de algo que se le hizo a tu generación, y yendo y viniendo durante años y años y años y años.
Cuando lo piensas, hay una manera de enmarcarlo dentro de este modelo marxista, que es que hay un recurso limitado. Solo uno de los dos bandos puede decir: «Nosotros fuimos los últimos que hicieron algo agresivo». «Los machacamos tan fuerte que no volvieron nunca más». Solo un bando puede tener eso. Y la manera de asegurarte de que el otro bando no pueda reclamarlo es volver contra ellos, y ellos vuelven contra ti, y tú vuelves contra ellos, porque el recurso limitado es ser el que tuvo la última palabra en el asunto.
El conductismo y el castigo
Así que, una manera de enmarcarlo. Por último, tenemos el conductismo y la «frente brillante» —es B. F. Skinner— y toda la noción de que cualquier cosa podría volverse más o menos frecuente con el control adecuado de recompensas y refuerzos y nuestros universales conductistas. Y en el marco conductista, pensando en la agresión, es tan modificable como cualquier otra conducta.
Y para ver los fallos de eso, lo único que tienes que hacer es mirar unas estadísticas muy críticas de este país, que son —ahora, a lo largo de las décadas, a lo largo de los años, según distintos estados, y el país entero, prohíben la pena capital o la vuelven a traer, o la traen pero nunca la aplican de verdad, o las tasas de pena capital.
Lo que predecirías desde un modelo conductista es: «¡Uf, que te ejecuten, eso sí que es un refuerzo negativo de los gordos!». Y lo que muestran los estudios es que imponer la pena de muerte sí reduce la incidencia de violencia premeditada. Menos gente va a poner un anuncio diciendo: «Estoy dispuesto a matar a alguien si me dais suficiente dinero por hacerlo». Eso... sí, eso baja.
Ese no es el dominio más común donde vemos violencia. El castigo, la extensión del castigo, la probabilidad de que te pillen, la probabilidad de que te condenen, la probabilidad de que te caiga una condena larga de cárcel, o la pena capital, o lo que sea. Ninguna de esas cosas tiene un efecto consistente sobre la violencia impulsiva. Impulsiva: donde este es el tipo del bar y alguien dice algo insultante y, antes de que te des cuenta, ha salido la pistola y alguien ha recibido un disparo.
En esos casos, alguien que ahora ha sacado la pistola y está decidiendo si dispara o no a esa persona. No está ahí de pie diciendo: «Espera un momento». «¿No acabo de leer que la legislatura estatal ha recuperado la pena de muerte y que sería horrible que me ejecutaran por esto?». No.
Nadie piensa eso, porque en esos momentos de violencia impulsiva y pasional, nadie está pensando. Sabemos que la corteza prefrontal no está, y es la amígdala hablando con los ganglios basales hablando con la corteza motora: cosas de hábito, todo eso. Ese es un terreno en el que los modelos conductistas de la probabilidad de castigo no influyen en absoluto en las tasas de violencia.
El desarrollo infantil: las etapas
Vale. Pasamos ahora, después de este repaso a los grandes modelos teóricos con los que la gente piensa sobre el desarrollo temprano y la aparición de la agresión y todo eso. ¿Qué muestran entonces los estudios de desarrollo infantil (y vamos a empezar por eso antes de ir a esa especialidad raruna que es la adolescencia)?
¿Qué se ve? Y como en buena parte del desarrollo infantil, todo el campo está dominado por etapas. Etapas. Gateas antes de poder andar agarrado, antes de poder caminar, antes de poder correr. Hay transiciones estereotípicas. No hay ningún niño por ahí que aprenda a correr antes de aprender a ponerse de pie. Del mismo modo, la comprensión del lenguaje llega poco antes que la producción del lenguaje.
Y esa es una transición completamente fiable: etapas, etapas madurativas en los niños relevantes para la conducta prosocial y antisocial. Y ves que las piezas empiezan a emerger extremadamente pronto en la vida, en la lactancia. En la lactancia, a las dos semanas de edad, a los dos meses, ¿cuál es una de las primeras cosas que se ve? ¿Bebés haciendo distinciones entre objetos animados e inanimados?
¿Cómo lo sabes? Porque haces cosas como rastrear cuánto tiempo mira un niño algo. Rastreas si su frecuencia cardiaca cambia en respuesta a mirar algo interesante, cosas de ese tipo. Y es alrededor de entonces cuando los niños empiezan a diferenciar por primera vez entre animado e inanimado y muestran preferencia por mirar lo animado.
Una excepción interesante. La literatura está un poco mezclada en esto, pero los individuos destinados a recibir con el tiempo un diagnóstico de autismo severo o bien no muestran esta dicotomía entre animado e inanimado, o bien está muy retrasada en aparecer. Vale, ese es un primer paso. Lo que sale poco después es el primer sentido que tiene un niño de que es «un yo». Que hay «un yo» y que «yo» está separado del resto del mundo.
Que hay límites del yo que te hacen ser tú, separado de todo. ¿Cuándo ves que esto no funciona? Aquí es donde ves a un niño de 14 meses y mamá se ha cortado un dedo con algo, y el resto del día ese niño pequeño va por ahí agarrándose el dedo porque le duele, porque de alguna manera no hay barrera entre él y mamá.
Ahí no hay límites del yo. Y lo que empiezas a ver es el desarrollo de un niño que se da cuenta de que «yo soy un yo» separado del resto del mundo, incluso separado de mamá. ¿Y ves desaparecer ese tipo de conducta?
La teoría de la mente
Luego empiezas a ver la teoría de la mente, que a estas alturas todos conocemos. ¿Cuándo empiezan los niños, cuándo empiezan los chimpancés, cuándo empiezan los organismos a ser capaces de darse cuenta de que alguien tiene pensamientos distintos de los suyos?
Que alguien tiene información distinta. Y ya nos sabemos muy bien el procedimiento de eso. Y en los niños humanos, la teoría de la mente con el test de Sally-Anne, ese en el que ves: «Ponlo ahí», y sales de la habitación, se cambia, y ahora el niño está mirando... ese en el que empiezas a ver a los niños emerger con teoría de la mente entre los tres y los cinco años.
Mis hijos, por supuesto, adquirieron la teoría de la mente la misma mañana de su tercer cumpleaños, pero ese es el rango típico en el que se ve, y aquí es donde las cosas empiezan a ponerse interesantes de varias maneras. La teoría de la mente es una necesidad para algo, pero no es suficiente. La teoría de la mente es un primer paso: saber que otro tiene pensamientos e información distintos de los tuyos, como peldaño hacia: otro tiene sentimientos distintos de los tuyos.
La posibilidad de que otro esté sufriendo cuando tú no: la teoría de la mente vista como requisito previo para la aparición de la empatía. Los sociópatas tienen teorías de la mente «emocionales» espectaculares. Son increíblemente buenos entendiendo qué piensan y qué sienten otras personas. Y para lo que sirve eso es para manipularlas, para explotarlas.
Entender que otras personas tienen sentimientos distintos de los tuyos es un requisito previo para sentir su dolor y actuar con empatía, pero también es un requisito previo para sentir su dolor... salvo que tú no sientes dolor de verdad, pero ahora acabas de obtener ideas sobre cómo manipularlas mejor. Así que ese aspecto de la maduración no basta para explicar una aparición de la capacidad de empatía.
La otra cosa confusa de esto: tenemos aquí este modelo tan cognitivo: hacia los tres a cinco años, los niños pueden pensar: «Dios mío, ellos saben algo que yo no sé, o yo sé algo que ellos no saben, o están disgustados y yo no me siento mal en absoluto, pero quizá eso sea algo aversivo y debería hacer algo al respecto». Todo eso está muy bien en este marco tan cognitivo, pero luego te encuentras con estas circunstancias asombrosas en las que tienes a un adulto (siempre un investigador que trabaja en ello) sentado ahí fingiendo sollozar y llorar en voz alta y todo eso, y un porcentaje sorprendente de niños de 12 meses o así se acercará e intentará darle su chupete o darle su peluche o darle algo para que se sienta mejor.
Dios mío, los niños de 12 meses sienten empatía en ese sentido. Adiós al modelo madurativo. Uy, a los tres años sabía que piensan distinto de mí. A los cuatro años me doy cuenta de que tienen emociones distintas. Todo eso, uy, estás viendo cosas empáticas emergiendo en niños, a edades mucho más tempranas. Quizá toda esta historia de la teoría de la mente sea un disparate.
Así que, una interpretación alternativa, y muy cínica, que casi con certeza explica parte de lo que está pasando: la persona está ahí sentada —el estudiante de doctorado que forma parte del proyecto está ahí sentado— fingiendo sollozar y llorar en voz alta y todo eso, y el niño pequeño se acerca y le da su peluche para que se sienta mejor y deje de llorar.
¿Es porque el niño siente su dolor o porque el niño encuentra su llanto irritante e inquietante a más no poder? ¿Quieres callarte, por favor? Toma, aguanta mi peluche. Deja de llorar, porque eso me resulta muy angustioso, porque todavía no tengo del todo claro si el que está disgustado eres tú o soy yo, o si hay una frontera.
Kohlberg y las etapas del juicio moral
Todo eso. Esa aparente empatía en niños de esa edad. ¿Es solo intentar reducir un estímulo aversivo? Así que esa es una posible interpretación alternativa. Volviendo entonces al terreno cognitivo, acabamos de prepararnos para el desarrollo cognitivo de la moralidad, a tope. Una vez que los niños van averiguando, uy, la gente tiene pensamientos distintos de los míos.
La gente tiene emociones distintas. Este hito cognitivo y todo eso, entonces empiezas a mirar los hitos cognitivos del desarrollo moral. Y aquí es donde entramos en el mundo de este psicólogo superinfluyente, Lawrence Kohlberg, en Harvard en los años sesenta. Increíblemente influyente, uno de los psicólogos más citados del siglo XX.
Y aparentemente le enseñó al mundo cómo crecen los niños hasta tener una brújula moral. Y, como en muchos de estos casos, tenía un modelo por etapas: seis etapas de desarrollo moral, y a las etapas uno y dos las llamó preconvencionales; a la tres y la cuatro, convencionales; a la cinco y la seis, postconvencionales. Nunca he sido capaz de mantenerme despierto leyendo sus cosas el tiempo suficiente para captar de verdad las distinciones entre la uno y la dos o entre la tres, la cuatro, la cinco y la seis, pero en lo que las voy a colapsar aquí es, muy a grandes rasgos, en que las reglas morales preconvencionales van por completo del yo.
¿Por qué no deberías robar una galleta cuando nadie mira? Porque si me pillan, me van a castigar. Interés puro y propio funcionando ahí. Refreno mi conducta por el hecho de que la consecuencia será aversiva. Luego la transición a la etapa convencional, y ahí tienes este horizonte de pensamiento más amplio.
¿Por qué no robas una galleta? Porque va contra las normas. Va contra las leyes. Una versión más elaborada de eso. ¿Y si todo el mundo robara galletas? Habría anarquía y todo eso. ¿Por qué no haces eso?
Porque hay convenciones de conducta acordadas. Cuando no robas una galleta solo porque tienes miedo de que te pillen, eres preconvencional. Todavía no estás en esa etapa. Convencional: tratar con el hecho de que hay normas acordadas entre todos, y las normas mismas pueden acabar resultando atractivas.
Ley y orden, donde, independientemente de cuál sea la norma, las normas son cosas buenas porque hacen que la sociedad funcione mejor. Y si la gente no siguiera las normas, habría caos. Y luego está la etapa postconvencional. Y en esta, tan rarificada y trascendente, se dice: «Me da igual que esa sea la norma». «Me da igual que esto sea lo que todo el mundo cree que deberías hacer en esta circunstancia». «Me da igual que me vayan a castigar por hacer esto». «Esto es lo correcto». «Esto es lo correcto». Totalmente independiente de las normas ovejunas y conformistas que siga todo el mundo.
Esto no me parece bien. Implícito en una etapa postconvencional del desarrollo moral hay algo notablemente único en lo que los humanos llegamos a convertirnos, como sigue: la capacidad de hacer la afirmación: «¿Cómo podría vivir conmigo mismo si hiciera eso?». ¿Cómo me dormiría por la noche?
Interiorizar todo esto, donde tú eres la prueba de tornasol de lo que es moral y lo que no. Y en su versión más noble y heroica, estás dispuesto a pagar el precio, incluso un precio enorme, el precio último, por lo que ves como lo correcto que hay que hacer, diga lo que diga todo el mundo. Así que preconvencional, convencional, postconvencional.
Y una de las cosas más interesantes que salió del trabajo de Kohlberg fue mostrar que no todo el mundo llega al mismo nivel. Mostrar que la mayoría de la gente no alcanza el razonamiento postconvencional de Kohlberg. La mayoría se queda en algún punto del «porque son normas». Y el mundo sería un lugar caótico y miserable si no hubiera normas, y por eso deberíamos seguirlas.
Las críticas a Kohlberg
Solo un subconjunto de personas muestra pensamiento postconvencional. Así que eso fue salvajemente influyente, enormemente. Y, por supuesto, ha habido algunas críticas muy, muy válidas. Primero, abrumadoramente una literatura rara que estudia sujetos raros. Segundo, abrumadoramente una literatura con sesgo hacia estudiar a chicos en vez de a chicas. La psicóloga Susan Nolen-Hoeksema, que estuvo aquí en Stanford antes de irse a Michigan, luego a Yale, y murió a una edad escandalosamente temprana por lo que al parecer fue un error médico.
Ella fue la primera en subrayar que el desarrollo moral en chicos y chicas, de media, no es el mismo. A los chicos les preocupa más la justicia. A las chicas les preocupa más la equidad. Y cuando miras el desarrollo de las chicas, no ves transiciones de las etapas de Kohlberg tan estrictas. Lo que también ves es que no son transiciones estrictas.
Como con cualquiera de estas de etapas, no te despiertas una mañana y ese es el día en que de pronto eres convencional y hasta entonces eras preconvencional. Lo que verás es que un niño está en transición, y en algunas circunstancias está en este nivel y en otras está en aquel. Como regla general, con una activación emocional fuerte, la gente vuelve por defecto a un nivel más bajo en sus decisiones.
Ah, no son transiciones limpias. Vale. Sí, estamos dispuestos a aceptar eso. Esto es material de transición idealizado o claro. Sí, es turbio, y según cómo te sientas ese día y qué hayas desayunado y quizá cómo de emocional te sientas, puedes estar oscilando entre esta o aquella etapa. Pero el mayor problema es uno que ya conocemos y al que ya se ha aludido, que es: este es el universo de cómo tomamos decisiones morales.
Sentimos nuestro camino hacia la moral
Pensamos nuestro camino hacia ellas. Pensamos nuestro camino porque sabemos que probablemente nos castiguen o sabemos que hay leyes o sabemos que no vamos a poder vivir con nosotros mismos haga lo que haga la norma. Y este es nuestro terreno cognitivo. Y lo que hicimos mucho en clases anteriores es ver cuánto estamos sintiendo nuestro camino hacia las decisiones morales.
Ese trabajo de Jonathan Haidt. Las estructuras límbicas se están activando cuando decidimos en un dilema moral antes que las estructuras corticales: también un modelo para esto. Cada vez que alguien dice: «No sé explicarte por qué, pero está mal cuando hacen eso». Lo único que está diciendo es que mi sistema límbico ha tomado una decisión, pero todavía no ha influido lo suficiente en mi corteza como para haber fabricado una explicación supuestamente racional.
Esto ha formado parte de esta transición masiva desde un énfasis en el desarrollo moral como proceso cognitivo hacia uno moral. ¿Qué entra en la transición entre sentir empatía y actuar con compasión?
Y ves eso, ves una especie de cuando hay malestar ante la injusticia: etapas de eso también. Ves niños en una etapa en la que lo que la injusticia tiene que ver es con el interés propio. «No es justo». «Yo no lo recibí cuando se suponía que todo el mundo lo recibía». Interés propio puro. Luego la capacidad de generalizar, de extenderse emocionalmente a: «No es justo». «Ellos no recibieron un trozo y todos los demás sí», eso como etapa madurativa.
Desde ahí, pasar a la noción de que hay una diferencia entre el daño intencionado y el daño involuntario. Hay una diferencia entre igualitarismo y meritocracia. «Todo el mundo debería recibir exactamente lo mismo». Igualitarismo; meritocracia: la primera vez que los niños dicen: «Ellos trabajaron más para conseguirlo», «se lo merecen más», o la primera vez que los niños dicen: «Ellos antes tenían menos, ahora deberían recibir más». ¿Cuánto predice en realidad la etapa moral de alguien sobre lo que hace en el mundo?
Cuándo emerge la violencia: la puntuación ACE
Y vamos a ver que no predice casi nada. Así que, más aspectos del desarrollo infantil: ¿cuándo emerge la violencia? Muy brevemente, aquí lo que se ve es más exposición: niños expuestos a la violencia temprano en la vida, dentro de la familia, dentro del barrio. Todas esas son predictoras de tasas más altas de violencia. Y aquí entra un concepto crítico en el terreno de lo psicobiológico del desarrollo.
La puntuación ACE, ¿cuántas experiencias infantiles adversas ha tenido este niño? Y a estas alturas hay una puntuación estandarizada de 1 a 10 o de 0 a 10. 10 categorías distintas. Y todos los pediatras tienen alguna versión de esto ahí colgada. 10 categorías distintas. ¿Sufriste abuso psicológico de niño?
¿Sufriste abuso físico? ¿Sufriste abuso sexual? ¿Fuiste testigo de alguno de los anteriores? ¿Estuvo algún familiar en la cárcel? ¿Había estrés socioeconómico? Y por cada uno de esos, ganas otro punto, desde el increíblemente afortunado cero hasta el inimaginable 10. Y eso acaba prediciendo mucho cosas como la violencia antisocial en la vida adulta.
¿Qué te parece este número? Por cada escalón que subes en la escala ACE en cuanto a cómo fue tu infancia, hay aproximadamente un 35 % más de probabilidad de que tengas un historial de violencia antisocial de adulto. Si eres mujer, aproximadamente un 35 % más de probabilidad de haber tenido un embarazo adolescente. En cualquiera de los dos sexos, aproximadamente un 35 % más de probabilidad de problemas de abuso de sustancias, trastornos del ánimo como la depresión y tal.
Así que la adversidad ambiental temprana desempeña un papel enorme en la probabilidad de que salga violencia por el otro extremo. Vale. En ese sentido, ¿cuál es una de las versiones más peligrosas de la exposición a la violencia temprano en la vida? Estar expuesto a racionalizaciones de la violencia. Y aquí es donde la cultura entra como loca, porque es temprano en la vida cuando se les enseña a los niños: o bien «No matarás, nunca», o «No matarás, pero si los matas, te damos un premio», o nociones culturales de: «¿Significa el maltrato que tienes que responder con venganza?
Una cultura de honor, ¿significa que pones la otra mejilla?». ¿Significa que respondes con venganza a lo que se le hizo a tus antepasados cinco generaciones atrás? La aculturación cultural en ese punto es increíblemente importante en cuanto a cómo y cuándo se racionaliza la violencia. Y creo que aquí tenemos una pista muy importante mirando (y la gente ha hecho toda clase de investigación sobre esto en años recientes), gran sorpresa, la relación entre la religiosidad extrema y el apoyo al fundamentalismo religioso violento.
Y lo que muestran los estudios es que no es con qué frecuencia rezas. No es con qué frecuencia vas a tu... reflexionas sobre las leyes y todo eso. El predictor es cuánto tiempo pasas en un lugar de oración rodeado de correligionarios. ¿Cuánto tiempo se están inculcando valores culturales?
¿Cuánto es un conjunto de rasgos compartidos? Y ese proceso empieza muy, muy temprano en la vida. Vale. Así que paremos en este punto, y seguiremos completando lo de la adolescencia y correremos hasta el final cuando volvamos el lunes. Que tengáis buen fin de semana.
26 · Violencia y sus antídotos (4)
El contexto, los pares y la empatía
El contexto que orienta la agresión, los pares que enseñan a quién odiar y los límites de la empatía.
Lectura de 1 minuto
- La oxitocina no vuelve mejor a nadie: refuerza la frontera entre el grupo propio y el ajeno, y con quien queda fuera hace justo lo contrario.
- El estudio del tranvía con oxitocina se cuenta con sujetos y nombres que no son los del artículo; la ficha recoge los tres desajustes.
- Por cada escalón de la escala ACE sube un 35 % la probabilidad de violencia antisocial; el espejo de la clase es una puntuación RLC de infancia ridículamente afortunada.
- La curva de asesinatos por edad se solapa en Chicago, Toronto y Oslo, con 800, 100 y 15 asesinatos al año: la mejor arma contra el crimen es un trigésimo cumpleaños.
- No se aprende la conducta agresiva, se aprenden el contexto y el blanco: la lección de Harlow vale igual para el rango de un babuino y para los estilos de crianza de Baumrind.
- Kohlberg no predice quién sale de la multitud; Marc Hauser lo dijo y su propio caso lo volvió a demostrar, porque había falseado datos.
- Los pares enseñan a quién odiar: el efecto de la madre sola sobre la conducta antisocial pasa sobre todo por el barrio y los iguales.
- La teoría del contacto funciona con entorno neutro, números parecidos, sin símbolos y con objetivos compartidos; aun así, el efecto de los campamentos a largo plazo es casi nulo.
- La corteza prefrontal no cuaja hasta los 25 y la retrasa el estrés: a los cinco años, el estatus de los padres ya predice los glucocorticoides basales y la prueba del malvavisco.
- Testosterona prenatal, genes de la agresión y empatía adolescente: efectos pequeños, condicionales y sin traducirse solos en acción.
La oxitocina no vuelve mejor a nadie
La hormona del vínculo no hace más amable a quien la recibe: refuerza la frontera entre los de dentro y los de fuera, y con quien queda fuera hace lo contrario. En el estudio del tranvía, sin fármaco apenas hay diferencias por el nombre del que va a las vías; con oxitocina, la gente protege al de casa.
ACE y la curva de la edad
Salir de la infancia con tendencia a la violencia antisocial tiene un gran predictor: una puntuación ACE elevada, y cada escalón de esa escala de diez suma un 35 % de probabilidad. La clase propone el espejo de una puntuación RLC, y recuerda lo que se aprende: una cultura que racionaliza la violencia contra «ellos» produce niños que la repiten.
El contexto se aprende; la conducta, no
De la etología viene la lección clave: las pautas de acción fija no se aprenden, se aprenden el contexto y el blanco. Los macacos criados en aislamiento sabían amenazar y sabían someterse, pero no a quién. El rango se fija en las primeras semanas de vida. Y en casa, los cuatro estilos de Diana Baumrind reparten exigencia y calidez: el negligente se parece a media docena de puntos ACE.
La moral se siente
Las etapas de Kohlberg no predicen quién sale de la multitud a hacer lo valiente. Marc Hauser lo resumió diciendo que somos mucho más coherentes al teorizar sobre la moral que al actuar, y su caso lo volvió irónico: había falseado datos. De ahí la frase clave: no se puede sacar con razones a nadie de una postura en la que no entró con razones.
Los pares y el grupo propio
Aquí manda el grupo de iguales: Judith Rich Harris mostró que buena parte de lo que se atribuía a los padres es efecto de los pares. La teoría del contacto, nacida en Stanford, exige entorno neutro, números parecidos, nada de símbolos y objetivos compartidos; campamentos como Seeds of Peace lo cumplían y aun así el efecto a largo plazo es casi nulo. Donde el contacto mata es en los enclaves: islotes rodeados de los otros multiplican el perímetro.
Crimen, pobreza y corteza prefrontal
En los noventa, el crimen violento se desplomó en Estados Unidos. Frente a las explicaciones de siempre, Donohue y Levitt lo atribuyeron sobre todo a Roe contra Wade: unos dieciocho años después de legalizarse el aborto, bajó allí el crimen. Aparte, la corteza prefrontal no cuaja hasta los veinticinco y la retrasa el estrés: a los cinco años, el estatus de los padres ya predice los glucocorticoides basales y el aguante en la prueba del malvavisco.
Adolescencia: exclusión, empatía y ley
La adolescencia existe en todas las culturas. En el paradigma de la exclusión social, al adolescente le cuesta mucho más apagar la alarma de la amígdala, y siente empatía con más fuerza que un adulto, aunque Paul Bloom sostiene que la empatía es mala guía moral porque sentirse mal no es actuar. En medio, la ley: Roper contra Simmons y una decisión posterior prohibieron ejecutar por delitos anteriores a los dieciocho; la clase las sitúa «en los años setenta».
Feto y genes
La testosterona prenatal cambia el umbral con el que después se activa la agresión. Las poblaciones naturales para estudiarlo son las niñas con hiperplasia suprarrenal congénita y las expuestas al dietilestilbestrol: las primeras medidas, de John Money, usaron criterios de estereotipo y quedaron descalificadas. El cociente 2D:4D y la testosterona amniótica, que Simon Baron-Cohen liga al cerebro hipermasculino del autismo, dan efectos diminutos. Y criar por agresión se puede: el MAOA es condicional y el trasplante de fetos entre cepas apuntó al vientre antes que a los genes.
Quiénes salen en este tema
El contexto y la crianza
- Harry F. Harlow — Psicólogo comparativo, director del laboratorio de primates de la Universidad de Wisconsin. Crió crías de macaco rhesus en aislamiento social y quedó claro que las pautas de acción fija de la agresión, la sumisión y el sexo no había que aprenderlas: lo que aquellas crías no sabían era el contexto ni el blanco. La clase usa solo la primera mitad de aquel resultado. Fuente
- Diana Blumberg Baumrind — Psicóloga del desarrollo estadounidense (1927-2018), en la Universidad de California en Berkeley. Identificó los cuatro estilos de crianza sobre una matriz de exigencia y calidez —autorizativo, autoritario, permisivo y negligente— con desenlaces distintos en la descendencia. Wikipedia
- Vladimir Nabokov (candidato) — Novelista. La clase le atribuye la ocurrencia de que odia entrar en una ciudad nueva porque no sabe a quién saludar con el sombrero y a quién puede darle una patada; la cita llega de memoria, con un «algo así como», y no se ha localizado fuente para la frase.
La moral que se siente
- Lawrence Kohlberg — Psicólogo del desarrollo estadounidense (1927-1987), autor de la teoría de las etapas del desarrollo moral que la clase ya había visto. Aquí su papel es negativo: sus etapas no predicen quién sale de la multitud a hacer lo valiente.
- Marc D. Hauser — Biólogo evolutivo y primatólogo, profesor de psicología en Harvard entre 1998 y 2011. La clase cita su frase de que somos mucho más coherentes al teorizar sobre la moral que al actuar y añade que su caso lo confirmó de sobra: una investigación federal concluyó que fabricó y falsificó datos en seis estudios con fondos públicos. Wikipedia
Los pares y el grupo propio
- Judith Rich Harris — Psicóloga estadounidense, autora de The Nurture Assumption (1998), que sostiene que la personalidad adulta la moldean los grupos de iguales y no los padres. Repasó la literatura del desarrollo y mostró que mucho de lo acreditado a los padres era efecto de los pares, y que el efecto de la madre sola sobre la conducta antisocial adulta está mediado por el grupo de iguales del barrio. Wikipedia
- Philip Zimbardo — Psicólogo de Stanford, autor del experimento de la cárcel. La clase lo usa como lección de que la cultura agresiva y humillante de los guardias se contagia sola y que son los participantes más salvajes quienes marcan la norma, no los de corazón blando. La transcripción no da año y aquí no se afirma ninguno.
La caída del crimen y la ley
- Steven D. Levitt y John J. Donohue III — Levitt, economista de la Universidad de Chicago; Donohue, profesor de derecho (en Yale cuando se firmó el trabajo; la clase solo dice «profesor en la facultad de derecho»). Sostuvieron que la caída del crimen violento de los noventa se debía en buena parte a la legalización del aborto anterior, y no a la policía ni a la economía. Trabajo
- Sandra Day O'Connor — Exalumna de Stanford y primera mujer en el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Discrepó cuando el tribunal abolió la pena de muerte juvenil: a un chico de 17 años al que se le reconoce madurez para decidir un aborto no se le puede negar para saber que matar está mal. La clase resuelve la aparente contradicción con la escala temporal: un aborto se decide en días y un homicidio ocurre en segundos. Roper contra Simmons
Pobreza y corteza prefrontal
- Victor G. Carrion — Psiquiatra infantil y adolescente de Stanford («en la facultad de medicina», dice la clase). Trabaja en el trauma adolescente y en la aparición de las diferencias cerebrales ligadas al estrés temprano y a los glucocorticoides.
- Sonia J. Lupien — Investigadora del estrés en la Universidad McGill. Su trabajo muestra que, a la edad del jardín de infancia, el estatus socioeconómico de los padres ya predice los niveles de glucocorticoides basales de los niños: a menor estatus, más glucocorticoides. Perfil
- Walter Mischel — Psicólogo de Stanford, creador del paradigma de la gratificación postergada en el Bing Nursery School. Sus hallazgos señeros ligaron el tiempo que aguantaba un niño hasta comerse el malvavisco con la salud, el nivel educativo y el estatus socioeconómico de adulto. Wikipedia
La empatía y el bien que se paga solo
- Paul Bloom — Psicólogo de Yale. Firmó el alegato de que la empatía es una mala guía moral: sentirse mal no es actuar, y la empatía no sirve de nada si no se traduce en acción. La clase duda del medio y del título; lo documentado es el libro Against Empathy: The Case for Rational Compassion (2016). Ficha del libro
- Oscar Wilde — Escritor irlandés. La clase le atribuye la frase «la caridad es la fuente de multitud de pecados» para el punto de que hacer el bien puede autorizar un comportamiento peor; llega como paráfrasis y no se ha localizado fuente para la cita.
La testosterona prenatal
- John Money — Sexólogo de Johns Hopkins, figura histórica controvertida por su papel en la asignación de sexo. Pionero de los primeros estudios con niñas con hiperplasia suprarrenal congénita que informaban de una agresividad muy elevada, estudios después desmontados por usar criterios de estereotipo de género («menos interés en las muñecas», «no fantaseaba con casarse»).
- Melissa Hines — Neurocientífica de la Universidad de Cambridge que estudia los efectos conductuales de la exposición prenatal a andrógenos: identidad de género, orientación sexual, agresión, empatía y preferencia de juguetes. Firmó las versiones modernas con niñas con hiperplasia suprarrenal congénita: algo más de agresión y de actividad, mejores habilidades espaciales, más zurdera, cociente intelectual algo mayor (por autoselección) y menos interés en los bebés, siempre con efectos pequeños. Cambridge
- Simon Baron-Cohen — Catedrático de psicología y psiquiatría en Cambridge y director del Autism Research Centre. Defiende la idea del cerebro hipermasculino, o extremo masculino, en el espectro autista: de media muestran en las imágenes un patrón más masculino, sea cual sea su sexo. La clase añade, de pasada, que es primo del cómico Sacha Baron Cohen. Libro
- Sacha Baron Cohen — Cómico y actor británico. Aparece solo como el primo del investigador, un aparte de la clase.
Genes y ambiente
- Darlene Francis — Profesora asociada en Berkeley; trabaja en los determinantes sociales de la salud, el estrés y la programación del desarrollo. La clase le atribuye el trasplante de fetos entre cepas de roedor de agresión alta y baja, del que sale que manda el vientre y no los genes. Ese estudio concreto no se ha localizado; lo verificado de su línea es un trabajo de crianza cruzada sobre el acicalamiento materno (Science, 1999). Perfil
Leer la clase entera, palabra por palabra
Transcripción automática del vídeo, sin corregir: solo la hemos limpiado de ruido del subtítulo, maquetado en párrafos y puesto los títulos que él mismo va anunciando. Los estudios y las citas se dejan en su inglés original y se pueden pulsar.
Traducción al castellano automática: si un matiz importa, comprueba el original inglés.
Lo que quedó fuera: la oxitocina
Okay. So, picking up, we looked at a lot of childhood, jumping to there before heading to adolescence. But before that, a critical thing that I left out last week, a critical thing that I left out of the section on the effects of hormones on aggression and anti-aggressive behavior. And it is so interesting, it is so important, that of course, I left it out.
You will recall with testosterone, what does everybody know about testosterone? It causes aggression. You should be able to say in your sleep, no, it doesn't cause aggression. It amplifies pre-existing social tendencies towards it. And even more so, what it does is make you defend your status in whatever way you need to when it is being challenged.
Okay. The next hormone which I left out, which is bathed in myth and warm fuzzy feelings, is oxytocin. Oxytocin first evolved for mother-infant bonding and then for pair bonding, and it makes you trusting and more emotionally expressive and more generous and all sorts of stuff like that. And it is officially the grooviest hormone on earth.
El estudio del tranvía con oxitocina
And this would be utopia if people just dumped oxytocin in everybody's water supply. Not actually. Here's what oxytocin is really doing. And this was a really important study that was done in the Netherlands where people, students, freshman Psych 101 students or whatever, were given the runaway trolley problem. Just to review, a trolley is pouring down the tracks, going to hit and kill five people.
Is it okay to kill one person, pushing them onto the track in order to save five? Utilitarianism galore. And what we saw previously was all sorts of interesting differences in what people decide they would do and in which parts of the brain activate as to whether you were sacrificing that one by pulling a lever or by pushing with your own hands.
Now in this study in the Netherlands, students were having to contemplate, "Do I push this person onto the track to save five?" And the thing that was done was they gave the person a name. In about a third of the cases, the name was some good old boy Dutch name like Peter or Dirk.
And in the rest of the cases, it was stereotypical names from one of the two cultures that evoke the strongest negative connotations in people from the Netherlands: Germany (oh, that's right, World War II) and people with Muslim names. So here you are. You're having to decide if you're going to push Peter onto the track, Wolfgang, Ahmed, whatever.
You've got to make these decisions. And it turns out people were just making those decisions and it comes out to pretty much no difference at all. But now, give people oxytocin, and they become far less likely to want to push Peter onto the tracks and instead they're jumping out of their seats for the chance to push Wolfgang or Ali onto the tracks.
Qué hace de verdad la oxitocina
What does oxytocin do? It doesn't make you nicer. It doesn't make you more concerned about somebody else's needs, somebody else's feelings, somebody else's pain. It makes you more concerned about all of those things for someone who counts as an "us." And if it's a "them," oxytocin does exactly the opposite. And studies since then have shown oxytocin makes people more likely to be preemptively aggressive in an economic game if they believe the other person is from an out-group, things of that sort, more likely to lie to an out-group member.
Oxytocin isn't the world's panacea. What it is doing instead is strengthening the fault line in our heads between "us" and "them." What oxytocin is doing is increasing those fault lines. Okay, so that was left out from back there and is incredibly important for everyone considering oxytocin as the cure to everything on earth.
Volvemos a la infancia: la puntuación ACE
So now we continue with childhood aspects. We were just going through all sorts of factors relevant to the development of aggression, of empathy, of theory of mind, that kind of thing. And what we saw was one of the great predictors of emerging out of childhood with a healthy propensity towards antisocial violence is an elevated ACE score: Adverse Childhood Experience.
The more adversity on that scale that you've had in childhood, the greater the likelihood of all sorts of stuff going wrong. And as I said, for each step higher in this 10-point scale, about a 35% increased chance of a history of antisocial violence. What we saw in addition right at the end was one of the most dangerous things out there is growing up and learning what violence is and isn't okay and learning it in a context of cultural rationalization of violence, of what "they" did to "us" back then, of what "they're" doing to "us" now.
La curva de la edad y el cumpleaños 30
Cultures that rationalize away violence against "them," big surprise, produce kids who do the same. One final thing showing just how important culture is in this case, and looking at this diagram. Okay, here we see incidents of murder as a function of the male's age, going from 10 up to 30 or so. And what we see is three incredibly similar curves here of aggression: likelihood of murder starts going up in late adolescence, peaks around there, and comes down after that.
And that has given rise to the statement that one of the best crime-fighting tools in the world is a 30th birthday. And what we see is this is in a place where there were 800 murders in the year, 100 murders, 15 murders. And consider these curves to be overlapping. Whoa, that's really interesting.
What's the difference? This was in Chicago. This was in Toronto. And I believe this was in Oslo. So when is somebody most dangerous? What would you like to know to answer that question? Well, if they're in this age group, the answer shown here is, well, it depends on what city they're living in, what culture they're being raised in.
El contexto: las pautas de acción fija
That makes a huge difference. Okay. So, we now go on to where context comes into it because this is a theme we've had straight out of ethology. You don't have to learn your fixed action patterns; you have to learn the appropriate context for them. And just as we saw with Harry Harlow raising those rhesus monkey infants in social isolation, all of them knew how to do the FAPs (I think that's the first time I've ever called them a FAP).
Everyone knew how to do the FAPs of sexual behavior. What they had to learn was who to try to do sexual behavior with. Same exact thing here. Infants raised in social isolation came out of there perfectly capable of giving a threatening facial gesture, perfectly capable of being aggressive, perfectly capable of communicating the opposite: subordination.
And what they had to learn was who they could do each to. And there was a great quote by Nabokov who said something to the effect that he hates going into a new city because he has no idea who he's supposed to tip his hat to on the street and who he can kick into the gutter.
What's the context here? Who can I be safely aggressive with? Who not? So that as an important thing, a real-life example of that is something I saw years ago with my baboons where it just so happened that in the same week, the highest-ranking female had a daughter and one of the lowest-ranking females did.
And it was amazing watching their development. At every developmental landmark, the higher-ranking kid was getting there further, all of that. And about three weeks into it, they had their first social interaction. The low-ranking kid is wobbling around and spots this other infant, the high-ranking one. "Oh my god, there's another one just like me," and goes wobbling over to say hello.
And at the last moment, the low-ranking kid's mother grabs her by the tail and drags her back. And she has just gotten her first lesson in what her rank is in this world. She was being told that is not somebody you go up to greet and play with. That is somebody where if they're walking past you, you stay really still and don't make eye contact.
And what was amazing was I could go away at that point and come back 25 years later, and these would be two old ladies on the savannah still having the rank asymmetries they were learning in their first three weeks of life. What we saw in terms of the importance of context, another version of that was with the captive hyenas.
The females had the same elevated androgen levels, the same extra muscle, all of that. But it took much longer than in the wild for them to begin dominating males. Why? There were no adults there. They had no role models. They had nobody to look at to learn early on. It took a while for this to emerge.
Los estilos de crianza de Baumrind
Now, what's implicit in a lot of this? What's implicit is that low-ranking baboon mother pulling her daughter back and giving her first lesson in her place in society. What comes in is parenting styles, and Diana Baumrind at UC Berkeley did amazing work. What she identified was four different styles of parenting that have wound up being very influential.
A two-by-two matrix along two dimensions. The first one is how much does the parent demand of the child? High versus low. The next one, how much warmth does the parent express to the child?
High versus low. The authoritative parent expects a lot from their child but is very warm and very supportive and is flexible, clearly imposed rules, flexible use of them in a context-dependent way. And this produces independent offspring and all of that. Then we've got the authoritarian parent. High in demand, low in warmth. This is the world of "do it because I say so." And what you produce there are offspring who are rigid, inflexible, who are most likely to advocate the same sort of punishment as adults.
You have individuals who were told what to do all along in childhood and are not great on being independent on their own. Next, you've got permissive parenting, the bane of all sorts of upper-middle-class parents out there. Very low demands, but oh, so much warmth where everything is okay. The child establishes the rules.
There is no accountability, that sort of thing. Contingency-free. And what this produces is an adult who is frustrated as hell and very disappointed in lots of ways in life because the rest of the world turns out not to be as permissive as their parents. Very resistant to negative feedback for sculpting their behavior.
And then of course, there are neglectful parents, where this is low demand, low warmth. And this is another version of having like half a dozen points on your ACE score, your Adverse Childhood Experience. Obviously simplified, but nonetheless a highly influential way of dividing up different parenting styles. By the way, back to ACE scores, Adverse Childhood Experiences.
Whoa. For every additional step there, a 35% increased likelihood of adult violence, teen pregnancy, substance abuse, mood disorder, all of that. One could just as easily, instead of coming up with an ACE score, come up with an RLC, a Ridiculously Lucky Childhood experience score where, like, did your parents hug you?
That's worth one point. Were there books in the house? Was it a safe neighborhood? Did you have hobbies? Were you able to do interesting things in the summer or work in the family store?
All these versions of that. And I guarantee it would be the same exact scale there for every step up in it. Probably a 35% increase that you'd be sitting here as a Stanford student listening to this lecture. It could be expressed just as readily. And society's problems are much more severe in terms of dealing with children whose childhoods were adverse than ones which were ridiculously lucky.
Kohlberg no predice quién actúa
Okay, moving on. We now look at Kohlberg's stages, Kohlberg's stages of moral development, which we already saw about. And we conveniently left out a question before, which was: do Kohlberg's stages actually predict anything about what somebody is going to do?
When you are brought up and you're preconventional, or you get all sorts of work put into making you postconventional and all of that, and when there's the moment that somebody has to step out of the crowd and run into the burning building or stop a bully or whatever such thing, at that moment, does your stage of Kohlberg's moral development predict who does the brave, harder things?
And the answer is absolutely not. Turned out Kohlberg was completely unpredictive in that regard. It's very predictive if you're at the right advanced Kohlberg stage that you'll get tenured in philosophy at a more prestigious university than if you're at the preconventional stage. That sort of thing. It is not predictive at all. And you should be able to guess already where we're heading with this, which is don't talk to the cortex, talk to the limbic system.
As in, preceding activation of the limbic system, preceding that of the cortex. That theme of very often, more often than any Kohlbergian developmental psychologist wanted to say, we feel our way rather than think our way to moral decisions. This was really stated wonderfully by the psychologist Marc Hauser at Harvard some years ago, where he said people are much, much more consistent in their moral theorizing than they are in their moral actions.
Okay, that's basically what I just said. Why is that worth emphasizing? Because Marc Hauser proved that out the wazoo. At some point mid-career, he was discovered to have faked all sorts of his data, and I believe he's teaching high school psychology up in New Hampshire or something now. This was front-page news. Harvard professor faked his data.
Razón y sentimiento en la moral
Yeah, we're much more consistent in our moral theorizing than in our moral actions or moral behaviors. So, one of those you couldn't write it better, couldn't come up with an irony like that. Okay. So, we're back to moral reasoning versus moral feelings. And this gives rise to a really important point. If most of our moral decisions are being made based on emotions, most of our changing moral decisions and moral views are going to be for the same reason.
And this gives rise to what I think of as an incredibly important sound bite by now: you can't reason somebody out of a stance that they weren't reasoned into in the first place. Unless you figure out why this whole limbic yuck has brought this person to this point of fear and anxiety and discomfort with the future and hatreds and intolerances and us-themming and all of that, you are not going to solve that from the cortical level.
And in a lot of ways, what presenting facts that should argue against this cortical polarization does is it makes the polarization even more extreme. This is something we saw like crazy over the last eight years or so. You can't reason somebody out of something they weren't reasoned into in the first place. So getting now to moral decisions, moral actions.
Gracia frente a voluntad
We're much more feeling our way there than thinking our way there. Which brings us back to that study, "Grace versus Will." People having the opportunity to cheat, and as soon as they had the opportunity, their dorsolateral PFC activates. Should I do it?
Should I not do it? All of that decision making. And then you look at the people who never, ever, ever cheated. And our critical question was, did they refrain from ever cheating because they had the most muscle-bound prefrontal cortex anyone's ever seen and could wrestle temptation to the ground?
Or was it not a temptation? And as we saw, the answer was, rather than a state of will and willpower, it was a state of grace. For them, it wasn't having to find the means to do the harder thing, because that wasn't the harder thing for them. It was simply, "That's not who I am." Which is another way of saying that we have a difference between implicit moral rule following and declarative, explicit.
Explicit, you got to sit there and reason your way through why it would be a bad thing to cheat on this. Implicit, it's as automatic as here's how you do a tennis backhand, here's how you comport yourself in the world. And you don't lie, you don't cheat because of that critical, very defining human thing: because at the end of the day, I got to live with myself.
Los grupos de iguales
So we see that in that context, as we start to look at this transition from childhood to adolescence, what becomes incredibly important is peer groups. Peer groups, because among other things, peer groups have wild influence. And that's the case if you are a young chimp, a young baboon, a young human. For 99% of human history, as has been emphasized in our endless hunter-gatherer past stretching back hundreds of thousands of years, kids didn't go to school.
Kids learned observationally, usually by looking at their slightly older first cousin, that sort of thing. Observational stuff, imitative stuff. The notion of getting a wise elder who will sit down the young'uns and impart knowledge is a really recent invention in humanity. What it's mostly about is soaking up peer influences, and they are important.
Judith Rich Harris y el efecto de los pares
Psychologist Judith Rich Harris really blew the field up about 25 years ago or so by going over the developmental literature, the child psychodevelopmental literature, and showing that a huge amount of what would be attributed to parental effects on what sort of kid the kid turns out to be was actually due to peer effects.
A huge vote for the importance of peers. And she started off with this really striking finding, which is kids growing up with immigrant parents where a language is spoken at home which is not the culturally dominant language. And it's by around age three or four that you begin to see kids, when they're starting in preschool and kindergarten, you begin to see the phenomenon of the parent talks to you in the native language and you answer them in the dominant language that you were learning, where you begin to be embarrassed by your parents' accents.
All that is is soaking up peer influences there. So, one of the things peers are really good at is teaching kids who to hate and who not to hate. And this is sort of peer tribalism. And all these classic studies where you divide kids up into completely arbitrary teams. You flip coins right in front of them, and kids will see it is just by chance that we're on this team and they're on that team.
And yet within a short time, they are feeling a preference for their teammates. They are exaggerating the differences between the two groups. All of that is really early, really fast in kids. And in a sense, this was one of the lessons of slightly older than kids, which is the people who wound up in Zimbardo's prison experiment.
And how readily the culture of guards being aggressive, being demeaning, being all those things, how readily that spread. And when you look at it, the more soft-hearted participants did not peer-affect their way into getting everybody else to be that way. The more savage of the guards were the ones who had the influence.
It's never the case that the more peaceful one is the one that is much more influential in a context like that. So all of this again taps into this "us-them," which brings up this fabulous anecdote back when Planet of the Apes originated with a movie around 1965 or so. And it sure had a big impact on me, let me tell you, in terms of who I was rooting for.
But they had these ridiculous people in chimp costumes and ridiculous actors in gorilla or orangutan costumes, and they were all the villains. And what you saw was two different actors who were in that, in their memoirs, refer to the same incident in the first week of filming. During breaks at lunchtime, all of the actors in the chimp clothes would sit separately from the actors in the gorilla and the orangutan costumes.
They were sorting themselves by that right off the bat in terms of, "Oh, where am I going? There's my people." My people who were wearing chimp costumes instead of gorilla costumes that both look ridiculous. A remarkable bit of us-themming in the most absurdly inconsequential realm. This is where peers are having their effects, far more so than parents.
Now, an example of that, Judith Rich Harris brought this up. One of the reliable findings is that on the average, if you were being raised by a single mother, you are being raised in a household where you were more likely to have antisocial behavior as an adult. Okay?
Because of the stress there, because of the adversity, all of that. And what Rich Harris showed was there is a mediating factor. Single mothers on the average have less money than kids growing up in a two-parent household. Single mothers are more likely to be under all sorts of duress. Single mothers are more likely to live in neighborhoods that are lower rent (parentheses: that have higher crime).
La madre sola y el barrio
And what Harris showed was the majority of the effect of a single mother on childhood antisocial behavior as an adult was mediated by the peer group you get in this more dangerous neighborhood. That was the mediator. So peers are incredibly important there. So in terms of that, kids are learning from peers, they are learning stereotyping.
It's around age four that kids are first stereotyping, which is to say the first time they are saying, "those people are like that," seeing people in groups, seeing people in categories that transcend their individuality. That's when kids start to do that. And along with being taught who counts as an "us" and a "them" by their parents, is from their peers.
Now, this has raised an issue. By 10 months of age, babies, infants who are white, when someone who is black comes into the room, show evidence of anxiety. Heart rate increases, breathing rate increases. "Oh my god," everybody asked when this came out, "are infants just innately racist?" which was virtually the required heading on every news article about this finding, a finding replicated.
And the answer is no, not in the slightest. What you become very anxious about with stranger anxiety is someone who looks different, different from who you're accustomed to. And if what you're accustomed to are people with a particular skin color, your parents' social group, parents' extended family, whatever, you begin to see any other as the "them," the stranger, the unsettling.
And by 10 months of age, kids will already be showing that response in terms of increased heart rate, increased breathing, autonomic arousal when merely hearing the voice of someone with a different accent. So, we are not born that way. Nor do we have to have parents actively teaching those prejudices, even though that's done plenty enough, but merely by who you are familiar with, who is around often enough to begin to count as part of the category of "uses," who then constitutes a "them." Now, this begins to tell us something about the way in which kids just sop up us-them dichotomies.
And consider how totally benign it could be. There's the school teacher in first grade and greeting everyone in the morning. And what does the school teacher say stereotypically? "Good morning, boys and girls." Is there any malice there?
No. Is there any conditioning? Is there any stereotype projection dripping through there? No. Just, "Good morning, boys and girls." But note that the teacher says, "Good morning, boys and girls," not "Good morning, those of you who have already had a cavity in your teeth and those of you who have never had," "Those of you who can recite the alphabet and those of you who can't yet." What's an important category out there in the world?
La teoría del contacto
Not who does or doesn't have cavities, but with that very benign sentence, already teaching this is a meaningful categorical split, this is a meaningful boundary. So we begin to see ways to try to counter this. And from day one, which is to say back in the 1950s, starting in the Stanford psych department, what emerged was the incredibly influential idea with kids of contact theory.
If kids get experience interacting with "them," "them" are more likely to become "uses." Totally straightforward and totally un-straightforward as to when it actually works or not. Contact, one version of this came out in all sorts of summer camp programs called "Seeds of Peace," where they would take kids from two really hostile cultures that have been at each other's throats forever.
And who were the two groups that they traditionally did back in the '80s and '90s? Northern Ireland Catholics and Protestants, or Israelis and Palestinians. And looking at whether this helped, putting these kids together for a whole summer in a summer camp. What they began to learn was some of the prerequisites. It's got to be in a neutral setting.
It can't be in their country or their country. It's got to be roughly an equal number of kids. It's got to be nothing like a bunk for the Catholic kids and a bunk for the Protestant kids, obviously. It's got to be where nobody is allowed to have any symbols of their culture or nationality or religion.
You can't come in with socks that are advertising what kind of "us" you like. You can't do any of that. But most importantly, you have to have common goals. And the one done in every one of these is the kids are there the first day and you take them out and there's a field that's overgrown with like rocks and weeds and bumpy and you tell them, "Okay, over the next week, all of you guys need to work together to smooth it out so you can have a soccer field so you can all play soccer." And the kids spend a week doing that, and that's the sort of predictor where you get a change in attitudes by the end of summer camp.
El efecto a largo plazo: casi ninguno
Wow, amazing. So, it's got to be shared goals. It's got to be on equal ground, both demographically and psychologically and symbolically, and it's got to be long enough. You don't do that over a three-day weekend. And all sorts of changes in attitudes thanks to these summer camp programs with kids. So, what's the long-term effects of somebody having been in one of those programs?
And it turns out there's essentially no long-term effects. The kids come back and within a few months, they revert back to their same biases and prejudices, but they have a footnote. They have an asterisk there when they say, "Those people are terrible. Those people are awful." "Oh, yeah. I knew this kid once, seemed like a nice kid.
Wonder what happened to him. But oh, those people..." You can learn the "they're a good one" sort of exceptionalism. The kids on either side of the divide who became close over the summer camps were highly unlikely to stay in touch. And perhaps most disappointingly, the big grandiose scheme that came out of this is no kid who ever went to one of these Northern Ireland or Middle East summer camps emerged as a leader of a peace movement.
And this has been going on for decades. So contact theory is very limited as to what it does and when it is helpful. And we will get to more examples of that later. What we see here though is a really subtle version of why contact theory doesn't do all that well in many settings.
Enclaves y perímetro
Okay, so you've got, you know, three pieces of land and there's two different ethnicities there, the blue magnets and the orange magnets, and they've been at each other's throats forever. And what is the division of where they live?
One option, divided down the middle, 50% here, 50% there. Another option, still a version of that, but pockets, little islands of the others living there, or this random scattering of both. And what the researchers have shown with some really cool simulations is you get some degree of violence with this between the groups, and it's all at the interface, the border between the two.
You don't get much violence in this circumstance because each person is sitting there surrounded by the others statistically, and nobody can get a quorum enough to start going after the others effectively. What's the killer combination?
When you have most of the populations divided but with little ethnic enclaves. Because what you're doing there is you're increasing the amount of surface area between this group and that group, and that's where you see the intergroup conflict. And they had this wonderful model in the '90s. And they then went and applied their model to the Balkan wars, which were going on at the time and raging with unbelievable human rights violations and such.
And what they showed was demographically being able to see where were the Christians living, where were the Muslims living in this province, this town, whatever, and being able to see what it looked like there and showing that this model was quite predictive of where there had been violence. So contact is not necessarily a panacea, and contact in the form where you've got isolated ones surrounded by "them" but enough of you there to take group action and your folks are just across the border, increasing the perimeter between you and them, that's where you get the big problems.
La caída del crimen en los noventa
Okay. So, one other aspect of growing up that has something to do with your likelihood of antisocial behavior as an adult. In the early 1990s, something very interesting went on in the United States, which is the rates of murder and violent crime began to plummet, and plummet substantially for many years afterward. And all across the country, some pretty steep declines.
And everybody went wild over that. And of course, if you were right-leaning, your explanation was like three-strikes laws and mandatory life sentences. If you were left-leaning, it was, look, the economy is doing better and when the economy is better, people are less prone to aggression. All of that. And along came this pair, Levitt and Donohue.
John Donohue, who's a professor in the law school, came up with a finding that I think is vastly important and was condemned in many different domains. What they said was, from their studies, their analyses, the decline in violence was mostly attributable to Roe v. Wade. Roe v. Wade, which came in the mid-70s, '73 I think, I'm forgetting.
And what you're seeing then is what was happening around 1990. Kids who were born when Roe v. Wade first came in were now late adolescents. Kids who weren't born because their mothers elected to have abortions would have been late adolescents. And what they showed was as different states legalized abortion at different times in the years before and after, as soon as easier access to abortion came in, about 18 years later, rates of violent crime in that state, in that community, started going down.
La corteza prefrontal y el trauma temprano
What are we seeing here? One of the most damn depressing things I can imagine. What's a predictor of antisocial violence in adulthood or in adolescence? Being somebody where if your mother had had the option, you wouldn't have been born. That is a predictor. Okay. A few more things in child development. No surprise, incredibly important is the prefrontal cortex.
Wait a second, the prefrontal cortex is what you're doing just before you hit your 25th birthday. It's doing, no surprise, a lot of its development very early in life. And what you begin to see is early life trauma impairs the development of the prefrontal cortex. Elevated levels of glucocorticoids impair the prefrontal cortex.
Some of this work is being done by Victor Carrion in the med school. What he's looking at is adolescent trauma and the emergence of some of the brain differences. And you see coming out of this another one of those findings that should make you scream at the injustice of this. Not just, ooh, if you get born to a mother who just as well wouldn't have wanted you, the odds are elevated that things are not going to turn out well.
Here's another version of outrageous findings. By the time a child is five years old in kindergarten, the socioeconomic status of their parents is already a predictor of their resting glucocorticoid levels. Poverty, higher levels. This is work by Sonia Lupien at McGill University. By age five. And by age five, what's one of the major things that is pacing frontal cortical development?
La prueba del malvavisco
Stress, glucocorticoid levels. By age five, the lower the socioeconomic status, the higher the glucocorticoid levels, the thinner the prefrontal cortex in the kid developing, the lower the prefrontal metabolism, and the less ability the kid had to do gratification postponement tasks. And this puts us into the world of the famed marshmallow test, developed at Stanford in the psych department in, I don't know, the '60s, '70s.
Most of you know this. If you haven't seen them, go look at some of the YouTubes of the strategies kids use to resist. Put down a kid and you put a marshmallow in front of them and say, "Whoa, here's a marshmallow. I'm going out for a few minutes. You can eat the marshmallow if you want, but I'm coming back in a little while.
And if you haven't eaten the marshmallow, you're going to get another marshmallow. You're going to have two marshmallows. Show some gratification postponement and we will double the reward." And first off, it's amazing seeing the different strategies kids take. They cover their eyes. They turn the other way. They push the plate on top of the marshmallow.
They pet the marshmallow. They sing to it. They kiss it. They wave it around. They try to do any distractedly running around the room. All these different kid strategies. But what was most striking out of this, landmark findings by Walter Mischel here at Stanford who started it, was showing how long a kid could hold out before eating a marshmallow was a significant predictor of adult health, adult educational attainment, adult socioeconomic status, adult all sorts of stuff, where at age five, how good your just-emerging prefrontal cortex was at doing the harder thing was already a predictor of stuff long afterward.
Which takes us back here to: so you're 5 years old, and socioeconomic status, by way of glucocorticoid levels, has been modulating the rate of development of the prefrontal cortex. And already at age five, that sets you up statistically for having a PFC that's lagging behind if you were foolish enough to have picked the wrong family to be born into.
Two interesting elaborations on the marshmallow literature with that. The first one is there are two types of different bad outcomes that you could see in kids with a marshmallow test. The first one is the kid who you leave the room and they've eaten the marshmallow two seconds later. Even though they say, "Okay, I'm not going to eat the marshmallow." You understand?
If you could hold out, we'll get two marshmallows. "Oh, yes, yes, yes. I'm not going to eat the marshmallow." And two seconds later, they're already swallowing it. Like terrible gratification postponement. This is a not a big, but nonetheless significant predictor of things like property crimes in adulthood. But then you get the kid where you explain it to them and they don't say, "Oh yeah, of course, I'm going to hold off," but then they eat it.
You say to the kid, "What do you think I am, stupid? I'm supposed to wait for a while when I can eat a marshmallow right now?" The kid who rejects the entire paradigm that delayed gratification is going to have a payoff, that's a predictor of individuals who grow up with antisocial violence rather than property theft.
The other thing about that is this finding which shook everybody 20 years ago when it first came out, which is by age five, your parents' socioeconomic status, stress hormone levels, frontal maturation, ability to do frontal delayed tasks, all of that going hand in hand. Oh my god, at age five. And subsequently, it's been shown in two or three-year-olds.
And subsequently in kids who were three, four months of age. And there was a study a few years ago where imaging techniques have gotten fancy enough that you could image the brain of a fetus while inside mom. And with really fancy techniques doing that, you couldn't get some areas of the brain, but at least you could get a measure of brain volume.
And by the third trimester, if you had picked the wrong womb and you were growing up in the womb of somebody of low socioeconomic status, total brain volume was already lagging behind. Why? Because mom is pumping out glucocorticoids like crazy. And from the moment you were a fertilized egg, that is having an adverse impact on development.
¿Existe la adolescencia?
Okay. So we now continue our ironic, indefensible reversal of sequence and now look at adolescence. And the first question that comes up is, is adolescence for real? Is adolescence like some sort of invention of the West?
Is adolescence like just a way of accommodating that, okay, secular trend? Kids these days hit puberty earlier, but it takes a whole lot more education to be able to be a competent, independent adult. So, we've got this big yawning gap in between that we're going to call adolescence. And that's going to be a special category.
That is not the case. Two interesting aspects of that historically. One is in the Middle Ages, there was a whole sort of recognition of the adolescent age built around when a kid would be viewed as having come of age, reached their maturity, being able to be taken as an adult. And this was delayed because armor was getting heavier and heavier and kids had to be bigger and stronger before they could go off into battle.
That was the driving force on that. And about 20 years ago, another bit of technological advance had a very different effect in this realm, which is the development of very lightweight automatic weapons. And that's viewed retrospectively as one of the big things that's given rise to the 300,000 kids on Earth estimated who were child soldiers who were forced into it.
Guns are light enough for them to carry. So is adolescence this neurotic invention of the West? No. You see in every culture, a big deal is made out of the adolescent period. What's different between Western adolescence and the rest of the world?
We're the ones who invented the notion that adolescence is full of anxiety and storm and stress and rejection of your parents and values and pulling your hair out because of how crazy-making they are. And what you see is you've got to have this sustained period of letting your prefrontal cortex learn more and more and more what counts as the right thing to do in a harder circumstance.
So adolescence is for real, and it is a logical time to be delaying your frontal cortical maturation because you have to learn your society's hypocrisies and rationalizations. And when they say, "Thou shalt not kill," who you're actually supposed to kill and all that sort of thing. That is a big part of what adolescence is about cross-culturally and a big part of why you want a prefrontal cortex that is not yet set in stone.
La adolescencia ante la ley
Now, this whole notion that the prefrontal cortex is not there yet, is not quite up to speed until we're age 25, has had all sorts of legal implications over the years. Because as soon as it was recognized that an adolescent brain is not like an adult brain that's half-cooked or it's not a kid's brain that's been left out of the refrigerator too long or something, but is an entity in and of itself with its own profiles and own distinctive features of development that's very different from during childhood and during adulthood.
As soon as that was recognized, there became all sorts of debates. So what should be expected of adolescents at different ages of development? What should they be responsible for? What should they be held culpable for?
And this gave rise to some really critical Supreme Court decisions in the '70s. Simmons versus somebody or other, where they said you can't execute somebody for a crime they did before they were 18. And following up with another decision, you can't give a kid, you can't give somebody life without the chance of parole for something they did before 17.
Can't kill them because they couldn't regulate their behavior. Don't lock them away guaranteed forever because there's still a capacity for the brain to change. And I was so thrilled to read the first Supreme Court decision on that and reading through that, saying, "When is it that they're going to say the prefrontal cortex?" and they never did, but one of the justices said something about "because brain development isn't complete at that point." So that's the best we got out of those guys in terms of being neurobiologically informed.
But that was making a bright line, an arbitrary boundary before this age. Your brain isn't mature enough for us to go execute you, for we expect you to have had some control there. Into this came famed Stanford alum Sandra Day O'Connor, the first woman to serve on the Supreme Court, who was rather conservative in her views, and she wrote a dissenting opinion.
When the court said you can't kill a kid, you can't kill somebody for a murder they did when they were still a kid, she dissented. "You're 17 and you're mature enough to decide if you want to have an abortion, but you're not mature enough to know that it's not okay to kill somebody?" This was her dissent.
And the answer is perfectly clear now that we've done all this limbic neuroanatomy and how it interacts with the cortex. What's it is time course. It's time course. You are a pregnant 17-year-old and you've got typically days and days to decide if you're going to do that. And a 17-year-old brain is together enough in the view of the court, and seems logical and a good decision, is together enough to analyze the pluses and minuses there and thinking and feeling your way and all of that when you've got days to do it.
Homicide overwhelmingly does or doesn't happen over the course of seconds. Impulsivity. Do you have a prefrontal cortex that's capable of slowing down the amygdala over the course of the next 48 hours? Maybe when you're 17. Do you have enough of a PFC that can slow down your amygdala in the next 3 seconds?
Definitely not. So, in my view, there was no contradiction there whatsoever in O'Connor's dissent. More aspects of adolescent maturation. Once again, what city, what culture you're growing up in. Age 30 is when antisocial violence tends to top out in people and hit the floor again for the rest of their lives. We already heard by around age 30, from late adolescence to early adulthood, there's the peak of that type one alcoholism that's done with peers, that has a large peer influence in it, and that is highly associated with antisocial behavior, and that one has mostly gone by around age 30.
La exclusión social y el cyberball
Adolescence is sort of being a stage which is quite unique, but it has an expiration date. So when thinking about how the frontal cortex is running in an adolescent, when there's only half of it there, whatever, when it's just crawling along, you see all sorts of interesting versions of what makes for a different kind of brain.
First example, back to that terrifying, anxiety-provoking, social exclusion experiment where you look at a computer screen and there's an X and X and X and this is you, and you think these are two other people. It's actually the computer programmed by two other people in the next rooms and you're throwing a cyberball back and forth to each other.
And what we heard was at some point in that design, they ostracize you. They stop throwing the ball at you. All of that, they just throw it between them. You're being left out. Let's get a good control in here. They control an inanimate source of that happening. They say, "Oh, damn. Something just went wrong with the computer.
You've lost contact with the other two folks. So, they're just going to keep playing for a while until we get you back on." Nobody intended to ostracize you. But in this circumstance, they intended to. They chose not to throw the ball to you anymore. And what we saw was in most people, there's rapid activation of the insular cortex, the amygdala, and then a few seconds, a few minutes, a few weeks later, the PFC activates and quiets the amygdala with, "This is a stupid game.
This is not important. Think about the things that really matter in your life. Come on, be reasonable here. This is not important," and the amygdala and insular cortex quiet down. And as I think I mentioned when we first covered that material, there's a subset of humans who've got a prefrontal cortical impairment. So that when you were socially excluded, it's not very good at turning that off.
And the amygdala and the insula just keep on roaring away there. And who is this? These are teenagers. This is the typical teenager response in the social exclusion paradigm that takes way longer for those three and a half frontal neurons to convince the limbic system that this is not actually a big deal.
This is not proof that you are a dork. And there's less of a prefrontal cortex running to do that, a delayed recovery of that activation. Another study that showed a version of just how different the teenage brain is. And this is one where you sit somebody down, you put them in a brain scanner, you lock them up in there, and you ask them to describe how they think of themselves.
And you see there's a pattern of activation in the brain. And then you ask them, "How do other people think of you? How would they describe you?" And there's an activation pattern in the brain that's partially overlapping and all of that. You get teenagers in there and you ask them, "What sort of person are you?
How do you evaluate yourself?" and "What do other people think of you?" You get the same pattern of activation. Who do I think I am? Whoever all of them think I am. This conformity pressure, they're going on that. Okay. So we see in adolescence moral reasoning gets fancier. There's a transition in some individuals, but certainly not all, from egalitarianism, something should be divided up evenly, to a meritocracy notion.
This person worked harder to get this. This person got screwed in the past and we want to make reparations. A move towards meritocracies there and with that, a move to all the ways in which that can get you into trouble. What you also find cognitively during adolescence is by then teenagers are great at theory of mind.
Teoría de la mente secundaria
What they're still not at adult levels of is secondary theory of mind. Rather than knowing that person knows something that I don't, or the other way around, or has feelings, being able to understand two individuals there and say, "Ah, this one thinks this is the case, but that one knows it isn't, and that's why they're doing that." Adolescents, you know, we're certainly better at that than kids are, but they're still not at adult level of being able to do third-party theory of mind.
So, adolescence and empathy. The late teenage years is the time of life where you are most likely to mug an old lady. It's the time of life where you are most likely to intervene to stop somebody else from doing it. And one of the defining features in adolescence is incredibly strong empathic responses to things.
No wonder the frontal cortex isn't there to make up excuses, isn't there to tell you, "You know, it's not your problem," or "They brought it on themselves," or "Somebody else will take care of it." All of that. Adolescents feel empathy on the average far more strongly than adults do. So what does that predict?
Does that predict that you were actually more likely to do something brave, something hard, more likely to be the one to step out of the crowd? Or stated a different way, what does your level, your capacity for empathy predict about your ability to act upon it, to act compassionately?
Paul Bloom y el caso contra la empatía
And there's not much of a connection between the two. Paul Bloom, a psychologist at Yale, I think recently moved to Toronto or whatever, wrote what was viewed as a very inflammatory piece in, I don't know, The Atlantic or something years ago called something like "The Case Against Empathy." And he made an argument built around this: empathy is so damn important.
Empathy, the notion that there's enough of that going on that people have decided that empathy is a virtue in and of itself. Just feeling bad, that's enough. Acting upon it, well, that's a whole other matter. But empathy, a period of empathy, can't people feel more empathy?
Empathy is meaningless if it doesn't translate into action. And much as one's Kohlberg stage of moral development predicts next to nothing as to who's going to leap out of the crowd and do the scary, dangerous thing, one's degree of empathic responsiveness is not a particularly good predictor of who is actually going to act compassionately.
So looking at adolescent empathy in that context, what you begin to see is, first off, a possibility where empathy makes things worse, where doing good acts, acting compassionately, makes things worse. Wonderful finding, and this applied to young adults but it could be extended, that merely buying a cosmetic product which has "earth-friendly," "green," "eco," whatever stamped all over it, you're just doing that makes you a little bit more selfish afterward in an economic game.
"Whoa, I already did my good deed for the day. I'm owed something back. I've got some residual brownie points that I can use up there." And very often that produces something which in the long run is worse than before you started. And Oscar Wilde with this quote of "Charity is the source of a multitude of sins." The sense of well-being that comes out of that and entitlement is often made up for the other way.
Interesting parallel with that, which is you find very often with people who are dieting, when they resist some high-calorie meal and get some healthy, inedible salad instead and all of that, because they were so good about it, they immediately sort of undo all of the progress they made by gorging on Oreos later in the day.
On the average, when people have to work really, really hard at restraining themselves in terms of appetite control, they have a bounce back that more than overtakes that at that point. Something equivalent here going on with that. Okay. So, sometimes empathy and acting compassionately winds up making you feel so self-righteous afterward that the net result is negative.
But much more importantly is this gap between feeling empathy, no matter how intensely you do, and actually acting upon it. Acting upon it in a way that's effectual rather than ineffectual. "Ooh, I'm going to give away all of my money to this homeless person without doing anything about their desperate substance abuse habit." "Oh, I'm going to do some grand compassionate gesture, which when you look at it up close doesn't accomplish anything at all." But the bigger thing is understanding who goes from empathy to compassion and who stops at that point.
And that tells a lot about adolescent compassion. The amygdala, the insular cortex, the anterior cingulate is lighting up like crazy in your average adolescent in a brain scanner being told about some appalling moral act, more than in an adult. It is that much more setting the person on fire. And that sets up for a dangerous possibility, which is at some point you are feeling their pain so intensely that you got to look away because you can't take it anymore.
You need to turn the page. You need to close the book, the magazine, whatever. You need to run away from it because their pain has become your pain to such an extent that it's too painful. Empathic pain is painful as hell. It could be as painful as regular old somatic pain. And you see there this split in the road.
Los dos predictores de la compasión
Does somebody else's pain pain you so much that you have to look away, or that you can act upon it? And it turns out there's two great predictors of that. One physiological, one cognitive. Physiological, this is remarkable. Sit somebody down and show them some graphic video of some horror, and there's no shortage of them, and some ghastly whatever.
And the more their sympathetic nervous system activates, the more their heart rate goes up, their breathing rate, their blood pressure, all of that, the more sympathetic arousal there is, the greater the chance that they will say, "I can't look at this anymore," and turn away. It's the ones who were capable of some autonomic detachment who could then take the compassionate step.
Cognitively, something very similar. When the person is being exposed to this awful, horrible, heart-rending thing, if they say, "Oh my god, that would be so awful if that happened to me," versus, "Oh my god, it must be so awful for them going through that." If your response is, "Oh no, if that were happening to me," that's your heart racing and that's your, "I can't take this anymore.
This is somebody else's problem." So on a weird physiological level and a weird cognitive-emotional level, some degree of detachment is what's needed to most likely make the transition from intense empathy to actual compassion. And this is critical detachment because detachment is not a very easy thing to get. A lot of what those of you barreling off into medical school will be trained in is detachment.
You will make babies cry by vaccinating them against a horrible disease. Displacement, dispassionate distance, and all of these, with this sort of detachment, is the predictor of when you get the most done. An amazing example of this, which is I was once at this conference and it was like neuroscientists versus Buddhist monks.
There was a whole bunch of like Buddhist monk all-stars and neuroscientists, and we all got locked up for three days together, and it was all great fun and talking about goodness and evil and pleasure and happiness and discovering we had such different vocabularies it was kind of a waste of time, but it was cool hanging out with them.
And this one Buddhist monk who seemed kind of approachable, and we kind of got around to teasing him after a while and said, "So when you're meditating, do you ever stop because your knees just hurt so much?" And he said, "Yeah, sometimes." Well, good. Even they do. That's why I lasted 30 seconds meditating.
And he said, "Yeah, sometimes I do, but I do it as an act of kindness to my knees. Not because it hurts so much I have to turn away, but because I know that is damaging my... as an act of kindness to my knees." So what teenage years are about is the intense feeling of empathy and the intense urge to do something about it, often ineffectual or misplaced, or the intense urge to look the other way because it hurts too damn much.
So all of those being sort of a vote for, "Imagine what they're feeling like," not "Imagine if it was happening to you." Imagine what they are feeling like because that gives you enough detachment to keep you from saying, "This is too painful. I've got to look the other way." Okay. This transitions us now to our next category.
La vida fetal: testosterona y androgenización
We are now up to fetal life. What does fetal environment have to do with adult aggression? And what we see is, big surprise, testosterone, prenatal androgenization. What does that do to aggression? And what's clear in a rat or a monkey is expose a fetus to elevated testosterone levels, and if it is a girl, if it is a female, when born, as an adult, she will have higher levels of aggression.
Totally clear literature on that. Organizational versus activational hormonal effects. Remember that again. Organizational, the way hormones are helping construct your brain as you're a fetus. Activational, how easy is it to trigger a particular behavior with a hormone?
You're a monkey, prenatal androgen exposure. And as an adult, this monkey, she will have a lower threshold for activating aggression. Totally clear in other species. Well, what about us? So, that's kind of hard to study. Let's look for some cases where fetuses get androgenized and then see how things turn out at the end.
And we already heard one version of this in the sex lectures: congenital adrenal hyperplasia, where a mutation in the adrenals, you're pumping out lots and lots of those adrenal androgens, which masculinizes the brain of female fetuses there. That is one. And the other is during the 1950s and '60s, there was a drug called DES, diethylstilbestrol, which was an anti-miscarriage drug.
And what it was mostly doing was working on the progesterone system, but it turned out that it also had some unexpected, unexplored, undiscovered androgenic effects. So that was another route of prenatally androgenizing girls. So, the congenital adrenal hyperplasia kids and the DES kids. Whoa. Let's go study them and see what's up with them with aggression once we're done figuring out who they're attracted to.
And now, let's just get to aggression. This was work mostly pioneered by this guy named John Money at Johns Hopkins, who is a very historically controversial figure in terms of sex assignment and things of that sort. And this is not someone whose sensibilities would pass muster these days. But in any case, he and colleagues started these studies, mostly congenital adrenal hyperplasia kids.
Let's look at these girls. Are they more aggressive than normal girls? And back came an emphatic yes, very significantly elevated levels of aggression, aggression of all sorts there. And that's it. Case closed. Be exposed to a lot of androgens prenatally and that's going to make you more aggressive afterward. It wasn't until, I don't know, the 1970s, 1980s, it wasn't until like these new types of endocrinologists who showed up, female endocrinologists, who looked closer at what the studies were about.
And here were some of the things they were measuring, what counted as evidence of these girls having an aggressive history ahead of them. They were less interested in dolls than in other toys. They didn't fantasize about babies. They didn't fantasize about marriage someday. Whoa, this is someone who's going to be a mass murderer down the line.
So, by the '70s, the entire field said, "Uh-oh, our bad. I guess that entire literature is meaningless." Although I was always intrigued to see that every endocrine textbook had those findings still lasting there to the mid-'80s or so, it stuck around. Prenatal androgenization and CAH girls increases aggression. All of that. Whoa, they want to get a job someday.
Oh my god, this is an incredible time bomb of a kid. Those were the criteria in those studies. So people figured out all of that was gibberish. And more modern versions of this have been carried out by Melissa Hines at Cambridge University in the UK, looking at CAH kids. Diethylstilbestrol is not used anymore.
So this is a population to study. And what has she seen in these much more reasonable modern studies? Some puzzling differences. On the average, CAH girls, prenatally androgenized, blah blah, have higher IQs than girls who were not prenatally androgenized. Huh, that's kind of interesting. On the average, they have better spatial skills, no effects on their verbal fluency.
On the average, they're more likely to be left-handed. And there's a bias, a skew towards left-handedness in males over females. And they are less interested in infants. Their eyes don't widen as much when looking at babies. Their pupils don't dilate. Less interested in marriage. All sorts of things like that. They don't make eye contact as much.
Whoa. Here we finally have it. Now, finally, a clear literature showing what prenatal androgenization is like in female humans. And they also showed higher levels of aggressive play, aggressive ideation, all of that. That's it. We finally know the answer to that. So, one is left to try to make sense of these findings.
What about the higher IQ? And what that mostly turns out to be is a self-selective bias. Who shows up and puts their kid in with their CAH? This is more likely to be a better-off family that has health insurance and thus they can be within the medical system and find out about somebody who's studying this, all of that.
That appears to be a selective bias explaining that. What about the other parts? Left-handedness, that is a prenatal testosterone-dependent trait to some degree. So that's kind of interesting. So they're more likely to be left-handed. But what about this other stuff?
Point about that they're less interested in getting married and their pupils don't get all googly-eyed over babies and they're more aggressive and all of that. What's the obvious conclusion to reach there? That's due to prenatal androgenization. But there's a complication there, which is, as we know from the sex lectures, these kids are likely to have been born with intersex genitals, sexually ambiguous genitals.
They're likely to have gone through a whole bunch of rounds of plastic surgery down there when they were kids. That's a part of their body that like everybody's very interested in and nobody wants to talk about it, and it has infested in all sorts of ways in which their parents perceive them. And these are not kids where the sole difference between them and other girls is that they were exposed to a lot of androgens prenatally.
There's lots of other stuff. So I believe the jury is still out on that population. What's additional evidence that prenatal testosterone has something to do with aggression? You see higher levels of aggressive play in girls who are dizygotic twins. This is a twin girl with a twin brother. And what you see there is higher levels of aggressive play.
And what's that due to? Yeah, you spent your fetal life next to this fetus brother sibling guy there who is already having testes making testosterone. There's cross-flow. There's backflow of the circulation. We know this already back from behavior genetics lectures. So there's some degree of fetal androgenization. Oh, slight confound there that if you have a twin brother who likes to play and wrestle, you are more likely to do the same with him.
If you are a dizygotic male twin with a twin sister, you are more likely to play with dolls because the two of you were together and interact more often. Ooh, that as part of a complication there. What else do you see?
Simon Baron-Cohen y el cerebro hipermasculino
We see one other area where there's a big vote for prenatal androgenic effects, and this is the work of Simon Baron-Cohen, also at Cambridge. I think I've mentioned him already and also couldn't resist to say that he's a cousin of Sacha Baron Cohen. Simon Baron-Cohen is the one who had advanced this notion of the hyper-male brain in individuals with autism spectrum disorder.
Looking at sex differences in the brain, and this is taking us back to the sex lectures. The fact that on the average, female brains have a thicker corpus callosum, more long-distance projections, all those features there. And the finding that on the average, individuals on the ASD spectrum have more of a male-ish stereotypical brain on imaging than a female-ish one.
They are hyper-male in that sense. Regardless of whether they are male or female, they have that much thinner of a corpus callosum, that much bigger of a sexually dimorphic nucleus, things of that sort. So Simon Baron-Cohen's notion being males as being hyper-masculinized as a result of prenatal testosterone and autism having something to do with that happening prenatally.
So what do you see there? You see indices of in kids, the more prenatal testosterone they were exposed to, as say two different ways: 2D:4D ratio or the amount of testosterone in mom's amniotic fluid during the pregnancy. The more testosterone, the less integrative the person is going to be in their thinking. The more you are likely to see aggressive behavior, the more and more you are likely to see lower levels of empathy, less eye contact.
Okay, so that's pretty clear evidence by now. Tiny, tiny, tiny effects. Knowing how much testosterone someone was exposed to as a fetus, regardless of their sex, regardless of whether you're a twin, regardless of whether they had this congenital adrenal disorder, regardless of what drugs, whatever effects it has are very, very mild. By the time you get to humans, they are screamingly clear in other species, and in us, they're very mild effects that only explain a tiny percentage of the variability.
Genes y agresión
Okay, this moves us to our next category in our closing moments. Genes. Our next step back. Forget when you were a fetus. Forget when you were just a fertilized egg and already having an environment. What do genes have to do with aggression?
We know. We know that genes have to do with aggression. We know that absolutely. Every time, you are much more willing to leave your baby in a room alone with a golden retriever than with a pit bull. Oh, breeds of dogs have been bred for different levels of aggressiveness. Strains of rats, strains of mice, the same thing.
You can go to your, it's called the Jackson Lab. That's a main mouse breeding colony in the country. You can go online there and order a colony of 36 mice from this strain that's known to be highly aggressive, and they show up and that's just what they're like and they're genetically homogeneous. Yeah, you can breed for high levels of aggression, low levels of aggression.
What that tells us right off the bat is yeah, genes have something to do with it. Let's unpack those though. So, you've got your more aggressive dog breeds and your more aggressive rat and mouse strains and all of that, and they're more aggressive. Go do some more careful work and begin unpacking that and you'll see that it might be just about impulsive aggression and not about premeditated or the other way around.
Or it might be about free-floating aggression that doesn't need anything to trigger it versus ones that are very environmentally dependent. It might actually have nothing to do with aggression. One of the mouse strains that was known to be more aggressive, you pick them up and they're ready to bite your throat. All of that turns out that's not what they were about.
It turns out you'd bred them for a very low pain threshold. You pick them up, they're in pain, they want to bite you. Somebody else comes and grooms them clumsily and you want to bite their face off. All it wasn't aggression, it was how much pain they were feeling. Or in another domain, another strain which got knocked out of the, these have been bred for aggression, turned out they were bred for all sorts of hyper-emotionality.
So genes have something to do with it, but look more closely and go back to what we learned in behavior genetics, all of those prenatal environmental effects, those could be what's happening. But wait, you're breeding them. This is very relevant. You're breeding them to be in the wombs of females who have been bred that way, who've been bred that way.
Darlene Francis y el trasplante de fetos
Maybe something's going on. And this was a really classic study done by Darlene Francis from Berkeley. Where was she at the time? Emory or McGill or whatever? Who worked out some really fancy microsurgical techniques to transplanting rat fetuses or mouse fetuses from one mom into another mom, from a mom of a high aggression strain to a low aggression one or the other way around.
And let's see what they're like. And it turned out the biggest predictor of the level of aggression in these offspring later on was not whose genes they got, but whose womb they got. Prenatal environmental effects. So, we have that familiar lesson which is anytime you think you're seeing something genetic, it's there right at birth.
Genes condicionales: MAOA y el receptor D4
Birth is not when the environment started. And make sure it's not a prenatal environmental effect. Okay. So given that, people have gone after all sorts of candidate genes and we've heard about a number of them, ones related to the breakdown of serotonin, ones related to how many dopamine receptors you have of each type.
What we know already is they are conditional. They are gene-environment interactions. One version of that MAOA gene that breaks down serotonin, and one version predisposes you towards violence if and only if you were abused as a child. Ooh, one version of your receptor for the D4 dopamine receptor, which has something to do with sensation-seeking and impulse control and novelty-seeking and all of that.
And what's it going to look like? It depends. Are you going to be raised in an environment where that's going to make you more likely to be somebody who impulsively shoots the clerk while you're holding up their liquor store?
Or is it going to make you somebody who does really dumbass impulsive, imprudent things when you're playing chess and you lose pieces as a result? All of these are gene-environment interactions. Okay. So where we will pick up on Wednesday is now looking at where culture comes into this.
Lo que quedó fuera: la oxitocina
Vale. Retomamos: habíamos visto mucho de la infancia, saltamos allí antes de pasar a la adolescencia. Pero antes de eso, una cosa crítica que me dejé la semana pasada, una cosa crítica que me dejé fuera de la sección sobre los efectos de las hormonas en la agresión y en la conducta antagresiva. Y es tan interesante, es tan importante, que cómo no, me la dejé.
Recordaréis lo de la testosterona. ¿Qué sabe todo el mundo de la testosterona? Que causa agresión. Deberíais poder decirlo dormidos: no, no causa agresión. Amplifica tendencias sociales que ya existían hacia ella. Y más aún: lo que hace es hacerte defender tu estatus como sea necesario cuando te lo están desafiando.
Vale. La siguiente hormona que me dejé, bañada en mito y en sentimientos tiernos, es la oxitocina. La oxitocina evolucionó primero para el vínculo madre-hijo y luego para el vínculo de pareja, y te hace confiado y más expresivo emocionalmente y más generoso y toda clase de cosas así. Y es oficialmente la hormona más guay de la tierra.
El estudio del tranvía con oxitocina
Y esto sería la utopía si bastara con echarle oxitocina al agua de todo el mundo. No funciona así. Esto es lo que hace la oxitocina de verdad. Y fue un estudio muy importante, hecho en los Países Bajos, en el que a unas personas, estudiantes, estudiantes de primero de Psicología o lo que fuera, les dieron el problema del tranvía desbocado. Para repasarlo: un tranvía baja por las vías y va a atropellar y matar a cinco personas.
¿Está bien matar a una persona, empujándola a las vías, para salvar a cinco? Utilitarismo a tutiplén. Y lo que vimos antes fueron toda clase de diferencias interesantes en lo que la gente decide que haría y en qué partes del cerebro se activan según si sacrificabas a esa persona tirando de una palanca o empujando con tus propias manos.
Pues bien, en este estudio de los Países Bajos los estudiantes tenían que plantearse: «¿empujo a esta persona a las vías para salvar a cinco?». Y lo que hicieron fue darle un nombre a esa persona. En alrededor de un tercio de los casos, el nombre era un nombre neerlandés de toda la vida, tipo Peter o Dirk.
Y en el resto de los casos eran nombres estereotípicos de una de las dos culturas que evocan las connotaciones más negativas en la gente de los Países Bajos: Alemania (ah, claro, la Segunda Guerra Mundial) y personas con nombres musulmanes. Así que ahí estás tú, teniendo que decidir si empujas a las vías a Peter, a Wolfgang, a Ahmed, lo que sea.
Tienes que tomar esas decisiones. Y resulta que la gente las tomaba y salía prácticamente ninguna diferencia. Pero ahora dales oxitocina, y se vuelven mucho menos propensos a querer empujar a Peter a las vías y, en cambio, saltan de sus asientos por la oportunidad de empujar a las vías a Wolfgang o a Ali.
Qué hace de verdad la oxitocina
¿Qué hace la oxitocina? No te hace mejor persona. No te hace preocuparte más por las necesidades de otro, por los sentimientos de otro, por el dolor de otro. Te hace preocuparte más por todo eso cuando se trata de alguien que cuenta como un «nosotros». Y si es un «ellos», la oxitocina hace exactamente lo contrario. Y estudios posteriores han mostrado que la oxitocina hace a la gente más propensa a ser agresiva de forma preventiva en un juego económico si cree que la otra persona es de un grupo ajeno, cosas así, y más propensa a mentirle a alguien de fuera del grupo.
La oxitocina no es la panacea del mundo. Lo que hace es reforzar la línea de falla que tenemos en la cabeza entre «nosotros» y «ellos». Lo que hace la oxitocina es agrandar esas líneas de falla. Vale, eso era lo que faltaba de más atrás y es increíblemente importante para todo el que considere la oxitocina la cura de todo lo que hay en la tierra.
Volvemos a la infancia: la puntuación ACE
Seguimos ahora con aspectos de la infancia. Estábamos repasando toda clase de factores relevantes para el desarrollo de la agresión, de la empatía, de la teoría de la mente, ese tipo de cosas. Y lo que vimos es que uno de los grandes predictores de salir de la infancia con una sana propensión a la violencia antisocial es una puntuación ACE elevada: Adverse Childhood Experience, experiencias adversas en la infancia.
Cuanta más adversidad de esa escala hayas tenido en la infancia, mayor es la probabilidad de que toda clase de cosas salgan mal. Y como dije, por cada escalón que subes en esa escala de 10 puntos, alrededor de un 35 % más de probabilidad de tener una historia de violencia antisocial. Lo que vimos además justo al final es que una de las cosas más peligrosas que hay es crecer y aprender qué violencia está bien y qué violencia no, y aprenderlo en un contexto de racionalización cultural de la violencia, de lo que «ellos» nos hicieron «a nosotros» entonces, de lo que «ellos» nos están haciendo «a nosotros» ahora.
La curva de la edad y el cumpleaños 30
Las culturas que racionalizan la violencia contra «ellos», gran sorpresa, producen niños que hacen lo mismo. Una última cosa que muestra qué importante es la cultura en este caso, y mirad este diagrama. Aquí vemos los casos de asesinato en función de la edad del varón, de los 10 a los 30 y algo. Y lo que vemos son tres curvas de agresión increíblemente parecidas: la probabilidad de asesinato empieza a subir al final de la adolescencia, llega a su máximo más o menos por ahí y baja después.
Y eso ha dado lugar a la frase de que una de las mejores herramientas contra el crimen que hay en el mundo es un trigésimo cumpleaños. Y lo que vemos es que esto es un sitio donde hubo 800 asesinatos en el año, 100 asesinatos, 15 asesinatos. Y considerad que esas curvas se solapan. Hala, eso es realmente interesante.
¿Cuál es la diferencia? Esto era Chicago. Esto era Toronto. Y creo que esto era Oslo. Entonces, ¿cuándo es alguien más peligroso? ¿Qué te gustaría saber para responder a esa pregunta? Bueno, si está en este grupo de edad, la respuesta que se muestra aquí es: depende de en qué ciudad viva, en qué cultura se esté criando.
El contexto: las pautas de acción fija
Eso marca una diferencia enorme. Vale. Pasamos ahora a dónde entra el contexto, porque este es un tema que traemos directamente de la etología. No tienes que aprender tus pautas de acción fija; lo que tienes que aprender es el contexto apropiado para ellas. Y tal como vimos con Harry Harlow criando a aquellas crías de macaco rhesus en aislamiento social, todas sabían hacer las pautas de acción fija (creo que es la primera vez que las llamo por sus siglas).
Todas sabían hacer las pautas de acción fija de la conducta sexual. Lo que tenían que aprender era con quién intentar esa conducta sexual. Exactamente lo mismo aquí. Las crías criadas en aislamiento social salían de ahí perfectamente capaces de hacer un gesto facial amenazante, perfectamente capaces de ser agresivas, perfectamente capaces de comunicar lo contrario: la subordinación.
Y lo que tenían que aprender era a quién podían hacerle cada una de las dos cosas. Y había una gran cita de Nabokov, que dijo algo así como que odia llegar a una ciudad nueva porque no tiene ni idea de a quién debe saludar con el sombrero por la calle y a quién puede darle una patada y tirarlo a la cuneta.
¿Cuál es el contexto aquí? ¿Con quién puedo ser agresivo con seguridad? ¿Con quién no? Siendo eso algo importante, un ejemplo de la vida real es algo que vi hace años con mis babuinos: casualmente, la misma semana, la hembra de rango más alto tuvo una hija y una de las hembras de rango más bajo también.
Y fue increíble ver cómo se desarrollaban. En cada hito del desarrollo, la cría de rango alto llegaba más lejos, todo eso. Y a las tres semanas aproximadamente tuvieron su primera interacción social. La cría de rango bajo va dando tumbos y ve a la otra cría, la de rango alto. «Ay, madre, hay otra igual que yo», y va dando tumbos hacia ella a saludarla.
Y en el último momento, la madre de la cría de rango bajo la agarra por la cola y la arrastra hacia atrás. Y acaba de recibir su primera lección sobre cuál es su rango en este mundo. Le estaban diciendo que esa no es alguien a la que te acercas a saludar y a jugar. Esa es alguien con la que, si pasa a tu lado, te quedas bien quieta y no la miras a los ojos.
Y lo increíble era que yo podía irme en ese momento y volver 25 años después, y esas serían dos ancianas en la sabana manteniendo todavía las asimetrías de rango que aprendieron en sus tres primeras semanas de vida. En cuanto a la importancia del contexto, otra versión de eso la teníamos con las hienas en cautividad.
Las hembras tenían los mismos niveles elevados de andrógenos, los mismos músculos de más, todo eso. Pero tardaban mucho más que en libertad en empezar a dominar a los machos. ¿Por qué? No había adultos allí. No tenían modelos en quien fijarse. No tenían a nadie a quien mirar para aprenderlo pronto. Tardó un tiempo en emerger.
Los estilos de crianza de Baumrind
Ahora, ¿qué hay implícito en mucho de esto? Lo implícito es esa madre babuina de rango bajo tirando de su hija hacia atrás y dándole su primera lección sobre su lugar en la sociedad. Y aquí entran los estilos de crianza, y Diana Baumrind, en Berkeley, hizo un trabajo increíble. Lo que identificó fueron cuatro estilos distintos de crianza que han acabado siendo muy influyentes.
Una matriz de dos por dos sobre dos dimensiones. La primera es cuánto le exige el progenitor al niño. Alto frente a bajo. La siguiente: cuánta calidez le expresa el progenitor al niño.
Alto frente a bajo. El progenitor autorizativo espera mucho de su hijo, pero es muy cálido y muy comprensivo y es flexible: normas claramente impuestas, uso flexible de ellas según el contexto. Y eso produce hijos independientes y todo eso. Luego tenemos al progenitor autoritario. Alto en exigencia, bajo en calidez. Ese es el mundo del «lo haces porque yo lo digo». Y lo que produces ahí son hijos rígidos, inflexibles, los más propensos a defender el mismo tipo de castigo cuando sean adultos.
Son personas a las que les dijeron qué hacer durante toda la infancia y que no son muy buenas siendo independientes por su cuenta. Luego está la crianza permisiva, la pesadilla de toda clase de progenitores de clase media alta. Exigencias muy bajas, pero, ay, cuánta calidez, dónde todo está bien. El niño establece las normas.
No hay rendición de cuentas, ese tipo de cosas. Sin contingencia. Y lo que esto produce es un adulto frustrado hasta el límite y muy decepcionado en muchos sentidos con la vida, porque resulta que el resto del mundo no es tan permisivo como sus padres. Muy resistente a la retroalimentación negativa para esculpir su conducta.
Y luego están, por supuesto, los progenitores negligentes, donde esto es exigencia baja y calidez baja. Y esta es otra versión de tener como media docena de puntos en tu puntuación ACE, tus experiencias adversas en la infancia. Obviamente simplificado, pero aun así es una forma muy influyente de dividir los estilos de crianza. Por cierto, volviendo a las puntuaciones ACE, las experiencias adversas en la infancia.
Hala. Por cada escalón más ahí, un 35 % más de probabilidad de violencia adulta, embarazo adolescente, abuso de sustancias, trastorno del estado de ánimo, todo eso. Uno podría igual de bien, en vez de inventarse una puntuación ACE, inventarse una RLC, una puntuación de infancia ridículamente afortunada, donde, por ejemplo, ¿te abrazaban tus padres?
Eso vale un punto. ¿Había libros en casa? ¿Era un barrio seguro? ¿Tenías aficiones? ¿Podías hacer cosas interesantes en verano o trabajar en la tienda de la familia?
Todas esas versiones. Y os garantizo que sería exactamente la misma escala, por cada escalón que subes en ella. Probablemente un 35 % más de probabilidad de que estuvieras sentado aquí, como estudiante de Stanford, escuchando esta clase. Se podría expresar igual de fácil. Y los problemas de la sociedad son mucho más graves a la hora de tratar con niños cuya infancia fue adversa que con los que tuvieron una infancia ridículamente afortunada.
Kohlberg no predice quién actúa
Vale, seguimos. Miramos ahora las etapas de Kohlberg, las etapas de Kohlberg del desarrollo moral, que ya vimos. Y convenientemente dejamos antes una pregunta sin responder: ¿las etapas de Kohlberg predicen algo de verdad sobre lo que alguien va a hacer?
Cuando te crían y estás en lo preconvencional, o te meten toda clase de trabajo para llevarte a lo posconvencional y todo eso, y llega el momento en que alguien tiene que salir de la multitud y entrar corriendo en el edificio en llamas o pararle los pies a un abusón o cualquier cosa así, en ese momento, ¿predice tu etapa del desarrollo moral de Kohlberg quién hace las cosas valientes y difíciles?
Y la respuesta es que no, en absoluto. Resultó que Kohlberg no predecía absolutamente nada en ese sentido. Sí predice mucho, si estás en la etapa avanzada correcta de Kohlberg, que consigas una plaza fija de filosofía en una universidad más prestigiosa que si estás en la etapa preconvencional. Ese tipo de cosas. No predice nada en absoluto. Y ya deberíais poder adivinar hacia dónde vamos con esto: no le hables a la corteza, háblale al sistema límbico.
Es decir, hay una activación del sistema límbico que precede a la de la corteza. Ese tema de que muy a menudo, más a menudo de lo que a cualquier psicólogo del desarrollo kohlbergiano le gustaría decir, llegamos a las decisiones morales sintiendo en vez de pensando. Esto lo expresó maravillosamente el psicólogo Marc Hauser, en Harvard, hace unos años, cuando dijo que la gente es muchísimo más coherente en su teorización moral que en sus acciones morales.
Vale, eso es básicamente lo que acabo de decir. ¿Por qué merece la pena subrayarlo? Porque Marc Hauser lo demostró hasta el absurdo. En algún momento de media carrera se descubrió que había falseado toda clase de datos, y creo que ahora da clase de psicología en un instituto en New Hampshire o algo así. Fue noticia de primera plana. Profesor de Harvard falsificó sus datos.
Razón y sentimiento en la moral
Sí, somos mucho más coherentes en nuestra teorización moral que en nuestras acciones o conductas morales. De esos casos que no se pueden escribir mejor, no se puede inventar una ironía así. Vale. Volvemos entonces al razonamiento moral frente al sentimiento moral. Y eso da lugar a un punto muy importante. Si la mayoría de nuestras decisiones morales se toman en función de las emociones, la mayoría de nuestros cambios de decisiones y de opiniones morales van a ocurrir por la misma razón.
Y eso da lugar a lo que a estas alturas me parece un eslogan increíblemente importante: no puedes sacar a alguien con razones de una postura a la que no llegó con razones. A menos que averigües por qué toda esa mugre límbica ha llevado a esta persona a este punto de miedo y ansiedad y malestar con el futuro y odios e intolerancias y construcción de nosotros-ellos y todo eso, no vas a resolverlo desde el nivel cortical.
Y en muchos sentidos, lo que consigue presentar hechos que deberían argumentar contra esa polarización cortical es hacer la polarización todavía más extrema. Esto es algo que hemos visto a lo bestia en los últimos ocho años o así. No puedes sacar a alguien con razones de algo a lo que no llegó con razones. Y llegamos ahora a las decisiones morales, las acciones morales.
Gracia frente a voluntad
Ahí vamos mucho más sintiendo que pensando. Lo cual nos devuelve a aquel estudio, «Gracia frente a voluntad». Personas que tienen la oportunidad de hacer trampas y que, en cuanto tienen la oportunidad, activan su corteza prefrontal dorsolateral. ¿Lo hago?
¿No lo hago? Toda esa toma de decisiones. Y luego miras a la gente que nunca, nunca, nunca hizo trampas. Y nuestra pregunta crítica era: ¿se abstenían de hacer trampas porque tenían la corteza prefrontal más musculosa que se haya visto y podían tirar la tentación al suelo?
¿O no era una tentación? Y como vimos, la respuesta era que, más que un estado de voluntad y fuerza de voluntad, era un estado de gracia. Para ellos no era cuestión de encontrar los medios para hacer lo más difícil, porque eso no era lo más difícil para ellos. Era simplemente: «Yo no soy así». Lo cual es otra forma de decir que hay una diferencia entre seguir reglas morales implícitas y las declarativas, explícitas.
Las explícitas: tienes que sentarte y razonar por qué sería malo hacer trampas en esto. Las implícitas: son tan automáticas como esto es un revés de tenis, así es como te comportas en el mundo. Y no mientes, no haces trampas, por esa cosa humana tan crítica y tan definitoria: porque al final del día tengo que vivir conmigo mismo.
Los grupos de iguales
Así que vemos que, en ese contexto, cuando empezamos a mirar esta transición de la infancia a la adolescencia, lo que se vuelve increíblemente importante son los grupos de iguales. Los grupos de iguales, porque, entre otras cosas, tienen una influencia desmedida. Y eso vale si eres un chimpancé joven, un babuino joven, un humano joven. Durante el 99 % de la historia humana, como se ha subrayado en nuestro interminable pasado de cazadores-recolectores que se remonta cientos de miles de años, los niños no iban a la escuela.
Los niños aprendían por observación, normalmente mirando a su primo hermano un poco mayor, ese tipo de cosas. Cosas de observación, cosas de imitación. La noción de tener a un anciano sabio que se siente con los jóvenes a transmitirles conocimiento es un invento muy reciente de la humanidad. De lo que se trata sobre todo es de empaparse de las influencias de los iguales, y esas influencias importan.
Judith Rich Harris y el efecto de los pares
La psicóloga Judith Rich Harris revolucionó el campo hace unos 25 años repasando la literatura del desarrollo, la literatura del desarrollo psicológico infantil, y mostrando que una cantidad enorme de lo que se atribuía a efectos parentales sobre cómo acaba siendo el niño se debía en realidad a efectos de los iguales.
Un voto enorme a favor de la importancia de los iguales. Y empezó con un hallazgo llamativo: niños que crecen con padres inmigrantes y en casa se habla una lengua que no es la dominante culturalmente. Y es hacia los tres o cuatro años cuando empiezas a ver a los niños, cuando empiezan la guardería y el jardín de infancia, cuando empiezas a ver el fenómeno de que el padre te habla en su lengua nativa y tú le contestas en la lengua dominante que estabas aprendiendo, y cuando empiezas a avergonzarte del acento de tus padres.
Todo eso es empaparse de las influencias de los iguales. Así que una de las cosas en las que los iguales son realmente buenos es en enseñar a los niños a quién hay que odiar y a quién no. Y esto es una especie de tribalismo entre iguales. Y todos aquellos estudios clásicos en los que divides a los niños en equipos completamente arbitrarios. Lanzas una moneda delante de ellos, y los niños verán que es puro azar que estemos en este equipo y ellos en aquel.
Y aun así, en poco tiempo, sienten preferencia por sus compañeros de equipo. Exageran las diferencias entre los dos grupos. Todo eso ocurre muy pronto, muy rápido, en los niños. Y en cierto sentido, esa fue una de las lecciones de gente un poco mayor que los niños: la gente que acabó en el experimento de la cárcel de Zimbardo.
Y con qué facilidad se extendió la cultura de que los guardias fueran agresivos, humillantes, todas esas cosas. Y cuando lo miras, los participantes más blandos de corazón no arrastraron a todos los demás a ser así. Los guardias más salvajes fueron los que tuvieron la influencia.
Nunca ocurre que el más pacífico sea el más influyente en un contexto así. Todo esto conecta otra vez con ese «nosotros-ellos», lo que me trae aquella fabulosa anécdota de cuando «El planeta de los simios» nació con una película, hacia 1965 o así. Y vaya si me marcó, os lo digo, en cuanto a quién iba yo apoyando.
Pero tenían a esos ridículos personajes con trajes de chimpancé y a esos actores ridículos con trajes de gorila o de orangután, y todos ellos eran los malos. Y lo que se vio fue que dos actores distintos que participaron en aquello, en sus memorias, se refieren al mismo incidente de la primera semana de rodaje. Durante los descansos de la comida, todos los actores con ropa de chimpancé se sentaban separados de los actores con trajes de gorila y de orangután.
Se separaban solos por eso desde el primer momento, en plan: «Ah, ¿y yo dónde voy? Ahí está mi gente». Mi gente, la que llevaba trajes de chimpancé en vez de trajes de gorila, cuando ambos parecían igual de ridículos. Un episodio notable de construcción de nosotros-ellos en el ámbito más absurdamente intrascendente. Aquí es donde los iguales tienen sus efectos, mucho más que los padres.
Ahora, un ejemplo de eso, que Judith Rich Harris sacó a colación. Uno de los hallazgos fiables es que, de media, si te crió una madre sola, te criaste en un hogar donde eras más propenso a tener conducta antisocial de adulto. ¿Vale?
Por el estrés de allí, por la adversidad, todo eso. Y lo que mostró Rich Harris es que hay un factor mediador. Las madres solas tienen, de media, menos dinero que los niños que crecen en un hogar con dos progenitores. Las madres solas son más propensas a estar bajo toda clase de presiones. Las madres solas son más propensas a vivir en barrios de alquiler más bajo (paréntesis: que tienen más crimen).
La madre sola y el barrio
Y lo que mostró Harris fue que la mayor parte del efecto de una madre sola sobre la conducta antisocial de adulto estaba mediada por el grupo de iguales que tienes en ese barrio más peligroso. Ese era el mediador. Así que los iguales son increíblemente importantes ahí. En ese sentido, los niños aprenden de los iguales, aprenden a estereotipar.
Es hacia los cuatro años cuando los niños empiezan a estereotipar, es decir, la primera vez que dicen «esa gente es así», que ven a las personas en grupos, que ven a las personas en categorías que trascienden su individualidad. Ahí es cuando los niños empiezan a hacer eso. Y, junto con que sus padres les enseñen quién cuenta como «nosotros» y quién como «ellos», está el que se lo enseñan sus iguales.
Ahora, esto ha planteado un problema. A los 10 meses de edad, los bebés, los lactantes blancos, cuando entra alguien negro en la habitación, muestran indicios de ansiedad. Sube la frecuencia cardiaca, sube la frecuencia respiratoria. «Ay, madre», preguntó todo el mundo cuando esto salió, «¿es que los bebés son racistas de nacimiento?», que fue prácticamente el titular obligatorio de todos los artículos de prensa sobre este hallazgo, un hallazgo replicado.
Y la respuesta es no, ni lo más mínimo. Con lo que te pones muy ansioso con la ansiedad ante el extraño es con alguien que tiene un aspecto distinto, distinto de lo que estás acostumbrado. Y si aquello a lo que estás acostumbrado son personas de un color de piel concreto, el grupo social de tus padres, la familia extensa de tus padres, lo que sea, empiezas a ver a cualquier otro como el «ellos», el extraño, lo que te desasosiega.
Y a los 10 meses de edad los niños ya mostrarán esa respuesta en forma de aumento de la frecuencia cardiaca, de la respiración, de activación autonómica, con solo oír la voz de alguien con un acento distinto. Así que no nacemos así. Ni hace falta que los padres enseñen activamente esos prejuicios, aunque eso se hace bastante, sino que basta con quién te resulta familiar, quién está por ahí lo suficiente como para empezar a contar como parte de la categoría de los «nosotros», y quién constituye un «ellos». Y esto empieza a decirnos algo sobre cómo los niños simplemente absorben las dicotomías de nosotros-ellos.
Y pensad qué benévolo puede llegar a ser. Está la maestra de primero de primaria saludando a todos por la mañana. ¿Y qué dice la maestra, de manera estereotípica? «Buenos días, niños y niñas». ¿Hay malicia ahí?
No. ¿Hay algún condicionamiento? ¿Se filtra ahí alguna proyección de estereotipo? No. Solo «Buenos días, niños y niñas». Pero fijaos en que la maestra dice «Buenos días, niños y niñas», no «Buenos días, los que ya habéis tenido una caries y los que nunca habéis tenido», ni «los que sabéis recitar el alfabeto y los que todavía no». ¿Cuál es una categoría importante ahí fuera, en el mundo?
La teoría del contacto
No quién tiene o no tiene caries, sino que con esa frase tan benévola ya se está enseñando que esta es una división categórica significativa, que esta es una frontera significativa. Así que empezamos a ver maneras de intentar contrarrestar esto. Y desde el primer día, es decir, ya en los años cincuenta, empezando en el departamento de psicología de Stanford, lo que surgió fue la idea increíblemente influyente, con niños, de la teoría del contacto.
Si los niños tienen experiencia de interactuar con «ellos», es más probable que «ellos» se conviertan en «nosotros». Totalmente directo y totalmente poco directo en cuanto a cuándo funciona de verdad y cuándo no. Contacto: una versión de esto salió en toda clase de campamentos de verano llamados «Seeds of Peace», donde llevaban a niños de dos culturas realmente hostiles que llevan siglos a la greña.
¿Y cuáles eran los dos grupos que hacían tradicionalmente en los años ochenta y noventa? Católicos y protestantes de Irlanda del Norte, o israelíes y palestinos. Y mirando si eso ayudaba, juntando a esos niños durante todo un verano en un campamento. Lo que empezaron a aprender fueron algunos de los requisitos previos. Tiene que ser en un entorno neutro.
No puede ser en su país o en el suyo. Tiene que haber un número de niños más o menos igual. No puede haber, obviamente, una litera para los católicos y una litera para los protestantes. Tiene que ser un sitio donde a nadie se le permita llevar símbolos de su cultura, su nacionalidad o su religión.
No puedes llegar con calcetines que anuncien qué tipo de «nosotros» te gusta. No puedes hacer nada de eso. Pero lo más importante es que tiene que haber objetivos comunes. Y lo que se hace en todos ellos es que los niños llegan el primer día y los sacas y hay un campo cubierto de hierbajos y piedras y baches y les dices: «Vale, durante la próxima semana todos vosotros tenéis que trabajar juntos para allanarlo y tener un campo de fútbol donde jugar todos». Y los niños se pasan una semana en eso, y ese es más o menos el predictor de que haya un cambio de actitudes al final del campamento.
El efecto a largo plazo: casi ninguno
Vaya, increíble. Así que tienen que ser objetivos compartidos. Tiene que ser en pie de igualdad, demográfica y psicológica y simbólicamente, y tiene que durar lo suficiente. Eso no se hace en un fin de semana de tres días. Y toda clase de cambios de actitud gracias a esos campamentos de verano con niños. Entonces, ¿cuáles son los efectos a largo plazo de haber estado en uno de esos programas?
Y resulta que no hay prácticamente ningún efecto a largo plazo. Los niños vuelven y, en unos meses, regresan a sus mismos sesgos y prejuicios, pero se quedan con una nota al pie. Se quedan con un asterisco cuando dicen: «Esa gente es terrible. Esa gente es horrible». «Ah, sí. Yo conocí una vez a un chaval así, parecía un buen chaval.
Me pregunto qué habrá sido de él. Pero, ay, esa gente...». Puedes aprender el excepcionalismo del «ese es de los buenos». Los niños de cada lado de la división que se hicieron cercanos en los campamentos tenían muy pocas probabilidades de mantener el contacto. Y, quizá lo más decepcionante, el gran plan grandioso que salió de esto es que ningún niño que pasó por uno de aquellos campamentos de Irlanda del Norte o de Oriente Medio surgió como líder de un movimiento por la paz.
Y esto lleva décadas en marcha. Así que la teoría del contacto está muy limitada en cuanto a lo que hace y cuándo ayuda. Y llegaremos a más ejemplos de eso más adelante. Lo que vemos aquí, eso sí, es una versión muy sutil de por qué la teoría del contacto no funciona tan bien en muchos entornos.
Enclaves y perímetro
Vale, así que tienes, digamos, tres parcelas de terreno y hay dos etnias distintas, los imanes azules y los imanes naranjas, y llevan siglos a la greña. ¿Y cómo se reparten el sitio donde viven?
Una opción: divididos por el medio, 50 % aquí, 50 % allí. Otra opción, todavía una versión de eso, pero con bolsas, islotes pequeños de los otros viviendo allí, o bien un reparto aleatorio de ambos. Y lo que han mostrado los investigadores con simulaciones realmente ingeniosas es que aparece cierto grado de violencia entre los grupos, y toda ella está en la interfaz, en la frontera entre los dos.
En esta circunstancia no hay mucha violencia, porque cada persona está estadísticamente rodeada de los otros y nadie puede reunir un número suficiente para ir a por los demás de forma efectiva. ¿Cuál es la combinación letal?
Cuando tienes a la mayor parte de las poblaciones divididas, pero con pequeños enclaves étnicos. Porque lo que haces ahí es aumentar la cantidad de superficie entre este grupo y aquel, y ahí es donde se ve el conflicto intergrupal. Y tuvieron este modelo maravilloso en los noventa. Y luego fueron y aplicaron su modelo a las guerras de los Balcanes, que estaban ocurriendo entonces y ardían con violaciones de derechos humanos increíbles y tal.
Y lo que mostraron fue que, demográficamente, podían ver dónde vivían los cristianos, dónde vivían los musulmanes en esta provincia, en esta ciudad, lo que fuera, y ver qué aspecto tenía aquello, y mostrar que este modelo predecía bastante bien dónde había habido violencia. Así que el contacto no es necesariamente una panacea, y el contacto en la forma en que tienes a unos pocos aislados rodeados de «ellos», pero suficientes de los tuyos allí para emprender una acción de grupo y con tu gente justo al otro lado de la frontera, aumentando el perímetro entre vosotros y ellos: ahí es donde salen los grandes problemas.
La caída del crimen en los noventa
Vale. Otro aspecto de crecer que tiene que ver con tu probabilidad de tener conducta antisocial de adulto. A comienzos de los noventa ocurrió algo muy interesante en Estados Unidos: las tasas de asesinato y de crimen violento empezaron a desplomarse, y se desplomaron de forma sustancial durante muchos años después. Y en todo el país, algunas caídas bastante pronunciadas.
Y todo el mundo se volvió loco con eso. Y, por supuesto, si eras de derechas, tu explicación eran las leyes de las tres condenas y las cadenas perpetuas obligatorias. Si eras de izquierdas, era: mira, la economía va mejor y, cuando la economía va mejor, la gente es menos propensa a la agresión. Todo eso. Y entonces llegaron esta pareja, Levitt y Donohue.
John Donohue, que es profesor en la facultad de derecho, llegó a un hallazgo que creo que es enormemente importante y que fue condenado en muchos ámbitos distintos. Lo que dijeron fue que, según sus estudios, sus análisis, la bajada de la violencia se debía sobre todo a Roe contra Wade. Roe contra Wade, que llegó a mediados de los setenta, en el 73 creo, se me está olvidando.
Y lo que ves entonces es lo que estaba pasando hacia 1990. Los niños que nacieron cuando Roe contra Wade acababa de entrar eran ya adolescentes mayores. Los niños que no nacieron porque sus madres optaron por abortar habrían sido adolescentes mayores. Y lo que mostraron fue que, según los distintos estados fueron legalizando el aborto en distintos momentos de los años anteriores y posteriores, en cuanto llegaba un acceso más fácil al aborto, unos 18 años después las tasas de crimen violento de ese estado, de esa comunidad, empezaban a bajar.
La corteza prefrontal y el trauma temprano
¿Qué estamos viendo aquí? Una de las cosas más deprimentes que puedo imaginarme. ¿Qué es un predictor de violencia antisocial en la adultez o en la adolescencia? Ser alguien que, si tu madre hubiera tenido la opción, no habrías nacido. Eso es un predictor. Vale. Unas cuantas cosas más del desarrollo infantil. Cómo no, increíblemente importante es la corteza prefrontal.
Un momento: la corteza prefrontal es lo que estás haciendo justo antes de cumplir los 25. Y está haciendo, cómo no, gran parte de su desarrollo muy pronto en la vida. Y lo que empiezas a ver es que el trauma temprano perjudica el desarrollo de la corteza prefrontal. Niveles elevados de glucocorticoides perjudican la corteza prefrontal.
Parte de este trabajo lo está haciendo Victor Carrion en la facultad de medicina. Lo que él mira es el trauma adolescente y la aparición de algunas de esas diferencias cerebrales. Y de aquí sale otro de esos hallazgos que deberían hacerte gritar ante la injusticia de todo esto. No solo: uy, si naces de una madre que más o menos no te habría querido, las probabilidades de que las cosas no salgan bien son más altas.
Aquí va otra versión de hallazgos escandalosos. Para cuando un niño tiene cinco años, en el jardín de infancia, el estatus socioeconómico de sus padres ya predice sus niveles de glucocorticoides en reposo. Pobreza, niveles más altos. Esto es trabajo de Sonia Lupien, en la Universidad McGill. A los cinco años. ¿Y a los cinco años, cuál es una de las cosas principales que marcan el ritmo del desarrollo cortical frontal?
La prueba del malvavisco
El estrés, los niveles de glucocorticoides. A los cinco años, cuanto más bajo es el estatus socioeconómico, más altos son los niveles de glucocorticoides, más fina es la corteza prefrontal del niño en desarrollo, más bajo el metabolismo prefrontal y menos capacidad tenía el niño para hacer tareas de postergación de la gratificación. Y eso nos mete en el mundo de la famosa prueba del malvavisco, desarrollada en Stanford, en el departamento de psicología, en los sesenta o los setenta, no sé.
La mayoría lo conocéis. Si no los habéis visto, id a mirar algunos de los vídeos de YouTube con las estrategias que usan los niños para resistirse. Sientas a un niño y le pones un malvavisco delante y le dices: «Hala, aquí tienes un malvavisco. Me voy unos minutos. Puedes comerte el malvavisco si quieres, pero yo vuelvo dentro de un rato.
Y si no te has comido el malvavisco, vas a conseguir otro malvavisco. Vas a tener dos malvaviscos. Muestra algo de postergación de la gratificación y te duplicamos la recompensa». Y, primero, es increíble ver las distintas estrategias que adoptan los niños. Se tapan los ojos. Se giran hacia el otro lado. Empujan el plato encima del malvavisco.
Acarician el malvavisco. Le cantan. Le dan besos. Lo agitan en el aire. Intentan cualquier cosa distrayéndose, corriendo por la habitación. Todas esas estrategias distintas de niño. Pero lo más llamativo de todo esto, los hallazgos señeros de Walter Mischel, aquí en Stanford, que lo puso en marcha, fue mostrar que cuánto aguantaba un niño antes de comerse el malvavisco predecía de forma significativa su salud adulta, su nivel educativo adulto, su estatus socioeconómico adulto, toda clase de cosas de adulto; que a los cinco años, lo bien que se le daba a tu corteza prefrontal, que apenas estaba emergiendo, hacer lo más difícil, ya predecía cosas mucho tiempo después.
Lo cual nos devuelve aquí a: tienes 5 años, y el estatus socioeconómico, por la vía de los niveles de glucocorticoides, ha estado modulando el ritmo de desarrollo de la corteza prefrontal. Y ya a los cinco años eso te posiciona estadísticamente para tener una corteza prefrontal que va rezagada, si fuiste tan tonto de elegir la familia equivocada en la que nacer.
Dos elaboraciones interesantes sobre la literatura del malvavisco con eso. La primera es que hay dos tipos distintos de malos resultados que puedes ver en niños con una prueba del malvavisco. El primero es el niño que, en cuanto sales de la habitación, se ha comido el malvavisco dos segundos después. Aunque diga: «Vale, no me voy a comer el malvavisco». ¿Lo entendéis?
Si aguantas, conseguimos dos malvaviscos. «Ay, sí, sí, sí. No me voy a comer el malvavisco». Y dos segundos después ya se lo está tragando. Postergación de la gratificación pésima. Esto es un predictor no grande, pero significativo, de cosas como los delitos contra la propiedad en la adultez. Pero luego tienes al niño al que se lo explicas y no dice «ah, sí, claro, voy a aguantar», sino que se lo come igual.
Le dices al niño: «¿Qué te crees, que soy tonto? ¿Que me voy a esperar un rato cuando puedo comerme un malvavisco ahora mismo?». El niño que rechaza todo el paradigma de que la gratificación postergada vaya a tener una recompensa: eso es un predictor de personas que crecen con violencia antisocial, más que con robo de propiedad.
La otra cosa sobre esto es el hallazgo que sacudió a todo el mundo hace 20 años, cuando salió por primera vez: que a los cinco años, el estatus socioeconómico de tus padres, los niveles de hormonas del estrés, la maduración frontal, la capacidad de hacer tareas frontales de postergación, todo eso va de la mano. Ay, madre, a los cinco años. Y posteriormente se ha mostrado en niños de dos y tres años.
Y posteriormente en niños de tres o cuatro meses de edad. Y hubo un estudio hace unos años en el que las técnicas de imagen se volvieron lo bastante sofisticadas como para poder obtener imágenes del cerebro de un feto dentro de la madre. Y con esas técnicas tan sofisticadas no podías obtener algunas zonas del cerebro, pero al menos podías obtener una medida del volumen cerebral.
Y ya en el tercer trimestre, si habías elegido el vientre equivocado y estabas creciendo en el vientre de alguien con estatus socioeconómico bajo, el volumen cerebral total ya iba rezagado. ¿Por qué? Porque mamá está bombeando glucocorticoides como loca. Y desde el momento en que fuiste un óvulo fecundado, eso está teniendo un impacto adverso en el desarrollo.
¿Existe la adolescencia?
Vale. Continuamos ahora nuestra inversión irónica e indefendible de la secuencia y miramos ya la adolescencia. Y la primera pregunta que surge es: ¿existe de verdad la adolescencia? ¿Es la adolescencia algo así como un invento de Occidente?
¿Es la adolescencia solo una forma de acomodar que, vale, tendencia secular, los niños de hoy llegan antes a la pubertad, pero hace falta muchísima más educación para ser un adulto competente e independiente? Así que tenemos este gran hueco abierto en medio que vamos a llamar adolescencia. Y va a ser una categoría especial.
No es el caso. Dos aspectos interesantes de esto históricamente. Uno es que en la Edad Media había todo un reconocimiento de la edad adolescente construido en torno a cuándo se consideraba que un niño había llegado a la mayoría de edad, alcanzado su madurez, podía ser tomado por adulto. Y eso se retrasó porque las armaduras se hacían cada vez más pesadas y los niños tenían que ser más grandes y más fuertes antes de poder ir a la batalla.
Esa fue la fuerza que lo impulsó. Y hace unos 20 años, otro avance tecnológico tuvo un efecto muy distinto en este terreno: el desarrollo de armas automáticas muy ligeras. Y eso se ve en retrospectiva como una de las grandes causas de que haya en el mundo, según las estimaciones, 300.000 niños soldado que fueron forzados a ello.
Las armas son lo bastante ligeras para que las lleven. Entonces, ¿es la adolescencia ese invento neurótico de Occidente? No. En todas las culturas se hace un gran drama del periodo adolescente. ¿Qué es distinto entre la adolescencia occidental y la del resto del mundo?
Somos nosotros los que inventamos la noción de que la adolescencia está llena de ansiedad y tormenta y estrés y rechazo de tus padres y de sus valores y de arrancarte los pelos porque te están volviendo loco. Y lo que ves es que tiene que haber ese periodo sostenido de dejar que tu corteza prefrontal aprenda cada vez más y más qué cuenta como lo correcto en una circunstancia más difícil.
Así que la adolescencia existe de verdad, y es un momento lógico para retrasar la maduración cortical frontal, porque tienes que aprender las hipocresías y las racionalizaciones de tu sociedad. Y cuando dicen «no matarás», a quién se supone en realidad que puedes matar y todo ese tipo de cosas. Eso es una parte importante de qué va la adolescencia transculturalmente y una parte importante de por qué quieres una corteza prefrontal que todavía no esté cuajada.
La adolescencia ante la ley
Ahora, toda esta noción de que la corteza prefrontal aún no está ahí, de que no va del todo fina hasta los 25 años, ha tenido toda clase de implicaciones legales con los años. Porque en cuanto se reconocía que un cerebro adolescente no es como un cerebro adulto a medio cocer ni como un cerebro de niño que se ha dejado demasiado tiempo fuera de la nevera o algo así, sino que es una entidad en sí misma, con sus propios perfiles y rasgos distintivos de desarrollo muy distintos de los de la infancia y de los de la adultez.
En cuanto se reconoció eso, surgieron toda clase de debates. ¿Qué debería esperarse de los adolescentes a distintas edades del desarrollo? ¿De qué deberían ser responsables? ¿De qué deberían ser considerados culpables?
Y esto dio lugar a «unas decisiones del Tribunal Supremo realmente críticas en los años setenta. Simmons contra no sé quién», donde dijeron que no puedes ejecutar a alguien por un crimen que cometió antes de los 18. Y siguiendo con otra decisión: no puedes darle a un chaval, no puedes darle a alguien la cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional por algo que hizo antes de los 17.
No puedes matarlos porque no podían regular su conducta. No los encierres para siempre y garantizado porque todavía hay capacidad de que el cerebro cambie. Y me hizo tanta ilusión leer la primera de aquellas decisiones del Tribunal Supremo y, mientras la leía, pensar: «¿cuándo van a decir la corteza prefrontal?», y nunca lo dijeron, pero uno de los jueces dijo algo sobre «porque el desarrollo cerebral no está completo en ese momento». Así que eso es lo mejor que sacamos de esos señores en cuanto a estar informados neurobiológicamente.
Pero eso era trazar una línea nítida, una frontera arbitraria antes de tal edad. Tu cerebro no está lo bastante maduro para que te ejecutemos, así que esperamos que hayas tenido algún control ahí. En esto entró la famosa exalumna de Stanford Sandra Day O'Connor, la primera mujer en servir en el Tribunal Supremo, bastante conservadora en sus posiciones, y escribió un voto particular discrepante.
Cuando el tribunal dijo que no puedes matar a un chaval, que no puedes matar a alguien por un asesinato que cometió cuando aún era un chaval, ella discrepó. «¿Tienes 17 años y eres lo bastante maduro para decidir si quieres abortar, pero no lo bastante maduro para saber que no está bien matar a alguien?». Ese era su voto particular.
Y la respuesta está perfectamente clara ahora que hemos hecho toda esta neuroanatomía límbica y cómo interactúa con la corteza. De qué se trata es de la escala temporal. La escala temporal. Eres una adolescente de 17 años embarazada y normalmente tienes días y días para decidir si vas a hacerlo. Y un cerebro de 17 años está lo bastante cohesionado, a juicio del tribunal, y parece lógico y una buena decisión, lo bastante cohesionado para analizar los pros y los contras, pensando y sintiendo, todo eso, cuando tienes días para hacerlo.
El homicidio, de manera abrumadora, ocurre o no ocurre en cuestión de segundos. Impulsividad. ¿Tienes una corteza prefrontal capaz de frenar la amígdala a lo largo de las próximas 48 horas? Quizá cuando tienes 17. ¿Tienes suficiente corteza prefrontal para frenar tu amígdala en los próximos 3 segundos?
Desde luego que no. Así que, en mi opinión, no había ninguna contradicción en el voto particular de O'Connor. Más aspectos de la maduración adolescente. Otra vez: en qué ciudad, en qué cultura te estés criando. Los 30 años es cuando la violencia antisocial tiende a tocar techo en las personas y a caer otra vez durante el resto de su vida. Ya oímos que hacia los 30 años, desde el final de la adolescencia hasta el principio de la adultez, está el pico de ese alcoholismo de tipo uno que se hace con los iguales, que tiene una gran influencia de los iguales y que está muy asociado a la conducta antisocial, y ese ya se ha ido en gran medida hacia los 30.
La exclusión social y el cyberball
La adolescencia es una etapa bastante singular, pero tiene fecha de caducidad. Así que, al pensar en cómo funciona la corteza frontal en un adolescente, cuando solo hay la mitad, lo que sea, cuando va a rastras, ves toda clase de versiones interesantes de qué hace que sea un cerebro distinto.
Primer ejemplo: volvemos a aquel experimento de exclusión social, aterrador y generador de ansiedad, en el que miras una pantalla de ordenador y hay una X, una X y una X, y este eres tú, y te crees que son otras dos personas. En realidad es el ordenador, programado por otras dos personas en la sala de al lado, y os estáis lanzando una pelota virtual unos a otros.
Y lo que oímos es que en algún punto de ese diseño te ostracizan. Dejan de lanzarte la pelota a ti. Todo eso, se la lanzan solo entre ellos. Te están dejando fuera. Vamos a meter un buen control aquí. Controlan una fuente inanimada de que eso ocurra. Dicen: «Ay, qué fastidio. Algo acaba de fallar en el ordenador.
Has perdido el contacto con los otros dos. Así que van a seguir jugando un rato hasta que te volvamos a conectar». Nadie pretendía excluirte. Pero en esta otra circunstancia sí lo pretendían. Eligieron no lanzarte más la pelota. Y lo que vimos es que en la mayoría de la gente hay una activación rápida de la corteza insular, de la amígdala, y luego, unos segundos, unos minutos, unas semanas después, se activa la corteza prefrontal y le dice a la amígdala: «Esto es un juego tonto.
Esto no es importante. Piensa en las cosas que de verdad importan en tu vida. Venga, sé razonable, esto no es importante», y la amígdala y la corteza insular se calman. Y como creo que mencioné cuando cubrimos ese material por primera vez, hay un subgrupo de humanos con un deterioro de la corteza prefrontal. Así que, cuando te excluyen socialmente, no se le da muy bien apagar eso.
Y la amígdala y la ínsula siguen rugiendo ahí. ¿Y quién es esto? Son adolescentes. Esta es la respuesta típica del adolescente en el paradigma de la exclusión social, que tarda muchísimo más: esas tres neuronas frontales y media tienen que convencer al sistema límbico de que esto no es en realidad gran cosa.
Esto no es una prueba de que seas un pringado. Y hay menos corteza prefrontal funcionando para hacer eso, una recuperación retardada de esa activación. Otro estudio que mostraba una versión de lo distinto que es el cerebro adolescente. Y este es uno en el que sientas a alguien, lo metes en un escáner cerebral, lo encierras ahí dentro y le pides que describa cómo se ve a sí mismo.
Y ves que hay un patrón de activación en el cerebro. Y luego le preguntas: «¿Cómo te ve la demás gente? ¿Cómo te describirían?». Y hay un patrón de activación cerebral que se solapa en parte y todo eso. Metes ahí a adolescentes y les preguntas: «¿Qué tipo de persona eres?».
«¿Cómo te evalúas a ti mismo?» y «¿qué piensan los demás de ti?». Obtienes el mismo patrón de activación. ¿Quién creo que soy? Quien sea que todos ellos crean que soy. Esta presión a la conformidad, van a por eso. Vale. Vemos entonces que en la adolescencia el razonamiento moral se vuelve más sofisticado. Hay una transición en algunas personas, aunque desde luego no en todas, del igualitarismo, de que algo debería repartirse por igual, a una noción de meritocracia.
Esta persona se esforzó más para conseguir esto. A esta persona la fastidiaron en el pasado y queremos repararlo. Un movimiento hacia las meritocracias y, con él, un movimiento hacia todas las formas en que eso puede meterte en problemas. Lo que también encuentras cognitivamente durante la adolescencia es que, para entonces, los adolescentes son muy buenos en teoría de la mente.
Teoría de la mente secundaria
En lo que todavía no están a niveles adultos es en la teoría de la mente secundaria. En vez de saber que esa persona sabe algo que yo no sé, o al revés, o que tiene sentimientos, poder comprender a dos individuos a la vez y decir: «Ah, este cree que esto es así, pero aquel sabe que no lo es, y por eso hace eso». Los adolescentes, ya sabéis, son desde luego mejores en eso que los niños, pero todavía no están al nivel adulto de poder hacer teoría de la mente de terceros.
Así que, adolescencia y empatía. Los últimos años de la adolescencia son el momento de la vida en que más probabilidad tienes de atracar a una anciana. Es el momento de la vida en que más probabilidad tienes de intervenir para impedir que otro lo haga. Y uno de los rasgos definitorios de la adolescencia son unas respuestas empáticas increíblemente fuertes ante las cosas.
Cómo no va a ser así, si la corteza frontal no está ahí para inventar excusas, no está ahí para decirte «ya sabes, esto no es tu problema», o «se lo han buscado ellos», o «ya habrá alguien que se encargue». Todo eso. Los adolescentes sienten empatía, de media, mucho más intensamente que los adultos. Entonces, ¿qué predice eso?
¿Predice eso que tengas más probabilidad de hacer algo valiente, algo difícil, más probabilidad de ser el que sale de la multitud? O dicho de otra forma: ¿qué predice tu nivel, tu capacidad de empatía, sobre tu capacidad de actuar en consecuencia, de actuar compasivamente?
Paul Bloom y el caso contra la empatía
Y no hay mucha conexión entre las dos cosas. Paul Bloom, un psicólogo de Yale, creo que hace poco se mudó a Toronto o algo así, escribió lo que se consideró un artículo muy incendiario en, no sé, The Atlantic o algo así, hace años, titulado algo como «El caso contra la empatía». Y construyó un argumento en torno a esto: la empatía es importantísima.
La empatía, la noción de que hay bastante de eso en marcha como para que la gente haya decidido que la empatía es una virtud en sí misma. Con sentirse mal, ya basta. Actuar en consecuencia, bueno, eso es otra cuestión. Pero la empatía, un periodo de empatía, ¿es que la gente no puede sentir más empatía?
La empatía no significa nada si no se traduce en acción. Y, del mismo modo que la etapa de desarrollo moral de Kohlberg de uno no predice prácticamente nada sobre quién va a saltar de la multitud y hacer la cosa que da miedo, la peligrosa, el grado de capacidad de respuesta empática de uno no es un predictor especialmente bueno de quién va a actuar de verdad con compasión.
Así que, mirando la empatía adolescente en ese contexto, lo que empiezas a ver es, primero, una posibilidad en la que la empatía empeora las cosas, en la que hacer buenas obras, actuar con compasión, empeora las cosas. Un hallazgo maravilloso, y esto se aplicaba a adultos jóvenes pero podría extenderse: basta con comprar un producto cosmético que lleva estampado por todas partes «respetuoso con la tierra», «verde», «eco» o lo que sea, solo con hacer eso te vuelves un poco más egoísta después en un juego económico.
«Hala, ya he hecho mi buena obra del día. Me deben algo. Tengo unos puntos extra acumulados que puedo gastar ahí». Y muy a menudo eso produce algo que a la larga es peor que antes de empezar. Y Oscar Wilde, con esta cita de «la caridad es la fuente de multitud de pecados». La sensación de bienestar que sale de eso y el sentirse con derecho a algo a menudo se compensan en la otra dirección.
Un paralelismo interesante con eso, que es que encuentras muy a menudo en personas que están a dieta: cuando resisten alguna comida muy calórica y se toman una ensalada sana e incomible en su lugar y todo eso, como se han portado tan bien, deshacen inmediatamente todo el progreso que habían hecho atiborrándose de galletas más tarde ese mismo día.
De media, cuando la gente tiene que esforzarse muchísimo para contenerse en el control del apetito, tiene un rebote que supera con creces aquel esfuerzo en ese punto. Aquí pasa algo equivalente. Vale. Así que a veces la empatía y actuar con compasión acaban haciendo que te sientas tan satisfecho de ti mismo después que el resultado neto es negativo.
Pero mucho más importante es esta brecha entre sentir empatía, por muy intensamente que la sientas, y actuar de verdad en consecuencia. Actuar en consecuencia de una manera eficaz en vez de ineficaz. «Uy, voy a regalarle todo mi dinero a esta persona sin hogar sin hacer nada por su desesperada adicción a las drogas». «Ay, voy a hacer algún gran gesto compasivo que, cuando lo miras de cerca, no consigue absolutamente nada». Pero lo más importante es entender quién pasa de la empatía a la compasión y quién se queda parado en ese punto.
Y eso dice mucho sobre la compasión adolescente. La amígdala, la corteza insular, la cingulada anterior se iluminan como locas en el adolescente medio dentro de un escáner cerebral al que le cuentan algún acto moral espantoso, más que en un adulto. Prenden fuego a la persona mucho más. Y eso prepara una posibilidad peligrosa: que en algún momento estés sintiendo su dolor tan intensamente que tengas que apartar la mirada, porque ya no lo aguantas.
Necesitas pasar la página. Necesitas cerrar el libro, la revista, lo que sea. Necesitas huir de eso, porque su dolor se ha vuelto tu dolor hasta tal punto que resulta demasiado doloroso. El dolor empático duele muchísimo. Puede doler tanto como el dolor somático de siempre. Y ahí ves esta bifurcación en el camino.
Los dos predictores de la compasión
¿Te duele tanto el dolor de otra persona que tienes que apartar la mirada, o puedes actuar sobre él? Y resulta que hay dos grandes predictores de eso. Uno fisiológico, uno cognitivo. Fisiológico, esto es notable. Sientas a alguien y le pones un vídeo explícito de algún horror, y no faltan, y alguna atrocidad, lo que sea.
Y cuanto más se activa su sistema nervioso simpático, cuanto más le sube la frecuencia cardiaca, la frecuencia respiratoria, la presión arterial, todo eso, cuanto más hay de activación simpática, mayor es la probabilidad de que diga «ya no puedo mirar esto más» y aparte la mirada. Son los que eran capaces de cierto desapego autonómico los que luego podían dar el paso compasivo.
Cognitivamente, algo muy parecido. Cuando la persona está expuesta a esa cosa terrible, horrible, desgarradora, si dice «ay, madre, qué horrible sería si eso me pasara a mí» en vez de «ay, madre, qué horrible debe de ser para ellos pasar por eso». Si tu respuesta es «ay, no, si eso me estuviera pasando a mí», eso es tu corazón acelerado y eso es tu «no aguanto más esto.
Esto es problema de otro». Así que, en un nivel fisiológico raro y en un nivel cognitivo-emocional raro, cierto grado de desapego es lo que hace falta para que, con más probabilidad, se haga la transición de la empatía intensa a la compasión de verdad. Y ese desapego es crítico, porque el desapego no es una cosa fácil de conseguir. Mucho de lo que se os va a entrenar a los que salís disparados hacia la facultad de medicina es el desapego.
Haréis llorar a bebés vacunándolos contra una enfermedad horrible. Desplazamiento, distancia impasible y todo eso, con este tipo de desapego, es el predictor de cuándo consigues hacer más. Un ejemplo increíble de esto: yo estaba una vez en un congreso y era como neurocientíficos contra monjes budistas.
Había un montón de monjes budistas de primera fila y neurocientíficos, y nos encerraron tres días juntos, y todo fue muy divertido, hablando del bien y del mal y del placer y la felicidad, y descubriendo que teníamos vocabularios tan distintos que aquello fue una especie de pérdida de tiempo, pero molaba estar con ellos.
Y este monje budista que parecía bastante cercano, y después de un rato nos pusimos a chincharlo un poco y le dijimos: «Entonces, cuando meditas, ¿alguna vez paras porque te duelen mucho las rodillas?». Y dijo: «Sí, a veces». Bueno, bien. Hasta ellos. Por eso yo aguanté 30 segundos meditando.
Y dijo: «Sí, a veces sí, pero lo hago como un acto de bondad hacia mis rodillas. No porque me duela tanto que tenga que apartarme, sino porque sé que eso está dañando... como un acto de bondad hacia mis rodillas». Así que de lo que van los años adolescentes es del sentimiento intenso de empatía y del impulso intenso de hacer algo al respecto, a menudo ineficaz o mal dirigido, o del impulso intenso de mirar hacia otro lado porque duele demasiado.
Así que todo eso es en cierto modo un voto a favor de «imagina lo que ellos están sintiendo», no «imagina si te estuviera pasando a ti». Imagina lo que ellos están sintiendo, porque eso te da suficiente desapego para no decir «esto duele demasiado, tengo que mirar hacia otro lado». Vale. Esto nos lleva ahora a nuestra siguiente categoría.
La vida fetal: testosterona y androgenización
Llegamos a la vida fetal. ¿Qué tiene que ver el entorno fetal con la agresión adulta? Y lo que vemos es, gran sorpresa, testosterona, androgenización prenatal. ¿Qué le hace eso a la agresión? Y lo que está claro en una rata o en un mono es que, si expones a un feto a niveles elevados de testosterona y es una niña, si es una hembra, cuando nazca y sea adulta tendrá niveles más altos de agresión.
La literatura sobre eso está clarísima. Efectos hormonales organizativos frente a activacionales. Recordadlo otra vez. Organizativos, la manera en que las hormonas ayudan a construir tu cerebro cuando eres un feto. Activacionales: qué tan fácil es desencadenar una conducta concreta con una hormona.
Eres un mono, exposición a andrógenos prenatales. Y de adulta, esta mona tendrá un umbral más bajo para activar la agresión. Clarísimo en otras especies. ¿Y qué pasa con nosotros? Bueno, eso es bastante difícil de estudiar. Vamos a buscar algunos casos en los que los fetos se androgenizan y luego ver cómo acaban las cosas.
Y ya oímos una versión de esto en las clases sobre sexo: la hiperplasia suprarrenal congénita, donde una mutación en las suprarrenales hace que estés bombeando muchísimos de esos andrógenos suprarrenales, lo cual masculiniza el cerebro de los fetos femeninos. Ese es uno. Y el otro es que durante los años cincuenta y sesenta hubo un fármaco llamado DES, dietilestilbestrol, que era un fármaco contra el aborto espontáneo.
Y lo que hacía sobre todo era actuar sobre el sistema de la progesterona, pero resultó que también tenía unos efectos androgénicos inesperados, inexplorados, no descubiertos. Así que esa fue otra vía de androgenizar niñas antes de nacer. Así que tenemos a los niños con hiperplasia suprarrenal congénita y a los niños del DES. Hala. Vamos a estudiarlos y a ver qué pasa con ellos en cuanto a la agresión, una vez que hayamos terminado de averiguar por quién se sienten atraídos.
Y ahora vamos directos a la agresión. Este trabajo lo inició sobre todo este señor llamado John Money, en Johns Hopkins, que es una figura históricamente muy controvertida en cuanto a la asignación de sexo y ese tipo de cosas. Y no es alguien cuyas sensibilidades pasarían el filtro hoy en día. Pero en cualquier caso, él y sus colegas empezaron estos estudios, sobre todo con niños con hiperplasia suprarrenal congénita.
Miremos a estas niñas. ¿Son más agresivas que las niñas normales? Y la respuesta que volvió fue un sí enfático: niveles de agresión muy significativamente elevados, agresión de todo tipo. Y ya está. Caso cerrado. Si te expones a muchos andrógenos antes de nacer, eso te va a hacer más agresiva después. No fue hasta, no sé, los años setenta u ochenta, no fue hasta que aparecieron estos nuevos tipos de endocrinólogos, endocrinólogas, que miraron más de cerca de qué iban aquellos estudios.
Y estas eran algunas de las cosas que medían, lo que contaba como evidencia de que aquellas niñas tenían una historia agresiva por delante. Estaban menos interesadas en las muñecas que en otros juguetes. No fantaseaban con bebés. No fantaseaban con casarse algún día. Hala, esta es alguien que va a ser una asesina en serie en el futuro.
Así que, hacia los setenta, todo el campo dijo: «Uy, culpa nuestra. Supongo que toda esa literatura no significa nada». Aunque siempre me intrigó ver que todos los manuales de endocrinología seguían manteniendo aquellos hallazgos hasta mediados de los ochenta o así, aquello se quedó por ahí. La androgenización prenatal y las niñas con hiperplasia suprarrenal congénita aumentan la agresión. Todo eso. Hala, quieren conseguir un trabajo algún día.
Ay, madre, esta es una bomba de relojería de niña. Esos eran los criterios de aquellos estudios. Así que la gente averiguó que todo aquello era galimatías. Y las versiones más modernas de esto las ha llevado a cabo Melissa Hines, en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, mirando a niños con hiperplasia suprarrenal congénita. El dietilestilbestrol ya no se usa.
Así que esta es una población que se puede estudiar. ¿Y qué ha visto ella en estos estudios modernos, mucho más razonables? Algunas diferencias desconcertantes. De media, las niñas con hiperplasia suprarrenal congénita, androgenizadas antes de nacer, bla, bla, tienen cocientes intelectuales más altos que las niñas que no fueron androgenizadas antes de nacer. Huy, eso es interesante. De media, tienen mejores habilidades espaciales, sin efectos en su fluidez verbal.
De media, son más propensas a ser zurdas. Y hay un sesgo, una inclinación hacia la zurdera en los machos frente a las hembras. Y están menos interesadas en los bebés. Sus ojos no se abren tanto al mirar a bebés. Sus pupilas no se dilatan. Menos interés en el matrimonio. Toda clase de cosas así. No hacen tanto contacto visual.
Hala. Aquí por fin lo tenemos. Por fin, una literatura clara que muestra cómo es la androgenización prenatal en hembras humanas. Y también mostraron niveles más altos de juego agresivo, de ideación agresiva y todo eso. Ya está. Por fin sabemos la respuesta a eso. Así que uno se queda intentando dar sentido a estos hallazgos.
¿Y qué hay del cociente intelectual más alto? Y en lo que resulta sobre todo es en un sesgo de autoselección. ¿Quién aparece y mete a su hijo con hiperplasia suprarrenal congénita en el estudio? Es más probable que sea una familia con más recursos, que tiene seguro médico y por tanto puede estar dentro del sistema médico y enterarse de que alguien está estudiando esto y todo eso.
Eso parece ser un sesgo selectivo que explica ese punto. ¿Y las otras partes? La zurdera es un rasgo dependiente de la testosterona prenatal hasta cierto punto. Así que eso es interesante. Son más propensas a ser zurdas. Pero ¿y lo otro?
El punto de que estén menos interesadas en casarse, de que sus pupilas no se pongan como platos ante los bebés, de que sean más agresivas y todo eso. ¿Cuál es la conclusión obvia que sacar ahí? Que eso se debe a la androgenización prenatal. Pero hay una complicación, que es que, como sabemos por las clases sobre sexo, estas niñas probablemente nacieron con genitales intersexuales, genitales sexualmente ambiguos.
Probablemente pasaron por un montón de rondas de cirugía plástica ahí abajo cuando eran niñas. Esa es una parte de su cuerpo que, como el de todos, interesa mucho y de la que nadie quiere hablar, y se ha infiltrado de todas las maneras posibles en cómo las perciben sus padres. Y estas no son niñas cuya única diferencia con otras niñas sea que estuvieron expuestas a muchos andrógenos antes de nacer.
Hay muchísimas otras cosas. Así que creo que el jurado sigue sin decidir sobre esa población. ¿Qué evidencia adicional hay de que la testosterona prenatal tiene que ver con la agresión? Ves niveles más altos de juego agresivo en niñas que son gemelas dicigóticas. Esta es una gemela con un hermano gemelo. Y lo que ves ahí son niveles más altos de juego agresivo.
¿Y a qué se debe eso? Sí, te pasaste la vida fetal al lado de este hermano fetal, que ya tiene testículos produciendo testosterona. Hay flujo cruzado. Hay reflujo de la circulación. Esto ya lo sabemos de las clases de genética de la conducta. Así que hay cierto grado de androgenización fetal. Ah, un pequeño factor de confusión: que si tienes un hermano gemelo al que le gusta jugar y pelear, es más probable que tú hagas lo mismo con él.
Si eres un gemelo dicigótico varón con una hermana gemela, es más probable que juegues con muñecas, porque vosotros dos estabais juntos e interactuáis más a menudo. Uy, eso como parte de la complicación. ¿Qué más ves?
Simon Baron-Cohen y el cerebro hipermasculino
Vemos otra área en la que hay un gran voto a favor de los efectos androgénicos prenatales, y este es el trabajo de Simon Baron-Cohen, también en Cambridge. Creo que ya lo he mencionado y tampoco me pude resistir a decir que es primo de Sacha Baron Cohen. Simon Baron-Cohen es quien había avanzado esta noción del cerebro hipermasculino en las personas con trastorno del espectro autista.
Mirando las diferencias sexuales en el cerebro, y esto nos devuelve a las clases sobre sexo. El hecho de que, de media, los cerebros femeninos tienen un cuerpo calloso más grueso, más proyecciones de larga distancia, todas esas características. Y el hallazgo de que, de media, las personas del espectro autista tienen en las imágenes un cerebro más estereotípicamente masculino que femenino.
Son hipermasculinos en ese sentido. Da igual que sean hombres o mujeres: tienen ese cuerpo calloso tanto más fino, ese núcleo sexualmente dimórfico tanto más grande, ese tipo de cosas. Así que la noción de Simon Baron-Cohen es que los varones están hipermasculinizados como resultado de la testosterona prenatal y que el autismo tiene que ver con que eso ocurra antes de nacer.
Entonces, ¿qué ves ahí? Ves indicios en los niños: cuanta más testosterona prenatal estuvieron expuestos, digamos de dos maneras distintas, el cociente 2D:4D o la cantidad de testosterona en el líquido amniótico de la madre durante el embarazo. Cuanta más testosterona, menos integrador va a ser el pensamiento de la persona. Más probable es que veas conducta agresiva, y más y más probable es que veas niveles más bajos de empatía y menos contacto visual.
Vale, así que eso es evidencia bastante clara a estas alturas. Efectos diminutos, diminutos, diminutos. Saber a cuánta testosterona estuvo expuesta alguien como feto, da igual su sexo, da igual si eres gemelo, da igual si tuvo este trastorno suprarrenal congénito, da igual qué fármacos: los efectos que tenga son muy, muy leves. Cuando llegas a los humanos, en otras especies son clarísimos, y en nosotros son efectos muy leves que solo explican un porcentaje minúsculo de la variabilidad.
Genes y agresión
Vale, esto nos lleva a nuestra siguiente categoría en los momentos finales. Los genes. Nuestro siguiente paso atrás. Olvídate de cuando eras un feto. Olvídate de cuando eras solo un óvulo fecundado y ya tenías un entorno. ¿Qué tienen que ver los genes con la agresión?
Lo sabemos. Sabemos que los genes tienen que ver con la agresión. Eso lo sabemos con total seguridad. En todos los casos, estás mucho más dispuesto a dejar a tu bebé solo en una habitación con un golden retriever que con un pit bull. Ah, las razas de perros se han criado para distintos niveles de agresividad. Las cepas de ratas, las cepas de ratones, lo mismo.
Puedes ir a tu... se llama el laboratorio Jackson. Es una de las principales colonias de cría de ratones del país. Puedes entrar ahí en internet y encargar una colonia de 36 ratones de esta cepa que se sabe que es muy agresiva, y llegan, y son así, y son genéticamente homogéneos. Sí, puedes criar para altos niveles de agresión, para bajos niveles de agresión.
Lo que eso nos dice de entrada es que sí, los genes tienen algo que ver. Pero vamos a desglosar eso. Tienes tus razas de perro más agresivas y tus cepas de rata y de ratón más agresivas y todo eso, y son más agresivas. Haz un trabajo más cuidadoso y empieza a desglosarlo, y verás que puede ir solo de agresión impulsiva y no de premeditada, o al revés.
O puede ir de agresión flotante que no necesita nada que la desencadene, frente a otras que dependen mucho del entorno. Puede que en realidad no tenga nada que ver con la agresión. Una de las cepas de ratón que se sabía que era más agresiva: los coges y están listos para morderte la yugular. Resulta que no iba de eso.
Resulta que los habías criado para un umbral de dolor muy bajo. Los coges, les duele, quieren morderte. Otro llega y los acicala torpemente y le quieres arrancar la cara a bocados. No era agresión, era cuánto dolor sentían. O en otro terreno, otra cepa que quedó descartada de... estos se habían criado por agresión, y resultó que se habían criado por toda clase de hiperemocionalidad.
Así que los genes tienen algo que ver, pero mira más de cerca y vuelve a lo que aprendimos en genética de la conducta: todos aquellos efectos ambientales prenatales podrían ser lo que está pasando. Pero espera, los estás criando. Esto es muy relevante. Los estás criando para que estén en los vientres de hembras que se han criado así, que se han criado así.
Darlene Francis y el trasplante de fetos
Puede que esté pasando algo. Y este fue un estudio realmente clásico, hecho por Darlene Francis, de Berkeley. ¿Dónde estaba ella entonces? ¿En Emory, en McGill, en qué? Alguien que desarrolló unas técnicas microquirúrgicas muy sofisticadas para trasplantar fetos de rata o de ratón de una madre a otra, de una madre de una cepa muy agresiva a una poco agresiva, o al revés.
Y veamos cómo son. Y resultó que el mayor predictor del nivel de agresión de esas crías después no era de quién habían recibido los genes, sino de quién habían recibido el vientre. Efectos ambientales prenatales. Así que tenemos esa lección ya conocida: cada vez que crees estar viendo algo genético, ya está ahí en el momento de nacer.
Genes condicionales: MAOA y el receptor D4
El nacimiento no es el momento en que empezó el entorno. Y asegúrate de que no sea un efecto ambiental prenatal. Vale. Y dado eso, la gente ha ido a por toda clase de genes candidatos y de varios de ellos ya hemos oído hablar, unos relacionados con la degradación de la serotonina, otros relacionados con cuántos receptores de dopamina tienes de cada tipo.
Lo que ya sabemos es que son condicionales. Son interacciones entre genes y ambiente. Una versión de ese gen MAOA que degrada la serotonina predispone a la violencia si y solo si fuiste maltratado de niño. Uy, una versión de tu receptor D4 de dopamina, que tiene que ver con la búsqueda de sensaciones y el control de los impulsos y la búsqueda de novedad y todo eso.
¿Y cómo va a quedar eso? Depende. ¿Te vas a criar en un entorno donde eso va a hacer más probable que seas alguien que le dispara impulsivamente al dependiente mientras atracas su tienda de licores?
¿O va a hacer de ti alguien que hace cosas realmente estúpidas, impulsivas e imprudentes cuando juegas al ajedrez y pierdes piezas por ello? Todas estas son interacciones entre genes y ambiente. Vale. Así que el miércoles retomaremos mirando dónde entra la cultura en todo esto.
27 · Violencia y sus antídotos (5)
De la cultura a los valores sagrados, y la evolución de la violencia
Individualistas y colectivistas, el arroz, la cultura del honor y los frenos que también vienen de la evolución.
Lectura de 1 minuto
- La cultura se ve en milisegundos: dónde miran los ojos, quién va en el centro del sociograma, con qué se agrupa un conejito.
- El arroz de regadío exige cooperación masiva y produce colectivismo; el trigo del norte de China, individualismo.
- Los nietos de arroceros y de trigueros conservan la diferencia: más patentes y más divorcios entre los de trigo.
- La correlación del receptor D4 con la distancia a África es de Chen y colaboradores (1999), no del grupo de Yale, que hizo el compendio de 1996.
- La cultura del honor del Sur estadounidense viene de pastores; tras un insulto, los sureños suben cortisol y testosterona.
- El capital social —confiar en la gente y pertenecer a organizaciones— predice la delincuencia, la desigualdad y la salud.
- El castigo antisocial castiga al que ofrece de más; el artículo es de Herrmann, Thöni y Gächter, no de Fehr.
- En el Himalaya, los equipos de países jerárquicos llegan más a la cumbre y pierden más gente por el camino.
- Los valores sagrados no se compran: la paz duradera exige reconocer los del otro, y la propaganda fabrica hermanos y plagas.
- La evolución selecciona la violencia, pero los bonobos y los propios datos de parentesco niegan la inevitabilidad.
Primero, el cabo suelto: la recompensa adolescente
En el trabajo candidato, la señal de error de predicción del estriado crece con la recompensa en los adultos, se dispara con la grande en los adolescentes y cae con la pequeña. La clase no nombra el estudio y habla de dopamina: lo medido es señal de resonancia magnética.
Individualistas y colectivistas
La dicotomía asoma donde no se espera: en la primera frase con la que uno se describe, en si un conejo se agrupa con otro animal o con la zanahoria, y en lo que sube los glucocorticoides al recordar cuándo te influyeron. La culpa y la vergüenza cierran el cuadro con un estudio que la clase no nombra.
El arroz explica media China
El origen de esas diferencias es ecológico. El arroz de llanura inundable exige cooperación a gran escala y el trigo no. Dentro de China, el trabajo de Talhelm encuentra el contraste entre el sur arrocero y el norte triguero. El Sur estadounidense lo resolvió con esclavitud.
Dopamina, migración y lo que no es destino
El compendio del grupo de Yale cartografió las frecuencias del receptor D4; la correlación entre distancia a África y alelos largos es, en cambio, de Chen y colaboradores, donde Kidd no firma. La clase la atribuye a Yale: «un estudio asombroso… de Kenneth Kidd y sus colegas de Yale». Y añade la selección negativa del sudeste asiático, «seleccionadas en contra muy activamente». La segunda generación adopta el individualismo de donde vive.
La cultura del honor
De dónde se saca la comida decide cómo se responde a una ofensa. Los pastores del desierto y sus descendientes —la Escocia y el norte de Inglaterra que poblaron el Sur estadounidense— traen culturas donde la afrenta se lava con sangre y el coste material no cuenta. El experimento del pasillo lo mide: tras el insulto, los sureños defienden la violencia y suben cortisol y testosterona; los norteños no cambian.
Capital social y castigo antisocial
El capital social de Putnam predice la delincuencia de un país; la desigualdad predice su salud. El delito se ceba en los vecinos. En los juegos de bienes públicos aparece el castigo antisocial, castigar al que ofrece de más: «Ernst Fehr… unas 60 sociedades distintas», y el artículo es de Herrmann, Thöni y Gächter: 16 grupos. En el Himalaya, los equipos de países jerárquicos llegan más arriba y pierden más gente.
Valores sagrados: lo que no se negocia
Los valores sagrados son cosas por las que se mata y se muere aunque salgan caras, y en ellos los incentivos materiales funcionan al revés. El trabajo de Atran, con Axelrod, muestra que ofrecer ventajas para ceder aumenta el rechazo y que solo el reconocimiento simbólico del valor del otro permite acuerdos. La cara oscura son una canción, una camiseta y unas viñetas; la rebelión de los cipayos enseña que el cerebro no distingue el asco físico del moral.
La evolución: la violencia y sus frenos
La selección individual explica la competencia entre machos y el infanticidio; la de parentesco, la violencia entre grupos: el trabajo de Chagnon con los yanomamö y su primera monografía se leyeron como que matar paga en descendencia, y la clase añade el confundente de edad. Chimpancés y babuinos invierten sus patrones según quién abandona el grupo al crecer; los bonobos rompen la regla. Con el parentesco se puede falsificar, y de ahí salen el pseudo-parentesco y la pseudo-especiación, que convierte al vecino en plaga. El caso que la define es el testimonio de las incubadoras, y Daly y Wilson cierran el círculo familiar.
Seis pasajes se quedan como registro, sin corrección, y llevan su marca en la transcripción: la curva de recompensa del adolescente, la cifra de 30.000 alpinistas, la datación de Atran, el «destrozado por completo» de Chagnon, el abuelo materno de Daly y Wilson y el testimonio de la enfermera ante el Congreso.
Quiénes salen en este tema
El receptor D4 y la migración
- Kenneth K. Kidd — Genetista de poblaciones humanas, Departamento de Genética de la Facultad de Medicina de Yale. Su laboratorio produjo el compendio mundial de frecuencias alélicas del receptor D4 (Chang, Kidd, Livak, Pakstis y Kidd, 1996) y la base de datos ALFRED. La clase le atribuye el estudio de la migración, que es de Chen y colaboradores (1999) y él no firma. Human Genetics, 1996
Las culturas y lo que se hereda
- Thomas Talhelm — Científico del comportamiento en la Universidad de Chicago (Booth School of Business), autor de la «teoría del arroz» de la cultura. Era doctorando allí cuando hizo el trabajo de 2014, así que la institución que da la clase es la correcta. Universidad de Chicago
- Paciente S.M. — Mujer con destrucción bilateral de las amígdalas por enfermedad de Urbach-Wiethe, el caso más estudiado de la neurociencia afectiva. Se la conoce solo por sus iniciales. La clase la recupera de las lecciones anteriores para decir que la cultura dirige también los músculos oculares. Wikipedia
El Sur, el honor y los pastores
- Richard E. Nisbett — Psicólogo social de la Universidad de Míchigan, profesor emérito distinguido y co-director del programa de Cultura y Cognición. Es el autor sénior del experimento del pasillo; el primer firmante es Dov Cohen, a quien la clase no nombra. Universidad de Míchigan
- Jared Diamond — Biogeógrafo y fisiólogo en la UCLA, autor de Armas, gérmenes y acero (1997, premio Pulitzer en 1998). La clase usa su tesis de que este es un planeta dominado por descendientes de pastores del desierto. Wikipedia
- El conferenciante sin nombre — La clase recuerda una charla de un criminólogo criado en el Sur, que estudió en la Universidad de Alabama y se doctoró en Harvard, sin dar su nombre. No hemos podido identificarlo, así que se queda sin nombre en vez de adivinado.
Capital social y castigo
- Robert D. Putnam — Politólogo de Harvard, autor de Bowling Alone (2000), el libro que acuñó el término capital social a partir de su ensayo de 1995. Wikipedia
- Ernst Fehr — Economista del comportamiento y neuroeconomista de la Universidad de Zúrich, figura central del estudio del castigo y la cooperación. La clase le atribuye el estudio transcultural del castigo antisocial; ese artículo es de Herrmann, Thöni y Gächter (2008) y Fehr no lo firma, y su referencia estándar sobre el castigo altruista es la de 2002 con Gächter. Wikipedia
Los valores sagrados y la paz
- Scott Atran — Antropólogo (CNRS, Universidad de Míchigan, John Jay College), investigador de los valores sagrados y del conflicto. Wikipedia
- Robert Axelrod — Politólogo de la Universidad de Míchigan, en el Instituto de Estudios de Política Pública; dirigió el primer torneo de ordenador del dilema del prisionero, que ganó ojo por ojo. Journal of Conflict Resolution, 1980
- Anwar Sadat — Presidente de Egipto (1970-1981). Firmó los Acuerdos de Camp David con Begin el 17 de septiembre de 1978; lo asesinó en 1981 un comando de la Yihad Islámica Egipcia, de su propio lado, como cuenta la clase. Camp David
- Menachem Begin — Primer ministro de Israel (1977-1983), cofirmante de los Acuerdos de Camp David. Camp David
- Mahatma Gandhi — Líder del movimiento de independencia indio, asesinado de un disparo el 30 de enero de 1948, después de la violencia de la partición. La clase lo trae como el paralelo exacto de Sadat: muerto por alguien de su propio bando mientras buscaba la paz. Wikipedia
- Yasser Arafat — Presidente de la Organización para la Liberación de Palestina entre 1969 y 2004, firmante de los Acuerdos de Oslo. Wikipedia
- Yitzhak Rabin — Primer ministro de Israel, firmante de Oslo; lo asesinó el 4 de noviembre de 1995 Yigal Amir, un estudiante de derecho contrario a los acuerdos. Wikipedia
- El rey Hussein de Jordania — Rey entre 1952 y 1999. Acudió al funeral de Rabin, uno de los ochenta jefes de Estado que asistieron; que se sentara junto a su viuda y lo llamara hermano es el relato de la clase, que no viene en esa fuente. Wikipedia
- Nelson Mandela — Líder antiapartheid y primer presidente de una Sudáfrica democrática (1994-1999), Nobel de la Paz en 1993. Aprendió afrikáans en prisión con la idea de construir respeto mutuo con los carceleros, y la clase lo presenta como el mejor manipulador de valores sagrados del enemigo en su época. Wikipedia
- El general israelí sin nombre — La clase cita a un general derechista del aire que pedía sacar el material antisemita de los libros de texto palestinos y acabar con la negación del Holocausto como precio para negociar. No da su nombre. En «Reframing Sacred Values» (Atran y Axelrod, Negotiation Journal, 2008) la voz israelí citada bajo el mismo marco es Isaac Ben-Israel, exgeneral del aire y entonces diputado: la identificación es candidata, no un hecho. Negotiation Journal, 2008
- El dirigente palestino sin nombre — La clase lo llama comandante de Hamás y le atribuye la cita sobre unas fronteras de 1967 a cambio de un perdón por 1948. La frase aparece en el artículo de PNAS de 2007 atribuida a Ghazi Hamad, dirigente y portavoz del gobierno palestino en 2006, cargo político y no militar: identificación candidata. PNAS, 2007
La evolución: qué se hereda y qué se fabrica
- Napoleon A. Chagnon — Antropólogo cultural estadounidense (1938-2019), doctorado en Míchigan, etnógrafo de los yanomami durante décadas. La clase cuenta su trabajo de 1988 y su primera monografía. Wikipedia
- Martin Daly — Psicólogo evolutivo, profesor emérito de Psicología, Neurociencia y Comportamiento en la Universidad McMaster y coautor de Homicide (1988). En su propia página se presenta como «con mi difunta esposa Margo Wilson». martindaly.ca
- Margo Wilson — Psicóloga evolutiva de la Universidad McMaster (1942-2009), coautora con Daly de los análisis de homicidio dentro de la familia. En el momento de la clase ya había muerto, como él dice. Wikipedia
El Golfo, la propaganda y los símbolos
- Saddam Hussein — Presidente de Irak (1979-2003). Invadió Kuwait el 2 de agosto de 1990, y de ahí sale la primera guerra del Golfo. Invasión de Kuwait
- George H. W. Bush — Presidente de Estados Unidos (1989-1993). La clase dice que tenía un 92 % de apoyo para entrar en la guerra; la serie de Gallup registra un 89 % en 1991, el máximo de su historia, así que el número que da es algo alto. Wikipedia
- Nayirah — La joven que declaró en octubre de 1990 ante el Congressional Human Rights Caucus sobre los bebés sacados de las incubadoras. Era hija del embajador kuwaití en Washington, no sobrina, y el testimonio lo preparó la empresa Hill & Knowlton para Citizens for a Free Kuwait, un grupo financiado por el gobierno kuwaití, no por el gobierno estadounidense; la historia se desmintió después. Testimonio de Nayirah
- Adolf Hitler — Dictador de la Alemania nazi (1933-1945). Aparece en la cita del dirigente palestino que la clase lee, al enmarcar 1948 como la herencia del Holocausto y del colonialismo europeo. Wikipedia
- Frank Sinatra — Cantante estadounidense. Grabó «My Way» a finales de 1968, sobre una melodía francesa y con letra de Paul Anka: la cantó, no la escribió, y la clase duda de ambas cosas en voz alta. La canción se prohibió en muchos karaokes de Filipinas después de las peleas mortales que la rodeaban. Wikipedia
- Muhammad — Fundador del islam (c. 570-632). Muchas personas musulmanas consideran prohibido cualquier dibujo suyo, y la clase cita ese valor sagrado como el motivo del ataque a la redacción francesa. Wikipedia
Leer la clase entera, palabra por palabra
Transcripción automática del vídeo, sin corregir: solo la hemos limpiado de ruido del subtítulo, maquetado en párrafos y puesto los títulos que él mismo va anunciando. Los estudios y las citas se dejan en su inglés original y se pueden pulsar.
Traducción al castellano automática: si un matiz importa, comprueba el original inglés.
Un hallazgo de la adolescencia que se me quedó
We continue with aggression. We continue with antidotes to aggression. We've gotten through so much of our list. We've done adolescence, childhood, fetal life, genes. We're ready to push on, except that there's something I forgot, a very cool finding from the adolescent section. It's so cool that, as you can see, I forgot, just as follows, here.
This one diagram summarizes everything about adolescence. You've got adults, adults who are in a brain scanner, and they get a reward. They're told there are three different size rewards you can get: a small, medium, large. And what we see is, with the adults, they get the small, a little bit of dopamine is released; medium, even more; large, even more.
Perfectly logical dose-response. So now we look at teenagers getting the medium reward, and it's about the same as in adults. And now they get the large reward instead, and they go through the roof. And they get the small reward, and not only isn't there a small rise in dopamine, there's a decrease in dopamine release.
This is teenage years as a gyroscope. This is teenage years as the lows are lower and the highs are higher. And there you've got it all in that. Okay. So, what we've gotten to now in our next category, now that we're up to culture and ecology, we're up to culture and ecology. Let me start off by trying to give you guys a sense of, you know, just the sheer range of ways in which life can turn out to be different for you.
La lotería de nacer aquí o allá
And what we have here are some comparisons. Monaco: 93; Angola: 39. This is if you were born today in either of those countries, what your life expectancy is. The odds that you will be taught to read: Latia versus Nishair. Ah, here, the odds that you will die in your first year of life: more than 10% of kids in Afghanistan.
Let's see here. We've got the odds that you will die while trying to give birth. If Estonia is 1x, South Sudan is more than a thousand times. If you were a girl in South Sudan, the odds are greater that you're going to die trying to give birth than that you will finish high school.
More of these: likelihood of being murdered. Honduras: likelihood of being raped. Likelihood. Oh, and then here's this: you do these cross-cultural studies and you ask people, "Are you happy?" And 93% of people in Finland say yes. And 23% of people in Armenia say yes. Incredible wide range, incredible wide ways in which chance deposits you in one culture or another.
Another study making this point in an interesting way. This was looking at some multinational corporation that had people in countries all over the planet and asking people working there a question: under what circumstance would you break the rules a little bit to help somebody out?
And what the answer was, is it depends on what culture you're in. People in China, the most frequent answer they gave is, "If this is my boss, if this is someone higher ranking than me." People in Spain, their most common answer was, "If it's a friend of mine." People in the US, "if it's somebody who has helped me in the past." Incredibly different pictures.
So given that, let us look at, let us look at an array of dramatic cultural contrasts that turn out to be relevant not just to behavior but all of the steps into meaning. And that said, this immediately tosses it back to this: so much of culture is being passed on by way of parenting, parenting styles.
Individualistas y colectivistas
Okay. So we start off with the grand dichotomy, and everybody who does this cross-cultural stuff, the distinction that everybody goes for, the distinction between individualist cultures and collectivist cultures. This is the grand split that most of the research winds up on. And if you're doing this, the vast majority of these studies focus on the poster children of individualist societies, Americans, or the poster children of collectivist societies, Southeast Asians.
But there are studies looking at, in Turkey: fishermen living right near the ocean; a little bit further in the mountains, there are shepherds, showing different cultures there and such. Individualist versus collectivist cultures. What do the differences look like?
What matters to you in terms of relationships? Typically, you ask somebody from an individualist culture and they'll say, "Tell me about yourself." And they'll say, "Well, I'm a doctor, I'm a candlestick maker." Ask somebody from a collectivist culture, and the most common answer will be something like, "Well, I'm a son, I'm a mother, I'm a spouse." Relational stuff is at the top of the list.
Analítico u holístico: los ojos, el sociograma y el conejito
What else comes through? What else? Cognitive processing. More analytical, local in individualist cultures. More integrative, holistic, in collectivist cultures. You see the most amazing manifestation of individualist versus collectivist cultures in a study where you show people a complex picture where there's somebody at the center of it and all sorts of stuff going on.
And the most frequent eye search pattern for somebody from an individualist culture is to look at the face, to first look (and we know, look at the eyes first), all of that, but to look at the key figure in the middle there. And for individuals from collectivist cultures, the most common search pattern is to first look over the whole thing before then focusing in there.
Think about that. That is not sitting somebody down and saying, "What is it you value most in life?" This is flashing up a picture and where the eyes are going in the first fraction of a second. Implicit stuff. And as we learned back when, with the amygdala, part of what it is doing is telling you where to look.
In patient SM, what we're seeing here is what culture you're raised in is telling your eye muscles where to look in a fraction of a second. Amazing. More versions of differences. You sit somebody down and you ask them to draw a sociogram, which is they write their name down and put it in a circle, and then just draw in circles everybody else who matters in your life and sort of how they're connected with each other and how they're connected with you.
And you sit down someone from an individualist culture, and what do they do? They put their circle right in the middle, and it's the biggest one. And you do the same for folks from collectivist cultures, and you see instead their circle is just one of many there. It's not in the center; it might even be smaller than the average of the other ones coming through.
Great example of this difference. So here we go. Okay. So, here we have a drawing of a bunny. A bunny. And the person looks at the bunny. And there are two other things in the picture there. One is of this very non-specific ungulate. Um, and this is a carrot. So, you say to the person, "Here's this bunny.
Um, what's the most logical grouping? Which of these would you group the bunny with?" And people from individualist cultures are most likely to pick the ungulate. How come? Because they're in the same category: they're animals. Here's one animal, here's another one. People in collectivist cultures more likely to go for the carrot. Why?
Influir y ser influido: lo que delata el cortisol
What's the most common explanation? Well, if you've got a rabbit, it needs food. You've got relational stuff rather than categorical stuff. Others, a great study pushing us into the realm of endocrine stuff. Sit somebody down from an individualist culture and ask them, "Tell me some times where you influenced other people. Tell me some times where other people influenced you." Then do the same thing with someone from a collectivist culture.
You could probably guess where we're heading here. Right off the bat, the person from the individualist culture comes up with far more examples of when they exerted influence than the other way around. People from collectivist cultures are more likely to cite circumstances in which they were influenced by somebody else rather than the other way around.
Now be really probing and say, "Oh, that's really interesting. You just cited one case where you influenced someone and a case where somebody influenced you back. Tell me more about each. Tell me more details." And what they showed in the study is when you ask somebody from an individualist culture to tell you in detail about the time somebody influenced them, about the time they were influenced by somebody else, they increase glucocorticoid secretion.
In contrast, ask somebody from a collectivist culture about a time that they exerted an influence onto somebody else, and glucocorticoid levels go up. What other differences? Classical one, which is not as clean as people typically think: individualist cultures are guilt cultures; collectivist cultures are shame cultures. Ones where that is more about the spirit of the law and the perception of you than the letter of the law.
Whoa. I wonder if that generates something when making decisions about moral norms and how someone should be treated. What that's suggesting is people from individualist cultures who are concerned about guilt are using the dorsolateral prefrontal cortex preferentially. People from collectivist cultures that instead are thinking about shame, that's more ventromedial PFC, which makes perfect sense, and I believe there has been a study that has shown that.
De dónde vienen: el arroz de inundación
Okay. So where do these cultural differences come from? And as with a lot of this cultural stuff, from ecological factors. What is the big predictor, sort of worldwide, of collectivist cultures? A requirement of collectivist farming. And in Southeast Asia, this is rice farming. It is boggling, the scale of cooperation that is needed.
Everyone in a village turns up one day to plant this person's crops, and the next day they all turn up to plant that one, and four months later they all come there to harvest, and all of that. So that's nice and collectivist. Or maybe like this village is maintaining a complex terracing system on some hill that they have to work collectively on.
And then, just flabbergastingly, you find in these areas of floodplain rice farming in Southeast Asia, you will see irrigation systems that come from the mountains 25 miles away. And this irrigation system is maintained by 50 villages between here and there to make sure it is working. And that irrigation system has been maintained like that for more than 2,000 years; those have been documented.
So you get an ecology that builds you into agricultural types where you need massive amounts of cooperative, collective labor, and all of that. And you look in a place like the US, and for the most part, there is not floodplain farming. There's wheat instead, which is a much more individualist process. You might say, "Oh, wait a second.
Didn't the American South, weren't they making an awful lot of money back when on, you know, a floodplain, big collectivist crop that took a lot of coordinated work? Cotton." Did the American South solve that with a collectivist culture?
Dopamina, migración y el gen DRD4
No, they solved that with slavery instead. So this demographics gives rise to a really interesting pattern: a history of migration. Dopamine, dopamine receptors. We know already the D4 dopamine receptor. There are variants of it that are more associated with sensation-seeking, novelty-seeking, ants in the pants, attentional stuff, ADHD, things of that sort. And an amazing study that was done some years ago by Kenneth Kidd and colleagues at Yale looked worldwide at the distribution of these allelic variants: what percentage of the population has the novelty-seeking version of the dopamine D4 receptor?
And they came up with a figure that is so interesting that basically shows the further your ancestors migrated from Africa 80,000 years ago, the higher percentage of your population having the novelty-seeking variant. And you look: people in Northeast Africa, certain low Europe, Western Asia, certain low. You get out to like Siberia, and the prevalence of the sensation-seeking one is going up.
And then you've got to start thinking about the people who had settled down with a perfectly nice life in Siberia and said, "You know what? Why don't we take that land bridge and go see what's up in Alaska, cross over to the Western Hemisphere?" Higher incidence. And then you look at the migration that took place over, I don't know, the last 10,000 years.
I don't remember what the number is, but the people who came over from the Bering Strait and stopped somewhere in Canada and decided that's enough. And then the ones who got to Central America, and the ones who had such ants in their pants that they wound up in southern South America. And you see with each of those, at the indigenous populations, an increased incidence of the novelty-seeking variant of the gene.
What is that telling you? That's the history of human migration. And it's a history of how much you were selecting for people who seek novelty, people who want to see what's over the next mountain range, and "why don't we all move over there and see if the grass is greener?" So that's overall a remarkable finding.
I think that is like the coolest thing on Earth. And then you look at their summary diagram, and you see something interesting. What we now see is people in Central Asia, people in Siberia, things of that sort, they have migrated a fair amount of distance over the thousands of years from Africa, and that's seen in a relatively high incidence of this allelic variant.
And then you look at Southeast Asia, and they migrated even further, and there's essentially close to zero occurrence of these novelty-seeking, sensation-seeking variants of the dopamine D4 receptor. And we already know from back when in our molecular genetics the concepts of positive selection and negative selection. These sensation-seeking, individualistic variants of this gene have been very actively selected against in Southeast Asia over thousands of years.
Talhelm: arroz y trigo dentro de China
So that's totally interesting. Now you get something, one of those exceptions that proves the point. Wonderful work by this guy named Thomas Talhelm at the University of Chicago. What he focused on was the fact that, okay, in Southeast China, it is predominantly floodplain rice farming. In northern mountainous China, it's wheat farming instead.
Collectivism in the Southeast, individualistic farming in the North. And he has done a whole bunch of studies showing completely different psychological makeups between wheat farmers and rice farmers in China. You get wheat farmers, and on all those like, draw a sociogram, or tell me about yourself, or the bunny tester, whatever. They're as individualistic as people from Manhattan, extremely individualistic.
And then you look, people from the rice-growing areas, and you see the stereotypical profile of collectivist cultures. Then he does a study where he's looking at the descendants of these people. The grandkids who were at university, University of Beijing or whatever. They're not the farmers. They're the grandkids of who got out of there and are often university and getting all, I don't know, sophisticated, and all, encountering all sorts of diversity, blah blah, all of that.
And you look at who they grow up to be like: and you see people from wheat-growing regions have a higher incidence of applying for patents for inventions they've made. They have a higher incidence of divorces compared to people coming from Southeast China whose grandparents were the rice farmers. This is a circumstance. I think this takes us back to the first class: that study where this guy went into Starbucks in Beijing near the university and put two chairs close to each other between tables where, oh no, you can't quite squeeze through if you're trying to get over there.
Las sillas del Starbucks
So you have an option. You can either move the chairs apart or you can walk around the whole thing. And what he showed in this cool science paper was that people from collectivist, rice-growing parts of China were more likely to walk around. People from the northern, wheat-growing individualists are more likely to push the chairs out of the way.
That coming through as a finding. Okay, so we see that, we see that as very different ways to turn out. Of course, I've already alluded to, say, the co-evolution of dopamine receptor subtypes and one's history of migration, and one's cultural, sort of, selective values, and all of that. Are we seeing genes as inevitability?
Los genes no son el destino
No, you should know by now that's gibberish, and throw that out. So, how can you show that? Look at people who are first generation, second generation from different parts of different parts of the world who have moved to say a highly individualist culture like the US, and you see by the kid, by the grandkid generation, you see the individualism that's taken on of the surrounding culture.
We are not looking at genetic inevitability here at all. Okay. Another major contrast. How do you traditionally, over the centuries, thousands of years, how do you traditionally make a living? How do you put food in your mouth?
Tres maneras de ganarse la vida
And there are three broad options. Traditionally, you could be a hunter-gatherer, which is what humans were for about 99% of their history. You could be an agriculturalist, or you could be a pastoralist: flocks, herds of domesticated animals about the same age. And we've already heard there's a relationship between desert-dwelling people and monotheism, and cultures of honor and high rates of violence, and especially retributive violence, clan violence back and forth.
El Sur y la cultura del honor
And you come up with that in the American South. The American South. The American South has long been noted for, among its various cultural differences compared to the rest of the US, high rates of violence. Roughly double the homicide rates of the rest of the country. And people have long been trying to understand what that's about.
And there's some interesting stuff that goes on with high levels of violence, of murder, in the South because it's a special kind. It's not occurring when somebody is robbing a 7-Eleven. The increased amount of killing is disproportionately attributable to people living in rural areas who have wound up killing somebody who they know.
And this is the hallmark of a culture of honor. Somebody has dissed you, a family get-together, and somebody comes on to your girlfriend or boyfriend, and before it's over with, you've shot them. Or honorific things. The American South famously, at the start of the Civil War, when boys went off to fight, their mothers told them, "Either come back victorious or come back in a pine box." There's no option to surrender, things of that sort.
So we see that, we see honor killings in the American South. That's the explanation for the higher rates of violence there. Uh-uh, we don't see a whole lot of people wandering around Kentucky with their herds of camels or things like that. There has long been a theory as to where that comes from.
Northeastern colonies in the United States were preferentially colonized by Pilgrims. The Mid-Atlantic states by much more mercantile, urban Quaker sorts. Pennsylvania. The American South was disproportionately peopled by people coming from Northern England, Scotland, wild-ass shepherds up there who were coming with cultures of honor. Years ago in Kenya, my wife and I were hanging out in Campane where our field site was.
Kenia: los maasái y el ganado robado
The nearest tribe was the Maasai, and spent decades hanging out around them and sort of getting to know their very distinctive pastoralist culture. And there was one day where we sort of woke up and we could hear in the village about a mile away all sorts of people screaming and yelling. Maasai do not scream and yell.
They are phlegmatic, out the wazoo. And then we heard a second village where people started doing the same, and then the third. Something was spreading. Some sort of news was spreading. So we went over there, drove over, and it turned out that during the night, another pastoralist tribe, their traditional enemy, a tribe called the Koryak, had done a cattle raid, had done some cattle rustling like in the American West, and had stolen most of their herds during the night.
So this is like a disaster. You were getting most of your calories from your cows, much more. So this is an honorific disaster, and they were now about to go and fight the Koryak and get their cows back. And my wife and I did a massive cultural faux pas that offered an opportunity for incredible shame and embarrassment.
We said to our friends there, "Could we give you a lift? You want a lift to the battleground?" And this would have been the most humiliating thing on Earth. What they are supposed to do now is run. Run 20 miles, 50 miles, however far those other folks have gotten with the cattle. And then you have your battle.
And I don't remember the outcome of that battle, but the battle a year before left 22 Maasai and Koryak people dead afterward. This is a culture of honor, and like, giving somebody a car ride out to, you know, their battle there, and asking them if they want a sandwich before they head off to that – that is violating all of that.
What is particularly interesting, and this is work that has been done by Jared Diamond, is focusing on the fact that this is a planet dominated by the descendants of desert pastoralists. In his book Guns, Germs, and Steel, analyzing why the world wound up being predominantly Judeo-Christian, Muslim descendants of desert-dwelling pastoralists, how they wound up taking over the world instead of the dominant cultures on Earth being hunter-gatherer or horticulturalist or things of that sort.
So, one thing that certainly helped was the aggressiveness, the warrior classes, things of that sort. Another Maasai story that was just so charming and bizarre: 90 miles away there was some county center which was like a big tourist trap for people coming there on safaris, and there were all these curio shops where you could buy a Maasai spear, and they had them available there.
And this was an area that was right on the border with another enemy tribe. And one day something broke out, and all sorts of violence. And the Maasai guys there raided the tourist shops to take the spears back before going to fight, which I thought was wonderful that they did that. Now this whole business of a culture of honor descending from pastoralism and the American South produced one of the great all-time studies in psychoneuroendocrinology.
El golpe en el pasillo: el experimento de Nisbett
This was work carried out by Richard Nisbett, University of Michigan, one of the deans of this whole field. And here's how the experiment went. You, a student volunteer, go to that lab to do some sort of study, and you went there on time. You get out the elevator, and the lab's down at the end of the hall, and you walk down the hall, and the hall happens to be kind of cramped because they've got file cabinets and all sorts of crud in there.
It's a little bit narrow. And as you're walking down there, somebody is walking towards you, just somebody walking towards the elevator, somebody who was actually secretly working for the project. And what happens is, if this is a male volunteer who is now walking down this hallway, this individual coming at them who is a big, beefy guy, what he does is he slams into your shoulder as walking past.
And this is the first and only time I have seen this word in the scientific literature. The person says, "Watch it, asshole!" And then disappears. And our subject who's just had this encounter now goes into the lab. And what they showed was, if you hadn't encountered that person in the hallway, advocacy of violence, things of that sort, implicit recognition of threatening faces, all that sort of thing, did not differ at all between students from the North and students from the South.
But the ones who had just had this encounter, students from the North, same thing. What would you do in a circumstance like that? Would you negotiate? Would you kill the person? What would be the right thing to do?
Those sorts of questions. And there was no difference there. And the Southern students were advocating violence out the wazoo. And most interestingly, they, unlike the students in the North, had a huge increase in glucocorticoid levels and testosterone levels where you were, where you grew up, what values you were raised with, completely affecting not only how your mind but your glands are responding to something that you do or don't interpret as an honor challenge.
Um, another version of that, I heard a lecture once by a guy who was one of these Southern studies, criminology type people. He grew up in the South, and I think he went to University of Alabama and then he went to Harvard for grad school. He made this comment in his lecture, like, "Okay, when I got to Harvard, it was the most disorienting thing culturally I could ever imagine in my life, as I sort of learned how people behaved there.
It's the weirdest thing. People would have Fourth of July picnics for the whole family, and nobody would shoot somebody at it." Culture of honor, once again. Okay. Another contrast that comes through in the literature over and over is more on a continuum. How stratified, how unequal, how authoritarian, how much top-down control is in the culture.
El capital social
What you see is it has a very strong impact on one of the most important concepts here. Something that came to be termed social capital. Capital. How much money do you have in the bank?
Your financial resources. Social capital. This was termed by Robert Putnam, a sociologist at Harvard. Social capital is how much does your community have, in a sense, social pro-sociality stored away in the bank to draw upon. And there's a whole bunch of ways to get at social capital and see how much of it there is in the community.
Conveniently, you find out a ton about it by asking people two questions. Go up to somebody and you say, "So, in general, can people be trusted?" You are transcending people in family, people in your community, people who look, but just in general, "can people be trusted?" And "how many organizations do you belong to?" And the answers to these are hugely predictive of, for one thing, levels of trust, obviously willingness to cooperate.
How much collective power do you think you have? Are you in a union? Are you in a bowling league? Are you in a whatever? These two answers tell a ton about levels of crime in a society. Income inequality tells a ton about health and life expectancy, all of that. So, a lot of that winds up telling you: unequal cultures not only are crummier to its have-nots and not only worse for everybody's health, but have higher levels of crime.
Tapping into this point we already had, which is poverty is not a predictor of violent crime. Poverty amid plenty is seeing what it is you don't have, having your nose rubbed in it. And that adds in one additional sort of nuance to this that kind of describes an awful lot of what goes wrong in the world.
When you have a very unequal society and you see increased amounts of crime by individuals who are lower socioeconomic stratum, are they breaking into the McMansions of the ruling class? No. Crime from lower socioeconomic strata are overwhelmingly preying upon people of similar. The anger, the whatever, is turned on locally. This generated one of the truly unexpected things in Prisoner's Dilemma-ology.
El castigo antisocial
A study a few years ago, Ernst Fehr, in somewhere in Germany, did this massive cross-cultural study, like 60 different societies. Yeah, this was around when people were learning about WEIRD and the problems with that. So, looking at Prisoner's Dilemma strategies and then the Ultimatum Game, which is also getting into how generous of offers you make to somebody, and looking at, are there cultural differences in how people go about playing these games.
And there were huge differences, massive differences in, for example, how much somebody would offer when they had to divide up a pot between them and you. And that person: take it or leave it, but if they didn't take it, none of you get it. The possibility of retribution playing these games. And they saw tremendous differences in how generous people were in the offers they made and a strong correlation with the social capital in that country, in that society.
Cultures in which people don't trust folks and have no sense of collective efficacy. They do not make generous offers. They make just what they can get away with. And that was a difference. So then they introduce the next element into it, which is the possibility of punishment, of second-party punishment, and we'll be looking soon at what that does to cooperation.
Somebody is a jerk, and you can spend a certain amount of your resources to punish them even more. You give up one unit of whatever to have two units taken away from them. Punishment. So, how readily do you see punishment in different societies?
And it was somewhat different. It correlated a bit with social capital. But then they discovered something nobody had ever seen before in these studies, something that they wound up calling antisocial punishment. Players would punish the other individual not when they were being selfish jerks. Players would punish other individuals for giving too generous offers.
You punish people who are too generous. How bizarre is that? Where do you see that? In cultures where you're afraid that if they're seen as being generous, the rest of us are going to be expected to be?
And where do you see like zero of it in their studies? Yeah, of course. The Scandinavians, all of that. Where do you see the highest levels that some of the most miserable countries in terms of social capital to live in?
Everest: la jerarquía sube y mata
Along those lines. Ex-Soviet bloc countries do not ever wind up trying to play Prisoner's Dilemma with somebody from Moldova because they're among the most likely to punish you if you do something generous. So tremendous differences there in that. Another interesting way of looking at different consequences of more stratified versus egalitarian cultures. This was a study done some years ago looking at climbers, climbers on Mount Everest expeditions.
And at that point, there had been a total of 30,000 people who had attempted to climb Mount Everest. And they went back, the researchers went back through the records and were able to identify teams that were only from a single country. So it was nice, clear. Here's a team from India. Here's a team from Norway.
Here's a team from the US, or whatever. And looked at two measures as a function of how stratified versus egalitarian the societies were. And people who came from hierarchical, stratified societies, the highest rates of these in India, China, and Russia. They have the highest likelihood of succeeding, of reaching the top of Mount Everest, and they're more likely to have somebody die on the climb.
That being such a great, clear manifestation of this. If you want to go to Mount Everest, and like, it would be nice to get to the top, but it's not a big deal because you mostly want to get home to be able to show people pictures of it, be Norwegian. Okay, this brings us to a topic that now cuts across a whole bunch of different cultures, and it is, I think, in some ways, the most important one for making sense of culture and violence and antidotes to violence.
Valores sagrados: lo que no se negocia
And this is the whole notion of cultures having sacred values, sacred symbols. And you better bet we're heading into the metaphorical brain pretty soon now. Sacred values: things that offer you no material advantages, things that are in fact disadvantageous, but it's incredibly important to your culture for purely symbolic reasons. Or a broader way of sort of stating that is things you are willing to kill or die for: sacred values.
So this research that was done by this anthropologist Scott Atran, collaborating with Robert Axelrod (you remember from back when he did the first Prisoner's Dilemma study with his computers), University of Michigan. So they collaborated and they did studies from cultures all over the planet and looking at this whole notion of sacred values.
And in a sense, what they came up with as a sort of conclusion is, when you work out material, instrumental differences between you and your enemy – you work out water rights, you work out land swaps and reparations and things like that – that is the most effective thing to end a war.
But if you want to make lasting peace, you recognize and honor and give validity to somebody else's sacred values; that's the way you make lasting peace. And there are some extraordinary examples of that out there where not just stopping violence but recognizing the validity of some other culture's sacred values has enormous effects.
El lado oscuro: canciones, camisetas y viñetas
First, the downsides of it: this whole notion that there's stuff you're willing to kill or die for, and it's got nothing to do with anything material. Here are some examples of, in a sense, sacred values and honor culture stuff playing out. This was some years ago, and the nation of the Philippines banned karaoke bars from playing this song "My Way." Actually, is it just called "My Way" by Frank Sinatra?
It's like this very chest-thumping, big ballad. Sort of, "I accomplished everything on my own" sort of thing. And it was very popular in the karaoke bars, and when guys would sing it, it was interpreted as sort of chest-thumping, territorial stuff, and a huge number of people were shooting each other in karaoke bars about this, sufficiently so that the Philippines had to ban this.
Another example, this was a teenager some years ago who had, this was not a singular experience, but this one was well understood that this kid, who was developmentally impaired and not very attuned to stuff, went into a convenience store wearing a T-shirt with the wrong colors from the wrong gang, and he was killed.
Or not that many years ago, an entire office worth of cartoonists in France were killed, were mowed down because of offending the sacred values of Muslim individuals who do not want any sort of drawings ever made of Muhammad. Um, and these were not only drawings, but some pretty satirically hostile ones. And a bunch of people die there, murdering people over what song they are singing, over what color shirt they're wearing, over a cartoon that they drew.
Dar validez a los valores sagrados del otro
This is the essence of sacred values where you are willing to not only work irrationally but even work against your own material interests in defense of these sorts of things. So we begin to see examples here of when you give credibility to another group's sacred values. That's when you not only stop wars but that's when you make peace.
First example of this: all of these are remarkable. All of these are heartwarming. First example, and this was in the Middle East, after the first Camp David accord between Anwar Sadat of Egypt and Menachem Begin in Israel, and a first treaty back and forth. And in the aftermath of that, predictably, what happened was Anwar Sadat was murdered by somebody from his side, just as Gandhi, trying to get peace between the Hindus and the Muslims in South Asia, was killed by somebody from his own side.
And some years later, the Oslo Accords between Yasser Arafat of the PLO and Yitzhak Rabin, who was Prime Minister of Israel at the time. And not soon afterward, Rabin was murdered by somebody on his side, a fanatic, extremist, fundamentalist Jew there who saw this as an act of sort of obeisance to God to kill this guy for doing that.
So something amazing occurred at Rabin's funeral, which is King Hussein, the King of Jordan, came to his funeral. They had worked out some sort of treaty stuff, and sharing water out of the Jordan River or the Sea of Galilee, or who knows what they were working out: material, instrumental means to decrease hostility.
But the picture of King Hussein of Jordan sitting there at the funeral, sitting next to the widow of Yitzhak Rabin, and then getting up and eulogizing him and calling him his brother, was astonishingly powerful. Another example, Northern Ireland. When I was a kid, the violence and the conflicts in Northern Ireland between Catholics and Protestants, and the degree to which that was religious versus cultural versus economic – but that was at least as intractable of a problem as Palestine.
Irlanda del Norte: el apretón de manos que no llegaba
Israel is now a bloodbath. And somewhere in the 1990s, the Good Friday Agreement, they figured out how to get a cessation of hostilities. And they worked out some sort of collective government that would be running Northern Ireland, rotating who would be the Prime Minister or the President between someone Catholic, someone Protestant. Wow, they managed to stop the fighting.
That was incredible. Why did they manage to do that? Then, theories: economic pressures. A lot of these gunmen, either Ulster gunmen for the Protestants or people in the IRA Catholics, were hitting an interesting point in life: they were seeing their kids now getting old enough to start to go out and fight and get killed, and it's possible that that's when they decided, "This is too much and we've got to do something different." So, hooray, the Good Friday Accord in Ireland.
It brought peace. It brought a unity government there from both sides, and it was sort of functioning, and like, it was working. There was one little hiccup in it in that one of the leaders of the Protestant Unionists in the new government and one of the leaders of the Catholic. And the two of them were guys who had a lot of blood on their hands, and they had been mortal enemies for a long time.
And famously, they were refusing to even shake hands with each other at the "here's everybody together, forming this new government, hooray, we're going to make it work." And these two refused to shake hands with each other. Just something symbolic. And then something that had absolutely nothing to do with the cultural economics of Northern Ireland happened.
One of the guys: his wife cheated on him. His wife cheated on him very publicly, and her, like, lover, tennis instructor, who knows what. It turned out she was somehow embezzling government funds to give this guy money. And this was front-page news and incredibly humiliating. And the next day they had one of their meetings, and these two guys, the guy who had been cuckolded and his mortal enemy, the mortal enemy, came in and put his hand on his shoulder and patted him.
Mandela, el maestro de los símbolos
Whoa. Sacred values of bros. Damn. "I can't believe you had to go through something that humiliating." And that was a major breaking of all sorts of logjams of relations there. That's what it took for one of them to see the other as a human worthy of empathy or things of that sort. Another example, probably the most brilliant manipulator of sacred values of your enemies in our time was Nelson Mandela.
Mandela was a genius at this. When he spent his years and years in prison, he made a point of becoming fluent in Afrikaans, the language of his jailers. And not just fluent, but to a point where he could chew the fat over like what's happening with the Afrikaans rugby team, and gossip, and be able to ask people, "How's it going with that sibling of yours who's very sick?" And coming, totally, totally able to give all the signs to these guys that he's seeing the legitimacy of their culture enough that he's learned our language.
He knows what holidays we have and wishes us a happy whatever. And this played an absolutely critical role. Shortly after Mandela came out of prison, when it was clear there was a transition towards a free South Africa, there was a really tense period because there were all sorts of white Afrikaans militias that had headed off to the hills and were saying, "We are going to come back and there is going to be a civil war.
You are not pulling this off on us. This is not going to become a black African country." And the odds of there being a catastrophic civil war there was very high. And famously a meeting was set up between Mandela, who was sort of in a halfway house there, Mandela and probably the most powerful of these Afrikaans militia warlords.
And they were going to sit and talk. Okay. So, what can you imagine? There's Mandela. There's this other guy who had blood all over him out the wazoo from years of what the government had been doing. And you could assume what they're going to do. So, this guy agrees to talk to Mandela, this, this terrorist, this threat to our state, who somehow is going to become president soon.
But he's going there to talk with him. And what does he assume? They're going to be sitting at a table across from each other and negotiating. And what happens instead? Mandela opens the door. He's wearing like a cardigan. He's wearing like a dorky dad cardigan. And he takes him into the living room.
They sit down in this big, cushy couch there in front of a fire. It was a chilly day. And they start talking, and Mandela is asking him about all sorts of sports stuff that Afrikaans care about. And at critical moments, Mandela would say, "Oh, hold on a sec." He would leap up, go to the kitchen, and come back with a plate of cookies for them or some tea for them to drink.
"Oh my god, I'm sitting here, and this terrorist who will lead us to darkness just jumped up and got me some cookies." And we're now talking about sports and all. And this was a pivotal moment. The guy agreed to become the political leader of the opposition party in a stable government there, a free government that was not at war, rather than start a civil war with his militia.
Mandela sitting and doing that. And of course, most famously, the towering symbol of sacred values and movies and books and all of that, of Mandela engineering for South Africa to host the World Rugby Tournament and, at that point, getting sufficient rapport between the African National Congress, the main black freedom group, and Afrikaans, whose sport that spoke to their hearts like crazy was rugby.
And somehow, all of this symbolism, Mandela was going to attend the rugby tournament because it was not for the Afrikaans; it was for his countrymen. And famously, what came out of that was one of the most intensely moving things you can imagine. And if you're feeling beyond depressed at how the world is hopeless, go look at YouTube videos of this: that the chorus there of black African singers from the ANC, among other things, they sang the national anthem of the Afrikaans, and then the Afrikaans rugby team sang the national anthem of the ANC.
Atran en Oriente Medio: dos citas
Something unimaginable, something that they did which had more symbolic importance than anything that could have been negotiated about how they were going to deal with the war criminals and things of that sort. Sacred values, to give you an example of just how powerful that could have been. Atran did some studies in the Middle East about 20 years ago, looking at where sacred values were coming in.
What sort of things were people willing to suffer for? Yes, we are going to get boycotted. We're going to get sanctions. We're going to get whatever. But this is what matters to us, and it really matters. And in one of his papers, he gives two absolutely astonishing quotes. One of them from an Israeli, a right-wing Air Force general in Israel.
This was 25 years ago or so. This is somebody either him or his descendants have a lot to do with the hell that has been rained down on the civilians of Gaza. And he said something like, "You know, if only the damn people on the other side, if only those Palestinians would get that antisemitic crap out of their textbooks and stop teaching their kids that the Holocaust never happened, we could deal with them then." And then Atran went to one of the Palestinian leaders who came up with the following quote: "In principle, we have no problem with the Palestinian state encompassing all of our lands within the 1967 borders.
But let Israel apologize for our tragedy in 1948." What is he saying there? Okay, the establishment of Israel, this was like a crime of European imperialism, which it absolutely was. And this was Europe: yeah, we recognize like Christian white Europe has just spent the last 2,000 years murdering Jews and finally decided that like gassing 6 million of them in a couple of years is a bit too far and thought, "why don't we do something nice for the Jews for the first time?" "Let's give them somebody else's homeland," and deposited you folks there.
Okay. Okay. By agreeing to the 1967 borders. This is us saying, "Yeah, you guys were just survivors of Hitler, and colonialism is what dropped you here because the colonial countries would not allow you to immigrate there in large numbers." Okay, you guys got dumped there. But then came the catastrophe. Then came us losing our homeland.
Give back the land that you conquered since then, that you conquered, not the colonial Brits decided. Give the land back, but most of all, apologize. Say that we got screwed in 1948. And both of these people saying if they recognized our sacred values, "get antisemitic stuff out of your schools," "admit that we got screwed catastrophically in 1948." "Then we can talk." And as I said, the Israeli who said that was an Air Force general.
And the Palestinian who said that was a Hamas commander. 25 years ago. Each of them saying, "just give credence to our sacred values, and we could solve this," and they haven't. So what this is bringing us to, of course, is this point we've had over and over. What does it mean that you're willing to kill somebody because they've dissed your sacred values?
Why is this so important to you? Why is this symbolic stuff? In the 19th century, Britain having India as a colony, subjugating people there, and they had Indian troops that were doing their bidding. And at one point a rumor went around, apparently like if you had a 19th-century rifle, you have to grease bullets or something to put them in there to make them more slippery or something.
And a rumor went around with the Hindu troops that the bullets had been smeared with cow fat. And the rumor went around with the Muslim troops that the bullets had been smeared with pig fat, totally against dietary precepts. And this led to rioting and led to what was called the Sepoy Rebellion where thousands of Indians were killed by British troops over this: "You are desecrating our sacred values here." All of that.
Why is this so important? We know why it's so important. Because of the insular cortex. Because of the anterior cingulate. Because of all the ways in which your brain cannot distinguish between the literal and the metaphorical, and all the ways in which somebody's disgusting moral act is as viscerally disgusting as eating toxic food.
Última parada: la evolución
What we see here, the reason why material agreements can end wars, but recognition of each other's sacred values are what brings peace, is because the brain confuses metaphor with the literal. Okay, this transitions us now to our final domain, our final category here, which is evolution. We've gotten down to the bottom of the list here.
What does evolution tell us about why we are violent at our worst? What does evolution tell us about why we are so different from that when we are at our best? It's smooth sailing for why evolution should select for aggression, should select for violence and competition and domination. Individual selection. The whole point of individual selection is you are trying to maximize copies of your genes, because sometimes a chicken is just an egg's way of making another egg.
In that context, that makes perfect sense. And what we see is an explanation for the most common cause of homicide on this planet. And in addition, primates killing each other, which is male-male competition either directly or indirectly to access to females. Individual selection. That's the most common reason why a human on Earth would kill another human in culture after culture.
Male-male competition, indirect competition for status, strategies like infanticide, all of that. Individual selection. So that makes perfect sense. Kin selection. Not only would you lay down your life for two brothers or eight cousins, but you'd be willing to murder for two brothers or eight cousins if you were going to pay a high price for that.
Chagnon y los yanomamö
What you see there is, you know, that obviously makes sense. Status, kinship, all of that. Some years ago, a study that supposedly was going to turn this entire field on its head was published in Science by an anthropologist named Napoleon Chagnon. And he studied a group of horticultural hunters in the Amazon and Venezuela called the Yanomamö, famous for high levels of violence and retributive raiding between villages and stuff.
And this was mostly the work of Chagnon, who his first monograph about them was called something like Yanomamö: The Fierce People. Extremely violent cultures there, and that of course has gone through all sorts of revisionism. But at the very least at the time, Chagnon published a paper which was showing that over the course of the lifetime of Yanomamö men, the more individuals somebody had murdered, the more offspring someone was likely to have.
There you go: reproductive success. You couldn't ask more clearly that things like male-male violence having payoffs in terms of reproductive benefits, and like, there you go. That's the whole thing shown there. That study was eventually completely ripped apart because there was a slight problem that Chagnon had in there, which is he would look at like somebody who was killed in his very first battle with the guys across the way there.
And whoa, he never left any kids because he was like 16. And whoa, he never killed anybody because this was his first battle. And you looked at these grizzled old guys who had had their entire lifetime to kill other people in battle and their entire lifetime to have kids and grandkids. Oh, there was an age confound that did that in entirely.
That did that in completely there. So, the limitations of the individual selection argument, moving to kin selection, as I said three minutes ago before I remembered I had left out Chagnon. Moving to kin selection. Yeah, you're not only willing to lay down your life, but also to kill somebody at great risk for two cousins or two brothers or eight cousins, whatever.
Chimpancés, babuinos y bonobos
Kin selection is explaining the very core of us-them violence. And we see exactly how this plays out in patterns of chimp violence versus baboon violence. Baboon males leave their home troops at puberty. So, all of the adult males in the baboon group grew up someplace else. They're not relatives. They showed up around adolescence.
And what you see is, among baboons, you do not get territorial fights between troops. You get extremely high violence among the males within a troop because none of them are related to each other and none of them grew up counting each other's toes when they were playing. Or such is the case with chimps.
In contrast, it is the females who leave around puberty. All the adult males in the chimp group are siblings or cousins, or at the very least, somebody you have known since you were both tiny. And what do we see with chimps?
We see the invention of proto-warfare, organized violence, beginning use of weapons, a pseudo version of genocide against the next group over there. There's a lesson in the chimp thing, which is, when you have a group of males who are getting along really well (because of kin selection, familiarity, and stuff), groups of men who are getting along, or groups of males who are getting along really well, can be damn scary because if you're the neighbor, that's where you see that.
So, do we nonetheless see an inevitable outcome here of kin selection playing out? Intragroup violence in baboons because there's low levels of relatedness among the males. Intergroup violence among chimps because of high levels of relatedness among the males in a group. Are we looking at sort of inevitability here?
No. Because then you look at bonobos. Bonobos who break those rules because bonobo males are the ones who leave at puberty, and thus in a group of bonobos, the adult males are not relatives and such. And even though recent findings have shown that they have more aggression than people used to think, nonetheless, they have much lower levels than chimps overall, and this is despite none of them being related.
What's it about? It's because it is an ape equivalent of a matriarchal society. The females impose control there. The females have control. Okay? So, we come back to this issue we dealt with early on. Okay?
So remember, you really don't want to mate with a close relative because you'll have kids with six fingers, but you really do want to mate with a close relative because you've got compounded kin selection in your shared goals and all of that. Another version of this is, you know, your sibling is more related to you than your cousin, who's more related to you than an umpteenth cousin, all of that.
Daly y Wilson: el padrastro y el abuelo materno
And this has given rise to this Bedouin proverb. It's "my brothers, my cousins, and I against the world." It's "my brothers and I against our cousins." Who is an us and who is a them as a degree of relatedness can shift. Another version of what would count as kin selection. This was the work of this very influential sociologist, psychologist, a guy named Daly, who along with his unfortunately now deceased wife Wilson.
Daly and Wilson did these studies looking at patterns of within-family homicides, family members killing other family members. And this was up in Canada. So this was a rather rare thing, and it wasn't mired in sort of Southern US cultural honor stuff. And what they saw was: okay, you've got a kid growing up with their father versus with a stepfather.
A stepfather was vastly more likely to commit infanticide than a biological father. Okay, you're growing up in your family and you've got your mother's father and your father's father, and what do you see there?
Your mother's father: you are less certain of paternity there than of your own offspring. You see more homicide coming in that direction. Whoa, that's amazing. Kin selection, shared genetics, predicting all sorts of patterns of murder. This was a big controversial study, and what people soon showed was, it was explained just as easily: families where you have a marriage breakup and you have a stepfather in there, on the average, are poorer and more socio-economic duress, and that's a thing that increases violence.
So that was seemingly a vote for kin selection really driving patterns of violence in Westernized humans. Maybe not. What else do you see? You see all sorts of evidence of kin selection playing a role in our prepared learning. We're already heard one version of that, and we're soon going to be looking at that in much more detail.
That whole business of you stick somebody in a brain scanner and you flash pictures of faces, and the face comes up of somebody of a different race. And in about 75% of subjects, American WEIRD subjects, there's activation of the amygdala. And under a fraction of a second, we know that whole deal. What is that telling us?
In this sense, we have prepared learning along those lines, for some semblance of kin selection. This back to homogamy. People who look very, very, very different from us statistically are likely to share fewer genes with us than you find in more similar populations. So that is part of the story. We will soon be tearing apart that finding like crazy.
Pseudo-parentesco: bandas de hermanos
So Individual selection, murdering somebody for your own benefit, that plays a role in explaining a lot of male violence. Kin selection, evidence of that. Where we really get into interesting domain is when we have, rather than kinship, pseudo-kinship, where we've been dealing with a notion of that of green-beard effects from very early on: signs that you were similar enough to somebody else, where you've been taught that, you've been conditioned that, that on some implicit level they feel like a sibling.
They feel like someone you were willing to kill or die for. And every military on Earth throughout history has understood the principles of pseudo-kinship. Among the Maasai, for example, they have their warrior stage. Like a teenager becomes a warrior for about 10 years, and if he survives, as a 25-year-old he then settles down with his new 13-year-old wife.
And what you see during the warrior classes is all of them live together. You don't go home at the end of the day from being a warrior and hang out with your parents. They all live together. You are not allowed to have a meal alone. You can only share your meals with another warrior.
Everything yelling, "This is family behavior." When you are an ex-warrior and you marry somebody, for the rest of your life, your wife is expected to refer to somebody else who was in your warrior age class. Not a relative, but refer to them as brother-in-law. Pseudo-kinship lasting forever after. All these symbols. Every military does that with all sorts of slogans: "bands of brothers." Every revolution, people start calling each other comrade or brother or sister or such, pseudo-kinship being this very powerful force.
And in World War II, it was taken to an unprecedented extent because you had the most culturally and ethnically heterogeneous country on Earth fighting against some far more ethnically, culturally homogeneous ones: the US in World War II. And that's where you got these scenarios where, you know, straight out of the stereotypical movie, you've got the Irish guy from Boston and the Italian guy from Philadelphia as a soldier, and the black guy from Kentucky and the Polish guy from Chicago.
And they're side-by-side, they're fighting in the trenches, and "a band of brothers." And what people have shown is, in some of those circumstances, amazingly, a German-American soldier was likely to share more genes in common with the Nazi who he was at war with than the, you know, Polish guy sitting next to him.
This was an astonishing display of pseudo-kinship. You were willing to lay down your life for somebody who is less related to you in order to kill somebody who is more related to you. And this broke down in Vietnam. One of the reasons why Vietnam was so chaotically disastrous for the US, in its getting into a war it had no business in, morally, but I'm not going to get into that.
What you had there was a completely different system rather than the usual thing in military training. You get into basic training and you've got your group of guys, and it's these guys who are going to be together when you've got a day off to get drunk and get in trouble and all this, and then you're next to each other in battle, and these are your pseudo-siblings.
And Vietnam, for some reason, that broke down. You had people moving in and out of groups separately. So, you're in the middle of like some firefight in Vietnam, and the guy next to you is some kid who showed up last night. You don't even know this kid's name. He's this like rookie who shows up here.
And the guy next to you, if he survives this, he's going home. He's flying out to Hawaii tonight. Who's willing to give up their life for the other there? Vietnam was a very striking example of where pseudo-kinship training broke down. So, of course, hand-in-hand with pseudo-kinship in these cases of violence is pseudo-speciation, making the "them" seem so different that they hardly even count as human when you kill them.
Pseudo-especiación
And that is the backbone of propaganda. The Rwandan Hutus, when urging everybody on to have a genocide of the Rwandan Tutsis, didn't refer to them as Tutsis, as people, as humans. They were only "cockroaches." Jews as "vermin" in Nazi Germany, and the propagandistic posters about that. Muslims in Europe as "a cancer" in our white culture.
All of those get people thinking that way. You get people activating their insular cortex when they see the face of one of "them's," and you are halfway there towards having a band of buddies willing to pull off a genocide. So, pseudo-speciation. A remarkable example of that was seen during World War II, where you go through medical journals, American medical journals from the time, and there would be articles detailing how those Japanese, those Japanese, had different pain thresholds than normal humans did, had different autonomic functions than normal humans do.
They hardly even count as human. There was one astonishing example of pseudo-speciation that came before most of you guys were born: around 1990, during the First Gulf War. What happened? Iraq. Saddam Hussein, the dictator there, decided to invade nearby tiny Kuwait and take over the country and seize their oil fields. To this day, there's evidence that the Kuwaitis were doing something called slant drilling at the border between Iraq and Kuwait.
The Kuwaitis were building sort of big, empty, long things that oil was going to come up from at an angle. So, they were stealing oil from Iraq. There's evidence for that. But in any case, Iraq, 11 times the size of Kuwait, goes in there and takes over Kuwait. And this is a disaster for democracy because Kuwait had a monarchical, hierarchical country that had like zero sense of democracy.
But nonetheless, for our interests, what they mostly had was lots of oil. So the US got ready for the First Gulf War to go in there and boot the Iraqis out of Kuwait and liberate Kuwait back so they can go to their medieval, feudal system there. And so, getting America ready for the war, and there was support.
There was not overwhelming support for us getting involved in that. "Can't we like rip off somebody else's oil and not get involved in this one? No." "Freedom is at stake here." And then, during this period when there was sort of majority support for actually going into the war but not overwhelming, there was an incident.
An incident that defines pseudo-speciation. When the Iraqis invaded Kuwait, took over Kuwait City, what happened was, among other things, there was a nurse's assistant in the Kuwaiti main hospital there in the capital, a nurse's assistant who managed to escape and get out of Kuwait and got to the West and told a heartbreaking story.
She was working in a NICU, a neonatal intensive care unit, where extreme preemies were there in incubators keeping them warm enough and stuff. And what Iraqi troops were doing all over the place in Kuwait was pillaging and plundering and taking stuff to send back home. And Iraqi soldiers showed up in this ward, and they took the babies out of the incubators and left them on the floor to die, in order to steal the incubators.
"These people are hardly even human." "They leave babies on a floor to die." These people. These people. And this nurse's assistant testified in front of the US Congress about this, and all of America took a gasp at that, saying, "Oh my god, those people, they leave babies on the floor to die. They hardly even count as human." And very soon after that, the Senate authorized the war with two key senators who changed their vote and voted for authorizing it as a result of this nurse's testimony.
George Bush Sr. had, I believe, 92% support for going in there. "Can you believe these people? They hardly even count as human." And it wasn't until about 6 months later that what became clear was this individual who testified before Congress was not a Kuwaiti nurse's assistant who had escaped from there. Was not somebody who was working in a neonatal ward in a hospital there.
She was in fact the niece of the Kuwaiti ambassador to the United States, and a public relations firm hired by the US government had come up with this wonderful story and trained her in how to be a convincing witness for it, and she sat there and lied before the US Congress and lied before this whole country with this concocted story of "those people hardly even count as human." And a week later, the US was going in there with 92% approval.
So we see individual selection can sure be a means of generating violence. Kin selection. Traditional societies. Pseudo-kinship and pseudo-speciation are incredibly effective at getting people willing to kill and be killed for all sorts of causes that have been concocted. Okay. What we're poised now to do next time is look at all this bad news about evolutionary advantages of violence, at last to look at how has evolution shaped us, sculpted us into a species with the means of damping violence, the means of getting past intergroup conflict, of increasing empathy, all that.
Cierre: la buena noticia, el viernes
Where does evolution teach us some good news? So we are going to pick up with that on Friday.
Un hallazgo de la adolescencia que se me quedó
Seguimos con la agresión. Seguimos con los antídotos contra la agresión. Ya hemos cubierto buena parte de nuestra lista. Hemos hecho la adolescencia, la infancia, la vida fetal, los genes. Estamos listos para seguir, solo que hay algo que se me olvidó, un hallazgo de la sección de la adolescencia que es una pasada. Es tan bueno que, como veis, se me olvidó; aquí lo tengo, es lo que viene a continuación.
Este único diagrama resume todo lo que hay que saber sobre la adolescencia. Tenemos adultos, adultos metidos en un escáner cerebral, y reciben una recompensa. Les dicen que hay tres tamaños de recompensa posibles: pequeña, mediana, grande. Y lo que vemos es que, con los adultos, cuando les toca la pequeña se libera un poco de dopamina; con la mediana, todavía más; con la grande, todavía más.
Una relación dosis-respuesta perfectamente lógica. Así que ahora miramos a los adolescentes cuando reciben la recompensa mediana, y es más o menos igual que en los adultos. Y ahora les toca la grande, y se disparan. Y les toca la pequeña y no solo no hay una pequeña subida de dopamina, sino que hay una bajada en la liberación de dopamina.
Esto es la adolescencia como un giroscopio. Esto es la adolescencia como que los bajos son más bajos y los altos son más altos. Y ahí lo tenéis todo, en eso. Vale. Pues lo que hemos alcanzado ahora en nuestra siguiente categoría, ahora que llegamos a cultura y ecología, es cultura y ecología. Dejadme empezar intentando daros una idea de, ya sabes, la pura amplitud de maneras en que la vida puede resultarte distinta.
La lotería de nacer aquí o allá
Y lo que tenemos aquí son algunas comparaciones. Mónaco: 93; Angola: 39. Esto es, si hubieras nacido hoy en cualquiera de esos dos países, cuál sería tu esperanza de vida. Las probabilidades de que te enseñen a leer: Latia frente a Nishair. Ah, y aquí las probabilidades de que te mueras en tu primer año de vida: más del 10 % de los niños en Afganistán.
A ver, aquí. Tenemos las probabilidades de que te mueras intentando dar a luz. Si Estonia es 1x, Sudán del Sur es más de mil veces. Si fueras una chica en Sudán del Sur, las probabilidades de que te mueras intentando dar a luz son mayores que las de que termines el bachillerato.
Más de estas: la probabilidad de que te asesinen. Honduras: la probabilidad de que te violen. Probabilidad. Ah, y luego está esto: haces estos estudios transculturales y le preguntas a la gente: «¿Eres feliz?». Y el 93 % de la gente en Finlandia dice que sí. Y el 23 % de la gente en Armenia dice que sí. Una amplitud increíble, increíbles maneras tan dispares en que el azar te deposita en una cultura o en otra.
Otro estudio que plantea esto de una manera interesante. Este miraba una multinacional cualquiera que tenía gente en países de todo el planeta y les preguntaba a los que trabajaban allí lo siguiente: ¿en qué circunstancia romperías un poco las reglas para ayudar a alguien?
Y la respuesta era que depende de en qué cultura estés. En China, la respuesta más frecuente era: «Si es mi jefe, si es alguien de rango superior al mío». En España, la respuesta más común era: «Si es un amigo mío». En Estados Unidos, «si es alguien que me ha ayudado en el pasado». Imágenes increíblemente distintas.
Así que, dado eso, vamos a mirar, vamos a mirar un surtido de contrastes culturales dramáticos que resultan relevantes no solo para la conducta, sino para todos los pasos hacia el significado. Y dicho esto, eso nos devuelve de inmediato a esto: gran parte de la cultura se transmite a través de la crianza, de los estilos de crianza.
Individualistas y colectivistas
Vale. Empezamos con la gran dicotomía, y todo el que hace estas cosas transculturales, la distinción a la que todos van, la distinción entre culturas individualistas y culturas colectivistas. Esta es la gran división en la que acaba la mayor parte de la investigación. Y si haces esto, la inmensa mayoría de estos estudios se centra en los modelos de portada de las sociedades individualistas, los estadounidenses, o en los modelos de portada de las sociedades colectivistas, los del sudeste asiático.
Pero hay estudios que miran, en Turquía: pescadores que viven justo junto al mar; un poco más adentro, en las montañas, hay pastores, y muestran culturas distintas allí y tal. Individualistas frente a colectivistas. ¿Cómo son las diferencias?
¿Qué te importa en cuanto a las relaciones? Normalmente le preguntas a alguien de una cultura individualista: «Háblame de ti». Y dirá: «Bueno, soy médico, soy fabricante de candelabros». Le preguntas a alguien de una cultura colectivista y la respuesta más común será algo como: «Bueno, soy un hijo, soy una madre, soy un cónyuge». Lo relacional está en lo más alto de la lista.
Analítico u holístico: los ojos, el sociograma y el conejito
¿Qué más sale? ¿Qué más? El procesamiento cognitivo. Más analítico, local, en las culturas individualistas. Más integrador, holístico, en las colectivistas. La manifestación más asombrosa de individualistas frente a colectivistas la ves en un estudio en el que le muestras a la gente una imagen compleja en la que hay alguien en el centro y un montón de cosas pasando.
Y el patrón de búsqueda ocular más frecuente en alguien de una cultura individualista es mirar la cara, mirar primero (y ya sabemos que se mira primero a los ojos), todo eso, pero mirar a la figura clave del centro. Y en las personas de culturas colectivistas, el patrón de búsqueda más común es recorrer primero el conjunto entero y solo después fijarse ahí.
Piensa en eso. Esto no es sentar a alguien y preguntarle: «¿Qué es lo que más valoras en la vida?». Esto es proyectar una imagen y ver adónde van los ojos en la primera fracción de segundo. Cosas implícitas. Y, como aprendimos en su momento, con la amígdala, parte de lo que hace es decirte dónde mirar.
En la paciente SM, lo que estamos viendo aquí es que la cultura en la que te crías le está diciendo a tus músculos oculares dónde mirar en una fracción de segundo. Asombroso. Más versiones de diferencias. Sientas a alguien y le pides que dibuje un sociograma, que consiste en que escriba su nombre y lo ponga en un círculo, y luego dibuje en círculos a todos los demás que importan en su vida, y más o menos cómo están conectados entre ellos y cómo están conectados contigo.
Y sientas a alguien de una cultura individualista, ¿y qué hace? Pone su círculo justo en el medio, y es el más grande. Y haces lo mismo con gente de culturas colectivistas, y ves que su círculo es uno más entre muchos. No está en el centro; puede incluso ser más pequeño que la media de los otros.
Un gran ejemplo de esta diferencia. Pues vamos allá. Vale. Aquí tenemos el dibujo de un conejito. Un conejito. Y la persona mira al conejito. Y en la imagen hay otras dos cosas. Una es este ungulado totalmente inespecífico. Y esto es una zanahoria. Así que le dices a la persona: «Aquí tienes este conejito.
¿Cuál es la agrupación más lógica? ¿Con cuál de estos agruparías al conejito?». Y la gente de culturas individualistas es más propensa a elegir el ungulado. ¿Cómo es eso? Porque están en la misma categoría: son animales. Aquí hay un animal, aquí hay otro. La gente de culturas colectivistas es más propensa a irse a la zanahoria. ¿Por qué?
Influir y ser influido: lo que delata el cortisol
¿Cuál es la explicación más común? Pues que si tienes un conejo, necesita comida. Ahí tienes cosas relacionales en vez de categoriales. Otros: un gran estudio que nos empuja al terreno de lo endocrino. Sientas a alguien de una cultura individualista y le preguntas: «Cuéntame algunas veces en que tú influiste en otras personas. Cuéntame algunas veces en que otras personas influyeron en ti». Y luego haces lo mismo con alguien de una cultura colectivista.
Probablemente ya adivinas por dónde va esto. De entrada, la persona de la cultura individualista da muchos más ejemplos de cuando ella ejerció influencia que de lo contrario. La gente de culturas colectivistas es más propensa a citar circunstancias en las que otra persona influyó en ella y no al revés.
Y ahora indaga de verdad y di: «Ah, qué interesante. Acabas de citar un caso en que tú influiste en alguien y un caso en que alguien influyó en ti. Cuéntame más de cada uno. Dame más detalles». Y lo que mostraron en el estudio es que cuando le pides a alguien de una cultura individualista que te cuente con detalle la vez en que alguien influyó en él, la vez en que fue influido por otra persona, le aumenta la secreción de glucocorticoides.
En cambio, pregúntale a alguien de una cultura colectivista por una vez en que él ejerció influencia sobre otro, y le suben los niveles de glucocorticoides. ¿Qué otras diferencias? La clásica, que no es tan limpia como la gente suele pensar: las culturas individualistas son culturas de la culpa; las colectivistas son culturas de la vergüenza. Unas en las que importa más el espíritu de la ley y la percepción que se tiene de ti que la letra de la ley.
Uf. Y me pregunto si eso genera algo a la hora de tomar decisiones sobre normas morales y sobre cómo hay que tratar a alguien. Lo que eso sugiere es que la gente de culturas individualistas que se preocupa por la culpa usa preferentemente la corteza prefrontal dorsolateral. La gente de culturas colectivistas que en cambio piensa en la vergüenza, eso es más bien la prefrontal ventromedial, lo cual tiene todo el sentido, y creo que ha habido un estudio que lo ha mostrado.
De dónde vienen: el arroz de inundación
Vale. ¿Y de dónde vienen estas diferencias culturales? Pues, como con buena parte de este material cultural, de factores ecológicos. ¿Cuál es el gran predictor, a escala mundial, de las culturas colectivistas? La exigencia de una agricultura colectivista. Y en el sudeste asiático eso es el cultivo del arroz. Es alucinante la escala de cooperación que hace falta.
Todo el pueblo se presenta un día para plantar los cultivos de esta persona, y al día siguiente se presentan todos para plantar los de aquella, y cuatro meses después vienen todos allí a cosechar, y todo eso. Así que eso es bien colectivista. O igual este pueblo está manteniendo un sistema complejo de terrazas en no sé qué colina, en el que tienen que trabajar de forma colectiva.
Y luego, de forma pasmosa, encuentras que en estas zonas de arroz de llanura inundable del sudeste asiático hay sistemas de riego que vienen de montañas a 40 kilómetros de distancia. Y ese sistema de riego lo mantienen 50 aldeas entre un punto y otro para asegurarse de que funciona. Y ese sistema de riego se ha mantenido así más de 2.000 años; hay casos documentados.
Así que tienes una ecología que te construye unos tipos agrícolas en los que necesitas cantidades enormes de trabajo cooperativo, colectivo, y todo eso. Y miras un sitio como Estados Unidos y, en su mayor parte, no hay cultivo de llanura inundable. Hay trigo, que es un proceso mucho más individualista. Y dirás: «Ah, espera un momento.
¿No es verdad que el Sur de Estados Unidos ganaba un montón de dinero, en su día, con un cultivo de llanura inundable, grande, colectivista, que requería mucho trabajo coordinado? El algodón». ¿Resolvió el Sur de Estados Unidos eso con una cultura colectivista?
Dopamina, migración y el gen DRD4
No, eso lo resolvieron con la esclavitud. Así que esta demografía da lugar a un patrón muy interesante: una historia de migración. Dopamina, receptores de dopamina. Ya conocemos el receptor de dopamina D4. Hay variantes suyas más asociadas con la búsqueda de sensaciones, la búsqueda de novedad, el no parar quieto, cosas de la atención, el TDAH, cosas de ese tipo. Y «un estudio asombroso que se hizo hace unos años, de Kenneth Kidd y sus colegas de Yale, examinó en todo el mundo la distribución de estas variantes alélicas»: qué porcentaje de la población tiene la versión buscadora de novedad del receptor de dopamina D4.
Y les salió una cifra tan interesante que básicamente muestra que cuanto más lejos de África migraron tus antepasados hace 80.000 años, mayor es el porcentaje de tu población que tiene la variante buscadora de novedad. Y miras: la gente del nordeste de África, más bien bajo; Europa, Asia occidental, más bien bajo. Te vas a sitios como Siberia, y la prevalencia de la buscadora de sensaciones va subiendo.
Y entonces empiezas a pensar en los que se habían asentado con una vida perfectamente agradable en Siberia y dijeron: «¿Sabes qué? ¿Por qué no cogemos ese puente de tierra, vamos a ver qué hay en Alaska y cruzamos al hemisferio occidental?». Mayor incidencia. Y luego miras la migración que tuvo lugar a lo largo de, no sé, los últimos 10.000 años.
No me acuerdo de cuál es el número, pero los que llegaron desde el estrecho de Bering y se quedaron en algún punto de Canadá y decidieron que ya era suficiente. Y luego los que llegaron a Centroamérica, y los que tenían tanto gusanillo que acabaron en el sur de Sudamérica. Y ves que en cada uno de esos casos, en las poblaciones indígenas, hay una incidencia mayor de la variante buscadora de novedad del gen.
¿Qué te está diciendo eso? Es la historia de la migración humana. Y es una historia de cuánto estabas seleccionando a favor de gente que busca novedad, gente que quiere ver qué hay al otro lado de la siguiente cordillera, y «¿por qué no nos mudamos todos allí a ver si la hierba es más verde?». Así que, en conjunto, es un hallazgo notable.
Creo que es más o menos la cosa más molona del planeta. Y luego miras su diagrama resumen y ves algo interesante. Lo que vemos ahora es que la gente de Asia central, la gente de Siberia, cosas de ese tipo, ha migrado una distancia considerable a lo largo de los miles de años desde África, y eso se ve en una incidencia relativamente alta de esta variante alélica.
Y luego miras el sudeste asiático, y migraron todavía más lejos, y allí hay esencialmente casi cero aparición de estas variantes buscadoras de novedad, buscadoras de sensaciones, del receptor de dopamina D4. Y ya conocemos, de cuando vimos genética molecular, los conceptos de selección positiva y selección negativa. «Estas variantes buscadoras de sensaciones e individualistas de este gen han sido seleccionadas en contra muy activamente en el sudeste asiático a lo largo de miles de años.»
Talhelm: arroz y trigo dentro de China
Así que eso es totalmente interesante. Y ahora llegas a algo, una de esas excepciones que confirman la regla. Un trabajo maravilloso de este tipo llamado Thomas Talhelm, en la Universidad de Chicago. En lo que se fijó fue en que, vale, en el sudeste de China predomina el arroz de llanura inundable. En el norte montañoso de China, en cambio, es trigo.
Colectivismo en el sudeste, agricultura individualista en el norte. Y ha hecho un montón de estudios que muestran composiciones psicológicas completamente distintas entre los trigueros y los arroceros de China. Coges a los trigueros y, en todas esas cosas de dibuja un sociograma, cuéntame cosas de ti, la prueba del conejito, lo que sea, son tan individualistas como la gente de Manhattan, extremadamente individualistas.
Y luego miras a la gente de las zonas arroceras y ves el perfil estereotípico de las culturas colectivistas. Después hizo un estudio en el que miraba a los descendientes de esa gente. Los nietos que estaban en la universidad, la Universidad de Pekín o la que fuera. No son los agricultores. Son los nietos de los que se largaron de allí y que andan a menudo por la universidad, volviéndose, no sé, sofisticados, y topándose con toda clase de diversidad, bla, bla, todo eso.
Y miras en qué acaban convirtiéndose: y ves que la gente de las regiones trigueras tiene una incidencia mayor de solicitar patentes por inventos propios. Tienen una incidencia mayor de divorcios, comparados con la gente del sudeste de China cuyos abuelos eran los arroceros. Esto es una circunstancia. Creo que esto nos lleva a la primera clase: ese estudio en el que este hombre entró en un Starbucks de Pekín cerca de la universidad y puso dos sillas juntas entre las mesas, donde, ay, no cabe uno del todo si intentas pasar por ahí.
Las sillas del Starbucks
Así que tienes una opción. O separas las sillas, o rodeas todo el conjunto. Y lo que mostró en este artículo científico tan chulo fue que la gente de las partes colectivistas y arroceras de China era más propensa a rodear. Los individualistas del norte, trigueros, son más propensos a apartar las sillas de un empujón.
Eso sale como hallazgo. Vale, así que vemos eso, lo vemos como maneras muy distintas de acabar siendo. Claro, ya he aludido, por ejemplo, a la coevolución de los subtipos de receptores de dopamina con la historia de migración de uno, y con los valores selectivos, digamos, culturales de uno, y todo eso. ¿Estamos viendo los genes como una inevitabilidad?
Los genes no son el destino
No, a estas alturas ya sabes que eso es un sinsentido, y lo tiras a la basura. Entonces, ¿cómo demuestras eso? Mira a gente de primera generación, de segunda generación, de distintas partes del mundo que se ha mudado, por ejemplo, a una cultura muy individualista como la estadounidense, y ves que en la generación de los hijos, en la de los nietos, aparece el individualismo que han adoptado de la cultura de alrededor.
Aquí no estamos viendo ninguna inevitabilidad genética, en absoluto. Vale. Otro contraste importante. ¿Cómo te ganas la vida tradicionalmente, a lo largo de los siglos, de los miles de años? ¿Cómo te llevas comida a la boca?
Tres maneras de ganarse la vida
Y hay tres opciones amplias. Tradicionalmente podías ser cazador-recolector, que es lo que fuimos los humanos durante aproximadamente el 99 % de nuestra historia. Podías ser agricultor, o podías ser pastor: rebaños, manadas de animales domesticados, más o menos de la misma antigüedad. Y ya hemos oído que hay una relación entre la gente que vive en el desierto y el monoteísmo, y las culturas del honor y las tasas altas de violencia, y sobre todo de violencia retributiva, de violencia de clan de ida y vuelta.
El Sur y la cultura del honor
Y con eso te encuentras en el Sur de Estados Unidos. El Sur de Estados Unidos. Al Sur de Estados Unidos se le atribuye desde hace mucho, entre sus varias diferencias culturales con el resto del país, una tasa alta de violencia. Más o menos el doble de homicidios que el resto del país. Y la gente lleva mucho tiempo intentando entender de qué va eso.
Y hay cosas interesantes en los niveles altos de violencia, de asesinatos, en el Sur, porque son de un tipo especial. No ocurren cuando alguien está atracando un 7-Eleven. El aumento de muertes se atribuye de forma desproporcionada a gente que vive en zonas rurales y que ha acabado matando a alguien a quien conoce.
Y esta es la marca distintiva de una cultura del honor. Alguien te ha faltado al respeto, en una reunión familiar, y alguien se le insinúa a tu novia o a tu novio, y antes de que acabe la cosa, le has pegado un tiro. O cosas de honor. Se cuenta del Sur de Estados Unidos que, al empezar la Guerra Civil, cuando los chicos se iban a luchar, sus madres les decían: «O vuelves victorioso o vuelves en un cajón de pino». No existe la opción de rendirse, cosas de ese tipo.
Así que vemos eso, vemos crímenes de honor en el Sur de Estados Unidos. Esa es la explicación de las tasas de violencia más altas de allí. Eh, eh, no vemos a mucha gente paseando por Kentucky con sus rebaños de camellos ni cosas así. Hay una teoría desde hace mucho sobre de dónde viene eso.
Las colonias del nordeste de Estados Unidos fueron colonizadas preferentemente por peregrinos. Los estados del Atlántico medio, por gente mucho más mercantil y urbana, de tipo cuáquero. Pensilvania. El Sur de Estados Unidos se pobló de forma desproporcionada con gente que venía del norte de Inglaterra, de Escocia, pastores salvajes de allá arriba que llegaban con culturas del honor. Hace años, en Kenia, mi mujer y yo estábamos por Campane, donde teníamos nuestro sitio de campo.
Kenia: los maasái y el ganado robado
La tribu más cercana eran los maasái, y me pasé décadas conviviendo con ellos y conociendo un poco su cultura pastoralista tan característica. Y hubo un día en que nos despertamos y oíamos en el poblado, a kilómetro y medio, a todo el mundo gritando y chillando. Los maasái no gritan ni chillan.
Son flemáticos hasta decir basta. Y luego oímos un segundo poblado donde la gente empezó a hacer lo mismo, y luego el tercero. Algo se estaba extendiendo. Algún tipo de noticia se estaba extendiendo. Así que fuimos para allá, condujimos hasta allí, y resultó que durante la noche otra tribu de pastores, su enemigo tradicional, una tribu llamada los koryak, había hecho una incursión de ganado, había hecho un poco de robo de ganado como en el Oeste americano, y se había llevado la mayor parte de sus rebaños durante la noche.
Así que eso es como una catástrofe. Sacabas la mayor parte de tus calorías de tus vacas, mucho más. Así que es una catástrofe honorífica, y ahora estaban a punto de ir a pelear con los koryak y recuperar sus vacas. Y mi mujer y yo cometimos un patinazo cultural monumental, que ofrecía una oportunidad de pasar una vergüenza y un bochorno increíbles.
Les dijimos a nuestros amigos de allí: «¿Os acercamos? ¿Queréis que os llevemos al campo de batalla?». Y eso habría sido lo más humillante del mundo. Lo que se supone que tienen que hacer ahora es correr. Correr 30 kilómetros, 80 kilómetros, lo que hayan avanzado los otros con el ganado. Y luego tienes tu batalla.
Y no recuerdo cómo acabó aquella batalla, pero la batalla de un año antes dejó 22 maasái y koryak muertos. Esto es una cultura del honor, y llevar a alguien en coche hasta, ya sabes, su batalla, y preguntarle si quiere un bocadillo antes de irse a eso... eso es violarlo todo.
Lo que es particularmente interesante, y esto es trabajo que ha hecho Jared Diamond, es fijarse en que este es un planeta dominado por los descendientes de pastores del desierto. En su libro Armas, gérmenes y acero, analiza por qué el mundo acabó siendo predominantemente judeocristiano, musulmán, de descendientes de pastores que vivían en el desierto; cómo acabaron conquistando el mundo ellos, en vez de ser las culturas dominantes del planeta los cazadores-recolectores o los horticultores o cosas de ese tipo.
Así que una cosa que sin duda ayudó fue la agresividad, las clases guerreras, cosas de ese tipo. Otra historia maasái que era sencillamente encantadora y rarísima: a 150 kilómetros había una especie de capital comarcal que era una gran trampa para turistas que venían de safari, y había un montón de tiendas de curiosidades donde podías comprar una lanza maasái, y las tenían allí disponibles.
Y esa era una zona que estaba justo en la frontera con otra tribu enemiga. Y un día estalló algo, y hubo violencia de todo tipo. Y los maasái de allí asaltaron las tiendas de turistas para llevarse las lanzas antes de ir a pelear, lo cual a mí me pareció maravilloso. Y bien, todo este asunto de una cultura del honor que desciende del pastoralismo y del Sur de Estados Unidos produjo uno de los grandes estudios de todos los tiempos en psicoendocrinología.
El golpe en el pasillo: el experimento de Nisbett
Esto fue trabajo de Richard Nisbett, de la Universidad de Míchigan, uno de los decanos de todo este campo. Y el experimento iba así. Tú, un estudiante voluntario, vas a ese laboratorio a hacer no sé qué estudio, y llegas puntual. Sales del ascensor, y el laboratorio está al fondo del pasillo, y caminas por el pasillo, y resulta que el pasillo es más bien estrecho porque tienen archivadores y todo tipo de trastos allí.
Es un poco estrecho. Y mientras caminas por allí, alguien viene hacia ti, alguien que va al ascensor, alguien que en realidad trabaja en secreto para el proyecto. Y lo que pasa es que, si es un voluntario varón el que va por ese pasillo, este individuo que viene hacia él, que es un tipo grande y corpulento, lo que hace es darle un golpe en el hombro al pasar.
Y esta es la primera y única vez que he visto esta palabra en la literatura científica. La persona dice: «¡Ojo por dónde vas, capullo!». Y desaparece. Y nuestro sujeto, que acaba de tener este encuentro, entra ahora al laboratorio. Y lo que mostraron fue que, si no te habías encontrado con esa persona en el pasillo, la defensa de la violencia, cosas de ese tipo, el reconocimiento implícito de caras amenazantes, todo eso, no difería en nada entre los estudiantes del Norte y los del Sur.
Pero los que acababan de tener ese encuentro, los estudiantes del Norte, lo mismo. ¿Qué harías en una circunstancia así? ¿Negociarías? ¿Matarías a la persona? ¿Cuál sería lo correcto?
Ese tipo de preguntas. Y ahí no había diferencia. Y los estudiantes del Sur defendían la violencia a más no poder. Y lo más interesante: ellos, a diferencia de los del Norte, tenían un aumento enorme de los niveles de glucocorticoides y de testosterona. Dónde estabas, dónde te criaste, con qué valores te educaron, afecta por completo no solo a cómo responde tu mente, sino a cómo responden tus glándulas ante algo que interpretas o no interpretas como un desafío al honor.
Otra versión de eso: una vez oí una conferencia de un tipo que era de esta gente que estudia el Sur, del tipo criminología. Se crió en el Sur, y creo que fue a la Universidad de Alabama y luego hizo el doctorado en Harvard. En su conferencia hizo este comentario: «Vale, cuando llegué a Harvard, fue lo más desorientador culturalmente que jamás habría podido imaginar en mi vida, según iba aprendiendo cómo se comportaba la gente allí.
Es lo más raro. La gente hacía meriendas del 4 de Julio para toda la familia, y nadie le pegaba un tiro a nadie». La cultura del honor, otra vez. Vale. Otro contraste que aparece en la literatura una y otra vez va más bien en un continuo. Cuánta estratificación, cuánta desigualdad, cuánto autoritarismo, cuánto control de arriba abajo hay en la cultura.
El capital social
Lo que ves es que tiene un impacto muy fuerte en uno de los conceptos más importantes de aquí. Algo que llegó a llamarse capital social. Capital. ¿Cuánto dinero tienes en el banco?
Tus recursos financieros. Capital social. Esto lo acuñó Robert Putnam, un sociólogo de Harvard. El capital social es cuánta pro-socialidad social tiene tu comunidad, en cierto sentido, guardada en el banco para poder tirar de ella. Y hay un montón de maneras de acceder al capital social y ver cuánto hay de eso en la comunidad.
Y, cómodamente, te enteras de un montón sobre eso haciéndole a la gente dos preguntas. Te acercas a alguien y le dices: «Vamos a ver, en general, ¿se puede confiar en la gente?». Estás yendo más allá de la familia, de la gente de tu comunidad, de la gente que se te parece, pero simplemente, en general, «¿se puede confiar en la gente?». Y «¿a cuántas organizaciones perteneces?». Y las respuestas a esto predicen muchísimo, para empezar, los niveles de confianza, obviamente la disposición a cooperar.
¿Cuánto poder colectivo crees que tienes? ¿Estás en un sindicato? ¿Estás en una liga de bolos? ¿Estás en lo que sea? Estas dos respuestas dicen muchísimo sobre los niveles de delincuencia de una sociedad. La desigualdad de ingresos dice muchísimo sobre la salud y la esperanza de vida, y todo eso. Así que mucho de eso acaba diciéndote: las culturas desiguales no solo son más miserables con los que no tienen, y no solo son peores para la salud de todos, sino que tienen niveles de delincuencia más altos.
Esto conecta con un punto que ya teníamos: la pobreza no es un predictor del delito violento. La pobreza en medio de la abundancia, ver lo que no tienes, que te restrieguen por la cara lo que no tienes, sí. Y eso añade un matiz más a todo esto que describe bastante bien una buena parte de lo que va mal en el mundo.
Cuando tienes una sociedad muy desigual y ves más delito por parte de individuos de estratos socioeconómicos más bajos, ¿están entrando a robar en las mansiones de la clase dirigente? No. El delito de los estratos socioeconómicos bajos se ceba abrumadoramente en gente parecida a ellos. La rabia, lo que sea, se dirige hacia lo local. Esto generó una de las cosas verdaderamente inesperadas de la teoría de juegos aplicada al dilema del prisionero.
El castigo antisocial
Un estudio de hace unos años: «Ernst Fehr, en algún sitio de Alemania, hizo este estudio transcultural masivo, de unas 60 sociedades distintas». Sí, esto fue más o menos cuando la gente estaba aprendiendo lo de WEIRD y los problemas de eso. Así que miraban estrategias de dilema del prisionero y luego el juego del ultimátum, que también va a cuán generosas son las ofertas que le haces a alguien, y miraban si hay diferencias culturales en cómo juega la gente a estos juegos.
Y había diferencias enormes, diferencias masivas, por ejemplo, en cuánto ofrecía alguien cuando tenía que repartir un bote entre él y tú. Y esa persona: lo tomas o lo dejas, pero si no lo tomas, ninguno de los dos se lo lleva. La posibilidad de represalia entra en estos juegos. Y vieron diferencias tremendas en cuán generosa era la gente con las ofertas que hacía, y una correlación fuerte con el capital social de ese país, de esa sociedad.
Las culturas en las que la gente no se fía de los demás y no tiene ninguna sensación de eficacia colectiva. No hacen ofertas generosas. Ofrecen justo lo que pueden colar. Y eso era una diferencia. Y luego introducen el siguiente elemento, que es la posibilidad de castigo, de castigo en segunda persona, y ya veremos pronto qué le hace eso a la cooperación.
Alguien se porta como un idiota, y tú puedes gastar una cierta cantidad de tus recursos para castigarle todavía más. Renuncias a una unidad de lo que sea para que a él le quiten dos. Castigo. Entonces, ¿con qué facilidad ves castigo en distintas sociedades?
Y era algo distinto. Correlacionaba un poco con el capital social. Pero entonces descubrieron algo que nadie había visto nunca antes en estos estudios, algo a lo que acabaron llamando castigo antisocial. Los jugadores castigaban al otro individuo no cuando se estaba portando como un egoísta. Los jugadores castigaban a otros individuos por hacer ofertas demasiado generosas.
Castigas a la gente que es demasiado generosa. ¿A que es rarísimo? ¿Dónde ves eso? En culturas en las que temes que, si se les ve generosos, se va a esperar que los demás lo seamos también, ¿no?
¿Y dónde ves casi cero de eso en sus estudios? Sí, claro. Los escandinavos, y todo eso. ¿Y dónde ves los niveles más altos, algunos de los países más miserables para vivir en términos de capital social?
Everest: la jerarquía sube y mata
Por ahí van los tiros. Los países del antiguo bloque soviético no acaban nunca jugando al dilema del prisionero con alguien de Moldavia, porque están entre los más propensos a castigarte si haces algo generoso. Así que hay diferencias tremendas en eso. Otra manera interesante de mirar las distintas consecuencias de culturas más estratificadas frente a las igualitarias. Este fue un estudio hecho hace unos años que miraba a escaladores, escaladores de expediciones al Everest.
Y en aquel momento había habido un total de 30.000 personas que habían intentado escalar el Everest. Y los investigadores se remontaron a los registros y pudieron identificar equipos formados por gente de un solo país. Así que era bonito y claro. Aquí un equipo de la India. Aquí un equipo de Noruega.
Aquí un equipo de Estados Unidos, o lo que sea. Y miraron dos medidas en función de cuán estratificadas o igualitarias eran las sociedades. Y la gente que venía de sociedades jerárquicas y estratificadas —las tasas más altas de esto en la India, China y Rusia— tienen la mayor probabilidad de tener éxito, de llegar a la cima del Everest, y también es más probable que se les muera alguien en la ascensión.
Siendo eso una manifestación tan buena y tan clara de esto. Si quieres ir al Everest y, bueno, estaría bien llegar a la cima, pero tampoco es tan importante porque lo que sobre todo quieres es volver a casa para poder enseñarle fotos a la gente: sé noruego. Vale, esto nos lleva a un tema que ahora corta transversalmente un montón de culturas distintas, y es, creo, en cierto modo, el más importante para entender la cultura y la violencia y los antídotos contra la violencia.
Valores sagrados: lo que no se negocia
Y es toda la noción de que las culturas tienen valores sagrados, símbolos sagrados. Y puedes apostar que vamos a meternos pronto en el cerebro metafórico. Valores sagrados: cosas que no te ofrecen ninguna ventaja material, cosas que de hecho son desventajosas, pero que son increíblemente importantes para tu cultura por razones puramente simbólicas. O, dicho de una manera más amplia: cosas por las que estás dispuesto a matar o a morir. Valores sagrados.
Pues esta investigación la hizo este antropólogo, Scott Atran, en colaboración con Robert Axelrod (ya lo recordaréis, de cuando hizo el primer estudio del dilema del prisionero con sus ordenadores), de la Universidad de Míchigan. Colaboraron y hicieron estudios con culturas de todo el planeta, mirando toda esta noción de los valores sagrados.
Y, en cierto sentido, a lo que llegaron como conclusión es que, cuando resuelves las diferencias materiales e instrumentales entre tú y tu enemigo —resuelves derechos de agua, resuelves intercambios de tierras y reparaciones y cosas de ese tipo—, eso es lo más eficaz para acabar una guerra.
Pero si quieres hacer una paz duradera, reconoces y honras y le das validez a los valores sagrados del otro; esa es la manera de hacer una paz duradera. Y hay ejemplos extraordinarios de eso, en los que no solo se detiene la violencia, sino que reconocer la validez de los valores sagrados de otra cultura tiene efectos enormes.
El lado oscuro: canciones, camisetas y viñetas
Primero, el lado malo de esto: toda esta noción de que hay cosas por las que estás dispuesto a matar o a morir, y que no tienen nada que ver con nada material. Aquí van algunos ejemplos, en cierto sentido, de valores sagrados y de cosas de cultura del honor en acción. Esto fue hace unos años: Filipinas prohibió que los karaokes pusieran esta canción, «My Way». En realidad, ¿se llama solo «My Way», de Frank Sinatra?
Es una balada grandilocuente, muy de darse golpes en el pecho. Del tipo «todo lo conseguí yo solo». Y era muy popular en los karaokes, y cuando los tíos la cantaban se interpretaba como algo de marcarse el territorio, de darse golpes en el pecho, y un montón de gente se pegaba tiros entre sí en los karaokes por esto, tanto que Filipinas tuvo que prohibirla.
Otro ejemplo: hace unos años, un adolescente que tenía... bueno, esto no era una experiencia única, pero este caso se entendió bien: el chaval, que tenía un deterioro del desarrollo y no estaba muy al tanto de las cosas, entró en una tienda de conveniencia con una camiseta de los colores equivocados, de la banda equivocada, y lo mataron.
O, no hace tantos años, una redacción entera de dibujantes en Francia fue asesinada, fue segada por ofender los valores sagrados de personas musulmanas que no quieren que se haga nunca ningún tipo de dibujo de Mahoma. Y no eran solo dibujos, sino algunos bastante hostiles y satíricos. Y ahí muere un montón de gente, asesinan a gente por qué canción están cantando, por de qué color es la camiseta que llevan, por una viñeta que han dibujado.
Dar validez a los valores sagrados del otro
Esta es la esencia de los valores sagrados: estás dispuesto no solo a actuar irracionalmente, sino incluso a actuar en contra de tus propios intereses materiales en defensa de cosas así. Y empezamos a ver aquí ejemplos de cuándo le das credibilidad a los valores sagrados de otro grupo. Ahí es cuando no solo paras las guerras, sino cuando haces la paz.
Primer ejemplo: todos estos son notables. Todos estos son de los que te llegan al corazón. El primer ejemplo, y esto fue en Oriente Medio, después del primer acuerdo de Camp David entre Anwar Sadat, de Egipto, y Menachem Begin, de Israel, y un primer tratado de ida y vuelta. Y a raíz de eso, como era de esperar, lo que pasó fue que a Anwar Sadat lo asesinó alguien de su propio bando, igual que Gandhi, al intentar conseguir la paz entre los hindúes y los musulmanes en el sur de Asia, lo mató alguien de su propio bando.
Y unos años después, los Acuerdos de Oslo entre Yasser Arafat, de la OLP, e Yitzhak Rabin, que era primer ministro de Israel en aquel momento. Y no mucho después, a Rabin lo asesinó alguien de su bando, un judío fanático, extremista, fundamentalista de allí, que veía en matar a este tipo por hacer eso una especie de acto de obediencia a Dios.
Y ocurrió algo asombroso en el funeral de Rabin: que el rey Hussein, el rey de Jordania, vino a su funeral. Habían negociado no sé qué cosas de tratados, y repartirse el agua del río Jordán o del mar de Galilea, o quién sabe qué estarían negociando: medios materiales e instrumentales para reducir la hostilidad.
Pero la imagen del rey Hussein de Jordania sentado allí en el funeral, al lado de la viuda de Yitzhak Rabin, y luego levantándose y haciendo su elogio fúnebre y llamándolo hermano suyo, fue asombrosamente potente. Otro ejemplo, Irlanda del Norte. Cuando yo era niño, la violencia y los conflictos en Irlanda del Norte entre católicos y protestantes, y hasta qué punto aquello era religioso, cultural o económico... pero era un problema al menos tan intratable como Palestina.
Irlanda del Norte: el apretón de manos que no llegaba
Israel es hoy un baño de sangre. Y en algún momento de los años noventa, el Acuerdo de Viernes Santo: dieron con la manera de lograr un cese de hostilidades. Y negociaron una especie de gobierno conjunto que dirigiría Irlanda del Norte, alternando quién sería el primer ministro o el presidente entre alguien católico y alguien protestante. Vaya, consiguieron parar la lucha.
Eso fue increíble. ¿Por qué consiguieron hacerlo? Y entonces, teorías: presiones económicas. Muchos de estos pistoleros, tanto los del Ulster por el lado protestante como la gente del IRA católico, estaban llegando a un punto interesante de la vida: veían que sus hijos ya se hacían mayores para empezar a salir a pelear y morir, y es posible que fuera entonces cuando decidieron: «Esto es demasiado y tenemos que hacer algo distinto». Así que, hurra, el Acuerdo de Viernes Santo en Irlanda.
Trajo la paz. Trajo un gobierno de unidad con gente de los dos lados, y más o menos funcionaba, y, bueno, funcionaba. Hubo un pequeño tropiezo: que uno de los líderes de los unionistas protestantes del nuevo gobierno y uno de los líderes de los católicos. Y los dos eran tipos con mucha sangre en las manos, y habían sido enemigos mortales durante mucho tiempo.
Y, como es famoso, se negaban incluso a darse la mano en aquello de «aquí estamos todos juntos, formando este nuevo gobierno, hurra, vamos a hacer que funcione». Y estos dos se negaban a darse la mano. Algo puramente simbólico. Y entonces pasó algo que no tenía absolutamente nada que ver con la economía cultural de Irlanda del Norte.
A uno de los dos: su mujer le puso los cuernos. Su mujer le puso los cuernos muy públicamente, y su, digamos, amante, instructor de tenis, quién sabe qué. Resultó que ella estaba desviando fondos públicos de alguna manera para darle dinero a este tipo. Y eso fue noticia de portada y fue increíblemente humillante. Y al día siguiente tuvieron una de sus reuniones, y estos dos tipos, el cornudo y su enemigo mortal, el enemigo mortal, entró y le puso la mano en el hombro y le dio unas palmadas.
Mandela, el maestro de los símbolos
Uf. Los valores sagrados de los colegas. Madre mía. «No me puedo creer que hayas tenido que pasar por algo tan humillante». Y eso rompió un montón de atascos en las relaciones de allí. Eso fue lo que hizo falta para que uno de ellos viera al otro como un ser humano digno de empatía o algo así. Otro ejemplo: probablemente el manipulador más brillante de los valores sagrados de tus enemigos en nuestra época fue Nelson Mandela.
Mandela era un genio para esto. Cuando pasó sus años y años en la cárcel, se propuso hablar afrikáans con soltura, la lengua de sus carceleros. Y no solo con soltura, sino hasta el punto de poder charlar de qué pasa con el equipo de rugby afrikáner, y de cotilleos, y de poder preguntarle a la gente: «¿Cómo va lo de ese hermano tuyo que está muy enfermo?». Y llegaba, totalmente, totalmente capaz de darles todas las señales a esos tipos de que veía la legitimidad de su cultura, hasta el punto de que se había aprendido nuestro idioma.
Sabe qué fiestas tenemos y nos felicita el lo-que-sea. Y esto jugó un papel absolutamente crítico. Poco después de que Mandela saliera de la cárcel, cuando ya estaba claro que había una transición hacia una Sudáfrica libre, hubo un periodo muy tenso porque había milicias afrikáneres blancas de todo tipo que se habían ido a las colinas y decían: «Vamos a volver y va a haber una guerra civil.
Esto no nos lo vais a hacer a nosotros. Esto no va a convertirse en un país africano negro». Y las probabilidades de que hubiera allí una guerra civil catastrófica eran muy altas. Y, como es famoso, se organizó un encuentro entre Mandela, que estaba en una especie de casa de transición, y el probablemente más poderoso de esos señores de la guerra de las milicias afrikáneres.
Y se iban a sentar a hablar. Vale. ¿Y qué te imaginas? Ahí está Mandela. Ahí está este otro tipo que tenía las manos manchadas de sangre a más no poder por años de lo que había estado haciendo el gobierno. Y puedes suponer lo que van a hacer. Así que este tipo acepta hablar con Mandela, con este, con este terrorista, con esta amenaza para nuestro Estado, que de alguna manera va a ser presidente pronto.
Pero va allí a hablar con él. ¿Y qué supone? Que van a estar sentados a una mesa, uno frente al otro, negociando. ¿Y qué pasa en vez de eso? Mandela abre la puerta. Lleva una especie de rebeca. Lleva una rebeca de padre pringoso. Y lo mete en el salón.
Se sientan en un sofá grande y mullido delante de una chimenea. Era un día frío. Y se ponen a hablar, y Mandela le pregunta por todo tipo de cosas de deportes que a los afrikáneres les importan. Y en momentos clave, Mandela decía: «Ah, espera un segundo». Se levantaba de un salto, se iba a la cocina y volvía con un plato de galletas para ellos o un poco de té para que bebieran.
«Dios mío, estoy aquí sentado y este terrorista que nos va a llevar a la oscuridad acaba de levantarse a traerme unas galletas». Y ahora estamos hablando de deportes y de todo. Y ese fue un momento decisivo. El tipo aceptó convertirse en el líder político del partido de la oposición en un gobierno estable, un gobierno libre que no estaba en guerra, en vez de empezar una guerra civil con su milicia.
Mandela sentado allí haciendo eso. Y, por supuesto, lo más famoso, el símbolo mayúsculo de los valores sagrados, y de películas y libros y todo eso: Mandela gestionando que Sudáfrica fuera la sede del Mundial de Rugby y, en aquel momento, consiguiendo el suficiente entendimiento entre el Congreso Nacional Africano, el principal grupo negro de liberación, y los afrikáneres, para quienes el deporte que les hablaba al corazón como locos era el rugby.
Y de algún modo, todo este simbolismo, Mandela iba a asistir al torneo de rugby porque no era para los afrikáneres; era para sus compatriotas. Y, como es famoso, de ahí salió una de las cosas más emotivas que te puedes imaginar. Y si estás sintiéndote más que deprimido por lo desesperanzado que está el mundo, busca los vídeos de esto en YouTube: el coro aquel de cantantes negros africanos del CNA, entre otras cosas, cantaron el himno nacional de los afrikáneres, y luego el equipo afrikáner de rugby cantó el himno nacional del CNA.
Atran en Oriente Medio: dos citas
Algo inimaginable, algo que hicieron y que tuvo más importancia simbólica que cualquier cosa que se hubiera podido negociar sobre cómo iban a tratar a los criminales de guerra y cosas de ese tipo. Los valores sagrados, para daros un ejemplo de lo potentes que pueden llegar a ser. Atran hizo unos estudios en Oriente Medio hace unos 20 años, mirando por dónde entraban los valores sagrados.
¿Por qué tipo de cosas estaba dispuesta la gente a sufrir? Sí, nos van a boicotear. Nos van a poner sanciones. Nos va a pasar lo que sea. Pero esto es lo que nos importa, y nos importa de verdad. Y en uno de sus artículos da dos citas absolutamente asombrosas. Una de ellas de un israelí, un general del aire derechista de Israel.
Esto fue hace unos 25 años, más o menos. Este es alguien de quien, o él o sus descendientes, tienen mucho que ver con el infierno que se ha descargado sobre la población civil de Gaza. Y dijo algo así: «Ya sabes, si la maldita gente del otro lado, si esos palestinos sacaran esa porquería antisemita de sus libros de texto y dejaran de enseñarles a sus hijos que el Holocausto nunca ocurrió, entonces podríamos tratar con ellos». Y luego Atran fue a uno de los líderes palestinos, que le soltó esta cita: «En principio, no tenemos ningún problema con que el Estado palestino abarque todas nuestras tierras dentro de las fronteras de 1967.
Pero que Israel pida perdón por nuestra tragedia de 1948». ¿Qué está diciendo ahí? Vale, la fundación de Israel, eso fue como un crimen del imperialismo europeo, que lo fue absolutamente. Y esto era Europa: sí, reconocemos que la Europa blanca y cristiana acaba de pasar los últimos 2.000 años asesinando judíos y por fin decidió que gasear a 6 millones de ellos en un par de años era pasarse un poco, y pensó: «¿por qué no hacemos algo bonito por los judíos por primera vez?». «Démosles la patria de otros», y os depositó allí.
Vale. Vale. Al aceptar las fronteras de 1967. Esto es nosotros diciendo: «Sí, vosotros erais solo supervivientes de Hitler, y el colonialismo es lo que os dejó caer aquí, porque los países coloniales no os dejaban emigrar allí en grandes números». Vale, os dejaron tirados ahí. Pero luego llegó la catástrofe. Luego llegó que nosotros perdiéramos nuestra patria.
Devolved la tierra que habéis conquistado desde entonces, que habéis conquistado vosotros, no lo que decidieron los británicos coloniales. Devolved la tierra, pero sobre todo pedid perdón. Decid que nos jodieron en 1948. Y las dos personas diciendo que si reconocieran nuestros valores sagrados —«sacad las cosas antisemitas de vuestras escuelas», «admitid que nos jodieron catastróficamente en 1948»—, «entonces podremos hablar». Y, como he dicho, el israelí que dijo eso era un general del aire.
Y el palestino que dijo eso era un comandante de Hamás. Hace 25 años. Cada uno de ellos diciendo «solo hay que dar credibilidad a nuestros valores sagrados y podríamos resolver esto», y no lo han hecho. Así que a lo que esto nos lleva, claro, es a ese punto que hemos tenido una y otra vez. ¿Qué significa que estés dispuesto a matar a alguien porque ha faltado al respeto a tus valores sagrados?
¿Por qué es esto tan importante para ti? ¿Por qué estas cosas simbólicas? En el siglo XIX, con Gran Bretaña teniendo la India como colonia, subyugando a la gente de allí, y tenían tropas indias que hacían lo que ellos les mandaban. Y en un momento dado corrió un rumor, al parecer algo así como que si tenías un rifle del siglo XIX tenías que engrasar las balas o algo, para meterlas, para que resbalaran mejor o no sé qué.
Y entre las tropas hindúes corrió el rumor de que las balas iban untadas con grasa de vaca. Y entre las tropas musulmanas corrió el rumor de que las balas iban untadas con grasa de cerdo, totalmente en contra de los preceptos alimentarios. Y eso llevó a disturbios y llevó a lo que se llamó la rebelión de los cipayos, en la que las tropas británicas mataron a miles de indios por esto: «Estáis profanando nuestros valores sagrados». Todo eso.
¿Por qué es esto tan importante? Ya sabemos por qué es tan importante. Por la ínsula. Por el cingulado anterior. Por todas las maneras en que tu cerebro no puede distinguir entre lo literal y lo metafórico, y por todas las maneras en que el acto moral repugnante de alguien es tan visceralmente repugnante como comer comida tóxica.
Última parada: la evolución
Lo que vemos aquí, la razón por la que los acuerdos materiales pueden acabar guerras, pero el reconocimiento de los valores sagrados del otro es lo que trae la paz, es que el cerebro confunde la metáfora con lo literal. Vale, esto nos lleva ahora a nuestro último dominio, nuestra última categoría aquí, que es la evolución. Hemos llegado ya al final de la lista.
¿Qué nos dice la evolución sobre por qué somos violentos en lo peor de nosotros? ¿Qué nos dice la evolución sobre por qué somos tan distintos de eso en lo mejor de nosotros? Navegar a favor de por qué la evolución debería seleccionar la agresión, debería seleccionar la violencia y la competencia y la dominación, es coser y cantar. Selección individual. El sentido entero de la selección individual es que intentas maximizar las copias de tus genes, porque a veces una gallina no es más que la forma que tiene un huevo de hacer otro huevo.
En ese contexto, tiene todo el sentido. Y lo que vemos es una explicación de la causa más común de homicidio en este planeta. Y además, los primates matándose entre sí, que es competencia macho-macho, directa o indirecta, por el acceso a las hembras. Selección individual. Esa es la razón más común por la que un humano en la Tierra mataría a otro humano, cultura tras cultura.
Competencia macho-macho, competencia indirecta por el estatus, estrategias como el infanticidio, todo eso. Selección individual. Así que tiene todo el sentido. Selección de parentesco. No solo darías tu vida por dos hermanos u ocho primos, sino que estarías dispuesto a asesinar por dos hermanos u ocho primos si fueras a pagar un precio alto por ello.
Chagnon y los yanomamö
Lo que ves ahí es, ya sabes, que obviamente tiene sentido. El estatus, el parentesco, todo eso. Hace unos años se publicó en Science un estudio que supuestamente iba a poner todo este campo patas arriba, de un antropólogo llamado Napoleon Chagnon. Y estudió un grupo de horticultores cazadores del Amazonas y Venezuela llamados los yanomamö, famosos por sus altos niveles de violencia y por las incursiones de represalia entre aldeas y tal.
Y esto fue sobre todo obra de Chagnon, cuya primera monografía sobre ellos se titulaba algo así como Yanomamö: The Fierce People. Culturas extremadamente violentas, allí, y eso, por supuesto, ha pasado por todo tipo de revisionismos. Pero al menos en su momento Chagnon publicó un artículo que mostraba que, a lo largo de la vida de los hombres yanomamö, cuantos más individuos había asesinado alguien, más descendencia tendía a tener.
Ahí lo tienes: éxito reproductivo. No se puede pedir nada más claro que cosas como que la violencia entre machos tiene recompensas en términos de beneficios reproductivos, y, ya está, ahí lo tienes. Eso es todo lo que se muestra ahí. Ese estudio acabó siendo destrozado por completo, porque había un pequeño problema que Chagnon tenía ahí, y es que miraba, por ejemplo, a alguien que murió en su primera batalla con los tipos de enfrente.
Y hala, no había dejado ningún hijo porque tenía como 16 años. Y hala, no había matado a nadie porque esa era su primera batalla. Y mirabas a esos viejos canosos que habían tenido toda una vida para matar a otros en batalla y toda una vida para tener hijos y nietos. Ay, había una variable de confusión por la edad que explicaba todo eso por completo.
Que lo explicaba todo por completo. Así que, las limitaciones del argumento de la selección individual. Pasamos a la selección de parentesco, como decía hace tres minutos, antes de acordarme de que me había dejado a Chagnon. Pasamos a la selección de parentesco. Sí, no solo estás dispuesto a dar tu vida, sino también a matar a alguien con gran riesgo, por dos primos, o dos hermanos, u ocho primos, lo que sea.
Chimpancés, babuinos y bonobos
La selección de parentesco explica el núcleo mismo de la violencia entre nosotros y ellos. Y vemos exactamente cómo se despliega esto en los patrones de violencia de los chimpancés frente a los de los babuinos. Los machos de babuino abandonan su tropa natal en la pubertad. Así que todos los machos adultos del grupo de babuinos se criaron en otro sitio. No son parientes. Llegaron allí hacia la adolescencia.
Y lo que ves es que, entre los babuinos, no hay peleas territoriales entre tropas. Lo que hay es una violencia altísima entre los machos dentro de la tropa, porque ninguno de ellos es pariente de otro y ninguno se crió contándole los dedos de los pies al otro cuando jugaban. O tal es el caso de los chimpancés.
En cambio, son las hembras las que se van hacia la pubertad. Todos los machos adultos del grupo de chimpancés son hermanos o primos, o como mínimo alguien a quien conoces desde que los dos erais diminutos. ¿Y qué vemos en los chimpancés?
Vemos la invención de la proto-guerra, la violencia organizada, el inicio del uso de armas, una versión pseudo del genocidio contra el grupo de al lado. Hay una lección en lo de los chimpancés, y es que, cuando tienes un grupo de machos que se llevan muy bien (por la selección de parentesco, la familiaridad y tal), los grupos de hombres que se llevan bien, o los grupos de machos que se llevan muy bien, pueden dar bastante miedo, porque si tú eres el vecino, ahí es donde lo ves.
Entonces, ¿vemos de todos modos aquí un desenlace inevitable de la selección de parentesco en acción? Violencia intragrupo en los babuinos porque hay niveles bajos de parentesco entre los machos. Violencia intergrupo en los chimpancés por los niveles altos de parentesco entre los machos de un grupo. ¿Estamos viendo aquí una especie de inevitabilidad?
No. Porque luego miras a los bonobos. Bonobos que rompen esas reglas, porque en los bonobos son los machos los que se van en la pubertad y, por tanto, en un grupo de bonobos los machos adultos no son parientes y tal. Y aunque hallazgos recientes han mostrado que tienen más agresividad de lo que la gente pensaba, aun así tienen niveles mucho más bajos que los chimpancés en conjunto, y eso a pesar de que ninguno de ellos es pariente.
¿Y de qué va eso? Va de que es el equivalente simio de una sociedad matriarcal. Las hembras imponen allí el control. Las hembras tienen el control. ¿Vale? Así que volvemos a este asunto que tratamos al principio. ¿Vale?
Recordad: de verdad que no quieres aparearte con un pariente cercano, porque tendrás hijos con seis dedos, pero de verdad que sí quieres aparearte con un pariente cercano, porque tienes una selección de parentesco compuesta en vuestros objetivos compartidos y todo eso. Otra versión de esto es, ya sabes, que tu hermano está más emparentado contigo que tu primo, que está más emparentado contigo que un primo enésimo, todo eso.
Daly y Wilson: el padrastro y el abuelo materno
Y esto ha dado lugar a este proverbio beduino. Es «mis hermanos, mis primos y yo contra el mundo». Es «mis hermanos y yo contra nuestros primos». Quién es un nosotros y quién es un ellos puede desplazarse según el grado de parentesco. Otra versión de lo que contaría como selección de parentesco. Esto fue obra de este sociólogo, psicólogo, muy influyente, un tipo llamado Daly, que junto con su desgraciadamente ya fallecida esposa Wilson.
Daly y Wilson hicieron estos estudios mirando patrones de homicidios dentro de la familia, familiares matando a otros familiares. Y esto era en Canadá. Así que era una cosa más bien rara, y no estaba metida en el asunto de la cultura del honor del Sur de Estados Unidos. Y lo que vieron fue: vale, tienes un niño que se cría con su padre frente a uno que se cría con un padrastro.
Un padrastro tenía muchísimas más probabilidades de cometer infanticidio que un padre biológico. Vale, te estás criando en tu familia y tienes el padre de tu madre y el padre de tu padre, ¿y qué ves ahí?
El padre de tu madre: ahí estás menos seguro de la paternidad que de tu propia descendencia. Y ves más homicidio viniendo de esa dirección. Uf, eso es asombroso. Selección de parentesco, genética compartida, prediciendo toda clase de patrones de asesinato. Este fue un estudio muy controvertido, y lo que pronto mostró la gente es que se explicaba igual de fácil: las familias en las que hay una ruptura matrimonial y en las que hay un padrastro son, de media, más pobres y están bajo más presión socioeconómica, y eso es algo que aumenta la violencia.
Así que eso era aparentemente un voto a favor de que la selección de parentesco dirige de verdad los patrones de violencia en humanos occidentalizados. Puede que no. ¿Qué más ves? Ves toda clase de pruebas de que la selección de parentesco desempeña un papel en nuestro aprendizaje preparado. Ya hemos oído una versión de eso, y pronto vamos a mirarlo con mucho más detalle.
Todo ese asunto de meter a alguien en un escáner cerebral y proyectarle imágenes de caras, y aparece la cara de alguien de otra raza. Y en alrededor del 75 % de los sujetos, sujetos estadounidenses WEIRD, hay activación de la amígdala. Y en menos de una fracción de segundo, ya conocemos todo ese asunto. ¿Qué nos está diciendo eso?
En este sentido, tenemos aprendizaje preparado en esa línea, para algo que se parece a la selección de parentesco. Esto nos devuelve a la homogamia. La gente que se nos parece muchísimo, muchísimo, muchísimo menos es estadísticamente propensa a compartir menos genes con nosotros de los que encuentras en poblaciones más parecidas. Así que eso forma parte del relato. Pronto vamos a destrozar ese hallazgo como locos.
Pseudo-parentesco: bandas de hermanos
Así que la selección individual, asesinar a alguien para tu propio beneficio, eso desempeña un papel a la hora de explicar buena parte de la violencia masculina. La selección de parentesco, pruebas de eso. Donde de verdad entramos en un terreno interesante es cuando tenemos, en vez de parentesco, pseudo-parentesco, donde llevamos tratando la noción de los efectos de barba verde desde muy al principio: señales de que te parecías lo bastante a otra persona, señales que te han enseñado, para las que te han condicionado, de modo que en algún nivel implícito esa persona se siente como un hermano.
Se sienten como alguien por quien estabas dispuesto a matar o a morir. Y todos los ejércitos de la Tierra, a lo largo de la historia, han entendido los principios del pseudo-parentesco. Entre los maasái, por ejemplo, tienen su etapa de guerrero. Un adolescente se convierte en guerrero durante unos 10 años y, si sobrevive, a los 25 se asienta con su nueva esposa de 13 años.
Y lo que ves durante las clases de guerreros es que todos viven juntos. No te vas a casa al final del día de ser guerrero a pasar el rato con tus padres. Viven todos juntos. No tienes permitido comer solo. Solo puedes compartir tus comidas con otro guerrero.
Todo gritando «esto es conducta familiar». Cuando eres exguerrero y te casas con alguien, durante el resto de tu vida se espera que tu mujer se refiera a otra persona que estuvo en tu clase de edad de guerreros. No un pariente, pero se refiere a él como cuñado. Pseudo-parentesco que dura para siempre. Todos estos símbolos. Todos los ejércitos lo hacen con toda clase de eslóganes: «bandas de hermanos». En toda revolución, la gente empieza a llamarse camarada o hermano o hermana o así; el pseudo-parentesco es una fuerza muy potente.
Y en la Segunda Guerra Mundial se llevó a un extremo sin precedentes, porque tenías al país más cultural y étnicamente heterogéneo de la Tierra luchando contra otros mucho más homogéneos étnica y culturalmente: Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Y de ahí salen esos escenarios en los que, ya sabes, sacados directamente de la película estereotípica, tienes al irlandés de Boston y al italiano de Filadelfia como soldados, y al negro de Kentucky y al polaco de Chicago.
Y están hombro con hombro, peleando en las trincheras, y son «una banda de hermanos». Y lo que la gente ha mostrado es que, en algunas de esas circunstancias, asombrosamente, un soldado germano-estadounidense era propenso a compartir más genes con el nazi contra el que estaba en guerra que con el, ya sabes, polaco sentado a su lado.
Esto fue una muestra asombrosa de pseudo-parentesco. Estabas dispuesto a dar tu vida por alguien que está menos emparentado contigo, para poder matar a alguien que está más emparentado contigo. Y esto se rompió en Vietnam. Una de las razones por las que Vietnam fue un desastre tan caótico para Estados Unidos, metiéndose en una guerra en la que no tenía nada que hacer, moralmente, pero no me voy a meter en eso.
Lo que tenías allí era un sistema completamente distinto del habitual en el entrenamiento militar. Entras en la instrucción básica y tienes tu grupo de tíos, y son estos tíos los que van a estar juntos cuando tengas un día libre para emborracharte y meterte en líos y todo eso, y luego estáis uno al lado del otro en la batalla, y estos son tus pseudo-hermanos.
Y en Vietnam, por alguna razón, eso se rompió. Tenías gente entrando y saliendo de los grupos por separado. Así que estás en medio de no sé qué tiroteo en Vietnam, y el tipo que tienes al lado es un chaval que apareció anoche. Ni siquiera sabes cómo se llama el chaval. Es un novato que acaba de llegar.
Y el tipo que tienes al lado, si sobrevive a esto, se va a casa. Esta noche sale volando hacia Hawái. ¿Quién está dispuesto a dar su vida por el otro, ahí? Vietnam fue un ejemplo muy llamativo de un sitio donde el entrenamiento en pseudo-parentesco se rompió.
Pseudo-especiación
Así que, por supuesto, de la mano del pseudo-parentesco en estos casos de violencia va la pseudo-especiación: hacer que el «ellos» parezca tan distinto que casi ni cuente como humano cuando los matas.
Y esa es la columna vertebral de la propaganda. Los hutus de Ruanda, cuando empujaban a todo el mundo a cometer un genocidio contra los tutsis de Ruanda, no se referían a ellos como tutsis, ni como personas, ni como humanos. Eran solo «cucarachas». Los judíos como «alimañas» en la Alemania nazi, y los carteles propagandísticos sobre eso. Los musulmanes en Europa como «un cáncer» en nuestra cultura blanca.
Todo eso hace que la gente piense de esa manera. Consigues que la gente active su ínsula cuando ve la cara de uno de «ellos», y ya estás a medio camino de tener una pandilla de colegas dispuestos a perpetrar un genocidio. Así que, la pseudo-especiación. Un ejemplo notable de eso se vio durante la Segunda Guerra Mundial, cuando hojeas revistas médicas, revistas médicas estadounidenses de la época, y había artículos que detallaban cómo aquellos japoneses, aquellos japoneses, tenían umbrales del dolor distintos de los de los humanos normales, tenían funciones autónomas distintas de las de los humanos normales.
Casi ni cuentan como humanos. Hubo un ejemplo asombroso de pseudo-especiación, anterior al nacimiento de la mayoría de vosotros: hacia 1990, durante la primera guerra del Golfo. ¿Qué pasó? Irak. Saddam Hussein, el dictador de allí, decidió invadir la pequeña Kuwait, que estaba al lado, y quedarse con el país y apoderarse de sus campos de petróleo. Hasta hoy hay pruebas de que los kuwaitíes estaban haciendo algo llamado perforación inclinada en la frontera entre Irak y Kuwait.
Los kuwaitíes estaban construyendo una especie de cosas grandes, vacías y largas por las que el petróleo iba a subir en ángulo. Es decir, le estaban robando petróleo a Irak. Hay pruebas de eso. Pero en cualquier caso, Irak, once veces el tamaño de Kuwait, entra allí y se queda con Kuwait. Y esto es un desastre para la democracia, porque Kuwait tenía un país monárquico y jerárquico que tenía más o menos cero sentido de la democracia.
Pero aun así, para nuestros intereses, lo que sobre todo tenían era mucho petróleo. Así que Estados Unidos se preparó para la primera guerra del Golfo, para entrar allí y echar a los iraquíes de Kuwait y liberar Kuwait de nuevo para que puedan volver a su sistema medieval y feudal. Y así, preparando a Estados Unidos para la guerra, había apoyo.
No había un apoyo abrumador a que nos metiéramos en eso. «¿No podemos, no sé, robarle el petróleo a otro y no meternos en esta? No». «La libertad está en juego». Y entonces, durante este periodo en el que había más o menos un apoyo mayoritario a entrar de verdad en la guerra, pero no abrumador, hubo un incidente que define la pseudo-especiación. Cuando los iraquíes invadieron Kuwait y tomaron Kuwait City, lo que pasó fue que, entre otras cosas, había una ayudante de enfermera en el hospital principal de Kuwait, allí en la capital, una ayudante de enfermera que consiguió escapar y salir de Kuwait y llegar a Occidente y contar una historia desgarradora.
Estaba trabajando en una UCI neonatal, una unidad de cuidados intensivos neonatales, donde había prematuros extremos en incubadoras, manteniéndolos calentitos y tal. Y lo que las tropas iraquíes estaban haciendo por todo Kuwait era saquear y expoliar y llevarse cosas para mandarlas a casa. Y los soldados iraquíes aparecieron en esa sala, y sacaron a los bebés de las incubadoras y los dejaron en el suelo para que se murieran, para robarse las incubadoras.
«Esta gente casi ni es humana». «Dejan a los bebés en el suelo para que se mueran». Esta gente. Esta gente. Y esta ayudante de enfermera declaró ante el Congreso de Estados Unidos sobre esto, y toda América se quedó boquiabierta ante aquello, diciendo: «Dios mío, esa gente, dejan a los bebés en el suelo para que se mueran. Casi ni cuentan como humanos». Y muy poco después el Senado autorizó la guerra, con dos senadores clave que cambiaron su voto y votaron a favor de autorizarla como resultado del testimonio de esta enfermera.
George Bush padre tenía, creo, un 92 % de apoyo para entrar allí. «¿Puedes creerte a esta gente? Casi ni cuentan como humanos». Y no fue hasta unos seis meses después cuando quedó claro que esta persona que declaró ante el Congreso no era una ayudante de enfermera kuwaití que se había escapado de allí. No era alguien que estuviera trabajando en una unidad neonatal de un hospital de allí.
Era, de hecho, la sobrina del embajador de Kuwait en Estados Unidos, y una empresa de relaciones públicas contratada por el gobierno estadounidense había ideado esta historia maravillosa y la había entrenado para ser un testigo convincente de ella, y ella se sentó allí y mintió ante el Congreso de Estados Unidos y mintió ante todo este país con esta historia inventada de que «esa gente casi ni cuenta como humanos». Y una semana después, Estados Unidos entraba allí con un 92 % de aprobación.
Así que vemos que la selección individual puede ser desde luego un medio de generar violencia. La selección por parentesco. Las sociedades tradicionales. El pseudo-parentesco y la pseudo-especiación son increíblemente eficaces para conseguir que la gente esté dispuesta a matar y a morir por toda clase de causas inventadas. Vale. Lo que estamos listos para hacer la próxima vez es mirar todas estas malas noticias sobre las ventajas evolutivas de la violencia, para mirar por fin cómo nos ha moldeado la evolución, cómo nos ha esculpido como especie con los medios para amortiguar la violencia, los medios para superar el conflicto entre grupos, para aumentar la empatía, todo eso.
Cierre: la buena noticia, el viernes
¿Dónde nos enseña la evolución alguna buena noticia? Así que retomaremos eso el viernes.
28 · Violencia y sus antídotos (6)
Cómo se desmonta un «nosotros-ellos»
Los cajones del «ellos», la evolución de la no agresión y las maneras de deshacer la dicotomía.
Lectura de 1 minuto
- Los «ellos» no son uno: Fiske los mapea en dos ejes, calidez y competencia, con cuatro casillas y cuatro emociones.
- Bebés y personas con demencia son «nosotros honorarios»: compasión, protección y cíngulo anterior.
- Los grupos poco cálidos y poco competentes evocan asco (ínsula y amígdala); el exogrupo competente y frío, envidia y odio.
- Al enemigo al que por fin se va a cobrar se lo degrada, y para eso se profanan sus símbolos sagrados: así se le dice que no tiene eficacia.
- La no agresión también se selecciona, y el parentesco se puede fabricar: nombres compartidos en el abrevadero, clanes que se descubren hermanos, el «tú» de la Revolución francesa.
- La teoría del contacto solo rinde con números iguales, sin símbolos provocadores y con un objetivo compartido; su mejor caso salió en el ejército.
- Hardin llamó tragedia de los comunes al recurso compartido sin incentivo para no abusar; los comunes, históricamente, funcionaban.
- El ojo por ojo gana porque abre cooperando, detecta la trampa, castiga en proporción y perdona; con rondas desconocidas aparece la sombra del futuro.
- El castigo se sostiene cuando es de tercera parte y su recompensa es la confianza; con reputación a libro abierto y la opción de excluir, la cooperación se impone.
- Recategorizar e individualizar apagan la amígdala, pero las categorías se mueven por separado: Newton invirtió en esclavos siendo clérigo y Zenji Abe nunca pidió perdón a China.
Los cuatro cajones del «ellos»
Fiske mapeó los «ellos» en dos ejes: calidez y competencia. Cuatro casillas. La calidez sin competencia —bebés, demencia— es un «nosotros honorario»; la frialdad con incompetencia evoca asco (ínsula y amígdala; Harris y Fiske); el exogrupo competente y frío, envidia y odio.
Al cobrar la deuda se degrada al enemigo profanando sus símbolos. «Convirtieron la iglesia principal de Constantinopla en un cercado de caballos», aunque Santa Sofía acabó en mezquita. Sharon en el Monte del Templo, 2000: «ya veremos si me paráis». En Uganda, Amin «tomó la ciudadanía a unos 80.000 indopaquistaníes»; el plazo real era de 90 días.
La no agresión también se selecciona
La elección de la hembra abrió una estrategia alternativa. El parentesco se puede fabricar: dos sedientos dan con un antepasado común, y clanes beduinos enemigos se descubren hermanos. El pseudoparentesco da la gramática del trato; la teoría del contacto solo rinde con números iguales, sin símbolos provocadores y con un objetivo compartido.
La tragedia de los comunes y el ojo por ojo
Hardin puso nombre al problema: nadie tiene incentivo para no tomar más de su parte en un recurso compartido, y la conducta racional lo destruye; aunque históricamente funcionaban. Rescatan la cooperación la sombra del futuro de rondas desconocidas, el juego a libro abierto y la exclusión del tramposo. El torneo de Axelrod dejó la receta: abrir cooperando, detectar la trampa, castigar en proporción y perdonar.
Castigar, y el gusto de castigar
La cooperación se dispara con el castigo, y más con el de tercera parte: un observador ajeno cuya recompensa es la confianza; el coste puede cubrirlo la comunidad pagando policías. Nos gusta castigar —la dopamina responde al castigo recto—, pero hay tramposos de tercera parte y códigos de honor que castigan por no denunciar.
Recategorizar e individualizar
Ante una cara ajena la amígdala responde en menos de una décima de segundo; en torno al 75 % de los sujetos blancos la activa ante una cara negra, y el 25 % restante se crió en barrios multirraciales o tuvo una relación íntima con ese grupo. Buscar un punto rojo deja las caras fuera de juego (Wheeler y Fiske), una categoría arbitraria subordina la raza al color de camiseta (Kurzban) o al logo de un equipo (Cikara), y la individuación apaga la amígdala.
No todo se mueve a la vez: Newton «jugó un papel clave en 1803 cuando el Imperio británico prohibió la esclavitud» —fue 1807— y aun así invertía en esclavos; Zenji Abe pidió perdón a Pearl Harbor, nunca a China.
Lo que pueden hacer las culturas
Un salto de categoría: la tregua de Navidad de 1914. La clase dice que la decretaron jefes de estado y el Papa —«el Papa metió baza y declaró que habría un alto el fuego»—, pero la apelación de Benedicto XV fue rechazada por los dos bandos. Los soldados inventaron treguas espontáneas con señales de artillería.
Neoselección de grupo: la cooperación dentro crece a costa de la hostilidad fuera. Para Greene, la tragedia de los comunes es un problema de endogrupo y el choque entre grupos, la tragedia de la moral de sentido común. Con un «nosotros» conviene decidir rápido; con un «ellos», «cuanto más rápido les fuerzas a responder, más probable es que hagan algo ruin y traicionero».
Por qué la agresión es el tema más difícil
Depresión, esquizofrenia o Alzheimer son malas noticias sin excepción; la agresión no, porque la misma conducta y la misma activación límbica son heroicas en un contexto y horrorosas en otro.
Seis pasajes de la clase quedan marcados como defecto (D1-D6) y siete como registro (R1-R7) en la transcripción: cada uno tiene su ficha.
Quiénes salen en este tema
La escala de Fiske y los cajones del «ellos»
- Susan T. Fiske — Psicóloga estadounidense, catedrática Eugene Higgins en Princeton. Con Cuddy, Glick y Xu firmó el modelo de contenido estereotípico —los dos ejes, calidez y competencia, y las cuatro casillas con sus emociones— y con su laboratorio el trabajo de neuroimagen sobre los exogrupos extremos y sobre las metas que apagan la respuesta de la amígdala. Toda la primera parte de la clase es su programa. Princeton
Los dictadores, los símbolos y los pronombres
- Idi Amin (Idi Amin Dada) — Militar ugandés, presidente de Uganda entre 1971 y 1979; fue derrocado cuando el ejército tanzano y los rebeldes ugandeses tomaron Kampala en abril de 1979, y murió en el exilio en Yeda en 2003. En la clase tiene dos papeles: el caso modelo de degradación de un «ellos» resentido —la retirada de la ciudadanía a los asiáticos de Uganda en 1972 y la invitación a saquear, golpear y violar— y el dictador del relato final, cuya invasión de Tanzania Sapolsky fue a mirar. Wikipedia
- Reina Victoria — Reina del Reino Unido entre 1837 y 1901 (emperatriz de la India desde 1876). Solo aparece dentro del retrato que la clase hace de Amin: las cartas de amor con las que la invitaba a ser su sexta esposa. Wikipedia
- Ariel Sharon — General israelí (retirado del ejército en 1973) y político del Likud; en septiembre de 2000 era líder de la oposición y después fue primer ministro de Israel entre 2001 y 2006. Su visita del 28 de septiembre de 2000 al Monte del Templo es el segundo ejemplo de la clase de profanación de un símbolo ajeno para mostrar que el otro no tiene eficacia ni control. BBC
- Lev Tolstói — Aristócrata y novelista ruso (1828-1910). La clase lo trae solo por el episodio del tratamiento: el niño Tolstói corrió histérico a ver a sus padres porque su niñera francesa le había hablado de «tú» en vez de «usted». Es el ejemplo de la gramática del pseudoparentesco después de la Revolución francesa. Wikipedia
La tragedia de los comunes y el ojo por ojo
- Garrett Hardin — Ecólogo estadounidense, catedrático de biología en la Universidad de California, Santa Bárbara (1915-2003), autor del ensayo «La tragedia de los comunes». En la clase introduce el obstáculo básico para resolver problemas de cooperación —el recurso compartido sin incentivo individual para no abusar de él— y acto seguido Sapolsky matiza que históricamente los comunes funcionaban. Science
- Robert Axelrod — Politólogo estadounidense de la Universidad de Michigan (n. 1943), organizador de los torneos por ordenador del dilema del prisionero y autor de «The Evolution of Cooperation» (1984). En la clase están sus torneos, ganados por el ojo por ojo, y el capítulo de su libro sobre las treguas espontáneas de la Primera Guerra Mundial, que cierra la lección. Wikipedia
Dos hombres que cambiaron de categoría
- John Newton — Marino inglés, capitán de barco esclavista e inversor en el comercio de esclavos que acabó siendo clérigo anglicano (1725-1807); autor del himno «Amazing Grace» y colaborador, desde 1787, del comité abolicionista. La clase lo usa como ejemplo de recategorización parcial y no uniforme: él mismo había sido esclavizado en África Occidental, volvió al negocio, siguió invirtiendo en él mientras se formaba como clérigo y solo décadas después se convirtió en el abolicionista con la autoridad moral de haber sido esclavista. Wikipedia
- Zenji Abe — Piloto japonés de bombardeo en picado en el ataque del 7 de diciembre de 1941 a Pearl Harbor (volaba desde el portaaviones Akagi); desde 1991 una figura de reconciliación que se reunió con supervivientes estadounidenses, se hizo muy amigo del corneta de marines Richard Fiske y consiguió que se pusieran rosas en el memorial del USS Arizona; murió el 6 de abril de 2007 en la prefectura de Ibaraki. La clase lo trae por su disculpa tardía y parcial: nunca la extendió a China por su papel en la invasión y en la Masacre de Nankín. Obituario
Perdón colectivo, asimetría y sentido común
- Nelson Mandela — Líder sudafricano contra el apartheid y primer presidente del país tras el régimen; la Comisión de Verdad y Reconciliación le entregó su informe el 29 de octubre de 1998. La clase lo cita por la reconciliación y por la exigencia de que también se juzgaran las atrocidades de los combatientes del ANC, dentro del argumento de que el estado del apartheid y el ANC no admiten equivalencia moral. TRC
- Papa Benedicto XV — Papa entre 1914 y 1922; el 7 de diciembre de 1914 pidió una tregua oficial entre los gobiernos beligerantes para la noche de Navidad. En el relato de Sapolsky forma parte de la historia de arriba abajo —jefes de estado y Papa decretando el alto el fuego—, aunque la apelación fue rechazada por los dos bandos y las treguas que hubo fueron locales. Wikipedia
- Joshua D. Greene — Psicólogo moral y neurocientífico de Harvard (Moral Cognition Lab), autor de «Moral Tribes: Emotion, Reason, and the Gap Between Us and Them» (2013). La clase le atribuye dos cosas: la observación de que la tragedia de los comunes es un problema de endogrupo (yo contra nosotros) frente al choque entre grupos, que él llamó la tragedia de la moral de sentido común; y un experimento de juego económico en el que forzar decisiones rápidas vuelve a la gente más prosocial con un «nosotros» y más hostil con un «ellos». Autor
Los exploradores del Nilo
- Cristóbal Colón — Navegante genovés (1451-1506), el «descubridor» de América de los manuales escolares. Aparece solo como analogía de la carrera victoriana por encontrar la fuente del Nilo: qué explorador británico iba a descubrirla «igual que Colón descubrió América», dentro del relato final sobre el punto de Jinja donde el Nilo sale del lago Victoria. Wikipedia
Leer la clase entera, palabra por palabra
Transcripción automática del vídeo, sin corregir: solo la hemos limpiado de ruido del subtítulo, maquetado en párrafos y puesto los títulos que él mismo va anunciando. Los estudios y las citas se dejan en su inglés original y se pueden pulsar.
Traducción al castellano automática: si un matiz importa, comprueba el original inglés.
Repaso: dónde queda la evolución de la agresión
Well, let us get started. We are at long last in the homestretch on aggression and antidotes to aggression. And where we were near the end of was the evolution of aggression. What we saw was all sorts of totally reasonable ways in which the principles of individual selection will push one towards aggression, heavily in the realm of male-male competition.
La escala de Fiske: calidez y competencia
We then looked at the realms of kin selection and its relevance to that. Far more importantly, we looked at the realms of pseudokinship and pseudospeciation and that role in playing an enormous motivating factor in lots of conflicts. Now, what we touch on here before moving to the evolution of non-aggression, evolution of aggression, wonderful work, insightful work by someone named Susan Fiske at Princeton over the course of her career, focusing on this whole notion that we've got more than one category of 'them' in our head.
We have multiple types reflecting fairly different evolutionary pressures. We have multiple types. And what she famously has done is mapped this out into two axes here. What we have here is assessing how warm some other group is, whether they have low warmth, friendliness, oh, I don't know, involvement, assimilation, or high in warmth.
And then one axis of how competent these people are: high versus low. And just to start off, there's the wonderful corner here of people who we view as being very competent and very warm and altruistic and empathic. 'Us,' of course. 'Us,' of course. And that is the marker of every in-group, that they would place themselves in that box.
And the 'us-es' there is mostly about, oh, I don't know, all sorts of aspects of brain development. Very interestingly then, we move to this category: individuals viewed as high in warmth but low in competence. Who are we talking about here?
El «nosotros» honorario: compasión y protección
Infants, demented individuals, things of that sort. What do they evoke? They evoke pity. They evoke a sense of protectiveness. They activate the anterior cingulate. And in some ways, these are people who are still honorary 'us-es.' These are people who used to be an 'us' or will be an 'us' or would have been an 'us' if this mutation hadn't happened or things of that sort.
Poca calidez y poca competencia: asco, y el exogrupo competente: envidia
That's a domain where honorary 'us' is where what is evoked is pity and a desire to protect them. Now in this category, we have the individuals we view as being both low in competence, low in warmth. What do they evoke in us?
Disgust. And Fiske, doing all sorts of brain imaging studies, showing who are the sorts of people, faces that evoke this: junkies, homeless people, of that sort. And what's activating here? You should be able to get the correct answer to this in your sleep: insular cortex. Insular cortex then activating the amygdala. So people who were viewed as barely worth noting beyond how unappealing they are, low competence, low warmth, disgust.
Now we get to the most interesting category, which are individuals who were viewed as high competence but low warmth. Who are they? And these are the people throughout history and all sorts of societies and a number of them all over the planet. People who are the out-group. The out-group who were viewed as 'they're not one of us.
They don't assimilate. They're not warm. They're not friendly. They're clannish,' things like that. But damn, they're good at business and make a lot of money. Or damn, you may not like them, but if you get sick, better go find one of them who's a doctor 'cause they make the best doctors and things of that sort.
This combination of dislike, but having to admit to the competence. And what does this generate? Hatred, envy, resentment, all of that. And culture after culture does this. This is the Jews of Europe for many centuries. These are the Indo-Pakistanis of East Africa who, because of colonial practices, couldn't own land, couldn't join the colonial service, and thus became the shopkeepers and thus became wealthy middle class and resented like crazy by Black East African people there.
And every time there is political instability in, say, Kenya for example, I was there years ago during a coup attempt, and as soon as all the military fighting was done with, everybody ransacks all the stores of the Indo-Pakistanis. Every mob attacks them. Gang violence, gang rapes, things of that sort. All of these as those folks, those folks who don't really want to be one of us, who can never be one of us, but damn, they are good at making money.
In West Africa, Lebanese serve this role. In Malaysia, Chinese serve this role. This is a classic one. And this pops up over and over. And what are you activating there? The amygdala. The amygdala overwhelmingly. And what we see here is one of the most interesting, one of the most appalling things that people do with our categories of 'them,' which is when you finally come after these folks, when it's time for them to pay what's coming to them, or when you finally do that, one of the very strong cultural responses is in the process try to degrade them, try to humiliate them, turn them into this category.
Degradar al enemigo
And that was the Nazis making Jews with toothbrushes scrubbing the sidewalks and the curbs and the roadsides while crowds sort of stood there and mocked them. In East Africa when Idi Amin in Uganda in the mid-'70s took away the citizenship of approximately 80,000 Indo-Pakistanis and told them they had a few days to leave the country.
He invited his troops and the general populace to loot and beat and rape and degrade. All these versions of one of the most hateful things that is done when showing 'us-them' dichotomizing is when you finally act on the resentment, when you finally act on the envy to not only remove their power but degrade them into being this category.
And we're going to look at some of the implications of that. Okay. So, we don't just have one kind of 'them,' and we have dramatically different responses depending on which category they are in. Ones who might eventually be here, ones who are not going anywhere, ones who, if we get it together enough, we can move into that category.
Those sorts of quadrants there. Now getting back to the whole issue of sacred values, sacred symbols, and how much peace can be brought about when one group recognizes another. And like settling up financial claims is how you end war. Recognizing each other's sacred symbols is how you make lasting peace. All of that.
Profanar los símbolos sagrados
One of the things that's done in here as well in trying to move this group into this group is to very intentionally violate, desecrate their sacred symbols. One example of that: the 15th century when the Ottoman Empire conquered Constantinople, easternmost edge of sort of Eastern Christianity, conquered Constantinople after a pretty protracted, protracted war there.
And what did they do shortly after that? They took the main church in Constantinople, Christian Constantinople, and turned it into a horse paddock. Turned it into where they leave their horses to crap all over the floor. What could have been a clearer symbol of 'you people now are not only low warmth, but look at what we can do to your holy sites.' Another example of that was seen in the year 2000 when the Israeli general Ariel Sharon decided to show off his manhood by surrounding himself by a couple of hundred police and army guys.
And went and broke every single sort of faux pas possible in terms of relations with Muslims that he went to a Muslim holy site, the Temple Mount, he went there and said, 'No one's going to stop me,' even though that was not allowed, even though that was desecrating the central tenet there. And what was he showing them?
'Not only do we think you're low warmth, and not only do we sort of have some ambivalent feelings about this. But you have no efficacy. You have no control in these realms, and you're just going to get a bunch of soldiers. And if I feel like going to your third most sacred place in all of Islam and stand there for a photo op, let's just see you stop me.' So circumstances of different categories, ways in which we can move them around or ways in which we would hope to or recognize we might have.
La evolución de la no agresión
And one of the key things going in this transition, turning them into these folks, is violating their sacred symbols that that is extremely effective. Okay. So this brings us now, when looking at all these great reasons why aggression should be selected for. We've got individual selection motivations, kin selection, pseudokinship, all of that.
And throughout all the years by which sort of evolutionary thinking about behavior was dominated by aggression and the rewards of aggression and the rewards of stratification and the rewards of male dominance and how natural it is that evolution has produced that in oh so many species throughout. There was always a view that you think in an evolutionary framework and there's a load of reasons why you are selecting for non-aggression.
You were selecting for counters to aggression, alternatives to aggression, selecting for means to turn aggression into something very different from that. So as much evolutionary evidence for that as for 'this is a world in which it's like male-male competition till the cows come home.' The evolution of non-aggression. So starting off with that, you would think right off the bat at our first sort of foundation of individual selection.
Individual selection, you're trying to maximize as many number of copies of your genes in the next generation as possible. What did we hear before? That's a driving force between male-male violence, male violence directed at females who were non-reciprocating, all that sort of thing. What have we also been hearing about over the weeks?
Alternative strategies available to males. And we've heard one already, which is back with the baboons. That whole business of like female choice. The fact that if a female doesn't want to be stuck with this high-ranking lug when she's ovulating, there's all sorts of female means of increasing the tension between that individual and somebody else.
And what does the female then do? She runs off to the proverbial bushes with the nice guy who she has an affiliative relationship with. And that of course raises all sorts of, oh, maybe nice guys don't finish last, but okay, so they run off to the bushes and do that. It's not like there's a whole lot of that.
Genetic studies suggest that this alternative strategy, this strategy of being a nice guy male baboon, is a very viable means of passing on copies of your genes. So alternative strategies there. Kinship. Where does kinship come in in terms of decreasing aggression?
Parentesco inventado: el abrevadero y los clanes beduinos
A wonderful example of this. This is seen in two different ways. This is apparently a motif that is found among a number of Australian indigenous groups, and this is thought to be symbolic of something culturally that is done. Okay, you're out in the desert. You're wandering around. There's a waterhole once every 10 miles or so.
And you're coming up on one. And if you don't get water from this, you're not going to last till the next one. It is essential that you get there. And as you're approaching it, 'Oh no, you see a stranger approaching from the opposite side,' just as intent on getting water, 'and you've got this problem here of I don't know this person and they're a stranger and they may try to kill me, so I should probably kill them first,' and all the ways in which we are hurled into the logic of violence there.
And what has evolved instead is the two individuals sit down and each of them starts saying, 'I am whoever, I'm the son of whoever, I'm the grandson of whoever,' going through the, while the other person then does the same. And, I don't know, there's a very finite number of names or at some point they stumble onto the same name and what they're able to do then is say, 'Oh, oh, you're a relative.
You're a relative. Your 400th cousin of mine. You're a relative. Sorry I didn't recognize you. Here's how we can now both peacefully get some water here and walk away thinking that we are not going to be stabbed in the back afterward.' Totally artificial mechanism to generate a kin-selective solution to you and that scary armed stranger both at the waterhole.
The same exact thing is done in the Middle East with Bedouin tribes, with Bedouin clans, that at various points they come up with treaties, clans that have been fighting in some culture of honor matter. And what is done ritualistically is the old guys from each group get together and sit down and they figure out a way in which the history of their clan, they made a mistake.
They left out a name. They left out the name of one of their ancestors while they discovered this. And 'Whoa, we are actually sibling clans. We are not enemy clans. We're actually related to each other.' Nobody falls for it nonetheless. Symbolically, this is pulling in the power of kin selection and pseudokinship for decreasing aggression.
Pseudoparentesco: hermanos, pronombres y gramática
Now, the pseudokinship stuff is obviously great for all sorts of realms of decreasing violence and that sort of thing. Great example after the French Revolution. Not only was everyone like calling each other brother and sister, there's the informal sense in the 'vous' or 'tu' or 'tu' or 'vous' or something. There's the informal grammatical form that you use for family members.
And then there's the formal one you use for others. And a great example of that: when Leo Tolstoy was a child growing up in great privilege, being Russian aristocracy at the time. What he of course was taught was French and his nanny was French. And one time he ran to his parents in hysteria.
He was about 5 years old, that the nanny had had the audacity to address him with the informal tense rather than the formal, 'My lord' sort of thing. So you see that contrast there. In the aftermath of the French Revolution, there was a period where everybody had to use the informal family grammar there.
La teoría del contacto y sus límites
Everybody is a brother and a sister. So all of that is good news. But we've already seen something disappointing, which is our contact theory. Wow, you could turn them into 'us-es' and soon you're using informal French verbs or whatever. If you only have contact, we saw the limitations of that. It's got to be equal numbers on equal ground, without any sort of sacred symbols of each guy's side that would be viewed as provocative.
You have to have a shared goal. That takes some work to make people work as a team. And all of that done, what you see is coming out the other end is no lasting changes in attitudes. No peace leader that has ever emerged from one of those summer camps, that sort of thing.
Nonetheless, sometimes contact works. And when it seems to do its best, the studies show, is the largest decreases in prejudice against an out-group over the course of time is mostly happening when you're sharing positions in a workforce, when it's a peer in a workforce. Why is that?
It's a shared goal. There's not a big deal being made out of the symbolism of the two of you sitting there interacting with each other. Oh, look how great this is. You're just going about your jobs together. You were doing it for extended periods of time. And that is found to be a scenario where you have a fairly dramatic decrease in out-grouping the 'them.' That's a version of contact theory that works.
And ironically, insofar as we're talking here about non-aggression, it turned out one of the best domains for that was in-groups and out-groups dealing with each other in the military. This was something recognized with the sort of wave of civil rights movement and desegregation and such that to some degree the military had already shown that one version of contact theory there can cause substantial decreases in out-group animosity.
El altruismo recíproco y la tragedia de los comunes
Okay. Obviously the next thing that just gives us hope for the planet from an evolutionary standpoint is reciprocal altruism. Even if you're individually selfish and selfish with you and your two brothers and eight cousins, all of that reciprocal altruism from the very start of this course was a means of getting cooperation, a means of, in this case, decreasing aggression.
Now the basic problem with reciprocal altruism for trying to make the world better was summarized by this guy in the '60s named Garrett Hardin who wrote a very influential book and in the process introduced a very influential concept to us: the tragedy of the commons. And what he drew upon was historically, I don't know, Victorian England, medieval England, whatever, there would be a commons in a village, a big open field of grass that was open to everyone, of common use, and everybody could come and bring their sheep there to graze.
And Hardin's point was this generates the tragedy of the commons, which is every person, amid wanting the commons to continue, has a personal investment in cheating and having their sheep eat more than their share. And if everybody did that, the whole thing would fall apart and there'd be chaos and skinny sheep and things of that sort.
And this was the danger of shared resource where there's no individual incentive to not take more than your share. And Hardin became very famous for this being an extremely pessimistic view. And he was heavily embraced by these slowly emerging ecology and environmentalist movements of saying the planet is a commons and we are barreling towards a tragedy of the commons by those of us who are getting a disproportionate share of energy and clean water and all that sort of thing.
But amid that, something that was not paid a whole lot of attention to is that historically the commons worked. The commons worked throughout history of common resources like that. When everyone in the village had access to the same common source, you would not get things breaking down. Instead, the commons worked rather than being tragically dysfunctional.
And what this brings us to, of course, is the fact that there are payoffs with stable cooperation. We saw that back in the very beginning, that first round-robin tournament run by Axelrod, computerizing people's different prisoner's dilemma strategies. And the one that wound up defeating all the others, tit-for-tat, was one whose starting point was benevolent, starting point was cooperative, was capable of detecting if it was cheated against, was capable of being punitive in response.
But the response, the retribution, was proportional, and there was a mechanism for it being solved, for forgiveness, for things being reestablished again with cooperation. What we see with all of these is that can that, um, reciprocal altruism and the emergence has on a certain level been the ways by which you solve tragedy of the commons.
So what we started it off with back then is why if there's a known number of rounds, if it's one round, it never makes sense to cooperate because if the other person stabs you in the back, you will always be one step behind at the end of your one-round game. And we saw the logic that whatever number of rounds it is, there's the same logic if you know how many rounds there are.
La sombra del futuro
There's the same logic to not cooperate in the very last round. And thus, insofar as that was already decided, it doesn't make any sense to cooperate in the next-to-last round and the next-to-next-to-last round and going all, why any number of rounds as long as you know what that number is, collapses cooperation. What we saw was what fosters cooperation is as soon as you put in an unknown number of rounds because there is always the possibility, there's always the possibility of the other individual being able to take revenge.
The term given in the field is that as soon as you have an unknown number of rounds, you have just invented the shadow of the future: the possibility that there is going to be a future that will make any action you take right now potentially not to have been worth it when you were looking back on everything.
Juego a libro abierto: reputación y destierro
As soon as you put in an unknown number of rounds, you begin selecting for cooperation. So we saw that what we then begin to see are elaborations on this unknown number of rounds and you have what's called open-book play. You're coming and playing against this individual, and it's an open book as to what you did in your previous games with other individuals.
You can come with a reputation, and as soon as that comes in, that you could find out, 'Was this person a creep in previous games?' So don't give him an inch, don't give him the benefit of the doubt. What do we have here?
What is open-book enforcement of reciprocal altruism? That's what gossip is doing. That's what gossip is doing in traditional societies where it's a means by which you get consensus for norm violation, norm violators. Once it is possible that the next person you are going to play against knows just what you've been doing in the past, that selects for cooperation.
Added to it, an even stronger tendency that we see here is unknown number of rounds, open-book play, and your opponent, other players, have the option to opt out, to shun you, to ostracize you, to refuse to interact with you. And if the sort of cooperativity going in something like this is a payoff for everyone, this is a tremendous cost as soon as people have the option to not play with you.
And that's the biggest way you can have an adverse consequence for being a jerk with open-book play. Your reputation being so bad that you are excluded from it. And a version of that is seen in all sorts of hunter-gatherer societies where they spend tons of time gossiping around the fire at night figuring out who needs to be sort of dealt with.
And what he noted was a hierarchy that is found amongst most hunter-gatherers. What do you do with a norm violator? You sort of talk to them or you like take away some privilege of theirs or some such thing. You don't treat them reciprocally, something like that. But in all of these cultures, the extreme thing that winds up being done is the person is tossed out.
The person is put out on their own. The person is shunned. And in places like that, that is basically a death sentence. And what is seen at the most extreme version of shunning someone, taking them out of the picture, is in most indigenous hunter-gatherer cultures, there is murder. There is murder. And it is almost always group consensus.
Everybody gets together and decides this person is beyond the pale. And if and only if there's something resembling consensus, that's when you see individual violence in hunter-gatherers along with male-male competition. So as soon as you have the option of opting out and not playing with someone or opting them out if they're being a jerk, you strongly pull for cooperation.
Varios juegos a la vez
Then next, studies began to explore a piece of reality, which is we're all in different sort of games, multiple games simultaneously, game scenarios where there's the option to cooperate, the option to compete in between, and you have to decide what your strategy is going to be. Life is full of us participating in multiple games.
Do you stop for the pedestrian? Can anyone see that you were jerking? You drove through the crosswalk, things of that, all the way up to the most obviously clear examples where you have to choose whether to cooperate or cheat. And what you see is insofar as people are simultaneously in multiple games, if you hook up two players and they're playing in a particular game that has a certain barrier, a certain degree of inertia for establishing cooperation.
If they are simultaneously in a game alongside, if they alternate rounds between game one and game two, and game two happens to be one whose setup is it is very, very favorable for cooperation to emerge. As soon as it's established here, you see crosstalk. You can get bleeding from a cooperative relationship coming into this.
And what studies have shown is under what circumstances is it easier for the cooperation to bleed into and influence the non-cooperation? In what circumstances does it go the other way? But the fact that multiple games are going on for any given person, that gives all sorts of possibilities. Where things really start to move in the direction of cooperation is as soon as you introduce the possibility of punishment.
El castigo y el gusto por castigar
Punishment for antisocial play, punishment for somebody stabbing you in the back and tit-for-tatting, or most like basic, you know, fruit fly of introducing punishment into reciprocal altruistic relationships. There's a problem, though, with introducing punishment into the scene. And this is something that plagues every aspect of reform of the criminal justice system or things of that sort: the fact that we like to punish.
We like to punish righteously. People will pay for the opportunity to do so. Most informatively, when you stick somebody in a brain scanner, the chance to righteously punish someone causes the dopamine system to go crazy. We like punishment for its own sake. On some level, retribution, justice being done in our minds, in our limbic systems, is a virtue in and of itself.
So any assessment of one introducing punishment into this whole realm of strategizing, you got to keep in mind that a lot of the time there is a pull for punishment for its own sake. Okay. So punishment, first version, simplest version, is the person who you have just stabbed in the back has the option of punishing you back in return.
And most games that introduce this have some element where in the aftermath the victim is willing to give up X amount of their resources in exchange for the jerk losing 2X amount of resources. They are willing to pay to punish the other individual. Or you can even see a formal version of what would count as spite.
You're willing to pay 2X of your resources just to get them punished 1X. You're willing to pay more just to get them punished in some way whatsoever, even to a lesser extent. As soon as you introduce the possibility of victims punishing and punishing of a magnitude more than the cheating got to you in the first place, cooperation comes through like crazy.
El castigo de tercera parte
That immediately selects for where you really get powerful reigning and effects of punishment in terms of maintaining cooperation is when you introduce what is called third-party punishment. You're a chimp and you're seeing some other chimp being a jerk to that chimp, and you intervene in their defense. That is third-party punishment. An objective, disinterested outsider who has a veil of ignorance as to who's done what, but nonetheless sees somebody being victimized and steps in.
As soon as you have third-party punishers, that really powerfully selects for cooperation. Why is that so? Because what third-party punishment does is it moves this whole world of 'are you nice or not nice to people?' All of that outside the realm of dyadic relations, just between the two of you. 'Whoa, look at that.
Just between the two of you.' And by bringing in a third party, what you have done symbolically is you bring in everybody else and their potential judgments. Third-party punishment is a way, in effect, building on open-book play for everyone to collectively decide that punishment is needed. Okay. Note though that in third-party punishment, in any of these, it is coming with a cost.
This individual is willing to give up 1X of their resources to have the jerk lose 2X. That would be third-party punishment when they were not the victim. They're willing to pay their own stuff in order to do third-party punishment. It is costly. What is the motivation for it?
And in some circumstances, the third-party punishment collapses. In a number of cultures, what looks like third-party punishment then falls apart because when the third party, one, sort of punishes the jerk, they take their possessions. So, this is not really like a disinterested one. Um, and various anthropologists have noted this pattern, but third party overall, what is the payoff for it?
And the payoff is shown to be trust in open-book play. If somebody comes in and not only are they known to have been an honest player, but when information, reputational information, is given that they have been a third-party punisher, they are trusted even more. Being a disinterested bystander who then steps in is in effect an amazing way of generating social capital in your social systems, generating trust.
Another way of stating this is like in some cases third-party punishment. It doesn't necessarily have to come in the form of trust. You can get paid to be a third-party punisher. That's what police are. That's what society as a whole does in pooling resources to make it worth the while of somebody to act as a third-party agent.
And, you know, police, that's what they are. And we pay for their salaries, we pay for their like dental insurance, things of that sort. That's another way, embedded in the trust, is to get an external source of payment. Okay?
So, none of this makes sense if none of you are ever going to encounter the jerk after that. What we also have as a motivation for motivation for third-party punishment is pay-it-forward realms. You know that you are likely to interact with this individual somewhere down the line because there's 25 of you in this band, and by investing in third-party punishment here, if you make it more likely that they're not going to do it when they face you, that's another motivation.
Tramposos de tercera parte y códigos de honor
Okay. So third-party punishment, pay-it-forward strategies, strategies where you earn recognition, you earn reputation and trust, all of that. So we have another problem here, though, which is naturally as soon as we have third-party stuff coming into there, we have the possibility of third-party cheaters. And what do we have here?
This is a realm of corrupt cops. This is a realm of when they wind up having to choose between doing their role or something selfish. And what do you thus have? You have circumstances where this individual has done something crummy to that one, and you have a third-party punisher, and there's the possibility for them to cheat.
What do you have to have there? The possibility of punishment of them. What's that? That's police review boards. That's police review boards looking at citizen complaints about police brutality and things of that sort of assessing whether this person is doing a competent job. What we're beginning to get to here is something that is familiar with honor codes in all sorts of places like West Point Military Academy, which is you could get punished for cheating.
Okay, so that puts you into that realm. You could get punished for knowing that somebody else cheated and not turning them in. In other words, you potentially being an effective third-party punisher by going and telling the authorities about the person, and instead you have cheated by the rules of that honor code, and thus you need to be enforced in your third-party role, punishing for not turning in somebody else.
And what you begin to see here is every one of these steps as you add them in makes for more cooperation and makes for eventually with enough layers of this what you're defining is society in circles of people keeping track of each other pushing for some sort of cooperation there. Okay. So all sorts of good stuff could come out of this.
And we see in this context just how crazy, counterintuitive, and bizarre all those people in ex-Soviet Bloc countries doing that pathological sort of non-altruistic punishment where you're punishing somebody for being too generous because if they do that, everybody's going to start expecting you to be generous and everybody, and what, and let's nip that one in the bud and punish them for being overly cooperative.
Convertirlos en «nosotros»
You could see in the context of all of this just how unprecedented, just how pathological that winds up being. Okay. So, what this begins to introduce, once you're doing things like getting cooperation more easily selected for, what we now take that to is a larger level. And when you turn uncooperative people into being cooperative, which defined by your own self-interest, the interest of you and your in-group, is mechanisms by which you turn them into 'us-es.' And that happens all the time.
In the face of the fact of that, we clearly are very, very hardwired for 'us-them' dichotomizing. 10-month-old kids already do it. As we've heard, you look at a face of an 'other' and the dichotomized response to that is occurring in under a tenth of a second, and it is really hard to condition it out as we saw also.
Throw oxytocin in there and the fact that our brains are divided into 'us-es' and 'them,' and that oxytocin enhances prosociality amid the 'us-es' but makes you crummier to the 'them,' showing we have a very, very fundamental split in our heads in terms of 'us-them' dichotomizing. So how do you overcome that?
La amígdala y el otro: el 75 % y el 25 %
How do you ever turn them into 'us-es?' And this takes us now to this factoid we've been hearing at various points throughout the course. Put somebody in a brain scanner. They're white. Flash up faces in front of them. Flash up the face of someone who is Black. And in about 75% of the people in the brain scanners, you get activation of the amygdala.
Maybe not activation for eight hours afterward. Maybe activation for one second before the frontal cortex kicks in and says, 'Don't think that. That's not who I am.' Whatever. But about 75%. That number keeps coming up, and that's roughly the number that appears in there depending on what kind of picture, who's in that picture, what face, what gender, what age, what facial expression, but nonetheless averaging out to about 75%.
So what this finally brings us to is who are the 25%? What are the predictors of people who do not have an automatic implicit amygdala responding to them within a fraction of a second?
Who's the 25%? And what you find in those studies is it tends to be people who grew up in multi-racial neighborhoods, not ones that were de facto segregated in terms of social interactions, but grew up in a setting where multi-racial interactions were the norm. Second predictor, that you at some point had a close intimate relationship with somebody of that other group.
Those are the predictors. So what we're saying here is those sorts of interventions, what they're doing is making them not really count as 'them' anymore. Moving them out of a 'them' category into being an 'us' or an honorary 'us' or some version of that. One of the effective means there when you see, look at the 25% is experience in life has made them not to have that as a particularly relevant dichotomy between an 'us' and 'them.' That's not one that's important to them.
All sorts of manipulations can be done though to change 'us-them' categorizing over the course of just a few minutes, not over the course of your lifetime, because we can't go up back and decide we want to grow up in a different neighborhood. And this is back to this work by Fiske and her colleagues at Princeton showing what things can you do in the minutes before you stick somebody in the brain scanner and you're flashing up faces.
What sort of psychological manipulations, instructions, things of that sort can you do to blunt the response of the amygdala? We already heard many weeks back a way to make the amygdaloid response even more extreme and play stereotypical music that you don't like associated with that output. Whatever we heard that one, what could be done?
What subliminal stuff? What instructions? What some stuff going on in the minutes before can you do to undo this amygdaloid response? The easiest one tells us nothing at all. In this version, what would Fiske do?
Fiske would say, 'Okay, we're going to flash up a bunch of pictures, and if there's a red dot in the middle of the picture, if you can spot it before we take the picture away, you get one brownie point.' Person has an incentive to be looking for this thing that has nothing to do with the faces.
What do you see then? There's no amygdala response. No wonder they're not processing the faces as faces. When they're seeing the face of an 'us,' the fusiform is not activated. When you're seeing the face of a 'them,' the amygdala is not, because all they're doing is looking for this little dot. Okay, hooray.
Recategorizar: las camisetas rojas y azules
We can solve amygdalas activating in response to 'them' by making faces irrelevant and just have us look for like how many nose hairs somebody has, and that's the only relevant thing. So that's great, but doesn't get us very far. Another option is to move the person, the 'them,' into a different category that you share with them in a completely neutral, arbitrary way.
And this is shown, I think we've already discussed this, we, I think I've already talked about this. Um, these are studies where you look at a film clip of a bunch of people playing basketball, and half the players are white and half are Black and split up between the teams, and there's all sorts of action going on.
And afterward, you ask the subject, 'Okay, which person was it who blocked that shot? Which person was it who did that amazing three-pointer?' Which. And what you see is if somebody gets the wrong answer, if they pick the wrong person, they are way more likely than chance to pick somebody of the same race as the person who actually did that.
Oh, they've got an automatic category in their head of race in there. Automatic one. So that insofar as you were turning them into undifferentiated 'them-s,' if you're going to make a mistake and pick the wrong person, it's going to be someone of the same salient category. Now do the experiment a little bit differently.
And now it's a film clip where everyone is wearing a red shirt or a blue shirt, and two different teams, and each team is racially balanced, all of that. And now the game goes along on the same stuff. And you ask somebody the same kind of questions. 'Who was it who did that amazing between-the-leg dribble or whatever?' And if they identify the wrong person, it's more likely than chance for it to be somebody of the same shirt color.
In other words, what you've done with that, with putting in another dichotomy that is screamingly apparent, some of them have red shirts, some of them have blue shirts. You have subordinated race as a dichotomized category, as a meaningful category. You've subordinated it to this completely neutral one. 'What color shirt is it?' That kind of thing.
And that color shirt is a means of also appreciating how shallow race as a categorization is. Do the same thing with people, players of different sexes, and you continue to categorize by sex regardless of the shirt color. That's a more salient category. Why does that make sense?
I think we've discussed this already. Why does this make sense? How long have humans been paying attention to the sex of other individuals? How long has sex been around? And it's, I don't know, 150 million years or so. That has been a salient category to us for a long, long time. Best estimates are that racial differences only evolved in the last 30, 40,000 years or so.
So that's a blink of an eye. That is a very recent addition to the human psyche. And for 99.9% of that time, your average person never met anybody from a different race because you're a hunter-gatherer in this corner of the planet. And you'll maybe travel 20 miles from your home over the course of your entire lifetime, and the nearest person of a different race is 5,000 miles away.
Race is not a particularly fundamental category. And this dovetails with all the findings that race from an evolutionary standpoint, from a genetic standpoint, from a biological standpoint, is a statistical construct. And it is easily supplanted by what color shirt someone is wearing. Now you can break down that particular 'us-them-ing' and get an amygdala that's not going to respond by putting the individuals into a different, a different category where that categorical boundary really matters to you now relevant to this.
Los Giants y el truco del brócoli
I was doing some reading recently and discovered San Francisco has a baseball team. I had to look that up, and they're called the Giants. So, they play baseball, and there's people in San Francisco who like the Giants, and the Giants have a mortal enemy team, and I can't remember which it is, but people who are Giants fans loathe the other team.
And so now you're flashing up pictures of faces, and you've managed to catch one of these San Francisco sort of obsessive baseball Giants fans and stuck them in a brain scanner and you're flashing up faces, and some of them are the same skin color as the person in there, and some of the but each one is wearing a baseball cap either with a Giants logo or a logo of the dreaded [opponent].
Skin color doesn't begin to have any effect on the amygdala response in a fraction of a second. The amygdala has switched to what's the most important 'us-them' in the universe: 'Us Giants fans versus anyone else.' And that's like you see two people as different as possible sitting next to each other in a stadium chanting the same stupid chant for their team or something.
And that is the only 'us.' That's somebody you would live for and die for and kill for all of that because they're your blood brother because you both know how to sing this ridiculous team song or something that completely supplants race as a relevant category. So you can do that. But then the most interesting thing is the final experiment that Fiske did was something where you would sit the person down before, say, 'We're going to put you in the scanner, and like, we're going to show you a bunch of faces and tell you, what, for each face, um, tell me if you think that somebody would like to eat broccoli,' some completely random, arbitrary food, a food without any particular cultural sort of connotations or something.
'So here, look at each face and tell me if you think that's somebody who is going to like broccoli.' So you stick the person in the scanner, and they're going through, and what you see is the amygdala is much less responsive. It may not respond at all. That is blunting it. Why?
Because you've been given an instruction to individuate that person, to look at their face and imagine them sitting down to dinner and taking a bite of whatever. And do they love it or is that something they particularly like?
You imagine them in the aisles of the supermarket. You imagine them as an individual rather than them as an arbitrary member of this out-group category. And that's an incredibly powerful way of undoing it. So there are all sorts of ways in which you can undo variations of 'us-them-ing,' recategorizing, recategorizing in a more relevant sort of kind of way, individuating the person in a powerful way, and these things can work.
John Newton: la conversión a plazos
Two interesting historical examples of this showing the extent to which they can work and where they still don't work completely. One of them was this guy, John Newton. John Newton in the late 18th century, early 19th, he was one of the leading British theologians and abolitionists, and he played a key role in 1803 when the British Empire banned slavery or transports of slaves.
They didn't free people already slaves until sometime after that. But he played a key role in that, giant figure, theologian, religious sort of rationale for why we got to stop the slave trade and like somebody of massive good. As a young man, John Newton was the captain of a slave ship. He spent quite a length of time ferrying captured slaves from West Africa to various points in the New World.
And this is how he made his living. At one point he was captured by pirates, and he was kept as a slave in what's probably now Mauritania for a number of months before he was liberated. Okay, here's the change that's going to come with him. He now has experienced life as a slave.
He knows with an empathy and what they're going through and all of that. So what does he do? He goes back to being the captain of a slave ship. Has no effect on him. Later point, there's some massive storm, a massive, and the ship's about to sink, and he prays to God saying, 'If you save me, I will transform my life.' And the storm stops, and this is transformation that he says, 'I can't be a slaver anymore.
I have to like work for Eban.' Nah, that's not what he does at this point. He decides that God has told him it's time to stop being a slaver. And besides, he's getting on the old side, and that takes a lot of work and stuff. So he goes to theological school in England, and while training to be clergy, he's investing in the slave trade.
Can you believe this guy? He's going on like this. And none of those made a recategorization in him. And somewhere when he was decades and decades past, finally having nothing to do with the slave trade, something shifted in him, something changed, and he became this leading abolitionist who had an enormous moral authority because he was willing to say, 'Uh, I used to make a living as a slaver.' Enormous impact, all of that.
And he celebrated his moral transformation there by writing a hymn, uh, that all of us have heard of. This is the composer, author of 'Amazing Grace.' So that's wonderful and so moving. But nonetheless, there was a period when he had just sort of graduated from clergy school where he was an amazing humanitarian in London and taking care of the needs of the poor while still investing in the slave trade, moving categories around.
And some people counted as being worthy of your protection and being beneficent to the poor. And he was renowned for it while the whole time maintaining a category so strong there that he could continue to become rich from the slave trade. So changing isn't uniform across these categories. Another example of this incredibly moving story.
Zenji Abe pide perdón
This was late 1960s, '70s or so. Pearl Harbor Day. What's that? December 7th. Commemorating the day that the Japanese had Pearl Harbor and sunk a whole bunch of ships and killed like 2, 3,000 sailors and civilians. And every year there's Pearl Harbor Day commemorating that. And every year there's this ceremony on the island of, which island is it?
It's the small, the island where the attack was made where Pearl Harbor is, and decreasing numbers of soldiers, sailors who were there and survived it now as old men coming to this ceremony each year to commemorate what happened. And one of these years as these aging survivors of this were standing there and singing 'Amazing Grace' or who knows what, suddenly from out of the crowd came a very elderly Japanese man who came up to them and in halting English he apologized for what he had done on Pearl Harbor Day.
The man named Zenji Abe had been one of the lead fighter pilots in the attack on Pearl Harbor. He was as militaristic as you could get. He was in the military academy in Japan, in Imperial Japan, starting at age five. He had spent his whole life in this, and he was thrilled to be leading the attack.
And now 50 years later, whatever year it was, many decades later, he was now this old man coming to apologize and begging their forgiveness. And some of the survivors there had nothing to do with him. But one man embraced him, and they became very close and eventually visited each other's families. And when one of them died, the other wrote a letter to the grandkids about how what a wonderful man grandpa was.
And this was someone who had been dropping bombs, connecting with someone who had been on the ground getting injured in the process with friends getting killed left and right. And this is what they did decades later. Oh, great. This is so wonderful. This recategorization. So the first question about Zenji Abe is where did this come from?
How did this guy do this? And there were some interesting things in his past. Towards the end of the war, he was captured and he wound up as a POW of the Americans rather than the Soviets, for example, and he was very well treated and he kind of appreciated that. Going back to Japan, he got a job in some corporation which at some point was bought by an American multinational, and he worked for an American company, and they were like kind of nice bosses, and he kind of discovered he liked Americans.
One of his kids married somebody American and moved to the United States. And so all sorts of things chipping away at turning Americans from 'them' into 'us-es' enough for him to want to apologize. The final piece of it was the pilots in Pearl Harbor were told that Japan had declared war on the United States that morning.
That was not the case. Pearl Harbor was a sneak attack. And when he found this out, this was shameful to him. 'You sneak up. No, you don't sneak up on the enemy. You say, "We are at war and I honor you enough to tell you that you are now my enemy,"' and this was a shameful thing to have happened.
So all those pieces put together help explain how this man did this incredibly dramatic change in 'us-them-ing' many years later. So what's the problem there with that? Just as we saw with John Newton being wonderful to the poor of London by still being perfectly fine with there being slavery. A similar thing with Zenji.
Some years before Pearl Harbor, he had been part of the Japanese military that had invaded Manchuria, invaded China. And people who know the history of that, the Rape of Nanking, one of the most brutal, atrocity-filled conquests in all of history, the Japanese were unspeakably brutal to the Chinese who they had under their control and stuff.
And during that period, Zenji Abe was in the air force, and he took part in it. And there's no evidence that he ever went to anyone in China and apologized for his role in that. What's the difference?
I don't know. His kid married somebody. Maybe that was that. Maybe the fact that Americans have been an enemy for two decades or so, whereas the Chinese have been enemies for 2,000 years, and traditionally that the 'them-ing' was more superficial in the case of Americans. Nonetheless, just like John Newton, this was somebody who was capable of still keeping a horrendous 'them' while another category of 'them,' he was able to have a moral transformation.
So the pieces move separately. Now what this brings up in the face of like what individuals can accomplish, peace, rapprochement, forgiveness, all of that, cultures can do it as well. We've already heard about some of those amazing examples, how Northern Ireland managed to become peaceful, other ones that seem totally improbable, the role of sacred symbols in the process, all of that.
La asimetría moral del apartheid
So, these two prior combating cultures have now figured out how to get along with each other. And what comes in at this point is back to that sort of point from a few days ago, the importance of sacred symbols, all of that forgiveness of that there is an asymmetry to it. There's an asymmetry of what should be expected.
Who was the oppressed in that relationship? Who was the unprovoked aggressor? Aggressor who dominated in the aftermath or in any assessment of what went on? There's an asymmetry built into there forever after. For example, in the aftermath of South Africa gaining its freedom from the apartheid regime there, there was some mention, some like counter-story, side, whatever, um, focusing on the fact that a number of atrocities were carried out by freedom fighters, members of the ANC, the African National Congress, that they in some cases committed atrocities against African civilians, and much was made in the aftermath in the West that was still kind of not sure if they liked the idea of this, that, 'You know what, there were bad people on both sides.
You know what? Both sides committed atrocities.' There was an attempt at trying to make them equivalent, and they could not possibly be equivalent. Just to give a sense, okay, apartheid for decades and decades before, if you were in the subordinated 'them' group, your streets were filled with police and soldiers with guns of the 'thems,' you were not allowed to go to certain places, checkpoints.
If you were working in the 'them' area, the dominant culture's area, you went through frisking every day and arbitrary harassment. You were given identity cards of different classes indicating which areas you could go into and which not. Then you look at the violence over the course of the violence. Yes, there were atrocities by some of the fighters on the South African side.
And the wonder of Mandela with his reconciliation committees, commissions, was that he insisted that those people be brought to justice, but it was the numbers. And, I don't know, maybe I'm just pulling numbers out of a hat here, or maybe I'm thinking of some other arena of violence. If the freedom fighters from South Africa killed a thousand civilians among the white majority, the white majority killed 34, 35,000, and probably 17,000 of them were children.
Again, I think that's what it was, but this may apply to another conflict. Moreover, what did the dominant culture do there? It blocked supplies going into the areas of rebels. It cut off water. It cut off electricity. It attacked aid convoys from the UN. It allowed a messianic extremist militant group of vigilantes among them to be armed and to look the other way when they were, you know, just tragically taking supposed justice into their own hands, facilitating it.
All of that going on and all along rationalizing the domination with messianic notions of 'God is on our side' and 'this is what was meant to be.' And you look at that, and you look at the aftermath, and you look at the government that had the power and the bombs, being handed weapons by the West, by Western corporations refusing to divest and making those governments, that apartheid government, wealthy and all of that because they were very resistant to divesting.
Look at all of that. And as you assess something like that in a historical context, there is nothing resembling moral equivalency there. There's nothing that could be cited at all. You can feel empathy for the circumstances that brought about one of those people being someone who would commit atrocities, and perhaps you can feel empathy for the innocent victims from the side of the oppressors.
But there should be no obligation to do so, and not that that should not be a watermark of one's humanity because this works asymmetrically. Okay. So this brings us back to the notion of tragedy of the commons, and Josh Greene, who we have heard oh so much about over the course of various topics here.
Greene: la tragedia del sentido común
Josh Greene had a very interesting observation. He said, 'The tragedy of the commons is about in-group members. All the shepherds in this village, everyone who had sheep, everyone who is sharing a water source and not taking more than their share.' What tragedy of the commons is about in-group problems. And what it's about is me versus us.
Do I act selfishly against our collective 'us' interests? In contrast are in the circumstances where it's 'us' versus 'them.' And he termed this instead of the tragedy of the commons, the tragedy of common sense thinking, built around a very critical notion, which is both groups. This is not you and the neighbor having your sheep hog the food or whatever the grass.
This is another group comes in, and now they want to use that land for farming, and you want to use it for herding, and it's you versus them on a very large level. And what Green identifies is the single most damaging thing that comes into tensions like that is when anyone on either side begins to cite the notion that it is their right to do something.
Because as soon as somebody is saying it is their right, they are running their limbic system rather than their cortex. What they've just done is said there is something I cannot justify. I cannot give a rationale for that would make sense to anyone outside of our own particular biases, mores, history, prejudices, and so on.
And I cannot explain why this should be the case beyond citing it as a right. And the problem with tragedies of common sense differences is both groups believe that they are in the right and they have their rights, and they are mutually incompatible. Now what came out of that is really interesting work that he then did looking at sort of when you evoke people being more prosocial in the context of a tragedy of the commons and when you make them more prosocial in the context of tragedy of common sense.
Two mutually incompatible views as to what counts as justice, as to what counts as sacred, as to what, and there is no resolution there that is possible as long as the sides are saying it is my right. I can't tell you why it is my right. And what he showed in a really interesting experiment as follows.
Decisiones rápidas para «nosotros», lentas para «ellos»
You take somebody in an economic game and they believe they are playing against an 'us,' a fellow member of their tribe. And what he shows is the faster someone is forced to make a decision whether or not to cooperate or cheat, whether to be a nice guy or a jerk, all of that, the faster you force them to make a decision, the more likely they are to come up with a prosocial one.
When you are running on automatic and it is an 'us,' the implicit thing is to be nice, to be cooperative. In contrast, when people believe they were playing against a 'them,' the faster you force them to give a response, the more likely they were to do something jerky and backstabbing. In other words, when we run on implicit, there is implicit bias against, hostility towards, discounting the needs of, decreased capacity of empathy for the 'thems.' And out of that, he showed comes a really important sort of prescription.
When you want people to be nice to their 'us-es,' if it's a 'me versus an us' issue, automatic fast responses tend to be prosocial. When people have more time, they can decide why it's not really their problem and somebody else will take care of it. And, you know what?
That person hasn't really been one of you have time to rationalize away your first instinct of being prosocial. And when you're trying to get people to be prosocial and making decisions of cooperation rather than cheating with 'them,' the longer time they have to decide, the more likely that is to be the outcome because the first reflex is antisocial.
Longer time to do the very costly prefrontal cortical task of thinking about the world from their perspective and trying to understand how they got there. Rapid-fire decisions about 'them' tend towards the hostile. Rapid-fire decisions about 'us-es' tend to be prosocial. And I think out of that comes an incredibly important sort of set of guidelines.
La neoselección de grupo
Now what this all leads us to ultimately as soon as we have Japanese individuals apologizing to a group of American survivors, we are looking at versions of neo-group selection. As soon as we have nations, as soon as we have religions, ethnicity, we have moved into our world of neo-group selection. And what you see is sort of focusing on that can produce some very bad things.
All sorts of cases where increasing in-group cooperation causes a compensatory increase in out-group hostilities. That's the male chimps in the same group sitting there and them doing all these affiliative gestures with each other and getting everybody all emotionally contagioned to go do a border patrol and kill a male from another group. One of the worst outcomes is when there is a compensatory thing so that making one side of the equation better guarantees the other side gets worse.
La tregua de Navidad de 1914
Okay. Within that though, there are cases where group selection has shown people recategorizing in dramatic ways as to which group they believe they belong to. And the famous moving example of that was the first Christmas of World War I, the World War I Christmas truce. December 1914, trenches in France and predominantly German soldiers facing off against British soldiers because the French had already surrendered.
And in the trenches there and the powers that be, heads of states, the Pope put in his two cents, declared that there would be a ceasefire Christmas evening so everyone could have Christmas dinner to go and collect their dead from no man's land in between the trenches. And that was decreed. This is a top-down decree.
Heads of governments, Popes, all of that agreeing, 'We are going to have a truce for that evening.' So along came that evening, that December 1914, and people stopped firing at each other. And after a while, they worked up the nerve to come out of the trenches, to go into no man's land to retrieve their dead.
And after a while, when they were trying to drag somebody back, somebody from the other side would help them carry the person. And then after a while, they were sharing dinner together in no man's land. And after a while, they were praying together and exchanging gifts and all of that. And the most remarkable thing about the Christmas truce was, and the next day they refused to go back to fighting.
They exchanged weapons as souvenirs. They exchanged medals, things of that sort. They took down each other's addresses so they could visit each other when the war was over. They played soccer. This is being like something that was documented, photos of it, where nobody kept score. These people who two days before were trying to kill each other were playing a game of soccer and exchanging Christmas gifts.
And in lots of areas of the trenches, it went on for a second day and a third day, and eventually the officers, the powers that be, had to show up and say, 'Unless you get back to running a war here, we are going to shoot you.' That's what broke up the Christmas truce.
And what was going on there was a switch of categories. Who is an 'us'? An 'us' is all of us poor bastards stuck in the trenches. Those trenches or these ones, where what's the enemy?
The cold, the freezing rain, our food that's rotten, the rodents that eat through our food, the lice, all of that. The damn officers who show up and toss us out to be killed for their like professional advancement and such, they all formed a common enemy at that point. And they all formed thus a completely new category of an 'us.' And that went on for days and days until they went back to trying to kill each other.
And what I've always been struck by is this happened up and down the hundreds of miles of the trenches there in France. If there was one invention that existed then that we have now, if people had cell phones, if you could have called up your buddy who was in the front 20 miles north and said, 'You know what?
None of us have gone back to fighting here.' 'No.' And they would say, 'Us, too.' And up and down the trenches. And if people knew that they were not an isolated pocket refusing to go back to war, if instead they found out that this was the case up and down the lines, that damn war would have stopped that day and everyone would have put down their arms or they would have held on to their arms and gone back home and gone after the people who really were responsible starting the war.
And if they had been able to get a mass movement there, something would have emerged. What would have emerged is the end of World War I in Western Europe. If only they could have communicated. But nonetheless, what was going on for those two, three days afterward where it was every one of those soldiers had a different category in their head than usual as to who was an 'us' and who was a 'them.' There were all sorts of truces that came up along the trench lines that didn't happen because the Pope decreed it that were bottom-up, that emerged spontaneously.
Treguas espontáneas de trinchera
So, how do you spontaneously form a truce with the guys 100 yards away where all of you have been spending every day trying to kill each other? Here's what would be done. And this has been documented by this Axelrod wrote a book called 'The Evolution of Cooperation' where he had a chapter on these spontaneous truces during World War I.
Look at what they did. You bring up your best gunner, and they lob a shell over to the other side, not into the trenches, but blow up like an outhouse 20 yards behind the front line. Okay. Then have them do it again. And again and again, and land shell after shell on that outhouse.
And what are you telling the other side? 'Our guy is so good that he could have been landing it on your heads just now, and we chose not to do that.' 'What are you going to do about it?' And then the other side would get their best gunner and shoot and blow up the tree behind there over and over and over.
And what they have just worked out was a truce between each other without an exchange of words, without speaking the same language in most cases. And what emerged after that was troops shot over each other's heads. They did that regularly. Casualties went way down because they were quietly refusing to shoot each other.
And what they worked out were signals for when their officers showed up. 'Sorry, we got to actually shoot at you for a while. The damn colonel was here,' and had to reestablish the truce. As soon as that officer left, they evolved a tit-for-tat strategy. You'd have some new rookie on your side who didn't know how things worked and landed a shell down in the middle of their trench, and somebody from your side would hold up a white flag, stand on the edge, and say, 'Very sorry about that.
We've got this new kid here who screwed up. Yeah, we, we, we filled them in.' And tit-for-tat, what would be done then is they could launch one shell into your trenches. And each one of those was kill three or four men. And then the truce was reestablished. And they did this over and over again up and down the trenches until the military brass on both sides realized this was happening and began to transfer troops up and down the line because that broke up the prerequisite for beginning to change the 'us-them-ing' there.
Every morning you hear one of them singing this folk song while they're shaving. Every day they're like caricaturishly singing one of your military songs, and like you, after a while, sing back, and, and you're beginning to get a sense of them as individuals in there, and the second that happened, over and over again, there were the means to generate these spontaneous truces.
Por qué esta clase se hace cada vez más larga
So this brings us to the end of our aggression and antidotes to aggression material. And amazingly, back in the past, I don't know, 10, 15, 20 years ago, giving this class, this lasted for two lectures, and somehow each time it keeps getting longer and longer. And I kind of know why that's the case that this keeps getting longer.
And this has something to do with what I experienced a long time ago, shortly after college, I was in East Africa. I was spending a year there getting my baboon research started in Kenya. And next door, a war broke out between Uganda and Tanzania. Uganda at the time was ruled by one of the dictators of all time, before your time, but nonetheless, maybe lots of you have heard of him, Idi Amin.
Idi Amin had seized power in Uganda violently, and he was irresistible to the West because he was a buffoon. He, he had British businessmen carry him around in a sedan chair or else he would shoot them. He wrote love letters to Queen Victoria inviting her to be his sixth wife or whatever. He declared himself the King of Scotland.
He had done some of his military training in Scotland and came back for a fondness for this. And for long periods in court, every time he came in, they'd play bagpipes, and he had soldiers wear kilts, and oh my God, he was a buffoon. The West couldn't get enough of this guy. And at the same time, he was killing tens of thousands of Ugandans that were not of his tribe.
He was destroying the economy by pocketing it. And as both bragged about by him and is documented on some occasions, he ate the flesh of his enemies he had killed. And he eventually made a mistake. He decided he was going to invade Tanzania and take over some of the land. And Tanzania's army counterattacked and rolled over the Ugandan army, which any member of there who was not of his tribe didn't want to be there, and the army collapsed.
And over the course of a few weeks, the Tanzanian army came up west of Lake Victoria and swept over the top to the capital, Kampala, at which point Idi Amin fled the country to Libya, which welcomed him. And Uganda had been liberated from him. And they pushed a little bit further, a further east, and opened up a corridor from the capital to the border with Kenya.
The day after they reached that point and opened up the border, I hitchhiked into Uganda. I was near the end of my year's work. I was at a point where I could like take a few weeks off. I wanted to see this. People were dancing in the streets. When do you get to see this?
I wanted to go to Kampala and look at people celebrating this. For years, I'd been hanging out with Quakers and trying to make sense of, 'Is there ever such a thing as a just war?' And if any seemed to fit that description, this one was it. So, I wanted to see what it was.
That's not why I wanted to go to Uganda. I wanted to go because like it was exciting and it would be cool stuff to see. And up until recently before that, someone had been staying with me, and she had left. So I was having all sorts of neurotransmitter issues. They were being upset about that.
I was being like a 20-year-old sub-adult primate, and I wanted to go see a war. So I hitchhiked into there, and I got to see terrifying things and heard things blow up, and it was appropriately scary and stories to tell forever after. And finally, finally, it became too much. And I realized, 'I'm scared and I want to get out of here.' And I wanted to hitchhike back to Kenya in safety as soon as possible, which I started to do.
But one last thing I wanted to do before leaving Uganda. Ever since I was a kid, I've been reading about the explorers of Africa and the attempts to find the source of the Nile, and which British explorer was going to discover the source of the Nile the same way that Columbus discovered America.
But I was fascinated with that stuff, and part of my being really taken with that part of the world. And I wanted to go see where the Nile began: this one spot where a waterfall pouring out of Lake Victoria began the Nile. And this was by a town called Jinja near the Kenyan border.
And I hitchhiked over to there to look at the source of the Nile. And there was a bridge across which was on top of some hydroelectric plant or something as the water was flushing through. And I came over there and looked over the side and saw that at some point a soldier from one of the armies, and I couldn't tell anymore which, had been walked down a staircase there down to a panel on the side of the dam there with his hands tied behind his back.
And a noose was tied around his neck and tied to the panel. And as the water levels would rise and come down, he would be knocked off his feet until he strangled, until he was now a bloated corpse lying there on the surface of the start of the Nile. And I couldn't take my eyes off him.
I thought this was the most fascinating. I wanted to see every possible detail. I wanted to go down and look closer. I wanted to get the hell out of there. I wanted to remember every bit of it. I wanted to forget every bit of it. I thought, 'Good for you if you were one of Amin's soldiers.
This is what you deserved.' But then I would think, 'Maybe you were forced to conscript.' And then I would think, 'Well, I know what I think about soldiers just taking orders.' And I stood there frozen for hours, mesmerized, looking at this body, at this corpse, until a Tanzanian soldier came along and chased me away.
And I left. And I realized 45 years later why these lectures keep getting longer and longer because of that man, and because I wanted to go get a better look and I wanted to run away. And this was exciting and this was horrifying. And we are back to where we started with this, as we'll see.
Depression, uniformly bad news. Schizophrenia, uniformly bad news. Childhood cancer. Alzheimer's disease, uniformly bad. But aggression is different because the same behaviors, the same fixed action patterns, the same limbic activation, in one context is the most heroic thing on earth, and in another, the most horrifying. And it's for that reason, the fact that when it's the right kind of aggression, we want to jump up and participate and are excited and our hearts race, while we are horrified when it's the other version, it's for that reason that aggression is always going to be the hardest of these topics to understand.
And thus, it's the one that we have to study the most.
Repaso: dónde queda la evolución de la agresión
Bueno, empecemos. Por fin estamos en la recta final de la agresión y de los antídotos contra la agresión. Y donde lo dejamos casi al final era en la evolución de la agresión. Lo que vimos fueron toda clase de maneras totalmente razonables en las que los principios de la selección individual te empujan hacia la agresión, sobre todo en el terreno de la competencia entre machos.
La escala de Fiske: calidez y competencia
Después miramos los terrenos de la selección de parentesco y su relación con todo esto. Y, mucho más importante, miramos los terrenos del pseudoparentesco y de la pseudoespeciación, y el papel que juegan como factor motivador enorme en un montón de conflictos. Ahora, lo que tocamos aquí antes de pasar a la evolución de la no agresión —evolución de la agresión— es un trabajo maravilloso, un trabajo lúcido, de una persona llamada Susan Fiske, en Princeton, a lo largo de su carrera, centrado en esta idea de que tenemos más de una categoría de «ellos» en la cabeza.
Tenemos varios tipos que reflejan presiones evolutivas bastante distintas. Tenemos varios tipos. Y lo que ella ha hecho famosamente es mapear esto en dos ejes. Lo que tenemos aquí es una valoración de cuánta calidez tiene otro grupo: si tiene poca calidez, simpatía, no sé, implicación, asimilación, o mucha calidez.
Y luego un eje de lo competentes que son estas personas: alta frente a baja. Y para empezar, está el maravilloso rincón de la gente a la que vemos como muy competente y muy cálida, altruista y empática. «Nosotros», claro. «Nosotros», claro. Y esa es la marca de todo endogrupo: que se colocan a sí mismos en esa casilla.
Y el «nosotros» de ahí tiene que ver sobre todo con, no sé, toda clase de aspectos del desarrollo del cerebro. Y luego, muy interesantemente, pasamos a esta categoría: individuos a los que se ve con mucha calidez pero poca competencia. ¿De quién estamos hablando aquí?
El «nosotros» honorario: compasión y protección
De bebés, de personas con demencia, cosas así. ¿Qué evocan? Evocan compasión. Evocan una sensación de protección. Activan el cíngulo anterior. Y en cierto modo, esta gente sigue siendo «nosotros» honoraria. Es gente que antes era un «nosotros», o que va a serlo, o que lo habría sido si no hubiera ocurrido esta mutación o cosas de ese tipo.
Poca calidez y poca competencia: asco, y el exogrupo competente: envidia
Ese es un terreno en el que el «nosotros» honorario evoca compasión y ganas de protegerlos. Ahora, en esta categoría tenemos a los individuos a los que vemos como poco competentes y poco cálidos a la vez. ¿Qué nos evocan?
Asco. Y Fiske, haciendo toda clase de estudios de neuroimagen, mostrando quiénes son el tipo de personas, las caras que evocan esto: yonquis, personas sin hogar, gente así. ¿Y qué se activa aquí? Deberías poder dar la respuesta correcta a esto dormido: córtex insular. El córtex insular que después activa la amígdala. O sea, gente a la que apenas se considera digna de mención más allá de lo poco atractiva que es: poca competencia, poca calidez, asco.
Ahora llegamos a la categoría más interesante, que son los individuos a los que se ve como muy competentes pero poco cálidos. ¿Quiénes son? Y son la gente que a lo largo de la historia y en toda clase de sociedades, y unos cuantos por todo el planeta. Gente que es el exogrupo. El exogrupo del que se decía: «No son uno de los nuestros».
No se asimilan. No son cálidos. No son amistosos. Son clánicos», cosas así. Pero, demonios, se les dan bien los negocios y ganan mucho dinero. O, demonios, puede que no te caigan bien, pero si te pones enfermo, mejor busca a uno de ellos que sea médico, porque son los mejores médicos, y cosas de ese tipo.
Esta combinación de desagrado con el tener que admitir la competencia. ¿Y qué genera eso? Odio, envidia, resentimiento, todo eso. Y cultura tras cultura hace esto. Estos son los judíos de Europa durante muchos siglos. Estos son los indopaquistaníes de África Oriental, que, por las prácticas coloniales, no podían tener tierras, no podían entrar en la administración colonial, y por eso acabaron siendo los tenderos y por eso acabaron siendo una clase media rica, y por eso los odiaban locamente los africanos orientales negros de allí.
Y cada vez que hay inestabilidad política en, digamos, Kenia, por ejemplo —yo estuve allí hace años, durante un intento de golpe de estado—, en cuanto terminan los combates militares, todo el mundo saquea las tiendas de los indopaquistaníes. Cada turba los ataca. Violencia de bandas, violaciones en grupo, cosas de ese tipo. Todo eso con esos tipos, esos tipos que en realidad no quieren ser uno de nosotros, que nunca podrán ser uno de nosotros, pero, demonios, se les da bien ganar dinero.
En África Occidental, los libaneses cumplen ese papel. En Malasia, los chinos cumplen ese papel. Este es un ejemplo clásico. Y esto aparece una y otra vez. ¿Y qué estás activando ahí? La amígdala. La amígdala abrumadoramente. Y lo que vemos aquí es una de las cosas más interesantes y más espantosas que hace la gente con nuestras categorías de «ellos», que es que cuando por fin vas a por esta gente, cuando llega el momento de que paguen lo que se les viene encima, o cuando por fin haces eso, una de las respuestas culturales más fuertes es intentar degradarlos en el proceso, intentar humillarlos, convertirlos en esta categoría.
Degradar al enemigo
Y eso eran los nazis haciendo que los judíos fregaran las aceras, los bordillos y los arcenes con cepillos de dientes mientras las multitudes se quedaban ahí mirando y burlándose de ellos. En África Oriental, cuando Idi Amin en Uganda, a mediados de los setenta, tomó la ciudadanía a unos 80.000 indopaquistaníes y les dijo que tenían unos días para salir del país.
Invitó a sus tropas y a la población en general a saquear, golpear, violar y degradar. Todas estas versiones de una de las cosas más odiosas que se hacen al mostrar la dicotomía «nosotros-ellos» es cuando por fin actúas sobre el resentimiento, cuando por fin actúas sobre la envidia para no solo quitarles el poder, sino degradarlos hasta convertirlos en esta categoría.
Y vamos a ver algunas de las implicaciones de eso. Vale. Así que no tenemos solo un tipo de «ellos», y tenemos respuestas drásticamente distintas según en qué categoría estén. Los que quizá acaben aquí, los que no van a ir a ninguna parte, los que, si nos ponemos lo bastante de acuerdo, podemos mover a esa categoría.
Ese tipo de cuadrantes. Ahora, volviendo a todo el asunto de los valores sagrados, los símbolos sagrados, y cuánta paz se puede conseguir cuando un grupo reconoce a otro. Igual que zanjar las reclamaciones económicas es como se acaba una guerra, reconocer los símbolos sagrados del otro es como se hace una paz duradera. Todo eso.
Profanar los símbolos sagrados
Una de las cosas que se hacen aquí también, al intentar mover a este grupo hacia este otro, es violar y profanar muy intencionadamente sus símbolos sagrados. Un ejemplo de eso: el siglo XV, cuando el Imperio otomano conquistó Constantinopla, el borde más oriental de la cristiandad oriental, conquistó Constantinopla después de una guerra bastante larga, muy larga.
¿Y qué hicieron poco después? Cogieron la iglesia principal de Constantinopla, de la Constantinopla cristiana, y la convirtieron en un cercado de caballos. La convirtieron en el sitio donde dejaban a sus caballos cagar por todo el suelo. ¿Qué símbolo podía ser más claro de «vosotros ya no solo sois poca calidez, sino mirad lo que podemos hacerle a vuestros lugares sagrados»? Otro ejemplo de eso se vio en el año 2000, cuando el general israelí Ariel Sharon decidió presumir de hombría rodeándose de un par de cientos de policías y militares.
Y fue y rompió toda clase de reglas no escritas posibles en las relaciones con los musulmanes: fue a un lugar sagrado musulmán, el Monte del Templo, fue allí y dijo: «Nadie me va a parar», aunque eso no estaba permitido, aunque eso era profanar el principio central de allí. ¿Y qué les estaba mostrando?
«No solo pensamos que sois poca calidez, y no solo tenemos sentimientos ambivalentes sobre esto. Sino que no tenéis eficacia. No tenéis ningún control en estos terrenos, y lo único que vais a conseguir es un montón de soldados. Y si me apetece ir a vuestro tercer lugar más sagrado de todo el islam y plantarme ahí para una foto, ya veremos si me paráis». Así que circunstancias de distintas categorías, maneras en las que podemos moverlos de sitio o maneras que esperaríamos tener, o que reconocemos que podríamos tener.
La evolución de la no agresión
Y una de las cosas clave que ocurren en esta transición, en convertirlos en esos, es violar sus símbolos sagrados, que eso es extremadamente eficaz. Vale. Pues esto nos lleva ahora, al mirar todas estas magníficas razones por las que la agresión debería estar seleccionada. Tenemos motivaciones de selección individual, selección de parentesco, pseudoparentesco, todo eso.
Y a lo largo de todos los años en que el pensamiento evolutivo sobre la conducta estuvo dominado por la agresión y las recompensas de la agresión, las recompensas de la estratificación, las recompensas del dominio masculino y lo natural que es que la evolución haya producido eso en tantísimas especies. Siempre hubo una postura: si piensas en clave evolutiva, hay un montón de razones por las que se selecciona la NO agresión.
Se seleccionaban contrapesos a la agresión, alternativas a la agresión, se seleccionaban medios para convertir la agresión en algo muy distinto de eso. Así que hay tanta evidencia evolutiva de eso como de «este es un mundo en el que la competencia entre machos dura hasta que se acaben las vacas». La evolución de la no agresión. Así que empecemos por ahí: pensarías, de entrada, en nuestra primera base, la selección individual.
La selección individual: intentas maximizar el mayor número posible de copias de tus genes en la siguiente generación. ¿Qué oímos antes? Que eso es una fuerza motriz de la violencia entre machos, de la violencia de machos dirigida a hembras que no corresponden, todo ese tipo de cosas. ¿Y de qué más hemos estado oyendo a lo largo de las semanas?
De estrategias alternativas disponibles para los machos. Y ya hemos oído una, que viene de los babuinos. Todo ese asunto de la elección de la hembra. El hecho de que si una hembra no quiere quedarse con este mastuerzo de rango alto cuando está ovulando, hay toda clase de medios femeninos para aumentar la tensión entre ese individuo y otro.
¿Y qué hace entonces la hembra? Se escapa a los proverbiales arbustos con el chico simpático con el que tiene una relación afiliativa. Y eso, claro, plantea toda clase de —ay, a lo mejor los chicos simpáticos no acaban últimos, pero vale—, así que se escapan a los arbustos y hacen eso. Tampoco es que eso ocurra en cantidades enormes.
Los estudios genéticos sugieren que esta estrategia alternativa, la estrategia de ser un babuino macho simpático, es un medio muy viable de transmitir copias de tus genes. Así que ahí están las estrategias alternativas. El parentesco. ¿Dónde entra el parentesco en términos de disminuir la agresión?
Parentesco inventado: el abrevadero y los clanes beduinos
Un ejemplo maravilloso de esto. Se ve de dos maneras distintas. Al parecer es un motivo que se encuentra entre varios grupos indígenas australianos, y se piensa que es simbólico de algo cultural que se hace. Vale: estás en el desierto. Vas deambulando. Hay un abrevadero cada 10 millas más o menos.
Y te estás acercando a uno. Y si no consigues agua de este, no vas a aguantar hasta el siguiente. Es esencial que llegues. Y según te acercas: «Ay, no, ves a un desconocido que se acerca por el lado contrario», con las mismas ganas de conseguir agua, «y tienes este problema: que no conozco a esta persona, y es un desconocido, y puede que intente matarme, así que probablemente debería matarlo yo primero», y todas las maneras en que nos vemos arrojados a la lógica de la violencia ahí.
Y lo que ha evolucionado en su lugar es que los dos individuos se sientan y cada uno empieza a decir: «Yo soy fulano, soy hijo de fulano, soy nieto de fulano», recorriendo la lista, mientras el otro hace lo mismo. Y, no sé, hay un número muy finito de nombres, o en algún momento dan con el mismo nombre, y entonces lo que pueden hacer es decir: «Ah, ah, eres pariente.
Eres pariente. Eres mi primo número 400. Eres pariente. Perdona que no te reconociera. Mira cómo podemos ahora los dos conseguir agua aquí en paz y marcharnos pensando que no nos van a apuñalar por la espalda después». Un mecanismo totalmente artificial para generar una solución de selección de parentesco entre tú y ese desconocido armado que da miedo, los dos en el abrevadero.
Exactamente lo mismo se hace en Oriente Medio con tribus beduinas, con clanes beduinos, que en distintos momentos acuerdan tratados, clanes que han estado peleando por algún asunto de cultura del honor. Y lo que se hace ritualmente es que los viejos de cada grupo se reúnen y se sientan y encuentran una manera de que la historia de su clan —se equivocaron.
Se dejaron un nombre. Se dejaron el nombre de uno de sus antepasados, y así lo descubrieron. Y: «Vaya, en realidad somos clanes hermanos. No somos clanes enemigos. En realidad estamos emparentados». Nadie se lo cree, y aun así. Simbólicamente, esto tira del poder de la selección de parentesco y del pseudoparentesco para disminuir la agresión.
Pseudoparentesco: hermanos, pronombres y gramática
Ahora, el asunto del pseudoparentesco es obviamente estupendo para toda clase de terrenos en los que se disminuye la violencia y ese tipo de cosas. Un gran ejemplo tras la Revolución francesa. No solo todo el mundo se llamaba hermano y hermana entre sí, está el sentido informal del «vous» o el «tu», el «tu» o el «vous» o algo así. Está la forma gramatical informal que usas con los miembros de la familia.
Y luego está la formal que usas con los demás. Y un gran ejemplo de eso: cuando Leo Tolstói era un niño criándose entre grandes privilegios, siendo la aristocracia rusa de la época. Lo que le enseñaron, claro, era francés, y su niñera era francesa. Y una vez fue corriendo a ver a sus padres, histérico.
Tenía unos 5 años, porque la niñera había tenido la osadía de dirigirse a él con el tratamiento informal en vez del formal, de «mi señor» o algo así. Así que ya ves el contraste. Después de la Revolución francesa hubo un periodo en el que todo el mundo tenía que usar la gramática familiar informal.
La teoría del contacto y sus límites
Todos son hermanos y hermanas. Así que todo eso son buenas noticias. Pero ya hemos visto algo decepcionante, que es nuestra teoría del contacto. Vaya, podrías convertirlos en «nosotros» y al poco estarías usando verbos franceses informales o lo que sea. Si solo hay contacto, ya vimos las limitaciones de eso. Tiene que haber números iguales en pie de igualdad, sin ningún símbolo sagrado de cada lado que se pueda considerar provocador.
Tiene que haber un objetivo compartido. Eso requiere cierto trabajo para hacer que la gente funcione como equipo. Y con todo eso hecho, lo que ves salir por el otro lado son cero cambios duraderos en las actitudes. Ningún líder de la paz ha salido nunca de uno de esos campamentos de verano, cosas así.
Aun así, a veces el contacto funciona. Y cuando parece que funciona mejor, según muestran los estudios, es que la mayor disminución del prejuicio contra un exogrupo a lo largo del tiempo ocurre sobre todo cuando compartes puestos de trabajo con ellos, cuando es un colega en el trabajo. ¿Por qué será?
Es un objetivo compartido. No se hace un gran drama con el simbolismo de que vosotros dos estéis ahí interactuando. «Ay, mira qué bien, estáis ahí juntos». Simplemente estáis haciendo vuestros trabajos juntos. Lo hacíais durante periodos prolongados. Y se encuentra que ese es un escenario en el que hay una disminución bastante drástica del trato de exogrupo hacia el «ellos». Esa es una versión de la teoría del contacto que funciona.
Y, paradójicamente, en la medida en que estamos hablando aquí de la no agresión, resultó que uno de los mejores terrenos para eso fueron los endogrupos y exogrupos tratándose dentro del ejército. Esto es algo que se reconoció con la ola del movimiento por los derechos civiles y la desegregación y tal: que hasta cierto punto el ejército ya había demostrado que una versión de la teoría del contacto puede causar disminuciones sustanciales de la animosidad entre grupos.
El altruismo recíproco y la tragedia de los comunes
Vale. Obviamente, lo siguiente que nos da esperanza para el planeta desde un punto de vista evolutivo es el altruismo recíproco. Aunque seas individualmente egoísta, y egoísta contigo y con tus dos hermanos y ocho primos: todo eso, el altruismo recíproco, desde el mismísimo comienzo de este curso era un medio de conseguir cooperación, un medio de, en este caso, disminuir la agresión.
Ahora, el problema básico del altruismo recíproco a la hora de intentar hacer un mundo mejor lo resumió este hombre de los años sesenta llamado Garrett Hardin, que escribió un libro muy influyente y, de paso, nos introdujo un concepto muy influyente: la tragedia de los comunes. Y en lo que se apoyaba era en que históricamente —no sé, la Inglaterra victoriana, la Inglaterra medieval, lo que sea— había un común en el pueblo, un gran campo abierto de hierba que estaba abierto a todos, de uso común, y todo el mundo podía venir y llevar allí sus ovejas a pastar.
Y el punto de Hardin era que eso genera la tragedia de los comunes, que es que cada persona, aun queriendo que el común continúe, tiene un interés personal en hacer trampa y en que sus ovejas coman más de su parte. Y si todo el mundo hiciera eso, todo el asunto se desmoronaría y habría caos y ovejas flacas y cosas de ese tipo.
Y ese era el peligro de un recurso compartido donde no hay incentivo individual para no tomar más de tu parte. Y Hardin se hizo muy famoso porque esa era una visión extremadamente pesimista. Y lo abrazaron con fuerza los movimientos ecologistas y ambientalistas que iban surgiendo, diciendo que el planeta es un común y que nos estamos precipitando hacia una tragedia de los comunes por culpa de los que estamos obteniendo una parte desproporcionada de la energía, el agua limpia y todo eso.
Pero en medio de eso, algo a lo que no se prestó mucha atención es que históricamente los comunes funcionaban. Los comunes funcionaban a lo largo de la historia, con recursos comunes como ese. Cuando todo el mundo en el pueblo tenía acceso a la misma fuente común, no se desmoronaba nada. Al contrario, los comunes funcionaban en vez de ser trágicamente disfuncionales.
Y esto nos lleva, claro, al hecho de que hay beneficios con la cooperación estable. Lo vimos al principio de todo, aquel primer torneo en liguilla que organizó Axelrod, computerizando las distintas estrategias del dilema del prisionero de la gente. Y la que acabó derrotando a todas las demás, el ojo por ojo, fue una cuyo punto de partida era benevolente, cuyo punto de partida era cooperativo, era capaz de detectar si se había jugado sucio contra ella, era capaz de ser punitiva en respuesta.
Pero la respuesta, la retribución, era proporcional, y había un mecanismo para que se resolviera, para el perdón, para que las cosas se restablecieran otra vez con cooperación. Lo que vemos con todo esto es que eso, el altruismo recíproco, y su aparición han sido en cierto nivel las maneras por las que se resuelve la tragedia de los comunes.
Así que con lo que lo arrancamos entonces es con por qué, si hay un número conocido de rondas, si es una sola ronda, nunca tiene sentido cooperar, porque si la otra persona te apuñala por la espalda, siempre vas a estar un paso por detrás al final de tu juego de una ronda. Y vimos la lógica de que, sea cual sea el número de rondas, la lógica es la misma si sabes cuántas rondas hay.
La sombra del futuro
Lo mismo pasa con no cooperar en la última ronda. Y así, en la medida en que eso ya está decidido, no tiene ningún sentido cooperar en la penúltima ronda, ni en la antepenúltima, y así hasta el final: cualquier número de rondas, mientras sepas cuál es ese número, colapsa la cooperación. Lo que vimos fue que lo que fomenta la cooperación es que en cuanto metes un número desconocido de rondas, siempre existe la posibilidad, siempre existe la posibilidad de que el otro individuo pueda vengarse.
El término que se usa en el campo es que en cuanto tienes un número desconocido de rondas acabas de inventar la sombra del futuro: la posibilidad de que haya un futuro que haga que cualquier acción que tomes ahora mismo quizá no haya valido la pena cuando lo mires todo hacia atrás.
Juego a libro abierto: reputación y destierro
En cuanto metes un número desconocido de rondas, empiezas a seleccionar la cooperación. Así que vimos que lo que empezamos a ver después son elaboraciones sobre ese número desconocido de rondas, y tienes lo que se llama juego a libro abierto. Vienes y juegas contra este individuo, y es un libro abierto lo que hiciste en tus partidas anteriores con otros individuos.
Puedes venir con una reputación, y en cuanto eso entra en juego, puedes averiguar: «¿Este era un capullo en partidas anteriores?». Entonces no le des ni un dedo, no le des el beneficio de la duda. ¿Qué tenemos aquí?
¿Qué es la aplicación del altruismo recíproco a libro abierto? Eso es lo que hace el cotilleo. Eso es lo que hace el cotilleo en las sociedades tradicionales, donde es un medio por el que se consigue consenso sobre la violación de normas, sobre los que violan las normas. En cuanto es posible que la siguiente persona contra la que vas a jugar sepa exactamente lo que has estado haciendo en el pasado, eso selecciona la cooperación.
Y sumado a eso, una tendencia aún más fuerte que vemos aquí: número desconocido de rondas, juego a libro abierto, y tu oponente, los otros jugadores, tienen la opción de salirse, de evitarte, de ostracizarte, de negarse a interactuar contigo. Y si la cooperatividad que entra en algo así es un beneficio para todos, eso es un coste tremendo en cuanto la gente tiene la opción de no jugar contigo.
Y esa es la mayor manera de tener una consecuencia adversa por ser un capullo en el juego a libro abierto: que tu reputación sea tan mala que te excluyan de él. Y una versión de eso se ve en toda clase de sociedades de cazadores-recolectores, donde pasan un montón de tiempo cotilleando alrededor del fuego por la noche, averiguando con quién hay que hacer algo.
Y lo que él señaló fue una jerarquía que se encuentra entre la mayoría de los cazadores-recolectores. ¿Qué haces con alguien que viola una norma? Hablas con él, o le quitas algún privilegio, o algo por el estilo. No tratas con él de forma recíproca, algo así. Pero en todas estas culturas, lo extremo que acaba haciéndose es que a la persona la echen.
A la persona la dejan por su cuenta. A la persona se la evita. Y en sitios así, eso es básicamente una sentencia de muerte. Y lo que se ve en la versión más extrema de evitar a alguien, de sacarlo del mapa, es que en la mayoría de las culturas indígenas de cazadores-recolectores hay asesinato. Hay asesinato. Y casi siempre es por consenso del grupo.
Todo el mundo se junta y decide que esta persona está fuera de todo límite. Y si y solo si hay algo parecido a un consenso, es cuando ves violencia individual en los cazadores-recolectores, junto con la competencia entre machos. Así que en cuanto tienes la opción de salirte y no jugar con alguien, o de dejarlos fuera si se comportan como capullos, empujas con fuerza hacia la cooperación.
Varios juegos a la vez
Luego, después, los estudios empezaron a explorar una pieza de la realidad, que es que todos estamos en distintos tipos de juegos, varios juegos a la vez, escenarios de juego donde está la opción de cooperar, la opción de competir entre medias, y tienes que decidir cuál va a ser tu estrategia. La vida está llena de que participamos en múltiples juegos.
¿Te paras ante el peatón? ¿Puede alguien ver que te estabas portando como un capullo? Has cruzado el paso de cebra con el coche, cosas así, hasta llegar a los ejemplos más obvios y claros en los que tienes que elegir entre cooperar o hacer trampa. Y lo que ves es que, en la medida en que la gente está simultáneamente en varios juegos, si emparejas a dos jugadores y están jugando en un juego concreto que tiene cierta barrera, cierto grado de inercia para establecer la cooperación.
Si están simultáneamente en un juego paralelo, si alternan rondas entre el juego uno y el juego dos, y resulta que el juego dos es uno cuyo montaje es muy, muy favorable a que surja la cooperación. En cuanto se establece aquí, ves contaminación cruzada. Puede haber un trasvase desde una relación cooperativa que entra en esto.
Y lo que han mostrado los estudios es en qué circunstancias es más fácil que la cooperación se filtre e influya en la no cooperación. En qué circunstancias va al revés. Pero el hecho de que para cualquier persona estén ocurriendo varios juegos a la vez da toda clase de posibilidades. Donde las cosas empiezan de verdad a moverse en la dirección de la cooperación es en cuanto introduces la posibilidad del castigo.
El castigo y el gusto por castigar
Castigo por jugar de forma antisocial, castigo por alguien que te apuñala por la espalda y al que le aplicas el ojo por ojo, o lo más básico, ya sabes, la mosca de la fruta de introducir castigo en las relaciones de altruismo recíproco. Sin embargo, hay un problema al introducir el castigo en escena. Y esto es algo que aqueja a cada aspecto de la reforma del sistema de justicia penal y cosas así: el hecho de que nos gusta castigar.
Nos gusta castigar con rectitud. La gente paga por tener la oportunidad de hacerlo. Y lo más revelador: cuando metes a alguien en un escáner cerebral, la oportunidad de castigar con rectitud a alguien hace que el sistema de dopamina se vuelva loco. Nos gusta el castigo por sí mismo. En cierto nivel, la retribución, que se haga justicia en nuestras mentes, en nuestros sistemas límbicos, es una virtud en sí misma.
Así que cualquier valoración de introducir el castigo en todo este terreno de la estrategia tiene que tener en cuenta que muchas veces hay un tirón hacia el castigo por sí mismo. Vale. Entonces el castigo, primera versión, la más simple, es que la persona a la que acabas de apuñalar por la espalda tiene la opción de castigarte a ti a cambio.
Y la mayoría de los juegos que introducen esto tienen algún elemento en el que, después, la víctima está dispuesta a renunciar a una cantidad X de sus recursos a cambio de que el capullo pierda una cantidad 2X de recursos. Está dispuesta a pagar para castigar al otro individuo. O incluso puedes ver una versión formal de lo que contaría como rencor.
Estás dispuesto a pagar 2X de tus recursos solo para que a él lo castiguen 1X. Estás dispuesto a pagar más solo para que lo castiguen de alguna manera, aunque sea en menor medida. En cuanto introduces la posibilidad de que las víctimas castiguen, y castiguen con una magnitud mayor que la que te supuso la trampa al principio, la cooperación aparece como loca.
El castigo de tercera parte
Eso selecciona de inmediato —y donde de verdad consigues efectos poderosos y dominantes del castigo en términos de mantener la cooperación es cuando introduces lo que se llama el castigo de tercera parte. Eres un chimpancé y estás viendo a otro chimpancé portarse como un capullo con aquel chimpancé, e intervienes en su defensa. Eso es el castigo de tercera parte. Un observador objetivo, desinteresado, que tiene un velo de ignorancia sobre quién ha hecho qué, pero que aun así ve que a alguien lo están victimizando y se mete.
En cuanto tienes castigadores de tercera parte, eso selecciona la cooperación con muchísima fuerza. ¿Y por qué es así? Porque lo que hace el castigo de tercera parte es sacar todo este mundo de «¿eres simpático o no simpático con la gente?» —todo eso— fuera del terreno de las relaciones diádicas, de solo entre los dos. «Vaya, mira eso.
Solo entre los dos». Y al traer a una tercera parte, lo que has hecho simbólicamente es traer a todos los demás y sus juicios potenciales. El castigo de tercera parte es una manera, en efecto, de construir sobre el juego a libro abierto para que todos decidan colectivamente que hace falta castigo. Vale. Fíjate, sin embargo, en que el castigo de tercera parte, en cualquiera de estos casos, viene con un coste.
Este individuo está dispuesto a renunciar a 1X de sus recursos para que el capullo pierda 2X. Eso sería castigo de tercera parte cuando no era la víctima. Está dispuesto a pagar de su bolsillo para hacer castigo de tercera parte. Es costoso. ¿Cuál es la motivación?
Y en algunas circunstancias el castigo de tercera parte se desmorona. En varias culturas, lo que parece castigo de tercera parte se cae después, porque cuando la tercera parte castiga al capullo, se queda con sus posesiones. Así que no es exactamente alguien desinteresado. Y varios antropólogos han señalado este patrón, pero en conjunto, ¿cuál es el beneficio del castigo de tercera parte?
Y el beneficio que se muestra es la confianza en el juego a libro abierto. Si alguien llega y no solo se sabe que ha sido un jugador honesto, sino que cuando se da información reputacional de que ha sido castigador de tercera parte, se confía en él aún más. Ser un espectador desinteresado que luego se mete es, en efecto, una manera asombrosa de generar capital social en tus sistemas sociales, de generar confianza.
Otra manera de decirlo es que en algunos casos el castigo de tercera parte no tiene por qué llegar en forma de confianza. Te pueden pagar por ser castigador de tercera parte. Eso es la policía. Eso es lo que hace la sociedad en conjunto, juntar recursos para que valga la pena que alguien actúe como agente de tercera parte.
Y, ya sabes, la policía es eso. Y pagamos sus sueldos, pagamos su seguro dental, cosas así. Esa es otra manera, incrustada en la confianza, de conseguir una fuente externa de pago. ¿Vale?
Así que nada de esto tiene sentido si ninguno de vosotros va a encontrarse nunca con el capullo después de eso. Lo que también tenemos como motivación para el castigo de tercera parte son los terrenos de «pasa el favor». Sabes que es probable que interactúes con este individuo en algún momento más adelante, porque solo sois 25 en esta banda, y al invertir en castigo de tercera parte aquí, si haces más probable que él no lo haga cuando se enfrente a ti, esa es otra motivación.
Tramposos de tercera parte y códigos de honor
Vale. Así que castigo de tercera parte, estrategias de pasar el favor, estrategias en las que te ganas reconocimiento, te ganas reputación y confianza, todo eso. Pero aquí tenemos otro problema, que es que, naturalmente, en cuanto tenemos cosas de tercera parte ahí, tenemos la posibilidad de tramposos de tercera parte. ¿Y qué tenemos aquí?
Ese es el terreno de los policías corruptos. Ese es el terreno de cuando acaban teniendo que elegir entre hacer su papel o algo egoísta. ¿Y qué tienes entonces? Tienes circunstancias en las que este individuo le ha hecho algo feo a aquel, y tienes a un castigador de tercera parte, y existe la posibilidad de que haga trampa.
¿Qué tienes que tener ahí? La posibilidad de castigarlo a él. ¿Y qué es eso? Eso son las comisiones de revisión de la policía. Eso son las comisiones que examinan las denuncias ciudadanas por brutalidad policial y cosas así, evaluando si esta persona está haciendo bien su trabajo. Y lo que empezamos a tocar aquí es algo familiar en los códigos de honor de toda clase de sitios, como la Academia Militar de West Point, que es que te pueden castigar por hacer trampa.
Vale, eso te mete en ese terreno. Te pueden castigar por saber que otro hizo trampa y no denunciarlo. En otras palabras: tú, que potencialmente estarías actuando como castigador de tercera parte eficaz yendo a contárselo a las autoridades, has hecho trampa según las reglas de ese código de honor, y por eso hay que hacerte cumplir tu papel de tercera parte, castigándote por no denunciar a otro.
Y lo que empiezas a ver aquí es que cada uno de estos pasos, según los vas añadiendo, produce más cooperación, y produce, al final, con suficientes capas de esto, que lo que estás definiendo es la sociedad, en círculos de gente que se vigila entre sí empujando hacia algún tipo de cooperación. Vale. Así que de todo esto pueden salir toda clase de cosas buenas.
Y vemos en este contexto lo loco, contraintuitivo y extravagante que es toda esa gente de los países del antiguo bloque soviético haciendo ese castigo patológico, no altruista, en el que castigas a alguien por ser demasiado generoso, porque si lo hace, todo el mundo empezará a esperar que tú seas generoso, y qué, y vamos a cortar eso de raíz y castigarlos por ser demasiado cooperativos.
Convertirlos en «nosotros»
Puedes ver, en el contexto de todo esto, lo inaudito y lo patológico que acaba siendo. Vale. Así que lo que esto empieza a introducir, una vez haces cosas como que la cooperación se seleccione más fácilmente, es que lo llevamos a un nivel mayor. Y cuando conviertes a gente no cooperativa en cooperativa, según lo definido por tu propio interés, el interés de ti y tu endogrupo, esos son los mecanismos por los que los conviertes en «nosotros». Y eso pasa todo el tiempo.
Ante el hecho de eso, está claro que estamos muy, muy cableados para la dicotomía «nosotros-ellos». Los niños de 10 meses ya lo hacen. Como hemos oído, miras la cara de un otro y esa respuesta dicotomizada ocurre en menos de una décima de segundo, y cuesta muchísimo condicionarla para que desaparezca, como también vimos.
Metes oxitocina ahí, y el hecho de que nuestros cerebros estén divididos en «nosotros» y «ellos», y que la oxitocina aumente la prosocialidad entre los «nosotros» pero te haga más ruin con los «ellos», muestra que tenemos una escisión muy, muy fundamental en la cabeza en cuanto a la dicotomía «nosotros-ellos». Entonces, ¿cómo superas eso?
La amígdala y el otro: el 75 % y el 25 %
¿Cómo los conviertes alguna vez en «nosotros»? Y esto nos lleva ahora a este dato curioso que hemos ido oyendo en distintos momentos del curso. Metes a alguien en un escáner cerebral. Es blanco. Le proyectas caras delante. Le proyectas la cara de alguien que es negro. Y en más o menos el 75 % de las personas en los escáneres cerebrales se te activa la amígdala.
Quizá no activada durante ocho horas después. Quizá activada durante un segundo, antes de que el córtex frontal se meta y diga: «No pienses eso. Yo no soy así». Lo que sea. Pero alrededor del 75 %. Ese número no deja de aparecer, y es más o menos el número que aparece ahí según qué tipo de foto sea, quién esté en esa foto, qué cara, qué género, qué edad, qué expresión facial, pero en promedio alrededor del 75 %.
Así que esto al final nos lleva a: ¿quiénes son el 25 %? ¿Cuáles son los predictores de las personas que no tienen una respuesta automática implícita de la amígdala en una fracción de segundo?
¿Quiénes son ese 25 %? Y lo que encuentras en esos estudios es que tienden a ser personas que se criaron en barrios multirraciales, no en barrios de facto segregados en cuanto a interacción social, sino que se criaron en un entorno donde las interacciones multirraciales eran la norma. Segundo predictor: que en algún momento hayas tenido una relación estrecha e íntima con alguien de ese otro grupo.
Esos son los predictores. Así que lo que estamos diciendo aquí es que ese tipo de intervenciones lo que hacen es que esa gente ya no cuente de verdad como «ellos». Los sacan de la categoría de «ellos» y pasan a ser un «nosotros», o un «nosotros» honorario, o alguna versión de eso. Una de las maneras eficaces ahí, cuando miras el 25 %, es que la experiencia vital ha hecho que esa dicotomía entre un «nosotros» y un «ellos» no sea particularmente relevante para ellos. Esa no es una dicotomía que les importe.
Pero se pueden hacer toda clase de manipulaciones para cambiar la categorización «nosotros-ellos» en el espacio de unos minutos, no a lo largo de tu vida, porque no podemos volver atrás y decidir criarnos en otro barrio. Y esto vuelve al trabajo de Fiske y sus colegas en Princeton, mostrando qué cosas puedes hacer en los minutos previos a meter a alguien en el escáner cerebral y proyectarle caras.
¿Qué clase de manipulaciones psicológicas, instrucciones, cosas así puedes hacer para amortiguar la respuesta de la amígdala? Ya oímos hace muchas semanas una manera de hacer la respuesta amigdalina aún más extrema: poner música estereotípica que no te gusta asociada a ese output. Como sea, oímos aquello. ¿Qué se podía hacer?
¿Qué cosas subliminales? ¿Qué instrucciones? ¿Qué cosas que pasen en los minutos previos puedes hacer para deshacer esta respuesta amigdalina? La más fácil no nos dice absolutamente nada. En esta versión, ¿qué haría Fiske?
Fiske diría: «Vale, vamos a proyectar un montón de fotos, y si hay un punto rojo en el centro de la imagen, si lo detectas antes de que quitemos la foto, te llevas un punto de brownie». La persona tiene un incentivo para estar buscando esa cosa que no tiene nada que ver con las caras.
¿Y qué ves entonces? No hay respuesta de la amígdala. No me extraña: no están procesando las caras como caras. Cuando ven la cara de un «nosotros», el fusiforme no se activa. Cuando ven la cara de un «ellos», la amígdala no se activa, porque lo único que están haciendo es buscar ese puntito. Vale, hurra.
Recategorizar: las camisetas rojas y azules
Podemos resolver que las amígdalas se activen en respuesta a «ellos» haciendo que las caras sean irrelevantes y poniéndonos a contar cuántos pelos de la nariz tiene alguien, y que eso sea lo único relevante. Así que eso está muy bien, pero no nos lleva muy lejos. Otra opción es mover a la persona, al «ellos», a una categoría distinta que compartes con ella de una manera completamente neutra y arbitraria.
Y esto se ha mostrado —creo que ya lo hemos discutido, creo que ya he hablado de esto—, estos son estudios en los que ves un clip de un grupo de gente jugando al baloncesto, y la mitad de los jugadores son blancos y la mitad negros, repartidos entre los equipos, y pasa toda clase de acción.
Y después le preguntas al sujeto: «Vale, ¿quién fue el que taponó ese tiro? ¿Quién fue el que hizo ese triple increíble?». Quién. Y lo que ves es que si alguien da la respuesta equivocada, si elige a la persona equivocada, es mucho más probable que por azar que elija a alguien de la misma raza que la persona que hizo eso en realidad.
Ah, tienen una categoría automática de la raza metida en la cabeza. Automática. Así que, en la medida en que los convertías en «ellos» indiferenciados, si vas a equivocarte y elegir a la persona equivocada, va a ser alguien de la misma categoría saliente. Ahora haz el experimento un poco distinto.
Y ahora es un clip en el que todo el mundo lleva una camiseta roja o una azul, y dos equipos distintos, y cada equipo está racialmente equilibrado, todo eso. Y ahora el partido sigue con lo mismo. Y le haces a alguien el mismo tipo de preguntas: «¿Quién fue el que hizo ese regate por debajo de las piernas o lo que sea?». Y si identifica a la persona equivocada, es más probable que por azar que sea alguien del mismo color de camiseta.
En otras palabras, lo que has hecho con eso, metiendo otra dicotomía que salta a la vista —algunos llevan camisetas rojas, algunos llevan camisetas azules—, es subordinar la raza como categoría dicotomizada, como categoría significativa. La has subordinado a esta categoría completamente neutra: de qué color es la camiseta, ese tipo de cosa.
Y ese color de camiseta es también una manera de apreciar lo superficial que es la raza como categorización. Haz lo mismo con personas, con jugadores de distinto sexo, y sigues categorizando por sexo independientemente del color de la camiseta. Esa es una categoría más saliente. ¿Por qué tiene sentido eso?
Creo que ya lo hemos discutido. ¿Por qué tiene sentido esto? ¿Cuánto tiempo llevan los humanos prestando atención al sexo de los otros individuos? ¿Cuánto tiempo lleva el sexo por aquí? Y son, no sé, unos 150 millones de años. Esa ha sido una categoría saliente para nosotros durante muchísimo, muchísimo tiempo. Las mejores estimaciones son que las diferencias raciales solo evolucionaron en los últimos 30.000 o 40.000 años más o menos.
Así que eso es un parpadeo. Eso es una incorporación muy reciente a la psique humana. Y durante el 99,9 % de ese tiempo, la persona media nunca conoció a nadie de otra raza, porque eras un cazador-recolector en este rincón del planeta. Y quizá viajaras 20 millas desde tu casa a lo largo de toda tu vida, y la persona de otra raza más cercana estaba a 5.000 millas.
La raza no es una categoría particularmente fundamental. Y esto encaja con todos los hallazgos de que la raza, desde un punto de vista evolutivo, desde un punto de vista genético, desde un punto de vista biológico, es un constructo estadístico. Y se suple con facilidad por el color de camiseta que lleve alguien. Ahora puedes desmontar ese «nosotros-ellos» concreto y conseguir una amígdala que no va a responder metiendo a los individuos en una categoría distinta, una categoría distinta donde esa frontera categorial sí te importa ahora, relevante para esto.
Los Giants y el truco del brócoli
Estaba leyendo un poco hace poco y descubrí que San Francisco tiene un equipo de béisbol. Tuve que buscarlo, y se llaman los Giants. Pues juegan al béisbol, y hay gente en San Francisco a la que le gustan los Giants, y los Giants tienen un equipo enemigo mortal, y no me acuerdo de cuál es, pero la gente que es fan de los Giants detesta al otro equipo.
Y ahora estás proyectando fotos de caras, y has conseguido capturar a uno de estos fans obsesivos del béisbol de los San Francisco Giants y lo has metido en un escáner cerebral, y le proyectas caras, y algunas son del mismo color de piel que la persona que está ahí dentro, y otras, pero cada una lleva una gorra de béisbol con el logo de los Giants o con el logo del temido rival.
El color de piel no llega ni a tener efecto alguno en la respuesta de la amígdala en una fracción de segundo. La amígdala ha cambiado a lo que es el «nosotros-ellos» más importante del universo: «nosotros, los fans de los Giants, contra todos los demás». Y eso es como ver a dos personas lo más distintas posible sentadas juntas en un estadio cantando el mismo estúpido cántico por su equipo o algo así.
Y ese es el único «nosotros». Es alguien por quien vivirías, morirías y matarías, todo eso, porque es tu hermano de sangre, porque los dos sabéis cantar esta ridícula canción del equipo o algo que suple por completo la raza como categoría relevante. Así que puedes hacer eso. Pero luego lo más interesante es el experimento final que hizo Fiske, que era algo en lo que sentabas a la persona antes y le decías: «Te vamos a meter en el escáner, y te vamos a mostrar un montón de caras, y dinos, para cada cara, si crees que a esa persona le gustaría comer brócoli», alguna comida completamente aleatoria y arbitraria, una comida sin connotaciones culturales particulares ni nada.
«Así que mira cada cara y dime si crees que es alguien a quien le va a gustar el brócoli». Metes a la persona en el escáner, y van pasando, y lo que ves es que la amígdala responde mucho menos. Puede que no responda en absoluto. Eso es amortiguarla. ¿Por qué?
Porque te han dado la instrucción de individualizar a esa persona, de mirar su cara e imaginártela sentada a cenar y dando un bocado a lo que sea. ¿Y le encanta o es algo que le gusta especialmente?
Te la imaginas en los pasillos del supermercado. Te la imaginas como individuo en vez de como un miembro arbitrario de esta categoría de exogrupo. Y esa es una manera increíblemente poderosa de deshacerlo. Así que hay toda clase de maneras de deshacer variaciones del «nosotros-ellos»: reclasificar, reclasificar de una manera más relevante, individualizar a la persona de forma poderosa, y estas cosas pueden funcionar.
John Newton: la conversión a plazos
Dos ejemplos históricos interesantes de esto, que muestran hasta qué punto pueden funcionar y dónde siguen sin funcionar del todo. Uno de ellos era este hombre, John Newton. John Newton, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, fue uno de los principales teólogos y abolicionistas británicos, y jugó un papel clave en 1803, cuando el Imperio británico prohibió la esclavitud o el transporte de esclavos.
No liberaron a las personas que ya eran esclavas hasta algún tiempo después. Pero él jugó un papel clave en eso: una figura gigantesca, teólogo, la justificación religiosa de por qué teníamos que parar el comercio de esclavos, y alguien de un bien enorme. De joven, John Newton fue capitán de un barco esclavista. Pasó bastante tiempo transportando esclavos capturados desde África Occidental a distintos puntos del Nuevo Mundo.
Y de eso vivía. En un momento lo capturaron unos piratas, y lo tuvieron como esclavo en lo que probablemente hoy es Mauritania durante varios meses antes de que lo liberaran. Vale, aquí viene el cambio que va a llegar con él. Ahora ha vivido la vida como esclavo.
Lo sabe con empatía, y lo que están pasando, y todo eso. ¿Y qué hace? Vuelve a ser capitán de un barco esclavista. No le afecta nada. Después, en algún momento, hay una tormenta enorme, enorme, y el barco está a punto de hundirse, y reza a Dios diciendo: «Si me salvas, transformaré mi vida». Y la tormenta para, y esta es la transformación: dice «ya no puedo ser esclavista.
Tengo que trabajar para Eban». No, eso no es lo que hace en este punto. Decide que Dios le ha dicho que es hora de dejar de ser esclavista. Y además, ya va siendo mayor, y eso da mucho trabajo y tal. Así que se va a una escuela de teología en Inglaterra, y mientras se forma para ser clérigo, está invirtiendo en el comercio de esclavos.
¿Puedes creer a este tipo? Va por ahí así. Y nada de eso provocó una reclasificación en él. Y en algún momento, cuando ya llevaba décadas y décadas, ya sin nada que ver con el comercio de esclavos, algo se movió en él, algo cambió, y se convirtió en este abolicionista destacado, que tenía una autoridad moral enorme porque estaba dispuesto a decir: «Eh, yo me ganaba la vida como esclavista». Un impacto enorme, todo eso.
Y celebró ahí su transformación moral escribiendo un himno que todos hemos oído. Este es el compositor, el autor de «Amazing Grace». Así que eso es maravilloso y muy conmovedor. Pero, aun así, hubo un periodo en el que acababa de graduarse en la escuela de clero y era un humanitario asombroso en Londres, atendiendo las necesidades de los pobres, mientras seguía invirtiendo en el comercio de esclavos, moviendo categorías.
Y algunas personas contaban como dignas de tu protección y de tu beneficencia con los pobres. Y era famoso por eso mientras mantenía todo el tiempo una categoría tan fuerte ahí que podía seguir enriqueciéndose con el comercio de esclavos. Así que el cambio no es uniforme entre esas categorías. Otro ejemplo, esta historia increíblemente conmovedora.
Zenji Abe pide perdón
Esto era a finales de los sesenta, los setenta o así. El Día de Pearl Harbor. ¿Qué es eso? El 7 de diciembre. Conmemora el día en que los japoneses atacaron Pearl Harbor, hundieron un montón de barcos y mataron a unos 2.000 o 3.000 marineros y civiles. Y cada año está el Día de Pearl Harbor conmemorando eso. Y cada año hay una ceremonia en la isla de, ¿cuál isla es?
Es la pequeña, la isla donde se hizo el ataque, donde está Pearl Harbor, y cada vez menos soldados y marineros que estuvieron allí y lo sobrevivieron vienen ahora, ya viejos, a esta ceremonia cada año a conmemorar lo que pasó. Y uno de esos años, mientras estos supervivientes envejecidos estaban ahí de pie cantando «Amazing Grace» o quién sabe qué, de repente salió de entre la multitud un hombre japonés muy anciano, que se acercó a ellos y, en un inglés entrecortado, les pidió perdón por lo que había hecho el día de Pearl Harbor.
El hombre, llamado Zenji Abe, había sido uno de los pilotos de combate principales del ataque a Pearl Harbor. Era todo lo militarista que se podía ser. Estuvo en la academia militar de Japón, del Japón imperial, desde los cinco años. Se había pasado la vida entera en eso, y estaba encantado de liderar el ataque.
Y ahora, 50 años después, el año que fuera, muchas décadas después, era este anciano que venía a disculparse y a pedir su perdón. Y algunos de los supervivientes de allí no querían nada con él. Pero un hombre lo abrazó, y se hicieron muy cercanos y acabaron visitándose las familias. Y cuando uno de ellos murió, el otro escribió una carta a los nietos sobre lo maravilloso que había sido el abuelo.
Y esto era alguien que había estado lanzando bombas, conectando con alguien que había estado en tierra, hiriéndose en el proceso, con amigos muriendo a diestro y siniestro. Y esto es lo que hicieron décadas después. Ay, qué bien. Esto es maravilloso. Esta reclasificación. Así que la primera pregunta sobre Zenji Abe es de dónde salió eso.
¿Cómo hizo esto este hombre? Y había algunas cosas interesantes en su pasado. Hacia el final de la guerra lo capturaron y acabó como prisionero de guerra de los estadounidenses en vez de los soviéticos, por ejemplo, y lo trataron muy bien, y lo apreció. Al volver a Japón consiguió trabajo en alguna corporación que en algún momento compró una multinacional americana, y trabajó para una empresa estadounidense, y eran jefes más bien agradables, y descubrió que le caían bien los estadounidenses.
Uno de sus hijos se casó con alguien estadounidense y se mudó a Estados Unidos. Y así toda clase de cosas fueron carcomiendo el que los estadounidenses dejaran de ser «ellos» y se convirtieran lo bastante en «nosotros» como para que él quisiera disculparse. La última pieza fue que a los pilotos de Pearl Harbor les habían dicho que Japón había declarado la guerra a Estados Unidos esa mañana.
Y no era el caso. Pearl Harbor fue un ataque por sorpresa. Y cuando él descubrió esto, fue una vergüenza para él. «Te acercas a escondidas. No, no te acercas a escondidas al enemigo. Dices: “Estamos en guerra y te honro lo bastante como para decirte que ahora eres mi enemigo”». Y eso fue algo vergonzoso que hubiera pasado.
Así que todas esas piezas juntas ayudan a explicar cómo este hombre hizo este cambio increíblemente drástico en el «nosotros-ellos» muchos años después. Entonces, ¿cuál es el problema ahí? Igual que vimos con John Newton siendo maravilloso con los pobres de Londres y pareciéndole perfectamente bien que hubiera esclavitud. Algo parecido con Zenji.
Unos años antes de Pearl Harbor, había formado parte del ejército japonés que había invadido Manchuria, que había invadido China. Y la gente que conoce la historia de eso —la Masacre de Nankín, una de las conquistas más brutales y llenas de atrocidades de toda la historia—, los japoneses fueron indeciblemente brutales con los chinos que tenían bajo su control y tal.
Y durante ese periodo, Zenji Abe estaba en la fuerza aérea, y participó en eso. Y no hay ninguna prueba de que fuera nunca a ver a nadie en China a disculparse por su papel en aquello. ¿Cuál es la diferencia?
No lo sé. Su hijo se casó con alguien. Quizá fue eso. Quizá el hecho de que los estadounidenses habían sido enemigos durante dos décadas más o menos, mientras que los chinos han sido enemigos durante 2.000 años, y tradicionalmente el «ellos» era más superficial en el caso de los estadounidenses. Aun así, igual que John Newton, este era alguien capaz de mantener un «ellos» horrendo mientras en otra categoría de «ellos» sí podía tener una transformación moral.
Así que las piezas se mueven por separado. Ahora, lo que esto plantea frente a lo que los individuos pueden lograr —paz, acercamiento, perdón, todo eso— es que las culturas también pueden hacerlo. Ya hemos oído algunos de esos ejemplos asombrosos: cómo Irlanda del Norte consiguió volverse pacífica, otros que parecen totalmente improbables, el papel de los símbolos sagrados en el proceso, todo eso.
La asimetría moral del apartheid
Así que estas dos culturas antes combatientes han encontrado ahora la manera de convivir. Y lo que entra aquí es, volviendo a ese punto de hace unos días, la importancia de los símbolos sagrados, todo ese perdón de que hay una asimetría en eso. Hay una asimetría en lo que debería esperarse.
¿Quién era el oprimido en esa relación? ¿Quién era el agresor no provocado? El agresor que dominó después, o en cualquier valoración de lo que pasó. Hay una asimetría incorporada ahí para siempre jamás. Por ejemplo, después de que Sudáfrica se liberara del régimen del apartheid, hubo alguna mención, alguna contranarrativa, un lado, lo que sea, centrada en el hecho de que los luchadores por la libertad, miembros del ANC, el Congreso Nacional Africano, cometieron atrocidades en algunos casos contra civiles africanos, y se hizo mucho hincapié después en Occidente, que seguía sin estar del todo seguro de si le gustaba la idea de esto, en que «ya sabéis, había gente mala en los dos bandos.
¿Sabéis qué? Los dos bandos cometieron atrocidades». Hubo un intento de hacerlos equivalentes, y no podían ser equivalentes de ninguna manera. Solo para dar una idea: con el apartheid durante décadas y décadas, si estabas en el grupo subordinado, el de «ellos», tus calles estaban llenas de policías y soldados con armas de los «ellos», no se te permitía ir a ciertos sitios, controles.
Si trabajabas en la zona de los «ellos», la zona de la cultura dominante, pasabas por un cacheo todos los días y por acoso arbitrario. Te daban tarjetas de identidad de distintas clases que indicaban a qué zonas podías entrar y a cuáles no. Y luego miras la violencia a lo largo de la violencia. Sí, hubo atrocidades por parte de algunos de los combatientes del lado sudafricano.
Y la maravilla de Mandela con sus comités, sus comisiones de reconciliación fue que insistió en que esa gente fuera llevada ante la justicia, pero eran los números. Y, no sé, quizá me estoy sacando los números de la manga aquí, o quizá estoy pensando en otro escenario de violencia. Si los luchadores por la libertad de Sudáfrica mataron a mil civiles de la mayoría blanca, la mayoría blanca mató a 34.000, 35.000, y probablemente 17.000 de ellos eran niños.
Otra vez, creo que era eso, pero esto puede aplicarse a otro conflicto. Es más, ¿qué hizo allí la cultura dominante? Bloqueó el suministro que entraba en las zonas de los rebeldes. Cortó el agua. Cortó la electricidad. Atacó convoyes de ayuda de la ONU. Permitió que un grupo militante extremista mesiánico de justicieros de entre ellos estuviera armado, y miró para otro lado cuando se tomaban trágicamente la supuesta justicia por su mano, lo facilitó.
Todo eso pasaba y todo el tiempo se racionalizaba el dominio con ideas mesiánicas de «Dios está de nuestro lado» y «esto era lo que tenía que ser». Y miras eso, y miras lo que vino después, y miras el gobierno que tenía el poder y las bombas, al que le entregaban armas Occidente, las corporaciones occidentales que se negaban a desinvertir y que hacían ricos a esos gobiernos, a ese gobierno del apartheid, y todo eso porque se resistían mucho a desinvertir.
Mira todo eso. Y cuando valoras algo así en un contexto histórico, no hay nada que se parezca a una equivalencia moral ahí. No hay nada que se pueda citar siquiera. Puedes sentir empatía por las circunstancias que hicieron que una de esas personas fuera alguien que cometería atrocidades, y quizá puedas sentir empatía por las víctimas inocentes del lado de los opresores.
Pero no debería haber ninguna obligación de hacerlo, y no porque eso no deba ser una marca de humanidad de uno, porque esto funciona asimétricamente. Vale. Así que esto nos devuelve a la noción de la tragedia de los comunes, y a Josh Greene, del que hemos oído tantísimo a lo largo de distintos temas aquí.
Greene: la tragedia del sentido común
Josh Greene tuvo una observación muy interesante. Dijo: «La tragedia de los comunes trata de miembros del endogrupo. Todos los pastores de este pueblo, todos los que tenían ovejas, todos los que comparten una fuente de agua y no toman más de su parte». La tragedia de los comunes trata de problemas dentro del grupo. Y trata de yo contra nosotros.
¿Actúo egoístamente contra nuestros intereses colectivos de «nosotros»? En contraste están las circunstancias en las que es «nosotros» contra «ellos». Y a esto lo llamó, en vez de la tragedia de los comunes, la tragedia del pensamiento de sentido común, construida alrededor de una noción muy crítica, que es la de los dos grupos. Esto no es tú y el vecino dejando que vuestras ovejas acaparen la comida o la hierba. Esto es que llega otro grupo, y ahora quieren usar esa tierra para cultivar, y tú quieres usarla para pastorear, y es tú contra ellos a un nivel muy grande.
Y lo que Greene identifica es que la cosa más dañina que entra en tensiones así es cuando alguien de cualquiera de los dos lados empieza a invocar la noción de que es su derecho hacer algo.
Porque en cuanto alguien dice que es su derecho, está haciendo funcionar su sistema límbico en vez de su córtex. Lo que acaba de hacer es decir que hay algo que no puede justificar. Que no puede dar una razón que tenga sentido para nadie fuera de nuestros propios sesgos, costumbres, historia, prejuicios y demás.
Y que no puede explicar por qué debería ser así más allá de invocarlo como un derecho. Y el problema de las tragedias de las diferencias de sentido común es que los dos grupos creen que tienen razón y que tienen sus derechos, y son mutuamente incompatibles. Ahora, lo que salió de eso es un trabajo muy interesante que él hizo después, mirando cuándo consigues que la gente sea más prosocial en el contexto de una tragedia de los comunes y cuándo consigues que sean más prosociales en el contexto de una tragedia del sentido común.
Dos visiones mutuamente incompatibles de qué cuenta como justo, de qué cuenta como sagrado, de qué cuenta como... y no hay ninguna resolución ahí que sea posible mientras los bandos digan que es mi derecho. No puedo decirte por qué es mi derecho. Y lo que mostró en un experimento muy interesante es lo siguiente.
Decisiones rápidas para «nosotros», lentas para «ellos»
Coges a alguien en un juego económico y cree que está jugando contra un «nosotros», un miembro de su tribu. Y lo que muestra es que cuanto más rápido fuerzas a alguien a tomar una decisión sobre si cooperar o hacer trampa, sobre si ser un buen tipo o un capullo, todo eso, cuanto más rápido le fuerzas a decidir, más probable es que llegue a una decisión prosocial.
Cuando funcionas en automático y es un «nosotros», lo implícito es ser simpático, ser cooperativo. En cambio, cuando la gente cree que estaba jugando contra un «ellos», cuanto más rápido les fuerzas a dar una respuesta, más probable era que hicieran algo ruin y traicionero. En otras palabras, cuando funcionamos en implícito, hay un sesgo implícito contra los «ellos», hostilidad hacia ellos, descuento de sus necesidades, menor capacidad de empatía. Y de ahí, mostró, sale una prescripción muy importante.
Cuando quieres que la gente sea simpática con sus «nosotros», si es un asunto de «yo contra un nosotros», las respuestas automáticas y rápidas tienden a ser prosociales. Cuando la gente tiene más tiempo, puede decidir por qué en realidad no es su problema y ya se ocupará otro. ¿Y sabes qué?
Esa persona en realidad no lleva siendo de los tuyos... tienes tiempo de racionalizar y quitarte de encima tu primer instinto, el de ser prosocial. Y cuando intentas que la gente sea prosocial y tome decisiones de cooperación en vez de hacer trampa con «ellos», cuanto más tiempo tienen para decidir, más probable es que ese sea el resultado, porque el primer reflejo es antisocial.
Más tiempo para hacer la tarea, muy costosa, del córtex prefrontal: pensar el mundo desde su perspectiva e intentar entender cómo acabaron ahí. Las decisiones a bocajarro sobre «ellos» tienden a lo hostil. Las decisiones a bocajarro sobre «nosotros» tienden a ser prosociales. Y creo que de ahí sale un conjunto de directrices increíblemente importante.
La neoselección de grupo
Ahora bien, todo esto nos lleva en última instancia a que, en cuanto tenemos individuos japoneses disculpándose ante un grupo de supervivientes estadounidenses, estamos mirando versiones de la neoselección de grupo. En cuanto tenemos naciones, en cuanto tenemos religiones, etnia, hemos entrado en nuestro mundo de la neoselección de grupo. Y lo que ves es que centrarse en eso puede producir cosas muy malas.
Toda clase de casos en los que aumentar la cooperación dentro del grupo causa un aumento compensatorio de la hostilidad hacia fuera del grupo. Eso son los chimpancés macho del mismo grupo sentados ahí, haciendo toda clase de gestos afiliativos entre ellos y contagiándose emocionalmente unos a otros para ir a patrullar la frontera y matar a un macho de otro grupo. Uno de los peores resultados es cuando hay una compensación, de modo que mejorar un lado de la ecuación garantiza que el otro empeore.
La tregua de Navidad de 1914
Vale. Dentro de eso, sin embargo, hay casos en los que la selección de grupo ha mostrado a gente reclasificándose de maneras drásticas en cuanto a a qué grupo creen que pertenecen. Y el famoso y conmovedor ejemplo de eso fue la primera Navidad de la Primera Guerra Mundial, la tregua de Navidad de la Primera Guerra Mundial. Diciembre de 1914, trincheras en Francia, y soldados predominantemente alemanes enfrentados a soldados británicos, porque los franceses ya se habían rendido.
Y en las trincheras de allí, los poderes fácticos, los jefes de estado, el Papa metió baza y declaró que habría un alto el fuego la tarde de Navidad para que todo el mundo pudiera cenar la cena de Navidad e ir a recoger a sus muertos de la tierra de nadie entre las trincheras. Y eso se decretó. Esto es un decreto de arriba abajo.
Jefes de gobierno, papas, todos ellos de acuerdo: «Vamos a hacer una tregua esa tarde». Y llegó esa tarde, la de diciembre de 1914, y la gente dejó de dispararse. Y al cabo de un rato, se armaron de valor para salir de las trincheras, para ir a la tierra de nadie a recuperar a sus muertos.
Y al cabo de un rato, cuando intentaban arrastrar a alguien de vuelta, alguien del otro lado les ayudaba a llevar a la persona. Y luego, al cabo de un rato, compartían la cena juntos en la tierra de nadie. Y al cabo de un rato, rezaban juntos e intercambiaban regalos y todo eso. Y lo más notable de la tregua de Navidad fue que al día siguiente se negaron a volver a luchar.
Intercambiaron armas como recuerdos. Intercambiaron medallas, cosas de ese tipo. Apuntaron las direcciones de los otros para poder visitarse cuando acabara la guerra. Jugaron al fútbol. Esto es algo que está documentado, con fotos, en que nadie llevaba la cuenta. Esta gente que dos días antes intentaba matarse estaba jugando un partido de fútbol e intercambiando regalos de Navidad.
Y en muchas zonas de las trincheras duró un segundo día y un tercero, y al final los oficiales, los poderes fácticos, tuvieron que aparecer y decir: «Como no volváis a hacer la guerra aquí, os vamos a fusilar». Eso es lo que rompió la tregua de Navidad.
Y lo que pasaba allí era un cambio de categorías. ¿Quién es un «nosotros»? Un «nosotros» somos todos nosotros, los pobres desgraciados atrapados en las trincheras. Esas trincheras o estas, donde ¿cuál es el enemigo?
El frío, la lluvia helada, nuestra comida podrida, los roedores que se comen nuestra comida, los piojos, todo eso. Los malditos oficiales que aparecen y nos tiran ahí fuera para que nos maten por su ascenso profesional y tal: todos ellos formaban un enemigo común en ese momento. Y todos ellos formaban así una categoría de «nosotros» completamente nueva. Y eso siguió durante días y días, hasta que volvieron a intentar matarse.
Y lo que siempre me ha llamado la atención es que esto pasó a lo largo y ancho de las cientos de millas de trincheras de Francia. Si hubiera existido entonces un invento que tenemos ahora, si la gente hubiera tenido teléfonos móviles, si hubieras podido llamar a tu colega que estaba en el frente a 20 millas al norte y decirle: «¿Sabes qué?
Aquí ninguno hemos vuelto a luchar». «No». Y ellos dirían: «Nosotros tampoco». Y a lo largo y ancho de las trincheras. Y si la gente hubiera sabido que no eran un bolsillo aislado negándose a volver a la guerra, si en vez de eso hubieran descubierto que eso pasaba a lo largo y ancho de las líneas, esa maldita guerra se habría parado ese día y todo el mundo habría bajado las armas, o se habrían quedado con las armas y habrían vuelto a casa a por los que de verdad eran responsables de haber empezado la guerra.
Y si hubieran sido capaces de montar un movimiento de masas allí, habría surgido algo. Lo que habría surgido es el final de la Primera Guerra Mundial en Europa Occidental. Si tan solo hubieran podido comunicarse. Pero, aun así, lo que pasaba durante esos dos o tres días siguientes fue que cada uno de aquellos soldados tenía en la cabeza una categoría distinta de la habitual sobre quién era un «nosotros» y quién un «ellos». Hubo toda clase de treguas que surgieron a lo largo de las líneas de trincheras que no ocurrieron porque el Papa lo decretara, que fueron de abajo arriba, que surgieron espontáneamente.
Treguas espontáneas de trinchera
Entonces, ¿cómo formas espontáneamente una tregua con los tipos que están a 100 yardas y con los que llevas todos los días intentando matarte? Esto es lo que se hacía. Y esto lo ha documentado este Axelrod, que escribió un libro titulado «The Evolution of Cooperation», donde tenía un capítulo sobre estas treguas espontáneas durante la Primera Guerra Mundial.
Mira lo que hacían. Traes a tu mejor artillero y lanza una granada al otro lado, no a las trincheras, sino a hacer explotar, digamos, una letrina 20 yardas por detrás de la primera línea. Vale. Y luego haces que lo haga otra vez. Y otra vez y otra vez, y que caiga granada tras granada sobre esa letrina.
¿Y qué le estás diciendo al otro lado? «Nuestro tipo es tan bueno que podría haber estado haciéndolo caer sobre vuestras cabezas ahora mismo, y hemos decidido no hacerlo». «¿Y vosotros qué vais a hacer al respecto?». Y entonces el otro lado traía a su mejor artillero y disparaba y hacía explotar el árbol de detrás, una y otra y otra vez.
Y lo que acababan de negociar era una tregua entre ellos sin intercambiar palabra, sin hablar el mismo idioma en la mayoría de los casos. Y lo que surgió después fue que las tropas disparaban por encima de las cabezas de los otros. Lo hacían con regularidad. Las bajas cayeron en picado porque estaban negándose calladamente a matarse unos a otros.
Y lo que negociaron fueron señales para cuando aparecían sus oficiales. «Perdona, tenemos que dispararte de verdad un rato. El maldito coronel estaba aquí». Y tenían que restablecer la tregua. En cuanto el oficial se marchaba, desarrollaban una estrategia de ojo por ojo. Tenías a algún novato nuevo en tu lado que no sabía cómo funcionaban las cosas y lanzaba una granada en medio de su trinchera, y alguien de tu lado levantaba una bandera blanca, se ponía en el borde y decía: «Lo sentimos mucho.
Tenemos aquí a este chico nuevo que la ha liado. Sí, le hemos puesto al día». Y ojo por ojo: lo que se hacía entonces era que ellos podían lanzar una granada a tus trincheras. Y cada una de esas mataba a tres o cuatro hombres. Y luego se restablecía la tregua. Y hacían esto una y otra vez, a lo largo y ancho de las trincheras, hasta que los mandos militares de los dos lados se dieron cuenta de que esto estaba pasando y empezaron a trasladar tropas de arriba abajo de la línea, porque eso rompía el requisito previo para empezar a cambiar el «nosotros-ellos» de allí.
Cada mañana oyes a uno de ellos cantando esta canción folclórica mientras se afeita. Cada día, caricaturescamente, canta una de tus canciones militares, y tú, al cabo de un rato, le cantas de vuelta, y empiezas a tener una idea de él como individuo, y en el segundo en que eso ocurría, una y otra vez, estaban los medios para generar estas treguas espontáneas.
Por qué esta clase se hace cada vez más larga
Y esto nos lleva al final de nuestro material sobre la agresión y los antídotos contra la agresión. Y, asombrosamente, hace tiempo, no sé, 10, 15, 20 años, dar esta clase duraba dos lecciones, y de algún modo cada vez se hace más y más larga. Y más o menos sé por qué pasa que esto se hace cada vez más largo.
Y tiene que ver con algo que viví hace mucho tiempo, poco después de la universidad. Estaba en África Oriental. Me pasé allí un año poniendo en marcha mi investigación con babuinos en Kenia. Y al lado estalló una guerra entre Uganda y Tanzania. Uganda estaba gobernada en aquel momento por uno de los dictadores de todos los tiempos; antes de vuestra época, pero aun así, quizá muchos hayáis oído hablar de él: Idi Amin.
Idi Amin había tomado el poder en Uganda violentamente, y era irresistible para Occidente porque era un bufón. Tenía a empresarios británicos que lo llevaban en una silla de manos, o si no les disparaba. Le escribía cartas de amor a la reina Victoria invitándola a ser su sexta esposa o lo que fuera. Se declaró rey de Escocia.
Había hecho parte de su instrucción militar en Escocia y volvió con afición a eso. Y durante largos periodos en la corte, cada vez que entraba, tocaban gaitas, y tenía soldados con faldas escocesas, y, madre mía, era un bufón. Occidente no se cansaba de este tipo. Y al mismo tiempo mataba a decenas de miles de ugandeses que no eran de su tribu.
Estaba destruyendo la economía metiéndosela en el bolsillo. Y, tanto presumiendo de ello como documentado en algunas ocasiones, comía la carne de sus enemigos a los que había matado. Y al final cometió un error. Decidió que iba a invadir Tanzania y quedarse con parte del territorio. Y el ejército de Tanzania contraatacó y arrolló al ejército ugandés, en el que cualquiera que no fuera de su tribu no quería estar allí, y el ejército se derrumbó.
Y a lo largo de unas semanas, el ejército tanzano subió al oeste del lago Victoria y barrió hasta la capital, Kampala, momento en el que Idi Amin huyó del país a Libia, que lo acogió. Y Uganda se había liberado de él. Y siguieron un poco más, un poco más al este, y abrieron un corredor desde la capital hasta la frontera con Kenia.
El día después de que llegaran a ese punto y abrieran la frontera, yo entré en Uganda haciendo autostop. Estaba cerca del final del año de trabajo. Estaba en un punto en el que podía tomarme unas semanas libres. Quería ver esto. La gente bailaba en las calles. ¿Cuándo tienes la oportunidad de ver algo así?
Quería ir a Kampala y ver a la gente celebrándolo. Durante años había estado con cuáqueros intentando entender si existe alguna vez algo así como una guerra justa. Y si alguna parecía encajar con esa descripción, era esta. Así que quería ver qué era aquello.
No es por eso por lo que quería ir a Uganda. Quería ir porque era emocionante y era algo guay de ver. Y hasta poco antes de eso había estado viviendo conmigo alguien, y se había marchado. Así que tenía toda clase de problemas de neurotransmisores. Estaba disgustado por eso.
Estaba comportándome como un primate subadulto de 20 años, y quería ir a ver una guerra. Así que entré haciendo autostop, y vi cosas terroríficas y oí cosas explotar, y daba el miedo que corresponde y me dio historias que contar el resto de mi vida. Y al final, al final, se hizo demasiado. Y caí en la cuenta: «Tengo miedo y quiero salir de aquí». Y quería volver a Kenia haciendo autostop, a salvo, lo antes posible, y eso empecé a hacer.
Pero antes de irme de Uganda quería hacer una última cosa. Desde que era un crío he estado leyendo sobre los exploradores de África y los intentos de encontrar la fuente del Nilo, y qué explorador británico iba a descubrir la fuente del Nilo igual que Colón descubrió América.
Pero me fascinaba todo eso, y forma parte de que me atrajera de verdad esa parte del mundo. Y quería ir a ver dónde empieza el Nilo: ese punto concreto donde una catarata que sale del lago Victoria hace nacer el Nilo. Y eso está junto a una ciudad llamada Jinja, cerca de la frontera con Kenia.
Y fui hasta allí haciendo autostop para ver la fuente del Nilo. Y había un puente que estaba encima de no sé qué planta hidroeléctrica, con el agua fluyendo por ahí. Y llegué allí y miré por el lado y vi que en algún momento habían bajado a un soldado de uno de los ejércitos, y ya no podía distinguir de cuál, por una escalera hasta un panel en el costado de la presa, con las manos atadas a la espalda.
Y le habían atado una soga al cuello y la habían atado al panel. Y según subía y bajaba el nivel del agua, lo iban derribando hasta que se estrangulaba, hasta que era ya un cadáver hinchado que estaba allí sobre la superficie del comienzo del Nilo. Y no podía quitarle los ojos de encima.
Pensaba que era lo más fascinante. Quería ver hasta el último detalle posible. Quería bajar y mirar más de cerca. Quería largarme de allí como fuera. Quería recordar cada segundo. Quería olvidarlo todo. Pensaba: «Bien por ti, si eras uno de los soldados de Amin.
Esto es lo que te merecías». Pero luego pensaba: «Puede que te hayan obligado a alistarte». Y luego pensaba: «Bueno, ya sé lo que pienso de los soldados que solo cumplen órdenes». Y me quedé allí congelado durante horas, hipnotizado, mirando aquel cuerpo, aquel cadáver, hasta que pasó por allí un soldado tanzano y me echó.
Y me fui. Y me di cuenta 45 años después de por qué estas clases se hacen cada vez más largas: por ese hombre, y porque yo quería acercarme a mirar mejor y quería salir corriendo. Y esto era emocionante y esto era horroroso. Y volvemos a donde empezamos con esto, como veremos.
Depresión, malas noticias sin excepción. Esquizofrenia, malas noticias sin excepción. Cáncer infantil. Alzheimer, malas noticias sin excepción. Pero la agresión es distinta, porque las mismas conductas, los mismos patrones de acción fijos, la misma activación límbica, en un contexto son lo más heroico del mundo, y en otro, lo más horroroso. Y es por esa razón —el hecho de que cuando es el tipo correcto de agresión queremos saltar y participar y estamos emocionados y nos acelera el corazón, mientras nos horroriza cuando es la otra versión—, es por esa razón por la que la agresión va a ser siempre el más difícil de estos temas de entender.
Y por eso es el que más tenemos que estudiar.
Fuentes · 108 entradas
De dónde sale cada dato de este tema
Las fuentes de estas 6 clases, cada clase en su caja. Está plegado para que no tape las clases; se abre cuando haga falta.
Violencia y sus antídotos · 108 fuentes
Clase 23 · De qué hablamos cuando hablamos de violencia · 15 fuentes
- 23Frans B. M. de Waal & Angeline van Roosmalen Reconciliation and consolation among chimpanzees. Behavioral Ecology and Sociobiology 5:55-66, Springer 1979. enlaceTras las interacciones agonísticas de los chimpancés semilibres del zoo de Arnhem, los antiguos oponentes buscaban el contacto corporal no violento entre ellos más que con terceros, poco después del conflicto, con pautas propias (beso, abrazo, mano extendida, vocalización de sumisión, tacto). Los autores acuñaron los términos «reconciliación» (contacto entre los antiguos oponentes) y «consolación» (contacto de la parte agredida con un tercero). Es el primer artículo que usa «reconciliación» para el fenómeno, y el que sostiene la frase de la clase: dos chimpancés que se pelean tienen más probabilidades de acicalarse después. El detalle de «en la hora siguiente» es suyo: el artículo mide el contacto posterior al conflicto en los minutos que siguen, y la cifra de 30-40 especies la da sin fuente.
- 23Teresa Romero & Frans B. M. de Waal Consolation as possible expression of sympathetic concern among chimpanzees (y la literatura de consolación que resume). PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), 2010 2010. enlaceBase de datos amplia de consolación espontánea en dos grupos de chimpancés al aire libre: las víctimas de agresión recibían consuelo desproporcionadamente de individuos socialmente próximos y más de hembras que de machos, los controles también estaban implicados y la consolación era más frecuente cuando no había habido reconciliación con el agresor, todo ello compatible con la hipótesis de la empatía. Candidato, no confirmación: De Waal y su grupo sí publicaron trabajo de consolación, pero el diseño concreto que narra la clase —espectador inocente apaleado frente al de bajo rango que provocó y fue apaleado, con distinto acicalado después— no se ha podido recuperar como artículo; De Waal lo presenta en sus libros (Peacemaking Among Primates, 1989; Good Natured, 1996) como material observacional de Arnhem. Y conviene no mezclarlo: lo de la clase es consolación (consuelo de un tercero), no reconciliación.
- 23Marina Cords & Sylvia Thurnheer Reconciling with valuable partners by long-tailed macaques. Ethology 93(4):315-325 (Wiley; antes Zeitschrift für Tierpsychologie) 1993. enlace«Uno de los factores que puede influir en el beneficio de la reconciliación y por tanto en su aparición es el valor de la pareja como recurso social o ecológico: la reconciliación debería ser más frecuente tras peleas con parejas valiosas.» El diseño fueron siete parejas de hembras de macaco de cola larga (Macaca fascicularis) que servían de control de sí mismas: la hipótesis de la pareja valiosa es exactamente este artículo y la afiliación (Columbia) es correcta. Lo que no se ha podido verificar, porque solo hay acceso al resumen, es el aparato que describe la clase (la tarea individual de la cuerda frente al tablón cooperativo de dos extremos). La clase tampoco nombra la especie ni precisa que el diseño fueron parejas de hembras.
- 23Sarah F. Brosnan & Frans B. M. de Waal Monkeys reject unequal pay. Nature 425:297-299 2003. enlaceMonos capuchinos de cara blanca (Cebus apella) respondían negativamente al reparto desigual de recompensas en un intercambio de ficha por comida con un experimentador humano: se negaban a participar al ver que otro congénere recibía una recompensa más apetecible por el mismo esfuerzo, y el efecto se ampliaba si la pareja la recibía sin esfuerzo alguno. Dos capuchinos entrenados para cambiar una piedra por comida recibían igual trabajo y paga desigual (rodaja de pepino frente a uva o pasa), y el del pepino se lo tiraba al humano. El experimento usó cinco capuchinos. La clase no recuerda la especie: es el capuchino pardo, y los dos científicos están bien nombrados.
- 23No consta: la clase no da autor, revista ni año NO IDENTIFICADO — la aversión a la inequidad ventajosa en capuchinos («a ese le están estafando»). No consta: la clase no da revista. sin fuente localizableNo identificado. La clase cuenta que, de vez en cuando, el capuchino que había recibido la uva miraba al otro con el pepino y le devolvía la uva al humano, como un sentido de la justicia que también mira por el otro, y no da autor, año ni revista. Lo documentado experimentalmente es la aversión a la inequidad desventajosa (Brosnan y De Waal, Nature, 2003); las observaciones de ventaja en capuchinos se presentan en los libros de De Waal como material de colonia y no se ha podido anclar a un artículo. No se adjunta fuente para no inventarla; el registro marcado en el texto es de tono, no de dato.
- 23John C. Mitani, David P. Watts & Sylvia J. Amsler Lethal intergroup aggression leads to territorial expansion in wild chimpanzees. Current Biology 20(12):R507-R508 2010. enlaceDiez años de seguimiento de la comunidad de Ngogo (unos 150 chimpancés, parque nacional de Kibale, Uganda): 18 ataques mortales a vecinos presenciados y signos de tres más; en el verano de 2009 los chimpancés de Ngogo empezaron a usar la zona donde ocurrieron dos tercios de esos ataques y ampliaron su territorio un 22 %. Los ataques se producían en patrullas de frontera rutinarias y sigilosas. Que un grupo hiciera patrullas y matara horriblemente a machos de otro grupo, que a lo largo de meses mataran a todos y cada uno de los machos del grupo vecino por el grupo al que pertenecían y luego ampliaran su territorio está en el artículo y en la nota de prensa de Michigan. Dos cautelas: buena parte de los ataques mortales del estudio fueron contra crías, «quizá porque son blancos más fáciles», y Mitani rechaza expresamente la analogía con la guerra o el genocidio humanos, que es justo sobre la que la clase construye el argumento («discutiblemente», matiza él).
- 23Jane Goodall y el equipo de investigación de Gombe (observación de campo, 1974-1978) La «guerra de los cuatro años» de Gombe entre las comunidades de Kasakela y Kahama (y su documentación por Goodall). Parque nacional de Gombe Stream, Tanzania; recogido en Goodall, The Chimpanzees of Gombe (1986) y en la literatura primaria 1974. enlaceUna comunidad de chimpancés de Gombe se escindió en 1974; en los cuatro años siguientes la comunidad mayor, Kasakela, hizo incursiones coordinadas contra la menor, Kahama, y mató a los seis machos adultos y a un adolescente de Kahama y golpeó a tres hembras, tras lo cual Kasakela ocupó buena parte del territorio de Kahama. El primer ataque, el 7 de enero de 1974 contra Godi, fue la primera vez que se vio a chimpancés macho intentar deliberadamente matar a otro macho. Que una mañana se puede saber por su conducta emocionalmente contagiosa si los machos van a salir a buscar a alguien a quien matar, y que un grupo de machos se larga en «patrulla de frontera» y ataca y mata cooperando a un macho del grupo vecino. La clase no da año ni cita, y no menciona la controversia histórica sobre si la matanza entre grupos es habitual o la provocó el aprovisionamiento.
- 23Heinrich Klüver & Paul C. Bucy Preliminary analysis of functions of the temporal lobes in monkeys. Archives of Neurology and Psychiatry 42(6):979-1000 1939. enlaceLa lobectomía temporal bilateral en macacos rhesus produjo el síndrome que hoy lleva sus nombres, con seis síntomas centrales: agnosia visual («ceguera psíquica»), hiperoralidad, hipermetamorfosis, alteraciones de la conducta emocional (pérdida del miedo y de la ira, el «efecto de amansamiento»), cambios en la conducta sexual y cambios en los hábitos alimentarios. El síndrome, la década y los dos nombres son correctos. Dos imprecisiones de la clase: la lesión era del lóbulo temporal (amígdala e hipocampo incluidos), no de «grandes partes del sistema límbico», y la descripción clásica está dominada por la pérdida del miedo y de la ira más que por «toda clase de conductas agresivas inapropiadas». Sí es cierto, y es el punto de la clase, que el resultado hizo pensar que el rinencefalo no era solo el cerebro del olfato.
- 23Creada por la Promotion of National Unity and Reconciliation Act n.º 34 de 1995; autorizada por Nelson Mandela y presidida por Desmond Tutu La Comisión de la Verdad y la Reconciliación sudafricana (CVR) y su proceso de amnistía. República de Sudáfrica; actas publicadas por el Departamento de Justicia 1996. enlaceEl 1 de noviembre de 2000 el Comité de Amnistía había recibido 7.112 solicitudes, concedido 849 y rechazado 5.392 (en torno al 12 % concedidas); una nota de la comisión de diciembre de 1999 hablaba de 568 amnistías por entonces y de «rechazar el perdón a casi diez veces más». Que personas a punto de ser encarceladas por violencia del apartheid pudieran pedir en su lugar una audiencia, que se aceptara a alrededor del 10 % y que el panel fueran jueces, clero, psicólogos y familiares de las víctimas es correcto, igual que no exigir disculpa ni remordimiento: había que contarlo todo con detalle y prometer de manera convincente no volver a hacerlo. El «10 % aceptado» está cerca del dato real; el «cerca del 90 % enviados a casa en vez de a la cárcel» no, porque alrededor del 88 % de los solicitantes fueron rechazados y quedaron en principio expuestos a proceso.
- 23Hechos históricos; documentados por el National Security Archive (documentos estadounidenses desclasificados) El golpe de 1965 y las matanzas indonesias de 1965-66 (contadas a través del libro de viajes de Naipaul). National Security Archive, Universidad George Washington; resumen de Wikipedia 1965. enlaceUn golpe militar en Indonesia en 1965 (el «Movimiento del 30 de Septiembre» y la toma del poder por el ejército) apartó a Sukarno e instaló el «Nuevo Orden» del general Suharto con apoyo estadounidense; siguió una campaña de matanzas dirigida por los militares con estimaciones de víctimas que van de medio millón a más de un millón, dirigidas contra comunistas, izquierdistas, intelectuales, sindicalistas y chinos étnicos. Los documentos desclasificados muestran que Estados Unidos apoyó activamente esas matanzas sabiendo lo que ocurría. Que un golpe respaldado por Estados Unidos instalara a un hombre fuerte que gobernó durante décadas y que los escuadrones de la muerte de derechas recorrieran las aldeas matando a intelectuales, izquierdistas y a quien llevara gafas está sostenido; la cifra de medio millón está dentro del rango publicado, en su extremo bajo. La fecha que da la clase, «a principios de los años sesenta», es anterior al golpe real, que fue el 1 de octubre de 1965.
- 23Wayne Chappelle, Tanya Goodman, Laura Reardon & William Thompson An analysis of post-traumatic stress symptoms in United States Air Force drone operators. Journal of Anxiety Disorders 28(5):480-487 2014. enlaceDe 1.084 operadores de dron de la Fuerza Aérea estadounidense encuestados, el 4,3 % presentaba un patrón de síntomas de TEPT de gravedad moderada a extrema que cumplía criterios del DSM-IV. Los autores señalan que esa tasa es MÁS BAJA que el 10-18 % observado entre el personal militar que vuelve de un despliegue y más alta que el menos del 1 % registrado en las historias clínicas electrónicas, y discuten las limitaciones del estudio (instrumento de cribado autoinformado, sin escalas de validez). La paradoja que describe la clase —la carga de estrés y la «herida moral» de matar a distancia desde un búnker seguro— es una línea de investigación viva, y hay estudios compañeros que sitúan el estrés operativo alto en el 46-48 % con un 4-6 % que cumple criterios clínicos; lo que sobrestima la frase de la clase es la prevalencia de TEPT publicada. La base de Creech, en Nevada, es real.
- 23K. R. L. Hall & Barbara Mayer Social interactions in a group of captive Patas monkeys (Erythrocebus patas), y el patrón salvaje de dispersión que explica la ausencia de peleas. Folia Primatologica 5(3):213-236 (Karger) 1967. enlaceUn grupo de patas en cautividad en Bristol (un macho adulto, cuatro hembras adultas, un macho joven, un juvenil y crías) observado durante casi dos años, montado expresamente para completar el estudio de campo de Hall de 1963-64. Los encuentros agonísticos eran MÁS frecuentes en cautividad que en libertad «por la proximidad forzada del macho al resto del grupo», pero «a pesar de las limitaciones del cautiverio, la agresión grave rara vez ocurría», y el propio artículo explica el exceso por la dispersión: un grupo salvaje «suele estar muy disperso, salvo en el descanso diurno», así que el contacto estrecho era mucho menos frecuente que en el espacio reducido del laboratorio. Los grupos salvajes tienen un solo macho adulto, de papel periférico de vigilancia, y los machos se marchan al madurar y viven solos o en grupos de machos. La mitad salvaje del mecanismo de la clase está bien sostenida; la del cautiverio, no: el principal estudio de patas en cautividad informa de lo contrario y no se ha encontrado fuente de que los machos se maten entre sí en un recinto. Lo de «estudiarlos durante 400 años» es una exageración retórica.
- 23No consta: la clase no nombra ningún estudio ni autor NO IDENTIFICADO — el juego de revolcarse en los animales jóvenes: ¿práctica o establecimiento de asimetrías?. No consta: no se recuperó ninguna fuente en esta pasada. sin fuente localizableSin estudio nombrado en la clase. La dicotomía que plantea —el juego de peleas como práctica para encadenar patrones de acción fijos o como establecimiento temprano de las asimetrías que van a aparecer— es real en la literatura del juego (las líneas del juego como entrenamiento y como habilidad social), y su observación de que el juego de peleas está entre las últimas conductas que desaparecen en los animales jóvenes que pasan hambre en una sequía es suya. La clase no da estudio, autor ni especie, y las búsquedas no permitieron colgar un artículo concreto de esa frase sin inventarse la atribución, así que no se adjunta fuente.
- 23Charlotte van Oyen Witvliet, Thomas E. Ludwig & Kelly L. Vander Laan Granting forgiveness or harboring grudges: implications for emotion, physiology, and health (y la literatura sobre perdón e inmunidad). Psychological Science 12(2):117-123 2001. enlacePrimer examen experimental publicado de la fisiología del perdón: 35 mujeres y 36 hombres revivían una traición real y o bien alimentaban el rencor o bien imaginaban conceder el perdón. Los pensamientos de rencor producían más emoción aversiva y cambios significativamente mayores en el electromiograma del músculo superciliar, la conductancia de la piel, la frecuencia cardíaca y la presión arterial respecto a la línea base, con los efectos de electromiograma, conductancia y frecuencia cardíaca persistiendo en la recuperación; los pensamientos de perdón daban mayor sensación de control y respuestas fisiológicas de estrés menores. Son medidas CARDIOVASCULARES y electrodérmicas, no inmunitarias, y el artículo pertenece a la psicofisiología, no a la psiconeuroinmunología. La mitad inmunitaria es débil y discutida: el trabajo de 2001 que suele citarse para eso es el de Seybold, Hill, Neumann y Chi, y una revisión de 2008 describe su resultado como que el perdón NO se asociaba con la presión en reposo, el electromiograma facial, la frecuencia cardíaca ni los niveles de células inmunitarias, mientras que un trabajo de 2024 lee el mismo estudio en la dirección contraria y señala que hay pocos estudios y con resultados mixtos. Lo robusto es la respuesta cardiovascular y autonómica al estrés, no el sistema inmunitario.
- 23No consta: la clase no nombra ningún investigador ni estudio NO IDENTIFICADO — la jerarquía «de abajo arriba» o igualitaria en los macacos rhesus. No consta: no se encontró fuente. enlaceNo identificado. La clase sostiene que en los macacos rhesus el macho alfa lo es solo porque lo apoya un número grande de individuos de rango inferior y porque tiene la cooperación de la mayoría de las hembras, que lo echarían si se porta mal; no nombra autor ni estudio. La literatura recuperada va en la dirección contraria: en las clasificaciones de estilo de dominancia los rhesus (Macaca mulatta) están en el extremo despótico, con interacciones menos simétricas y más sesgadas hacia el parentesco que las especies «igualitarias» como los macacos de cola de muñón o los de Tonkean; y en un seguimiento de trece años de rhesus salvajes en China, de once relevos de macho alfa, ocho fueron sucesiones de machos residentes tras la muerte o desaparición del anterior, no coaliciones que lo echaran. El poder colectivo de las hembras y la expulsión del alfa por coaliciones están mucho mejor documentados en otras especies (chimpancés, babuinos de sabana, capuchinos). La fuente enlazada es el trabajo de clasificación más cercano, no el respaldo de la afirmación.
Clase 24 · Violencia y antídotos (II): el circuito y el contexto · 29 fuentes
- 24Informe clínico de la época (Stuart Brown, Baylor College of Medicine, en el informe de 1966) Autopsy finding in the Charles Whitman case. informe médico contemporáneo; se cita por la retrospectiva de The Daily Texan (2016) 1966. enlaceUn glioblastoma del tamaño de una nuez, entre el tálamo, el hipotálamo y la amígdala; un panel médico dijo que pudo contribuir a la pérdida de control emocional. «Y en la autopsia, un tumor que le presionaba la amígdala.» Los expertos retrospectivos (Keele, Lavergne) dudan de que el tumor fuera decisivo y apuntan a los malos tratos y la violencia doméstica de su infancia, cosa que la clase no menciona: Sapolsky presenta el tumor como evidencia. Además, dice «principios de los sesenta» y el tiroteo fue el 1 de agosto de 1966.
- 24Vernon H. Mark y Frank R. Ervin Violence and the Brain (libro) / la propuesta de psicocirugía contra la violencia. Harper & Row (Medical Dept.), Nueva York 1970. enlacePide investigar la enfermedad cerebral en la violencia individual y desarrolla propuestas sociales de base biológica; en su momento se le reprochó que autorizaba una psicocirugía política. «¿No sería una gran idea... quitarle la amígdala a alguien que es violento de forma incontrolable... sobre todo el desorden en las poblaciones de los barrios pobres?» Sapolsky avisa de que está parafraseando. El libro es de dos autores, no de tres: el «trío» de la clase encaja mejor con la carta de 1967 en JAMA que firman Mark, Sweet y Ervin.
- 24George W. Ainslie, sobre el trabajo previo de Rachlin y Herrnstein Impulse control in pigeons (autocontrol y elección con recompensas demoradas). Journal of the Experimental Analysis of Behavior 1974. enlaceLos pichones invierten su preferencia entre una recompensa pequeña e inmediata y otra grande y demorada según dónde se sitúe el punto de elección en el tiempo: es la base del descuento hiperbólico. «Estos son pichones... si atenuabas el atractivo emocional... puedes conseguir más regulación de la conducta.» La versión de la clase (separar físicamente la palanca tentadora) coincide con esa lógica de punto de elección y compromiso. Sapolsky atribuye el trabajo a Ainslie y no nombra a Herrnstein, cuyo nombre va en la clave de la ficha.
- 24Robert Ardrey African Genesis (1961); The Territorial Imperative (1966); The Hunting Hypothesis (1976). divulgación (Atheneum / Collins) 1961. enlaceSostuvo que la agresión humana es un instinto heredado de un pasado africano carnívoro, la tesis del «simio asesino». «Entremezcló la neurobiología de la depredación con la neurobiología de la agresión... cazar es neurobiológicamente lo mismo que abrir una caja de cereales.» El título que da la clase, «Man the Hunter», no es de Ardrey: es el volumen del simposio de Lee y DeVore de 1968. La crítica que le hace Sapolsky coincide con la que ya le hicieron los antropólogos.
- 24Joshua D. Greene, R. Brian Sommerville, Leigh E. Nystrom, John M. Darley y Jonathan D. Cohen An fMRI Investigation of Emotional Engagement in Moral Judgment. Science 293(5537):2105-2108 2001. enlaceLos dilemas morales personales (empujar a un hombre desde un puente) produjeron más actividad en regiones ligadas a la emoción y menos en las de memoria de trabajo que los impersonales (la palanca). «¿Tiras de una palanca o no para matar a alguien y salvar a cinco? Eso es un proceso cortical... ¿Los empujas con las manos? Eso es el sistema límbico.» La separación limpia entre cortical y límbico que hace la clase es más tajante que el contraste regional del artículo, y los hallazgos de daño ventromedial que se citan vienen de Koenigs y Damasio, no de Greene 2001.
- 24Jonathan Haidt The emotional dog and its rational tail: a social intuitionist approach to moral judgment. Psychological Review 108(4):814-834; el «quedarse sin palabras» moral también en Haidt, Bjorklund y Murphy (2000) 2001. enlaceLos juicios morales nacen de intuiciones rápidas y el razonamiento llega después a racionalizarlas: la gente condena actos tabú sin daño para nadie y es incapaz de dar una razón. «La decisión se toma en el sistema límbico antes de que la corteza entre en juego... Haidt da una prueba de tornasol buenísima.» La evidencia de Haidt es conductual y de entrevista; la de imagen cerebral que la clase le atribuye, «replicada en otras personas», es de otros grupos, y por eso la atribución va marcada como defecto D1.
- 24Caspi A, McClay J, Moffitt TE, Mill J, Martin J, Craig IW, Taylor A y Poulton R Role of Genotype in the Cycle of Violence in Maltreated Children. Science 297(5582):851-854 2002. enlaceEn 442 varones de la cohorte de Dunedin, la MAO de baja actividad más los malos tratos infantiles predecían resultados antisociales y violentos; los niños maltratados con MAO de alta actividad se libraban en su mayoría. «Era más probable que tuvieras una historia de violencia antisocial si y solo si habías sufrido malos tratos de niño. Interacción gen-entorno a punta de pala.» La clase dice «los primeros 25 años» y la evaluación del artículo es a los 26; omite además la cautela que el propio artículo pone a los vínculos poblacionales entre MAO y agresión.
- 24C. Robert Cloninger, Michael Bohman y Sören Sigvardsson Inheritance of alcohol abuse (estudios suecos de adopción): la tipología Tipo I / Tipo II. Archives of General Psychiatry 38(8):861-868; la tipología tal como se usa en la literatura de revisión: ver PMC5754455 1981. enlaceDos subtipos heredables: el Tipo I, de inicio tardío, con fuerte influencia ambiental, autoconsumo, culpa y pocas complicaciones sociales; y el Tipo II, de inicio temprano, con fuerte carga genética, búsqueda de novedad y conducta antisocial y violenta. «Dos subtipos distintos de alcoholismo, y se me olvida cuál es el Tipo 1 y cuál el Tipo 2... el perfil Tipo 1: abuso social con los iguales al principio de la vida, y luego eso desaparece.» La incertidumbre de la clase está bien puesta: el perfil violento, varón, de inicio temprano y con los iguales que llama «Tipo 1» es el Tipo II de la literatura, y su «Tipo 2» —igual en hombres y mujeres, de por vida, beber en solitario, sin agresión— se acerca al Tipo I. El coautor «Wu» no forma parte de la tipología de 1981.
- 24Kramer MS, Cutler N, Feighner J y otros (Merck) Distinct Mechanism for Antidepressant Activity by Blockade of Central Substance P Receptors. Science 281(5383):1640-1645 1998. enlaceEl antagonista de la sustancia P (NK1) MK-869 produjo efectos antidepresivos en un ensayo controlado con placebo en depresión mayor. «Hubo un pequeño arranque de literatura hace tiempo, que se topó con un muro, y no sé por qué: usar fármacos que bloqueaban los receptores de sustancia P tenían propiedades antidepresivas.» El muro es real: los ensayos posteriores, más grandes, con aprepitant, no confirmaron la eficacia.
- 24Revisión de StatPearls (NCBI); la región borrada incluye GTF2I en 7q11.23 Síndrome de Williams (descripción clínica y genética). StatPearls / NCBI Bookshelf 2023. enlaceTrastorno raro del desarrollo por una deleción en 7q11.23: rasgos faciales «élficos», estenosis aórtica supravalvular, discapacidad intelectual con un lenguaje relativamente fuerte e hipersociabilidad. «Se me olvida qué genes se borran. Es todo un brazo de uno de los cromosomas... la palabra que se usó hasta la saciedad en la literatura es rasgos de elfo de cuento.» El matiz de la clase es razonable: es una deleción contigua de genes en 7q11.23, no un brazo de cromosoma entero.
- 24SIN VERIFICAR (no se afirma ningún autor) Hiporrespuesta amigdalina ante caras amenazantes y hiperreactividad ante amenazas no sociales en el síndrome de Williams. SIN VERIFICAR. sin enlaceSIN RESOLVER: la disociación concreta que cuenta la clase no se verificó contra ninguna fuente en esta pasada. «Les enseñas una serpiente que da miedo... la amígdala está hiperactiva... Pero ahora les enseñas la foto de una cara de enfado y la amígdala apenas responde.» No se trajo ninguna fuente: queda como no resuelto en vez de adivinado. Lo que sí está documentado y es otra cosa es el patrón general de hipersociabilidad del síndrome, que sostiene la ficha q2023.
- 24vonHoldt BM, Shuldiner E, Koch IJ y otros Structural variants in genes associated with human Williams-Beuren syndrome underlie stereotypical hypersociability in domestic dogs. Science Advances 3(7):e1700398 2017. enlaceInserciones y deleciones cerca de WBSCR17, GTF2I y POM121, genes de la región de Williams-Beuren, se asocian a la hipersociabilidad dirigida a humanos en perros y son raras o están ausentes en lobos. «No encuentras estos genes relevantes en los lobos... Las razas de perro más o menos amistosas parecen tener más o menos carga genética de este perfil tipo Williams.» El matiz sobre las razas es el encuadre del propio grupo; en su tabla de datos la variante es una inserción de transposón y sí está en algunos lobos (0 % en uno de los cuatro loci, 32-50 % en otros), así que «no los encuentras en los lobos» es una simplificación.
- 24Chen-Bo Zhong y Katie Liljenquist Washing Away Your Sins: Threatened Morality and Physical Cleansing. Science 313(5792):1451-1452 2006. enlaceRecordar un acto poco ético aumentaba la accesibilidad de palabras de limpieza (LAVAR, DUCHAR), la preferencia por una toallita antiséptica frente a un lápiz y, después de lavarse las manos, reducía la disposición a ofrecerse de voluntario. «Es más probable que en vez de “lazo” o “liso” te salga “jabón”... van más a por las toallitas.» La dirección del resultado sobre la ayuda está bien contada: es lavarse, sentirse ya limpio, lo que reduce el voluntariado. Las réplicas posteriores del efecto Macbeth son mixtas.
- 24Bateson M, Nettle D y Roberts G (2006); Ernest-Jones M, Nettle D y Bateson M (2011); Bateson y otros (2013) Efecto de los ojos que miran sobre tirar basura y sobre la conducta prosocial. Biology Letters (2006); Evolution & Human Behavior (2011); PeerJ (2015) 2011. enlaceLas imágenes de ojos que miran aumentan las donaciones en las cajas de honestidad y reducen la basura tirada (bandejas de cafetería, octavillas); el efecto sobre la basura depende de si hay gente real alrededor. «Coge una marquesina de autobús y pon allí un cartel con un par de ojos... la gente tira menos basura.» Los estudios que resume la clase se hicieron en una cafetería universitaria y con octavillas, no en una marquesina de autobús: el escenario es del ejemplo.
- 24Mujica-Parodi LR, Strey HH, Frederick B y otros Chemosensory Cues to Conspecific Emotional Stress Activate Amygdala in Humans. PLoS ONE 4(7):e6415 2009. enlaceEl sudor de «alarma» recogido de paracaidistas primerizos, pero no el sudor de ejercicio, provocaba activación de la amígdala en quien lo olía, además de valoraciones de mayor intensidad. «Cuando la gente olía el sudor asustado, el sudor aterrorizado, había activación de la amígdala de forma subliminal.» La lectura de la clase, que el sudor feliz era un olor más atractivo, encaja con las valoraciones de menor intensidad que recibió el sudor de ejercicio.
- 24SOLO CANDIDATO, no se afirma Prevalencia de patógenos, asco y actitudes antiinmigración (candidato: Faulkner y otros 2004, «Evolved disease-avoidance mechanisms and contemporary xenophobic attitudes»). candidato: Group Processes & Intergroup Relations. enlaceSIN RESOLVER: el experimento concreto de leer sobre patógenos y volverse más hostil a la inmigración no se casó con ninguna fuente en esta pasada. «Cuando alguien se sienta y lo lee con bastante intensidad... son más hostiles a la inmigración, legal o de la otra.» Se deja como campo candidato y no como hecho: no se trajo ninguna fuente.
- 24SIN IDENTIFICAR Lectura de The Atlantic sobre xenofobia, postura política y umbral del asco. The Atlantic. sin enlaceSIN RESOLVER: no se identifica a partir de la transcripción. «Ese texto tan legible de The Atlantic sobre cómo la xenofobia interactúa con las posturas políticas de la gente, interactúa con su umbral del asco.» No confundir con el «Broken Windows» de Wilson y Kelling (1982), que también se publicó en The Atlantic.
- 24James Q. Wilson y George L. Kelling Broken Windows: The police and neighborhood safety. The Atlantic Monthly, marzo de 1982 1982. enlaceEl desorden que nadie atiende, una ventana rota, señala que a nadie le importa y cría más desorden y más delito; de ahí la defensa de un policiamiento de mantenimiento del orden. Cita los experimentos de Zimbardo de 1969 con coches abandonados. «Si tienes un barrio en el que la gente puede romper ventanas sin consecuencias graves, pronto habrá un entorno con basura, con suciedad, con ventanas rotas, con grafitis.» La clase no nombra a Zimbardo, y la relación causal desorden a delito está discutida por experimentos de campo posteriores, como el holandés de 2011.
- 24política pública, no estudio Policiamiento de tolerancia cero en Nueva York (aplicación de las ventanas rotas). política del Departamento de Policía de Nueva York con el alcalde Giuliani 1994. enlaceNo es un experimento: la «Quality-of-Life Initiative» de Nueva York (1993-94) y la aplicación de tolerancia cero, justificadas con la teoría de las ventanas rotas; muchos comentaristas fechan este estilo policial en 1994, con Giuliani y Bratton. «Llegó a la fama instituyendo lo de la tolerancia cero con las pintadas, con los que tiran basura.» Como en toda política pública, la causalidad sobre el descenso del delito neoyorquino de los noventa está discutida (el crack, la demografía, más policía). Y Giuliani fue alcalde desde 1994: la clase dice «en los ochenta», cuando era fiscal federal.
- 24Joseph V. Brady y Walle J. H. Nauta Subcortical mechanisms in emotional behavior: affective changes following septal forebrain lesions in the albino rat. Journal of Comparative and Physiological Psychology 46(5):339-346 1953. enlaceLas lesiones del septum en ratas producen aumentos duraderos de las reacciones afectivas y de furia, el llamado síndrome de furia septal. «El septum inhibe la agresión impulsiva. Y por eso, si lesionas el septum, si destruyes el septum en una rata, tienes furia septal.» La clase no nombra a nadie; la fuente canónica es Brady y Nauta 1953, con Nauta en la Escuela de Posgrado del Servicio Médico del Ejército.
- 24candidato: Martin Wasman y John P. Flynn (Yale) Estimulación del hipotálamo lateral y depredación frente a agresión (candidato: Wasman y Flynn 1962, «Directed attack elicited from hypothalamus»). candidato: Archives of Neurology 1962. enlaceSIN RESOLVER: la demostración clásica de que la estimulación del hipotálamo lateral provoca ataque depredador, en gatos, y no agresión afectiva, no se confirmó contra ninguna fuente en esta pasada. «Una década entera de investigación se fue por el desagüe porque la gente que estudiaba el hipotálamo lateral... pensaba que estaba viendo agresión, y resultó que estaba viendo depredación.» Los autores candidatos se dan solo como candidatos.
- 24David Card y Gordon B. Dahl Family Violence and Football: The Effect of Unexpected Emotional Cues on Violent Behavior. Quarterly Journal of Economics 126(1):103-143 (NBER WP 15497) 2011. enlaceLas derrotas inesperadas de equipos profesionales de fútbol americano, en partidos con implicaciones de playoffs, van seguidas de un aumento de alrededor del 10 % en la violencia familiar denunciada a la policía; las victorias y las derrotas esperadas, no. «No me acuerdo de si era fútbol británico o americano, pero cuando tu equipo perdió inesperadamente cuando era el favorito, el maltrato a la pareja sube esa noche.» Los datos son de fútbol americano (NFL) y de partes policiales: la duda de la clase es innecesaria, porque el efecto es justamente el de las derrotas inesperadas.
- 24SIN VERIFICAR para el estudio de Chicago Desigualdad de ingresos y violencia (literatura amplia) y el estudio «manzana a manzana en Chicago». SIN VERIFICAR (candidato: investigación de barrios de Chicago del tipo Morenoff, Sampson y Raudenbush; no se afirma). sin enlaceSIN RESOLVER: la literatura sobre desigualdad y violencia a nivel de países, estados y ciudades es real, pero el estudio concreto que lo muestra «manzana a manzana en Chicago» no se identificó en esta pasada. «Hay un estudio que lo muestra manzana a manzana en Chicago.» No hay que tratarlo como identificado: queda sin resolver, aunque la dirección general que cuenta la clase (la desigualdad, no la pobreza, predice violencia) sí está sostenida por esa literatura.
- 24Robert M. Sapolsky (notas de campo, contadas en sus libros de divulgación) Observaciones de campo de Sapolsky sobre la agresión entre babuinos y el macho alfa derrocado. libros de divulgación, por ejemplo «A Primate's Memoir»; no es un estudio controlado. enlaceSIN RESOLVER: no hay artículo citable; se apoya en la observación de Sapolsky, durante años, de la misma tropa de babuinos. «Hay dos casos de violación entre babuinos, un macho alfa el día en que lo derrocaron.» Es una anécdota con dos casos, que la clase ofrece explícitamente como evidencia de frustración y desplazamiento y no como estudio; él dice que no cree que sea antropomorfizar.
- 24SIN VERIFICAR (candidato: los estudios neuropsiquiátricos de Dorothy Otnow Lewis y colegas sobre condenados a muerte) Daño del lóbulo frontal en condenados a muerte. SIN VERIFICAR. enlaceSIN RESOLVER: la cifra del 25 al 75 % no se rastreó hasta ninguna fuente en esta pasada. «Una historia de daño en ella por traumatismo craneoencefálico conmocional, según el estudio, entre el 25 y el 75 % de las personas en el corredor de la muerte.» La horquilla tan ancha es la propia cautela de la clase; el autor candidato es solo candidato.
- 24SIN VERIFICAR Historia de la psicocirugía (amigdalectomía) fuera de Estados Unidos. SIN VERIFICAR. sin enlaceSIN RESOLVER: sin verificar. La propia clase se cubre con un «creo». «Siguió usándose en bastantes países durante muchos años después... creo que India tiene el récord de más amigdalectomías involuntarias hechas a personas.» Existen historias documentadas de psicocirugía en Japón, India, España y la Unión Soviética; la afirmación del récord indio, tal cual, no está verificada.
- 24SIN VERIFICAR (candidatos: Phelps y otros 2000; Cunningham y otros 2004; Hart y otros 2000) Respuesta amigdalina ante caras de otra raza (latencia de 60 a 70 milisegundos; alrededor del 75 % de los sujetos). SIN VERIFICAR. enlaceSIN RESOLVER: la latencia concreta y la proporción del 75 % no se casaron con ninguna fuente en esta pasada. «En un 75 % de la gente, la amígdala se activa... la amígdala se activa en 60 a 70 milisegundos.» Las citas candidatas se ofrecen solo como candidatas.
- 24DESCONOCIDO (antiguo alumno de esta asignatura en Stanford, sin nombre en la clase) Música de fondo, rap frente a heavy metal, modulando la respuesta amigdalina a caras de otra raza. SIN VERIFICAR. sin enlaceSIN RESOLVER: sin identificar. «Si era música rap, la respuesta amigdalina de una persona blanca ante una cara negra se exageraba. Si era esa música irritante y horrible de heavy metal sureño, la respuesta amigdalina disminuía.» No se puede identificar a partir de la transcripción: la clase no da ni autor ni año.
- 24Paul J. Eslinger y Antonio R. Damasio Severe disturbance of higher cognition after bilateral frontal lobe ablation (el caso de la «sociopatía adquirida»). Neurology 35(12):1731 1985. enlaceUn paciente con ablación frontal bilateral orbitaria y mesial inferior sufrió un cambio conductual profundo y estable durante ocho años mientras su inteligencia medible seguía siendo superior; al principio se le tomó por un simulador. «¿Qué pasa si la corteza prefrontal se daña en alguien cuando es muy pequeño?... A esto se le ha acabado llamando, creo que fue Damasio quien usó el término primero, sociopatía adquirida.» El caso publicado por Eslinger y Damasio es de inicio en la edad adulta; que el daño temprano impida aprender las reglas viene de trabajos posteriores, como Anderson y otros 1999.
Clase 25 · Tres mitos, la testosterona y la moral · 21 fuentes
- 25John B. Calhoun Population Density and Social Pathology. Scientific American, Vol. 206, No. 2, pp. 139-148 1962. enlaceSeis colonias de ratas confinadas con comida y agua ilimitadas: el comportamiento social se desmorona, con conducta materna alterada, desviación sexual y canibalismo entre los machos, mortalidad infantil de hasta el 96 % en los grupos peores y el agrupamiento que Calhoun llamó «sumidero conductual». El artículo informa de canibalismo y de patología social grave, así que las palabras de la clase no son inventadas; pero el derrumbe que describe está movido sobre todo por el fallo reproductivo y materno y por la mortalidad, no por una explosión de violencia adulta, y él mismo insiste en la «densidad social» y no en el hacinamiento físico. La clase arranca con el encuadre de prensa (min. 03:30-03:38) y lo desmonta dos párrafos después: el hacinamiento no crea agresión, exagera la que ya existía.
- 25sin identificar réplicas etológicas del tipo de Calhoun (sin identificar). . sin fuente localizableLa clase dice que bastaba con que «una generación siguiente de investigadores» repitiera los estudios de Calhoun con más detalle y sutileza etológica, mirando la conducta de cada rata, y que así se vio que el hacinamiento exagera las tendencias agresivas previas de un subconjunto pequeño y vuelve menos agresivas a la mayoría. El expediente no fija ninguna publicación: no se nombra autor, revista ni año, y no se ha localizado el conjunto de réplicas concreto al que se refiere. Queda como item sin identificar, sin inventar cita.
- 25sin identificar estudios con televisión en circuito cerrado sobre la violencia en los estadios ingleses (sin identificar). . sin fuente localizablePara el mito del contagio social, la clase cuenta que la ciencia se hizo con estadios de fútbol británicos y hooligans, y que la llegada de la televisión en circuito cerrado permitió ver instante a instante quién hacía qué: la mayoría de los participantes no da ni un puñetazo y quien lo da descubre que le duele la mano y no repite. No se nombra ningún estudio ni autor. El expediente no ha localizado la publicación concreta; queda como item sin identificar.
- 25John M. Darley y Bibb Latané Bystander Intervention in Emergencies: Diffusion of Responsibility. Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 8, Iss. 4, Pt. 1, pp. 377-383 1968. enlaceEn una emergencia de laboratorio (un «ataque» oído por interfono), cuantos más espectadores creía tener el sujeto, más tardaba y menos probable era que interviniera: difusión de la responsabilidad. El efecto de laboratorio es real y se ha replicado en metaanálisis; lo que la clase ataca es el relato real heredado del caso Genovese (véase la ficha siguiente) y la suposición de que se extiende a la violencia callejera puntual. El estudio de 1968 no midió violencia callejera. La clase lo usa para «el efecto espectador es en buena medida un mito» (min. 07:46) y matiza después que el efecto aparece solo en grupos grandes.
- 25Rachel Manning, Mark Levine y Alan Collins The Kitty Genovese Murder and the Social Psychology of Helping: The Parable of the 38 Witnesses. American Psychologist, Vol. 62, No. 6, pp. 555-562 2007. enlaceA partir de los archivos y las transcripciones del juicio de 1964, los autores no encuentran pruebas de 38 testigos, ni de que los testigos vieran el asesinato, ni de que permanecieran inactivos: al menos dos personas llamaron a la policía y una vecina bajó a sostener a Genovese mientras moría. El relato que la clase corrige —invierno, ventanas cerradas, casi nadie lo oyó, unos pocos gritaron para que parara— coincide con esta corrección académica.
- 25John C. Wingfield, Robert E. Hegner, Alfred M. Dufty Jr. y Gregory F. Ball The 'Challenge Hypothesis': Theoretical Implications for Patterns of Testosterone Secretion, Mating Systems, and Breeding Strategies. The American Naturalist, Vol. 136, No. 6, pp. 829-846 1990. enlaceEn las aves macho, la testosterona no es un nivel fijo de temporada de cría: sube de forma transitoria hasta el máximo fisiológico cuando hay desafíos sociales al estatus o al territorio, y esa subida se paga con menos cuidado parental. Los machos polígamos son menos sensibles socialmente que los monógamos. La formulación de la clase («te hace hacer lo que necesites para conservar o alcanzar un estatus alto cuando te lo desafían») es fiel a la lógica del modelo, pero es la versión generalizada que él usa para babuinos y humanos: el artículo de 1990 es un modelo comparado de endocrinología de aves, y esa diferencia de alcance importa cuando se cita como afirmación sobre humanos.
- 25Dale J. Langford, Sara E. Crager, Zarrar Shehzad, Shad B. Smith, Susana G. Sotocinal, Jeremy S. Levenstadt, Mona L. Chanda, Daniel J. Levitin y Jeffrey S. Mogil Social Modulation of Pain as Evidence for Empathy in Mice. Science, Vol. 312, No. 5782, pp. 1967-1970 2006. enlaceLa sensibilidad al dolor de los ratones se modula por la mera exposición a un congénere que sufre, y solo si ese congénere es compañero de jaula (o de la misma cepa); un desconocido no produce esa modulación. La estructura compañero de jaula frente a desconocido que la clase describe después coincide con el artículo. La clase dice «ratas» en los párrafos 101, 102 y 104: el trabajo es con ratones (las ratas llegarían en trabajos posteriores). El autor que la clase nombra, Jeffrey Mogil, es el último firmante.
- 25Loren J. Martin, Georgia Hathaway, Kelsey Isbester, Sara Mirali, Erinn L. Acland, Nils Niederstrasser, Peter M. Slepian, Zina Trost, Jennifer A. Bartz, Robert M. Sapolsky, Wendy F. Sternberg, Daniel J. Levitin y Jeffrey S. Mogil Reducing Social Stress Elicits Emotional Contagion of Pain in Mouse and Human Strangers. Current Biology, Vol. 25, No. 4, pp. 487-492 2015. enlaceEl contagio emocional del dolor aparece en parejas conocidas pero no entre desconocidos, en ratones y en humanos; bloquear la síntesis de glucocorticoides (metyrapona) o los receptores de glucocorticoides y mineralocorticoides lo hace aparecer también entre desconocidos en las dos especies, igual que quince minutos jugando juntos a un videojuego. Dos correcciones a la clase: el bloqueo farmacológico fue sistémico (metyrapona sobre la síntesis; mifepristona sobre los receptores), no «en la corteza cingulada anterior», y el brazo animal es de ratones, no de ratas. Sapolsky es coautor del trabajo, como él mismo declara en el párrafo 101.
- 25candidato A: Dreher et al.; candidato B: Zak et al. estudio sin identificar de administración de testosterona en un juego económico (dos candidatos publicados con resultados OPUESTOS). candidato A: PNAS (2016); candidato B: PLoS ONE (2009). enlaceA (Dreher et al. 2016, «Testosterone causes both prosocial and antisocial status-enhancing behaviors in human males»): la testosterona exógena aumentó la conducta de mejora de estatus en una tarea de interacción social relevante para el estatus, y esa conducta podía ser prosocial. B (Zak et al. 2009): la administración de testosterona hizo a los hombres un 27 % MENOS generosos con desconocidos en el juego del ultimátum. La clase no da ninguna cita, así que el estudio queda como candidato. La dirección que afirma —más generosidad— es compatible con A cuando el estatus se gana donando, pero contradice a B: quien cite esta clase para «la testosterona aumenta la generosidad» tiene que declarar las contingencias de tarea y estatus o estará tergiversando una literatura en disputa.
- 25Aristóteles Historia de los animales, libros VI y VIII: el pasaje de la hiena. texto clásico. enlaceAristóteles examinó la afirmación de que «toda hiena está provista del órgano del macho y del de la hembra», concluyó que el rumor era FALSO y lo explicó diciendo que las bolsas de las glándulas de olor anales se habían tomado por una abertura vaginal. La clase invierte el resultado: dice que disecó hienas y «concluyó que las hienas son hermafroditas». La confusión es comprensible porque él disecó una hiena rayada, la especie que tenía a mano, que no muestra los genitales masculinizados de la hiena manchada, y eso es justo lo que mantuvo viva la leyenda. Corrección de carga alta.
- 25Stephen E. Glickman y Laurence G. Frank (fundadores) la colonia de hienas manchadas en cautividad de Berkeley (estación de campo de la Universidad de California, colinas de Berkeley). Universidad de California, Berkeley (instalación de investigación). enlaceLa primera colonia de hienas manchadas en cautividad del mundo se estableció en la estación de campo de Berkeley, en las colinas, y la instalación pasó a llamarse en 2020 Stephen Glickman Field Station for the Study of Behavior, Ecology and Reproduction. La clase no nombra a nadie, así que los fundadores se aportan desde el obituario de Berkeley y la memoria del senado académico. El «la primera de la Tierra» de la clase lo respalda el propio texto de Berkeley, que habla de la primera colonia de hienas manchadas en cautividad del mundo.
- 25sin identificar (colonia de Berkeley) estudio sin identificar sobre la aparición de la dominancia en crías de hiena en cautividad criadas sin adultos. . sin fuente localizableSegún la clase, en el grupo de crías en cautividad la dominancia femenina apareció, pero más despacio que en libertad, y lo atribuye a la ausencia de modelos adultos para la socialización: «tenías un patrón de acción fija de dominancia femenina, pero ningún modelo para él». No se ha identificado la publicación que sostiene esa comparación de plazos, aunque sí hay fuentes sobre la colonia y sobre el fratricidio en hienas. Sin identificar: no se inventa cita.
- 25Laurence G. Frank, Stephen E. Glickman y Paul Licht Fatal Sibling Aggression, Precocial Development, and Androgens in Neonatal Spotted Hyenas. Science, Vol. 252, No. 5006, pp. 702-704 1991. enlaceLas camadas suelen ser de dos crías; las recién nacidas salen con los ojos abiertos y los dientes delanteros ya erupcionados, y pelean violentamente al nacer. Una de las dos hermanas muere aparentemente en las camadas del MISMO sexo, mientras que en las mixtas suelen sobrevivir las dos. La clase enuncia el fratricidio como incondicional y se salta esa salvedad; trabajos posteriores lo tratan además como facultativo y no obligado.
- 25Margaret Mead Coming of Age in Samoa: A Psychological Study of Primitive Youth for Western Civilisation. William Morrow and Co. 1928. enlaceEtnografía de las adolescentes de Ta'u, en la Samoa estadounidense, que sostiene que la cultura —y no la biología— gobierna el desarrollo psicosexual y que la adolescencia samoana era comparativamente libre de estrés y de conflicto. Lo documentado del libro es eso: adolescencia, normas sexuales y ausencia de estrés adolescente. La afirmación concreta que la clase le atribuye —que las samoanas nunca habían oído hablar de los retortijones ni de sentirse mal con la regla— no se ha podido respaldar como hallazgo publicado de Mead, así que queda como no verificada. Lo que sí está documentado y es pertinente: Derek Freeman impugnó sus conclusiones y sostuvo que fue engañada por sus informantes, exactamente como dice la clase.
- 25Derek Freeman Margaret Mead and Samoa: The Making and Unmaking of an Anthropological Myth. Harvard University Press (libro) 1983. enlaceFreeman sostuvo que las conclusiones samoanas de Mead eran falsas: que la adolescencia samoana no estaba libre de estrés y que ella se había dejado engañar por sus informantes. Es el referente estándar de la frase de la clase, pero la clase no nombra ni a Freeman ni el libro, así que la identificación es candidata, no hecho. Además, la controversia no se cerró a su favor: buena parte de la antropología rechazó su crítica y le acusó de seleccionar los datos.
- 25Lawrence Kohlberg etapas del desarrollo moral de Kohlberg (tesis doctoral de Chicago, 1958: «The Development of Modes of Moral Thinking and Choice in the Years 10 to 16»; capítulo de 1969: «Stage and Sequence»). Universidad de Chicago (tesis); después en Handbook of Socialization Theory and Research (1969) 1958. enlaceEl razonamiento moral se desarrolla en seis etapas agrupadas en tres niveles (preconvencional, convencional, postconvencional) en una secuencia invariable; la mayoría de la gente no llega al postconvencional, y la etapa 6 era tan rara que Kohlberg acabó quitándola del manual de corrección. También está documentado y la clase lo omite justo antes de criticarlo: la muestra original eran 72 chicos, solo chicos, que es exactamente la objeción que la clase plantea después.
- 25Carol Gilligan In a Different Voice: Psychological Theory and Women's Development. Harvard University Press (libro) 1982. enlaceGilligan sostuvo que la muestra exclusivamente masculina de Kohlberg y su corrección centrada en la justicia privilegiaban una orientación de justicia y minusvaloraban una orientación de cuidado y responsabilidad más frecuente en las chicas. Es el referente candidato de la frase que la clase atribuye a Susan Nolen-Hoeksema: «fue la primera en subrayar que el desarrollo moral en chicos y chicas, de media, no es el mismo; a los chicos les preocupa más la justicia; a las chicas, más la equidad». La atribución de la clase es el defecto D5 de esta clase.
- 25Jonathan Haidt The emotional dog and its rational tail: A social intuitionist approach to moral judgment. Psychological Review, Vol. 108, No. 4, pp. 814-834 2001. enlaceEl juicio moral es normalmente el producto de intuiciones rápidas y automáticas; el razonamiento moral es en general una construcción posterior al juicio y está movida socialmente. El núcleo —la intuición precede al razonamiento— coincide con la clase; la afirmación concreta de que las estructuras límbicas se activan antes que las corticales pertenece al ala de neuroimagen de esta literatura y no al artículo de 2001, que es teórico y conductual. La clase nombra al autor pero no da cita.
- 25Vincent J. Felitti, Robert F. Anda, Dale Nordenberg, David F. Williamson y otros Relationship of Childhood Abuse and Household Dysfunction to Many of the Leading Causes of Death in Adults: The Adverse Childhood Experiences (ACE) Study. American Journal of Preventive Medicine, Vol. 14, No. 4, pp. 245-258 1998. enlaceEn 8.506 adultos, una relación fuertemente escalonada (dosis-respuesta) entre la amplitud de la exposición a abuso o disfunción familiar en la infancia y múltiples factores de riesgo de varias causas principales de muerte. Se estudiaron siete categorías y el tamaño del efecto varía por desenlace. La forma escalonada es exactamente lo que informa el artículo, así que la estructura del dato de la clase es correcta; lo que se simplifica es la cifra única del 35 % por escalón aplicada por igual a la violencia antisocial, al embarazo adolescente y al abuso de sustancias, cuando el trabajo da razones de probabilidad específicas por desenlace, y el inventario de 10 categorías que hoy se usa es posterior a este de siete.
- 25sin identificar caso judicial inglés sin identificar de violencia premenstrual tratada con antiestrógenos y antigestágenos. . sin fuente localizableSegún cuenta la clase: la violencia de una mujer se repetía en un ciclo de unos 28 días que cuadraba con su diario, y desapareció cuando la pusieron con antiestrógenos y antigestágenos. No se da nombre, año ni revista, y no se ha resuelto. Los casos ingleses famosos de defensa por síndrome premenstrual de los años ochenta son un escenario plausible, pero no se ha localizado ninguna fuente que ligue ninguno de ellos a esta observación concreta con antiestrógenos y antigestágenos, así que no se afirma identificación alguna.
- 25Simon Baron-Cohen, Alan M. Leslie y Uta Frith Does the autistic child have a 'theory of mind'? (origen de la tarea de falsa creencia Sally-Anne). Cognition, Vol. 21, No. 1, pp. 37-46 1985. enlaceCon una tarea de falsa creencia jugada con muñecos («Sally y Anne»), 16 de 20 niños autistas fallaron la pregunta de creencia, mientras 23 de 27 niños con desarrollo típico y 12 de 14 niños con síndrome de Down la superaron. La clase nombra el test y no a sus autores, y lo usa para la ventana del desarrollo típico (3-5 años), cuando el punto del artículo de 1985 es el déficit autista. La tarea deriva además del paradigma de falsa creencia de Wimmer y Perner (1983) y el nombre de Sally-Anne se lo dieron estos tres autores.
Clase 26 · El contexto, los pares y la empatía · 9 fuentes
- 26De Dreu, Greer, Van Kleef, Shalvi, Handgraaf y colaboradores Oxytocin promotes human ethnocentrism. PNAS 108(4): 1262-1266 2011. enlaceOxitocina intranasal (24 UI) en varones neerlandeses autóctonos: en los dilemas morales aumenta el sesgo entre grupos, y el efecto que documenta el artículo es favoritismo hacia el grupo propio (menos disposición a sacrificar al de casa), sin un aumento significativo de las ganas de sacrificar a alguien de fuera. Lo que cuenta la clase: sin fármaco apenas hay diferencia por el nombre, y con oxitocina la gente es mucho menos propensa a empujar a Peter y salta de su asiento por empujar a Wolfgang o a Ali. Tres desajustes en el relato: los sujetos no eran estudiantes de primero de Psicología, sino varones neerlandeses autóctonos reclutados para el estudio; los nombres del exogrupo en el artículo son árabes (Ahmed, Youssef o Mohammed) y alemanes (Markus, Helmut), y «Ali» no aparece; y la estadística del propio artículo sitúa el efecto en el favoritismo hacia el endogrupo, no en un aumento del castigo al exogrupo. El trabajo informa además de cinco experimentos (tareas de asociación implícita e infrahumanización, entre otras), no solo del tranvía. Marca de registro R1.
- 26Felitti y colaboradores Relación del maltrato infantil y la disfunción del hogar con muchas de las principales causas de muerte en adultos: el estudio de las experiencias adversas en la infancia (ACE). American Journal of Preventive Medicine 14(4): 245-258 1998. enlaceEl estudio original ACE, del CDC y Kaiser Permanente: la puntuación cuenta categorías de abuso, negligencia y disfunción del hogar en los primeros 18 años de vida y se relaciona de forma dosis-respuesta con las principales causas de muerte; el trabajo posterior la liga también a problemas de salud mental. Lo que cuenta la clase: por cada escalón de la escala de 10 puntos, alrededor de un 35 % más de probabilidad de tener una historia de violencia antisocial, y un 35 % más de violencia adulta, embarazo adolescente, abuso de sustancias y trastorno del estado de ánimo. El material recuperado confirma el estudio, la puntuación y el diseño dosis-respuesta, pero esa cifra del 35 % no se localizó en él, así que queda sin verificar. La escala de 10 puntos sí coincide con los diez ACE tradicionales del documento del CDC.
- 26Walter Mischel, Ebbe B. Ebbesen (y Yuichi Shoda en los seguimientos) La prueba del malvavisco de Stanford (gratificación postergada): Mischel y Ebbesen 1970, ampliada por Mischel, Ebbesen y Zeiss 1972, con seguimientos a largo plazo. Journal of Personality and Social Psychology (no confirmada para el artículo exacto de 1970 en esta pasada) 1970. enlaceNiños del Bing Nursery School de Stanford: quien aguantaba más tiempo antes de comerse el malvavisco tendía después a mejores resultados vitales (notas de acceso, nivel educativo, índice de masa corporal); lo que permite esperar son las estrategias de distracción y evitación, no el simple «piensa en otra cosa». La clase la sitúa en Stanford «en los sesenta, los setenta» y sostiene que predecía salud adulta, nivel educativo y estatus socioeconómico. Réplicas de 2018 y 2024 encontraron que la prueba no predice de forma fiable el funcionamiento adulto, y de los más de 500 sujetos originales solo pudieron localizarse las notas de 94: la clase no menciona ese límite de muestra. Los dos tipos de mal resultado que describe (el que se come el malvavisco dos segundos después, asociado a delitos contra la propiedad; el que rechaza todo el paradigma, asociado a violencia antisocial) no aparecen en el material consultado. Marca de registro R2.
- 26John J. Donohue III y Steven D. Levitt El impacto de la legalización del aborto en el crimen. Quarterly Journal of Economics 116(2): 379-420 2001. enlace«Ofrecemos evidencia de que la legalización del aborto ha contribuido de forma significativa a las reducciones recientes del crimen: el crimen empezó a caer unos dieciocho años después de la legalización del aborto.» Lo que cuenta la clase: la bajada de la violencia desde comienzos de los noventa se debe sobre todo a Roe contra Wade, porque al legalizarse el aborto en distintos estados en momentos distintos, unos 18 años después baja el crimen violento de ese estado; y el predictor que deja es «ser alguien que, si su madre hubiera tenido la opción, no habría nacido». La clase se cubre sola con la fecha de Roe («mediados de los setenta, el 73 creo, se me está olvidando»): ese año no se confirmó en esta pasada y se recoge tal como suena. Las críticas posteriores al trabajo tampoco se examinaron aquí.
- 26Tribunal Supremo de Estados Unidos (opinión mayoritaria del juez Kennedy) Roper contra Simmons (abolición de la pena de muerte juvenil) y una decisión posterior que prohíbe la cadena perpetua para menores. 539 U.S. 551 (U.S. Reports) 2005. enlaceRoper contra Simmons (2005) sostiene que la Octava Enmienda prohíbe ejecutar a quien cometió el delito antes de los 18 años, y anuló de paso las penas de muerte de otras 72 personas condenadas siendo menores. Lo que cuenta la clase: unas decisiones «realmente críticas del Tribunal Supremo en los años setenta», «Simmons contra no sé quién», con la prohibición de ejecutar por un crimen anterior a los 18 y otra decisión que impide la cadena perpetua sin libertad condicional por algo hecho antes de los 17. La década está mal: la sentencia es del 31 de enero de 2005. El nombre del caso llega invertido. Y la segunda decisión que describe es otro caso posterior, probablemente Graham contra Florida (2010), mientras que en los casos del Supremo la línea está en los 18 años, no en los 17. Véase el defecto D1.
- 26Naomi I. Eisenberger, Matthew D. Lieberman, Kipling D. Williams ¿Duele el rechazo? Estudio de resonancia magnética funcional de la exclusión social (el juego de la pelota virtual). Science 302(5643): 290-292 2003. enlaceLa exclusión social en un juego virtual de lanzamiento de pelota activa regiones asociadas al componente afectivo del dolor físico (corteza cingulada anterior dorsal y corteza prefrontal ventral derecha): el dolor social se solapa con la maquinaria del dolor físico. Lo que cuenta la clase: al quedarte fuera se activan la corteza insular y la amígdala, y luego la corteza prefrontal las calma; en los adolescentes esa recuperación tarda mucho más, «la respuesta típica del adolescente en el paradigma de la exclusión social». La anatomía que usa la clase no es la del resumen recuperado y la clase no nombra a los autores ni el artículo: el mapeo a Eisenberger y colaboradores es nuestro. La condición de control con una fuente inanimada que describe la clase no se pudo verificar en el resumen. Marca de registro R3.
- 26Caspi y colaboradores Papel del genotipo en el ciclo de la violencia en niños maltratados. Science (PubMed 12161658) 2002. enlaceUn polimorfismo funcional del gen de la monoaminooxidasa A (MAOA) modera el efecto del maltrato: los niños maltratados con un genotipo de expresión alta de MAOA tenían menos probabilidad de desarrollar problemas antisociales. Lo que cuenta la clase: una versión del gen MAOA degrada la serotonina y una versión predispone a la violencia «si y solo si fuiste maltratado de niño». La clase no nombra autor, año ni revista: el mapeo a Caspi y colaboradores (2002) es nuestro, no está en la transcripción. El corte del artículo es entre alelos de actividad alta y baja, y su desenlace son problemas antisociales, así que el «si y solo si» es más absoluto que el artículo. Marca de registro R5.
- 26programa fundado por John Wallach (la clase no lo nombra); evaluaciones de varios autores Los campamentos de convivencia «Seeds of Peace» y su evaluación a largo plazo. evaluación de impacto de los egresados de 1993 a 2010 (tesis doctoral, American University). enlaceExiste un estudio de impacto a largo plazo de egresados de Seeds of Peace (1993-2010), y otro trabajo sobre el compromiso pacifista posterior de egresados israelíes y palestinos de programas de encuentro. Lo que cuenta la clase: los efectos a largo plazo son prácticamente nulos, los chavales vuelven a sus sesgos en unos meses, se quedan con la excepción de «ese es de los buenos», casi nunca mantienen el contacto y ninguno surgió como líder de un movimiento por la paz. El material recuperado no da un sí o un no limpio a esa afirmación: las evaluaciones localizadas son estudios de egresados que no se leyeron completos aquí. Los requisitos que enumera la clase (entorno neutro, números parecidos, nada de símbolos culturales, objetivos compartidos y tiempo suficiente) salen de esta literatura, pero no se han podido atar a un artículo concreto.
- 26atribuido en clase a Darlene Francis (Berkeley) Trasplante de fetos entre cepas de roedor de agresión alta y baja (tal como lo cuenta la clase). el trabajo más cercano localizado de la misma autora: Science 286(5442), 1999 (diseño distinto del que describe la clase). enlaceSegún la clase: trasplantando fetos de rata o de ratón del vientre de una madre de una cepa muy agresiva al de una poco agresiva, o al revés, el mayor predictor del nivel de agresión de las crías después no era de quién habían recibido los genes, sino de quién habían recibido el vientre. NO LOCALIZADO: el estudio concreto de trasplante fetal no se encontró en esta pasada. Lo más cercano verificado para Darlene Francis es un trabajo de crianza cruzada sobre el acicalamiento materno y la reactividad al estrés (Science 1999), un diseño distinto del que describe la clase. La propia clase duda de su institución («¿dónde estaba ella entonces? ¿Emory, McGill o qué?»); Berkeley sí está confirmado en su perfil. La lección que extrae la clase —que el nacimiento no es el momento en que empieza el ambiente— no depende de ese trabajo concreto.
Clase 27 · De la cultura a los valores sagrados, y la evolución de la violencia · 16 fuentes
- 27Chuansheng Chen, Michael Burton, Ellen Greenberger y Julia Dmitrieva Migración humana y variantes del receptor de dopamina D4: la correlación con la distancia a África. Evolution and Human Behavior 20(5):309-324 1999. enlaceCompila frecuencias alélicas del receptor D4 para 2.320 personas de 39 poblaciones y encuentra que las poblaciones migratorias cargan una proporción mayor de alelos largos (los de siete repeticiones) que las sedentarias: con la migración a larga distancia la correlación es de r=.85. Es de aquí de donde sale el hallazgo que la clase cuenta, y no del grupo de Yale: Kenneth Kidd no firma este artículo. Lo que se mide son alelos largos, no «la variante buscadora de novedad», y la asociación del 7R con la búsqueda de novedad sigue siendo discutida y de efecto pequeño. La lectura de que en el sudeste asiático esas variantes fueron «seleccionadas en contra» es interpretación de la clase: el artículo recoge esa frecuencia casi nula como excepción regional al patrón general y argumenta selección a favor de los alelos largos en los grupos migratorios.
- 27Fong-Ming Chang, Judith R. Kidd, Kenneth J. Livak, Andrew J. Pakstis y Kenneth K. Kidd La distribución mundial de frecuencias alélicas del locus del receptor de dopamina D4 humano. Human Genetics 98(1):91-101 1996. enlaceEl estudio del grupo de Yale sobre el receptor D4: frecuencias alélicas en poblaciones de todo el mundo y la constatación de que es el locus de receptor de dopamina más variable que se conoce. Es la aportación que sí es de Kidd y sus colegas, y la que hay detrás de la frase «un estudio asombroso de Kenneth Kidd y sus colegas de Yale» con la que la clase atribuye a ese grupo la correlación con la migración, que en realidad es del trabajo de Chen y colaboradores de 1999. El 7R se ha asociado con búsqueda de novedad, pero con tamaños de efecto pequeños y sin consenso.
- 27Thomas Talhelm, Xuemin Zhang, Shigehiro Oishi, Chen Shimin, Dongsheng Duan, Xuezheng Lan y Shinobu Kitayama Las grandes diferencias psicológicas dentro de China explicadas por el arroz frente al trigo. Science 344(6184):603-608 2014. enlaceLa gente del sur arrocero de China es más interdependiente y colectivista (pensamiento holístico, elección relacional, menos divorcios) que la del norte triguero, que se parece a los individualistas occidentales; el trabajo lo atribuye a las exigencias de mano de obra del arroz de regadío. La clase lo cuenta igual y añade el detalle de los nietos universitarios: más patentes y más divorcios entre los descendientes de las zonas de trigo. Talhelm era doctorando en Chicago cuando se hizo el trabajo, y hoy es profesor en Chicago Booth: lo de «este tipo de la Universidad de Chicago» es correcto.
- 27Thomas Talhelm y colaboradores El experimento de campo de las sillas en un Starbucks de Pekín (dentro del programa arroz-trigo de Talhelm). la clase no da título ni revista 2014. enlaceIdentificación candidata, no confirmada: el experimento consiste en poner dos sillas juntas entre mesas para ver quién las aparta y quién rodea el conjunto, y la clase lo cuenta como «este artículo científico tan chulo», sin autor ni revista. La página de Talhelm en Chicago Booth confirma que mover sillas en un Starbucks forma parte de su investigación, pero no he podido fijar el trabajo publicado concreto, así que la ficha se queda en candidata. La dirección del hallazgo que da la clase —arroceros que rodean, trigueros que empujan— es la que se le atribuye.
- 27Dov Cohen, Richard E. Nisbett, Brian F. Bowdle y Norbert Schwarz Insulto, agresión y la cultura del honor del Sur: una «etnografía experimental». Journal of Personality and Social Psychology 70(5):945-960 1996. enlaceEstudiantes varones blancos del Sur, empujados y insultados en un pasillo, responden con más agresividad y dominio, con subidas mayores de cortisol y de testosterona, y son juzgados más listos para el enfrentamiento que los del Norte. La clase lo cuenta entero, incluido el «¡Ojo por dónde vas, capullo!», que aparece en su versión del experimento. Él nombra a Nisbett, que es el autor sénior: el primer firmante es Dov Cohen.
- 27Robert D. Putnam Bowling Alone: el colapso y el resurgir de la comunidad estadounidense (libro; sale del ensayo de 1995 «Bowling Alone: America's Declining Social Capital»). Simon & Schuster 2000. enlaceLa conectividad cívica y social de Estados Unidos viene cayendo desde los años sesenta, y el capital social predice confianza, cooperación, delincuencia y salud. Es el origen del término que la clase usa: la pro-socialidad guardada en el banco de una comunidad, medida con dos preguntas —«¿se puede confiar en la gente?» y «¿a cuántas organizaciones perteneces?»—, que él presenta como muy predictivas de la delincuencia, la desigualdad y la esperanza de vida.
- 27Benedikt Herrmann, Christian Thöni y Simon Gächter El castigo antisocial en distintas sociedades. Science 319(5868):1362-1367 2008. enlaceExperimentos de bienes públicos en 16 grupos de participantes de todo el mundo: en algunos se castigaba a los que más contribuían con la misma dureza que a los que no aportaban nada, lo que los autores llamaron castigo antisocial. Dos desajustes con lo que dice la clase: el artículo no es de Ernst Fehr (la referencia clásica del castigo altruista es Fehr y Gächter, Nature 2002) y son 16 grupos, no «unas 60 sociedades». La dirección del hallazgo sí coincide: mucha variación entre sociedades, Escandinavia en el mínimo y los países del antiguo bloque soviético en los valores más altos.
- 27Eric M. Anicich, Roderick I. Swaab y Adam D. Galinsky Los valores culturales jerárquicos predicen el éxito y la mortalidad en equipos de alto riesgo. PNAS 112(5):1338-1343 2015. enlaceDatos de archivo de 30.625 alpinistas de 56 países en 5.104 expediciones al Himalaya: los equipos que vienen de países más jerárquicos llegan más a la cumbre y también pierden más gente por el camino. Noruega es el país mejor puntuado en igualitarismo y China el más jerárquico, con Rusia e India cerca. La clase redondea el conjunto a «30.000 personas que habían intentado el Everest» y lo restringe al Everest: el trabajo cubre más de cien montañas del Himalaya entre 1905 y 2012. El ranking de países que da coincide con el del trabajo y su eco de prensa.
- 27Scott Atran, Robert Axelrod y Richard Davis (Science); Scott Atran y Robert Axelrod (PNAS) Barreras sagradas para resolver conflictos y límites sagrados a la resolución racional del conflicto político violento. Science, 24 de agosto de 2007; PNAS 104(18):7357-7360 2007. enlaceEntrevistas y experimentos con colonos israelíes, refugiados palestinos y estudiantes de Hamás y de fuera de Hamás: ofrecer incentivos materiales para ceder en un valor sagrado aumenta la indignación y el apoyo a la violencia —el efecto boomerang—, mientras que el reconocimiento simbólico de los valores sagrados del otro es lo que permite cerrar acuerdos. Es el trabajo que la clase resume como «lo material acaba las guerras y lo sagrado hace la paz», y es también el artículo que lleva la cita del dirigente palestino sobre las fronteras de 1967 y la petición de perdón por 1948. La clase lo sitúa «hace 20 años» y «hace 25 años»: son 2006 y 2007.
- 27Napoleon A. Chagnon Historias de vida, venganza de sangre y guerra en una población tribal. Science 239(4843):985-992 1988. enlaceLos hombres yanomamö que habían matado (unokai) tenían más esposas y más hijos que los que no, y se leyó como prueba de que la violencia masculina se paga en éxito reproductivo. La clase lo cuenta así y añade que el estudio fue «destrozado por completo» por un confundente de edad: los que morían jóvenes en su primera batalla no habían matado a nadie ni dejado hijos. El confundente es real y Chagnon replicó en 1989 controlando la edad, pero el debate sigue abierto más de treinta años después y el trabajo equivalente sobre los waorani (Beckerman y colaboradores, PNAS 2009) encontró lo contrario: más agresividad, menos descendencia. Llamarlo destrozado exagera el cierre de la discusión.
- 27Napoleon A. Chagnon Yanomamö: The Fierce People (monografía etnográfica). libro (estudio de caso etnográfico) 1968. enlaceLa etnografía que hizo famosos a los yanomami y a la etiqueta de «la gente feroz» en la enseñanza de la antropología. «The Fierce People» es una acuñación de Chagnon a partir de un término yanomami, y fue polémica desde el principio; el marco de la violencia se ha revisado a fondo después, por ejemplo con los trabajos que muestran que la guerra aumenta con el contacto exterior. La clase lo presenta como la primera monografía «sobre una cultura famosa por su violencia» y reconoce que eso ha pasado por todo tipo de revisionismos.
- 27Martin Daly y Margo Wilson Psicología social evolutiva y homicidio en la familia. Science 242(4880):519-524 1988. enlaceEl parentesco genético amortigua el conflicto letal: los padrastros están enormemente sobrerrepresentados en el homicidio de niños, y el riesgo se mueve en la dirección de la incertidumbre de paternidad. La clase lee ese segundo punto como «más homicidio viniendo del abuelo materno», que es glosa suya: el resultado publicado canónico es el exceso de padrastros. Él mismo marca el confundente conocido —las familias con padrastro son más pobres y viven bajo más presión socioeconómica—, y las críticas posteriores (Temrin y colaboradores) sostienen que buena parte del efecto desaparece con otros denominadores. Los datos son canadienses, y el artículo es de 1988; Margo Wilson murió en 2009.
- 27Robert Axelrod Elección eficaz en el dilema del prisionero (el primer torneo de ordenador). Journal of Conflict Resolution 24(1):3-25 1980. enlaceCatorce teóricos de juegos enviaron programas a un torneo por rondas de dilema del prisionero iterado, y ganó ojo por ojo: empieza cooperando, responde al ataque, perdona y es transparente. El torneo se jugó en 1979 y el libro de 1984, La evolución de la cooperación, lo popularizó; análisis posteriores matizan que la victoria de ojo por ojo no es universal. La clase lo trae de memoria al presentar a Axelrod en la Universidad de Míchigan, junto a Atran, para los valores sagrados.
- 27Jessica R. Cohen, Robert F. Asarnow, Fred W. Sabb, Robert M. Bilder, Susan Y. Bookheimer, Barbara J. Knowlton y Russell A. Poldrack Una respuesta adolescente peculiar a los errores de predicción de recompensa. Nature Neuroscience 13(6):669-671 2010. enlaceIdentificación candidata, no confirmada: la clase no nombra ningún estudio y presenta el hallazgo como el diagrama que lo resume todo. Este es el trabajo publicado que mejor encaja —resonancia magnética funcional en niños, adolescentes y adultos, con señales de error de predicción en el cuerpo estriado que alcanzan su máximo en la adolescencia—, y va marcado como candidato, no como hecho. El artículo mide señal fMRI estriatal, no liberación de dopamina, así que la «bajada de dopamina» ante la recompensa pequeña es el lenguaje de la clase; el patrón descrito corresponde a un error de predicción negativo.
- 27la clase no los da Estudio sin nombre sobre culpa (individualista) frente a vergüenza (colectivista) y corteza prefrontal. . sin fuente localizableSin resolver: la clase no da autor, revista ni año, y él mismo lo presenta como recuerdo y no como cita («creo que ha habido un estudio que lo ha mostrado»): la culpa reclutaría corteza prefrontal dorsolateral y la vergüenza, ventromedial. Se deja como registro. En esta misma clase hay otros tres estudios que tampoco se nombran y que se quedan igual: la encuesta de la multinacional sobre cuándo romperías las reglas para ayudar a alguien (min. 3:18), el estudio de seguimiento ocular con la imagen compleja (min. 6:12) y el de glucocorticoides al recordar cuándo influiste y cuándo te influyeron (min. 10:24). Ninguno lleva ficha con firma.
- 27Nayirah, con el testimonio preparado por la empresa de relaciones públicas Hill & Knowlton para Citizens for a Free Kuwait La historia de las incubadoras: el testimonio de Nayirah ante el Congressional Human Rights Caucus, octubre de 1990. audiencia del Congressional Human Rights Caucus (EE. UU.) 1990. enlaceEl testimonio era falso: la «ayudante de enfermería» era hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos, entrenada por una empresa de relaciones públicas, y la historia de los bebés sacados de las incubadoras se desmintió después. La clase lo cuenta como el caso que define la pseudo-especiación y coincide con el registro en lo esencial. Tres detalles se apartan: la empresa (Hill & Knowlton) la contrató Citizens for a Free Kuwait, un grupo financiado por el gobierno kuwaití, y no el gobierno estadounidense; el parentesco era hija, no sobrina; y declaró ante el Congressional Human Rights Caucus, no ante el Congreso entero. La cifra del 92 % de apoyo a Bush padre es algo alta: Gallup registra un 89 % en 1991, el máximo de su serie.
Clase 28 · Cómo se desmonta un «nosotros-ellos» · 18 fuentes
- 28Susan T. Fiske, Amy J. C. Cuddy, Peter Glick y Jun Xu Un modelo de contenido estereotípico (a menudo mixto): la competencia y la calidez se siguen, respectivamente, del estatus y de la competencia percibidos. Journal of Personality and Social Psychology; resumido de nuevo en Current Directions in Psychological Science (2018) 2002. enlaceNueve muestras estadounidenses variadas valoraron a exogrupos de género, etnia, raza, clase, edad y discapacidad en calidez y competencia: solo dos dimensiones importaban y muchos estereotipos eran mixtos —mucha calidez con poca competencia (paternalista: compasión) o mucha competencia con poca calidez (envidioso)—, con el estatus percibido prediciendo la competencia y la competencia percibida prediciendo la escasez de calidez. Las cuatro combinaciones se asocian a emociones distintas (admiración, compasión, envidia, desprecio), como resume el mismo grupo en Cuddy, Fiske y Glick (2008). Los ejes, los cuadrantes y las emociones son del artículo; los ejemplos culturales que da la clase (los judíos de Europa, los indopaquistaníes de África Oriental, los chinos de Malasia) son de Sapolsky, y el reparto de estructuras cerebrales por cuadrante (compasión al cíngulo anterior, envidia a la amígdala) es su síntesis sobre la línea de neuroimagen. Existe una corrección de 2024 para el artículo de 2002 (JPSP 126:412, doi 10.1037/pspa0000163) cuyo contenido no se ha recuperado.
- 28Lasana T. Harris y Susan T. Fiske Deshumanizar a los más bajos de los bajos: respuestas de neuroimagen a exogrupos extremos. Psychological Science 17(10):847-853 2006. enlacefMRI: diez participantes vieron 48 fotografías de grupos sociales, un representante por cuadrante del modelo de contenido estereotípico (otros doce veían objetos). El córtex prefrontal medial se activó ante todos los grupos sociales EXCEPTO los de calidez y competencia extremadamente bajas (adictos, personas sin hogar), que activaron sobre todo ínsula y amígdala, un patrón compatible con el asco; los autores leen la ausencia de prefrontal medial como prueba de que los exogrupos extremos se perciben como menos que humanos, es decir, deshumanizados. La clase presenta ambas estructuras como cadena causal (la ínsula activando la amígdala) cuando el artículo las da como correlatos que coocurren, y omite el resultado titular del trabajo, esa ausencia de prefrontal medial. El reparto citado por cuadrante es la síntesis de Sapolsky: el diseño de 2006 agrupa todos los exogrupos no extremos y no disocia sus respuestas cerebrales.
- 28n/a — decreto gubernamental La expulsión de los asiáticos de Uganda en 1972. registro histórico 1972. enlaceEl 4 de agosto de 1972 Amin anunció que los 80.000 asiáticos del país tenían 90 días para marcharse; la orden se enmendó dos días después para cubrir solo a los no ciudadanos, y Canadá cifra en 4.400 los refugiados que aceptó. La cifra de 80.000 está confirmada. Dos desviaciones en la clase: sitúa los hechos a «mediados de los setenta» (fue agosto de 1972) y da «unos días» de plazo, cuando eran 90 días; la orden de 48 horas llegó después, en septiembre de 1972. Lo de invitar a las tropas y a la población a saquear, golpear, violar y degradar forma parte del clima de la expulsión que recogen las fuentes, aunque no como decreto literal.
- 28n/a — acontecimiento histórico La caída de Constantinopla, 29 de mayo de 1453, y el destino de Santa Sofía. registro histórico 1453. enlaceTras un sitio de 53 días los otomanos tomaron la ciudad; Mehmed II entró en Santa Sofía y ordenó convertirla en mezquita, y la ciudad quedó entregada a tres días de saqueo. La conversión fue en mezquita, no en cuadras: iglesias en territorio otomano sí se convirtieron en establos y almacenes en distintas épocas (documentado, por ejemplo, para una iglesia armenia en Esmirna), y ese es el material probable del detalle, pero ninguna fuente encontrada aplica la imagen del establo de caballos a Santa Sofía. La clase tampoco da la fecha: dice «el siglo XV».
- 28n/a — acto político La visita de Ariel Sharon al Monte del Templo / Explanada de las Mezquitas, 28 de septiembre de 2000. registro histórico 2000. enlaceSharon visitó el Haram al-Sharif / Monte del Templo escoltado por más de mil policías israelíes, y la visita desencadenó la Segunda Intifada (la de al-Aqsa). El hecho y su lectura son correctos; la cifra no: la escolta publicada es de más de mil policías (la BBC habla de 1.000 agentes armados), no «un par de cientos», que es lo que dice la clase. La interpretación de que la visita servía para mostrar que el otro lado no tiene eficacia es la lectura de Sapolsky, no un dato de las fuentes.
- 28Garrett Hardin La tragedia de los comunes. Science 162(3859):1243-1248 (13 de diciembre de 1968) 1968. enlaceLa formalización clásica: un pasto abierto a todos en el que cada pastor recibe el beneficio completo de añadir un animal y comparte solo parte del coste del sobrepastoreo, de modo que la conducta racional individual destruye el recurso compartido; el marco de Hardin es que el problema de la población no tiene solución técnica y exige «una extensión fundamental de la moralidad» (toma la palabra «tragedia» de Whitehead). El ensayo sostiene que el común colapsa inevitablemente; el «los comunes funcionaban» con el que la clase matiza inmediatamente es la contraposición, no la tesis de Hardin, y es resumen propio de Sapolsky, que no cita ninguna fuente para él.
- 28Robert Axelrod y William D. Hamilton Elección eficaz en el dilema del prisionero (el primer torneo por ordenador) y La evolución de la cooperación. Science 211(4489):1390-1396 (27 de marzo de 1981) 1981. enlaceTorneos por ordenador de estrategias para el dilema del prisionero iterado, analizados con un modelo evolutivo: ojo por ojo (cooperar primero y luego copiar la jugada anterior del otro) fue la entrada con más éxito, y el artículo muestra cómo la cooperación recíproca puede arrancar en un mundo asocial, prosperar entre estrategias muy distintas y resistir la invasión una vez establecida. El torneo se anunció y describió en los artículos de Axelrod de 1980 y tuvo catorce entradas; el programa ganador de ojo por ojo lo presentó Anatol Rapoport, nombre que la clase no da. Las cuatro propiedades que Sapolsky enumera —apertura benevolente, detección de la trampa, castigo proporcional y perdón— son el glosario estándar de la estrategia.
- 28sin nombrar en la clase SIN IDENTIFICAR — la fuente de la cifra del 75 % y de los dos predictores del 25 % restante. . sin fuente localizableQue en torno al 75 % de los sujetos blancos a los que se muestra una cara negra en el escáner activan la amígdala en una fracción de segundo (antes de la conciencia), que la cifra varía con la fotografía y promedia ese 75 %, y que el 25 % que no muestra la activación son personas criadas en barrios multirraciales donde la interacción interracial era la norma y personas que en algún momento tuvieron una relación estrecha con alguien de ese grupo. Sapolsky no nombra ningún estudio («este dato curioso que hemos ido oyendo en distintos momentos del curso», «ese número no deja de aparecer»). Ninguna de las fuentes primarias recuperadas en la auditoría enuncia el 75 % (Phelps et al. 2000; Hart et al. 2000; la revisión de Chekroud et al. 2014) y los mejores candidatos para la mitad de los predictores, Telzer y Humphreys et al. (2013) y Cloutier, Li y Correll (2014), tampoco dan esa cifra. No debe citarse como fuente.
- 28Jay J. Van Bavel y William A. Cunningham La autocategorización con un grupo nuevo de raza mixta modera los sesgos automáticos sociales y raciales. Personality and Social Psychology Bulletin 35(3):321-335 (publicado en línea el 29 de diciembre de 2008) 2009. enlaceDos experimentos: los participantes asignados a un grupo NUEVO y arbitrario de raza mixta (por ejemplo «Leopardos» frente a «Tigres», con la raza equilibrada entre los grupos) mostraron evaluaciones automáticas más positivas de los miembros negros de su endogrupo que de los del exogrupo: la autocategorización con un grupo nuevo de raza mixta anulaba el sesgo racial automático. Sapolsky no nombra a ningún autor y atribuye toda la línea de recategorización a Fiske; este es el mejor candidato publicado para el mecanismo que describe, pero las medidas del artículo son evaluación automática y memoria de personas, no fMRI, así que la mitad neuronal de la frase de la clase no sale de este trabajo.
- 28Robert Kurzban, John Tooby y Leda Cosmides ¿Se puede borrar la raza? Cómputo coalicional y categorización social. Proceedings of the National Academy of Sciences 98(26):15387-15392 2001. enlaceExperimentos de confusión de memoria: los participantes que habían codificado una conversación acalorada cometían más errores dentro de la coalición que entre coaliciones, es decir, sus errores revelaban qué dimensión habían codificado. En el experimento 1, sin señal visual de coalición, el efecto de raza era unas dos veces el efecto de coalición; en el experimento 2, con las mismas personas llevando camisetas AMARILLAS o GRISES, el efecto de coalición subió y la codificación de raza bajó: la raza es un subproducto de la detección de coaliciones y se puede borrar cuando deja de predecir la coalición. En el experimento 4, el sexo se codificaba más que la coalición y que la raza. Divergencias con la clase: las camisetas eran amarillas y grises, no rojas y azules; el estímulo original era una conversación presentada como secuencia de frases, que Sapolsky convierte en un clip de baloncesto con un tapón y un triple; y la glosa evolutiva («las diferencias raciales solo evolucionaron en los últimos 30.000 o 40.000 años») es suya, no de los autores. Una réplica prerregistrada (Voorspoels, Bartlema y Wetzels, Frontiers in Psychology 2014) encontró el efecto de reducción de la raza, pero menos marcado que en el original.
- 28Mina Cikara, Matthew M. Botvinick y Susan T. Fiske Nosotros contra ellos: la identidad social modela las respuestas neuronales a la competición y al daño entre grupos. Psychological Science 22(3):306-313 2011. enlaceAficionados acérrimos de los Boston Red Sox y los New York Yankees vieron jugadas de béisbol durante una fMRI: los resultados subjetivamente negativos para el equipo favorito y el éxito del rival activaban el cíngulo anterior y la ínsula, y los positivos (gana el favorito, falla el rival) el estriado ventral, cuya respuesta correlacionaba con la probabilidad declarada de agredir a un aficionado rival. Es el mejor candidato publicado para la escena del escáner, pero Sapolsky no lo atribuye a nadie («estaba leyendo un poco hace poco»), cambia los equipos por los San Francisco Giants —su propia broma—, y añade unas gorras con el logo y un contraste de color de piel que no son el montaje publicado: las estructuras titulares del artículo son cíngulo/ínsula y estriado ventral, no una codificación amigdalina de la identidad de equipo que anule el color de piel.
- 28Mary E. Wheeler y Susan T. Fiske Controlar el prejuicio racial: las metas sociocognitivas afectan a la activación de la amígdala y del estereotipo. Psychological Science 16(1):56-63 2005. enlaceParticipantes blancos vieron fotografías de caras negras y blancas desconocidas bajo tres metas: categorización social (juzgar la edad, más o menos de 21 años), individuación (decidir si a esa persona le gustaría cierta verdura) e inspección visual simple (detectar un punto). La activación amigdalina ante caras negras frente a blancas apareció SOLO en la condición de categorización; la individuación y la detección del punto la abolían, y un segundo estudio encontró la misma dependencia de la meta en la activación del estereotipo medida con priming léxico. La clase presenta las dos manipulaciones como experimentos de Fiske sin nombrar a Wheeler, primera autora, y omite la condición de categorización, que es el control que da sentido al resultado.
- 28n/a — ley del Parlamento La ley del comercio de esclavos de 1807 (el papel de Newton) — la clase la fecha en 1803. Parlamento del Reino Unido 1807. enlaceNewton vivió para ver al Parlamento aprobar la Slave Trade Act en 1807, el año de su muerte; había testificado y publicado «Thoughts Upon the African Slave Trade» (1788) y fue mentor de William Wilberforce. La clase da 1803 para la prohibición; la ley es de 1807. La segunda mitad de su frase sí es correcta: la ley abolió el comercio de esclavos, no la institución de la esclavitud, que se abolió en 1833.
- 28n/a La asimetría de las atrocidades en la lucha contra el apartheid (cifras del propio Sapolsky). sin fuente encontrada para estas cifras. enlaceLa Comisión de Verdad y Reconciliación tomó testimonio de unas 21.000 víctimas y señaló al estado del apartheid como principal perpetrador de violaciones graves de derechos humanos, pero la comparación concreta que da la clase —mil civiles blancos frente a 34.000 o 35.000, de ellos probablemente 17.000 niños— no se ha encontrado en ninguna fuente. El propio Sapolsky marca las cifras como inciertas en la clase («quizá me estoy sacando los números de la manga aquí, o quizá estoy pensando en otro escenario de violencia... creo que era eso, pero esto puede aplicarse a otro conflicto»). No deben citarse desde esta clase.
- 28Joshua D. Greene Moral Tribes: Emotion, Reason, and the Gap Between Us and Them — la «tragedia de la moral de sentido común». Penguin Press (Nueva York) 2013. enlaceLa «tragedia de la moral de sentido común» de Greene se cuenta como parábola de cuatro tribus ganaderas alrededor de un gran bosque, con cuatro códigos morales consuetudinarios incompatibles: el mundo moderno fuerza a los extraños a un espacio compartido, de modo que al problema de yo-contra-nosotros de la tragedia de los comunes se le suma el conflicto de nosotros-contra-ellos, en el que la moral de sentido común de cada lado es automática y sus deberes sagrados. Sus recomendaciones prácticas incluyen cuestionar los instintos morales y evitar las apelaciones a derechos y deberes. La etiqueta de la clase es inexacta: el término de Greene es la tragedia de la moral de sentido común, no la «tragedia del pensamiento de sentido común»; y la glosa de que quien invoca un derecho está usando el sistema límbico es el marco de Greene, no una medida. La clase también pasa por alto la propuesta positiva del libro (una filosofía moral global con el utilitarismo como moneda común).
- 28David G. Rand, Joshua D. Greene y Martin A. Nowak Dar espontáneo y codicia calculada (la mitad de endogrupo; la mitad de exogrupo SIN IDENTIFICAR). Nature 489(7416):427-430 2012. enlaceDiez estudios con juegos económicos: los sujetos que llegaban a su decisión más rápido eran MÁS cooperativos; forzar decisiones rápidas aumentaba las contribuciones e instruir para reflexionar (o forzar decisiones lentas) las reducía, y primar la intuición las aumentaba. Los autores proponen que la cooperación es intuitiva porque las heurísticas cooperativas se aprenden en la vida diaria, donde cooperar suele salir a cuenta. Es la mitad de endogrupo de la frase de la clase, pero es una publicación con Greene como coautor (con Rand y Nowak), no trabajo suyo en solitario, y sus juegos giran justo alrededor del problema de la tragedia de los comunes. La otra mitad —que forzar decisiones rápidas ante un «ellos» produzca hostilidad— no se ha podido emparejar con ninguna publicación de Greene: la literatura recuperable o bien respalda la cooperación intuitiva en general, o bien encuentra un parroquialismo que NO es intuitivo (Isler, Yilmaz y Maule, Nature Human Behaviour 2021).
- 28n/a — acontecimiento histórico, no un estudio La tregua de Navidad de diciembre de 1914 (acontecimiento histórico: decreto de arriba abajo y treguas espontáneas). frente occidental, Primera Guerra Mundial (24-26 de diciembre de 1914) 1914. enlaceAlto el fuego generalizados pero no oficiales a lo largo del frente occidental en torno a la Navidad de 1914, con unos 100.000 soldados británicos y alemanes en los sectores afectados: cánticos, salidas a tierra de nadie, intercambio de comida, tabaco, alcohol y recuerdos, entierros conjuntos, intercambios de prisioneros y partidos de fútbol; en algunos sectores la tregua duró hasta Año Nuevo. Dos errores en el relato de la clase: (1) «porque los franceses ya se habían rendido» — Francia no se había rendido en diciembre de 1914, siguió luchando casi cuatro años más y sus soldados participaron en la fraternización junto a alemanes y británicos; (2) la historia de arriba abajo: la apelación del papa Benedicto XV del 7 de diciembre de 1914 fue RECHAZADA por los dos bandos, de modo que nada se decretó y las treguas fueron no oficiales y locales, que es lo que el propio Sapolsky dice unas líneas después. Sí están documentados los altos el fuego para recuperar a los muertos, el fútbol, los regalos, los cánticos y la represión de la fraternización por los mandos.
- 28Robert Axelrod El sistema de «vive y deja vivir» en la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial (La evolución de la cooperación, capítulo 4). Basic Books, Nueva York, pp. 73-87 (capítulo 4) 1984. enlaceA partir de diarios, cartas y recuerdos de trinchera (apoyándose en el estudio de Tony Ashworth de 1980, que usó material de prácticamente las 57 divisiones británicas): la restricción tácita del «vive y deja vivir» entre unidades pequeñas enfrentadas —no disparar a los que reparten la comida, marcar con banderas zonas libres de francotiradores y «una pausa durante la primera Navidad en las trincheras»—, con ratios de represalia de dos por uno o tres por uno, «agresión ritualizada» y el argumento de que la estabilidad exigía que las mismas unidades pequeñas se enfrentaran durante periodos largos; el sistema lo destruían las incursiones, que la comandancia podía controlar, y la rotación de unidades. El capítulo contiene las treguas tácitas, la artillería como señal, la represalia proporcional y la ruptura por rotación de tropas, que es el cierre de la clase. Lo que no se ha podido encontrar es la disculpa con bandera blanca por la granada del novato: ese detalle queda sin verificar. La clase no nombra a Ashworth.